.

Siempre que estabas aquí,
yo caminaba detrás de tu sombra,
corriendo descalza en la lluvia,
por favor, detenme.

.

Brainy golpeaba con fuerza los tambores de la batería, los dedos de Alan corrían por las cuerdas de su guitarra junto con los de Lorenzo sobre el bajo. Las notas que creaban eran fuertes, poderosas, pero nada de esto sería igual sin su Amazona. La voz de Helga era profunda, apasionada, en absoluto melancólica. Supieron que de ser la de antes, su canto sonaría a plegaría, la música estaría llena de dolor, arrepentimiento y nostalgia. Pero no percibían nada de eso. Ella, era diferente ahora.

Lo que cantaba, lo decía con orgullo, honestidad y fuerza.

.

Cuanto más intentaba apartarme de ti,
más retorcido se hacía este amor.
Palabras vacías, promesas rotas…

Ruego al viento.

.

Phoebe y Eugene gritaron tomados de las manos, histéricos y emocionados a todo pulmón. A ellos se unieron el resto de sus amigos. Difícil resultaba no contagiarse de su energía aunque Arnold, podía sentir que de entre todos, le cantaba a él.

.

Bésame suavemente y con cariño.
Nadie más que tú puede salvarme,
Nadie más que tú puede amarme.

Soy una muñeca rota.

.

—No, ya no lo eres…—pensó él para sus adentros. Tengo en mis dedos la huella de tus cicatrices. Aquella sombra que solía opacar la luz de tu corazón, me la llevé en el momento que te hice el amor.

.

Quiero que mis lágrimas descansen plácidamente.
Que la soledad de mi alma se marchite y caiga.

Soy una niña pequeña,
sola y desmoralizada.

.

—Claro que lo fuiste, pero ya no lo eres. Esa niña creció, contra todo pronóstico y oscuridad. Me encontró a través del dolor y me hizo amarla hasta la rendición.

.

Necesito tu amor,
soy una muñeca rota.

Ayúdame a escapar del dolor
con tu sonrisa, tus labios y quédate junto a mi.

.

Si, claro que se quedaría. Se lo prometía todas las noches, desde que le permitió entrar en su vida. Y lo sostendría.

.

Nadie más que tú puede salvarme,
Dios, solo te pido una cosa.
Detén este amor que me desgarra.

.

Eso no…—comentó haciendo un barrido visual al resto de músicos. Alan Redmond, lo miraba también y había una especie de amenaza en su mirar.

Él necesitaba hacer cientos de miles de méritos por aquellos años que le ocasionó de dolor y tormento. Por ser un estúpido que rechazó sus afectos en la primer confesión. Un ciego que no pensó que pudiera seguir amándolo con devoción. Un necio que se aferraba al cariño de una mujer (Lila) que jamás le daría lo que quería poseer: Amor recíproco, pasional e incondicional.

.

Necesito tu amor,
soy una muñeca rota.
Oh, nene.

Ayúdame a escapar del dolor
con tu sonrisa, tus labios y quédate junto a mi.

.

.

.

Helga, ya entonaba las últimas letras de la canción. A medida que lo hacía, se iba acercando al filo del escenario. En todo este tiempo, se había sentido con la libertad de dirigirse a su público pero su mirada, en los segundos que la enfocaba, siempre la dedicaba a él. Arnold estaba arrobado, seducido y entregado. Había fuego en sus ojos. Ella, que lo conocía en la intimidad y en casi todas las etapas de su vida, lo sabía. Contoneó las caderas y todo su cuerpo para él. Como abeja a la miel, el rubio se acercó a su vez. Phoebe y Eugene hubieran gritado hasta quedarse mudos pero Gerald les tapó las bocas con una mano a cada uno.

Harold y Patty, Rhonda y Nadine, Stinky y Sheena, Curly y Sid, además de la novia de Brainy (Violette) miraban la escena con sonrisas hambrientas, como si fuera la mejor película, la obvia cacería.

La sensual domadora y su inocente presa.

.

Necesito tu amor,
Quiero necesitar tu amor.
Soy una muñeca rota.

.

La canción concluyó y Helga dejó caer el micrófono al piso mientras "Poesía Permanente" tocaba con todo lo que tenía las partes finales de la melodía. Un estallido de tambores y cuerdas que servirían de fondo para el momento en que sin reparo, se arrojó a los brazos de su enamorado. Arnold la atrapó al vuelo, se posesionó de sus labios, apretándola contra su pecho y todos gritaron porque lo estaban esperando. Hubo flashes de teléfonos celulares. Gerald, por una vez decidió no abuchearlos pero si hubo otra persona que los señaló y despreció desde lo mas hondo de su corazón.

Lila Sawyer dijo que necesitaba refrescarse, Larry preguntó por vigésima vez en el día, ¿Si estaba segura de no amar al chico con cabeza de balón?

—Ya te dije que no es amor…

—¿Entonces, es el berrinche de alguien que tiró su juguete y recién descubre que no sabía como usarlo? —Lila prefirió no contestar aunque una parte de sí misma lo referiría así. Los enamorados se separaron, Phoebe y Eugene insistían en que la rubia se anotara en la lista para el concurso de karaoke, por su parte Gerald, tenía algo muy importante que hablar con su hermano. Cualquiera que fuera el pendiente entre él y Pataki, acababa de dejarse de lado. Los músicos anunciaron su siguiente canción, ella dejó de prestar atención.

¿No era esto lo que quería? ¿Por lo que se había apartado? Concederles su felices para siempre. —¡Si!— ¿Y entonces por qué le dolía tanto?

Entró en el baño, atrancando la puerta y miró su reflejo en el espejo cuadrado. Sus ojos estaban rojos, casi al tono de sus cabellos y su maquillaje comenzaba a correrse a causa de esto.

¿Lloraba por amor o desamor? ¿Siete años después descubría que siempre si quería su amor? ¿Qué era lo que imaginó en San Lorenzo, cuando le dijo a Arnold que aceptara sus sentimientos por Helga y al final resultó que no lo hizo?

Abrió la llave del lavabo, limpiando su cara, dejando el agua correr para que ocultara en un mínimo su llanto y se permitió caer hasta abrazar sus piernas y colocar la espalda contra la puerta.

Eso de la confesión, era mas bien un decir pues resultó que se enfermaron. Los encontraron desmayados, uno al lado del otro y para cuando reaccionaron, ninguno recordaba lo que les había pasado. Ni como salieron de la Selva o encontraron a los padres de Arnold.

Su trato se volvió insípido y distante. La rubia parecía escapar como animal herido de él y éste, aunque fingía indiferencia, la miraba por ratos y después se perdía. Al observarlos durante un par de semanas en tan tortuoso afán, se atrevió a preguntarle a Shortman por su "relación" con Pataki, éste se encogió de hombros y respondió: ¿Cual relación?

.

—Solo somos amigos, Lila.

—¿Como nosotros? —insinuó coqueta, llevando un mechón de cabellos sueltos a la parte trasera de su oído.

—No…, yo esperaría que fuera mucho más intenso lo nuestro…—el rubor coloreó sus mejillas, el nerviosismo dominó sus movimientos.

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Así es como supo que efectivamente, se había olvidado de su repentino enamoramiento por Helga, pero…¿Lo habrá olvidado ella?

El temor.

