N/A: Manejo diferentes líneas temporales en este capítulo. Creo que se entiende siguiendo el contexto, qué es presente y qué es pasado. Casi todo lo de San Lorenzo es "pasado" Si quedan dudas, ya saben que pueden hacerlas con libertad.
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Me arrastran mis pensamientos
y mi cuerpo llora sal,
se va por mis sentidos
y mi mente rota está...
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Thea lanzó un grito de desesperación al escuchar esa melodiosa voz, sus allegados la miraron extrañados. Al parecer, era la única que podía escucharla y aquello la llenó de desconcierto. Llevó ambas manos a sus oídos, presionó la superficie, pero por más que intentaba seguía resonando en su interior.
¿Qué significaba eso? ¿¡Por qué la escuchaba!? Su abuela; la líder y profeta comenzó a reír alegre, natural. Como si estuviera libre de sus ataduras y fuera ajena a toda clase de maldad.
La mandó silenciar.
Tanto a ella como a los otros dos, debían ser amordazados y las sogas que pegaban sus brazos a la espalda, había que tensarlas aún más. Si cortaban su carne y derramaban su sangre, qué mejor. Los hombres obedecieron, ella se concentró en los matices que mostraba el cielo a través de la ventana. Colores neutros y grises. Nada que ver con los azules transparentes de que gozarían un Domingo por la mañana cualquiera. Se regodeó con eso, suspiró para sus adentros y salió de sus aposentos permitiendo que las gotas de lluvia bañaran su esbelta figura.
Contrario de la gran mayoría; ella no temía a las fuerzas de la naturaleza. En eso se basaba su inicial instrucción: El manejo de los elementos como una extensión de sí misma y su magia.
Tierra: (Aspiró los aromas de la tierra húmeda y fresca).
Fuego: (A través de la piedra a sus pies, sentía la vitalidad y fortaleza del volcán).
Viento: (Lo percibió acariciando su rostro, colándose entre sus dedos y por debajo de las telas curtidas que obviamente, dejaban pocas cosas a la imaginación).
Agua: (Y al buscar su conexión con este elemento, su mente y su cuerpo se volvieron a estresar).
La tempestad que liberó cubría todo San Lorenzo, pero lejos de escucharla imperiosa y letal, lo que llegaba a sus oídos era esa maldita canción. ¿De dónde provenía? ¿Quién era? ¿Por qué la perseguía de esta manera?
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Las huellas de sus besos
en tus ojos sombras son.
Tú juegas un juego al viento
y de mis manos sangra el sol.
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Ahmm...
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—¡ES ELLA! —gritó, haciendo que sus súbditos corrieran en su busca esperando lo peor.
Algunas lanzas se levantaron, cuerdas de arco se tensaron, ojos vigía cruzaron el firmamento pero no había nada, salvo la auto nombrada "líder y Diosa" parada en medio de su explanada, comportándose de manera errática y rumiando para sus adentros.
—¡Pero que estúpida había sido!
—¡Y qué osada se mostraba esa asquerosa e inefable mortal!
—¿Usar su magia en contra de ella? ¿Revertir el maleficio?
—¡NO PODÍA! ¡ERA IMPOSIBLE!
Y sin embargo, sucedía...
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Gente que murmura a las sombras de un volcán,
presas de tus celos y tu envidia al despertar.
Oye mis plegarias que transparentes viajan.
Árboles del cielo...
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El firmamento se aclaraba, las nubes se abrían, la lluvia lentamente comenzaba a cesar. Sus hombres estudiaron con ceño fruncido el comportamiento del cielo, tocaron la lluvia, la sintieron contra su piel desnuda y también la bebieron. No escuchaban el canto de esa maldita mujer pero era un hecho que sospechaban algo.
Lo que caía, ya no parecía ser el diluvio que prometió para purificar la Selva de la influencia del Dios de la "vida"
Se miraron de hito en hito, pasando de ella que para estas alturas, tenía los cabellos sueltos, húmedos y apelmazados por buena parte de su rostro, pecho y espalda.
¿A caso se burlaban de ella? ¿¡No los intimidaba!? ¿Creían que podían seguir por su cuenta? ¡Les enseñaría!
Levantó el rostro, acomodando en un mínimo su estampa, afianzó su alabarda, golpeó la tierra de manera férrea y entonces el cielo nuevamente ensombreció. La lluvia arreció con voracidad destructiva, su pulsera de hueso se rompió pero nadie se extrañó por el acto.
—¿¡Qué no tienen nada mejor que hacer!?—reprendió con una voz tan gruesa que no parecía ser suya. —¡Busquen a los desertores, llévenlos a los pies de mi templo! "La muerte" volverá a ser venerada como en los viejos tiempos. Entregaré a mi "madre" los corazones latientes de cada uno de ellos.
Sus vasallos, vacilaron un poco tras escuchar su declaración.
Ellos sabían que en realidad los sacrificios eran guerreros. Los que sobrevivían en combate, quienes demostraban haber defendido mejor a su pueblo, eran entregados a las faldas del volcán para que su espíritu protegiera a sus Dioses.
La carne, se arrebataba del cuerpo ausente de corazón para consumirla en banquetes, los huesos se limpiaban para crear instrumentos de música y guerra, la piel se curtía y tensaba para obtener prendas, artículos del hogar o lo que hiciera falta, los cráneos formaban un singular mural, para advertir a los visitantes de lo que eran capaces. Todo se utilizaba en los rituales con que hoy día se representaban de manera simbólica, más no real.
Y ellos querían.
Ardían en deseos de regresar a eso.
Fue Aiden, (el padre de Aitor) quien canceló los sacrificios humanos y decretó que los guerreros defenderían a su tribu de los "extranjeros", la civilización. El hombre de ojos oscuros y su sed insaciable de poder, riqueza y conquista.
Por tres generaciones fue así como sucedió pero ellos seguían inconformes.
Eran hombres de guerra y de costumbres firmemente arraigadas.
Ansiaban demostrar su valía ante los Dioses, entregar su corazón sangrante y por ello siguieron a Anthea.
Desde las sombras fueron testigos de cómo, sin vacilación atravesaba el pecho de su madre Anahid con la punta de su lanza.
A ella siguió su padre Arath.
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Este último jamás fungió como líder. Desde su nacimiento, Antha supo que no viviría para eso. Alguien más ocuparía ese lugar. Una persona que llegaría de otro lugar y al saberlo muchos se comenzaron a "revelar"
No iban a adorar a otros Dioses, ni seguir la instrucción de "otros" hombres.
No obstante, las predicciones de la profeta siempre se cumplen y cuando Arath alcanzó la mayoría de edad, desposó a su mujer y comenzaba a construirse su hogar. Una mujer "extrajera" llegó a sus tierras. La dejaron pasar debido a sus cabellos castaños y ojos verdes. La tribu se caracterizaba por eso y además creyeron que al ser una simple e insignificante mujer, podrían "controlarla"
Dijo venir en una expedición, perder a sus colegas entre la tierra húmeda y vegetación espesa, era estudiosa de las plantas. Botánica, así fue como lo expresó y Antha la recibió en su techo para decidir si era de fiar o no.
