.
.
.
A lo largo de la semana el clima de San Lorenzo se había visto brutalmente afectado. Las mañanas dejaron de ser soleadas, las tardes se volvieron frías, como si una tormenta estuviera a punto de arremeter pero no lo hiciera. El cultivo se vio dañado, la flora y fauna también. Los "ojos verdes" ofrecieron todo tipo de baile, ceremonia y ritual a las faldas del volcán pero hasta ahora, ninguna cosa había funcionado.
Al tercer día, aunado a la brisa que arrancaba las hojas de los árboles, asustaba a las aves y abría surcos irregulares sobre la tierra fresca, una lluvia de ceniza comenzó a caer, se inició en la noche y no paró por los dos días siguientes. Temerosos de que una erupción volcánica se llevara todo lo que tenían por amado hablaron con el líder de su tribu para que se reuniera con los forasteros.
Sabían, que el que reconocían como "milagro" había conocido a su "destino" y que como es natural, la calma del volcán ya no dependía de uno, sino de dos.
La pasión o traición que alimentaran los dos. La lava ardiente o paciente.
Anthea, (la nieta de su líder) estaba especialmente ofendida por ello. Su "destino" tenía que estar ligado a ese lugar, las tierras que lo vieron nacer, las mismas que según sus leyendas debía proteger pero le ordenaron no inmiscuirse, ni proponer.
Su abuelo se reunió con los padres del "Milagro" éstos dijeron que creían en su unión pues conocían a la chica en cuestión. Era débil de corazón pero fuerte de espíritu, confiaban en su decisión, en la fortaleza de su amor. No obstante, al cuarto día la ceniza dejó de ser blanca y se tornó cobriza.
Quinto día y despertaron con un leve movimiento sísmico, salieron de sus tiendas, observaron el cielo que permanecía negro, mas no por la ausencia del sol sino porque la ceniza lo ocultaba todo. Hubo que tomar decisiones, alejar a los ancianos, mujeres y niños para que no resultaran heridos.
A los forasteros se les pidió explicación. ¡Ellos dijeron que no debían temer a su unión!
"No es su traición lo que despierta la rabia del volcán sino algo más" —anunció Antha, la esposa del líder y mujer mas anciana, sabia y respetada de la tribu.
"¿De qué se trata?"—quisieron saber los extraños, absortos por la desesperación y el miedo.
"Muerte, lo único que percibo en la ceniza del volcán es el preludio a una muerte" —los padres del Milagro no escucharon mas subieron a su vehículo motorizado y volvieron al lugar dónde hacían sus estudios más sofisticados. Ahí habían instalado lo necesario para comunicarse con aquel pero por más que insistieron no atendieron.
La preocupación era notoria en sus rostros, también lo difícil y terrible de su "decisión" no podían dejar morir a un pueblo entero, pero tampoco podían dejar a su único hijo solo. Abrazados el uno al otro, enlazando tanto sus destinos como sus labios fue que lo decidieron.
Stella se quedaría en San Lorenzo, Miles viajaría a casa. Después de todo, sus padres, su historia, su vida, se encontraban ahí.
"Tú también eres mi vida"—comentó el arqueólogo mirando a su esposa con ternura.
"Pero Arnold, es nuestro todo" —un ultimo beso, aunado a la presión de sus manos como final despedida y se separaron.
.
.
.
La razón de que sus llamadas no fueran atendidas se debía a que Gertrude y Phil, no se encontraban en casa. Varias horas antes del movimiento sísmico que los despertó, el Doctor Evans bajó a la cocina de Sunset Arms para pedirles que por favor encendieran el televisor.
Las noticias locales informaban de dos estudiantes de la escuela preparatoria número 221, siendo trasladados de emergencia al hospital, el primero sufrió una herida de gravedad en la cabeza, la segunda intoxicación por alergia. Los detalles de esto no se dieron a conocer pero se pedía a los padres de familia que mantuvieran la calma. Se tomaría testimonio a los involucrados y se llamaría en privado a los familiares de los afectados.
Mientras anunciaban todo esto con la parsimonia con que se habla del bache en la calle seis que hizo derrapar a los pobres diablos que regresaban de una noche bastante alocada, los Shortman vieron a varios de los amigos de su nieto siendo captados por alguna impertinente cámara. La chica Heyerdahl lloraba desconsolada en los brazos de su madre, el mediano de los Johanssen estaba por detrás acompañado de su padre, varios oficiales de policía hablaban con los chicos, Lloyd, Berman y Peterson, otros como Sammy Redmond también andaban por ahí pero el barrido de la cámara regresó al presentador y no vieron por ningún lado a su nieto.
La sangre se congeló en el interior de sus venas, la saliva se secó en sus bocas, los instintos, la superstición por no hablar de los malos presagios se hicieron presentes.
Puki, intercambió una mirada con su esposo, se desprendió del mandil que llevaba sobre el vestido, Phil apagó el televisor y rumió sobre ir a buscar la escopeta, el Doctor Evans intentó llamar a la calma pero ambos tenían desde hace días un mal presentimiento.
Esa chica furiosa, a quien daban posada, si bien conservaba el ingenio e impertinencia de siempre, había estado sumamente deprimida toda la semana. No que le faltara el amor de su nieto pues éste, fiel a su educación había sido todo un caballero, galante y ocurrente, le sacaba sonrisas, además de regalarle besos que se consumían tan pronto como ellos los mandaban a dormir a sus cuartos. Preocupados por la situación, además de curiosos por su condición intentaron indagar al respecto pero la astuta chica solo dijo que se estaba "adaptando" a esto.
Nunca tuvo una familia que preparara desayunos o se preocupara por ella, unas figuras "paternas" que se miraran con amor, en lugar de hacerlo con fastidio y recelo. Tampoco había tenido una "relación" Sí, salía con chicos, admitía que le gustaba y se divertía con los idiotas que invertían su dinero esperanzados a obtener algo más de ella, pero no les daba nada…ni siquiera las gracias por ocupar aquel hueco que existía desde hacía tanto en su corazón.