Lo que había en riesgo y que no era otra cosa mas que su amistad. No le permitieron hacer ningún movimiento. Entraron a la secundaria, Arnold insistió en invitarla a salir y ella accedió con la esperanza de ver en él, lo mismo que vio cuando miraba a Helga en San Lorenzo.

No era agradecimiento, ni felicidad. Estaba absoluta y totalmente deslumbrado por ella, como hace un momento al verla lucirse en el escenario: sensual, atrevida y plena.

La amaba…

Como toda mujer desea ser amada.

Como ella quería ser amada.

.

.

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Unos golpes contra la puerta, una voz masculina preguntando ansiosamente "si estaba ocupado" y ella se aclaró la garganta para decir que sí.

—¡Ahora salgo!

—¡Tomé seis cervezas!

—¡Cruza las piernas!

Levantó el cuerpo, corrigió su atuendo, retocó el maquillaje con los utensilios de su diminuto bolso y se recordó de manera interna que realmente. No fue tan malo, ni tan breve "el momento" que compartió a su lado.

Salieron muchas mas veces de las que llevaba con Larry, platicaban de todo y a la vez nada. Arnold, no era tanto de hablar, sino de escuchar y ella solía terminar por narrarle las novelas que leía pues se les agotaban los temas con exasperante facilidad.

Él era un soñador, todo el tiempo se la pasaba en las nubes, ella era una mujer de campo que llegó al pueblo con deseos de grandeza. Lo suyo era conquistar el escenario, debutar en el teatro, tener amante tras amante, hasta encontrar alguno que la mirara como se miraban, Helga y Arnold.

Salió del baño con firme taconeo, el "urgido" era Sid y ella quería saber ¿Cómo hizo para empinarse seis cervezas en tres cuartos de hora? volvió a donde la música sonaba estridente. El micrófono estaba ahora en labios de Alan, su voz era fuerte, atrayente y la habría disfrutado de no ser porque al parecer, cantaba para "ella"

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Prohibida,
mi alucinante líquida ninfa,
frágil y tierna, sombría, excesiva
entre tus besos y entre mis besos la mentira.

Prohibida, mi amorosa fruta podrida,
mi anfetamina de pasiones, erótica, loca,
y dolorosa princesa prohibida.

Prohibida,
Prohibida,
Prohibida.

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Las ultimas tres "prohibidas" las pronunciaron aleatoriamente Brainy, Lorenzo y Alan, ella sintió una irracional pizca de celos pero todos al parecer estaban encantados con la idea. Una chica gótica que no conocía de nada, se sacó el sostén del vestido y lo arrojó a la cara de Brainy, todos gritaron enloquecidos, ella buscó a los "enamorados" o a su novio con la mirada. No estaban juntos, Arnold continuaba con Gerald, Phoebe con Helga, arrastrándola a la parte mas apartada, que naturalmente era donde se encontraba Larry.

Las siguió.

El siguiente tema musical, era de Lorenzo para Rhonda.

Los gritos aumentaron de poderío, el calor estaba a nada de hacer que le sudara hasta la conciencia. Su majestad Lloyd se puso mas pálida que la muerte, su mejor amiga Nadine le echaba porras desde atrás pero su acto de "amor" se vio interrumpido por uno desesperado de Curly.

—Aún frente al riesgo de ser abucheado y golpeado hasta la inconsciencia, mi querida Reina…—se arrodilló frente a ella, tomando su mano izquierda. Alan tuvo que agarrar a Lorenzo por la fuerza para que no se bajara del escenario y le rompiera el bajo en la cara al pobre chico raro. Hubo un silencio sepulcral por parte de los que estaban mirando pues lo que no, como Harold, Patty y Sid que atacaban la barra de bocadillos y la del Bar respectivamente, continuaron en lo suyo.

—Thadeus, por favor…—suplicó la morena, intentando entre forcejeos recuperar su mano.

—Sólo soy un simple esclavo de tus deseos y antes de permitirle hablar al que evidentemente es dueño de tu corazón, quisiera exponer lo que en "nuestro rompimiento" no me dejaste decir…

—¿Hel…?—suplicó Rhonda en un susurro apenas audible, pues solo se le ocurría la rubia con sus modos arrebatados y furia indómita para quitarle a Curly de encima. El moreno de gruesas gafas no se dejó intimidar a pesar de que en el escenario ya se había unido Brainy a Alan y entre los dos inmovilizaban a Lorenzo.

—Siempre supe que no era lo suficientemente digno de tus afectos y aunque fue breve, he de decir que nunca en mi vida he sido más feliz. Deseo que ustedes también lo sean, que tú lo seas y por eso. No me interpondré en su relación. A no ser que te rompa el corazón en cuyo caso, recordarás que solía hacer rituales espirituales en el cementerio con huesos viejos y tierra fresca.

—¿Qué…?—espetó Rhonda, Curly se limitó a besar la superficie de su mano y tras obsequiarle una reverencia (digna de cualquier vasallo a su señor Feudal) se apartó junto con el resto.

Los grillos podrían haberse escuchado, también el frenesí con que los glotones se llenaban a satisfacción pero fue otra vez, esa chica nueva la que los hizo salir a todos de su estupor.

—¡SIGAN TOCANDO, AMOR! ¡ME ESTOY ABURRIENDO!

Brainy reaccionó al grito de su mujer y luego de palmearle la espalda a su amigo, volvieron cada cual a su lugar. La canción que escribió para Rhonda, se llamaba:

.

Beso apasionado.

Besémonos y terminemos con esta farsa.

Dejemos de escuchar todas esas mentiras
y ardiendo en deseo entrégate a mi.

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—Eso fue intenso…—comentó Gerald a Arnold. El rubio asintió pues por un segundo pensaron que la fiesta terminaría en pelea. Bebieron de sus vasos cortos, la cerveza fría sabía a gloria pero no era eso lo que compartían. La barra del Bar tenía de todo (en auto servicio) desde ron hasta whisky y ambos gustaban del viejo y conocido Jack Daniel's

—¿Entonces, les retiraron el castigo?—preguntó Arnold.

—Que va, Helga le enseño a Phoebs como escapar de su casa hace siglos. Yo me escabullí de la misma manera. Ya sabes, cuando está el idiota de Jamie'O, el mundo gira alrededor de su cabezota y el Mustang lo estacionamos en otro lado porque necesitan el espacio para su flamante auto así que "espero" y no se enteren de mi acto.

—Convives con dos oficiales de policía.

—¡Ya lo sé! pero sólo se vive una vez. Además, necesitábamos ayuda para tirar esa estúpida página de internet.

—Sabes que Helga…

—No lo hizo con saña, ni yo tampoco. Es sólo que necesito saber quien es el imbécil con exceso de tiempo libre.

—Lo entiendo, pero podrías haberlo pedido un poco mejor.

—¿Ahora me vas a venir con que es delicada?

—No…

—¿De verdad? ¿Qué tan ruda es en la cama? —Arnold, escupió el sorbo que recién había dado a su vaso, Gerald comenzó a golpearlo en la espalda a la vez que insistía en la pregunta.

—¿Es una furia loca, salvaje e indómita?—por cada palabra pronunciada Arnold tenía muchos más problemas para respirar. Su amigo lo tomó por las solapas de la camisa y lo arrastró hasta colocarlo contra la pared, junto a una de las bocinas. Ahí nadie los escucharía y esperaba que tampoco lo vieran.

—Oh, vamos Arnie. Dame detalles.