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Mientras esto pasaba, su líder. Es decir, quien encabezaba su pequeña rebelión. Habilidoso practicante de las artes oscuras, sacrificó a cuantos necesitara de ellos, cubrió su cuerpo con la sangre derramada y de alguna manera que ninguno entendió, se transformó a sí mismo en Sombra.
Renunció a su cuerpo e identidad, en pos de levantar una "epidemia"
La Botánica y sus colegas (que no tardaron demasiados días en hacerse llegar) la nombraron "enfermedad del sueño" quienes caían presas de ella dormían profundamente, el contagio incluso Antha lo desconocía, Aitor autorizó que los extranjeros hicieran "pruebas" con sus caídos, algunos partieron, otros permanecieron pero el resultado final era el mismo.
No despertaban y sus cuerpos rápidamente se deterioraban.
Sólo ellos sabían que se trataba de La Sombra. Era ese ser quien tocaba sus cuerpos, entraba en sus mentes, ultrajaba su alma y los enviaba a aquel estremecedor estado de reposo. Al paso de varias semanas y con más de la mitad de la tribu infectada, los rumores se comenzaron a dispersar.
Desconfiaban de esa mujer. ¡Todo se inició con ella! exigían que se le asesinara o como mínimo exiliara. Sus colegas, excepto uno (Eduardo) huyeron despavoridos dejándola a su suerte. Antha juró que era pura, de sentimientos nobles y transparentes. Estaba ahí para ayudar. ¡Los Dioses la enviaron específicamente a ese lugar! Pero llegados a este nivel, ya nadie creía en ella.
¡Una revuelta se avecinaba!
Lo que por tanto tiempo habían estado esperando. Volvieron a sus tiendas, prepararon sus armas, pintaron sus rostros, soltaron el grito guerrero y entonces…
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Otro extranjero llegó.
Cabellos rubios, en nada parecidos a los de la tribu pero sus ojos eran verdes, profundos e inteligentes. Ese cayó prácticamente del cielo, a los pies de la Botánica y por ello, Antha les recordó que era otro quien habría de convertirse, algún día en su líder.
Le creyeron, desestimando la idea inicial de que la mujer extranjera pudiera significar algo más. Un guerrero venido de otras tierras, podría prepararlos mejor si es que seguían adelante con la instrucción y decreto de Aiden (padre de Aitor).
Los ánimos se relajaron, la revuelta se canceló, dejaron que se conocieran los dos.
La Sombra trató de dañarlos, por noches enteras lo estuvo intentando pero sin importar lo que hiciera, su magia no funcionaba en ellos.
Estaba furioso.
¿Cómo surtiría efecto? ¡Si se concentró en lastimar únicamente a su pueblo!
Los maldijo a todos, sopesando la posibilidad de levantar otra especie calamidad: secar la tierra, envenenar las aguas, enloquecer a los animales. No fue necesario llegar tan lejos, Aitor le mostró la final solución.
Debido a las bajas, decretó que habría que "repoblar" la tribu. Arath (su hijo) se mostró en desacuerdo. ¿Qué pasaba si los niños resultaban igualmente malditos? ¿Por qué arriesgar a más de los suyos? ¿No sería prudente marcharse a otro sitio?
¡Jamás lo permitiría!
En esa Selva estaban sus Templos, sus Dioses, era Territorio Sagrado. Si temía por su bienestar podía mantenerse al margen pero el decreto estaba hecho. Todas las parejas en edad de procrear se unirían a la causa, incluyendo a los extranjeros.
Antha, profetizó grandes cosas para el hijo de esos dos. Lo veía claro ahora. El niño sería un milagro. ¡Haría lo imposible! rescataría de las sombras a su tribu.
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"Sombras"
Volvieron a temer por el futuro de su causa, consideraron abandonar a La Sombra y resignarse a lo que les trajera ese supuesto "milagro" pero el ser de oscuridad les dijo que todo era parte de su plan.
"La enfermedad del sueño" sólo atacaba a los suyos. Por tanto, para derrocar a los extranjeros y desacreditar las predicciones de la profeta, sólo debían esperar un poco más.
Atacaría al "milagro" impediría que inhalara su primer aliento, no importaba el costo (que resultó en más sangre de sus allegados) ese niño, no viviría.
Como es de esperar y dados los recientes acontecimientos. Algunos no le creyeron. Antha era poderosa, se decía que en su alumbramiento fue iluminada por la luz de la luna y que sus predicciones tenían la bendición de la gentil y sabia Diosa.
La Sombra les dio garantías, les habló de un segundo plan mucho más elaborado ahora, contaminaría la sangre de la profeta. El fruto de Arath y Anahid, estaría maldito.
Si el "milagro" sobrevivía, el nieto de ellos sería el responsable de aniquilarlo.
—¿Cómo lo lograrás? —preguntaron los que desconfiaban. La sombra se volvió incorpórea delante de sus ojos, humo negro que aterrorizo a todos y les hizo renovar la fe en su poder.
—¡Si digo que lo haré, es porque podré! Sean pacientes, nuestro momento se acerca.
Y esperaron.
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El niño milagro nació muerto. ¡Todos estaban contentos! sin embargo. El volcán estaba a punto de hacer erupción. Consideraron que se habían extralimitado que los Dioses, lejos de complacerse con sus intentos de consagrarlos habían enfurecido y huyeron del lugar que lo vio "nacer" con el corazón en un hilo. Estaban a medio camino del alcanzar el exilio cuando se escuchó un chillido.
El llanto de un niño, calmando el volcán. Haciendo estremecer la Selva en su totalidad.
Antha tenía razón. Ellos debían cesar en su fervor más no lo hicieron por temor. La Sombra adquirió por segunda vez esa forma incorpórea, desapareció ante sus ojos y por noches enteras, se temieron lo peor.
Nunca volvieron a saber de él.
La enfermedad del sueño, no atacó a ninguna otra persona. Sin embargo los que estaban dormidos, lentamente fueron muriendo. Los padres del "milagro" se aferraron en sacarlo. Aitor y Antha, insistieron en que se quedara.
Para decidirlo. Si era tal su fervor.
Aitor retó al extranjero.
Lo pondría a prueba, las mismas que habría de enfrentar su hijo al adquirir la mayoría de edad. Si las pasaba, cumplirían su deseo.
Hasta ahí, todos los pertenecientes a su causa (seguidores de la Sombra) ardían en deseos por derramar sangre en la tierra, más los retos volvieron a ser "representaciones bélicas" Estaban furiosos, decepcionados y ansiosos por una buena querella, tomaron sus lanzas y salieron a buscar venganza. Si Aitor no se atrevía a honrar sus tradiciones como se debía entonces ellos lo harían.
