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Ante la orden, los enamorados profundizaron la intensidad del beso, Gerald los mandó al carajo y amenazó con lanzarles agua si no paraban. ¿¡Qué no sabían dónde estaban!?
—Lo sabemos, bebé llorón. —comentó Helga, volviendo a acomodarse contra la cabecera de la cama. Arnold se sentó a su lado, negándose a soltar su mano izquierda, destruyendo a su mejor amigo con la mirada y es que desde el día que se hicieron novios parecían ser presa de una horrible desgracia.
Sus momentos juntos, en intimidad eran tan pocos.
Valiosos, románticos y no cambiaría uno solo de ellos pero eran tan cortos que lo hacían sentir inestable y temeroso. Todo lo que hacían (o gran parte de lo que hacían) era charlar, dormir, sostener la promesa de eternidad. Es decir, "que él era suyo y ella su mundo" como si todo entre ellos fuera efímero, como si vivieran en un Universo Alterno pues cuando decidían pasar al siguiente nivel, algo o alguien los interrumpía.
Nunca lo concretaban.
¿El qué? Ya ni lo entendía. No sabía si quería besarla hasta quedarse sin aliento o besarla, tocarla y amarla, hasta desaparecer de su piel todo vestigio de ansiedad que pudiera haberle dejado, Jake.
Las pesadillas de que era presa llegaban tan pronto como se dormía, despertaba peleando contra la nada, una fuerza invisible, una amenaza que al parecer, solo él disipaba. Se abrazaba a sus formas, susurrando al oído, respirando contra su cuello y entonces lograba dormir.
Su guerrera de cuento, la hermosa amazona que tuvo la enorme fortuna de enamorar.
Phoebe cerró y le echó el seguro a la puerta, la acción le extrañó pero más tardo en pensarlo que en lo que la morena abría la mochila que llevaba a cuestas y de ella emergía un rayo de luz peludo que inmediatamente le saltó encima a su dueña.
—¡Mi amor! —Mantecado ronroneó y se deshizo en halagos para su ama, Helga le acarició el pelaje al desgraciado, lo acunó contra su pecho y luego de que él recordara las ganas que tenía de asesinar a ese gato, las cosas se calentaron.
—Ha estado muy triste desde el viernes pasado, casi no come, ni juega. Era evidente lo mucho que te estaba extrañando.—comentó Phoebe, pues desde el día que se ausentó de casa, el gato se escapó de Sunset Arms yendo a buscarla por los tejados.
—¿Así que ese cabezón no quiso cuidarte, amor?—Arnold se puso pálido por la reclamación. Ni siquiera se acordaba del gato. Bueno sí, pero no pensó que fuera necesario cuidarlo. ¿Que no hacía lo que quería? Se mandaba solo y lideraba una manada de gatos y mapaches salvajes. Hasta donde él entendió, sí.
Es lo que hacía.
—Miau miau miau…—acusó el maldito traidor como solía hacer, mirándolo con odio y fingiendo estar ampliamente traumatizado.
—¿Nadie te dio de comer? ¿Ni jugó contigo?
—Miauuuu miau miau miauuuuu….(Traducción: Todos me dejaron solito, sin comida, agua, ni objetos que destrozar)
—Lo siento mucho, amor…—Phoebe resopló furiosa, porque claro que le dieron de comer y lo mimaron pero nada le parecía a su señor majestad porque estaba sumamente malcriado.
Helga lo siguió acariciando de orejas a cola. La verdad es que estaba casi igual a como lo había dejado, quizás un poco menos regordete pero aún tramposo y mimado.
No pensó que a él también, le afectaría tanto.
—Gracias, Phoebs. —comentó mirando a su amiga quien se limitó a cruzar los brazos a la altura del pecho y reclamar.
—No tienes que agradecer. En tu testamento, no especificaste quien conservaría la custodia de Mantecado así que disculparás si le arrebaté a Arnold, el placer.
—No di…
—¡Digo lo que yo quiero, Helga! —gritó, pasando de ella y volteando a ver a los chicos. —Ustedes dos, ¡vayan a ver a Eugene, cazar pokemones o lo que mejor les parezca! Esta señorita y yo tenemos que hablar.
—D…de acuerdo. —Gerald tiró de la manga de Arnold para sacarlo de la habitación pero antes de abrir la puerta su novia cambió de opinión.
—¡Espera! ¿¡Tú no vas a decirle nada!? —Johanssen pasó saliva por la garganta, vaciló entre el gesto furioso de su chica y la expresión pálida (por no decir que aterrada) de la mujer en la cama. Pensó que lo golpearían, pero hoy día ¿Quién no lo golpeaba? así que volvió sobre sus pasos acercándose a ella.
Pataki se aterrorizó otro poco, notablemente nerviosa y es que él se atrevió a dibujar ese antaño gesto sensual y coqueto con que abordaba a todas las damas para conseguir lo que le diera la gana. Tomó su mano izquierda, sacándole un gruñido a su mejor amigo y quizás haciendo que a su novia se le congelaran tanto la sangre como los argumentos, luego disparó el tiro de gracia, inclinándose con elegancia y besando la superficie de la extremidad que tomaba. Helga se quedó más quieta que nunca, su rostro enrojeció por completo y él, que la sostenía pudo notar como la temperatura corporal descendía hasta el cero.
Arnold y Phoebe gritaron algo que no entendió, el gato en su regazo abrió los ojos verdes y le mostró la hilera completa de colmillos. Claro, tenía que ser. Helga G. Pataki era una mujer por demás custodiada, pero él no pretendía cortejarla, tan solo quería decir.
—Gracias.
—¡¿QUÉ?!—gritaron todos, Arnold empujándolo por detrás, haciendo que la soltara y hasta el felino se le trepó por la espalda. Pudo con ambos. No que él fuera especialmente fuerte, sino que ellos eran igual de mansitos.
—Dije, gracias.—repitió mirando a la apenada rubia que borraba el amago de beso contra las sábanas de hospital. Phoebe estaba entre petrificada de coraje, celos e intriga.