—Tú no me diste detalles y por lo que estoy entendiendo hace tiempo que lo haces con Phoebe.

.

Sé que estás pensando lo mismo,
puedo ver que lo pides a gritos.

No con palabras, tampoco detalles,
Son tus silencios, tus escapes.

.

.

.

La misma conversación se llevaba a cabo al otro lado del sótano, entre las dos amigas.

.

—¿Cómo te lo iba a contar, si no tenías nada que aportar?

—¿Perdón?—se ofendió la rubia. —Discúlpame, por "casi" llegar virgen a la tumba.

—No es eso, es solo que es…algo demasiado íntimo.—confesó Heyerdahl y Pataki habría jurado que a parte del rubor en sus mejillas, sus lentes se empañaron.

—¿Y si lo entiendes así, como esperas que te lo diga?

—Porque es importante, porque son ustedes, porque lo has esperado tanto que sólo quiero saber si…

.

Ojos mirando en la oscuridad,
atraídos por el deseo a la inmoralidad.

Puedo sentirlo en tu cuerpo,
ese deseo, entrégamelo a mi.

.

—¿Cumplió tus expectativas?—intentó Gerald desde otro ángulo. Arnold cruzó los brazos a la altura del pecho y meditó.

¿Expectativas en cuanto a hacer el amor? Si prácticamente cumplió todas y cada una de sus fantasías. La sonrisa de idiota, además del rubor en sus mejillas y las pupilas a medio dilatar, le dieron a Johanssen la respuesta que quería. Palmeó la espalda de su amigo y le dijo que fueran por otra bebida, debían brindar por esto. "El amor pasional, carnal, la maldita y bendita reciprocidad"

.

Besémonos hasta asfixiar todas esas voces,
que más da, si está bien o si está mal.

Si no puedes venir,
Yo iré a ti.

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—Claro que lo hizo…—contestó Helga con las mejillas incendiadas, llevando su mano izquierda a la mordida en el hombro diestro. Su amiga, se extrañó por el acto pero en un movimiento involuntario, propio de la intimidad de lo que estaban hablando, Helga levantó su mechón de cabello y le permitió ver la "marca" de Arnold.

—¿Quién lo diría? el Samaritano Shortman, es posesivo…—aplaudió la morena. Aunque de manera interna, ya lo sabía. Cuando los encontró en su casa o mejor aún, mientras visitaron la de Gerald, él la beso hasta romperle el labio inferior. Le gustaba dejar en claro que Helga era suya. (y a pesar de que en sus comicios le preocupó. Llegados a este punto en verdad, le gustó) Humedeció sus labios antes de beber el líquido amargo, ellas tomaban vodka, chocaron sus vasos a la salud del momento y al pasar el trago pensó en las marcas que le dejaba Gerald.

Los hombres eran primitivos, básicos…

—También es tierno, romántico y muy pero muy ardiente…—Phoebe sonrió ante la emoción de su amiga, dispuesta a escuchar todos los promiscuos y deliciosos detalles.

En el escenario Lorenzo y Rhonda formalizaban su relación, un nuevo beso fue entregado aunque los envidiosos no faltaron.

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—¡HEY! ¡LOS SOLTEROS TAMBIÉN TENEMOS DERECHOS! —gritó Sid, secundado por Nadine, Eugene y Curly

—¡ES LA NOCHE DE LAS PAREJAS, ASÍ QUE SE JODEN!—gritó Lorenzo, ignorando el hecho de que había otro soltero en su agrupación.

—¡EMPIECEN CON EL KARAOKE!—exigió el pelirrojo.

—Lo siento, no ha llegado nuestro DJ —anunció Alan por el micrófono.

—¿Quién es…?

—Tú lo invitaste, Wellington —le recordó Redmond

—Y aquí ha llegado…—Peapod con sus cabellos castaños peinados hacia atrás, una camisa de vestir roja, pantalón negro y zapatos deportivos del mismo color intenso, llegaba junto con una espectacular pelinegra de vestido primaveral rosa pálido. Nadine sintió por dos centésimas de segundo que el aire le faltaba en los pulmones pero esa chica se apartó rápidamente para dirigirse a la gótica de mechas violeta.

Su antiguo compañero de escuela saludó a todos con una tremenda sonrisa y se disculpó por la demora.

—Lo siento mucho, olvide que las carreteras para llegar hasta aquí son una auténtica desgracia.

—¿Dos años en el exilio y ya niegas la tierra que te vio nacer?—preguntó Rhonda con sorna.

—No niego nada, si lo hiciera no estaría aquí…—saludó a la morena con un apretón de manos y no perdió el tiempo en preguntar por su amiga.

—¿La hermosa Nadine, vino como prometiste?

—Encuéntrala tú mismo, pero ya sabes cual es el precio.

—¿Me paso de listo y le das mi nombre a los Sicarios que contrató tu padre para su seguridad personal?

—Correcto.

.

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"Poesía Permanente" se despidió con una ultima canción en lo que Peapod acomodaba su equipo de audio para el concurso. Nadine se ofreció a ayudarlo, así se ponían al tanto de lo sucedido en los últimos años.

Los primeros en la lista de karaoke eran Harold y Patty, cantaron una canción en conjunto que hizo estremecer corazones y llorar de manera interna a personas cursis y sentimentales como Helga.

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Qué puedo hacer por ti,
que puedo hacer, que nadie hará por ti.

Oyeme, eres divertido,
nunca planee que fueras tú, tan entretenido.

Eres genial, amo tu canción.
Me gusta ver, lo que puedes hacer.

Cantamos los dos.
Oh Ouooo...

.

—¡Amo esa jodida canción! —gritó a Phoebs cambiando abruptamente el tema de su conversación.

—Lo sé…—concedió la morena ajustando sus lentes.

—Es demasiado perfecta.—insistió mirando a la acaramelada pareja.

—Si fueras más "abierta" pudieras pedirle a Arnold, que cante junto a ti.

—¡Jamás!

—Entonces, regresemos a donde estábamos. ¿Hiciste pruebas de resistencia?

—¿¡QUÉ!?—inquirió entre sorprendida y aterrada hasta la médula.

—Ya sabes, para determinar cuanto tiempo permanece "duro" antes de eyacular.

—¿A...caso las hiciste tú?—preguntó mirándola como si apenas la conociera.

—Mi interés fue meramente científico...—contestó ultimando de un solo sorbo su trago.

—¡AHHHHHH! ¡PHOEBE, BASTA ME ESTÁS MATANDO! —ese grito se escuchó por todo el sótano (aún a pesar de la música)

.

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.

—¿¡De qué demonios estarán hablando esas dos!?—preguntó Arnold, mirando a su histérica novia, que para estas alturas parecía esforzarse por no asesinar a la otra. Gerald, le restó importancia al asunto. Después de todo conocía muy bien a ese par.

—Déjalas, están en "su mundo" lo imagino como Wonderland, pero la versión lésbica inventada por CLAMP

—¿Qué clase de películas ves tú Gerald?

—Las normales.

—Cómo no…

.

.

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Por su parte, los "Poetas" se habían reunido con Violette, la chica que llegó junto con Peapod era su hermana Scarlet.

—¿Me puedes decir de una maldita vez por qué llegaste con un completo extraño?—reclamó poco después de que todos se hubieran presentado.

