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La semana transcurrió en un parpadeo, ya era viernes, su ultima clase y Arnold simple y sencillamente no podía soportarlo.

Desde el lunes Helga lo estaba evitando. Salía a horas inhumanas de la casa, se perdía entre pasillos de la preparatoria y en las únicas clases donde podía encontrarla, se mostraba frívola y distante. Sus abuelos tampoco ayudaban mucho, temerosos de que "rompieran sus votos" se limitaban a preparar la mesa para que compartieran la cena y después los enviaban cada cual a su cuarto.

Lo peor, es que no podía decir que ya no lo amara porque era "ella" y aunque se comportara de manera extraña seguía teniendo sus detalles como en la clase de historia que lo mandó al cuerno porque la "distraía" demasiado.

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"Quédate en tu lugar, Arnoldo"

"Pero yo creí…"

"Me importa un carajo lo que creas, lo que sé y es un hecho, es que no quiero reprobar la materia. Así que siéntate en tu lugar"

Él sonrió como idiota pensando que ya la distraía suficiente sentándose por delante de ella, la idea le agradó. Con excepción de que cuando acabó la clase, Helga recuperó su grabadora y se quedó charlando con el profesor e ignorándolo por completo"

"¿Se te ofrece algo, Shortman?"—inquirió el Señor Burnside, al tiempo que la escurridiza rubia tomaba sus cosas, agradecía la ayuda y salía por la puerta.

"No, nada…yo, solo esperaba a mi…"

"Oh…"—respondió el profesor, conocedor del tema. "Pues date prisa, porque se escapa"

La llamó en un tono que esperó no sonara tan desesperado, Helga congeló sus pasos y giró en redondo.

"Déjame asimilarlo, ¿Quieres?"

"Es que no entiendo"—comentó sincero porque estaban juntos y todos lo sabían. Bueno, no todos pero sí los que debían, es decir sus amigos. Helga se acercó, lo mínimo para ser confidentes, amigos, —¿Pero Novios?, él no creía que parecieran novios— lo miró a los ojos. Había amor en ese gesto, pero también preocupación.

"Yo creo que sí, pero no quieres aceptarlo"

"¿Se trata de Jake…?"—preguntó con precaución y ella asintió. ¿Así que no quería que los vieran juntos, porque le preocupaba lo que hiciera Jake? —grave error. Quiso tomar sus manos pero ella huyó del contacto. No desistió en su afán y en compensación, la acorraló contra la pared cubriéndola por completo con su cuerpo.

"Helga, yo puedo…"—quiso decirle que podía protegerla pero obviamente, eso no era cierto. Compartían solo dos clases de seis, sin mencionar los entrenamientos que en el caso de él, consumían buena parte de su tiempo. Aún no sabía lo que pensaba hacer ella respecto al béisbol, ese deporte era su vida. No poder jugar, debía estarla matando. La contempló en su vacilación, trémula, bella, miró sus cabellos rubios, los ojos que lo evitaban, esos labios que indudablemente adoraba y por delante de todo eso, levantándose como un monolito sagrado, la decisión.

"Lo que puedes hacer, es dejar que lo maneje a mi modo…" —temor, angustia. Eso fue lo que detectó en sus palabras y en serio le dolió.

"¿Al menos me dejas besarte?" —Helga le dijo que sí, con su mirada y la forma en que separó los labios mucho antes de pronunciar.

"Siempre…"—la besó, profundo y arrebatado, sin importarle los demás aunque como era cambio de clase y ellos se quedaron con Burnside hasta tarde, pocos eran los que andaban deambulando por los pasillos.

Cuando se separaron y contemplaron, ella fue directa en su resolución, dijo que almorzaría con Phoebe así que se verían hasta la cena.

De modo que el primer día de escuela, no llegaron, ni se fueron juntos a casa.

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El martes, él tenía práctica de fútbol. La estuvo buscando al termino de todas sus clases y no la encontró por ningún lado. Comenzaba a sentir de nuevo ese dolor de cabeza punzante, aunado a un pésimo humor porque necesitaba la playera que le "prestó" ¿En serio dejaría que lo suspendieran del juego? Su entrenador era muy estricto con la "camiseta del equipo" lo obligaría a dar como mil vueltas a la cancha por no llevarla. Y estaba tan cabizbajo, meditando en eso, que no se percató de nada hasta que un objeto no identificado lo golpeó en la cara.

"Buenos reflejos, tarado"

"Helga…"—tomó la playera y suspiró. Ella tenía una sonrisa traviesa en el rostro, bravucona en toda la norma. ¿A caso, lo hizo a propósito? Sus ojos brillaban con el destello malévolo de la guerra, así que era cierto. —¡La mataría!— aunque no a reproches, sino con besos. La acorraló de nuevo, estaban a la entrada de los vestidores, todos sus compañeros ya estaban cambiándose adentro pero él no entró porque no tenía que cambiarse para correr cinco mil vueltas.

Helga, no borraba la sonrisa de sus labios, él la disfrutó, porque aunque se vieran por las tardes y noches, la quería tener cerca en todo momento.

"Vas a llegar tarde…"—comentó juguetona.

"Me iban a regañar de todas maneras"—concedió, cerrando más el espacio entre sus cuerpos, aspiro su perfume, (en serio que le gustaba ese olor a mango o quizás fueran dulces y flores) Como sea, ella se sonrojó al notarlo, el hecho de que él enredara los dedos entre sus cabellos y levantara el cuello para observarla de lleno.

"Pero yo quería verte practicar"—susurró en un ligero puchero que le encantó. ¿A caso sabia que esta tortura, de distanciarse de él, hacia que la extrañara y deseara hasta casi desfallecer? la miró resuelto, indeciso sobre si besarla en el cuello o los labios.