Él continuó hablando con el mismo tono galante y apremiante.
—Apuesto a que nadie te lo ha dicho porque para todos siempre será más importante que estuviste a punto de perder tu honra y tu vida. No es que a mi me sea indiferente, sino que puedo reconocer otros hechos. Sé que lo hiciste porque a pesar de todo, "eso" era lo correcto. Tú eras la única que podía hacer esa jugada, aún si era tan arriesgada. Así que gracias.
—Gerald…—Helga lo miró a los ojos como jamás creyó que lo haría. Como si fueran amigos, de hecho lo vio como si lo quisiera y él perdió el hilo de lo que pensaba y decía tan pronto como Phoebs salió de su trance y comenzó a gritar.
—¡No puedes restar importancia a las consecuencias de sus actos, Gerald! ¡Mira como la dejó ese cretino!
—Nena, no voy a sostener su mano y llorar por lo que "pudo haber pasado" soy hijo de un policía. Siempre escuché a mi padre y hermano decir que los "héroes" no nacen, se hacen.
Bueno, lo que hizo Helga fue un acto heroico.
—¡Fue una decisión estúpida, visceral y arriesgada!—gritó a punto de perder los estribos y mandarlo al carajo.
Esta discusión también la tenían pendiente y por eso se limitaron entre Viernes y Sábado a hacer todo lo que pudieran hacer para mantenerse ocupados. Los dos lo sabían. Que si encaraban el problema las cosas se saldrían de control, pero no importaba.
Si pensaban así, mejor aclararlo ahora en lugar de avanzar.
Gerald miró a su novia. Colérica, hermosa e histérica, aferrada a sus ideas como sabía que lo haría, pero él también era un chico bastante aferrado y obstinado.
—Por supuesto que no, lo planeó.
—¡Fueron golpes de suerte! ¡Uno detrás de otro! ¡Ni tú, ni ella podían asegurar que ese demente no la dañara!
—¡Y ni tú, ni él podían asegurar durante cuanto tiempo lo soportara!
—¿¡Qué!?—inquirió Phoebs, con el rostro igual de angustiado que el de Arnold.
—¿Puedes apoyarme un poco, Pataki? —pidió mirándola a los ojos, Helga asintió. Sintiéndose terrible por ser la causante de una discusión entre ellos. Suspiró para sus adentros y se concentró, ya no en él sino en su novio.
—Te lo dije en mi casa y lo repetí aquella tarde en las escaleras de tu pórtico…—Arnold meditó lo dicho, esperando que con ello se le resbalaran los celos, las ganas de asesinar a su hermano y todas, todas las dudas.
—Dijiste estar en tu límite y que te preocupaba demasiado lo que pudiera pasarnos a todos.
—Así es…—Helga desvió el rostro, concentrada en el pelaje de Mantecado que había vuelto a cobijarse en su regazo. Ronroneaba pausadamente, gozando el sueño de la Bella Durmiente, ajeno a la discusión, sus problemas. A lo "cerca" que estuvo de quedarse sin ella, porque Gerald tenía razón.
En una semana cambió tanto. La situación la estaba devastando y ni siquiera él podía hacer algo para remediarlo porque así era ella. Si decidía ir a la guerra sola, se iría. No dejaría más que un recuerdo, una promesa. Y eso fue lo que hizo…
Helga carraspeó, volviendo a llamar la atención de todos y pronunció.
—No es que no confíe en ustedes, son lo más valioso que tengo pero Gerald está en lo cierto. Esto tenía que hacerlo, yo.
—¡Pero…! —insistió Phoebe con el rostro húmedo de un llanto que ni siquiera sabía que había derramado.
—Pero, nada. —ultimó. —Se los dije en la cinta de audio. Sabía que podía lastimarme y claro que tenía miedo, pero ustedes son en lo que pienso cuando tengo miedo.
—¡Eso es estúpido! —enfatizó acercándose a su mejor amiga, tomándola por los hombros ahora que definitivamente no se podía mover y comenzó a abrazarla. —Te pudiste haber muerto…—comentó en un susurro apenas audible y segundos después la dominó la ira.
—¡TÚ TE PUDISTE HABER MUERTO!—acusó señalándola con los puños cerrados.
—Phoebs...
—¡NO! —gritó sobre ella, asustando al pobre gato que huyó despavorido y se escudó a los pies de Arnold.—¡Sólo escúchame, míranos! ¡Tienes dos días en el hospital y ya nos estamos desconociendo!
—Phoebe, lo sé…—intentó conciliar, tomando su mano pero la morena rechazó el contacto.
—¡NO, NO LO SABES! —gritó de nuevo. —Porque subimos antes y escuchamos perfectamente la discusión con tus padres. ¿Sigues pensando que no significas nada para ellos?
—¿Cómo dices…?—comentó vaciando el contenido de sus pulmones y volviendo a desviar el rostro.
—Te conozco mejor que nadie, Helga. Me dejaste la bolsa, honraste tu promesa. Así que me importa un cuerno que convenzas a todos de que querías salvar al mundo y ser la protagonista de las historietas de Brainy.
¡Tú lo que querías, era matarte!
—¡NO! —gritó, quitándosela de encima y golpeando las sábanas lisas, ignorando las reacciones de Gerald y Arnold que para todo efecto perdieron las ganas de intervenir y estaban por salir de ese cuarto. Llamar a una enferma, hacer que las separaran o mejor aún, sedaran.
—¡NO TE CREO! —insistió colérica. —Una parte de ti, siempre ha estado en el límite pero jamás rebasaste esa línea.
—Phoebe…
—Me lo debes. —exigió. —He sido por años la silenciosa testigo y confidente del "cómo te haces daño" cada que escapabas de tu casa, cada que corrías bajo la lluvia, cada vez que lo buscabas. —acusó señalando a Arnold. —Eras tú, tratando de hacerte daño, sé que el "amor" te convencía de frenar en tu acción, que sus abuelos te acogieron y dieron mejor consejo del que pudiera haberte ofrecido yo, pero nunca, jamás, te arriesgaste tanto.