No insistieron, entendían que la suya era una situación complicada. Aún así, querían que se relajara. Cada mañana le sugerían que esperara a Arnold pero se negaba. Tenía cosas que hacer. Un pendiente, una querella que la ponía nerviosa, ausente y notablemente decadente.
Intentaron desde otro ángulo, preguntando a su nieto pero respondió exactamente lo mismo. Ella se estaba "adaptando" quería manejarlo a su modo. ¿El qué? preguntaron ellos, ¿Su relación? ¿La mudanza?
—Jake…
La respuesta no les satisfizo, pues ambos habían sobrevivido una guerra y conocido la hostilidad, el estado de alerta, el temor, angustia y paranoia. ¿Es eso lo que estaba experimentando? ¿Pero por qué? ¿Por qué, el Universo se aferraba en castigarla de esa manera? No lo entendían pero aún así, sugirieron a su jovencito que no se alejara de ella, que fuera su soporte, su fuerza, que no la perdiera.
—Sé que es su único nieto pero antes de que cometan alguna locura, sugeriría que…—la voz de Daniel Evans se extinguió tan pronto como sonó el teléfono de casa. Un timbre conocido, común, corriente y que dadas las circunstancias les congeló el alma.
Viajaron en silencio hasta el hospital, teóricamente uno de ellos debía dirigirse a la escuela pero ahí no estaba su nieto y ellos querían ver a su nieto. Quien los llamó dejó en claro que Arnold no sufrió ningún agravio, fue su "novia" o la que él dijo que era su novia. Helga G. Pataki, les pedían a su vez que si tenían forma de contactar con sus padres lo hicieran.
—¿Qué le pasó a esa chica?—inquirió Phil, pues fue él quien atendió la llamada.
—Lo siento, pero no tengo autorización para…
—¡Pamplinas! —gritó el anciano colgando con un severo golpe y mirando al Doctor como sugiriendo que si no les prestaba las llaves de su auto (que era mucho más moderno y rápido) las robarían en lo que canta un gallo.
—Por favor, no vayan a chocarlo.
—No prometemos nada. —respondió Gertrude caminando hacia la puerta.
.
.
.
Arnold estaba "desecho" cuando llegaron. Un semblante adulto y cansino que ni en sus peores momentos le habían observado, corrieron a su lado para abrazarlo, el chico se desmoronó en llanto y cuando una enfermera quiso acercarse para recoger sus datos, Puki la miró de tal modo que se arrepintió hasta de haber nacido.
En la misma sala estaban los padres de Eugene, (Nate y Dedee Horowitz) además de Patty Smith acompañada de su madre Prudence y Sheena Shane junto a su padre Ethan.
Ellos exigían noticias del pelirrojo pero estaba en urgencias, siendo sometido a exámenes, estudios y no sabían que tanta otra cosa. Cuando Arnold se tranquilizó, se acercaron a él. Las chicas no habían podido aclarar nada en las pasadas horas. Se les fueron como agua entre el llamado y la llegada de sus padres, el alta medica de Eugene y la toma de datos generales.
Los paramédicos de la escuela admitieron su desconocimiento del tema, sólo llevaron al chico, les pagaban por llevar a tiempo a los chicos.
Como responsables de su estado, tenían etiquetados a Phoebe Heyerdahl y Harold Berman, Sheena y Patty le juraron a sus padres que no era así. Phoebs le había dado los primeros auxilios, Harold lo llevó a la enfermería, ellos eran sus héroes y a pesar de saber eso, no podían hablar de lo que pasó, porque ni ellas entendían lo que sucedió.
"Estábamos en uno de los jardines, Helga recitaba poesía y después alguien arrojó una bola de béisbol con tal fuerza que nos asustó a todos y noqueó a Eugene"
La llegada de Arnold y Helga, escoltados por paramédicos pertenecientes al poblado les hizo suponer lo peor. Sus padres no entendían, ¿¡Qué era lo que no les decían!? pero las histéricas chicas solo se limitaron a llorar y decir que no lo sabían.
Helga Pataki tuvo complicaciones minutos antes de llegar al hospital, su garganta volvió a cerrarse, los pulmones se negaban a recibir aire, el corazón sangre, su cerebro a generar impulsos eléctricos y por tanto hubo que entubar. Arnold sentía que la vida se le escurría, le dijeron que "no estorbara" palabras crueles que le sentaron como una puñalada pues no había nada que pudiera hacer para ayudarla.
Fue intervenida de una manera que le pareció violenta, más se reportaba "estable" cuando ingresaron al hospital y se olvidaron de él.
Era consciente de los demás en la sala, de la necesidad que tenían de reunirse y saber lo que pasaba pero su semblante debió indicarles que no se acercaran. Se sentó, lo más apartado que pudo y tomó el celular en sus manos. Cinco llamadas perdidas, cuatro de Phoebe y una de sus abuelos. Se sentía fatal, horrible por no decir nada, ¿Pero qué les podría decir? ¿Que no pudo cuidarla? ¿Que la amaba más que a nada y aún así...?
"Lo hiciste bien, chico"—le recordó el paramédico antes de irse y el asintió, pero no era así como lo sintió. Mientras la entubaban, admiró en su piel blanca las marcas de los dedos de Jake y se sintió furioso, impotente.
Él, iba a matarla…
Y como la situación era de lo más horrible, no sabía si hubiera preferido encontrarlo a punto de violarla. ¿Qué hubiera hecho entonces? Sabía que Helga habría peleado hasta su ultimo aliento pero en lugar de eso, Jake la tenía contra la pared, presionando su cuello.
¿Por qué? ¿Por qué detener sus impulsos, si todos sabían que quería desvirgarla?
.
.
.
—Vamos, hombre pequeño. —animó Phil. —Dinos lo que pasó, en las noticias sueltan puras estupideces y luego llamó una señorita idiota, diciendo que la chica furiosa se intoxicó. —
Arnold asintió con el rostro, miró a todos sus espectadores y confesó.