"¿Porque somos novios?"—inquirió dándose algo de importancia, misma que por supuesto, ella asesinó.

"Porque estarás distraído y será muy divertido"—intentó alejarse, él la besó, sin soportar por mas tiempo la ausencia de su cuerpo. Helga respondió como siempre, amoldándose a él y cuando se agotó el aliento y se separaron pronunció con descaro.

"Dormí, usando únicamente tu playera"

El entrenador gritó su nombre en ese preciso momento como un ogro, demonio o troll furioso. La rubia le guiñó un ojo, luego lo empujó hacia los vestidores, ambas manos presionando su pecho a la vez que decía otra cosa como.

"Sufre"

Claro que sufrió porque era hombre y bueno, no haría casting jamás para canonizarse como santo. ¿Durmió desnuda, usando únicamente su playera? ¿Solo eso, nada más que eso? Su perfume estaba impregnado en toda la prenda, eso lo enloqueció y cuando preguntaron por lo enrojecido de su rostro y lo torpe de sus movimientos él comentó algo así como que estaba enfermo y le dolían el estómago y la cabeza.

Al entrenador, obviamente eso no le importó, a menos que cayera muerto o medio muerto y se convulsionara en el campo, él lo quería corriendo. Los torturó física y psicológicamente durante noventa minutos pero él resistió porque Helga estaba en las gradas, además de las novias de sus compañeros de equipo. Entre más pasaba el tiempo, algunos otros la notaron y preguntaron quien era. Él no les dijo su nombre pero aclaró que era su novia.

"¿Entonces, la pelirroja bonita de siempre, está libre?"

"Ya tiene novio"

"¡Maldición!"

"Y si no reaccionas, esa dulzura también" —señalaron a Helga y pudo verla charlando con algunos chicos. Eran Lorenzo, Brainy y otro sujeto que no reconoció. Ese parecía muy cómodo con su chica, así que él se olvidó de los últimos detalles de la práctica y corrió a ducharse y cambiarse para alcanzarlos.

"Es Alan, ¿Cómo no te acuerdas de Alan?" —comentó la rubia una vez partieron camino a casa.

Aparentemente, él se cambiaba más lento que un octogenario pues cuando salió, Helga ya estaba despidiéndolos. Dijeron algo sobre ir de tragos alguna noche para ponerse al día y él no estaba seguro de qué fue lo que les dijo, pero dos de tres lo miraron con recelo.

"Si se porta mal, llámanos"—sugirió Lorenzo.

"Damos palizas, gratis"—comentó Brainy. (Desde que superó sus problemas de asma, se comportaba como cualquier adolescente medio hablador, petulante y patán. Aún llevaba gafas de montura metálica y un corte de cabello a rape, similar al militar)

"Yo, les enseñé a hacerlo, señoritas"—respondió Helga levantando el puño herido y ellos imitaron la acción en lo que evidentemente era una especie de saludo "secreto"

No sabía que se llevara tan bien con otros chicos (que no fueran Gerald o él) aunque ahora que lo pensaba, con ellos no se llevaba bien, eran a los que molestaba. De modo que estos, ¿Eran sus amigos? por qué nunca los vio juntos. ¿Cuando se reunían? No, mejor era preguntar, ¿A dónde iban cuando se reunían?

Helga no agregó más nada, a la espera de que él recordará quién era Alan, de lo único que le sonaba ese nombre era del chico que Phoebe dijo que apoyaría incondicionalmente, si se atrevía a destrozar el corazón de su amiga.

Eso no le gustó y se lo comentó.

"¿Alan? ¡Dios, Phoebe está loca! Aunque debió mencionarlo ya que él y yo...nos encontramos en Francia"

"¿¡Qué!?" —preguntó o mejor fuera dicho que gritó. Ella lo miró, entre melancólica y divertida.

"Tranquilo, vaquero. Si recordaras quién es, sabrías que estudia fotografía y estuvo ahí para hacer una sesión fotográfica de sitios arqueológicos"

"¿Es decir, que hicieron turismo juntos?"

"Visitamos museos, avenidas, parques...pero antes de que lo agregues a tu lista de enemigos públicos, te recuerdo que en todos esos lugares encontré oportunidad para pensar en ti"

"Gracias..." —eso devolvía el universo a su sitio y disminuía el impulso asesino, que ni siquiera sabía que tenía.

Llegaron a casa pero lejos de entrar, se sentaron en los primeros escalones de la entrada. Era tarde, el cielo comenzaba a tornarse de rojo a morado, vieron el atardecer en silencio pero a pesar del espectáculo de luz y sombra que ella tendría que adorar, permanecía misteriosa.

"¿Hay algo más que me quieras decir?"—preguntó arrebatando un mechón rebelde de su frente. ¿A caso, ella y Alan se besaron? En la ciudad del amor, dónde confesó haber hecho el ultimo intento por arrancarlo de su corazón… Lo creía posible y si era así, no tendría qué reprocharle. Pensó en lo duro del golpe que sería para él, pero a la vez atrajo a sus memorias los ojos verdes de "Thea"

Helga, no era la única que hizo "turismo" del brazo de alguien más y no sabía en qué momento se lo tendría que contar.

"Ni ayer, ni hoy fue a la escuela"—pronunció directa, sacándolo de sus pensamientos. Obligándolo a ser "serio"

"¿Jake...?"

"Sé que Gerald tiene a todos buscándolo entre las sombras. Eso me preocupa porque son demasiados. ¡Todos podrían salir lastimados!"

"¿A caso crees que él, no se los habrá explicado?"

