Despertó, pero ésta vez las sensaciones que recibió fueron diferentes, una calidez que comenzó en sus labios lo recorrió como suaves descargas, sus mejillas adquirieron una tonalidad carmesí y sus latidos se volvieron agitados y salvajes.
Los recuerdos de su sueño lo golpearon de manera repentina, aún podía sentir el calor latente en su mano, donde el beso de aquel chico reposaba, era tan distinto a las otra veces, ya que al fin conocía el rostro de aquel coprotagonista de sus sueños, ésta vez no era sólo una sonrisa, tampoco era sólo el eco de una voz, ésta vez fue tan claro y verídico que lo abrumó y al mismo tiempo lo tranquilizó infinitamente, pues ahora conocía a quien creía que ese mito lo nombraría su alma gemela.
Se levantó tranquilamente, observó la paleta de colores azules que componían su habitación, aunque claro, ningún azul se podría igualar al de los ojos de ese chico, el chico de sus sueños.
Sin importarle nada más, se levantó de la cama, con paso tranquilo se fue directo al baño donde cumplió su rutina diaria de limpieza, algo flojo se colocó sus ropas para enseguida colocarse una bandana para proteger su cabello, tomó firmemente sus pinturas y comenzó a trazar la escena de su sueños, sentía que el pincel era una extensión más de su cuerpo, trazaba formas, perdiéndose entre la mezcla de colores, viviendo en su propio mundo, en su burbuja. Burbuja que se rompió cuando la puerta fue violentamente abierta por cierto pelirrojo.
—¡Arthur Kirkland! ¡¿acaso me ves cara de sirvienta?!- Debemos de agregar que Scott iba con su mandil, bol en la mano izquierda y en la derecha una cuchara de madera donde había rastros de la mezcla que preparaba. — ¿¡A que maldita hora piensas bajar a desayunar!? , no me digas, quieres que te traiga el jodido desayuno a la cama, ¡porque uuuh el jovencito se cree la Reina!
—Ahhh… ¿no debería ser Rey?- El menor de los Kirkland lo miró con enojo, su hermano debía saber bien que odiaba que lo interrumpiera cuando estaba concentrado. —¡Bajare a desayunar cuando acabe! , ¡estoy haciendo mi obra maestra!
—Me vale una mierda si tu obra maestra está en riesgo.- El mayor lanzó su cuchara en el bol, liberando así su mano derecha, misma que usó para tomar a su hermano de la oreja y jalarlo fuera de la habitación .—¡Bajas a desayunar o te quiebro la cuchara de madera en la cabeza!
—¡Scott!, mierda, ¡duele!- El otro soltó su oreja mientras bajaba despotricado, en contra de "ser como criada". —Me lavaré las manos y déjame cambiarme de ropa al menos.
Escuchó un grito afirmativo del pelirrojo, en el cual le daba diez minutos para que bajara "su estúpido trasero" a la cocina, rápido entró a su cuarto decidido a cambiarse las prendas y lavarse las manos, pero se detuvo de inmediato al ver unas finas líneas moradas y azules recorrer entre su hombro y cuello.
—¡Scott! ¡Papá!- En poco tiempo Alexander Kirkland y Alistar Scott Kirkland subieron las escaleras, el padre de los chicos llegó con un zapato en la mano y la corbata hecha un nudo, mientras que Scott lo hizo con la cara llena de mermelada de arándanos.
—¿Qué?, ¿qué demonios te pasó para haber gritado como chica?- El menor de los Kirkland temblaba mientras señalaba su espalda, los otros se acercaron para verla, en seguida se sorprendieron notando en su máximo esplendor una marca negra de picas, en su hombro derecho. El símbolo de picas era de un profundo color negro, delicadas y finas líneas azules, violetas y purpuras la rodeaban con elegancia, rosas de tonalidades azules cielos le envolvían, éstas salían de una caja, la cual tenía una fina Q, dando por señal que ésta era la marca de la nueva Reina. —¡Santa mierda!, ¿sabes lo que esto significa?, ¡Arthur, eres la nueva Reina de Picas!
—¡Claro que sé lo que significa!- Era demasiada carga emocional, inestable se abrazó a su hermano, que sin pensar envolvió sus brazos alrededor de su cabeza y hombros acunándolo como su madre alguna vez hizo. —Scott, papá, ¿qué voy a hacer?, el peso del país estará sobre mis hombros.