—Helga es alérgica a las fresas, pero no es únicamente eso lo que le ocurrió… —los padres de sus amigos lo miraron resueltos, enfadados, curiosos, desesperados e indignados. Esperaban respuestas a sus demandas, pero suponía que parte de la madurez, tenía que ver con no ponerse a pegar de gritos contra un adolescente que tenía pinta de sostener sobre sus hombros todo el peso del mundo.
—El sujeto que golpeó a Eugene con la bola de béisbol trató de asfixiarla.
—¡Santo Dios!—gritó Dedee Horowitz cubriendo su boca con ambas manos.
—¿¡Pero por qué!? ¡¿Qué hicieron mi hijo y esa muchacha?!—inquirió Nate, sumamente alterado.
—Eugene, no hizo nada. Como supongo le habrán comentado, nosotros estábamos en uno de los jardines escuchando a Helga recitar poesía. Ese ataque, creería yo, estaba destinado a ella o a mi.
—¡¿Pero cómo es posible?!—gritó Ethan, apartando celosamente a su hija. Sheena, le pidió que se calmara. Sus amigos, no eran malas personas.
—Verán, el agresor está obsesionado con Helga y desde hace una semana yo…soy su novio…—cerró los ojos dejando escapar una pequeña lágrima. Temblaba, pero suponían todos que no era consciente de estarlo haciendo, la palidez de su rostro, además de la tortura que veían en sus ojos, evocaba lo mucho que le importaba esa chica. Se sintieron mal por él, furiosos en general pues no veían al "Gran Bob" o a la "Durmiente Miriam" por ninguna parte.
Arnold, resopló de nuevo y se dirigió a sus amigas.
—Cuando ustedes se llevaron a Eugene, nosotros fuimos llamados a la Dirección, declaramos lo mismo que acabo de decir ante el Director, perdimos hora y media de nuestro tiempo intentando explicar la situación, luego nos separaron y perdimos a Helga.
Sé que no van a creerlo, —comentó mirando ahora a los padres. —Pero el Director Owen está de parte del agresor. Su padre es influyente, desconozco la posición que tenga pero creo que pretende tomar la Alcaldía…—los adultos estaban sumamente impresionados. Sabían de las futuras elecciones, de la posición vulnerable de su poblado, la economía cayendo y los gastos en aumento pero jamás creyeron que la educación o seguridad de sus hijos se verían comprometidas a causa de estos hechos.
—Owen debió intimidarla, convencerla de alguna manera de reunirse con él.
—No…—sollozaron Sheena y Patty, ambas se tomaban de las manos, mientras miraban al rubio que no había terminado de hablar.
—Señores Horowitz, Helga es ruda, irascible. No escucha consejos, ni obedece razones cuando monta en cólera y toma una decisión pero les aseguro que su sentido de la justicia no tiene comparación. Ella, adora a su hijo, tengo entendido que iban juntos a obras de teatro, musicales, cine y demás. —los aludidos asintieron. La recordaban de esas salidas, nunca formal, siempre con jeans deslavados y zapatos deportivos. No obstante, tomaba el brazo de su hijo como toda una dama y ambos partían tarareando o bailando en dirección del lugar del evento.
—Ella encaró a Jake para defendernos, el Director Owen le sugirió a Gerald que los ataques no se detendrían hasta que el agresor tuviera lo que quisiera.
—¿Y asesinarla es lo que quería? —inquirió Prudence, colocándose por delante de Patty como si con eso pudiera proteger a su hija de todo lo que malo que sucediera.
—No….—respondió Arnold. —No creo que esa fuera su idea, en los pasillos de la escuela se rumoraba otra cosa, algo que por respeto no diré delante de ellas. —Ethan Shane tiró del brazo de su hija y Prudence Smith hizo lo mismo con la propia, las abrazaron de manera protectora haciéndose a la idea pero sin creer en ella. Arnold se volvió hacia sus abuelos, ambos habían permanecido todo este tiempo en ceremonioso silencio, los músculos tensos, la posición recta.
—Abuela, la grabadora que le diste a Helga la llevaba consigo, pienso que grabó una declaración, de alguna manera debió obligarlo a confesar su intención.
—Pero, entonces…—interrumpió Nate.
—Ese sujeto la descubrió y…—prosiguió Ethan, temblando de pies a cabeza.
¿Desde cuando su pueblo se convirtió en esto? ¿Comenzó cuando se expandieron? ¿O sucedió al permitir la entrada de tantos extranjeros? Con toda seguridad, si. De las familias fundadoras ya quedaban muy pocas, ellos constituían a gran parte de ellas pero cuando sus hijos entraran a la Universidad, sabían que se irían.
Hillwood se perdería, se convertiría en una Urbe Cosmopolita y el resultado de eso ¿Era esto?, negó con el rostro mirando al mas viejo y sabio de ellos. Phil Shortman le sostuvo la mirada y ultimó.
—Perdió el control. —la oscuridad en sus ojos denotaba lo convencido y ofendido que estaba por llegar a esa resolución.
—¿Y a todos esto, tú dónde estabas Arnold?—preguntó su abuela, los brazos cruzados a la altura del pecho, la mirada recelosa por no decir que furiosa.
—¡Buscándola! hice todo lo posible para…—su abuela lo abofeteó, ante la atenta mirada de todos.
—¡No se hace lo posible por los que amas, se hace lo imposible! ¡Eleanor arriesgó su vida y no creas que porque te quiero, no voy a golpearte de vez en cuando! ¿Ese sujeto del que hablas tanto, lo atraparon?
—Si…cuando subí a la ambulancia con ella, Jamie'O y Harold lo estaban esposando, él está bien por cierto. —Patty agradeció el comentario sobre su novio y se soltó un poco del agarre de su madre.
—¡Más les vale que lo tengan bien vigilado o yo misma iré a acabarlo!—bramó la abuela para satisfacción y gratitud de todos.
—Bueno, si ya sabemos todo lo horrible. ¿Horowitz y esa chica, están bien?—preguntó Phil, sin poder retrasar por más la pregunta.