"No lo sé, pero necesito verlo"

"¡¿Hablarás con Jake?!" —preguntó porque la idea de verlos en el mismo sitio le enfebrecía. Helga negó con el rostro y aquí tuvo que ser reflexivo. Él era el adicto a la historia y ella la Guerrera Amazona, supuso que necesitaba "verlo" para saber si haría algo al respecto. Si tomaría represalias contra ella o sus amigos.

Su novia, tenía espíritu guerrero. A los nativos de los "ojos verdes" les agradaría Helga porque sabía leer a las personas, intuía el peligro y actuaba a consecuencia.

"Te avisaré, si lo veo"

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Miércoles, era el día en que practicaba Gerald así que todos se reunieron en las canchas de baloncesto para hablar del "desaparecido"

"Hey, ¿Dónde están las Señoras Shortman y Johanssen?"—preguntó Rhonda con fingida sorna.

"Los padres de Phoebe no la dejan volver tan tarde, así que Helga la acompañó a su casa"—respondió escueto porque en serio. Esa explicación del "por qué" no podían pasar esa tarde juntos le cayó como una patada en el hígado.

"¿Y ustedes son novios solo de palabra?"—inquirió Curly con cierto tono burlón y molesto.

"No"—respondió cruzando los brazos al pecho.

"Pues, nunca los vemos juntos y ya estamos a media semana"—agregó Harold. ¿En serio, hasta él se burlaba en su cara?

"Eso es porque Helga, no quiere que nos vean juntos"—declaró.

"Jmp! uno creería que era más amante del espectáculo"—prosiguió Nadine, animada por Rhonda.

"Lo hace por Jake"—comentó sin mirarlos, concentrado en el partido aunque no tenía ni idea de cuantos puntos iban a favor de quién.

"¿Jake?"—chilló Sid y hasta ahora notaba que entre la multitud también estaban Stinky, Sheena, Eugene y Patty.

"Le preocupa lo que pueda hacer si sabe que estamos juntos"

"¿Entonces iba en serio la amenaza?"—preguntó Sheena con las manos a la altura de los labios.

"No lo sé, pero Helga cree que sí"

"¡Es PATÉTICO" —gritó Rhonda e hizo que alguien de la cancha se le fuera el balón. "¿Él está intimidando a nuestra bully? ¿De verdad, lo está haciendo? Sé que es una chica, con corazón, sentimientos y no sé lo que haría yo, si me besara el monstruo más horroroso del pantano. ¡¿Pero ESCONDERSE?! — volvió a gritar y el balón se le fue de las manos al que lanzó y no encestó. Gerald los vio desde su posición y les hizo una serie de señas obscenas con los dedos. Sid, Stinky y Patty la respondieron.

Rhonda prosiguió.

"Creí haberles dicho que una tontería más de ese gusano y haré que lo expulsen"

"¿De verdad?" —inquirió él, porque era la primera vez que escuchaba algo como eso.

"Te lo prometo, querido. Y él lo sabe, por eso no ha venido, precisa de un comportamiento ejemplar porque está a nada de ser enviado a un tutelar"

"¡No es cierto…!"—dijeron todos y Rhonda les habló de un archivo oculto que debía ser el mismo al que Gerald accedió.

"Conducta violenta en su anterior escuela, orden de restricción por parte de su ultima novia, servicio social obligado por daño a propiedad publica"

Harold silbó por lo alto, Patty se preocupó porque de todos, su novio era el único que lo amenazó. Era bueno en combate cuerpo a cuerpo pero seguía siendo demasiado noble y despistado. Un movimiento en falso y Jake lograría derribarlo. Los otros, en general comprendieron por qué Helga, quería esconder a Arnold.

"Debe amarte, demasiado"—comentó Nadine alegre y aunque él compartió su entusiasmo se sentía un poco decepcionado.

"¿Por qué no tratas de convencerla?" —sugirió Sheena. "Dile que todos estamos con ustedes, que no dejaremos que Jake Cabot se les acerque"

"¿Aún después de saber lo peligroso que es, quieren ayudarnos?"—preguntó impresionado.

"Pues, claro" —respondió Eugene. "¿Con quienes crees que estás hablando?"

El silbato sonó anunciando el final de la práctica. Entre todos se levantaron para irse a sus casas, él esperó a Gerald y preguntó por los avances de Jamie'O.

"No tiene nada" —comentó su amigo, luego de haber chocado los puños como en los viejos tiempos.

"¿Cómo puede ser, si se llevó todo?"

"Si, pero Cabot es demasiado listo o afortunado. El bat y la bola de béisbol están llenos de huellas dactilares, imposible aislar alguna. En cuanto a los mensajes de texto, son claras las amenazas pero todas son dirigidas de manera anónima y al ser números desechables podría ser cualquiera. Inclusive podrían alegar que vienen de varias personas, Jamie está furioso porque mi negativa a denunciar, tampoco ha ayudado a la construcción de su caso"

"¿Entonces, volvemos al inicio?"

"Si y no, ella tiene el número de emergencias que le dejo mi hermano. Tendría que denunciarlo en el acto"

"¿Sugieres que se use de cebo?" —preguntó, cerrándole el paso al moreno y mirándolo como si fuera un desquiciado.

"Ya sé" —rezongo con las manos en son de paz. "No lo digo en serio, solo es un hecho que tendría que atacar de nuevo"

"Así jamás pareceremos novios"—suspiró, apretando los puños, su mejor amigo le palmeó la espalda con resignación.

"Es la cruz que te tocó cargar"

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Jueves, fue un espejo del lunes. El profesor Burnside estaba realmente animado con la grabadora de audio, sus compañeros de grupo pensaron que quizás se estaba volviendo loco o era tan excéntrico que pretendía grabar sus clases para adularse a sí mismo.