—Idiota, no te irás solo, recuerda que la familia se va contigo.- Regularmente la familia de los reyes era traspasada a unas acogedoras casas que se encontraban cercanas al castillo, específicamente en el boque perteneciente al castillo. —Iré a prepararte un té de azahares como tu madre lo hacía.
Alexander Kirkland se fue a paso calmado, debía dejar que su hijo pequeño hablara con su hermano, sabe que ambos confían mucho en el otro, eran confidentes, cómplices de travesuras, era la unidad en su total representación.
—Además no estarás solo, recuerda que el país se gobierna por el Rey y la Reina, un Jack y un As; soy tu hermano mayor y te protegeré siempre.- Scott acarició suavemente su cabello mientras le sonreía con una ternura que pocas veces mostraba. —Entrenaré como caballero y así te podré proteger junto a los demás miembros, además debo asegurarme que tu Rey sea totalmente digno de ti.
Ahí fue cuando el rubio comenzó a temblar nuevamente, ¿quién será la persona a la cual el reloj lo había unido?, de repente a su mente vino el chico de la tienda, Alfred.
—Scott…yo…- No sabía cómo expresar su temor, ¿qué pasaría con los sentimientos que tiene hacia aquel joven de la sonrisa encantadora? —Pero yo encontré a ese chico. Aquel al que creo es mi "alma gemela", pero… ¿qué pasara si jamás llego a amar al rey que el reloj eligió?
—Arthur, el reloj está lleno de magia antigua y poderosa, el reloj tiene un juicio que jamás se equivoca, tú más que nadie lo sabe, después de todo estudias literatura e historia.- El pelirrojo ayudó a su hermano a levantarse del suelo del que antes inconscientemente fueron sentándose. —Y si tú no amas a tu rey, yo mismo convenceré al chico de la tienda para que te robe.
—¿Cómo diablos harías eso Scott? - El más bajo rió un poco, esto alegró a Scott, al parecer su hermano ya comenzaba a calmarse.
—Algo me dice que ese chico siente lo mismo que tú.- Le ayudó a colocarse la camisa y acomodarle el cabello que se había convertido en un desastre. —Además has soñado tanto con él que estoy seguro que sí son "almas gemelas" que se unirán.
—Eres un soñador, hermano.- El mayor rió ante éstas palabras y sólo atinó a abrazarlo, dejándose consentir y proteger por él.
—Aprendí del mejor.- Scott sonreía con nostalgia, su presentimiento de que sus vidas ya no serían lo mismo se cumplió. —Ahora prepara tus maletas que llamaré a la corte, posiblemente vengan por ti ésta tarde a hacerte las pruebas y a mostrarte el castillo, seguro mañana nosotros llegaremos, prométeme que te tomarás tiempo para tratar a tu rey y si éste no te convence me avisarás mañana y yo me encargaré de que se mantenga en su lugar.
Ambos bajaron con calma hacia la cocina, al entrar a ésta los olores a té y emparedados los rodearon, a diferencia del menor, Scott y Alexander eran muy buenos cocineros.
El silencio era algo incómodo en la mesa, tomaban su té y desviaban la mirada nadie sabía cómo romperlo, hasta que Scott comenzó a reír llamando la atención de los otros.
—¿Qué demonios te pico ahora, Scott? —El rubio miró mal a su hermano ¿al fin había perdido la poca cordura que tenía? —¿Qué es tan gracioso?
El pelirrojo sólo miró a su padre, éste en respuesta le guiñó el ojo dándole una muda aprobación.
Scott se acercó al mueble del televisor, para abrir un cajón extrajo, una vieja película yacía ahí y la colocó en el aparato. Al instante apareció en pantalla, un pequeño Arthur que se encontraba en la tierna edad de siete años, éste corría vestido con ropas de colores azules y en sus manos portaba dos coronas de papel. Una de éstas la llevó donde Scott que tenía doce años y leía un libro, el más pequeño se acercó por su espalda y le puso la corona con rapidez dejándola algo chueca, después se lanzó sobre el regazo de su hermano sin importar que le tirara el libro.
—Scott ahora es el Rey.- Saltó ahora lejos del regazo de su hermano para incorporarse y el colocarse la otra corona. —Y yo seré la reina de picas.
