N/A: Suceden diferentes escenas en diferentes lugares y con diferentes personajes a lo largo de la presente entrega. Para que no se me pierdan tanto, cada que vean esas separaciones de circulitos y puntitos es que cambiamos de escena. Las cursivas son para pensamientos y recuerdos. Lo que está entre comillas suelo usarlo para diálogos en el chat o diálogos dentro de un evento pasado.

Si les quedan dudas o no me entendieron ni papa pueden preguntar, y en la respuesta a los comentarios se los aclaro.


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—o.O.O.o—

Los chicos habían pasado cerca de "hora y media" en la dirección, dando su versión de los hechos de manera individual y también por grupo, algunos se sintieron intimidados por sus bajas calificaciones, otros atacados de manera indirecta por su historial de mala conducta, pero en general quien se llevo la peor parte fue Rhonda Wellington Lloyd.

Como presidente del comité estudiantil se esperaba mejores resultados de ella. ¿Cómo permitió que ese jovencito de diecisiete años fuera levantado de manera tan brutal y salvaje? ¿Qué no sabía que las heridas en la cabeza son sumamente delicadas? ¿Quién firmaría como responsable?

—Lo haré yo, por supuesto. —contestó determinada. Su padre era un prestigiado abogado, cualquier situación "legal" que se derivara de esto podría manejarla a la perfección.

—¿Y qué es lo que hacían en ese lugar? —inquirió el director Owen, ahora que terminaba de hablar con ella y requería de humillarla públicamente como efectuó con los anteriores. —Entiendo que las clases de algunos ya habían terminado, otros tienen asignaturas especiales o clases optativas. —los chicos se miraron entre sí, de manera "discreta" pero evidente. Sid y Stinky, eran libres por el resto del día, Curly tenía calculo avanzado junto con Phoebe, Gerald usaba esas horas "extra" para entrenar a solas en las canchas de baloncesto, Arnold de manera habitual, estaría asistiendo a Lila en la biblioteca (la pelirroja gustaba de auxiliar a la bibliotecaria, organizando volúmenes para que estuvieran listos el lunes por la mañana) y en cuanto a Helga, bueno ella estaría en otra parte de la escuela, acompañando a otra persona.

No pensó en él hasta el martes que la alcanzó en las gradas de soccer y eso ni siquiera fue porque lo hubiera invitado sino porque él la encontró con el lente de su cámara fotográfica. Iba en compañía de los habituales Lorenzo y Brainy, la saludaron como indicaba la tradición, chocando los puños y uniendo las manos, después comentó de manera sutil que el viernes pasado la había estado esperando durante casi una hora.

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"Tuve un ligero accidente, como podrás ver"—se defendió, levantando el puño herido y fue evidente en los rostros de todos la preocupación.

"¿Béisbol?"—sugirió Lorenzo y ella asintió, dubitativa sobre si decir la verdad o no. ¿Qué tan cercana se sentía a ellos? ¿Qué tanto derecho tenía de invadir o comprometer la seguridad de ellos?

"¿Por eso estudias la posibilidad de unirte al futbol soccer?"—preguntó Alan y ella carraspeó porque era estúpida la idea de que dejara su pasión por cualquier otra opción.

"Intenta de nuevo, vaquero"—respondió, imitando la postura y el acento sureño de Gertrude. Brainy fue el que adivinó, estudio el campo de soccer y encontró entre los jugadores al antaño objeto de su adoración. Arnold, atravesaba el campo como alma que lleva el diablo. "Celoso" pensó para sus adentros y una parte de su ser, disfrutó con que así fuera.

"¿Estás aquí por Arnold?"—inquirió expectante. Ella no le dijo que sí, pero se tomó la libertad de acariciar su cuello, encontrar la cadena de oro y tirar de ella hasta extraer el relicario en forma de corazón.

"¿Quieres abrirlo?"—sugirió con un leve toque de coquetería, por los años pasados, por todas las veces en que la siguió, observó y también se le declaró. Brainy tomó la diminuta pieza en el interior de su mano diestra, a sus espaldas Lorenzo y Alan prestaban suma atención, la abrió ejerciendo presión con sus dedos y después gruñó al observar la fotografía en el interior.

"¿No era más sencillo decir que otra vez lo persigues?" —se quejó el joven cerrando la pieza y devolviéndola a su dueña.

"Es que ese es el asunto, no lo sigo. Lo espero, Arnold y yo estamos saliendo"—los ojos de Brainy brillaron con desconcierto, después con desconfianza y finalmente con aceptación.

"No es cierto"—comentó Lorenzo, con una sonrisa de lo más tremenda.

"¿Crees que miento?"—comentó a la defensiva pero el semblante cabizbajo de Alan, debió servirle como alguna especie de confirmación. Él lo aceptó de inmediato aunque quizás se debiera a que captó mas de lo que quería con el lente de su cámara.

"Pudiste avisar"—comentó, volviendo a la actitud medio pretensiosa y desinteresada.

"Perdí mi celular a consecuencia del ataque"—se le escapó la palabra "mágica" y una vez más tenía la atención de los tres a su completa disposición.

"¿Te asaltaron?"—preguntó Lorenzo

"Algo así…"—se volvió a guardar el relicario y después soltó un suspiro que debió metérseles hasta el alma. —¿Confiar?— Ciertamente, no era un asunto de confianza, era de comprometer la seguridad de otros.

Alan entendió su diminuta confrontación de ánimas. Seis meses en Paris, (aunque no se vieron todos los días) ayudaron a que él aprendiera a descifrar algunos de los misterios que albergaba en su ser.

"¿Esa es la razón de que te veas así?"—preguntó, dudoso sobre si debía tocarla o no. Ella lo supo, tan pronto como lo miró. Seguían siendo los mismos ojos profundos y anhelantes. El contacto de sus manos o cuerpos, sería demasiado para Arnold, así que rechazó el tacto y se hizo a un lado. No obstante, Redmond era insistente, acostumbrado a obtener siempre lo que quiere se atrevió a cambiar de pregunta. "¿Oh, a caso lo es él…?—el rubio se les unió, los jeans azules, los zapatos deportivos, la camisa a cuadros y su maleta rebotando en el hombro. Ella no entendió del todo la intención en sus preguntas, pero no hubo oportunidad de profundizar pues cuando Shortman los saludó, todos se despidieron.

"Tal vez podamos compartir algunos tragos la próxima vez?—sugirió Lorenzo.

"Y ponernos al día"—agregó Brainy. —ella les dijo que sí, aunque no debió lucir muy convencida.