¿No decía Antha que aquel niño sería su salvación? ¿No temían ellos que la Sombra volviera siendo mil veces peor? ¿Por qué dejar que se fuera, cual era la verdadera razón?
Al caer la noche y resultar victorioso el hombre extranjero, fue que lo supieron.
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Otra mujer, en la que apenas si habían reparado durante todo este tiempo, daba a luz en los linderos del Templo a la Muerte.
Anahid dijo escuchar algo como un llamado y rompió aguas ahí en lugar de hacerlo en su hogar. La voz de su hija se escuchó por lo alto y la Selva estremeció con su llanto. Corrieron a divisar lo que restaba del parto. ¿No era esta una señal de que esa niña debía enlazarse con el Milagro?
Antha arrebató a la criatura de las piernas húmedas y temblorosas de su dolorida madre. Anunció que efectivamente, sus destinos en algún momento habrían de enlazarse. Todos lo interpretaron como una futura unión. Alianza entre los suyos y "ellos" La única manera (en tiempos modernos) de proteger sus secretos, honrar sus misterios y desde luego, trascenderlos.
El padre del Milagro se quejó.
¡Ellos tenían un trato, superó los retos! Debían cumplir su palabra.
—Y lo haremos. —respondió Aitor, secundado por Antha. —Llegado el momento, el Milagro decidirá con quién enlazar su Destino. Es importante que lo haga ya que de eso dependerá, el que pueda salvar o destruir a la Tribu.
—¿Destruir? —preguntó Stella. —¿Cómo podría un niño decidir algo como eso?
—Es así como está escrito. —explicó la anciana. —Él simplemente lo hará, lo sentirá en su corazón. Sabrá si es correcta o no, su elección.
—¿Y permanecerá aquí? —insistió Miles.
—Debe seguir los decretos, honrar los rituales.
—Significa que él y su Destino...
—Así es…—corroboró la Profeta. —La tierra debe demostrar ser fértil antes de que procedas sembrar.
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Diez años transcurrieron de eso.
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De volverse sumisos y negar su lealtad a La Sombra.
El niño milagro volvió acompañado de otros más. Sus tierras ya no eran prohibidas, ni tampoco secretas. Se tenían por peligrosas, malditas, pero aquel estado quedó reducido a un simple mito, superstición o leyenda.
Cuando lo recibió, la Selva entera estremeció de gozo.
Anthea parecía unirse a la misma fiesta.
La futura líder de la tribu; el Destino del Milagro. La habían preparado toda su vida como creyeron que dictaba el presagio.
Así que corrió presurosa a buscarlo.
Su expedición fue breve, la estadía de aquellos infantes no duraría más de tres días. Mismos que ocuparon "los ojos verdes" para ponerlo a prueba de su capacidad e identidad.
San Lorenzo se transformó pues, en un páramo salvaje y belicoso. Entre más se acercaban "el milagro" y sus amigos a la tribu, más trampas les ponían, más pelea ofrecían, más "heridos" y temerosos salían.
Se dividieron.
Los débiles cayeron primero, los inteligentes se replegaron, quienes contaban con alguien que los tuviera por amado fueron puestos a salvo. Sus guardianes intentaban encontrarlos, resguardarlos pero fieles a su naturaleza. El "milagro" y otros tres, siguieron abriéndose camino en la selva.
Al final, sólo quedó él junto a una niña de cabellos rubios y ojos azules. Esa, no les parecía de fiar, sin embargo demostró tener gran capacidad para pelear. Luchó hasta que la tomaron presa, concediéndole así una oportunidad de escapar y entrar a la tribu.
Hubo vacilación en su mirar al momento de despedirla. Pero ella no tenía miedo, sólo quería que encontrara a sus padres, que hiciera lo que habían venido a efectuar. El encierro no la ponía nerviosa, ni tampoco el que la hirieran. Cuando encontrara a sus padres, ya irían los tres a buscarla.
Pero se negó.
—No voy a dejarte. Si para recuperar a mis padres tengo que sacrificarte, entonces hasta aquí llegué.
—¡Cobarde! —gritó con desesperación y dolo. ¿Se sentía mal por todos los amigos caídos en su pequeña encomienda? Ninguno estaba gravemente herido, Aitor les prohibió lastimar de manera fulminante a ninguno. Pero como guerreros que eran entendían que arriesgar todo por un hombre y que éste bajara las armas en el ultimo segundo, era decepcionante y furioso.
—Si…—admitió el milagro, más no se advertía cobardía en su andar o hablar.
Levantó el rostro y caminó erguido hacia ellos. Eran de los mejores guerreros que entrenó Aitor, inclusive su padre (Miles) se había ocupado de prepararlos. Era descendiente de un guerrero tan admirable que luchó, no por una tribu sino por todo un país. Y su madre, según dijo era igual de encomiable: cinta negra en algún arte del que no sabían nada pero parecía impresionante.
Como fuera; el milagro siguió avanzando y con él, la Selva reaccionando. La hierba a sus pies se abría, el viento soplaba aumentando de fortaleza, los que tenían a "su mujer" presa, lentamente se comenzaron a replegar. Ésta permanecía sabiamente en silencio. No luchaba por escapar a su agarre, se miraban el uno al otro y había más que agradecimiento e incredulidad en su gesto.
Una sincronía, una revelación de que quizás, en otra época sucediera algo como esto.
—Quiero que la liberen y si saben dónde están mis padres. Van a llevarnos con ellos. Sé que entienden lo que les digo, así que dejen de fingir que no. Mis padres son exploradores e investigadores. No resistirían la oportunidad de enseñar su lengua natal a un pueblo nuevo.
—Hablas con seguridad, niño milagro…
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Aitor, Antha, Anahid y Arath, recibieron a los infantes. Sólo ellos dos, aunque aseguraron que el resto ya había sido devuelto a su lugar de reposo.
Los adultos que viajaban con ellos, atendían sus heridas y preguntaban por su paradero. No tenían de qué preocuparse, ninguno sería violentado, asesinado u ofrecido como ofrenda a los Templos Sagrados. Sus camaradas: el jovencito de piel chocolate y la mujer de ojos alargados, (Gerald y Phoebe) daban seña del ultimo lugar donde los avistaron.
Se separaron en la cascada. Arqueros arremetieron contra ellos, derribando la cuerda a través de la cual, el milagro y su elegida llegaron a la otra mitad del sendero.
Le pedían a su mentor (Sr. Simmons) que no perdiera la fe en ellos. Volverían a salvo. Ese viaje, cierto es que se trató de un obsequio pero Helga pidió específicamente que visitaran San Lorenzo por una razón. "Arnold quería encontrar a sus padres" y era eso a lo que le estaban ayudando.