Helga hubiera preferido en ese momento, ocultar el rostro con la sombra de sus cabellos, borrar las huellas de los dedos de Jake que sabía, seguía teniendo en el cuello. Desterrar el recuerdo de ese beso, la fuerza con que sometió su cuerpo, el sonido de su voz. Arrancarlo por siempre de su mente y corazón pero no podía hacerlo.
Phoebe la miró de nuevo, tomando su temblorosa mano en el interior de las suyas y prosiguió.
—Debes convencerme, aquí y ahora de que NO buscabas la muerte o bajaré con quien sea que haga tu evaluación psicológica y le sugeriré la idea.
—Sigo existiendo…—ofreció con una sonrisa que le salió bastante rota.
—Eso no es suficiente.—Phoebe la soltó, se quitó las gafas y sintió más lágrimas quemarle la cara. Odiaba ponerse así de "sentimental" porque no era "tristeza" era furia, rabia e ira contenida. La atrevida mujer de cabellera rubia se atrevió a bufar en contestación y refutar.
—Para Arnold, sí.
—Por favor, no hagas que me dé por odiarlo. —El aludido se quedó de piedra. ¿Era por esto que Phoebe prefería que Alan cortejara a su amiga? ¿Porque desde su perspectiva, él sólo la hería? Con su indiferencia e inconsciencia. ¿Pero cómo esperaba que la correspondiera, si no tenía idea?
Helga carraspeó, mirando un punto muerto en la pared y comentó.
—Entonces, no sigas hablando o yo te terminaré odiando. Sé que eres lógica, que dado mi "historial" la tuya, es la conclusión obvia. Mis padres me abandonaron, aún en Paris, era como si no me hubieran llevado. Miriam me presentó ante los amigos de Olga como otra: Geraldine Laybourne. Ellos siempre quieren que sea otra, pero jamás yo.
Así que volví, a Hillwood y a mi eterno delirio.
Tienes razón, al decir que "antes" quería hacerme daño, pero ya no. No sé como convencerte. No tengo más argumento que el que ya he expresado. Arnold me sostuvo entre sus brazos, él sabe que no estaba respirando, también que hubo complicaciones porque no voy a negarlo. Lo deseé, ¿No es eso lo que prometen a todo ser patético, agónico y decadente? No más dolor, no más tormento.
Solo olvido.
¿¡Y no fue eso, lo que Jake me dijo!? ¿Que la diferencia entre las otras y yo, es que estoy sola? ¿¡Y a caso no sabes que es mas fuerte mi orgullo!? porque lo que me hirió en ese momento, fue el orgullo. ¿Crees que le iba a dar el gusto? A ese cobarde. ¡Un completo extraño! de arruinar mi destino y regodearse de lo que mis padres han hecho conmigo, no.
¡No quería morir! ¡Quería vivir y hacerlo pagar por lo que nos hizo a Gerald, Eugene y a mi! Por lo que deseara hacerles a ustedes, así que no Phoebs, en ese momento, no me pensaba rendir.
Aún a sabiendas de estar perdiendo, cuando me rompió el puño y después me tomó por el cuello y ejerció presión. No me quería rendir, la tribulación de mi mente llegó un poco después…Cuando estaba yaciendo en una especie de nada. Seductora, atrayente e indeciblemente terrorífica nada.
Pero nos salimos del punto.
En ese momento, que me levantó del piso y besó mis labios, yo...pensé en Arnold.
Te olvidas de la parte más importante y esa es, que por primera vez en mi vida soy feliz. —eso último lo pronunció mirando al rubio que estaba frío. A la par de Gerald, los dos inmóviles desde hacía un rato, junto a la cama y de frente a ellas porque no se les ocurría ni como separarlas o tranquilizarlas.
Habían escuchado que "entre mujeres" podían destrozarse sin jamás lastimarse pero "esto" era demasiado.
—¿Tanto te gusta?—preguntó la pelinegra que ya había secado sus lágrimas y recompuesto su estampa. Helga negó con el rostro, mirándola a los ojos.
No sabía cómo explicarlo. No era que Arnold hubiera sido atento con ella a los cuatro años, ni que se convirtiera de alguna extraña y aterradora forma en el objeto de su adoración. Era algo inherente a él. Una luz, una fuerza, "algo" que sabía que los unía.
Él era lo que necesitaba para seguir existiendo y por eso insistía tanto en que durmiera a su lado, para ayudarle a disipar el dolor, deshacerse de las pesadillas, más que nunca en su vida, ella estaba convencida de que él...
Era su vida.
—Tanto lo amo. —confesó y dicho esto ultimo volvió al tono carmín de sus mejillas y a humedecerse los labios. Phoebe la abrazó con fuerza, le daba miedo que lo quisiera tanto, que él pudiera dejarla y aniquilarla.
¿Qué tanto podía confiar en Arnold? ¿A caso él…?
—Yo también la amo. —aseguró mirando a la rubia. Sintiendo esa estremecedora y espeluznante fuerza que sabía bien que los unía y como hiciera Gerald al momento de "pedir" a su chica, se aproximó a ella.
Phoebe soltó a la otra por petición de su novio que la tomó por la cintura y la atrajo a su lado. Shortman se desprendió de algo que llevaba al cuello, un juego de placas que a Helga le pareció igual a las que usaban los soldados en el ejército.
El viejo Phil tenía unas que le obsequió a Gertrude, la anciana se las mostró en una de sus tantas tardes de lectura. Dijo que era una promesa de amor eterno y no porque le vendieran su alma a algún demonio o bruja especialmente malvada.
Sino porque él volvió como lo prometió, regresó a casa, a ella, a su amor.
Y fue así que en el pequeño cuarto de hospital que comenzaba a levantar sospechas porque llevaba más tiempo del permitido totalmente cerrado. Arnold le pidió permiso a su novia para colocarle esas placas al cuello y ella asintió.
Tras hacerlo comentó que eran Destino, la elección de palabras le vino de pronto a la boca.