Como fuera, los minutos de clase acabaron al mismo tiempo que la cinta y todos se levantaron para salir en estampida a los pasillos, casilleros y de ahí a su siguiente materia. Él volvió a esperarla, el historiador se tomó la libertad de decir que hacían una bonita pareja, aunque lucían algo deprimidos.

"Parece que tienen miedo a quererse en serio, ¿Quien va a regañarlos, sus padres?"

"No…"—respondieron a una sola voz.

"¡Entonces salgan, disfruten!"

Los mandó de paseo y ellos obedecieron, en esta ocasión ella no se escapó. Le dijo que entregaría su puesto y renunciaría al béisbol.

"Pero, tú amas jugar béisbol"

"También amo escribir…"—se hizo a un lado, sentándose en el piso y él la acompañó, colocándose a su lado, Helga ocultó sus ojos con la sombra de sus cabellos y poco después comentó que estaba siguiendo las indicaciones del Doctor Evans al pie de la letra pero el dolor no se iba.

El médico hizo otra radiografía, todo estaba en orden, así que el problema, podría estar en su cabeza.

"¿Estrés?"—sugirió.

"Tal vez, pero si no mejora, ya no será un partido de béisbol, no podré sostener objetos, lanzar, escri…—la jaló, para confortarla entre sus brazos porque era evidente que comenzaba a ponerse intensa. Ella se aferró a él y suspiró contra su cuello, por precaución, él se fijó que no estuvieran siendo observados, los pasillos a esas horas del día, se encontraban a medio recorrer, así que se relajó también y trató de tranquilizarla.

"Sé que no quieres oírlo, pero esto de Jake, te está superando"

"No es cierto"

"Claro que si, Rhonda y los demás quieren que los dejes participar. Yo, quiero que me dejes ser tu novio de manera formal"

"¿Y permitir que te lastime? ¡Jamás...!"

"No ha venido en toda la semana"

"Por eso debo renunciar, sin su molesta presencia en la cancha"

"Si estás segura de que eso es lo que quieres, te acompaño…"

Helga le dijo que estaba segura, pero no logró reprimir el rastro de unas lágrimas que le limpió con soltura.

El entrenador Thompkins no se tomó nada bien su renuncia, lo adivinó porque se quitó la gorra, la arrojó al piso y después saltó sobre ella hasta dejarla plana. Helga, volteó a ver a sus compañeras de equipo, algunas lloraron, otras se alegraron. Esas, debían ser las que culpaban a su novia de darse a "desear" (si fuera otra clase de persona, él les habría hecho señas obscenas con los dedos, además de tomarles fotos para que Phoebe o Rhonda convirtieran sus vidas en un auténtico infierno) pero como no era así, cruzó los brazos a la altura del pecho y esperó a que se le uniera su chica.

"¡Pataki, espera!" —gritó el entrenador, cuando ya estaban por irse.

"¿Necesita, algo?" —preguntó él, porque Helga tenía pinta de estar a punto de tirarse a llorar y quería llevarla a algún lugar donde se pudiera desahogar.

"Tú, has pasado mas horas que yo entrenándolas, juzgándolas. Debes tener en mente a alguien digno de ser tu reemplazo" —las sonrientes víboras de antes se pusieron nerviosas, las que lloraban, se abrazaron y gritaron que a su "Capitán" ninguna podría reemplazarla. Helga también sonrió, como la Guerrera que era, las recorrió con sus ojos letales de una a una.

"¡Blake, limpia tu sucia cara y ve con el entrenador!" —las víboras sisearon, Helga las ignoró, el entrenador también estaba dudoso pero Pataki se mostró firme en su decisión.

"Para ganar, más que fuerza o velocidad, se necesita estrategia y corazón. La primera parte es cosa suya, la segunda de ella"

Se fueron por donde habían entrado, Helga ya no tenía clases por el resto de ese día, él tenía idioma extranjero pero no le importó…

"¿Vamos a escondernos un rato?"—sugirió y la rubia asintió.

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Viernes, y como comentó de manera inicial, Helga lo estaba ignorando.

Clase de Literatura, la segunda materia en que coincidían y en la que se metió porque era un masoquista, odiaba su vida o (le encantaba escuchar y ver declamar a Helga G. Pataki)

La profesora tenía como sesenta años y le recordaba a su abuela. Cabello cano peinado en un moño alto, lentes de gruesa montura, vestidos largos y sacos entallados. Lo detestaba porque había cosas que simple y sencillamente no entraban en su cabeza, como la poesía y el teatro, tampoco encontraba sentido en diferenciar los géneros literarios porque para él, todo se resumía en lectura y ya.

¿Para qué hablar de tragedia, drama y romance? ¿Que no eran todos la misma cosa? pero cuando lo expresó, Helga abrevió por la clase y lo golpeó con un diccionario. Desde entonces, él se limitaba a ocupar su lugar en el salón, no hacer preguntas. Y la maestra lo intimidaba, atravesándolo con sus ojos furiosos y soltando comentarios hirientes como que no iba a pasar, "solo por estar respirando"

—Recuerden, el examen será la próxima clase. —todos bufaron en contestación y comenzaron a guardar sus cosas para salir del salón. Él suspiró, resignado a tener otro hermoso seis porque gracias al infierno, no todo era poesía y teatro. El ensayo científico lo entendía, también esas cosas de comprensión de lectura.

En fin, Helga una vez más se quedó hasta el final para recibir la grabadora que la astuta maestra metió en el interior de su saco para no llamar la atención.

—¿Te has pasado tanto tiempo sin hacer nada que ya te pegaste al asiento, Shortman?—preguntó la maestra dirigiéndose a él.

—No…—respondió sin disimular su total indiferencia por el destino incierto de esa mujer.

