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Arnold Shortman con su sonrisa ladina, la mirada confiada, esquivando el ataque que por supuesto, iba con la total intención de tirarle los dientes o como mínimo borrarle la seguridad del rostro. Cerró los puños e hizo que sus zapatos deportivos se movieran a la par sobre el pavimento. La sonrisa no abandonaba su cara. Altanería mezclándose con soberbia. ¿Era este el dulce samaritano que el amor de su vida decía venerar por su consideración y bondad? Este capullo que hacía que le hirviera la sangre, pues si estaba entendiendo bien. No hacía otra cosa más que "utilizar"
Siempre se encontraba en el lugar del conflicto pero jamás resultaba herido. Él era el de los planes, quien sugería la ofensiva y otros como Helga y Gerald ejecutaban sus "magníficas" ideas. ¿Así es como lo hacía? ¿Como todo villano de telenovela, sacando ventaja de los demás? ¿Escalando por encima de sus amigos? Le enfurecía que lo hiciera y por ello no dudó en cerrar distancias y descargarle otro golpe que por lo pelos, apenas si esquivó.
Igualó el gesto confiado. La sonrisa ladina y es que él sabía muy bien cómo repartir una buena tanda de golpes.
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Siendo hijo único de una adinerada familia, nunca faltaron los que buscaran ponerlo "morado" sino pagaba alguna especie de "cuota de vida" Por años se dejó amedrentar hasta que un día, simple y sencillamente se cansó.
Cuando lo derribaron al piso en el centro de su salón de cómputo pensó en hacer lo de rigor: buscar a su padre, pedir un cambio de escuela o como mínimo hacer que le permitiera estudiar desde casa pero en su defecto. Limpió la tierra de sus rodillas, ahogó el llanto que comenzaba a formarse en su garganta, cerró los puños de ambas manos y saltó detrás del matón.
Lo tiró de espaldas en un movimiento limpio, se subió por encima de él y comenzó a golpearlo hasta que sus nudillos se tiñeron de sangre. El resto de niñitos malcriados (porque obviamente asistía a un colegio para caballeros de lo más prestigioso) corrieron a cubrirle las espaldas. Lo instaron a volver a su lugar y entre tres levantaron a Billy Coen, le limpiaron la cara, arreglaron sus ropas.
La profesora Chambers, enarcó una ceja tan pronto entró a su salón. Obvió la pelea y tras preguntar si alguno de los dos requería atención médica, comenzó su sesión.
Desde ese día dejaron de molestarlo. Se volvió esquivo, reservado y sumamente aislado. A su padre le preocupó que se transformara en otra clase de desalmado.
Tres días a la semana los puños de sus camisas se teñían de sangre y las rodillas de sus pantalones se abrían de lo gastado. Se metía en peleas de manera diaria porque bueno. En esa clase de lugares (que de exclusivos no tenían nada) todos quieren ostentar la corona y algunas veces la consigues por el buen nombre de tus padres, otra por tu basta fortuna, pero lo que se acostumbraba en el "Saint Marie" era pelear por el trono.
Como en una cofradía, él humilló al mas grande y peligroso de todos y ahora querían su cabeza.
Dejó que la tuvieran.
Su padre, como mencionó. Estaba demasiado ansioso por su estado de ánimo. Criar solo a su único hijo debió ser bastante duro para él y al verse limitado en sus capacidades optó por sincerarse. Le obsequió una cámara fotográfica para que mirara a las personas en lugar de dañarlas y como supondrán le pareció una idea de lo más estúpida hasta que reveló el rollo olvidado hacía años y descubrió algunas imágenes de su difunta madre. Ella era la apasionada, estudiosa, liberal y amante de las artes.
En sus encuadres describía más que rostros y momentos históricos.
Almas.
Elizabeth Redmond captaba la verdadera esencia de las personas, sabía si por dentro sufrían o si por el contrario, vivían. Y en el momento que optó por "observar" en lugar de juzgar descubrió que los más "rotos" eran los que más le buscaban pelea. Necesitaban redefinirse a través de sus heridas, demostrar que podían sobreponerse al vacío en su interior y entonces él, vistió de ceremonioso negro (para honrar la memoria de su madre) y dejó de pelear…
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En la escena actual, con el calor de la pelea y los instintos a flor de piel, logró acorralar a Arnold contra la pared. Lo tomó por las solapas de su camisa ejerciendo tal presión que hasta consiguió levantarlo del piso aprovechando la diferencia entre sus estaturas.
De los golpes colocados y recibidos. Él tenía el labio inferior inflamado, la ceja izquierda abierta y los puños punzantes pero aún no sangrantes. El bueno de Shortman, ya había borrado esa maldita sonrisa de superioridad y lo miraba con tal intensidad que hasta parecía que lo retaba.