"Anímate Pataki, unos tragos el día que quieras"

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Ella quería ahogarse en alcohol justo ahora, desconectar su cerebro, embotar su sistema. La vida sería mucho mas sencilla así, quizás por eso a Miriam le encantaba vivir así.

Durante todo este tiempo Rhonda fijó su mirada en ella, se veía terrible. Pálida cual fantasma y llámenla loca pero ella estaba entre un setenta y ochenta por ciento segura de que había perdido peso en la ultima semana. ¿A caso tenía anemia? ¿Padecía demasiado estrés? —¿Y a quién se lo preguntaba?— ¡No podía ser la única que hubiera notado que de un tiempo hacia acá apenas si se pasaba por la cafetería! La evaluó sin pudor, llamando la atención del Director que seguía esperando respuestas, además de ejercer una ultima intervención.

—Estábamos ahí, celebrando la unión de nuestros amigos "Arnold Shortman y Helga Pataki"—respondió. Los aludidos presionaron el agarre con que se sostenían, (la mano izquierda de ella, en la diestra de él) solo se soltaron cuando el rubio fue llamado a "declarar" e inclusive entonces, quien la sostuvo fue Gerald.

El moreno, no había cesado de repetir que en cuanto llegara su hermano todo estaría bien. Ella asentía con el rostro y es que su fortaleza inicial se había desvanecido tan pronto como todos optaron por "protegerla"

Temerosos de que sus pasiones se incrementaran a niveles insospechados y terminara inmersa en otra clase de problema, la hicieron callar, acaparando la atención del Director y dejándola atrás.

Ella, no era una Princesa…
No merecía protección, ni conmiseración…

Lo sucedido a Eugene era culpa suya, solo de ella y de nadie más…

Eso, era lo que pensaba mientras Wellington Lloyd, continuaba su explicación.

—No sé si lo sepa, Señor Director pero todos nosotros egresamos de las mismas escuelas de educación primaria y secundaria.

—Lo sé, puedo verlo en su expediente. —comentó y en esta ocasión, se dirigió a Helga.

—¿Entonces, a parte de Capitana de béisbol usted es amante de la poesía?—Helga asintió por delante de su novio, un leve movimiento de rostro. Y es que aún no sabía, en qué momento le permitirían hablar.

—¿Qué le pasó en la muñeca?—ella bufó, tratando de ocultar la mano pero el rostro del Director le indicó que no venía al caso efectuarlo.

Se quitó la muñequera y las vendas en el cuarto de baño, quince minutos atrás. Mientras entraba Rhonda y salía Gerald, explicó a los demás que le dolía demasiado. Ya no podía soportarlo y cuando sucedía así, lo mejor era que no llevara nada en la mano. Su puño, se veía casi igual que el otro con excepción de lo hinchado y que no obedecía a sus mandatos. Se crispaba involuntariamente y temblaba de tanto en tanto, como si quisiera cerrarlo y no pudiera lograrlo.

—¿Se lastimó en el altercado de hace un momento?—Helga negó, presionando la mano de su novio y soltando el aire de sus pulmones, Owen no era reconocido por su extraordinaria calma, así que se mostró un poco más severo.

—De acuerdo, todos ustedes salgan de mi oficina y de la Dirección ahora. Ya los entrevisté de manera individual por lo que no será necesario que esperen a esta jovencita.

—Pero nosotros…—comentó Arnold en casi una súplica.

—Ustedes, ya me dieron su versión de los hechos y estoy casi seguro de que querrán ir a la enfermería a "despedirse" de su otro amigo.

—¿Qué…?—preguntó la rubia, soltándose de su novio.

—Ah, con que si puede hablar. —Helga bufó, por no decir que gruñó, Owen sonrió de manera peculiar y prosiguió.

—Eugene Horowitz, será trasladado al hospital del poblado. Su condición es estable, pero aún no ha despertado.

—Vayan con él…—sugirió Helga mirando a Arnold. Él no sabía qué veía en ella. Si todo el amor, la bondad o el profundo dolor y arrepentimiento. ¿Lo culpaba por sugerir que se relajaran? ¿Oh, se culpaba por relajarse? —¿De verdad, se hacía preguntas así de estúpidas?— ¡Claro que se culpaba! A ojos suyos, ella era responsable por todo lo malo en el mundo.

Hubiera querido abrazarla, besarla y colocarle el relicario de oro para que supiera que seguía con ella pero cuando lo intentó, Helga le dijo que se lo devolviera mas tarde.

"…Cuídalo tú, con todo lo que está sucediendo, seguro lo perderé otra vez…"

Susurró un "te amo" con los labios, al momento de ponerle su chaqueta sobre los hombros, no era la camiseta de soccer pero tenía que significar algo, ella agradeció el gesto, se despidió sonriendo.

La sonrisa más triste del mundo y luego salieron de la oficina del Director.

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—Vamos viejo,—comentó Gerald, colocando una mano en su hombro. —Ella querrá saber cómo lucía Eugene en la camilla de emergencias.

—¿Y cómo esperas que luzca?—inquirió en respuesta. Si el alma casi se le sale del pecho en el momento mismo que Sheena gritó como loca y lo vio ahí tendido.

Extrañó su voz, alegre y despreocupada, gritando el conocido "Estoy bien" pero ni siquiera se movió. Sabía que era amigo íntimo de Helga, la forma en que la llamó "cariño" haciendo que sus celos se encendieran porque no sabía si quería seducirla, invitarla a un cuarto privado o llevarla de compras y convertirse en su nueva "mejor amiga" pero nada de eso importaba ahora.

Estaban hundidos en espesa mierda y él tenía la imperiosa necesidad de quedarse con ella.

—¿Dormido pero tranquilo?—sugirió Gerald, sacándolo de sus pensamientos. Rhonda y los demás resoplaron por detrás. (A nadie le gustan los "daños colaterales") Y por horrible que pareciera, su joven y atolondrado amigo se había convertido en eso.

—De acuerdo,—se disculpó Johanssen. —Digo idioteces cuando me pongo nervioso, pero en serio. Necesitamos al resto.

—¿Por qué?—gritó Shortman. Ahora que estaban en una de las jardineras frente a la dirección.

—Porque hice algo de CSI ahí dentro y necesito a mi chica para pensar en algo concreto.

—La mía, no ha vuelto. —respondió de inmediato.

—Entonces nos dividimos.—comentó Rhonda, pues también quería conocer el estado de Eugene. Sus padres (porque los llamó e informó de lo precario de la situación) la matarían, si había complicaciones de algún tipo, la desheredarían y después la asesinarían.