—Entonces, ve a robar oxígeno a otro sitio, seguro que esa noviecita tuya de cabellos rojos tendrá algo más interesante que hacer con tu cuerpo.

—¿¡QUÉ FUE LO QUE DIJO!?—gritó Helga, uniéndose a la conversa. Anabelle Beauvoir enarcó una de sus delineadas cejas y los miró a los dos sin vacilación.

—Vaya, creo que te juzgué mal todo este tiempo Juliette.

—¿Perdón...?—inquirió Helga, a punto de destrozar la grabadora en el interior de su mano izquierda.

—Ya sabes, Juliette Drouet y supongo que él, es Victor Hugo.

—¿Quién?—se atrevió a preguntar pero las dos féminas lo asesinaron con la mirada. Optó por salir del salón e indicarle a Helga que la esperaría en el pasillo.

—¿¡Es en serio!?—inquirió la rubia a su profesora en un tono tan elevado, que hasta él lo escuchó.

—Yo te preguntaría lo mismo, pero es evidente que sientes algo muy intenso por él…—espió por la ventana y pudo ver como la docente se daba la vuelta para comenzar a apilar sus documentos. Helga se quedó muda con el rostro incendiado y ha decir verdad, le encantó.

Salieron a paso lento, ultima clase del último día de la semana y como aún no había rastros de Jake, sugirió que fueran a algún sitio y se relajaran.

—¡Juliette Drouet! ¡Se atrevió a compararme con Juliette Drouet! —gritó la rubia ahora que estaban en uno de los jardines de la escuela.

Él hubiera preferido ir a la cafetería pero ese día tenían varias cosas con fresa en el menú de postres y ella no comía, ni tocaba absolutamente nada que pudiera estar contaminado con la fruta.

—¿Tan fuerte es tu alergia? —preguntó, porque le gustaban las fresas. Aunque tenía años sin probarlas. Un día, su abuela inventó algo sobre campos de fresas asesinas mutantes y dejó de comprarlas. ¿Eso tendría que ver con la llegada de Eleanor a su casa?

Quien sabe, se lo preguntaría más tarde.

Volviendo a lo suyo, se dejó caer sobre el pasto, disfrutando con la vista de los árboles distantes, las pinturas frescas, esculturas y las pequeñas flores que se resumían a unos cuantos dientes de león, lirios y trinitarias. Su novia se acomodó junto a él, ignorando la pregunta inicial porque seguía rezongando y él no tenía ni idea de quiénes eran Juliette y Victor. ¿Conquistadores? ¿Inquisidores?

Se lo preguntó.

—¿De verdad es tan malo?

Helga resopló, obligándose de manera mental a no llamarlo idiota, estúpido e iletrado. Sabía que la "literatura" no era lo suyo y que no había escenario o universo en el que supiera quién era Victor Hugo.

Juliette, (pensándolo bien) era una comparación razonable. La actriz francesa le escribió cartas de amor tan tórridas, pese a saberlo casado con esa insípida de Adèle Foucher, (y ahora tenía ganas de romperle la cara a esa profesora mirona, porque seguramente, Adèle era esa maldita campesina sin gracia de Lila Sawyer) amigos desde la infancia, madre de sus cinco hijos (Y al pensar en la palabra "hijos" destruyó el bonito jugo que sostenía en el interior de su palma izquierda).

Arnold que parsimoniosamente "divagaba" pasó saliva por la garganta pensando que quizás, el momento que tanto había estado esperando por fin había llegado, así que abrió su mochila y buscó la carta.

Helga, seguía asesinando a la buena maestra en su cabeza, lo adivinabas por su postura dominante, los músculos tensos y aunque sus cejas ya no eran una cuando se enfadaba en serio, parecían una.

Él carraspeó para volver a llamar su atención, ella reaccionó como era su tradición.

—¿¡QUÉ QUIERES!?—preguntó con el puño perfectamente cerrado. Quizás no era el momento indicado, pero era muy tarde para detenerlo.

Le extendió la carta, ella la reconoció y vació el contenido de sus pulmones, mientras que unos tres o seis metros por detrás, todos sus amigos lo hacían por igual.

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Sí, estaban convencidos y "divertidos" de que fueran novios pero hasta ahora no los habían visto en ninguna clase de ambiente íntimo y ellos querían "disfrutar" por no decir que "atestiguar" el estado romántico de Arnold y Helga.

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—¿Estás totalmente seguro de que debo leerla?—preguntó mirando el sobre blanco. Papel normal, tinta negra, la maldita letra de Arnold escribiendo las iniciales de su nombre y por debajo un sello con cera de abeja, finamente abierto.

—Así es…—respondió sincero, directo. No estaba nervioso, contrario de ella que de no haberlo derramado ahora intentaría ahogarse con su jugo de mango.

—¿P...por qué aquí? ¿N…no sería mejor en tu casa?

—Helga, ya me hiciste esperar toda la semana y aunque acepto que "perseguirte" por la escuela es divertido, prometiste que la leerías cuando estuviera convencido y lo estoy.

—Tt,..te fascina verme vomitar, ¿cierto?—comentó pero ya estaba desdoblando la carta. Arnold, no creía que fuera a devolver el estómago, aunque quizás no fue tan buena idea dársela después de que comieran un par de hamburguesas dobles con patatas, tocino y queso. (A las afueras de la escuela reinaba la comida chatarra en todas sus variedades y presentaciones. Nada de frutas venenosas, gracias.)

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Metros por detrás, los chicos se empujaban unos a otros. No todos tenían la agudeza visual requerida para la encomienda por lo que las chicas eran las que narraban la situación.

—¡Están intercambiando cartas!—comentó Sheena.

—Claro que no, él le dio una carta. Ella aplastó su jugo. —Aclaró Nadine.