—Me lo encontré en la puerta, ahora tú dime ¿Por qué te saliste de la casa mientras me estaba bañando?

—Porque literalmente, te tardas "tres horas" en alistarte y además no estabas invitada.

—¡Él me invitó!—gritó señalando a Brainy, quien solo asintió con un movimiento de rostro.

—De acuerdo, pero la próxima vez que decidas venir. Hazme el favor de no vestirte como muñeca, hermanita.

—No todas gustamos de lucir como la esposa de Drácula. (señaló en referencia a su vestido corto de encaje negro, sin mangas) Además, no vine a ver como se ensalivan, sino a robar comida...—contestó con una sonrisa traviesa mirando el extenso espacio a su alrededor. Alan se sintió en la obligación de anunciar donde estaban los bocadillos. Junto a la rubia (dueña de sus suspiros) que se llenaba la boca con comida y bebida a la vez que charlaba con su mejor amiga.

—¿No les importa que vaya, cierto?

—En absoluto.—concedieron todos pero Violette, seguía perturbada por la presencia de su hermanita.

—¿Qué hiciste, seguir las huellas de la moto?

—Vi, te he explicado hasta el cansancio que existen dos cosas maravillosas llamadas UBER y GPS, tu celular tiene esto último. Cada vez que te pierdes y mandas un maravilloso mensaje anunciando "Que al fin encontraste la entrada a la fortaleza de Vlad Tepes en Valaquia" rastreamos tu ubicación para localizarte. Si dejaras de vivir en tus libros de época victoriana, recordarías que estamos en el siglo XXI y que las mujeres usamos sostén.

—Ahh, esa parte la recuerdo. Es sólo que hoy me puse uno tuyo y apretaba como el infierno...—Brainy que tenía la sedosa prenda de lencería, celosamente guardada en la parte interna de su chaqueta la sacó de inmediato y se la arrojó a Alan, el chico con excelentes reflejos la atrapó entre sus manos y no dudó en extenderla para apreciarla.

—¡DAME ESO! —gritó Scarlet recuperando su sostén y metiéndolo en su bolso para la burla de su hermana. Alan se ruborizó por completo, era una prenda muy linda con encajes y detalles en color contrastante.

—Violette...¿¡CÓMO PUDISTE!?—gritó Scar saltando al cuello de su hermana.

—Creí que te gustaba exhibirle tu ropa interior a Brainy…—el aludido comenzó a pensar que mejor corría y se escondía.

—¡Eso fue un accidente, sucedió una sola vez y la culpa es tuya!

—¡Te avisé que se quedaría en casa!

—¡Y yo que no tenía donde pasar la noche! Agradece que no duermo desnuda…

—¿Tú eres Rhonda, cierto?—preguntó la gótica de mechas violeta a la morena que estaba muy entretenida con todo el drama. Wellington asintió con un movimiento de rostro.

—Bueno, ella es Scarlet. Tiene dieciséis años, ha vivido aquí durante toda su vida pero aparentemente no tiene un solo amigo que de vez en cuando le de acogida. ¿Te importaría recibirla?—Rhonda aseguró que no tendría problema en hacerlo pero la chica se ofendió.

—¡¿Por qué tengo que irme yo?! ¡Ustedes páguense un hotel!

—Yo pago los servicios de la casa, hermanita. Viviré en el siglo XVII pero en ausencia de mamá y papá, sigo estando al mando.

—¡AHHH...MUERO POR DESHACERME DE TI Y QUE TE LARGES A LA UNIVERSIDAD!

—Yo también, ahora dejar llorar y vete a buscar algo de comer.

—¡No te traeré nada!

—¿Ni una cerveza?

—¡Me la tomaré en el camino!

—A Brainy le gusta oscura.

—Que sorpresa…—los chicos se impresionaron por el "trato entre hermanas" Alan volvió a sentir la necesidad de acompañarla y ayudarla con las bebidas pues Rhonda y Lorenzo también pidieron las suyas. A medio camino de eso, escucharon a Sheena hablar por micrófono.

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.

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—Este tema se lo dedico a Eugene aunque aclaro, que no hay resentimiento alguno…—quienes la escucharon pensaron que no sería necesario aclarar este punto a no ser que efectivamente, estuviera ardiendo en su jugo.

La canción era una oda a la disfunción eréctil.

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Ojalá que no puedas,
que cuando lo intentes no se levante,
esa pasión que no quisiste darme...

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La totalidad de hombres en el sótano miraba a la morena desgarrar sus cuerdas vocales con pasión y dolor a la vez que de manera interna, le decían a su "entrepierna" que no escuchara, ni se creyera una sola palabra.

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Ojalá que no puedas,
que nunca jamás puedas,
explotar de pasión desbordante.

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—Dios, —comentó Helga. —Eso suena como algo que Miriam le dedicaría a Bob.

—Pobre Sheena, debe estar sufriendo mucho. —aseguró Phoebs.

—¿Pobre de ella? ¡Pobre de Eugene! —remarcó la rubia defendiendo a "su hijo" El pelirrojo no cabía en sí mismo del asombro. Además, ¿Qué ella, no estaba saliendo con Stinky? Lo buscó con la mirada, Peterson tenía una endemoniada sonrisa en la cara. ¿Así que era una burla? ¿Una forma de humillarlo públicamente? ¿Por ser gay o por qué? —¡Esto no se quedaría así!— Apretó sus puños y fue directo con Peapod, no le importaba quien siguiera en la lista, él quería cantar una canción.

—No me hago responsable si se terminan matando.

—No morirá, sólo me las va a pagar.

—De acuerdo, pero ya tengo preparada la siguiente pista. Tendrás que esperar otro turno.

—Bien.

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Stinky era el siguiente en "debutar" le dedicó su canción a Helga y todos los presentes revisaron la salida de emergencia (que era la única existente subiendo un corto camino de escaleras) además del extintor que debía estar ahí desde que se construyó el sótano y que no había sido utilizado jamás. También se aseguraron de que Pataki no tuviera demasiados objetos punzo cortantes a la mano, pero estaba parada junto a la barra del Bar complaciendo su paladar y Alan sintió que sus preciadas botellas de alcohol, pronto terminarían rompiendo la cabeza de Stinky o cortando sus venas con suma dedicación.

El tema de su elección fue:

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Maldita,
te enamoró mi corazón
y ahora mira como me lo quitas.

Estoy perdido en un mundo que se marchita.

Maldita,
Maldita tú.

Y el aire que respiro ya no es aire,
Ata tus manos para que no dañes a nadie…

.

.

.

—¿Los dejaremos vivir, mamá? —preguntó Eugene, rojo de ira al tono de sus cabellos.

—¡Por supuesto que no!—exclamó la rubia.

—¿Cantarías conmigo?—ofreció extendiéndole una mano.

—¡Que se arrepientan de habernos conocido! —se dirigieron hacia Peapod que ya se estaba esperando algo como eso.

—Insisto en que no me haré responsable por daños colaterales. —declaró en tono calmo.

—Si, si, ¿Quieres que te firmemos una responsiva para librarte de cargos o qué?—preguntó Helga.

—Sólo pon la maldita canción. —demandó Eugene, casi tirando de los cabellos del DJ.

—No se pongan violentos, suban al escenario.

Los chicos obedecieron y Phoebe no pudo creer que su amiga no tuviera reparos en humillarse públicamente con Eugene, pero que sí le costara la vida pedirle una canción a Arnold. Suponía que el sentimiento o el nivel de "intimidad" no era el mismo.