Las melodiosas carcajadas de Alice resonaban, se podía ver como ésta estiraba su mano para acariciar el cabello de su pequeño, por su parte Scott retomó su lectura sin quitarse la corona, no quería escuchar a Arthur renegarle por habérsela quitado. El ambiente era muy armonioso y se volvió más alegre cuando el padre de los chicos hizo su aparición
—¿Dónde está mi traviesa familia?- El movimiento de la cámara reflejaba que la mujer de la familia se levantaba para saludar con un beso a su pareja, inmediatamente era Arthur quien protagonizaba la grabación otra vez, éste se encontraba en brazos de su padre quien lo mecía de un lado a otro, simulando un vals.
—¡No, papá!, ¡el rey es Scott, él debe bailar conmigo!- El menor reía y pataleaba, su padre sólo sonreía. El otro había dejado su lectura para observarlos y rodando los ojos se levantó y fue donde los otros varones.
—Mi reina, ¿me permite esta pieza?- El patriarca bajó al menor de sus hijos el cual rápidamente corrió hacia su hermano mayor, emocionado estiró sus manos para tomar las suyas y comenzar a bailar torpemente.
El vídeo terminó entre risas de toda la familia Kirkland. Arthur ahora se encontraba entre sonriente y apenado, se veía tan rojo que podía competir con el tono pelirrojo brillante de su padre y hermano. Scott se colocó tras su hermano mientras ubicaba sus manos en los hombros de éste.
—Mi pobre e insano hermano, desviado desde tan pequeño.- Arthur inmediatamente se quiso girar para golpear al mayor pero él pudo predecir sus movimientos y se hizo hacia atrás. —Muy malos modales para la futura reina.
—Ya, ya, no peleen en la mesa, niños.- Ambos hijos se acomodaron de nueva cuenta en la mesa aún haciendo señas y mostrándose la lengua, eran peores que niños pequeños. —Pero es curioso Arthur, hace más de un milenio que no había una Reina varón en picas, aunque hace poco se dio en Corazones, pero en ese lugar si es regular que dos varones gobiernen.
La charla llena de risas siguió, Arthur ya se encontraba más calmado, su familia estaría con él y estaba seguro de que hallaría la manera de llegar a un acuerdo con aquel que será el nuevo Rey y su futuro esposo.
—Scott ayuda a tu hermano a empacar, yo me pondré en contacto con las debidas autoridades.- Ambos chicos asintieron, dirigiéndose calmadamente a la habitación mientras Alexander levantaba la mesa.
Al llegar a la habitación del menor, ambos Kirkland la observaron con melancolía, las paredes pintadas de un calmado color azul Persia, en éstas destacaban diversos y coloridos cuadros que habían sido plasmados por el dueño de ésta, de su techo azul grisáceo colgaba una elegante lámpara con colores negro y plata, hasta extrañaría su cama de dos plazas con sus sabanas azul royal y azul capri, ya no despertaría para correr con excitación hacia sus lienzos; pensó nostálgico como sería no tomar cada noche sus libros favoritos del pequeño buró al lado de su cama, ahora veía con gran aprecio y pena todos los pequeños detalles que su vieja alcoba tenía.
—Arthur, baja de tu nube.- El nombrado giró su rostro al mayor, éste se sorprendió al ver pequeñas lagrimas intentando ser contenidas en esos pozos esmeralda, con un suspiro atrajo a su hermano dejando que se aferrara a su pecho y comenzó acariciar su cabello tiernamente. —Vamos conejo, no es el fin del mundo, tómalo como un nuevo inicio.
Arthur sólo asintió y sonrió mientras se alejaba de su hermano. Comenzaron a llenar una pequeña maleta, cada objeto que caía en la maleta era un recuerdo que le haría compañía, entre anécdotas y memorias, la maleta se llenaba y el tiempo pasaba, al acabar con todo Scott tomó la maleta y bajó a la sala en compañía de su hermano, acostándose pronto en el sofá disfrutando sus últimos momentos juntos de esa manera.
El sonido de la puerta los despertó, Alexander tomó por los hombros a su pequeño y lo abrazó con fuerzas.