—Ya que haz demostrado ser poseedor de todas las virtudes que se te otorgaron el día de tu alumbramiento. Dejaremos que te reúnas con ellos.
Eso lo comentó Aitor y para entonces, todos los "ojos verdes" estaban apostados a los pies del volcán con una rodilla al piso y otra al aire. Recibían a su "Dios" de manera ceremonial después de tantos años de espera.
—¿Qué pasará con ella?—preguntó pues al parecer, la visita sería personal.
—Tienes mi palabra de que nada le ocurrirá.
—Disculpe si no me atrevo a alejarme de e…—Antha, lo mandó a callar con una mirada severa.
—Pese a nuestro atuendo y apariencia. No somos una tribu salvaje. De ser así, ni tú o tus amigos seguirían con vida. Eso, por lo que atravesaron, se trató de una prueba. Sus heridas son superficiales pues de haberlo querido, la primera lanza, punta de flecha o piedra les habría asestado en algún punto vital.
Cierto es que existió una época en que ofrecíamos sangre, carne y hueso como sacrificio sagrado pero hace eones de aquello. En la actualidad, veneramos a nuestros Dioses con representaciones bélicas, danza, música y comida.
Ella te esperará aquí, de pie o sentada. Y tú verás a tus padres, quienes te advierto. No tienen permitido salir de estos parajes.
—¿Por qué?—preguntó ansioso.
—Porque así fue decidido…—el Milagro bufó con molestia pues no entendía lo que sucedía. ¿Eran prisioneros? ¿Qué clase de delito cometieron? su mujer, lo hizo refrenar en su acción.
—Sólo ve con ellos, Arnold. Yo te esperaré aquí.
—¿Lo harás?
—Siempre…
Algo reaccionó en San Lorenzo tras esa afirmación. La Selva floreó, el volcán se tranquilizó, el cielo aclaró. (Tierra, fuego, aire) sincronía de los elementos.
Su Dios, estaba pleno y satisfecho.
La reunión se llevó a cabo aunque no duró demasiado. Era el término de su tercer día de visita, el avión que los trajo aquí en unas cuantas horas debía hacerlos partir. Anahid instruida por Antha, salió a preparar pócimas de sueño. Las darían de beber a ellos y los devolverían a sus aposentos.
Sus padres querían regresar a casa con él. ¡Era demasiado pronto para que se quedara!
—Los Dioses…—comenzó a enunciar Aitor.
—¡Al cuerno con sus Dioses! —gritó Miles. —Él no ha venido aquí por un mandato divino, fue una casualidad, un imprevisto.
—Sabes bien que no existe nada de eso. —le recordó Antha, omitiendo su ominosa falta de respeto.
—Hemos hecho todo lo que nos han pedido, por favor… —suplicó el antropólogo abrazando a su único hijo.
Tras beber el brebaje, él y la chica se sintieron mareados, intercambiaron miradas angustiosas, intentaron enlazar sus manos pero fue demasiado tarde para efectuarlo. Uno cayó de costado sobre su padre, la otra sobre la madre. Stella Shortman acariciaba los rubios cabellos de la menor, un par de coletas que terminó por aflojar y diseminar. No tenía idea de quién fuera ella pero entre más se adentraban en la selva, más escuchaban lo que se decía para describirla.
Una guerrera nata; formidable, implacable y tenaz. Se dejó atrapar para conceder a su hijo una única oportunidad. ¿Y ahora debían separarlos? Por la forma en que se buscaron antes de caer dormidos estaba segura de que se trataba de algo más. ¿Amor de la tierna infancia? ¿Amor a primera vista? ¿Lo creía, lo apoyaba? Claro, por supuesto. Con Dios de testigo que sí.
—Aún es joven. —continuó negociando Miles. —Tiene tanto que ver, disfrutar, aprender…
—Esa parte la comprendemos y es por eso que una vez más partirán. —declaró Aitor, secundado por Antha. —Si su futuro está enlazado al de esa mujer, llegado el momento se descubrirá. No deseamos apresurar las cosas, sin embargo deberían saber que tienen un vínculo tan profundo y complejo que ni siquiera yo, lo he podido descifrar.
No es casualidad que llegaran aquí. Los Dioses los querían aquí, ya fuera para revelar un secreto o prepararlos para algo siniestro. De la manera que fuera, al cumplir la mayoría de edad su hijo deberá regresar.
—La mayoría de edad, son dieciocho años en nuestra tierra natal.
—Y catorce en esta. —sentenció Aitor. —Deben cumplir su palabra o nos obligarán a buscarlo.
—¿A caso, lo están amenazando?—Preguntó Miles, alterado.
—Por el contrario, queremos lo mismo que ustedes. Que el niño esté sano, salvo y vea su destino formado.
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Entrada la noche los devolvieron a su lugar de reposo.
El niño Milagro y la mujer de cabellos dorados no recordaban mucho de lo que había pasado, sin embargo estaban felices de volver con los suyos y haber cumplido con su mandato.
Los padres de "Arnold" hablaron con los responsables de su cuidado, admitieron haberse "perdido" en la Selva cerca de diez años atrás. Su apariencia y ropa daban testimonio de ello. No contaban con los recursos materiales para regresar a su hogar, ni tampoco sabían si es que era posible salir de ese lugar. Los ojos verdes los acogieron amablemente en su seno y ellos pagaban haciendo las funciones de médico, agricultor y cazador. Si regresaban a casa, creían poco probable que se acostumbraran a vivir en sociedad. No obstante, darían constancia de su "supervivencia" a las instituciones que de manera inicial, financiaron su expedición.
Stella Shortman, trabajaba para una sociedad privada que buscaba desarrollar nuevas vacunas o medicamentos para las enfermedades modernas. Miles Shortman, se había financiado a sí mismo, pero la Universidad de Chicago estaba al pendiente de sus exploraciones. Fue asistente de profesor y catedrático por tres años. Esperaba que hubiera alguien que se acordara de su legado.
Tras arreglar todo esto, notaron cierta "separación" entre el milagro y su elegida. Ella parecía incómoda en su presencia. Quizás tuviera que ver con que después de revisar que todos sus amigos se encontraran bien, decidiera emprender una caminata con una pequeña mujer de cabellos rojos y vestido verde.
Era ella, a la primera que había puesto a salvo cuando las pruebas se iniciaron.
Le importaba en demasía, era evidente lo mucho que la quería, pero la forma en que la miraba, ya no era la misma. Si lo notó o no, esa mujer no lo comentó. Aceptó caminar con él, pero sus manos no se tocaron, sus ojos no se contemplaron y de lo que dijeron. El viento les hizo saber que era simple y vano.
"Ella se encontraba bien y le daba gusto que al fin, la decidiera querer"
—¿Perdón…?—se disculpó el milagro, llevando una mano a la nuca.
—Hablo de Helga, al fin has decidido corresponderla. —anunció con una sonrisa ensayada, rígida, falsa.