—No lo sabemos. —confesaron los padres de Eugene. —Él ha tenido algunas intervenciones quirúrgicas anteriormente, es propenso a los accidentes pero nunca pierde…
—El buen humor y la fe. —comentó Sheena, esperanzada a que estuviera bien. La misma enfermera de antes, se acercó de nuevo, sosteniendo en los brazos una carpeta con documentos.
—Disculpen que los moleste, pero ¿Ustedes son familiares de Helga Pataki?
—Si, lo somos. —respondió Gertrude.
—¿Son familiares directos?—insistió nerviosa, pues hasta donde entendió, el rubio que llegó con ella era su novio.
—Por supuesto, es la futura esposa de nuestro Arnold.
—¡A…abuela!—gritó el chico ruborizándose por completo. Sus amigas sonrieron, los otros padres no supieron como tomarse ese dato.
—Lo siento, pero necesito a sus padres o alguien que tenga su historial médico.
—¿Por qué? ¿Le pasó algo malo?—preguntó Arnold, desesperado.
—Ella, continúa en observación. Eugene Horowitz, está por ser transferido a piso, si quieren pasar a verlo el enfermero Massett puede conducirlos. —Nate y Dedee se apresuraron a seguirlo. Sheena suspiró, llorando de alivio, gesto que no pasó desapercibido por su padre y como ya eran demasiadas emociones por un día decidió que podían acompañarlos. Seguro llegaban a algún acuerdo para que todos tuvieran un momento con el jovencito. No iba a leerle la cartilla de "tocas a mi hija y te tiro los dientes" pero algo se le ocurriría. Patty y su madre acudieron también, después de todo llevaban horas en la sala de espera por él.
—¿Tienen alguna forma de contactar a sus padres? —insistió la enfermera. —Los teléfonos que nos proporcionó la escuela se encuentran desconectados y es de suma importancia que sepamos si hay algo más a lo que sea alérgica.
—Yo le puedo ayudar con eso. —interrumpió una nueva voz. Reba Heyerdahl venía llegando en compañía de Phoebe y su esposo Kyo.
—Nosotros somos los tutores temporales de la Señorita Pataki, tenemos su historial médico…—acotó el Señor Heyerdahl acercándose al mostrador junto con su esposa, la enfermera y los abuelos Shortman.
.
.
.
—¿De verdad lo tienen?—preguntó Arnold acercándose a su amiga.
—Si, la única vez que se "intoxicó" teníamos tres. Sucedió en un restaurante familiar, sus padres estaban distraídos con Olga, no recuerdo los detalles, tan solo sé que su madre la dejó en la mesa con sus panqueques, tenían mermelada de fresa además de jarabe de maíz. Ella estaba comiendo sin meterse con nadie, todo normal hasta que de pronto ya no podía respirar.
Bob y Miriam hicieron todo mal porque no sabían de su alergia, creyeron que se ahogaba con un pedazo de pan así que su reacción contribuyó a que se pusiera aún más mal. Nosotros estábamos a unas mesas, mi madre es médico, así que llamó a una ambulancia.
¿Puedes creerlo? Reacción alérgica y no tenían ni idea. —él bufó en contestación. No sabía como sentirse al respecto.
—¿Recuerdas mis exabruptos en casa de Gerald? —preguntó un poco más animada. Él asintió, mirando a la asiática que tenía el rostro inflamado de tanto llorar. —Herencia materna. —comentó. —Mi madre se puso como loca, exigió que le hicieran análisis completos a esa pobre niña y guardó una copia. Esos datos se los ha ido actualizando el hospital bajo sospecha de maltrato familiar.
—¿Lo dices en serio?—preguntó impresionado.
—¿Por qué habría de mentir? Pero no es para tanto, si me permites continuar. Al año siguiente, coincidimos en el jardín de infancia. No supe si me recordaba o si se sentiría incómoda de que supiera lo descuidados que eran con ella pero en lugar de eso, Helga se convirtió en mi guarda. No hubo un común acuerdo por si alguna vez llegaste a pensarlo, de aquel incidente jamás hablamos. Solo comenzó a sentarse junto a mi en silencio y el día que alguien más grande (porque ambos sabemos que todos en la escuela eran mas grandes y fuertes que yo) trató de hacerme algo, ella lo puso en su lugar y comentó:
"Ahora estamos en paz, hermana"
Phoebe se abrazó a sí misma y rompió a llorar, sus gafas estaban sobre el cuello de su camisa y no frente a su cara. Suponía Arnold que de tanto llorar, le estorbaban.
—Desde entonces ha sido mi hermana, Arnold. Ha estado ahí para mi, aún si parecía mi jefa y yo su secuaz. Se exactamente por qué se enamoró de ti, aunque después de un tiempo hasta a ella le pareció una exageración.
—¿Por qué lo dices?
—¿No te parece obvio? Ahí estabas tú, un completo extraño por segunda vez en su vida, preocupándote por ella. ¿Pero, dónde estaban sus padres? ¿Dónde estaban los que se supone que deberían procurarla?
—Me golpeó…—comentó, aligerando la carga emocional, recordando aquel día, ya no con molestia, ni intriga, sino con pena.
—La hiciste sentir incómoda, vulnerable. A decir verdad, en ese entonces, de verdad te odió…—Phoebe limpió su cara con manos desnudas y volvió a ajustarse las gafas. —¿Cómo iba a saberlo? con unos padres como esos. ¿La diferencia entre el odio y el amor?
—¿Tú se lo enseñaste?—la pelinegra negó, mirándolo a los ojos.
—Traté, pero ya sabes lo terca, insufrible e inteligente que es.
—¿Solo, lo descubrió?
—Yo diría que lo sintió, un día te miró diferente y comenzó la "diversión"
—En serio, creí que me odiaba…
—Claro que lo hace, mi abuela siempre decía "Phoebe, si odias a alguien cásate con él, no hay peor tortura, ni mayor victoria que esa"
—¿Entonces, odias a Gerald?—inquirió con algo de sorna.