—¿Y qué dice?—preguntó Harold.

—¿¡Cómo esperas que sepamos que dice!?—gruñó Rhonda.

—Tal vez sea la renovación de su contrato. Los términos bajo los cuales aceptará "fingir" que es su novio.—comentó Curly (aún dolido por perder veinte dólares ante Sid)

—Puede ser…—concedió su mujer. (dándole por su lado, porque si no era ella, entonces quien)

—Pues si lo es, ella no parece feliz…—comentó Sheena.

—¿Por qué?—inquirió Eugene, él también necesitaba gafas pero como muchos prefería forzar la vista a arruinar su "apariencia"

—¡No puede ser!

—¡Helga!

—¡Está!

—¡Llorando! —gritaron a un mismo tiempo Patty, Nadine, Sheena y Rhonda.

Gerald y Phoebe (que recién se unían a la fiesta) intercambiaron miradas nerviosas. ¿Qué diría esa carta? ¿Las razones por las cuales ya no podía acompañarla? ¿A caso se hartó de que Helga no quisiera que se demostraran su amor? —Johanssen presionó la mano de su novia en el interior de la suya. Lo que sea que sucediera lo afrontarían juntos, aunque si rompían...perder cinco dólares sería el menor de sus problemas.

Stinky, vociferó algo como un juramento, cerró ambos puños y estaba a nada de correr hacia ellos y separarlos, porque ésta era la segunda vez en su vida que la veía llorar y puede que a Jake no lograra ponerlo en su lugar, pero a Shortman le arrancaría el alma entera. Su acto heroico se acabó tan pronto como inició, porque una vez concluyó su lectura, la rubia dirigió su mano herida al rostro del otro.

Una bofetada que le dolió a mas de uno. Arnold, no se preocupó por su rostro, (por el contrario, atrapó con su mano aquella que le había golpeado) no se disculpó por lo escrito, sino que se aproximó de más a ella, quien ya decía unas palabras que ninguno de los mirones lograba escuchar.

—¿Alguno de ustedes sabe leer los labios?—inquirió Rhonda sumamente interesada en la pareja.

—La que los lee, es Helga. —comentó Phoebe, con sus propias lágrimas surcándole el rostro. ¿Entonces terminaban? ¿Después de todos estos años, del fin de semana más apasionado que ninguno de los dos hubiera experimentado? ¿De mudarse a su casa…? Arnold Shortman decidía que simple y sencillamente…—se abrazó a Gerald, hundiendo el rostro contra su pecho, el moreno la abrazó, cerrando los ojos por igual. —¿En serio era capaz de hacerlo? ¿Su viejo tenía tan erradas sus prioridades? No quería creerlo y después de un nuevo grito, supo que no había por qué creerlo.

—¡OH…!

—!POR…!

—!DIOS!

—¡LA ESTÁ BESANDO!

—¡SE ESTÁN BESANDO! —gritaron todos, tan fuerte y descarado que era imposible que no los hubieran escuchado, aún así Arnold no se detuvo en la acción de reclamar sus labios.

La carta terminó aplastada contra el pasto, debajo de la mano izquierda de Helga, mientras aquel se tomaba mas atrevimientos de los permitidos delante de todos sus amigos.

Ella escuchó sus gritos de desconcierto y aunque la parte malvada de su ser lo disfrutó y pensó en la cara de horror que tendría Rhonda, otra parte pensaba en los versos de esa carta.

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"…No voy a decirlo,

voy a dejar que pase el tiempo…"

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"...Dime que me quieres,

o dime que ya no sientes,

este calor que siento al verte.

No lo intentes, sé que mientes…"

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Quiso golpearlo de nuevo pero se le estaba agotando el raciocinio junto al aliento. Cuando se separaron, Arnold tenía una sonrisa traviesa, sensual pero no seductora. No era aquel gesto oscuro que le enloquecía, sino uno nuevo, satisfecho de hacerla perder en su propio juego, pues en su "relación" la que besaba y los hacía perder sus papeles de "víctima y verdugo" era ella y no él.

Arnold limpió sus lagrimas, aquello debió ser el aliciente o la indicación que necesitaban sus amigos para saber que todo estaba bien.

Phoebe suspiró de alivio, aunada a unos cuantos más que ya comenzaban a preguntarse ¿Cómo debían reaccionar? ¿Quien invirtió el universo? ¿Por qué, él la besaba y ella lloraba?

Helga volvió a doblar la carta, acariciando sus bordes, llamándolo idiota, él se disculpó bajo promesa de no volver a hacer nada tan idiota.

—Eres un idiota. Todo lo que haces, has hecho y harás es idiota.

—Está bien...

Eugene, no contuvo por mas tiempo las ganas de correr y acercarse a ellos. Es decir, ya sabían que los estaban viendo y él necesitaba respuestas porque salió con ella y al igual que Stinky conocía el lado sensible y romántico de Helga y le emocionaba y le enloquecía (también le hacía rabiar de celos) pero por debajo de todo eso, se sentía feliz por sus amigos.

—¡Lo sé, interrumpo! Lo siento, de verdad, lo siento. Pero me tienes que dar detalles, cariño. —la ultima palabra le salió natural y bastante "femenina" Helga, escudriñó los alrededores.

Rhonda se había desmayado y Curly junto a Patty y Nadine intentaban devolverle el sentido. Stinky estaba golpeando a Sid, eso le sorprendió pero creía intuir la razón, Harold se ocupaba de separar a esos dos, lo que dejaba a la pobre de Sheena junto a Phoebe y Gerald, indecisos sobre si debían acercarse o no.

Agradeció que nadie más notara el "lado femenino" de Eugene, si bien ya no era un secreto que gustaba por igual de ambos sexos. No escatimaban en gastarle bromas cada que podían y eso la enfurecía.