"Sus almas se pertenecían más allá de este tiempo, su pasión ardía con la misma fuerza que la lava del volcán, dormido en la tierra extraña que lo vio nacer.
Ella era la mujer que siempre estuvo buscando y que no podía reconocer porque aún no era su tiempo.
Este era el momento, él estaba seguro de eso ya que se enamoraron para que pudiera salvarla, hacer que se quedara y nunca más lo dejara"
Hubo un beso como demandaba la ocasión. Húmedo, tanto por sus bocas como por el llanto, derramado por parte de ella que le amaba más que a cualquiera. Phoebe también lloró, enternecida, finalmente convencida, Gerald se atrevió a sacar fotos con su celular y dos centésimas de segundo después no pudo soportarlo más.
—¡Viejo, eso fue hermoso!
—¡¿Qué no conoces el concepto de intimidad?!—reclamó Helga, colérica aunque lo cierto es que se veía bella, sonrojada y toda atarantada por el beso de Arnold.
—¡¿Y tú no conoces la palabra femineidad?! —refutó igual de animado. —¡¿Qué clase de mujer se comporta así después de recibir una declaración como esa?!
—¿¡Qué clase de bruto no se sale de un cuarto donde hay dos personas que se están BE-SAN-DO!?
—El mismo que no quiere que los saquen del hospital. ¿Te recuerdo que tienes una reputación "que aclarar"?
—Te recuerdo que me importa un cuerno lo que piensen los demás.
—¡ESTAMOS HABLANDO DEL HONOR DE ARNOLD!—gritó, señalando al acusado.
—¡ESTAMOS HABLANDO DE TÍ, ESPIÁNDONOS!—corrigió haciendo a un lado a su novio. Arnold, se alejó resignado y hasta Mantecado parecía estar de su lado, se le trepó por las piernas y se acomodó entre sus brazos. ¿Así que él también lo perdonaba? ¿Ya no eran enemigos jurados? ¿Ya no escaparía de su casa? (En serio, se sentía fatal por eso) ¿Le tendría que comprar un juguete? ¿Permitir que sacrificara una inocente, tierna y pachoncita Paloma? No, mejor lo llevaba a uno de esos "SPA" para gatos y si se le olvidaba recogerlo en una semana, un mes o dos, que mejor.
—¡PHOEBE! —gritaron los dos, llamando a la mujer que había vuelto a quitar el seguro de la puerta para no levantar más sospechas.
—Los dos tienen razón. Helga, debes ser un poco más femenina y Gerald, deja de molestarlos cuando se están besando.
—Pero es que dan ASCO
—Voltéate a otro lado o ven conmigo para darles asco. —sugirió dejando a su novio sin argumentos, tan divertida fue la cara que puso que los tres que observaban no evitaron estallar a carcajadas.
—¿Estamos en paz, Helga?—preguntó Phoebs recargada contra la fría superficie de la puerta.
—Como siempre, hermana. —Heyerdahl sonrió y poco después se escucharon golpes contra la madera.
—¡Ups! creo que nos pasamos de la hora permitida…—comentó Gerald, echando una mirada a su reloj de pulsera. Helga procedió a borrarse las lágrimas del rostro y acomodar su largo cabello de frente al pecho, a Arnold le pareció que se veía realmente hermosa.
Salvaje e indómita.
Aunque le preocupaba que aún luciera un poco rota. Era por las pesadillas —se recordó. El estrés que le provocaban sus padres, pero ya se arreglaría él con los Pataki.
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Por la puerta entraron "El Club de admiradores" de Helga: Alan, Brainy y Lorenzo, los tres chicos elegantemente vestidos con ramos de flores, globos y un horroroso animal de peluche.
—¿Una hora con veinticinco minutos, no les parece un abuso?—reclamó Brainy, enredando el cordón de los globos en los barrotes de la cama mientras Alan colocaba las flores sobre las mesas que tenía a los lados y Lorenzo se tomaba la libertad de entregarle esa cosa que parecía un caballo esquelético con alas de murciélago. (Thestral) *En el Universo de Harry Potter, sólo pueden ser vistos por aquellos que han visto y comprendido la muerte. (Y en el Universo de esta historia, ellos tres son como los freaks: les gusta el anime, manga, cómic, además de la ciencia ficción, literatura sobrenatural y fantástica.)
—Una criatura de las sombras para alguien que ha visitado las sombras.
—Vaya, ¿Así que una se tiene que "medio morir" para que cualquiera se vuelva caballero y galante?—acusó haciendo que a Gerald se le escurriera el color de las mejillas y Phoebe lo pellizcara.
—La promoción de "criaturas fantásticas" es válida por el primer intento de muerte. —Acotó Brainy.
—Al segundo te traeremos un Nigromante. —prosiguió Lorenzo.
—Y para el tercero…—comentó Alan, misterioso y ligeramente molesto. —Te esconderemos en un lugar tan remoto que ni tu novio o tus amigos, te podrán encontrar.
A los aludidos se les congeló la sangre en las venas, Helga estalló a carcajadas permitiendo que los tres la abrazaran. Brainy susurró un "Ni se te ocurra volver a hacerlo" Alan comentó en perfecto francés: "Seduce a las sombras, persíguelas, créalas pero no te conviertas en ellas" Lorenzo por su parte pronunció: "Ni con todo el licor del mundo te perdonaré"
Arnold carraspeó cuando consideró que ese abrazo grupal ya había durado demasiado. Los chicos se replegaron hacia atrás aunque no sin antes besarla…
Alan y Brainy, cada uno en una mejilla, Lorenzo en la frente para que su novio se quejara con ganas o mejor aún gritara.
Superado el drama que incluyó algunas palabras altisonantes además de golpes tirados al aire, el Club de Fans insistió en su derecho de estar a solas con la dama.
—De ninguna manera…—comenzó a quejarse Arnold pero Helga lo calló.
—Yo no impediría que hablaras con tu preciosa Lila, así que déjalos en paz.
—Helga…
—¿Qué, no confías en mi?