.

Si te vas,
Vete gritando
Quiero saber que me quisiste,
Que me vas a extrañar.

Con los ojos vendados me quedo,
extrañando el olor de tu pecho,
lavo en el suelo estos gritos que buscan el miedo.

Por favor voltea y dime,
que el amor que me tienes existe,

Que mañana vendrá la resaca a golpearte en la cara.

.

.

.

—No creo que este sea el correcto espíritu de la "fiesta" —comentó Arnold, pues todos los chicos, incluyendo a su "hermano" estaban aplaudiendo a esos dos. La pareja retadora, es decir: Stinky y Sheena, se subieron otra vez, bajándolos prácticamente de una patada.

—¡Ya sabes que hacer, Peapod! —gritaron a una sola voz. El moreno de gafas transparentes se limitó a subir los pulgares en un notable. "O.K"

—¿Bromeas?—respondió Gerald. —Mira sus caras, están "jugando" no lo dicen en serio.

—¿De verdad piensas eso?—el rubio observó aleatoriamente a cada pareja. Si bien había un fuego de "mutuo desprecio" en su mirar éste se parecía bastante a la forma en que se trataban "Gerald y Helga" se fastidiaban en el mas crudo sentido de la palabra. Pero no para herirse, sino para divertirse.

—¿Están listos?—preguntó Peapod y todos gritaron enloquecidos. Lo que cantaron para calmar las aguas y dejar en claro que su pequeña venganza había terminado fue:

.

Morena mia.

Si esto no es felicidad,
que baje dios y lo vea
y aunque no se lo crea,
esto es gloria.

Y por mi parte pongo el arte,
lo que me das, dámelo y dalo bien.
Un poco así y un poco

¿A quién...?

.

Su "actuación" vino acompañada de baile, seducción y coquetería. Algo parecido a lo que hicieron Harold y Patty, entonces Phoebs volvió a sugerirle a Helga que diera su brazo a torcer y cantara con Arnold.

—Ya te dije que no.

—¿Demasiado sacrificio?

—Cantar es para mi, lo mismo que "declamar" ¿Me pides que desnude mi alma y mi corazón con él a mi lado? Me moriría en el acto.

—Seguro que te revive con un beso apasionado.

—¡Si tantas ganas tienes, canta tú con Geraldo!

—Espera mi turno. —Helga miró un leve destello de maldad en los ojos de su amiga pero más tardo en pensarlo que en lo que llamaban a la siguiente persona en la lista.

.

.

.

Violette cantó para Brainy un tema bastante suyo...

.

Te honro en el espanto de una perdida alcoba
de nigromante en que tu yerta faz se arroba.

Mis besos te recorren en devotas hileras,
encima de un sacrílego manto de calaveras.

Será una noche erótica, en esta luna erótica.
En esta luna erótica, será una noche erótica.

.

—O.K...¿Quién de ustedes, dijo que me adopta?—preguntó Scarlet mirando a todos los amigos de su hermana. Rhonda iba a decir que ella, pero en un impulso involuntario y cordial el dueño de la casa, le ofreció su morada.

—Puedes venir siempre que quieras…—sus amigos lo miraron impresionados. ¿Al fin se olvidaba de Helga? Chocaron sus copas a la salud de eso, la chica de larga cabellera negra y hermoso vestido plisado agradeció la invitación pero obviamente, la rechazó.

—Lo siento, pero creo que me sentiría más cómoda con ella.

—Llámame Rhonda, querida y si. Siempre que se pongan de insolentes puedes venir a verme.

—A menos que ellos dos también estén de insolentes. —acotó Alan, señalándola junto con Lorenzo.

—Vete a buscar un hueso que roer, Redmond.

—Y tú un bozal, Wellington.

La heredera de los Lloyd pensó en replicar, sin embargo regresó Violette y Peapod anunció que la siguiente en su lista era "Phoebe Heyerdahl, cantando una vez más para Helga G. Pataki"

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Todos dejaron de hacer lo que hacían para prestar atención a su show. La diminuta y sensual encarnación del mal, no dudó en alejarse de su asesina y psicópata amiga para subir al escenario.

—¿¡Qué vas a hacer!?—gritó Helga a todo pulmón.

—Se llama venganza por convertirme en la atracción porno de la internet.

—¡PHOEBE!—amenazó.

—Cierra el pico o te dedico un popurrí.—Helga se calló de inmediato (para la burla de toda su audiencia) y se acercó a la única persona a quien se la podía cobrar. Arnold, la envolvió entre sus brazos. A decir verdad, ni él se imaginaba la clase de venganza que se pudiera cobrar Heyerdahl.

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Ella dice que a todo su amor
lo han dejado ya muy acostumbrado
a olvidarlo sin explicación.
A dejarlo roto y solo en la playa cuando sale el sol.

Y es por eso que ella es mala.

Y es mala como la soledad,
mala como el amor que tú me das.
Mala como tú conmigo,
mala como yo contigo.

Es mala como todo cuando aquí estas,
mala como tenerte que olvidar.
Mala como tú conmigo,
mala como yo contigo.

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La asiática terminó su canción y se bajó toda linda y tierna del escenario entregándole el micrófono a Lila, pues según recordaba, se anotó después de ella.

—¿Te gustó...?—preguntó a la rubia con una sonrisa diabólica. Helga habría dicho que ella "no era mala" pero ni su madre se lo creería.

—Bruja.

—¿De verdad? Te iba a cantar "Rata de dos patas"

—Que...bueno que me quieres.

—¿Quién más que yo? —Phoebs aceptó el abrazo de su novio. Lila se estaba acomodando en el diminuto espacio, la canción de su elección era de Tylor Swift "Blank Space" y se la dedicaba a Larry a pesar de que el moreno seguía enfurruñado, parado en su esquina y tratando de ahogarse en licor.

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El amor es un juego,
y yo quiero jugar.
Dinero, traje nuevo y corbata.
Te puedo leer como una revista.

¿No es divertido, como los rumores vuelan?
Y sé que has oído hablar de mí.

Así que bueno, vamos a ser amigos
Y vamos a ver cómo termina esto.

Agarra tu pasaporte y toma mi mano.
Yo podría hacer que todo lo malo
pase por bueno un fin de semana completo.

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—Y eso es todo lo que tendremos…

Eugene, quien era el más próximo a Lawless no evitó escuchar esto último. Lo miró de reojo y le siguió pareciendo que era un chico demasiado apuesto. Suspiró para sus adentros, era evidente que tenían problemas de pareja y que a uno le importaba más que al otro.

Lila, no lo miraba a él mientras cantaba, veía a Arnold pero absolutamente nadie se enteraba de nada. Cada quien estaba en lo suyo, los "Poetas" y las chicas nuevas en una mesa platicando, bebiendo y riendo. Harold, Patty, Sheena y Stinky se habían apoderado del único sillón largo, las bebidas entre sus piernas, algo de botana también. El capitán del equipo de Judo debía de estarles narrando como pulverizó a algún adversario puesto que hacía ademanes con las manos y todos veían impresionados. Nadine estaba con Peapod, acercándole palomitas de maíz a los labios, Sid y Curly se habían sentado en el piso con dos six de cerveza y jugaban algo que parecía Yugi-oh, sus "papás" y los Johanssen estaban discutiendo algo que al parecer, sólo les competía a ellos y en conclusión la pelirroja terminó su atrevida canción y por dos minutos completos reinaron los murmullos, las carcajadas y el cómodo silencio, roto por la cristalina risa de Nadine, tras un comentario picante del que juraría, terminaría siendo su novio al final de esta velada.