—Yo…, no, bueno…ella y yo…—se atropelló con las palabras. La mujer de cabellos rojos, se apartó otro poco y miró al cielo suspirando para sus adentros.
—Tú y ella, son únicos Arnold. La clase completa se ha dado cuenta de su arrebato. Puede que para los demás Helga siga siendo la misma chica atrevida, arriesgada y loca, pero para mi, es evidente que te ama como jamás podrá amarte nadie. Incluida yo.
—Lila…
—Déjame terminar, porque esto lo diré una sola vez y no lo repetiré jamás. También la amas. Estabas deslumbrado, preocupado, indignado. Gerald y Phoebe nos contaron lo que les pasó hasta que se separaron. Y supongo que por algo, es el mejor narrador del poblado. A sus ojos, tú y ella deberían estar juntos. Son el uno del otro y por la forma en que me miras, sé que ya no soy tu todo.
—¿En serio crees que debería…?
—Arriesgarte, pedirle una cita. Estoy segura de que te dará el sí.
—¿Y…n…no te molesta? —preguntó acercándose a ella, pero no lo miraba a los ojos, seguía contemplando la nada, deseando volverse incorpórea y alejar de su mente, los sentimientos que la trastornaban.
—¿Por qué habría de molestarme? Si tú y yo, somos amigos y nada más.
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El milagro sintió dolor al escuchar sus palabras, sin embargo lo omitió y corrió a perseguir su "destino" ellos lo sabían, lo presentían en el sonido del viento al pasar por las hojas de los árboles, la tierra que de árida se volvía fresca, el corazón del volcán casi siempre dormido, volviéndose latente.
La alcanzó y guió a un pequeño claro. Ella no quería estar con él, pero se sabían observados por todos sus allegados. El de piel chocolate y la mujer de ojos alargados, animaron a los demás a darles su espacio. Ellos se movieron entre sombras y con sigilo observaron. La declaración de amor fue expresa, rechazada de manera tajante.
—Arnold, por favor basta. Si crees que me harías algún favor con tu caridad…
—Es que no es eso…
—Yo, no te gusto"
—Lo haces…
Entre más discutían, más eran conscientes de cómo cambiaba el ambiente a su alrededor. Nubes negras, aire neblinoso, tierra cortada pero los niños no percibían nada de esto.
El milagro quería sincerarse, que "su mujer" reconociera y aceptara sus sentimientos, así que se aproximó a ella, envolviéndola entre sus brazos y reclamando sus labios.
Aquello debió hacerlo definitivo.
Sus cuerpos guerreros se congelaron de pronto, volvieron a percibir la energía oscura y siniestra que en años no habían atestiguado. La Sombra, implacable y letal flotaba como humo negro por delante de sus ojos y demandaba que "durmieran" a esos dos.
Cerbatanas con pócima del sueño. Un par de tiros certeros, mientras el beso del milagro y su destino pasaba de profundo a intenso. Cayeron, él abrazándose a ella, cubriéndola con su cuerpo aún en su último aliento.
La Sombra, no terminó ahí. Confesó haberse creído muerta pero un ritual de una niña desesperada y sola, le convocó y devolvió fortaleza. Requería sacrificios, no de los suyos sino de ella. Estaba dispuesta a pactar con lo que fuera y estando tan débil su mejor jugada era "vivir" dentro de ella.
—¿Cómo lo lograrás?—preguntaron ellos.
—Ya lo verán. Por el momento, lo único que "mi maestra" precisa es que encuentre la debilidad de esa guerrera.
Y dicho lo anterior, se metió en sus cuerpos. Lo inhalaron ante la mirada estupefacta de todos ellos que rápidamente se replegaron y volvieron a su santuario.
Supieron por voces de otros que sus padres los encontraron minutos después de la manera exacta en que cayeron fulminados. Trataron de despertarlos con instrumentos médicos pero lo más que lograron fue extraer a la sombra. Salió de sus cuerpos por la nariz y la boca. Horrorizados, buscaron a los responsables de su cuidado y los instaron a salir de la Selva de inmediato.
¡Ese lugar era peligroso! ¡Ellos estaban infectados! ¡Debían ponerlos a salvo!
Partieron, a media tarde y con un clima que comenzaba a ponerse como el de ahora: cielo gris, nubes negras, lluvia intensa.
Tras llegar al Santuario o el lugar donde se congregaban para adorar a La Sombra, fueron testigos del sacrificio que previamente comentaron. La jovencita de diez años, nieta de la profeta ultimaba a sus padres sin temblar o llorar, atravesaba su carne con la lanza, derribaba el cuerpo y sonreía al ver la sangre derramada.
"Su señor" (la criatura de oscuridad) flotaba por encima de ella en aquella forma incorpórea, susurraba a su oído, consagrándola e informándola. "Ellos, ahora eran legado suyo" "Podía usarlos para lo que quisiera" "Y una buena muestra de su servilismo, sería que le ayudaran a disfrazar el homicidio"
Se culpó a un animal salvaje. Afortunadamente, nadie notó la ausencia de sangre en los cuerpos del único hijo de los líderes de la tribu y su esposa.
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Cuatro años más se sumaron a la causa.
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Se ocuparon de instruir a la "nueva sombra" en las artes oscuras, de seducción y combate. Cuando se reunieran de nuevo, suyo debía ser "el milagro" y así ellos habrían ganado.
Si contaminaba su mente, cuerpo y corazón, el culto a los Dioses volvería a ser como antaño, habría batallas por la elección del mejor guerrero que habría de dar su corazón y sangre para unirse a su corte en el cielo, pero no funcionó.
Lo derrotó, una y diez veces. Se enfrentaron a duelo y Anthea lo venció. En su cultura eso daba fe de su gran valía como mujer y guerrera, además de que sus atributos afloraron desde temprana edad, era hermosa. Más de uno lo reconocía y el Milagro lo enaltecía, sus ojos solían seguirla allá donde fuera a pesar de lo que afirmaba con terquedad férrea.
"Estaba ahí para conocer a sus padres. No para conseguirse una novia"
¿Pero qué había de malo con una de esas?
Efectuó los rituales que correspondían a su edad, junto a otros muchachos de "los ojos verdes" aunque contrario de ellos, se negó a enarbolar cualquier clase de arma. Era "pacifista" palabra que les resultó nueva y blasfema. Sus tradiciones exigían que se coronara como el mejor guerrero en combate y él dijo que lo haría, como estratega sin derramar sangre.
Sus padres y los líderes de la tribu estaban orgullosos de su desempeño, poseía agilidad, velocidad. Años de lo que refirió como "abuso escolar" lo calificaron para escapar de cualquier ataque frontal a traición o distancia. Derrotó a los jóvenes que buscaban ser enaltecidos como guerreros, arrebatando sus armas y atacando los que llamaba "puntos de presión" Un tipo llamado Ishihara se lo enseñó.