—Con todo lo que soy…
—¿Escuchaste la cinta? —preguntó cambiando abruptamente de tema. —¿Qué está pasando en la escuela?
—No lo sé, me convertí en "Myrtle la Llorona" cuando los vi partir. Gerald, Rhonda y Jamie'O la oyeron, después me la dieron a mi. Sé que es parte de evidencia y que no debería tenerla, pero insistieron en que tú la oyeras. —Phoebe rebuscó entre sus cosas y hasta ahora, Arnold era consciente de que llevaba el bolso de Helga, extrajo la grabadora y la presionó entre sus manos, luego lo miró a los ojos con dolor y súplica.
—Antes de oírla, te pido que me digas exactamente lo que pasó con Helga.
—Phoebe, no creo que debas…
—¡Por favor! ¿Sabes por qué me dejó este bolso? —el rubio negó, ella quiso llorar, pero se controló. —Estábamos en una horrible tienda de segunda mano porque a Helga le encantan las "cosas con historia" como tu casa, tus abuelos, básicamente, todo tú.
Buscábamos, de hecho el relicario en forma de corazón y yo la vi. Me gustó el corte, el diseño, me acerque y pregunté a la empleada si era el único color disponible. Cosas de chicas, una especie de pacto que desespera a Gerald porque si encontramos algo que sea pieza única y de color "rosa" automáticamente pertenece a Helga, si es "azul" me pertenece a mi y como intuirás, se lo quedó ella. Yo no lo quería exactamente para mi, pensaba en mi madre que en ese entonces tomaba un diplomado y requería un bolso para guardar sus informes pero no se lo dije, insistí en que por una vez me dejara tenerlo, pero su respuesta fue.
"Cuando me muera, podrás tenerlo"
Helga no juega con eso, Arnold. Ha estado toda su vida danzando con la muerte porque sus padres la aterrorizaban y si no creía morir a manos de Bob, creía que Miriam se mataría. Así que si me lo dió es porque en el fondo ella creía…
—Helga, no va a morir.—interrumpió el discurso de la joven asiática. Sus rostro una vez más estaba rojo, sus mejillas inundadas de llanto y aunque quería compartir el sentimiento. A lo único que se pudo aferrar fue a lo que le dijo.
Helga era fuerte, él sabía que era fuerte, más que él, más que todos.
Tomó a su amiga de la mano y la arrastró a una habitación más privada, cuarto de limpieza o eso parecía la diminuta estancia. Le relató lo sucedido en la escuela, la forma en que la encontró y luego Phoebe retrocedió la cinta en la grabadora y le dio play.
.
.
.
Sonidos de agua cayendo hicieron saber a ambos que estaba en un cuarto de baño y que lavaba sus manos además de su cara. Arnold supuso que comenzó a grabar durante los minutos que pasó "desprendiéndose de sus vendas"
Lo siguiente era una breve conversación entre ellos, algo privado y sentimental.
Le dejaba su "corazón" el relicario de oro para que no fuera a perderlo.
Se sintió mal por no darse cuenta, por caer en su trampa y es que ella siempre había sido la maestra de las trampas. ¿Por qué no desconfió al verla tan calmada? era obvio que algo tramaba y la cinta avanzaba hasta la parte en que el director los corrió a todos y se encerró con ella.
—¿Le ofrezco un vaso de agua, goma de mascar, café?—inquirió Michael Owen muy atento.
—¿Qué tal una explicación?—sugirió.
—¿A qué se refiere?
—¿No lo recuerda? Hace diez meses aproximadamente me senté aquí y le hablé de Jake Cabot, específicamente su expediente personal y las partes que hacen referencia a su historial de violencia y orden de restricción por parte de su ultima novia.
—Oh, si. Ya viene a mi memoria.—el sonido de un cajón siendo abierto, además del de un encendedor haciendo fuego, les dio una imagen de la escena completa. Owen dio una profunda calada a su cigarrillo, Helga se aclaró la garganta.
—Recordará que nada de eso le importó, salvo amenazarme con expulsión por hackear la red de la escuela e inmiscuirme en cosas que no me interesan.
—Eso sigue siendo delito, señorita Pataki
—¿Y comprometer la seguridad de sus estudiantes, qué es?
—¿Me acusa de algo en específico?
—Diría que de no cumplir su deber, pero acabo de notar que sí lo hizo.
—¿Perdón?
—Creo que después de que vine, usted se reunió con él, charlaron, se convirtió en su paladín...—Owen soltó una carcajada, la rubia ni se inmutó.
—Sigue teniendo una imaginación muy vívida, señorita Pataki.
—¿No está apoyando a Cabot para las elecciones?
—Es un país libre y la escuela se beneficia de aquellos que pretendan la alcaldía.
—¿A cambio de qué?
—En este caso específico, usted. —Helga vació sus pulmones, no obstante no hubo temblor en su voz.
—¿Yo?
—Como bien menciona, en aquel entonces pude expulsarla pero jamás encontré a sus padres. James Cabot, por el contrario se reunió conmigo y me hizo saber lo delicado de su situación.
—¿¡Mi qué…!?—inquirió comenzando a notarse furiosa.
—Ah, ¿Es que no lo sabe? Si continúa estudiando aquí, se debe únicamente a la intervención del padre de Jake. Sé que está sola señorita Pataki, lo que constituye un delito y debí reportarla hace mucho. Pero no lo hice porque "favor con favor se paga" y es hora de que usted pague.
—¿¡DE QUÉ DEMONIOS…!?—gritó, levantándose de su asiento y golpeando con el puño sano el escritorio.
—Ah, ah, ah…—reprendió el hombre. —Cuide sus modales y por favor no se haga la inocente. Tengo el testimonio de varios muchachos que dicen que usted fue a buscar "al Diablo" a los vestidores.
—¿¡QUÉ!?
—También tengo testimonio de jovencitas que aseguran que lo ha perseguido, seducido e invitado en los lugares menos apropiados.
—¡Yo, jamás…!