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—No se duerman, chicos y chicas. Siguen Arnold Shortman y Gerald Johanssen.

—¡YA DIJE QUE NO!—gritó el rubio a todo pulmón.

—¡Oh, vamos viejo! Hasta la gótica sexy cantó.

—¿Sexy?—lo pellizcó Phoebe, Gerald se disculpó por ser tan idiota y le pidió a Helga que le ayudara a convencer a su novio.

—¿Como regalo de cumpleaños, amor?

—Para eso te pensaba llevar a la playa.

—¡Ahhh! —gritó Gerald. —¡Vamos a cantar, antes de que me hagas pensar en ustedes dos nadando desnudos! —lo jaló del brazo para subirlo a la fuerza al escenario.

—¡Pero ya les dije que no sé cantar!—se resistió como gato cuando lo vas a bañar, aferrado con uñas y dientes a una de las columnas.

—Si no convences, distrae…—comentó la rubia, abriéndole cuatro botones de la camisa. Su relicario dorado en forma de corazón salió a la vista, además de la mordida que le dejó en la tetilla. No hubo tiempo para cerrarla otra vez. Gerald se lo llevó a rastras y Helga pensó que tal vez, no era tan notorio.

—¿Así que…tú también eres posesiva?—preguntó Heyerdahl con una sonrisa tremenda.

—¿¡Se ve demasiado!?—inquirió abochornada hasta la médula.

—Lo tenía a mi lado, así que dudo que alguien más vaya a notarlo…—Helga se llevó ambas manos al rostro, Phoebe se las quitó. —Anda, ya quita es cara, juro ante Dios que no verán nada, todos estamos ebrios y muero por saber lo que van a cantarnos ese par de tarados.

—De acuerdo.

El tema de su elección fue "Bailando" de Enrique Iglesias, la voz principal estaba a cargo de Arnold, los coros los hacía Gerald, porque según él nació para acompañar esa pieza.

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Con tu física y tu química
también tu anatomía
La cerveza y el tequila
y tu boca con la mía.

Ya no puedo más,
Ya no puedo más.

Con esta melodía, tu color, tu fantasía.
Con tu filosofía mi cabeza está vacía.

Y ya no puedo más,
Ya no puedo más.

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Los gritos e insinuaciones no se hicieron esperar. Para todos era "evidente" que las parejas ya se habían "disfrutado" pues se miraban con todo, menos decoro. Al terminar, bajaron eufóricos del escenario, Gerald comiéndose a Phoebe a besos y Helga habría hecho lo mismo de no ser porque Lila se metió en su camino tropezando "accidentalmente" con Arnold, le derramó su bebida en la camisa, el rubio le restó importancia, pero ésta insistió en limpiarlo con las manos.

Larry ladró algo desde su esquina que solo Eugene escuchó.

—¡Lo ves, sí lo ama!

Los que observaban, por tercera vez en la noche intercambiaron miradas nerviosas y es que Helga quedó como idiota, mirando aquel insufrible manoseo que el despistado de Arnold, no sabía frenar.

Entre más se disculpaba la pelirroja, más tomaba el relicario de oro en sus manos, la fotografía interna ya no era de Arnold con su uniforme de fútbol soccer, sino una de la Amazona con sus cabellos rubios atados con aquel viejo listón rosado. (Se la obsequió Gerald con la condición de que no preguntara de dónde la sacó y él la aceptó porque se veía realmente bella) Pataki cerró el puño izquierdo, más de uno pensó en ir llamando a emergencias pero tan pronto como Lila devolvió el relicario a su dueño, notó la mordida en su tetilla.

Un instinto animal se apoderó de ella, producto de los celos, la insatisfacción y del "no haber llamado en todo el día la atención" Giró sobre las puntas de sus zapatos y le descargó tremendo bofetón a Helga.

Los chicos en general ahogaron un grito. Violette y Scarlet jalaron un bote de palomitas y le echaron Salsa Valentina extra picante, el rubio salió de su estupor y jaló a la pelirroja por la mano diestra.

—¡Lila…!—reprendió en sonora voz. Sin embargo, su novia encontró el coraje y la determinación.

—No te metas, Arnold. Esto es entre ella y yo.

Lila reaccionó de su "trance" reconoció lo atrevido de su acción pasando saliva por la garganta y sintiendo los dedos arder por la fuerza con que la golpeo. No iba a retroceder, disculparse o reconocer que "había sido un error" por el contrario, apretó el puño y levantó el rostro a sabiendas de no tener ninguna oportunidad contra Pataki.

—¿Eso es lo mejor que tienes?—preguntó la rubia colérica.

—¿Qué…?—respondió vaciando sus pulmones y buscando una posición defensiva. (animaba a los chicos de judo. ¿Algo de eso se le tendría que pegar, no?)

—Que si vamos a pelear por Arnold, más vale que golpees tan fuerte como sea el amor que sientes por él. Porque esa es la exacta manera en que yo lo haré. —Sid y Curly susurraron que ahora si, la enviaría a la tumba. Los demás sentían lástima por el piso, el vestido de Lila, la bonita blusa de Helga, la preciosa cara de la pelirroja, pero en general creían que se lo merecía.

Arnold y Helga, anunciaron su noviazgo muy formal hacía más de dos semanas, la misma Lila defendió a la otra de su estatus de zorra y hasta creyeron que había hecho las pases con Shortman, se les había vuelto a ver en plan de amigos por los pasillos y salones. Creyeron que todo entre ellos estaba "bien" pero es evidente que solo fue una pantalla y nada más.

—¿Contigo todo es pelea, no es cierto?—criticó airosa.

—Si, pero eso ya lo sabías. Así que no entiendo, qué te dio por manosear a mi novio.

—¡ME DECEPCIONAS! ¡ERES EXACTAMENTE LO QUE DICEN LOS RUMORES DE LA INTERNET!

—¿Qué...?

—¡¿CÓMO TE ATREVES A MARCARLO Y A PRESUMIR DE LA MANERA EN QUE TE LO HAS TIRADO?!

Todos sudaron frío, Alan necesito demasiada fortaleza interna para no salir corriendo. Podía con esto, de verdad, él podía con esto. Ya lo estaba superando, nueve shots de tequila hasta perder la conciencia y mañana estaría como nuevo.

Helga sonrió con malicia, se quitó la coleta de cabello del hombro y hasta se bajó el tirante de la blusa para que todos pudieran ver mejor. (Una preciosa mordida que en su piel blanca se veía casi latente y ardiente) Lila se quedó sin aliento, Alan sintió el impulso de cerrar los puños y golpear lo primero a la vista ¿Pero qué derecho tenía, si ella lo había elegido?

—Así nos gusta "hacerlo" —declaró con orgullo. —Y lo otro, era una conversación privada a la que no recuerdo que Phoebs o yo, te hayamos invitado. ¿Tienes celos, Señorita perfección? ¿Que no fuiste tú, la que dijo que se acuestan los que quieren hacerlo? Bueno, él es mío y si quieres te dibujo un esquema de las posiciones en que lo hemos hecho.