¿Qué pretendía? ¿Que su Diosa, musa, amada y jamás amante lo tuviera por el maldito cabrón que le partió el alma a su corazón? ¿Por eso apenas si se defendía? Porque luego de los siete minutos o tal vez diez que llevaban "en esto", él estaba convencido de que Arnold Shortman sabía pelear.
Anticipaba sus movimientos, lograba esquivarlos, responderlos, aunque él creería que le faltaba velocidad.
Sus puños y antebrazos habían impactado (uno contra el otro) un par de veces ya. No era tan cobarde como para golpearlo en la nariz, las joyas de la familia o la boca del estómago pero sí le descargó un buen puñetazo (que le devolvió) en la mandíbula por haber mordido (hecho el amor) a Helga. Lo de su ceja fue daño colateral porque ahora resultaba que ese idiota con cabeza de balón traía un reloj metálico que cuando intentó mandarlo a "Nunca Jamás" se le encajó.
Lo retiró de la muñeca herida y comentó algo sobre ser regañado por su abuelo. A él, le importó una mierda que tuviera un reloj tan frágil que la carátula no aguantara nada y las agujas se pararan en el momento exacto que intentó deformarle la cara. Lo siguiente en su lista de deseos fue intercambiar algunos movimientos de piernas (patadas) porque no sería lo más correcto u honesto pero si lograban derribar al otro, se acabaría el juego en un momento.
No funcionó, pero sí lo acorraló y para entonces.
Los flashes fotográficos y cámaras de video en los celulares de todos los comensales del "Guilty Pleasures" estaban sobre ellos.
No escuchaba ni una palabra de sus amigos o enamorada. Es más, ni si quiera intentó buscarla con la mirada porque sabía que desaprobaba sus actos. No que hubiera un pacto hablado u escrito pero las "parejas de los amigos" no se tocaban y bueno, esto era el equivalente a estarse besando detrás de las gradas con las novias de Brainy y Lorenzo.
Shortman sonrió de nuevo.
¿En serio quería que lo dejara ir en caída libre y lo enviara de visita a Oz? ¿Que le desinflara el ego a punta de golpes? ¿O anulara su descendencia con una buena patada en la entrepierna? —¡Ja! Si, claro, cómo no.
Se obligó a pensar en su madre una vez los gritos a voces y murmullos en general se hubieran calmado. La observación era importante, aún sin su cámara. Y lo que advertía en él, a pesar de todo el odio (propio de los celos y su ego herido) era un alma noble.
Un tipo dispuesto a dejar que lo mandara al "otro pueblo" si con eso dejaba a su novia y se estaba en paz.
Paz…
Eso es lo que describía la bravuconería en su cara. Era un letrero inmenso con una sola frase y esa decía que "él se la llevaría" partían mañana con rumbo indefinido a tierra de nadie o donde estuviera el sitio en que nació. Y eso dolía, porque al igual que en
Paris, podía con todo excepto con la idea de que de un día para otro la dejaría de ver.
Como si la tragara la tierra, falleciera o peor aún. Jamás existiera. Su modelo fotográfico, confidente de cafebrería, acompañante a museos...La chica asombrosa que aunque no compartiera su cama, si le compartió un momento demasiado íntimo de su vida y él no quería dejarla de observar, escuchar, conocer.
Afianzó el agarre sin que le temblaran las manos y el otro se comenzó a poner un poco pálido.
—¿Así es como vas a protegerla, cuidarla, defenderla?—preguntó en un tono demasiado grueso de voz. Shortman separó sus labios, mismos que estaban rotos por el puñetazo que le acomodó.
—Estás más herido y humillado que yo…—le recordó porque ciertamente. "el que se enoja pierde" y él estaba que echaba humo por las orejas. Lo presionó más fuerte, haciendo que el cuello de su camisa comenzara a cortarle la respiración.
—No te pregunté eso. ¿Cómo piensas regresarla de una sola pieza? Es más ¿¡Cómo asumes que tienes derecho a arrebatarla de nuestro lado!?
—Yo, no les estoy quitando nada y suéltame ahora o te arrepentirás…—ignoró la orden hasta que le pareció que aquel comenzaba a perder el aliento. Helga lo llamó a gritos. Claro, este era su gran plan. "Que él quedara como el villano" aunque en esa posición resultaba bastante sencillo que Shortman le acomodara una patada ejemplar.
—Dijiste que ibas a demostrar tu habilidad para defenderla y hasta ahora no he visto gran cosa...
—¿¡Qué…!?—respondió Arnold con apenas un hilo de voz.
—Helga habló de lanzas, escudos, espadas. Una chica loca que amenaza sus vidas y tú estás aquí, tratando de liberarte de mi…—Su "presa" rumió por lo bajo, Helga insistió en que lo dejara. Al parecer no podía llegar hasta ellos. Alguien debía detenerla (con toda seguridad Violette y Brainy) Dedicó un pensamiento a la pequeña Scarlet, pensando que tal vez esto resultaría confuso e incómodo para ella.