—Ahhh, pero lo acaba de hacer. Su "declamación" de poesía, besarse apasionadamente con su "novio" en un área pública, le da mala reputación, cuestionable, sin lugar a dudas. —Arnold sudó frío al escuchar esto último. Volvió a sentir que era su culpa. Solo suya y de nadie más.
Él le sugirió que se relajaran, él la besó, él la inspiró a recitar poesía.
—¡ME ESTÁ DICIENDO ZORRA!—gritó histérica.
—Le estoy diciendo que vaya a buscar a Cabot o el siguiente afectado podría ser él...
Arnold P. Shortman, diecisiete años, hijo único de unos padres que ni siquiera se encuentran en la ciudad, sus abuelos son adultos mayores, demasiado ha decir verdad. ¿Usted considera que estarían en condición de soportar alguna clase de tragedia? —Helga ahogó un grito y volvió a dejarse caer sobre la silla frente al escritorio. La grabadora debía estar en su pecho o demasiado cerca de su corazón porque tanto él como Phoebe, sintieron el temor creciendo en su interior.
—¿Lo dice en serio, Director Owen?
—La puerta está ahí, cuando esté lista se puede ir… —Helga volvió a vaciar el aire de sus pulmones, buscó algo en su bolso, probablemente en aquel momento le escribió el mensaje de texto.
—Me jura que si hago lo que quiere se detendrá…—Arnold y Phoebe se miraron entre sí, la asiática volvía a tener lágrimas en los ojos, pero ya no de dolo, sino de rabia.
—Se lo pondría por escrito, pero eso está por encima de mi capacidad.
—Supongo que entonces, puedo dejar mis cosas aquí…
—¿Quiere que se las de a alguien en particular?—Helga bufó, sensiblemente nerviosa. Ninguno de los oyentes admitía de donde sacó tal fortaleza, pero lo sabían. Vivir con sus padres la convirtió en una mujer de lo más asombrosa.
—Phoebe Heyerdahl…—la aludida tembló de cabeza a pies. Su nombre dicho como un susurro, una disculpa, quizás hasta despedida. Arnold preguntó si necesitaba una pausa pero se negó. Su amiga arriesgó su vida. ¡Ese canalla del Director la puso entre la espada y la pared, sin remordimiento alguno, ¿angustia? Ja! Parecía que se regodeaba con el sufrimiento de Helga.
A continuación escucharon una puerta siendo cerrada y los pasos, además de la respiración agitada de la rubia. Camino incierto que les puso los nervios de punta, Arnold recordó su propia persecución de ella, aunque en ese momento estaba "pelando" con Stinky, sintió el impulso de golpearlo otra vez, de buscarle pelea a cualquiera pero ellos eran los pacifistas, los que usaban la cabeza, no instrumentos de guerra.
—Arnold, Phoebe…—llamó de repente la rubia, arrancando a cada cual de sus más profundas cavilaciones.
Sé que no van a perdonarme por lo que estoy por hacer pero créanme, lo planee. Desde que tu abuela me prestó esta grabadora, Cabeza de balón espero la oportunidad de acercarme a él. Sé que es arriesgado, que podría descubrirme y hacerme daño pero ya lo escucharon.
Yo soy la apuesta segura, la que no tiene nada, ni a nadie. La que está sola y desamparada pero he ahí la grandeza de su error. Los tengo a ustedes. Arnold, sé que vas a encontrarme porque siempre has sabido cómo ayudarme. Ninguno de los dos concibe la cantidad de veces que he querido derrumbarme pero en cada ocasión, me salvaron.
Phoebs, sabes bien por qué prometí que nunca dejaría que te hicieran daño.
Arnold, tú sabes que te amo...nada más importa, excepto que te amo y tú a mi. Dijiste hace poco que estamos juntos en esto, que ninguno se aparta y no es eso lo que estoy haciendo.
Yo voy por el Diablo, tú vienes por mi.
Si las cosas salen verdaderamente mal, no me arrepiento de nada, salvo de no haberte besado antes de marcharme. De no haber bajado la guardia antes, probablemente el número de heridos sería más grande, pero habría sido egoísta y disfrutado a plenitud de ser tu novia. La entrada de Romeo y Julieta, perdón. La entrada de "Juliette y Víctor" deberías buscarlos, se guardaron amor por años, uno socialmente incorrecto porque él estaba casado y ella era una mujer de lo más cuestionable. Una que no se mordió la lengua o rompió los dedos para declamar su amor a los cuatro vientos.
Mi tiempo se acaba, así que seré breve…
La respiración de la rubia se había tranquilizado, dejó de correr, lo que quería decir que ya había deducido, donde se encontraba Cabot.
Te amo, sin importar lo que pase, si me odio o me odias después de esto, yo te amo…me aferraré a eso para defender mi posición. No solo por ti, sino por todos.
Sabes tan bien como yo, que Gerald no debió ser golpeado, que Phoebe podría comprometerse porque fue ella quien me enseñó a hacer el hackeo, que Eugene podría olvidar cada detalle de su vida, perder el pase Universitario, despertar únicamente con los recuerdos de cuando teníamos nueve años.
Y que todo esto es mi culpa.
Sí, así de terca e insufrible soy. Sigo creyendo que es mi culpa, porque yo lo busqué y enfrenté.
Ahora debo acabarlo, darle la cara al Diablo.
.
.
.
—Aquí estás…—la voz de Cabot se escuchó, un poco lejana pero clara. Luego prosiguió un silencio que les caló el alma a ambos.
Phoebe miraba a la grabadora, Arnold pensaba en ella, intentaba imaginar la expresión que tendría en la cara. En unos días más no tendría que esforzarse tanto, Alan Redmond entregó la memoria de su cámara digital a la Policía, él los captó en el momento que se encontraron, cuando Jake la escoltó al interior de la escuela y finalmente cuando los reencontró. Él, con sus manos en el cuello de ella, la rubia aferrándose con todas sus fuerzas, los cabellos sueltos, enredados, ella era luz en contraposición a él que parecía muerte, sombra.
.
En la cinta de audio, Jake Cabot volvía a hablar.