—No confío en ellos.
—Pues son mis amigos y entre más pronto te acostumbres…
—De acuerdo, buscaré a Lila…—la fulminó con la mirada y recibió una peor en respuesta. ¿Quién tenía las de perder en materia de celos? Él, mil y una veces, él. Se guardó el resto de argumentos y regresó junto con Phoebe y Gerald, la morena abrió su mochila para que la bola con pelos se escondiera. Mantecado suplicó a su ama pero era "ilegal" que metieran gatos o cualquier otro animal en el hospital.
—Miau miauuuuu…(Traducción: Por favoooooor)
—Te recogeré pronto. Una semana a lo mucho, amor.
—Prrrrr prrrr…—ronroneó y Helga medio se derritió. Le acarició la barriga.
—Lo siento, amor. Tienes que irte, sé bueno con Phoebe.
—Miauuuuuu…
—Entre mejor te portes, más pronto iré por ti. —Mantecado saltó de sus brazos y se metió en la mochila. El Club de Fans, aún no podía creer que esos tres se atrevieran a meter a su gato pero bueno, era su "Amazona" y le permitían lo que fuera.
Phoebe se despidió de todos, Gerald también y Arnold reiteró que no se pusieran demasiado cómodos porque él, si volvería.
—Tú, mejor ve a bañarte Shortman. —sugirió Brainy, pues desde el viernes el rubio se negó a salir del hospital y llevaba las mismas ropas que le vieron en el incidente. Sus mejillas se incendiaron al reconocer esto último, Helga se burló porque a ella le gustaba (si es posible) un poco más así: medio ido, loco, sudoroso, con esa barba de dos días sin afeitar y oliendo ciento por ciento a él.
—No se pasen de listos.—amenazó.
—No te pases de posesivo.—sugirió Lorenzo, cerrando los brazos a la altura del pecho. Arnold resopló y decidió que "esto" era un caso perdido. Su novia se colocó las placas metálicas a la perfecta vista de todos.
Le pareció una victoria porque claro, ellos eran sus amigos.
Pero él, era su destino. Giró sobre sus talones, cerrando la puerta detrás de sí. Retirados los "estorbos" lo que los chicos le querían mostrar era la propuesta gráfica de HELL-GA proyecto que llevaba meses en esbozos, pues se les ocurrió una de tantas noches de alcohol, amores no correspondidos y béisbol.
Brainy estaba a cargo del arte, Alan de la fotografía y digitalización de la obra, las partes legales y de distribución corrían a cuenta de Lorenzo pero aún necesitaban un guionista.
¿Y quien mejor que ella para la tarea?
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El resto del día transcurrió de manera rápida.
Después de ellos quien la visitó fue Rhonda. Lloyd no llevaba obsequios, ni "escolta" entró con una gabardina color caqui, sombrero y gafas oscuras a juego, cuando la vieron entrar, Alan estaba dispuesto a protestar pero la extravagante mujer lo mandó al carajo mucho antes de que pudiera objetar.
Lorenzo los apremió a que salieran, Pataki detectó algo cuando esos dos se "vieron" pero no se dijeron nada. Suspiró cansada, pidiendo a "su majestad" que sirviera de algo y le acercara su comida. Pechuga asada de pollo con verduras al vapor y una insípida gelatina.
—¿Qué te trae desde las profundidades del infierno, Lloyd?—preguntó como quien no quiere la cosa.
—¿Cómo, viste la luz y tocaste el cielo?—prosiguió acomodándose con elegancia, en la silla junto a su cama.
—Claro que vi una luz, pero la rechacé y decidí convertirme en fantasma para jalarte los pies. —ambas intercambiaron una sonrisa de complicidad, luego pasaron a lo importante.
Es decir, el "rumor"
—Querida, es probable que escuches…—comenzó Wellington su discurso.
—¿Yo, o todos en este pequeño y retorcido pueblo?—interrumpió.
—¡Oh, Dios. Lo sabes!—gritó, llevándose las manos al rostro y pegando un diminuto salto en su asiento. Helga la tranquilizó con una mirada y continuó.
—Así es, estoy encerrada en este deprimente lugar y aún así, lo sé. La peor parte es que fue Olga, "mi siempre querida, perfecta y fastidiosa hermana" la que sugirió que Arnold y yo follamos como conejos y la pregunta que me hago es ¿Cómo se habrá enterado? Si esa maldita grabación debía escucharla el departamento de policía y nadie más.
Rhonda se atragantó con su propia saliva, Helga terminó con la gelatina y aunque sostenía una cuchara de plástico con la mano ilesa, consiguió dirigirla hacia ella de manera amenazante y perversa.
—Vv…—carraspeó. —Verás, mi padre sugirió que como Presidente del comité estudiantil, también debía estar presente, Curly me acompañó, ya que él es vicepresidente, Gerald se metió acompañando a su hermano y como bien dices, había mas oficiales de policía además de académicos y el inepto del Director.
Cuando terminó la "reunión" consideré que era justo, que todos supiéramos "todo"
Y por "todos" me refiero a los patéticos chicos que alguna vez defendiste para salvar el vecindario. Se suponía que estabas "a salvo" que todos teníamos un pacto, que nadie le jugaba chueco a nadie pero aún así...
—La mañana del sábado corrió el rumor por la red social de la escuela.
Lloyd asintió.
Comentó que lo estaba "solucionando" pero con tantas cosas sucediendo al rededor, no había tenido tiempo de enfrascarse en la tarea. Su padre decía que estaba mancillando el apellido de la familia, su madre quería cambiarla de nombre y de escuela. Por ultimo estaba su "relación" con Curly, tema que no podía tratar con Nadine porque la rubia entendía algunas cosas pero no todas.
Y en conclusión, ella sufría…pero nadie entendía.
—Está bien, te absuelvo de toda culpa, hija mía.—pronunció, Helga.
—¿¡Entonces, me crees!?—preguntó impresionada porque la ultima vez que habló con los chicos, Harold estaba seguro que la bocaza era ella y todos los demás se mostraron de acuerdo.