Se sacudió el pasto de las ropas porque Arnold, en serio tenía problemas al tratarse de ella y la había tendido de espaldas a la vez que borraba todo registro del brillo con sabor a cereza (que usaba por él) de sus labios.

—¿Quieres que te acuse con tu abuela, manos largas?—inquirió luego de hacerle un gesto a los demás para que se acercaran.

—¿Eso…? Fue por haberme golpeado, Juliette.—respondió con una sonrisa bastante boba.

—¡¿Qué, a caso quieres que te golpee en serio?!—gritó porque la comparación con la francesa, aún le parecía de mal gusto.

—Depende, ¿Quieres que te declare mi amor en serio?—le guiñó un ojo y Helga terminó del color de la sangre. Luego, lo llamó "maldito descarado e idiota" y guardó la carta en el interior de su bolsa.

—¿Siempre se comportan así?—preguntó Eugene y Gerald se tomó la libertad de decir que sí.

—Tal y como los ves.—Johanssen tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro. No tenía idea, de qué iba la carta o del por qué, su amigo decidió que sería buena idea hacer llorar a su chica, pero aparentemente se entendían.

—Entonces, ¿De verdad, eres mantecado?—inquirió Sheena, pues lo estuvo pensando en los días pasados y el misterio no la dejaba concentrarse en nada.

Hacían buena pareja, ahora que los veía juntos pero al momento de imaginarlos o recordarlos, no conseguía involucrarlos en un ambiente tan cercano.

No podía vincular los versos que la hicieron fantasear, ilusionarse, sonreír y soñar con Arnold Shortman, aunque había algunos que describían el dorado de unos cabellos en referencia a la luz del sol, ojos jade como piedras malditas, azul del cielo, —¡Oh, cruel tormento!

Arnold le dijo que sí.

—Yo soy el mantecado de su vida...

Pero Sheena, y algunos más todavía no lo creían.

Los habían visto pelear y discutir hasta el cansancio decenas de veces, era cierto que la única que lo llevaba al límite era Helga, porque Arnold tenía una paciencia inmensa con todos, excepto ella. También era verdad que cuando Helga se pasaba de lista y requería un escarmiento, era con él con quien se rendía.

Su relación (de la tierna infancia) a ojos suyos jamás cambiaría de "víctima y verdugo" pero en esta etapa de sus vidas, aceptaban que se querían.

Un viento fresco removió los cabellos de algunos, dejaron sus mochilas en el pasto y comenzaron a unirse a ellos.

Ese lugar estaba en la parte media de la escuela. No en la mas remota que muchos usaban para perderle el respeto a sus parejas, fumar hierbas, consumir bebidas alcohólicas, hacer pintas y hasta rituales satanistas, tampoco a la entrada donde podrían encontrar parte del personal administrativo.

Era zona "cultural" pegada a las obras de los futuros artistas, relativamente privada y por tanto la rubia se atrevió a fantasear.

Esos, eran sus amigos de toda la vida. En los que confiaba y a los que quería aunque las más de las veces, maldecía. Se puso de pie, ante la interrogante mirada de su novio y es que ya estaban todos y Rhonda Wellington Lloyd tenía pinta de quererla y poderla asesinar si no obtenía en este segundo lo único que había ido a buscar.

Es decir, una escena digna de Romeo y Julieta.

Cerró los ojos e hizo fluir su poesía.

.

.

.

Y es que yo no he visto más cruel sol

que el de tus cabellos,

desestabiliza el cuerpo

y me altera el pensamiento.

Provoca mi sonrisa,

que involuntariamente aparece

si es que estoy cerca de ti.

Ojos verdes que me enamoran,

creando al instante la necesidad de ti.

De observarte y entregar de nuevo,

todo el corazón.

De esperar tu mirada

y labia distante,

junto con la luz del sol.

Oh, dulce boca,

posa ya tus pasos

sobre estos desdichados labios,

desabridos por los tristes besos

que nos hemos dado.

Dolientes por haber amado

como no se ama.

Porque no era el tiempo.

Porque quien te amó,

no era a quien amabas

con dedicación.

Ahora espero, no sentir mas tormento,

confesaré que tengo miedo.

De volver a amarte como en el pasado,

pero confiaré en tus ojos verdes

y en la luz del sol.

.

.

.

Su voz, que innegablemente fue ganando pasión además de volumen y entonación llamó la atención de los curiosos. Pintores, dibujantes, profesores de arte y demás dejaron sus labores para identificar a la dueña de tan elocuente voz. Se sorprendieron de ver a su Guerrera, a la Amazona de cabellos trenzados que solían ver atravesar el campo como si la persiguiera el destino, la muerte o alguna otra clase de maldición.

Cuando terminó, más de uno aplaudió, los enamorados se besaban, ella abrió los ojos para el objeto de su adoración y este correspondió el gesto dispuesto a levantarse y comérsela a besos, pero entonces otra cosa fue la que sucedió.

Un objeto perdido salió de la nada, impactando en la estructura de metal que tenían más cercana, el sonido que profirió al golpear les congeló el alma, el rebote impacto contra la cabeza de alguien e hizo que la poeta se fuera irremediable a la nada. Su novio corrió a socorrerla, los demás gritaban aterrorizados y es que el herido no era otro mas que el muchacho con peor suerte en el poblado.

Sheena estaba histérica, lloraba y gritaba, intentando reanimar a Eugene, los profesores de artes plásticas llamaron a la calma pero ninguno de ellos obedecía a la calma. Phoebe, (que aspiraba a estudiante de medicina) revisó de manera apresurada a su amigo, un golpe en la cabeza de esa magnitud no vaticinaba nada bueno, llamó a Harold, no tenían tiempo para que llegaran los de servicios médicos.