—Mírate, amor. Dije que te rompería, que algún día caerías y ya estás a punto de desplomarte a mis pies.
—¿Eso crees?—preguntó Helga, la voz firme pero Arnold y Phoebe sabían que por dentro sufría.
—Creo que luces aún más hermosa así, rota.
—Lo que sea que me quieras hacer, sabes que lo soportaré a cambio de ellos.
—¿Ellos?
—Los que viste en el jardín cultural, los mismos que estaban en la entrada de la escuela hace ocho días.
—Te costará, porque son demasiados.
—Pagaré...
—Entonces vamos, a dónde no puedan encontrarnos…—Jake se acercó a ella, lo supieron porque su respiración se alteró. Arnold presionó los puños, Phoebe dejó escapar el aire de sus pulmones. Lo siguiente volvía a ser el sonido de pasos, lentos y acompasados, luego unas llaves en la cerradura y la voz de Helga.
—Pensaste en todo
—Solo lo esencial…—la puerta se cerraba otra vez con llave, Phoebe quería ponerse a gritar. Arnold sostuvo su mano para que no lo hiciera, Cabot prosiguió, un tono fuerte, desapasionado.
—Vi como te besaba…—declaró con una nueva entonación en la voz.
—¿Qué día...?
—El lunes...
—¿Y te controlaste tanto?—sugirió incrédula.
—Es que era entretenido, verte caer…—cerca, él estaba demasiado cerca de ella, lo intuían por sus voces, además de la respiración.
—¿De eso se trata esto?—prosiguió, tratando de ganar tiempo.
—Y de arrancarte las ropas, romperte los huesos, fundirme en tu piel
—¿Por qué yo?—preguntó, intentando sonar firme, pero fue notoria cierta vacilación en su voz. —¿Qué tengo de especial que no posean las locas que convenciste de hacerme quedar como una zorra?
—Abandono.
—¿¡Qué…!?—chilló, golpeándolo haciéndolo a un lado.
—Oh, vamos, amor. Sabes tan bien como yo, que nadie va a buscarte…si fuera así, me habrías detenido desde que te envié los mensajes de texto.
—No me llames, amor
—Te llamaré como me dé la gana. Ahora cumple tu parte o a la siguiente no fallaré.
—¿Admites que fuiste tú quien golpeo a Eugene con esa bola?
—Sí, también admito golpear a tu amiguito de preferencias dudosas.
—¿¡Quién!?
—Johanssen, te defiende más que a su novia. En realidad, lo golpee por eso y lo haría otra vez.
—¿La ventana de mi casa, el foco de la entrada?
—Bueno, ¿Qué querías que pasara, si tú me arruinaste la cara?
—Cualquiera diría que te ves mucho mejor así
—Es bueno que te agrade ¿Cómo prefieres hacerlo?
—Dímelo tú, ¿Alguna parafilia en especial?
—No te quieras pasar de lista…
—Pero lo soy, contrario de la media común soy bastante inteligente, sé que tienes una maldita obsesión conmigo pero no por lo que dices. El daño colateral no te asusta, aún si tuviera padres que se preocuparan y me buscaran, tú seguirías en tu afán porque tu mente enferma desea desvirgarme. ¿Qué no fue eso lo que sucedió con tu ex? —acusó. —La encontré en internet, sé que tú la forzaste a tener sexo, pretender ser tu novia aunque no lo era, y te obedeció durante meses porque tenía miedo de hablar pero a diferencia de mi, ella no estaba sola.
—¡Cállate!—gritó colérico.
—¿¡Es eso lo que me va a pasar a mi!? —insistió. Helga ya no era dueña de sí misma. La situación la rebasaba, entre la locura y la desesperanza, siguió hablando sin esperar respuesta, salvación o lo que fuera. —¿Me arrancarás la virtud? Dímelo, Jake ¿Te calientan las vírgenes, rubias y frágiles?
—¡Basta!
—¡No! porque si es lo que esperas, deberías saber que ya no soy virgen.
—¿¡QUÉ!?
—Has memoria, sé que volviste a mi casa el viernes cerca de las diez treinta de la noche pero no estaba sola. La silueta que viste tapiando la ventana, quien te vio en el jardín de mi casa, no era yo sino Arnold.
—Mientes.
—¡Mira lo que le hiciste a mi mano! —gritó abanicando el aire con un movimiento que le instaló descargas eléctricas de dolor. —¿Crees que tendría fuerza para realizar todo ese trabajo?
—¡MALDITA SEAS! —en la cinta de audio siguieron gritos aunados a sonidos de persecución y pelea, Phoebe sintió la sangre congelarse en el interior de sus venas, aunque otra parte de sí, aplaudió la audacia de su amiga. Arnold se convenció de que estaba loca. Lo presionó hasta hacerlo perder el control.
Por eso fue que la atacó.
¿Qué era peor en la mente de una chica? ¿Un intento de asesinato o una violación?
¡¿Pero que preguntas tan más estúpidas se hacía?!
.
Jake la atrapó tomándola de la mano herida y estampándola contra alguna pared, el grito que soltó su amiga, junto a una risa de satisfacción por parte del otro les hizo saber que estaba perdida.
—Aún si no eres lo que quiero. —susurró Jake a manera de promesa. —me llevaré mi premio. Te romperé, en tantos pedazos que no habrá forma de unirlos de nuevo.
—A…arn…—la voz entrecortada de Helga, hizo que ambos cerraran los ojos y se imaginaran lo peor.
—¿Suplicarás?
—Nun…ca…
—Entonces, ¿Qué tal un ultimo beso…? Cuando pierdas la conciencia, te violaré…—Phoebe soltó un grito y se tapó los oídos, Arnold continuó escuchando, sonidos se succión que obviamente, describían un beso, luego la respiración de Helga se alteró. No era solo el que ese hombre la estuviera asfixiando, sino algo más…
—Comió fresas.—comentó a Phoebe.
—¡¿Qué?!—inquirió la morena.
—Jake, comió fresas, la besó y por eso Helga…
—¡Dios mío!
Unos segundos de eso y poco después se escuchaba él.