—No lo creo…—Gerald pidió tiempo, tomó a Arnold de los hombros y lo empujó hasta apartarlo un poco.

—¿¡Qué te pasa!? Sé que no la soportas, pero al menos deja que me quede a esperarla.

—Si la soporto…en dosis pequeñas —aclaró. —Y esto que te voy a decir viene de mi corta experiencia mediando entre "ellas"

—¿Perdón…?—lo miró como si estuviera loco y es que de hecho, desde hacía dos minutos parecía un loco.

—Helga va a culparte, no ahora pero cuando se calme buscará culpables porque ella es la Guerrera Amazona y tu gusano en el alambre. Si quieres tener algunos puntos a tu favor, deberías ver a Eugene porque te apuesto lo que quieras a que nada desearía en este momento, más que estar con Eugene.

—Por favor…—se quejó sintiéndose medio harto, cansado, fastidiado.

—Piénsalo, viejo.—insistió. —Helga está sola, desde hacía mucho que está completamente sola. Ahora te tiene a ti, pero en el "ínter" nos tuvo a "nosotros" somos su familia y como su novio, tienes que hacerle saber que velaste por su "hermanito" —Arnold resopló, sin convencerse con la idea. No porque no la creyera sino porque le enfurecía que la conociera tan bien, Gerald.

—Hablando de hermanos, ¿Cuánto tardará en llegar Jamie'O?

—¿Veinticinco minutos, treinta…? Es Viernes, la autopista está mas congestionada de lo usual.

—De acuerdo, ignoraré todo lo que dijiste porque no voy a irme, así que se breve ¿Qué fue lo que viste en la oficina del Director?

—¡AHH! ¡Eres insufrible, Shortman! —gritó, llamando la atención del resto. —¿Le mencionaste algo de Jake, cuando te interrogó?

—No, solo comenté lo mismo que dijo Helga sobre la fuerza y velocidad de la bola.

—¿En algún momento, llegó a abrir el cajón de su escritorio?—preguntó cuando se acercaron los otros.

—¿Hablas de un botón publicitario que dice "Vota por Cabot"?—preguntó Curly a lo que Gerald asintió.

—¿¡QUÉ!?—gritaron histéricos todos. Johanssen llamó a la calma y les recordó que en un par de meses tendrían votaciones por la alcaldía del poblado.

—Esto, es una suposición pero "digamos" que la escuela se sostiene de un porcentaje del dinero recaudado en las elecciones.

—¿¡Estás sugiriendo que el padre de ese demente, tiene comprado al Director!?—inquirió Arnold, devolviendo el favor de colocar las manos sobre sus hombros y ejercer presión.

—No sugiero, por eso quería que nos reuniéramos con el resto.

—Tendrás que conformarte con nosotros, porque quiero saberlo ahora. —ordenó Rhonda, cruzando los brazos a la altura del pecho. Sin levantar sospechas o eso esperaban que pareciera. Gerald bufó, se liberó del agarre de Arnold y comentó.

—Cuando pasé, le dije al Director que sospechaba directamente de Jake Cabot, ya que él me emboscó el viernes y me rompió el labio inferior. El imbécil ni se inmutó, dijo que esas cosas "pasaban" yo me ofendí por la condición de Eugene y entonces él comentó que debería estar "agradecido" también me aconsejó andar con cuidado de ahora en adelante, suponiendo que yo " fuera su objetivo"

—No puede ser cierto…—comentó Rhonda vaciando el aire de sus pulmones, el moreno la miró a los ojos, procediendo a relatar exactamente lo que sucedió.

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"¿Entonces, sabe que tiene un objetivo?"

"Sé, que pasan cosas. Esta es una escuela demasiado grande. Y el fin de semana "romántico" suele generar este tipo de reacciones.

Hace dos años, una jovencita de sexto semestre se subió al edificio mas alto y amenazó con tirarse, si el chico que le gustaba no dejaba a su novia.

El año anterior a ese, otro idiota de cuarto semestre atacó a un pobre diablo con unas tijeras de diecinueve centímetros de largo por "acercarse" de más a la que "él" decía que era "su" novia. Solo le hizo heridas superficiales, no hubo dedos cercenados, pechos perforados o nada de lo que pueda estar imaginando. Lo que intento que entienda, es que estos "incidentes" se convierten en leyendas urbanas y apostaría a que ni siquiera los había escuchado porque como comenté de manera inicial, la escuela es demasiado grande y en general. Todos los involucrados se arreglan entre sí"

"¿Me está diciendo que si quiero venir a golpear a alguien, puedo hacerlo siempre y cuando no lo mate?"

"Le estoy diciendo que son cosas que pasan. El viernes fue usted, hoy ese pobre chico llamado Eugene, mañana quien sabe y así sucesivamente hasta que el agresor obtenga lo que quiere"

"Entonces, sabe lo que sucede y no hará nada para evitarlo"

"Sé que a los sujetos como Jake, nada los detiene y soy responsable de algo más grande que ustedes…siete"

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Al escuchar esa parte Arnold, se puso como loco.

—¡¿Y lo acabamos de dejar a solas con Helga?!

—¡Es el Director de la escuela, Shortman! —le recordó Gerald. —¿¡Qué querías que hiciera, armar un escena y conseguir que me expulsen de la escuela!? ¡QUIERO IR A LA UNIVERSIDAD! por si ya no te acuerdas. Nuestra mejor apuesta es esperar a que llegue mi hermano.

—¿¡Y qué hará él, si seguimos sin pruebas!? Aunque lo "denuncies" te tratarán de loco.

—¡No sé viejo, por eso quería a Phoebe, porque yo honestamente no lo sé…!—se alejó un poco, todos los demás estaban cabizbajos, sin creer en lo escuchado. Aprovechó el interludio para mirar su celular.

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Nadine anunciaba por el chat que ya estaban subiendo a Eugene a la ambulancia, Sheena y Patty lo acompañarían pues Phoebe y Harold fueron detenidos para declarar ¿Por qué carajos movieron a un chico "herido" sin esperar al personal de servicios médicos?

"¿Por qué?" —comenzó a teclear. "¿Tal vez porque la madre de Phoebe es neurocirujana y siempre ha estado versada en medicina avanzada?"

"Hey, no me lo grites a mi, yo solo quería notificar" —se quejó la rubia y Gerald se disculpó.

"¿Cómo van las cosas por allá?"—preguntó, ya más relajada.

"Fatal"

"Lamento leer eso"

"Dile a mi chica que la extraño"

"¿A cual de todas?"—respondió con un poco de sorna que ninguno de los dos compartió.

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—Nadine manda saludos. —comentó. —Eugene va saliendo para el hospital justo ahora.

