Se van alargando :O Yo sabía que este entrenamiento serviría de algo (?) Sessho, ¡deja que te personifique y liberame del OoC!
Demonio y Mujer
#6
Jaken estaba a punto de perder las esperanzas y volver con su señora esposa cuando Kohaku apareció en escena. El humano apareció montado en la gata gigante, saltó a buena altura de su lomo y aterrizó frente a ellos audazmente. Todo el impacto lo recibió en las rodillas pero eso a él no pareció importarle. Rin quedó inmediatamente maravillada ante la destreza del exterminador y lo recibió con aplausos apenas reconoció quién era. Saltó de Ah-Un y fue a abrazarlo. Sesshômaru no se inmutó ante las actitudes de su humana y solo miró estoico al chiquillo pecoso. Demonio contra exterminador ¡qué bien sonaba eso! Aunque claramente su señor sería el que lo derrotara en singular duelo con solo una mirada.
Literalmente, la salvación había caído del cielo.
—Kohaku, ¡qué sorpresa! —indicó Rin, el muchacho sonrió como pudo pero ella no lo notó. Algo ocurría y era evidente hasta para el dragón de dos cabezas.
—Sí, ¿qué te trae por acá, mocoso? —preguntó el demonio casado, su cara no podía aguantar su emoción, Rin solo lo atribuyó a que él también estaba feliz de verlo, que también extrañó sus largas ausencias y se sorprendía de sus nuevos atributos. Ahora era alto y varonil.
—Rin, hay algo que debes saber.
—Escúchalo, Rin, debe ser muy importante —sugirió Jaken, imaginando que pronto estarían casados, viviendo en la aldea de los humanos, trayendo más humanos al mundo, pecosos como el mocoso y molestos como la chiquilla. Aunque su amo no estaría contento en un principio, y quizás no los visitaría tanto como la humana quisiera, debería aceptarlo. Humanos con humanos y demonios con demonios. Pero… él tendría a su esposa y el señor Sesshômaru estaría solo. ¡Problema solucionado! Su esposa tomaría el espacio vacante de Rin, todo resuelto. Se felicitó a sí mismo hasta que sintió que la humana lloraba y el exterminador la consolaba. Sesshômaru frunció un poco el ceño y todo el resto fue tan rápido que ni el mismo gran Jaken pudo seguir los acontecimientos.
Pronto estuvieron en las afueras de la aldea humana. Su señora esposa no estaría contenta cuando llegara con todo esos olores encima. Ni siquiera con un día de restregarse en un río podría quitárselo de la piel, menos si ella pertenecía a una rama de la especie que tenía una nariz pequeña y desarrollada que hacía que tuviese mayor percepción que él.
—No puedo creer que nos trajeran acá. —Sesshômaru no dijo nada, tan estoico como podía llegar a ser, estaba fuera de la casucha de la anciana sacerdotisa sin ninguna objeción aparente. Uno que otro aldeano se alteraba por su presencia pero no era nada del otro mundo. Cualquiera diría que la anciana había vivido más que un demonio debilucho, pero ya estaba llegando a su fin esa buena racha de la anciana.
Se escuchaba a lo lejos el llanto de la protegida del demonio blanco, caminaba de un lado a otro acarreando cosas y canturreando mientras de la anciana no se le oía nada. Seguía viva, pero no por mucho.
Kohaku estaba sentado en el suelo, Sesshômaru parado con una de sus manos apoyada en la empuñadura de sus espadas, como a Rin le gustaba verlo. Jaken se relamió los labios en forma de pico y se acercó al humano. El silencio no le estaba ayudando a sus nervios.
—Oye, mocoso, ¿has pensado en casarte? —Directo al grano, supo que su señor captó sus intenciones por el cambio en la sensación ambiental, todo se sentía tenso.
—¿Casarme, señor Jaken? —preguntó el humano algo extrañado—. ¿Y terminar como mi hermana? No por ahora.
Sesshômaru tuvo suficiente y decidió sentarse sobre una roca… Y pararse inmediatamente cuando Rin apareció en la puerta de la casucha con la cara aún congestionada por el llanto.
—Señor Sesshômaru, señor Jaken, pueden irse si así gustan, esto llevará un tiempo.
—Ya escuchó, señor Sesshômaru, andando. —Victoria para el demonio verde, Rin era sensata al fin. Tiempo juntos y a solas para la humana y el exterminador y…
—Sandeces.
¡Besshomarus para todas!
Amo a Kohaku, y me agrada del KohakuRin, pero ¡jamás lo usaré para denigrarlo!