—¡Eres una mujer sucia corriente y vulgar!

—A mucha honra y por eso insisto. Si quieres pelear por él, lanza tu mejor golpe.

—¡No soy como tú!

—Eso es evidente, ¿Qué te pasó cuando salías con Arnold, te detuvo el miedo?

—¡NO!

—Yo creo que sí, porque lo tenías en la mano y no me explico por qué, ni siquiera llegaste a besarlo…—los susurros de todos comenzaron a reverberar. Con las manos al fuego habrían jurado que Arnold y Lila se habían encamado y por supuesto besado.

—¡No hables de lo que no sabes!—exigió Sawyer.

—Pero sí lo sé, él me lo contó todo. Tres veces pidió ser tu novio y tres veces fue rechazado. Salió con otras chicas en el intermedio, tú también y por lo que estaba entendiendo. Hubo besos, arrumacos, el pobre diablo de allá atrás quizá esté dispuesto a declarar. (Larry, se había perdido la mitad de la "entrevista" estaba pasado de copas y algo perdido en los profundos y encantadores ojos de Eugene. Sentía debilidad por los pelirrojos y de ser honestos, le tenía sin cuidado si era una dama o un caballero aquel a quien entregara sus besos) Así que te voy a dar una ultima oportunidad.

¿Quieres pelear por él o vas a dejar que te siga venciendo el miedo?

—¡¿CÓMO PODRÍA COMPETIR CONTRA TI?!

—No lo sé. Pregúntale a Curly, Sheena o Stinky, ellos se arriesgaron a amar pese a saber que no los iban a corresponder. No les importó lo poco, mucho o nada que durara ese momento. Decidieron hacerlo y tú no. Sheena ha probado los besos de Eugene y ahora está aquí "bromeando" sobre lo mucho que "bendice" su siguiente relación. Curly cortejó a su amada Reina, posiblemente le vuelvan las ganas de tallar muñecas vudú en el cementerio pero no es nada que no vaya a superar. Stinky salió conmigo, conoció el lado "cursi" y "romántico" que no muestro a cualquiera. Claro que me odió cuando se terminó, pero seguimos estando aquí. Enteros, dispuestos a desafiarnos. Porque somos amigos y entendemos que de eso se trata el amor.

¿Vas a golpearme? No voy moverme, lo recibiré con ganas, quiero saber qué tanto lo amas.

—¡ESTÁS LOCA!

—Sí, grábalo en una placa, distribuye camisetas, has lo que te venga en gana porque si no lo amas y únicamente le tienes ganas. Voy a arrancarte los dedos de cada mano para que no vuelvas a tocarlo. Me haré un collar con ellos, su novia de la Selva podría enseñarme a hacerlo.

—¡YA TE DIJE QUE NO ES MI NOVIA!—se metió Arnold.

—¡Y yo que te hicieras a un lado!

—Pues no vas a golpear a Lila, ni arrancarle los dedos de las manos.

—¡BUUUU! —gritó Violette desde su mesa, arrojándoles lo que quedaba en su bote de palomitas. Su hermana y novio se arrojaron sobre ella para detenerla.

—¿Por qué, no?—preguntó la rubia a su irascible novio.

—Porque los dos sabemos que no me ama.

—¿Y supongo que te encanta la idea de que te tenga ganas?

—Varios aquí te tienen ganas.

—¿Harás una lista?

—Preferiría que siguiera la fiesta.

—Como gustes, sólo dame un segundo. —más rápida que un halcón, le devolvió la bofetada y por supuesto que la derribó. Sus amigos gritaron de "gusto" no era lo más correcto o apropiado pero les encantó que lo hiciera.

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Peapod volvió con la música, una mezcla de electrónico y alternativo, todos se levantaron para bailar, Violette instó a su hermana a que bailara con Alan, el moreno apoyó la idea, después de todo era una chica bonita con un exquisito gusto en lencería.

Sid se atrevió a ofrecerle una mano, Lila lo rechazó con descaro, se levantó como pudo y buscó a su novio pero lo encontró en la misma esquina, besándose con Eugene.

—¡LARRY! —el aludido solo hizo movimientos con la mano libre, para decir que lo dejara en paz.

—¡EUGENE! —gritó en el mismo tono elevado Helga. —¿¡QUÉ NO SABES DÓNDE HA METIDO ESA BOCA!? —el pelirrojo sonrió ante el preocupado e histérico grito de su amiga.

—Ya lo sé, mamá. Pero con todo el alcohol que ha ingerido te aseguró que está limpio.

—¡Bien, pero tú te pasas de listo con mi hijo y…!

—Le tengo cariño a mis dedos Amazona. —respondió Larry con los labios húmedos y ligeramente hinchados de tanto besar. Levantó las manos en son de paz. —De hecho, creo que también me dieron ganas de cantar.

—¡ES VERDAD! —gritaron Violette y Scarlet. —¿QUIEN SE SUPONE QUE GANO EL CONCURSO?

—¡PHOEBS! —gritaron los chicos.

—¡STINKY! —gritaron las chicas.

—¡Falto yo! —insistió el moreno, hermano de aquella que creía culpable de su reputación cibernética cuestionable. Aún le faltaba corroborar esta parte, pero ¿Cómo lo hacía? No era tan fácil como llegar y preguntar. ¿Oye, Larry tu hermana es bloggera?

Lawless le dejó su celular a Eugene, avanzó con paso dudoso hasta alcanzar el centro de mando de Peapod, a nuestro DJ le pareció que estaba a nada de desmayarse o devolver al piso todo el alcohol recién ingerido. Pero las apariencias engañan y le dijo con tremenda sonrisa cual era la canción que quería, él la buscó dentro de su top ten de "ardidos" y sin más, le pidió que subiera al escenario.

La canción elegida sonaba mas o menos así.

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Se llama Lila y tiene historia,
aunque mas que historia sea un poema.

Su vida entera pasó buscando
noches de gloria como alma en pena…

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Los gritos y vítores, obviamente no se hicieron esperar. Lila trataba de mimetizarse con la pared pero no podía. Hasta Sid, se cansó de intentar con ella y cantaba y bailaba con el resto.

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Detrás de su manto de fría dama
tenía escondidas tremendas armas,
para las batallas del cara a cara
que con ventaja muy bien libraba.

Le fue muy mal de mano en mano,
de boca en boca, de cama en cama,
como una muñeca que se desgasta,
se queda vieja y la pena arrastra.

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Helga le quitó el celular a Eugene y fue donde sus amigos.

—¿Así que por fin nos honras con tu presencia? —reclamó con saña, Alan.

—Sabes que me gusta darme a desear. Ahora, necesito que alguno de ustedes me ayude a desbloquear esta cosa y descubrir si su hermana, es la que subía todas esas cosas a la página de internet.

—¿Hermana?—preguntó Violette.

—Si, cuando llegué Larry y yo platicamos un rato, me dio a entender que su hermana es la psicópata que más me odia en toda la escuela.

—¿Más que ellos?—preguntó Scarlet, señalando a los que coreaban.

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Oyeme mi Lila, mi tierna Lila,
tu triste vida es tu triste historia.
Pero que manera de caminar,
mira que soberbia en su mirar.

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—Mucho más. —concedió la rubia. —Escuchen, tiene sentido ya que todos los rumores sin importar a quien estuvieran dirigidos, me involucraban a mi y el bonus es que "lo de Phoebs y Geraldo" sólo pudo escucharlo en el cementerio. Estaba ahí, pero necesito probarlo.