—¿Ellos están bien?—preguntó Rhonda, afligida por su amiga.

—Si, los únicos "interceptados" fueron Harold y Phoebs, la misma mierda de querer saber "por qué hicieron lo que hicieron"

—Tal vez debimos dejar que estirara la pata en el césped. —comentó Curly con los brazos cruzados a la altura del pecho. No lo decía en serio, solo que le enfadaba todo esto.

—Si me permiten decirlo…—comentó Stinky. —Creo que debemos vigilar a Helga y tú no estás haciendo nada bien ese trabajo. —acusó señalando a Arnold.

—¿Perdón…?—preguntó el rubio.

—Sé que "dices" estar "enamorado" y "cegado" por ese amor, pero toda esta semana, ella ha ido de mal en peor… —Arnold se molestó porque claro que lo había notado, hasta Gerald se lo había remarcado.

El día que se fueron juntos, luego del partido de baloncesto, encontró oportunidad para mencionarlo.

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"Viejo, ¿Qué de a tiro, no la dejas dormir?—inquirió con algo de sorna, él enloqueció por la sugerencia pero aún así respondió.

"Como les dije, mientras practicabas. Se trata de Jake, está obsesionada, estresada y preocupada. Ya no por sí misma, sino por todos. Intento hacer que lo olvide, que se distraiga o relaje, pero Helga es…"

"Inquebrantable"

"Error, esa es la imagen que quiere que vean, pero en realidad…"—no pudo decirle a su mejor amigo que por dentro era sensible, trágica y frágil. Que se estaba derrumbando delante de él, aún si en los escasos momentos de intimidad, lograba irradiar de luz y fuerza su identidad.

Jake la estaba rompiendo. Lentamente, cumplía su palabra.

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—¿¡En serio crees que no lo sé!?—reclamó a Stinky cerrando los puños por delante de su cuerpo, gesto recién aprendido o mejor fuera dicho, copiado de su mujer.

—¡Si lo sabes, a parte de egoísta, eres sumamente cruel!

—¿¡De qué demonios me estás acusando!?—gritó. Llamando la atención de todos los que pasaran a su alrededor.

—¡Expresas tu "amor egoísta" por una mujer que no te puede corresponder!

—¿¡Qué!?

—¡Lee entre líneas! lo dijo en su poema "ella tiene miedo de ti" ¡Tú la estás lastimando!

Y contrario de los deseos de cualquiera, el primer golpe fue dado.

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—o.O.O.o—

De vuelta a la Dirección. Helga escuchaba lo mismo que Gerald, sólo que enfocado de distinta manera.

—¿Lo dice en serio, Director Owen?

—La puerta está ahí, cuando esté lista se puede ir…

Con aprehensión, Helga se tragó las lágrimas que no derramó, luego buscó en su mochila, tomó el teléfono desechable cuyo único número en la memoria seguía siendo el de su amor, escribió un mensaje corto, desapasionado pero iba al grano.

—Me jura que si hago lo que quiere, se detendrá.

—Se lo pondría por escrito, pero eso está por encima de mi capacidad.

—Supongo que entonces, puedo dejar mis cosas aquí…—Owen no se impresionó por lo gastado de su bolsa y el celular que pertenecía como al siglo pasado, estaba claro que era de escasos recursos económicos y que con toda seguridad perseguía la beca deportiva que concedían a los jugadores más condecorados.

Él se aseguraría de que la tuviera.
Ingresaría a la Universidad de su preferencia.

—¿Quiere que se las dé, a alguien en particular?—inquirió cuando le pareció que estaba lista. Ajustaba sus prendas, esa chaqueta azul que le dejó su novio y le venía bastante floja.

—Phoebe Heyerdahl…—respondió soltando sus cabellos. El dolor en general la estaba matando, aunque ya no sabía si era real o inventado. Si estaba en su cuerpo a leguas claras famélico o en su mente rota y fragmentada. Pensó en las pastillas que le recetó el buen doctor, recordó a su madre.

Una de las escenas más caóticas que en su corta existencia observó, había sido a su mami dormida sobre la mesa y rodeada de un montón de pastillas. En aquel instante pensó.

Al fin, terminó.
Bob, lo logró, Miriam se mató, pero su madre no murió.

¿Ella moriría? ¿Se parecía más a su madre o a su padre? No lo sabía pero supuso que en breve lo averiguaría.

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—o.O.O.o—

Mientras tanto, Alan Redmond deambulaba por los rincones y lugares poco recorridos de la Preparatoria, tomando fotografías a diestra y siniestra pues como todo estudiante "había hecho" sus deberes y por tanto ya tenía las imágenes que les pidieron para la clase de fotografía. Sus objetivos habituales eran objetos inanimados, encuadres de texturas, líneas, curvas, le gustaba lo abstracto aunque de tanto en tanto encontraba alguna musa y no dudaba en capturarla bajo esperanza de descubrir su alma y engatusarla.

Pensó en Helga, ya que todos los viernes (desde que regresó) era una especie de "tradición" que aquella lo acompañara en su "vacilación" no solían charlar demasiado. A ella no le gustaba la cháchara pero al menos le permitía fotografiarla.

Miró al cielo, suspiró y capturó lo primero que se encontró.

Le gustaba, con el Diablo y Dios de testigos que esa chica, triste y melancólica de verdad le gustaba pero no podía enamorarla.

Créanle, lo intentó.

Sobre la primera vez que la vio, no fue en Hillwood sino en Paris, él estaba vagando por los rincones, estudiando la arquitectura, buscando algún encuadre interesante cuando de pronto, esa rubia preciosa se le apareció. Recargada contra la pared de un puente miraba a la nada. Hacia arriba o abajo, como si no pudiera decidir si acabaría su vida saltando o se iría a otro lugar volando.

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Al igual que ahora, lo que le gustó de ella fue su tristeza.

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Es extraño, por no decir que perturbador, enamorarte de la pena de alguien pero lucía hermosa en su fragilidad. Detuvo a un comerciante de flores, tenía dinero de sobra así que le compró un ramo de rosas.

"Lamento tu pérdida…"—comentó en perfecto francés, ofreciéndole el obsequio.

"¿Quién dice que perdí algo…?"—respondió por igual. Un acento seductor, romántico y elegante. ¿No era por eso llamada, la Ciudad del Amor? Cada sonido de sus labios, cada movimiento de sus lenguas, así fuera para dar algo tan simple como una indicación, sonaba de lo más delicioso.