—Arthur, es el momento.- El joven captó el mensaje y se levantó rompiendo así el contacto, acomodó su revuelto cabello, respiró hondo y se puso firme, apartir de ahora será la nueva reina y debía demostrar seguridad desde su primera impresión. —Estoy listo.
Entraron a su nuevo hogar, el viejo Jack y As de Spades estaban ahí para recibirlos, cada uno portando prendas de colores purpuras y azules calmos, con serenidad de acercaron al menor quien se mostró firme y seguro a pesar del escudriño de los altos mandos.
—Parece que éste será un reinado interesante.- El viejo Jack sonrió tranquilo mientras recibía un ligero asentimiento por parte del As. —Puedo sentir un gran nivel de magia, pero por ahora debemos irnos, puedo asegurar que la marca es ciento por ciento real, eso lo siento muy fuerte, pero debemos seguir los protocolos correspondientes.
—De acuerdo.- Tomó su maleta y la acercó a él, pero antes sin importarle que lo mirasen abrazó con fuerza a su padre y a su hermano. —Los veré mañana o en unos días.
El viejo Jack escoltó a la futura reina a uno de los dos carruajes, el otro sería utilizado por el As para volver después al castillo, ya que primero debía darle la información necesaria a su familia para el traslado.
El viaje comenzó tranquilo, el Jack le provocaba calma, sus ojos avellanas transmitían paz y sabiduría, su corto y canoso cabello estaba acomodado pulcramente en una pequeñísima coleta.
—Tu pequeña maleta tiene un diseño hermoso.- Inclusive la voz del mayor era completamente suave y amable, éste señalaba con calma la maleta de Arthur; ésta era de un frio y elegante azul Oxford, pero el detalle que resaltaba era que la recorrían hermosas enredaderas de jazmín de un precioso color azul bondi, era tranquilizante verlas. —¿La has pintado tú?
—Sí, la pintura y las flores son mi pasatiempo favorito.- Sonrió con timidez, hablar de pintura lo relajaba mucho y apreciaba ese pequeño detalle del Jack para hacerlo sentir más cómodo. —Son gustos que herede de mi fallecida madre.
—Siento mucho tu pérdida.- El más longevo posó su mano en su hombro derecho en señal de comprensión y apoyo. —Estaría orgullosa de ti, con ver como tus ojos brillan por estos temas puedo saber que eres una buena persona.
—¿Cómo puede saber eso?- Era un poco curioso y el ambiente era muy agradable, sentía el camino ligero y ameno. —Yo a veces la extraño mucho, pero sé que se fue siendo feliz.
—El tiempo te da mucha sabiduría, Arthur, y la mía es muy poca a comparación de la que observarás en tu mentora, la Reina Marie.- El otro sonrió, suspirando después con calma ,de verdad admiraba a la Reina Marie, siempre tan elegante, seria y benévola, era admirada y querida por todo el reino, y ahora ella sería quien lo entrenaría. —Estoy seguro que te llevarás perfectamente con ella, te pareces mucho a ella cuando fue elegida reina, pero también existe algo distinto en ti, estoy seguro que resaltarás en tu educación como futura reina de Spades y lograrás muchas cosas.
—Gracias, no lo decepcionaré.- Sus energías se elevaron, la cálida sonrisa del adulto le recordaba mucho a la de su padre, por lo cual se sentía más en confianza, pero la calma se fue para pasar a los nervios. —Disculpe mi atrevimiento pero puedo preguntar… ¿Cómo es el joven elegido para ser el Rey?
—Alguien muy divertido y un poco torpe.- El Jack sonrió moviendo de manera muy curiosa su bigote. —Cuando entró por primera vez al castillo gritó algo sobre los colores de todo el lugar para después murmurar cosa sobre alguien que seguro le encantaría, llegó solamente con una pequeña maleta roja y un pañuelo en su mano, sonreía mucho y pero a la vez se veía algo triste.
El coche se detuvo, Arthur iba a levantarse para abrir la puerta pero el Jack hizo una seña pidiéndole que se sentara.
—Tengo el presentimiento de que ustedes se llevarán bien, el aura de ambos me dice que harán grandes cosas, no bloquees tu corazón Arthur.- En ese instante la puerta fue abierta, el Jack salió primero y lo ayudó a bajar, cuando estuvo cerca le susurró. —Sus almas están conectadas, puedo verlo perfectamente.
