Eeh, sí, lo seguí :D Ayer escribí 3 viñetas más siguiendo con la idea de que Jaken se casó y se fue xD Serán viñetas en donde mostraré cómo creo que se harían pareja bajo estas circunstancias.
Demonio y Mujer
Segunda Viñeta
Cuando despertó, Sesshômaru estaba mirándola. Le sostuvo la mirada unos segundos antes de girarse y seguir caminando. Rin se desperezó, restregó sus ojos y caminó lentamente mientras seguía con un pie dentro de sus sueños. Había olvidado lo mucho que se caminaba cuando se estaba en compañía de los demonios y la caminata del día anterior todavía se sentía en sus muslos entumecidos. Bostezó mientras observaba cómo el cabello de su señor ondeaba con su andar pausado y reprimió una sonrisa. Alargó un brazo para tocar una hebra platinada para luego dudar, no era correcto hacerlo, por mucho que quisiera sentirlo. Se castigó dejando sus manos entrelazadas en su espalda baja y tarareó una canción.
Sesshômaru se detuvo y Rin chocó con él. Las hebras de cabello la habían hipnotizado y despistado. El demonio gruñó y la mujer se asustó, eso normalmente sucedía cuando el señor Jaken decía o pensaba cosas que su señor no aprobaba, pero ella no estaba pensando en nada, solo quería tocar el cabello.
—Ocúltate, Rin. —Ella no reaccionó a tiempo y un ogro apareció sorpresivamente. El grito que pegó la humana lo hizo reír. Había captado su olor desde su guarida y deseaba devorarla. El aspecto feo del demonio y los dientes con carne putrefacta en las hendiduras la hicieron retorcerse de miedo y asco. Se tapó la cara con ambas manos y siguió gritando, cuando se le acabó el aire, notó que su señor la observaba desde las alturas ya que ella se había hincado para protegerse—. Ya puedes moverte.
—Sí —respondió y se apresuró a levantarse con una mano en el suelo y la otra a la altura de su hombro para equilibrarse. No supo cómo, pero la mano de Sesshômaru llegó a la suya para ayudarla a subir—. Muchas gracias, mi señor —indicó sonrojada, el vestido que llevaba puesto era inútil para acompañarlo al ser tan ceñido a sus piernas, quitándole movilidad. El demonio la observó y la mujer sintió que se fundía. Quería que dejara de mirarla pero a la vez quería que siguiera. Con la cara ardiendo se arrojó a su pecho y lo abrazó para ocultarse.
—¿Qué te ocurre? —preguntó estoico, por mera curiosidad.
—Solo me dio calor.
¡SessRin al poder!
Cariños, SS.