Aceptó las flores, apretándolas contra su pecho, aspirando su perfume y poco después suspirando. Pequeña, eso fue lo que le pareció, aun si usaba maquillaje en los labios, las mejillas y ojos, estilizaba sus piernas con zapatillas de tacón y acentuaba su cintura con esa cinta que se le antojó de lo más coqueta.

Se presentó, Alan Redmond.

"Sabía que no eras francés"—respondió con un brillo en la mirada, de inteligencia y bravuconería.

"¿Qué me delató?"—preguntó intrigado, fascinado.

"A los franceses no les interesan las chicas americanas"

"¿Es que ya lo has intentado?"—inquirió enarcando una ceja, dando a entender que a él, lo tendría más que conquistado.

"Mi madre y hermana…"—dio la vuelta, zanjando el tema. Él consultó su reloj de pulsera, tenía una cita con su padre desde hacía diez minutos y si no llegaba en veinte más, lo mandaría a buscar con helicópteros y toda la onda 007, aun así alcanzó a gritar.

"No me has dicho tu nombre"

"Tu mismo lo dijiste, lo perdí…"

"¿Y cómo te encuentro otra vez?"

"No lo harás"

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Pero lo hizo.

Volvió a pasar por ese puente todas las tardes y también en las noches. Ella salía cada cuatro días junto con la puesta de sol, los cabellos ondulados, peinados en una media coleta y un flequillo que le cubría buena parte del rostro.

Melancólica.
Siempre triste, reservada y discreta.

En su tercer encuentro la fotografió con descaro, sin pedir permiso aunque bien sabía que se lo había dado. Cuando la noche se hizo espesa ofreció llevarla a "casa" ¿Se hospedaba en algún hotel?

"Mi madre y hermana viven sobre esta calle, llegando a la cerrada"

"¿Pero, tú no?"

"No…"—le pareció que sufría así que en lugar de insistir le ofreció un boleto para visitar el museo.

"¿Bruno Amadio?"—inquirió sin sorprenderse así que aparte de hermosa, era culta.

"¿Te veo aquí mañana, a las ocho?"

"¿Qué no cierran el museo a las seis?"

"Para mi no" —Su musa levantó una ceja. Así que eso tampoco la impresionó. ¿Lo investigó en internet? Él como tal, aún no era famoso pero su padre sí.

"Te acompaño, solo si no es una cita"—lo miró a los ojos, decidida e inquisitiva, él se contagió del gesto, era galante pero tenía su carácter.

"Es un encuentro entre dos personas que se atraen, por definición. Una cita"

"¿Quién dijo que me atraes?"—inquirió tramposa, cruzando los brazos a la altura del pecho, él se confió.

"Tu predisposición a seguir viniendo a mi encuentro…" —Tenía que haber algo mágico en eso. Pensó. Aunque si habría de ser honestos, ella seguía vacilando sobre la vida y la muerte a espaldas del puente.

"Lo hago por respeto..."—respondió, ya sin verlo.

"¿A mi...?"—sugirió petulante, importante. Cuando eres rico, es imposible no darte, ciertos aires.

"A lo que perdí…"—confesó, señalando el puente, las aguas cristalinas del río Eure.

"¿Tu nombre?"—preguntó porque en casi un mes, seguía sin saber quien es.

"Mi identidad…"

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Esa no la descubrió hasta mucho después de citas que no eran citas porque lo que le gustaba era verla a ella. Atrapada en su propia piel, su pasado o tragedia, tenía decenas de preguntas por hacer pero aún si las hiciera, sabía que no iba a responder.

A ultima instancia, sentados en el sillón de unos de los cafés mas elegantes y románticos de Paris, se atrevió a cuestionar.

"¿Dama o caballero?"

"¿Perdón…?"

"Quien te roba el pensamiento"

Su relación, en conformidad. Se desarrolló de tal manera que ella no tenía problemas para acompañarlo en sus misivas fotográficas siempre y cuando él no tuviera problemas con que se pusiera a escribir. Llevaba un libro rosa en sus comicios, luego fue rojo, azul y finalmente verde. Escribía durante horas, él lo supo pues dedicó toda una tarde a capturarla con su cámara.

Su semblante cambiaba cuando lo hacía, de melancólico a uno profundo, enamorado y reflexivo.

Quiso leer sus letras, contemplar sus manos sin sentirse un extraño, dejarse describir por ella, saber si es que a caso, él ocupaba alguna de sus escenas pero jamás lo dejó efectuarlo.

De lo que observó, escribía en varios idiomas, a veces en español, francés o italiano. Amante de las lenguas romances, honestamente no le sorprendió.

"Balón…"—respondió.

"¿Qué?"

"Balón, pienso en un grandísimo idiota con cabeza de balón…"—y curiosamente, conocía a alguien que encajaba en tal descripción.

"¿El piensa en ti?"—picó en la herida, después de todo sabía que la batalla la tenía más que perdida.

"No lo sé…"—respondió con algo de nostalgia y esperanza en su voz.

"Pero quieres que lo haga"—insistió. Terminando su bebida y chasqueando los dedos para que le trajeran otra.

"Tal vez…"—respondió esquiva. Siempre lo hacía, engañar a sus demonios, huir de su pasión.

"¿Quieres que te ame, si o no?"—preguntó molesto, por no decir que ofendido y algo furioso porque ahí estaba él. Chico soltero, apuesto, culto y millonario perdiendo su tiempo con "Melancolía" pues a falta de un nombre real, así fue como la llamó.

"¡Si!"—gritó. Siendo reprendida por los franceses, pues ese café, sería precioso por fuera, pero demasiado estrecho por dentro. Cuando se disculpó y enrojeció, vio desvanecida toda la tristeza anterior. Advirtió en su rostro una sonrisa discreta, tímida pero sincera.

Pensar en él, le devolvía la alegría, así que tomó una resolución.

"¿Y siendo así, qué haces aquí?"—se limpió el rastro de café de los labios, ella tenía un poco de chocolate caliente también, no usaba su servilleta así que se tomó la libertad de tocar por primera vez su boca. A través del lienzo blanco, pero ahora sí la sorprendió.

Lucía mucho más hermosa sonrojada que trágica. Se lo comentó.

"¿No se supone que si te gusto, deberías dejar de insinuar que me vaya?"

"Pero yo no te gusto y ese es un hecho que aunque no puedo cambiar, tal vez consiga remediar"

"¿A qué te refieres?"

"A que muchas veces la fantasía es mejor que la realidad. ¿Qué si sales con él y no es como lo esperabas? ¿Qué si no sabe ver, todo lo que yo puedo ver? ¿Si solo ama el envoltorio y no el contenido?"