—Por supuesto que te creo, ¿Qué ganarías tú, diciendo que me tiro al Cabeza de Balón? Además, ¿Uno solo de ustedes, no puede abogar en favor de su honor? Tiene carácter, independencia, personalidad. Es tranquilo, pero recordarás como se pone cuando lo fastidio.
—¡Lo sé! Nadie duda de la "pureza" de su unión.
—¿¡Cómo, dices?!—inquirió sentándose mucho más recta contra la cabecera y tirando su bandeja con algunos restos de comida en ella.
—Que….—balbuceó. —...sabemos que se aman. Nos queda claro que durmieron juntos porque nos conocemos de toda la vida y es natural que cuando dos personas "quieren hacerlo" y está todo dispuesto ¿Por qué retrasar el momento? —Ahora Helga se atragantó con su saliva.
—¿A caso estás sugiriendo que…tu y Curly…?—presionó su estómago y el botón de "pánico" o mas bien, el que llamaba a la enfermera de emergencia brilló provocativamente a su lado.
—¡NO! ¡DIOS, NO! —gritó Wellington, quizá un poco histérica, con las mejillas incendiadas y un notable escalofrío que le recorrió la espina dorsal a causa del…miedo. Helga celebró su reacción con una sonrisa tremenda, la otra la maldijo para sus adentros y comentó.
—¡Hablamos de ustedes!
—Hablamos de sexo y eso que dices es ridículo. Sí, nos conocemos de toda la vida pero tenemos una semana con dos días de novios. ¡No nos hemos…! —pausó, contando hasta diez (para no asesinarla) y atacando desde otro ángulo. —...Revolcado, atascado, restregado, fusionado y todas las demás porquerías que sugería la maldita red de la escuela.
—¿¡Oh, Santa María Madre de Dios, las leíste!?—gritó algunos decibeles por arriba de la histeria.
—Sip, y también Bob. Casi, asesina a mi Arnold por ese maldito rumor, así que responde:
¿Quién tiene los derechos de esa página?
—Tranquila, baja la cuchara. Ya te dije que lo estoy arreglando. Hasta donde sé, la crearon alumnos que se graduaron hace varios años. Su programación es mas bastante sencilla, para acceder no necesitas más que tu número de estudiante y al postear tienes la opción de que aparezca tu nombre o publicar como anónimo.
No podemos modificarla o tirarla ya que se sostiene del mismo servidor que la página principal. Pero, sí podríamos ubicar al responsable rastreando la Dirección IP del primer comentario relativo a ustedes.
—¿¡Y si sabes todo eso por qué no lo has hecho!?—reclamó furiosa.
—Porque mis padres quieren que mantenga un bajo perfil ahora. Heyerdahl está bajo amenaza también, sus padres son…
—Demasiado estrictos, supongo que habrán tomado medidas un poco locas.
—Confiscaron su computadora personal y se la cambiaron por una aburrida y buena para nada, notebook.
—Genial, ahora voy a tener que comprarle otra. —Bufó fastidiada, pensando en alguna otra solución. —¿Curly no era un cerebrito maniático de la informática, también?
—Lo es, pero él y yo…—Lloyd estrujó un poco la manicura francesa de sus uñas.
—¿Tú y él?—inquirió filosa, apuntando como haría Gertrude con la cuchara.
—Estamos…—Rhonda pareció complicarse demasiado, Helga que no tenía paciencia para estas cosas se atrevió a presionar.
—Interesante elección de palabras porque desde que están, yo quiero entender "por qué" están.
—Es…complicado. —aseguró sin mirarla a la cara. Pataki roló los ojos, desestimando la importancia del asunto.
—Que mi padre tuviera un romance con la madre de Patty en algún momento de sus vidas, es complicado. Que tú estés atrapada en una novela clásica de niñas de secundaria, es otra cosa.
—¿¡Perdón!?—gritó volteando a verla como si al fin se hubiera vuelto loca.
—Oh, vamos. Sabes que hay un moreno inteligente, apuesto, millonario, medio raro, (eso es cierto) pero perdidamente enamorado de ti y no haces nada para tenerlo.
—Ee….eso es porque yo ya estoy con…
—Curly, por Dios, Rhonda. ¡¿No aceptas a Lorenzo por estar enredada con Curly?! Estabas así o mas ebria en la fiesta donde comenzaron a ensalibarse.
—¡Tú no sabes...! Es decir, ¡Ni siquiera estabas...! —refutó levantándose de su asiento y casi arrojándose sobre ella. Helga se defendió con la cuchara, ya la habían "aporreado" suficiente por un día.
—Arnold estaba en la fiesta, ¡Claro que yo estaba!—recalcó.
—Jamás te vi…—acusó haciendo memoria y volviendo a tirarse sobre la silla.
—Porque asistí "camuflada" ¿Sabes que nadie repara en el rostro de quien les sirve los tragos? (Nadie, excepto Arnold. Su cabeza de balón fue el único que notó a la rubia indiferente, con el ceño fruncido y un traje de dos piezas negro tan ajustado que a mitad de la noche se tuvo que quitar el chaleco para recordar como respirar. Estaba con Lila, pidiendo tragos de tanto en tanto para su preciosa, encantadora y delicada, Lila. Ella los preparó todos "vírgenes" no iba a permitir que el alcohol, los pusiera al punto de comerse a besos o introducirse en alguna promiscua y oscura habitación. No señor.)
—¡Eso es absurdo…!—gritó Lloyd aún más histérica. Porque era imposible que ella supiera…—Su madre es alcohólica— Se recordó de manera interna. —Claro que Helga G. Pataki, sabría preparar toda clase de trago.
A manera de confirmación la rubia le dedicó una esplendorosa sonrisa y continuó hablando.
—Entonces, querida. Te pusiste como una cuba, las razones de eso las sabrás tú, pero estabas algo necesitada de afecto esa noche. Cosa que puedo decir de algunos más pero el punto es que Sid los vio y el gusano insignificante y celoso corrió el rumor.