El truco estaba en los dedos y la fuerza.
Los "trucos" de Anthea, estaban en sus ojos verdes y cadencia de caderas. Lo invitó, durante cuatro meses lo presionó para obtener algo más que la caricia de sus manos y sin importar qué, no cedió.
La enfermedad del sueño, era tan solo un recuerdo ahora. Sin embargo, logró perturbarlo en sus sueños. Pesadillas; toda la tribu escuchó de ellas. Los líderes lo atribuyeron a la parte final del ritual. Abrir su mente y corazón, decidir a la que sería su fortaleza y unión.
Antha profetizó que de aquella "elección" dependería el futuro de la tribu. Lo que no especificó (de manera pública) fue que el ritual se sellaba con el acto carnal. Su ahora llamado "hombre milagro" debía engendrar un niño y guiarlos para dejar estas tierras y unirse al mundo exterior.
Anthea que lo sabía y consideraba bastante lógico que el hijo tuviera que ser "de los ojos verdes" efectuó un ultimo intento para convencerlo y lo invitó a pasar la noche en su lecho. La tentación era latente en el calor de sus cuerpos, el fuego de la hoguera, las ardientes piedras que se extendían a los pies del volcán pero, sin importar qué, no la siguió.
La profecía, seguía latente. Aitor y Antha, le permitieron dejar sus terrenos. Si su nieta, no era la "elegida" entonces debía conocerla, cortejarla y traerla. Sus padres se comprometieron a que así lo harían.
Y ahora estaban aquí.
En el tiempo actual.
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Eran conscientes de sus "carencias" del cómo la magia de La Sombra, no parecía ser suficiente o quizás, se tratara del cuerpo de Anthea que no podía con la proeza. Deseaban seguir por su cuenta, aunque también le reconocían el hecho de poner bajo arresto a Stella, Antha y Aitor.
La mujer extranjera y su esposo, se habían ganado el aprecio de muchos. Después de todo era ese hombre quien de manera "real" los había estado dirigiendo desde hacía poco tiempo. Aitor era mayor, aún gozaba de salud e infinito conocimiento pero su vigor, ya no era el requerido para formar a los jóvenes guerreros, salir de cacería o levantar la voz para que sus demandas se escucharan con el suficiente tenor.
Todo eso lo hacía él.
Quien hasta ahora se encontraba ausente y de quien deberían temer pues imaginaban que no les enseñaba todo lo que en realidad sabía hacer. Su mujer también era digna de reconocimiento. Trajo la medicina, les enseñó nuevas formas de cultivar, preparar sus alimentos y venenos. Era lista, tenaz, se adentraba en territorios que consideraban prohibidos para obtener plantas medicinales que pudieran requerir en algún momento.
No les parecía buena idea ponerlos a prueba.
Conocían más que ellos de su propia Selva, pero la "Diosa" era Anthea, esa jovencita de piel morena y cabellos negros que seguía apostada en el centro de su explanada.
La lluvia arreciaba con hambre, desgastaba la piedra de sus construcciones longevas, derribaba los techos elaborados con corteza, hojas y tierra de las más nuevas, espantaba a los animales, amenazaba con desbordar el río y ahogar a las plantas. Nada de eso les importaba, pues la idea fundamental seguía siendo la misma.
Volver a lo que alguna vez fueron. Demostrar su valía, sacrificar para ganarse un lugar junto a los Dioses.
La recorrieron con la mirada de arriba a abajo antes de acatar su demanda, la muñeca diestra de la mujer sangraba, la pulsera de huesos debía representar decenas más de sus "almas" pues como hiciera La Sombra, Thea requirió sacrificios para incrementar su fortaleza.
La sangre que manaba se desdibujaba con la lluvia, corría y desaparecía apenas alcanzar las faldas del volcán. Su eminente destructor y guardián permanecía calmo, contrario de sus temores pues al verse amenazada "la madre del milagro" supusieron que entraría en actividad.
Su "Diosa" ya no les prestaba atención a ellos, levantaba el rostro, extendía las manos al cielo y lentamente comenzaba a cantar.
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(POV Thea)
Esa melodía que atravesaba su mente y trastornaba su alma, tenía que entonarla, expulsarla, maldecirla y aniquilarla. ¿¡Qué pretendía!? ¿¡Cómo la paraba!? La muerte que atrajo sobre el ser más vulnerable que estuviera en su entorno debió conducirlos a un estado de pesadumbre y decadencia.
La muerte debía lamentarse, no celebrarse.
¡¿Entonces por qué?! ¿¡Qué, en el nombre del inframundo es lo que hacía?!
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CEMENTERIO PARA VETERANOS,
HILLWOOD.
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Las familias fundadoras, además de amigos cercanos a la pareja se encontraban presentes. Ataviados de negro en su totalidad, cubiertos con capas, abrigos, gabardinas, botas para la lluvia o lo que requirieran. Sheena, Eugene, Rhonda, Stinky, Gerald y Phoebe estaban también, acompañados de sus abuelos y padres.
Los funerales del pueblo, solían congregar a casi todas las personas. Floristas insistieron en colocar la corona. No importaba la lluvia, el pasto verde y fértil agradecería el polen que de sus pétalos se desprendiera. El párroco, omitió el uso de cualquier micrófono o sombrilla. Sus palabras fueron breves, elocuentes y concisas, la premura se debió a su avanzada edad, la hora tardía y lo helado de la tormenta. Familiares directos del occiso, lograron convencerlo de acompañarlos a su hogar. Ahí podría beber y comer algo calientito. Los demás; compañeros de armas, conocidos de la vida personal y laboral tenían palabras para recordarlo, enaltecerlo y honrarlo.
Fue casi al término de la ceremonia, cuando muchos se comenzaban a replegar, que Thomas Baldwin le pidió un favor a Helga.
—Señorita Ángel, si pudiera ser tan amable de volver a entonar aquella vieja canción.
—Desde luego…
La rubia se colocó por delante de todos los asistentes, aceptó el gesto de su apuesto, fornido y alto suegro de acercarle una sombrilla para que no se convirtiera en sopa y tras pensar las palabras adecuadas, concentrarse en lo que habían planeado a fin detener la lluvia, agradecer a los Dioses y lanzar el grito de guerra.
Entonó lo que se escuchó hasta San Lorenzo.
Sus sentimientos fluían libres, al igual que las letras formando oraciones, versos, rítmicos y armoniosos que mas de uno evocó en su mente y replicó.
Stinky sintió cierto calor reconfortante al interior de su pecho, Sheena evocó con dolor la muerte de su tío Sheldon y agradeció los momentos que compartió a su lado, Gerald dirigió una mirada a su abuela. Odette Johanssen estaba así o más sorda, sin embargo sonreía y tarareaba la melodía. Desde su tierna infancia, la mujer de cabellos canos y dentadura postiza fue muy específica al indicar lo mucho que debería cuidar su amistad con Arnold.