"Arnold, es un idiota pero en absoluto superficial"

"¿Arnold? ¿No te estarás refiriendo a Arnold Shortman, verdad?"—y la vergüenza en su rostro, lo confirmó.

"¿Entonces, eres de Hillwood? ¿Su compañera de clase? ¿Cómo hace él para conocer personajes tan extravagantes? —la pregunta se le escapó, pues cuando su padre los presentó.

Él jamás se habría imaginado que tendría por conocido a un jovencito de ese pueblucho.

"Si, soy de Hillwood y él todavía no me conoce. Mi nombre es Geraldine Laybourne.

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Pensó que mintió cuando volvió al pueblo y desesperadamente la buscó, pero después de indagar con el dinero y personal de su padre supo que no lo hacía.

Geraldine era su segundo nombre y aquel, el apellido de soltera de su madre.

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"No te iba a decir mi verdadera identidad, así como así"—comentó cuando finalmente la reencontró.

Estaban en la entrada de la Preparatoria, le pidió a su padre que lo inscribiera en la misma escuela que ella pero por sus compromisos empresariales y actividades extraordinarias a lo más que pudo aspirar fue al horario vespertino.

Aún así lo agradeció, le gustó verla tal y como era...

Extrañó las zapatillas, vestidos cortos, maquillaje en su rostro pero adoró su fuerza, coraje y espíritu.

Lo invitó a verla jugar béisbol y además de eso le presentó a sus amigos, Lorenzo y Brainy, el primero era igualmente rico (pugnaba una especie de condena de humildad al ser enviado a estudiar a ese lugar) el segundo medio patán pero la seguía a todos lados con lealtad.

Se entendieron perfectamente cuando acabó el partido, "Helga" se llevó un oro y les sugirió que fueran a algún lado a celebrar.

No había más que ellos. Pensó que su "grupo" sería mas grande o estrecho pero seguía siendo solitaria y melancólica. Quiso indagar sobre el idiota de Shortman más lo omitió al ver lo rápido que vaciaba sus tragos. Lorenzo le daba cuerda, bebiendo a la par de ella, chocando copas al brindis del "viejo y no correspondido amor" Brainy le cuidaba la espalda, la protegía de cualquiera que quisiera tocarla.

Él se les unió de a poco, bebiendo, pensando, meditando.

Si estaba tan alegre, ¿Por qué parecía que en lugar de gritar de algarabía lo que quería era tirarse a llorar?

La respuesta le llegó de inmediato.

Ella no estaba con ellos, al igual que en Paris, no estaba con él.

Estaba con sus pensamientos, con sus recuerdos, el pasado, deseando saltar del puente o volar junto a él

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—o.O.O.o—

—¡YA BASTA! ¡Estúpidas e idiotas! ¿¡Quieren separarse de una maldita vez!? —gritó Curly, parándose en medio de los dos. Arnold y Stinky detuvieron su pelea para observarlo. ¿En serio, les gritaba así? Debía ser una broma pero no hubo momento de indagar al respecto.

Una secretaria bonita, caminaba hacia ellos, llevaba en el hombro la mochila de Helga.

—Phoebe Heyerdahl, ¿Conocen a Phoebe Heyerdahl? —inquirió mirándolos a todos. Gerald asintió, comentó que era su novia pero no entendía qué hacía con las cosas de su amiga.

—El Director dio orden de que se las diéramos a Phoebe Heyerdahl, pero es Viernes y tenemos mucho trabajo. ¿Alguno de ustedes podría entregarle esta bolsa?—Gerald asintió, recibiéndola entre sus manos.

—Yo se la doy pero no entiendo, la dueña de esta mochila, entró con ella.

—Claro que lo hizo, pero se sentía tan mal que la enviamos a la enfermería.

—¿¡Cómo que la enviaron!?—preguntó Arnold.

—Nosotros hemos estado aquí y no la vimos salir.—agregó Stinky

—Porque estaban "peleando"—les recordó la mujer robusta de falda corta, saco entallado y zapatillas de aguja.

—Esos dos estaban peleando, los demás esperábamos. —agregó Rhonda.

—Bueno, si no la vieron salir es porque lo hizo por la puerta de atrás. "Solo para personal autorizado"

—¿Desde cuando…?—la secretaria le paró el discurso a Rhonda, si no querían notas permanentes en su expediente personal, mejor que la dejaran trabajar. Ya tenían muchos pendientes, desde que los llevaron a "declarar"

—No me gusta nada de esto…—comentó Sid sacando su celular, preguntó en el chat si sabían algo de Helga.

"No sabemos de ella, Harold y yo seguimos en la enfermería, llamaron a nuestros padres y esperamos que vengan" —respondió Phoebe.

"Mamá va a matarme"—agregó Berman.

"Todos moriremos, pero algo me dice que ella lo hará más feo" —el comentario de Sid, puso en alerta los instintos de protección de Phoebe.

"¿Por qué lo dices? ¿Qué ha pasado?"

"Un resumen rápido sería que el Director "está con Cabot" y perdimos a Helga"

"¡NO! ¡NO ME DIGAS ESO! ¡NO PUEDE SER!"—fue toda la respuesta de la asiática.

"Tranquila, vamos a encontrarla"—ultimó Arnold.

Él también había sacado su celular y antes de acceder al chat, encontró un mensaje de ella.

"Voy a acabar con todo esto, por favor perdóname.
Te amo."

Le pidió a sus amigos que se dividieran, Cabot era peligroso así que debían ir en parejas. Si lo encontraban y estaba con Helga, lo ultimo que debían hacer era atacarlo de manera directa. Debían alejarlo de ella, activar las alarmas contra incendios, gritar como locos que ese demente quería "asesinarla" o llamar de alguna manera su atención.

Los chicos estuvieron de acuerdo, ya se les ocurriría algo para "improvisar" si se topaban con el bastardo. Se repartieron varias zonas de la escuela y además agregaron en el chat a todos los que pudieron.

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"Si ven a Helga, manden una alerta"—anunció Rhonda.

"¿De qué hablan?"—respondió Lorenzo.

"¿Está bien? —quiso saber Lila.

"¿Qué pasa?"—preguntó Brainy

"Hizo enfadar a la persona incorrecta y si la encuentra va a lastimarla"—comentó Gerald.

"¡¿Quién es?!"—quiso sabe Brainy, saliéndose de la clase en la que apenas si acababa de entrar.

"El mismo que acaba de mandar a Eugene al hospital, es peligroso. Si la ven y está acompañada, no se acerquen a él"—Curly envió una fotografía de Jake sacada del anuario escolar. Todos la recibieron, Lila dejó caer los libros que acomodaba en la biblioteca, Phoebe y Harold intercambiaron una mirada tortuosa, se tomaron de las manos y soltaron una súplica, además de un juramento, pues no tenían idea de lo que estaba sucediendo.