—¿Cómo planeas hacerlo?—preguntó Lorenzo, desbloqueando el celular al tercer intento.

—¿Como lo hago todo? tendiendo una enmarañada red de diálogo hasta que se ahogan con sus palabras y vomitan la verdad.

—¿Te vas a atrever a marcar?—preguntó Brainy pero la rubia negó con el rostro.

—Abrirás un chat de WhatsApp. —comentó Alan y ella asintió. Las conversaciones entre los "hermanos" eran un poco raras y a decir verdad, no estaba familiarizada con esa área. Parecían llevarse maravillosamente bien, se hablaban con cariño y el problema aquí era el "saludo"

Ella sabía con una sola palabra quien le escribía, lo tuviera o no registrado.

—Lo piensas demasiado "Sirena" —Violette le arrebató el celular y comenzó a textear a la vez que continuaba charlando. —Dale mis saludos a su "Santidad" veo que hicieron los deberes desde la última vez que nos vimos y si te baja la regla de nuevo te daré mis felicitaciones. Si no lo hace, tendrás mis más sinceras condolencias. Ahora bien, "La sospechosa" dice que pasó todo el día en el SPA dibujándose la cara, manicura, pedicura, le retocaron el rubio cenizo cobrizo número "que flojera leerlo"

—Dile que acabas de romper con tu novia y que de alguna manera sientes que es mi culpa. Quisieras desahogarte, encontrar un lugar dónde poder expresarte, antes de salir de la fiesta y llegar a casa.

—Eres buena…—aplaudió Rhonda.

—Me está dando su pésame. Adoraba a Lila, pero asegura que me merezco a alguien mejor. Quizás menos zorra. ¡Ja! anexa una url con instrucciones para generar "un nuevo tema" por si lo que digo es en serio. He preguntado para qué es eso y dice que es un blog del que no me había dicho nada porque en general, no me gusta armar dramas.

—Sigue la liga…—ordenó Helga.

—Está muerta y la señorita, acaba de darse cuenta. Está pegando de gritos, escribe con mas faltas de ortografía de las que he visto en mi vida. ¡Dios! ¿Quien pone "esto no puede ser posible" con "z" y "h" intermedia?

—Dale cuerda, pregúntale por qué era tan importante. ¿A caso era público?

—Una mejor pregunta sería cómo pasó español…—se quejó Violette pero anotó exactamente lo que le pidió. —...veamos, "La sospechosa" responde que claro que era público. Era el blog de la escuela dónde "gracias a ella" todos estaban de acuerdo en que Helga G. Pataki es una…No voy a leer esta parte, también amo mis dedos, más específicamente mis uñas. Compré un nuevo esmalte color rojo sangre. ¿Les gusta?

—Lo adoro. —reconoció Rhonda.

—Bien, no creo que tengas que seguirle el juego mucho más tiempo.—anunció Helga. —Dile que vas al baño o a fajarte al primer bastardo que te salga al paso.

—Dice que por favor use condón.

—Bueno, eso era todo lo que quería saber. ¿Puedes copiar la conversación y enviarla a este número? —le pasó el celular de Gerald.

—Seguro. —concluyó la orden con la misma eficiencia con que atendía las mesas en el restaurante de comida rápida, eliminó sus huellas y devolvió el celular a su "no dueña" Helga agradeció la ayuda y regresó donde Eugene, se estaba apretujando y besuqueando con Lawless.

—Si dejo de ver sus manos, voy a arrojarles un balde de agua helada...—la pareja respondió con audibles jadeos que querían decir "si" o "lárgate de aquí" (se apoderaron del único sillón en el sótano y los demás se replegaron en las mesas aledañas o continuaban bailando).

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—¿Así que no mentías cuando decías que cada día de sus vidas era una aventura?—preguntó Violette a Brainy, éste le respondió que era genial que al fin decidiera venir.

—Oh, querida. No has visto nada. —comentó Rhonda y se animó a gritar.

—¡EL VIERNES FIESTA EN MI CASA! —todos se mostraron de acuerdo. Lo demostraron con gritos y lanzando sus vasos vacíos al aire.

—¿Sigo estando invitada...?—preguntó Scarlet a lo que los chicos y su hermana dijeron que sí.

Alan aprovechó para buscar su guitarra acústica. "Carta Silenciosa" era una canción tanto de despedida, como de bienvenida. Dedicada al amor ausente o quizás latente. La cantó para todos ya más entrada la noche. Aún a sabiendas de haberla escrito para Helga pero no había dobles intenciones en su acción. De hecho, de tanto en tanto se sorprendía mirando a la pequeña Scarlet, le pareció una encantadora flor, tímida, bella, coqueta...

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Querido amor,
¿Qué debería hacer?
He estado pensando en ti
y no sé si es ahora o si ha sucedido ayer.

Las puertas del tiempo,
traen el susurro de otros vientos.

Por favor no me dejes solo,
Es como cuando era un niño pequeño y me perdí.

Tus ojos, tu sonrisa, tu cara.
Son lo más bello.
Sin embargo, sé que nunca más tendré miedo.

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Al concluir la fiesta, cerca de la media noche, las parejas se secreteaban, los amantes se apretujaban, los amigos charlaban y brindaban. En general todo había ido bien, incluso los besos y las caricias robadas dentro del cuarto de baño.

—¿Alguien sabe dónde se metió Sid?—preguntó Stinky pues él, Sheena y Curly ya querían irse a su casa.

—Su chaqueta sigue en esa silla, debe estar en el baño.—comentó Harold, despidiéndose a su vez junto con su novia.

—Si gustan los llevamos. —ofreció Patty

—Si, nuestros padres van a matarnos. Mañana hay clases.—respondió Sheena.

—¡Ustedes, niños! ¡Manos donde pueda verlas, nos vamos ahora!—gritó Helga a Eugene, Larry protestó pero se mostró solícito.

—Yo puedo llevarlo.

—No en nuestra guardia. —enfatizó Arnold. Pues según sus "normas" si ellos lo sacaron de su casa, debían regresarlo. (de preferencia aún virgen y entero)

—¿No llevarás a Lila?—preguntó Helga.

—Pensé que se había ido. —respondió Larry acomodando sus ropas y asegurándose de traer ahora sí, su teléfono celular.

—¿Su bolso no es ese de allá?—indicó Nadine y pronto todos se hicieron a la idea de lo que pasaba en el baño.

—¡Ahhhh! —gritó Alan. —Lo más asqueroso que pensé limpiar hoy sería vómito del piso.

—¡Quema el baño! —sugirió Violette

—Con ellos adentro. —continuó Helga.

—¿Lo cubrirá el seguro? —se preguntó él, para ser pellizcado o golpeado por más de uno de sus amigos. Siguió otro "silencio" incómodo pues Peapod ya había guardado todo su equipo. Gerald, no se resistió a pronunciar.

—Imaginen a sus hijos.

—¡AHHHHHH! —todos, incluyendo al anfitrión salieron corriendo despavoridos.

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Continuará...

N/A: Espero no haberme pasado de mala copa con Lila, les juro que me remuerde la conciencia pero más de uno me ha pedido que me "desquite" con ella. Nos leemos en la próxima. Besos a los que comentan y por lo demás. ¿A alguien le interesa adquirir el sound track?"