—¿¡Celoso!?—interrumpió con un ligero temblor en la voz.
—¿Qué no lo sabes? —preguntó divertida. —Esa vieja disputa de "le rompió el celular a Lorenzo" no fue otra cosa más que una pelea por tu honor.
—¿¡QUÉ!?—ahora si estaba al borde del llanto y la paranoia.
—Si, tienes un imán para los chicos raros, cariño.
—¡Mira quien habla! Si cuando entré tenías a Brainy y Alan, casi besando tus pies.
—Son mis esclavos y no te salgas del tema. Su besuqueo se hizo de conocimiento público y como toda señorita de alta cuna, te viste forzada a "formalizar" una relación que fue producto de nuestro siempre querido, sensual y adictivo Jack.
—¿¡Quién!?—preguntó a punto de sufrir un ataque de nervios porque exactamente eso, fue lo que pasó.
—Jack Daniel's. (Whiskey originario de Tennessee, U.S.A)
—¡De acuerdo! Estás en lo cierto, pero no se lo puedes decir a nadie! —imploró ahora sí, tirándose sobre ella.
—Te lo estoy recordando a ti. Ya que de entonces a ahora, ha pasado suficiente tiempo como para que lo superes.
—¡Es que no es tan sencillo! ¿Qué me dices de los otros rumores?—chilló, tirando de las mangas de su camisón.
—¿Los que te crucifican en la hoguera por ser la causante de una posible separación?—Lloyd asintió con los ojos húmedos de llanto.
Si lo "terminaba" sería una arpía, cruel, maldita y desalmada ya que el inocente chico, "cambió" por ella. Lo sabía y lo reconocía, de hecho ese fue un "proyecto" que mantuvo en las aguas calmas de la "superación, aceptación y conocimiento" su relación. Pero ahora, ya no podía decir que no a todos sus intentos de pasar de los besos a algo mucho más intenso. Se le acababan las excusas, además de los espacios públicos dónde los hubieran visto tomándose de las manos.
Tenía que hacer algo pero la crucifixión social, no le parecía una opción.
Ella, era una Lloyd, tenía una imagen de mujer respetable que mantener, es decir que debía ser la novia perfecta, coqueta y discreta. Aceptar su destino con resignación y esperar la muerte.
Helga resopló nuevamente incómoda. Esos rumores tenían semanas de haber salido y no los creía para tanto. Se lo recalcó.
—¡Eso es estúpido! Y ya quítate de encima. —acotó apartándola con un codazo.
—¿¡Dónde le ves lo estúpido!?
—En tu cara, princesa. ¿Sabes que siete de cada diez parejas que llegan juntas a la Universidad, se terminan casando?
—¿Qué...?—chilló con pánico, viéndose en los azules ojos de la otra, que brillaban con el poderío de la maldad y el raciocinio.
—Si no lo cortas antes de las vacaciones de verano, es un hecho que será tu esposo.
—¡NOOO!—suplicó, tirándose al piso con mucho dramatismo.
—SIII…—acotó sintiéndose como regente de los nueve infiernos. Lloyd derramó llanto. (en serio, lo hizo) Helga creyó que se había pasado pero no le importó. Sus rumores eran PEORES en el sentido "sexual" de los mismos pero los toleraba, porque al menos nadie sugería que se acostó con Jake Cabot o el equipo completo de Béisbol.
—Escucha, si no quieres que la recepción de tu boda sea en un cementerio, habla con él y rompe su corazón.
—¡No quiero herirlo!
—Y no tienes que hacerlo, sólo dile que hay un tercero en la relación.
—¿Cómo dices…?—preguntó impresionada, de que fuera ella quien le aconsejara.
—Vi como se miraban, así que ninguno de los dos me engaña.
—¿Cómo…nos mirábamos?—inquirió comenzando a sentir las mejillas un poco rojas.
—Como si fueran lo más fascinante y a la vez doloroso e inalcanzable. —Rhonda tuvo que recordarse que Helga era poeta y que ya no mantenía más apariencias. Decía lo que creía, justo como lo sentía.
Le agradó.
Fuertes golpes contra la puerta la hicieron levantarse y volver a "ocultarse" se colocó la gabardina, los lentes oscuros y sombrero a juego. Quien entró fue Bob, acompañado de Miriam.
—¿Ya se iban? —fue el primer pensamiento que secó la garganta de la rubia pero se interrumpió cuando Rhonda le prometió que encontraría al responsable.
—Ve con Lorenzo…
—¿Perdón...?
—También es un maniático de la informática, ¿Recuerdas? Siempre con su Laptop y teléfono celular. —Rhonda sonrió, prometiendo que lo haría. Helga suspiró encarando a sus padres, resignándose a la final despedida.
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—Armand, habló con nosotros. —comentó Bob, sentándose en la silla. Su ex mujer miraba por la ventana, demasiado estrecha para escapar, pero lo suficientemente amplia para disfrutar de la noche entrante. Las luces del pueblo, la vida que comenzaba a vibrar por fuera.
—Parece un buen chico, —agregó Miriam. —Supimos que ha estado contigo a sol y sombra y por eso, quisiéramos quedarnos en su lugar hasta que te den el alta.
—¿De verdad...?—preguntó impresionada. Sus padres asintieron, cada uno por su lado. Es decir que estarían con ella. Haciendo un esfuerzo por no faltarse al respeto.
—También,—continuó Bob. —entendemos que no fue él quien te atacó. El responsable está tras las rejas, se lo llevaron oficiales estatales, así que ya puedes estar mucho más tranquila. —ella asintió. Esa parte ya la sabía, pero aún así no se convencía.
Las pesadillas no dejaban de poblar su mente y por eso necesitaba y quería...
¡Santo Dios! ¿Qué haría esta noche sin Arnold? —la preocupación fue notoria en su rostro y por ello sus padres comentaron.
—Te daremos unos minutos con él, después vendrá una Señorita a hacerte la evaluación psicológica.