Lorenzo apretó los puños, guardando en su mochila la tableta electrónica y demás para salir de su clase.

"Ni los profesores o directores van a ayudarnos, por favor tengan cuidado"—les recordó Arnold.

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Curly se fue con Rhonda hacia la zona sur, Sid con Stinky al norte, Lorenzo se juntó con Brainy, dirigiéndose a la zona "ruda" de la Preparatoria. Si pretendían "abusar" de su amiga, necesitarían un lugar apartado, el chico de gafas y corte militar, sugirió armarse con algo pero el otro le comentó que esperaba que no llegaran a tanto.

Arnold partió sin Gerald, si tenían una oportunidad de presentar "cargos" aquel debía esperar y escoltar a su hermano.

—¡Ve a los vestidores!—sugirió el moreno. —A los dementes les gusta "crear recuerdos" seguro ese sitio representa algo especial para él, fue donde se conocieron, donde la invitó y sugirió esa tontería de "favor con favor se paga"

Shortman asintió, a decir verdad también lo pensó. La sangre se congeló al interior de sus venas tan pronto como leyó el mensaje de Helga.

¿Iba a terminar con todo esto? ¿Es decir que se entregaría? ¿Dejaría que él…? ¡No...! mejor no pensar en eso.

Se lo envió veinte minutos atrás, cuando estaba peleando con Stinky porque el más alto decía que él "no podía proteger a su mujer"

¿Y no podía?

¿Ella también lo creía, por eso en lugar de acercarlo se había desvivido por apartarlo? ¿Por eso lucía tan preocupada, pálida y demacrada? Porque sabía que la única opción era...

Bailar con el Diablo.

¡NO!

Comenzó a correr pensando en todos los "rituales" toda la "preparación" toda esa "magia" que según la tierra que lo vio nacer lo convertía en "milagro" porque era eso lo que necesitaba para evitarlo.

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—o.O.O.o—

Alan, continuaba debatiendo.

Si ahora estaban juntos, —pensó para sus adentros— fotografiando el cielo, las copas de los árboles, cualquier cosa que le recordara a ella.

¿Entonces por qué, aún se veía melancólica?

Había felicidad genuina cuando coincidieron en las gradas de la escuela, coquetería y presunción cuando sugirió a Brainy que descubriera la identidad de su amor. Orgullo, al decir que estaban juntos, tanto que hasta él, lo aceptó.

Pero después advirtió el miedo, una sombra, algo siniestro. Helga hizo énfasis al agravio que padeció y por eso él no se abstuvo de preguntar si esa sombra de oscuridad (porque ya no era melancolía lo que ensombrecía su rostro, sino algo más) era a causa de eso o de Arnold.

¿Estaba con quien amaba, pero él no la amaba? —descartó la idea cuando el muchacho en cuestión apareció.

No llegó diciendo "Hola, soy el novio de Helga" sino que saludó lo más cortés que pudo y después se concentró en ella. Ambos se observaban, se sonreían, se adoraban sin proferir una sola palabra.

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Una pintora francesa creó un cuadro divino que describiría la escena a la perfección.

Se titulaba "Beso" y en el aparecía una pareja iluminando la noche eterna. Ella rubia, ligeramente mas baja que él, los cabellos sueltos, enredando los brazos en el cuello de aquel, quien era de cabellos negros, ojos azules y la observaba con devoción.

Sus labios no se tocaban, mas sin embargo se advertía en su intimidad, que eran el uno del otro. Un mundo completo, un universo perfecto.

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Los dejaron a solas y desde entonces no había vuelto a verla, le preocupaba. No era especialmente supersticioso, pero esa oscuridad en su rostro, la falta de luz en su cabello, energía en su cuerpo, le preocupaba en serio.

Encuadró algo más a lo lejos y fue ahí que la vio, caminando tan silenciosa, misteriosa y distante que más que caminar parecía flotar. La capturó en foto y también la siguió, era demasiado tarde, de hecho él debería estar en su primera clase pero no le importó.

Quería saber sobre ella, entender qué pasaba con ella.

Estaba yendo en dirección de los campos deportivos. Era viernes, este día entrenaban los de Fútbol Americano pero cerca de dos horas después, hasta ellos debían haber terminando, fue sigiloso en su persecución, algo de esto no le gustó.

Helga mentía, levantaba sus mas oscuras pasiones y después se escondía pero lo hacía en la luz. No en las sombras.

¡Era eso! Su musa, perseguía sombras, completamente sola y la pregunta que se hacía, era ¿Por qué? ¿Dónde estaba Shortman? ¿Phoebe…? ¿No dijo tener una amiga llamada Phoebe?

Pasados unos metros de camino incierto, se encontró con alguien.

Un sujeto alto, vestido en su totalidad de negro y como no distinguía bien sus rasgos lo fotografió, llevaba la parte media del rostro cubierta por una venda. Helga lo contempló orgullosa, satisfecha.

¿Ella fue quien lo lastimó? ¿O lo miraba con otra clase de intención?

El tipo le dedicó unas palabras que no escuchó, la miró con descaro, aprobando o desaprobando sus encantos. Eso le ofendió, le enfureció. ¡La chica que conocía, no permitiría jamás esa clase de valoración! pero no hizo nada más que sostener una postura firme y levantar el rostro a la par del pecho.

Quien fuera, acarició un mechón de cabello suelto, su musa siseó, presionó los puños, pero no le hizo frenar en su acción. Él no entendía. ¿Qué sucedía? ¿Dejó a Shortman? ¿Engañaba a Arnold? ¡No, su musa, su inspiración, jamás podría actuar con tal descaro!

El hombre sonrió por debajo de las vendas, acto seguido colocó una mano a la altura de su cintura y la escoltó hacia el interior de la escuela.

¿Qué hacía? ¿Se entrometía? ¿Por qué lo engañaba con un completo extraño y no con…él?

Buscó su celular, al tranquilizarse. Le envió un mensaje a Brainy. ¿A caso ella, siempre había sido así? Sabía que rompió en pedazos el corazón de aquel pero jamás le dio detalles, sólo dijo que esa mujer no podía ser para él.

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—o.O.O.o—

Los vestidores estaban ocupados, llenos a rebosar de jugadores de Fútbol Americano que aparentemente, no tenían para cuando acabar. Desnudaban a un novato y lo vestían de mujer para el momento en que pasó corriendo por ahí como una exhalación.