—¡Hay que llevarlo rápido a la enfermería!—ordenó al chico.

—¿Se va a poner bien?—preguntó Sheena con lágrimas en los ojos.

—Eso lo determinará un médico.—respondió, indicándole a Harold que no lo moviera demasiado brusco. Debía llevarlo sin correr pero caminando rápido. Los profesores intentaban imponerse, el resto de estudiantes ya habían huido despavoridos y ellos estaban decididos a actuar en lugar de escuchar.

—¿Alguien sabe qué lo golpeo?—preguntó Rhonda, buscando en los alrededores junto a Curly, Sid y Stinky. Helga se obligó a sí misma a salir de su estupor, buscó entre la hierba espesa, siguiendo la trayectoria del objeto y es que ella vio de manera indirecta como esa cosa pasaba, veloz y letal justo a un lado de su cara.

¿Ese golpe era para ella? ¿Una vez más era para ella, pero el que resultó herido fue el más tierno, dulce y frágil de sus amigos?

Eugene era débil, ya no tan bajo de estatura pero igualmente delgado y en absoluto atlético. No practicaba deportes porque su constitución delicada aunada a la mala suerte siempre lo dejaban en la banca o la enfermería.

Ellos no solían molestarlo más allá de las palabras porque si le soltaban un golpe, por mínimo que este fuera, el moretón le quedaba por días.

La advertencia en sus juegos de niños solía decir

"Eugene es de papel"

Y aunque lo incluían en todo, sabían que contra él, no se debía arremeter.

—Es una bola de béisbol. —pronunció colérica. La tomó con la mano herida, Arnold que estaba por detrás, sintiendo sus emociones, prediciendo sus acciones, la vio levantarse y dejar en el pasto el relicario de oro que después de todo, sí había estado llevando.

—Helga…—tomó la pieza de joyería y se dirigió a ella, pero no lo estaba escuchando. Tenía lágrimas en los ojos, al igual que algunos por la impotencia y preocupación. (el sonido fue tan intenso y el mundo estaba tan loco, que en una primera idea, todos creyeron que se trató de un balazo) Phoebe, se había retirado junto con Harold, Patty, Nadine y Sheena, la enfermería no estaba tan lejos, rogaban porque no tuvieran impedimentos en socorrerlo.

Un profesor se acercó finalmente a la rubia, temblaba como una hoja, más era de ira, no miedo.

—Señorita, es obvio que se trató de un accidente…—pronunció el aludido.

—No lo fue —respondió tensa. —Las canchas de béisbol no están ni remotamente cerca de aquí y aún si se tratara de alguien "practicando" la velocidad, además de la fuerza sugieren que fue un acto premeditado. (los que quedaron, además de él se miraron entre sí. Helga hablaba de más cuando estaba acorralada, pero en esta ocasión no pensaba en ella, sino en Eugene) —¿Qué clase "dice" da usted, Señor…?

—Thomas Harker, Dibujo Ambiental.

—Bueno, le agradezco la preocupación pero el daño ya está hecho. Nuestro amigo está siendo trasladado a la enfermería y si "en serio" cree que fue "un accidente" me parece que aquí ya no hay nada que usted pueda hacer. —el profesor la miró colérico. Helga no sentía respeto por ninguna figura de autoridad, en específico no, en situaciones así.

—Solo digo que lo tomen con calma, éstas cosas pasan.

—Eso le diré a su madre, si es que despierta…

Harker se enfadó aún más, gritó que si tanto creía saber de la situación, lo acompañara a la dirección. Helga resopló pero accedió.

—Déjeme tomar mis cosas… (miró a Gerald, el moreno supo lo que pretendía)

Llamar a Jamie'O quien estaba a un par de horas de distancia.

¿Jake se quedaría en la escuela? Por supuesto que sí, el problema era que ninguno lo vio entrar, porque no estaba asistiendo a sus clases, estaba merodeando en los pasillos, quizás los observó desde el principio.

—¡Todos ustedes también! —bramó el profesor. —Si algo le pasa a ese muchacho, serán responsables por mover su cuerpo y no esperar al personal médico.

—¿Responsables, nosotros? —gritó Helga. —¿Qué me dice del que arrojó la pelota?

—Como mencioné, esto fue un accidente que lamentablemente, indisciplinados como usted intentan agravar. —Harker tomó del brazo a su novia para que se moviera más rápido. Eso no le gustó a él, pero no pudo reclamar nada porque al menos.

Ahí estaría segura.

La conocía a la perfección, sabía que ardía en deseos de buscar a ese bastardo y partirle la cara. Todos, de hecho. Pero en verdad, era peligroso. El destino fatal de esa bola, ¿Era Helga? No, entre más lo pensaba, más se convencía de que era él.

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.

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Continuará...

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N/A: ¿Dudas? ¿Críticas? ¿Quejas? Sean libres de dejarlas. Y ya sé que les gusta la miel sobre hojuelas, pero en esta historia, no todo es dulce, ni color rosa.

P.D: Quisiera agradecer enormemente al guest, que comentó sobre la aparición de Lila en el capítulo pasado.

No sabes el gusto que me dio saber que diste en el clavo. Entendiste perfectamente todo lo que quise decir con ella. No es la villana, no es la malvada. No es la clase de chica que cree que está bien que te falten al respeto los caballeros.

No, ella toma sus riesgos en el amor y todo lo que dijo sobre Jake, se debe a que no tiene ni idea de lo fuerte de la situación. Ahora es cuando se dará cuenta. Y volverá a ser el soporte y la amiga que siempre fue para Arnold.

Muchas gracias x sus palabras, por leer y comentar.
Nos leemos en la próxima.