Un poco tarde pero aquí está :)
Demonio y Mujer
#5
Jaken pescó algo en un río y ella fue la encargada de juntar leña para cocinarlo. Rin revoloteó alrededor del demonio blanco mientras lo observaba en todo momento, todo esto bajo la excusa de estar buscando pequeñas ramas y paja en una zona segura. De todos los ángulos él era perfecto. Se vio suspirando cada vez que él se movía, cuando se fue a sentar sobre un tronco o cuando posó una mano sobre las empuñaduras de sus espadas para descansar. Se apoyó sobre una ramita durante el tercer suspiro y ésta se rompió, Sesshômaru se percató de su pequeño accidente y ella aparentó haberlo hecho a propósito, le dedicó una sonrisa cándida y se volteó para armar la fogata con sus orejas rojas y avergonzadas.
—¿Qué crees que estás haciendo? —resopló Jaken con su presa entre las manos, había visto todo desde la ribera del río y todavía no terminaba de horrorizarse. Las emociones de Rin se estaban volviendo cada vez más evidentes y no tardarían en explotar. Adolescencia maldita, en los humanos se resumía en feromonas mortales, algo totalmente extraño para los demonios que vivían tanto que no existía ese abismo hormonal.
—Estoy apilando las ramas —le dijo distraída, rompió a la mitad una rama muy larga y la arrojó al montón. Con el rabillo del ojo volvió a espiar a su amo. Su mano se había vuelto a mover sobre las empuñaduras en una posición más cómoda.
—¡No hagas eso!
—¿El qué?
—No mires —susurró y con su báculo encendió la fogata, aprovechó el siseo del fuego para sentarse a su lado y comentar: —. Sé lo que pretendes con el señor Sesshômaru, pero ya sabes lo que pasará. Es sabido por todos que él detesta a los humanos, su orgullo no le permitirá tomarte como compañera.
—¿Él quiere eso? —indicó esperanzada, una cosa era imaginarlo y otra, muy distinta, era la insinuación de otra persona como espectadora.
—Eso no es lo que trato de decirte…
—¡Señor Sesshômaru! —gritó la chiquilla, dejó su cena atrás y se le acercó al demonio. Tímida, le preguntó si podía sentarse junto a él por el frío que hacía. Jaken no podía creer la excusa barata que la humana le había dado, teniendo una perfecta y funcional fogata a su disposición, y menos pudo creer que el demonio haya aceptado sin problemas. Ella se apoyó en su hombro y suspiró.
Jaken se preguntó si él podía hacer lo mismo, pero algo en su mente le decía que no.
Sessho ama a Rin, ¡he dicho!, SS.