—Está bien…
—¿Quieres que estemos presentes…?—preguntó su madre. Helga negó con el rostro. La naturaleza de sus pesadillas era algo que ni siquiera ella entendía. No tenían que ver con el ataque, sino con el lugar a donde fue cuando vaciló su alma y quiso dejarse caer.
Sereno, calmo y aterrador.
Una oscuridad tenebrosa, una selva de sombras y en el centro de todo eso una inmensa hoguera.
Pensó que sería ahí donde su alma ardería hasta el final de los tiempos, dónde le arrancarían el dolor pues todo lo que sentiría sería dolor, dónde perdería la memoria y se olvidaría de quien fue, lo que hizo y a quien amó.
El recuerdo de Arnold, finalmente, encendió otra llama en su corazón.
Como fuego fatuo, se iluminó el camino de regreso y ella lo siguió hasta que escuchó su voz.
Llorando, llamando…
—Helga…
Ni siquiera fue consciente del momento en que salieron sus padres y entró el rubio. Las mismas ropas, el mismo gesto entre preocupado, enamorado y dolido. ¿A caso su dolor, le dolía? No quería que aquel fuera el recuerdo que se llevara de ella así que intentó sonreír pero le salieron un par de lágrimas al hacerlo.
—La idea de hablar con ellos, era que ya no te hicieran llorar…—comentó acercándose a la cama, rodeándola con sus brazos. Ella se aferró a él con el único brazo con que podía hacerlo y negó estar llorando por eso.
—¿Entonces por qué…?
—Te extrañaré.
—Yo también…—Arnold besó sus labios, todo el amor antes profeso, latiendo e hinchando su corazón, ella suspiró en el interior de su boca. Se miró en sus ojos, queriendo conservar todo de él, pues jamás tendría suficiente de él.
—Vendré saliendo de la escuela.—prometió.
—Descuidarás tus deberes
—Los haré aquí
—¿También cenaremos juntos?
—Lo que tú quieras, Helga.
—Entonces, llévame contigo.
—Una semana a lo sumo, Eugene también tiene esa condición.
—¿Ya se acuerda de todo?—preguntó esperanzada, pero Arnold negó con el rostro, sentándose sobre la cama, a su lado.
—Lo que haya olvidado puede aprenderlo otra vez. No te deprimas por él, está muy alegre, de verdad. Sheena ha prometido ser su enfermera personal y los que tienen clases con él, han prometido pasarle las tareas hechas y conseguirle las respuestas de los exámenes. No perderá el último año, tampoco el pase Universitario. ¿Sabes que quiere ser…?
—Actor de teatro.
—Así es, y lo más que piden en la Escuela de Artes Escénicas es un excelente dominio del idioma, condición física, coordinación motriz, que sepa manipular más de un instrumento musical y todo eso, lo sabe hacer.
Practicará muy duro este ultimo año y conseguirá su sueño.
—Lo hará, ¿Cierto?
—Y tú también…
—¿Sabes cual es mi sueño, Arnold?—preguntó juguetona.
—Supongo que quieres ser escritora o quizás Dictadora. No hemos hablado de eso.
—¿A parte de ser tu esposa…?—inquirió, sólo para ver la cara que ponía. Las mejillas del rubio se incendiaron, su garganta se secó, sus dedos temblaron, ella aprovechó ese momento para besarlo de nuevo. Tiró del cuello de su camisa, encontrando algo más a parte de la tela que vestía.
Una cadena, su relicario de oro. Se veía interesante con ese corazón al cuello, contrastaba con el tono de su piel y sus cabellos.
—Mmmmh…debo conseguirle otro igual a "Mantecado"
—No...
—¿Porqué no?
—Porque yo soy tu amor y él, un melenudo.
—¿Lo quieres por escrito, no?
—Cuando lo jures ante un altar, me daré por bien servido…—la besó en la frente. La doctora que haría su evaluación psicológica ya estaba llamando a la puerta.
—Trata de dormir, comer y portarte bien.
—Trata de no asesinar a mis amigos.
—Vivirán, los invitaré personalmente a la boda. —Helga lo llamó idiota y dejó que se fuera.
La Doctora era un poco extravagante para su gusto, cabellos de un color rojo intenso, zapatillas altas de tacón, falda corta a la altura media de los muslos, casi imperceptible por debajo de la bata blanca que se ceñía con elegancia a su figura.
—¿Quieres un vaso de agua antes de comenzar?
—No, gracias. La declaración de lo sucedido, la habré hecho como unas tres veces.
—Lo sé y aquí tengo una copia. No quiero una descripción metódica y ortodoxa de los eventos, Helga. Quiero saber, ¿Cómo te sentías mientras todo eso estaba sucediendo? Y también, me reportan las enfermeras que has tenido problemas para dormir. Tan serios que has roto las reglas del Hospital, al pedirle a tu novio que se acueste contigo.
—No hacemos nada malo, sólo…
—Necesitas tenerlo contigo para poder dormir.—la rubia asintió. La Doctora dobló una pierna sobre la otra y continuó. —No hay nada de malo con eso, a excepción de esto. No puedes depender de otra persona en todo momento. Tus padres dicen que eres una chica asombrosa, fuerte e independiente. Desde de los cuatro años te haces cargo de ti misma. Nunca les has dado problemas y probablemente sea por eso que se confiaron tanto.
—¿Habló con ellos?
—Si, no negaron tener problemas, pero están muy comprometidos a hacer lo correcto contigo.
—¿De verdad?
—¿Quieres volver a ser esa chica fuerte e independiente? Apuesto a que tu novio le gustaría también.
—¿Él dijo eso?—preguntó inquieta. La Doctora negó, sólo habló con sus padres, pero era lógico que él quisiera volver a ver a la que fue...
—De acuerdo.
—¿Quieres comenzar con el ataque...?
—No, quisiera hablar de mis sueños...
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Continuará...
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Muchas gracias a los que comentan. Y por lo demás, esta historia se seguirá actualizando los días lunes. Besos, abrazos y cositas dulces. Hasta la próxima.