"Escucha lo que te digo, bombón de chocolate. (así lo llamaba su abuela) Ese muchacho es especial, tiene algo distinto. Mantente cerca de él y cosas asombrosas te pasarán"
Él, siguió el consejo de su abuela como solía hacer con todo lo que le ordenaban cuando era menor. Sin embargo, preservó su amistad porque era genial estar con su "hermano"
—¿Te sientes bien, abuela?—preguntó, cuando la anciana bajó su paraguas y comenzó a menearse al compás.
—Mejor que nunca, bombón.—apretó su mejilla izquierda para la burla de Jamie'O (por el apodo) y los celos de Timberly (por el mimo). Sus padres cantaban y bailaban también. Él quiso reprenderlos a todos pero segundos después sintió un tirón en la manga de su saco y se encontró con la mirada penetrante de Phoebs.
—Sé lo que piensas, amor. Un funeral no es una fiesta, pero escucha...
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Nací atada de las manos y con cierta libertad,
Nací con vendas en los labios y mi piel color a mar…
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Muchos de los presentes, volvieron de la guerra atravesando el cielo y la mar, fueron presos políticos, torturados en otras tierras. Tuvieron que negar a su patria, su nombre, su sangre, creer que morirían para volver a nacer.
La voz de Helga les recordaba todo eso.
Incluso los Heyerdahl llegaron ahí, escapando a las consecuencias de proteger a algunos indocumentados. Sus tatarabuelos estaban en contra de la guerra, protegieron soldados americanos en el sótano de su casa, allá en la imperiosa nación del sol naciente y se arrepintieron de hacerlo, tras lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki. No tenían a dónde escapar, refugiarse o esconderse, excepto ese pequeño lugar.
Hillwood.
El pueblo perdido en el tiempo. Tierra de nadie, el hogar para prostitutas, traficantes, traidores, ladrones, proscritos y cobardes.
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Los Pataki creía Helga, venían de esa última línea. La familia de Bob, era originaria de Alemania y hubo una ocasión, (cerca de nueve años atrás) que Phil Shortman le rompió la quijada a su padre bajo excusa de ser un cobarde que no se involucró en la guerra.
Si, su viejo era de esos perros que mucho ladran y poco muerden. Contrario de ella que tenía más rabia que toda la familia reunida. Dedicó un pensamiento a ellos: sus padres y hermana. A ultima instancia incluyó a Marion ya que venía otro pequeñito en camino.
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Navegaré entre silencios,
Resistiré al dolor.
Voy a romper estas cadenas.
Y hacer que se escuche mi voz.
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Rhonda y su familia, también recordaban al ritmo sensual y cadencioso de la canción. Los Wellington Lloyd no lo admitirían jamás en alto, pero había una razón para su basta fortuna.
Saqueo, difamación y fraude. Era común en tiempos de guerra que se perdieran cuantiosas sumas de dinero, cosas materiales sumamente valiosas e irremplazables. Obras de arte, piezas de joyería, inclusive algo tan simple como un disco de vinilo, decenas de años después costaban mucho dinero.
No lo hicieron ellos, claro está.
Se remontaba a su tatarabuelo, bisabuelo y abuelo. Su padre intentaba hacer las cosas correctamente. No por nada, una vez se declararon en quiebra. Pero también, dicen por ahí que recordar es volver a vivir y ellos conocían el pecado más agradecían los regalos.
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Ahmmm...
Gente que murmura
entre las sombras de un lugar.
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Eugene no quitaba la mirada de su amiga. La familia de él, era prácticamente nueva. Llegaron con sus abuelos desde California y se quedaron ahí por su sobrada aptitud para meterse en problemas. "Pueblo pequeño, menor probabilidad de riesgo" Entre más la veía, más se convencía de que algo estaba de más en la escena. No era solo ella, era una fuerza, un aura, una cosa extraña como nube negra.
—Mamá, papá…—llamó a sus progenitores, buscándolos con ansiedad. Ambos lo miraron de vuelta pero le restaron importancia al aclamo. La que escuchaban, era una canción tan "mágica" que de alguna manera, había conseguido que la lluvia amainara.
Todos, en general. Se habían perdido en algo, recuerdos, buenos y malos que les hacían recrear "el por qué, es que estaban ahí" Sin importar la raza, religión, género o profesión. Levantaron el pueblo de nada, dignificaron el nombre de sus familias. No era sencillo hacerlos caer y entre más lo pensaban, más se preguntaban.
¿Cómo es que despertaron, esa misma mañana con la sensación de que había algo por lo que temer?
La nube que Eugene observaba, fue contemplada por otros ojos también. Mantecado, que por segunda ocasión volvía a estar a buen resguardo dentro de la mochila de Phoebe, dejó escapar un maullido de advertencia y saltó de su espalda a la tierra húmeda.
Helga lo escuchó maullar, desde hacía unos minutos, lo sintió también.
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San Lorenzo, reclamando que volvieran.
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Stella, diciendo que se encontraba bien.
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Anthea…
No, lo que sentía era más perverso que ella. Le heló la sangre, petrificó su alma. Sin embargo, su canto. Lo que sentía por su hogar, sus amigos, Arnold, lo eran todo...
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Presa de tus labios
y tu aliento al despertar…
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—¡Helga…! —llamó el rubio, más sus abuelos lo mantuvieron en su sitio.
Mantecado luchaba ahora a los pies de su ama contra algún enemigo "invisible" soltaba zarpazos y mordidas al aire. Él quería saber lo que pasaba pero Odette Johanssen, acompañada de Gerald y sus amigos, le informó que se quedara tranquilo.
—Los gatos pueden ver cosas que nosotros no y este pequeño "ritual" ha puesto algo turbias las aguas que nos conectan con ese otro lugar. Recuerda, que no importa el "donde" todos vivimos bajo el mismo cielo y aquí. Hay energías que se han liberado y desean que nos hundamos en llanto.
—¿Qué podemos hacer para evitarlo?—preguntó Gertrude, mirando en los ojos de su vieja amiga.
—Creer. Esa nube de maldad pronto se disipará. Supongo que tu padre o tú, tuvieron que ver con eso. —acusó señalando a Arnold, el rubio no supo que contestar.
—Estoy sorda, no idiota. Sé que tu padre vive en la selva y que tú tienes algo "especial"
—Yo, no…
—Se rompió una horrenda figura de arcilla, cuando arreció la lluvia con toda su fuerza. —comentó Gertrude.
—Entonces, esa "cosa" salió de ahí.
—¿Qué es lo que quiere…?—preguntó Eugene, con los ojos llorosos. "Pelear contra el humo" no le resultaba sencillo al gatito y él quería socorrerlo. Odette se impresionó de que pudiera verlo, pero después recordó que ese, era el chico con "mejor" suerte del pueblo. Decenas de accidentes y no se había muerto. Tenía tantas vidas como un gato o quizás se tratara de algo mucho más temerario.