—¡SUÉLTALA!
La cinta acababa cuando Helga chocó contra él. Phoebe tuvo que volver a quitarse los lentes y limpiarse la cara, él en serio necesitaba romperle a alguien el alma.
—Arnold… —interrumpió Heyerdahl. —¿Helga puede estar embarazada?
—¡NO! Phoebs, no lo hicimos. Helga, dijo eso para provocarlo, distraerlo.
—No se lo diré a nadie, si no quieres. Pero necesito saberlo. ¡Los doctores deben saberlo!
—Te lo juro Phoebs. Solo dormimos juntos, nos besamos como locos pero ni ella, ni yo...—se atragantó las palabras al recordar cada escena y se corrigió. —¡Llevamos una semana de novios! ¿Qué crees que estamos tan locos?—ella lo miró de tal modo que sin lugar a dudas quería decir.
"Sí, lo creo. Están locos de pasión y amor desbordante" él se ofendió a sobremanera, la tomó de los hombros y aseguró.
—Ni siquiera nos hemos...visto sin ropa…—bueno, en realidad, él la vio descubierta del pecho cuando los paramédicos intentaban devolverle el aliento. Se sonrojó hasta las orejas y Phoebe supo que lo que decía era cierto.
—¡Esa mujercita me va a escuchar cuando se despierte!—recalcó.
—Lo sé y Gerald seguro que mandó la cinta para recriminar que no le diera la exclusiva.
—No, Jamie'O la envió para que no fueras a culparte a ti mismo. Helga tomó la decisión. Nos defendió a todos.
—Y estará bien, le gritaremos juntos por preocuparnos tanto.
—De acuerdo, ahora vámonos
.
.
.
Fueron de regreso a la sala de espera, ahí el escenario era un poco distinto, rostros furiosos y distantes. Específicamente los de la madre de Patty y su abuela.
—¿Qué sucedió?—preguntó a su abuelo.
—Prudence contactó al "Gran Bob" viene de camino pero llegará hasta pasado mañana.
—¿Por que tanto tiempo?
—No está en el país, volvería antes pero parece ser que hará veinte escalas por todo el globo terráqueo con tal de ahorrarse nueve dólares.
—Genial…—respondió con sarcasmo. Aunque eso no explicaba porque las féminas estaban tan coléricas.
—Usa tu sentido común, chaparro. ¿Por qué crees que la madre de Patty tenía el número privado de Bob? Uno que ni la escuela, el hospital o su propia hija conocían.
—Oh…
—Y la vieja bruja de tu abuela está como furia porque claro. Bob no atendió llamadas de emergencia, pero sí la de una posible cita. —las ganas de romperle la cara a alguien volvieron. Pero suponía que Helga necesitaba a sus padres, aún si eran como esos.
—¿Ya saben algo de Helga?—preguntó Phoebe a su madre, Reba le corrigió la postura y le limpió la cara con su propio pañuelo antes de contestar.
—El medicamento se aplicó correctamente, bajó la hinchazón y sus signos vitales son estables. No obstante, la pasarán a rayos equis porque no me gusta nada la forma en que se dobla su mano diestra, también pedí una evaluación del daño a su tráquea. Ese bruto le dejó marcas de dedos en buena parte del cuello. Tu padre tiene fotos, claro "es ilegal" porque no hay una orden judicial, ni se han presentado cargos pero de eso ya se están encargando los Señores Lloyd y Johanssen.
—¿El padre de Rhonda?
—Por supuesto cariño, sabes que es un abogado de lo más respetable y tu cuñado, tiene renombre también, recuérdame invitar a los Johanssen a cenar esta misma semana.
—Lo haré.
—Entonces, ya quita esa cara. En unas horas más podrás ver a tu amiga, estará bien. No ha despertado por el medicamento, pero es una chica lisa y bastante fuerte. ¿No lo recuerdas? porque yo si. Básicamente, por eso te dejé ser amiga de una niña con esos modales y vocabulario.
—Gracias mamá.—Phoebe se abrazó a ella, Reba correspondió el gesto. Se había servido de su profesión para subir a verla y supervisar los procedimientos médicos al igual que hizo años atrás cuando se intoxicó. Seguía odiando y maldiciendo secretamente a sus padres pero reconocía que había sido buena para Phoebe.
Su hija era demasiado reservada y solitaria algunas veces, Pataki la animó, invitándola a salir todas esas veces y hasta apoyando su relación con Gerald.
.
.
.
Sheena y su padre bajaron poco después, la hora de las visitas se había terminado y como era un hospital y no un hotel, las enfermeras exigieron la presencia únicamente de los familiares directos, la castaña estaba decepcionada y dolida por eso.
—¿Cómo está?—preguntó Arnold.
—Despertó, reconoció a sus padres pero preguntó ¿Por qué estaban tan grandes? cree que tiene doce años, los médicos aún no saben cuanto tiempo durará esa pérdida de memoria.
—Lo lamento…—comentó sincero.
—Yo también…—su padre que no toleraba por más tiempo esta situación, insistió en llevarla a casa. Si necesitaban algo, estaba en su teléfono móvil. Prudence se despidió también aunque no pudo evitar las miradas de fuego que le dirigió Gertrude.
—Puede que seas una mujer respetable ahora, Gertie pero te recuerdo quien de las dos administraba un burdel.
—Eran tiempos de guerra.
—Estos también.—la señora Smith se fue con su hija por delante. Patty conocía la historia, no le enorgullecía la doble vida de sus padres pero tampoco era quien para juzgar.
—Nosotros, igual nos vamos. —anunció Kyo Heyerdahl. —No se preocupen por nada, llevaremos las fotografías y reportaremos el estado médico de ambos chicos a la policía. Ustedes solo velen por ella, al igual que los Horowitz se ocuparán de Eugene.
—Gracias.
—Es lo menos que podemos hacer, somos familia. —y dicho esto estrechó la mano de Phil Shortman y salieron.
.
.
.
Continuará...
Besos a los que comentan y por lo demás se me cuidan. :D