¿Dónde buscaba? ¿A qué lugar decidió llevarla?
¡Maldita sea, Helga! ¿Dónde estás?

Arnold estaba a nada de ponerse a gritar y tirar de sus cabellos hasta quedarse calvo cuando se encontró con otro más. Un chico mucho más alto y delgado que él, cabellos castaño oscuro, ojos miel y una maldita cámara que debía costar más que su casa.

Ese, corría como desesperado no muy lejos de él. Le gritó.

—¿Has visto a Helga?

—Iba con un tipo de negro, los perdí hace diez minutos!

—¿Diez? ¿¡Por dónde se fueron!?

—No lo sé, entraron por este pasillo, ¿Qué hay en este pasillo? —Arnold se tomó dos segundos para reconocer dónde estaban, ahí había almacenes, era donde guardaban el equipo deportivo.

Una sola puerta al final del recorrido y estaba cerrada. Forcejearon contra ella, no escucharon nada, pero era su mejor apuesta.

—¡Hay que tirarla!—sugirió a gritos.

—¡Podría lastimarla!

—¿Se te ocurre otra forma?

—Si, —él tenía una llave maestra porque le encantaban los lugares "clandestinos" para sacar fotos. Según el abogado de su padre eso era "ilegal" pero según el "ingeniero" que se la consiguió podía abrir lo que fuera. Esperó que fuera cierto, la sacó de uno de los bolsillos de su pantalón y se la dio al rubio.

—Tu la abres, yo lo golpeo…—ofreció señalando la cámara. Era semiautomática y aún perteneciente a la vieja escuela, podría aplastar un cráneo con ella o eso decía la internet y nunca tuvo intención de ponerlo a prueba.

La llave giró con fuerza en la cerradura, Arnold sintió todos sus instintos ponerse alerta, el interior estaba escasamente iluminado, era un espacio amplio, jodidamente inmenso. Ellos podrían estar donde fuera, así que se separaron.

Dio varios pasos sin apenas hacer ruido, cuando los encontró.

Se escuchaban jadeos, un aliento siendo asfixiado. La figura de negro consumía con su peso a la que tenía por amada, estaban de pie y la tenía contra la pared.

Reconoció sus cabellos rubios por detrás de él, sus dedos delgados y pequeños, aferrándose a las gruesas y enormes manos de él, luchando por liberarse, respirar.

Arnold ya no fue dueño de sí mismo, gritó que la soltara en un alarido que indudablemente debió llamar a su amigo.

Jake, le arrojó el cuerpo de Helga para escapar, lo que hizo Alan ya no lo supo, se concentró en ella que aún luchaba por respirar, estaba roja, hinchada. ¿Qué le pasaba? la recostó e intentó revisarla, ella lo miraba aterrada, los labios separados, el aliento escapando a su cuerpo. Decía algo, él no entendía hasta que optó por pegarse a sus labios.

"Fre-sa..."

¿Sabes que soy alérgica a las fresas? —recordó. —Bueno, si como una, literal…me muero.

La levantó en brazos dispuesto a llevarla a la enfermería. Muchas otras cosas debieron suceder mientras la buscaba pues sus amigos lo alcanzaron.

Jamie'O estaba con Harold, esposando a Jake, quien se retorcía como un loco y vociferaba. Phoebe también gritó, cuando lo vio emerger junto a su amiga, llamaron a personal médico que no tenía idea de dónde salió y le pidieron recostarla en una camilla, él obedeció pero, para entonces.

Ella, ya no respiraba.

¡No está respirando!—gritó algún paramédico. Él sintió que se moría ahí mismo, negó con el rostro y les informó de su alergia. Phoebe se tiró al piso llorando con desesperación, Gerald tuvo que socorrerla. Los demás también estaban ahí, los reconoció a todos incluyendo a Lila y algunos de sus ¿padres?

Helga desapareció en el interior de una ambulancia y como es natural, él la siguió. Le abrieron las ropas, inyectaron una sustancia en el pecho, además de presionar la superficie a fin de reactivar su respiración.

Funcionó después de varios intentos y él sintió la sangre volviendo a correr por sus venas, luego los paramédicos informaron de un objeto que llevaba oculto en las ropas.

Era la grabadora de su abuela.

¿Qué fue lo que hiciste…? —preguntó a la rubia sintiendo su sangre volviendo a ponerse densa. Los paramédicos intentaron sacarlo, él les dijo que era su novio y se quedaría con ella. La grabadora era "evidencia" según un oficial de policía también presente y en el que ni siquiera había reparado.

—Jamie…

—Se la entregaré al Detective James Oswald Johanssen, personalmente. Cerraron las puertas de la ambulancia, el motor ya estaba rugiendo.

—¿Nombre de la paciente…?—preguntaron para ponerle una pulsera plástica en la muñeca. Les dijo quien era y preguntó, si existía algún problema con que llevara un par de placas con ella.

—¿Placas…?—repitió el enfermero que le colocó la pulsera además de otras cosas por el resto del cuerpo.

Él le mostró un juego de placas que mandó a hacer su abuelo, era similar a las que se usaban en el ejército. El viejo zorro tenía las suyas por haber servido a las tropas en la Segunda Guerra Mundial. Se las guardaba su esposa y es que en aquel entonces se acostumbró que fueran dos. Una con el nombre y datos del soldado, otra con los de su amor.

Así, en caso de fallecimiento sabían a quién entregar el cuerpo.

—No parece tener fracturas así que dudo que la retengan por mucho tiempo.

—¿Perdón?—inquirió, mirando a la mujer que de momento se mantenía respirando por una mascarilla y tanque de oxígeno.

—Significa que cuando terminen los exámenes y la pasen a piso podrás colocárselas. La intoxicación por alergia se ve peor de lo que es, una vez el medicamento surta efecto, bajará la hinchazón y podrá respirar con normalidad.

—Pero, ella dijo que si comía fresas...literal, se moría.

—Si no la hubiéramos atendido a tiempo, si no lo hubieras detenido a tiempo, pero lo hicimos.

—¿Detenerlo...?

—No quiero abrumarte con esto, pero su agresor dejó huellas de sus dedos por todo su cuello, iba a asfixiarla.

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Continuará...
PD: No me odias
Eggplant Gypsy Moon tendrás la escena super romántica que tanto aclamas, sólo que según yo...los chicos no pueden vivir un amor pasional, tórrido y verdadero si hay un loco detrás de sus huesos. ¿Que quiero decir con esto? Que el lobo feroz a salido del cuento y tendremos un poco de "felicidad" por el momento. ¡Hasta la próxima!