—Dar pelea, meterse en su cuerpo, poseerla o dormirla. No te asustes, el peludo puede con ella. —Mantecado siseó feroz, mostrando la dentadura completa, además de sus afiladas garras. Cada que la cortaba la "cosa" se hacía más pequeña.
Sus amigos (que aún no decidían si creer en lo que escuchaban o no) se tomaron de las manos y formaron una cadena humana. Esta energía que rodeaba a sus familias, era la misma que los abrumó en aquella visita a San Lorenzo, inspiraba temor, confusión, dolor. ¡Pero no querían sentir nada de eso! ¡No deseaban perder a sus seres queridos! Aumentar el número de sepulcros en el lúgubre cementerio, llorar con el corazón en la mano, arrepentirse por todos los hubieras y quizás.
Decidieron confiar en lo que fuera que hiciera Helga, en la lluvia que para estas alturas ya era casi nula. La rubia, había cerrado los ojos en un ultimo verso.
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Luces de esperanza llenas de colores viajan,
árboles del cielo.
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Una ultima estocada de Mantecado y Helga se quedó sin aliento. Miles tuvo que reaccionar rápido y sostenerla en sus brazos. La lluvia acabó, el cielo se despejó, todos los presentes a la vez "reaccionaron"
Como si despertaran de un sueño, buscaron a sus chicos extrañándose de encontrarlos al rededor a la jovencita que cantaba como Sirena.
—¿Se desmayó? ¡Abran paso, necesita aire! —gritó la Doctora Reba Heyerdahl.
—Estoy bien…—comentó Helga, imitando a Eugene. El pelirrojo fue el primero (después de Arnold) en correr a su lado, llevaba a Mantecado en brazos, pero el peludo era más listo y saltó de ahí directo a su regazo.
—Yo decidiré eso. —insistió la madre de Phoebs. El resto del pueblo rápidamente volvió a la actividad. Barrer las hojas sueltas, recoger las flores, acomodar como se debía la lápida de Duncan. Caroline agradeció a todos por su compañía, los responsables de caminos volvieron a lo suyo para despejar las autopistas. Autoridades superiores, anunciaron que el levantamiento del "toque de queda" lo darían tras revisar que no hubiera nada fuera de lugar. Los que administraban restaurantes o pastelerías se ofrecieron a traer bebidas y panecillos, también hubo personal de bomberos que les acercó frazadas para que se secaran.
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—Funcionó…—comentó Helga a Arnold, una vez los dejaron medianamente a solas.
—¿Dejarás algún día de ponerte en peligro?—preguntó él, colocándole una taza de café humeante que les ofreció el padre de Gerald en la mano.
—Mejor te acostumbras. Hay algo con ser la "heroína" que seguramente se me metió en la sangre tras tantas vidas.
—¿Hillwood está fuera de peligro?
—Y todos nuestros seres queridos…—dio un sorbo a su bebida y se tranquilizó con el ronroneo de Mantecado recostado en sus piernas.
—¿Viste a mamá?—preguntó temeroso por conocer la respuesta.
—Está bien, algo lastimada y no quiere que vayas, pero otras personas saben que lo harás, es parte de tu "destino" el de ambos a decir verdad.
—¿Thea…?
—Extrañamente, no me pareció que "conectara" con ella. Había algo diferente en su aura, ¿Alma? lo que sea esa energía que normalmente la rodeaba.
—Debe ser el espíritu que pactó con ella. —se metió en la conversación Gerald, acompañado de Phoebe y se sentaron a su lado.
—Lo que sea es horriblemente violento y está furioso.
—¿Porque le ganaste en su juego?
—Porque se le acaba el tiempo, iremos a San Lorenzo. Será el fin del juego.
—Y están locos si creen que lo harán solos. —sentenció el moreno.
—Agradecemos el gesto, pero tenemos que hacerlo solos. —comentó Arnold, mirando a su hermano.
—De ninguna…—comenzó a quejarse pero Phoebe lo interrumpió.
—¿Volverán…? —los rubios intercambiaron miradas nerviosas. Demasiadas cosas podían salir mal en su visita. Desde que Anthea los asesinara, hasta que los líderes de la tribu demandaran que él se quedara. En cuatro meses sería mayor de edad y según su padre…en algún momento, los tendría que guiar. Heyerdahl, ajustó sus gafas sobre el puente de su nariz e insistió. —Helga, Arnold, prométanme que volverán. No les voy a pedir que nos lleven o que no vayan porque sé que no lo harán. Pero al menos necesito saber, si vale de algo esperar.
—Volveremos…—prometió Helga, enternecida por el cariño de su mejor amiga.
—¿A dónde irán?—preguntó Eugene, que andaba de paso para despedirse de todos.
—Mañana, a verte ganar un concurso de karaoke.—respondió la rubia.
—Estará reñido si te nos unes, cariño. —le guiñó un ojo e hizo que Arnold, pusiera los pelos de punta.
—¿Ya estudiaste para los finales?—preguntó maldosa.
—¿Estudiaste tú?
—Yo, tengo memoria casi perfecta. Puedo repasar una hora antes y aplastarte.
—¿De verdad? Tú promedio, no es mejor que el mío.
—Porque no me interesa ser un cerebrito sabelotodo, para eso está Phoebe.
—¿Y para qué estás tú?—preguntó atrevido, volviendo a hacer que Arnold estuviera a nada de arrojarle a Mantecado a la cara.
—Para golpear traseros.
—¿Entonces, quieres apostar quien termina los finales primero?
—Apostaremos, pero sé desde ahora que saldrás corriendo.
—¿Sí, por qué?
—Porque no tengo demasiado tiempo para perderlo en eso. Y solicité un examen de evaluación general.
—¿¡QUÉÉÉÉ!?—gritaron los cuatro.
—Lo que oyeron. Un solo examen, todas las asignaturas y tengo el resto de la semana para unirme a la pereza previa a las vacaciones de primavera. (En realidad, lo que tendría sería tiempo de entrenar con Arnold y salir con Phoebs y Geraldo) pese a su promesa. Sentía en su corazón que tal vez, no volverían.
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Continuará...
N/A: Me disculpo por los errores horrográficos y de edición. Ultimamente no me da tiempo para pulir los detalles y entregarles a tiempo. Sobre esto mismo, me van a tener que esperar un par de semanas para el siguiente capítulo. Sé que me mandarán asesinar. Pero mi jefe se puso rudo y sin trabajo no como. (Las croquetas de gato no nutren, ni llenan) jaja. Nos leemos en la próxima. Si quedó verdaderamente mal redactado por favor háganmelo saber para editarlo. Besos, abrazos y cositos dulces.
PD: Señorita güest con la teoría del futuro embarazo...¿Qué comes que adivinas?