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Se ofreció a llevarla a su casa al término de la fiesta. Su hermana llegó en motocicleta y aunque servía para dos, la gótica sexy se llevó a su novio y así no tuvo opción. Era guapa, divertida y tierna.
La clase de chica que adoraba fotografiar y con ese vestido plisado le recordaba a la "Geraldine" que conoció en Paris. Le ofreció su abrigo y le abrió la puerta como todo un caballero, puso música suave en el tablero, permanecieron en silencio por algunos metros hasta que él preguntó hacia dónde la debería llevar.
Su charla surgió casual, sobre la deteriorada avenida, las calles aún encharcadas, el UBER con que llegó a la fiesta y del que no se había acordado que podía llamar.
—Ve el lado amable, te ahorraré diez dólares.
—Vivimos en Hillwood, llegar a cualquier lugar te cuesta diez dólares.
—Claro que no, puedes viajar al lago, el bosque "encantado", inclusive tomar la vía rápida a la playa y te costaría más de diez dólares.
—Hace tiempo que no visito alguno de esos lugares.
—¿A dónde prefieres ir?
—¿La verdad…? Pocas veces salgo de la rutina. Con nuestros padres viviendo afuera, tenemos que arreglarnos solas y creo que aún no me acostumbro a esto de "sobrevivir"
—¿Puedo preguntar por qué?
—No es que empacaran las maletas y nos dejaran como Hansel y Grettel, la idea les vino de Violette porque quería probar la "independencia" antes de entrar a la Universidad. Yo tendría que haberme ido con ellos, pero mi hermana mayor tiene esa sobrada tendencia a perderse en la calle y no alimentarse…
—Así que en lugar de cuidarte, tú terminaste cuidándola.
—Es un ganar/ganar. Si se acaba la comida, ella la compra. Si se mete una rata, ella la mata…
—¿Y si no llegas de inmediato…?
La llevó al lugar más cercano que había desde su casa. El bosque encantado, denominado así porque entre junio y julio, podías ver luciérnagas entre sus troncos. Apreciaron sobre el cofre de su auto la luz de la luna en todo su esplendor, intentaron encontrar constelaciones, señalaron sus favoritas y como habrán de imaginar, él no resistió el impulso de comenzarla a fotografiar. Su teléfono móvil tenía la mejor cámara nocturna del mercado y Scarlet le dijo mil veces que no, pero al final la convenció.
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La vacilación de su mente (en los segundos que se desconectó) le ayudó a amainar un poco el dolor. Arnold le acomodó un buen rodillazo para liberarse de su agarre y cuando cayeron los dos, obviamente, no terminó.
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Diría que no extrañaba u olvidaba las palizas recibidas en su tierna infancia. Los niños a tan corta edad son demasiado crueles (sabrá el infierno por qué) y siempre detectan y señalan vulnerabilidades. Saberlo huérfano de madre y bajo el cuidado de un ausente padre les producía cierto retorcido placer, más cuando sucedió a la inversa…Él no diría que los golpeaba por placer.
Era una expresión de su propia impotencia y duelo. Un grito sordo que quería decir.
"Sí, estoy solo. Pero no por eso tengo que soportar todo esto"
"Tú estás roto. Y no me interesa el por qué, tan solo debes saber que no tienes derecho a romperme también"
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Helga llegó con ellos. No comprendía exactamente cómo sucedió eso, porque de un momento a otro, él no estaba ahí. Estaba en su salón de clases a los siete años, siendo golpeado con el puño cerrado por Steve Burnside. Qué divertido, nunca había vuelto a pensar en él o en su madre.
Enterró a Elizabeth junto con aquella vieja cámara profesional, en la habitación que perteneció a sus padres allá en la mansión de Londres.
Sammy Redmond no quiso volver a ocuparla y con el pasar de los años se transformó en alguna especie de mausoleo.
Sus vestidos largos continuaban en el armario, los cortos para salir a pasear y también los más pomposos que eran para las fiestas. Su maquillaje permanecía en el tocador, junto con los alhajeros y todas sus joyas. Había un collar de perlas en un busto de terciopelo negro, un anillo de oro blanco con un corazón de rubí engarzado en una cosa que parecía mano, también había algunos juguetes que fueron de él, pues cuando era un niño de tres o cuatro años, nada le gustaba más que entrar a su alcoba y subir a sus brazos.
Aún recordaba el olor a lavanda en sus cabellos y el perfume a flores y dulces en su pecho. Era el mismo que usara la rubia después de su viaje a Paris, el que le obsequiara él, más omitió decirle por qué.
Helga lo envolvió entre sus brazos, pese a los reclamos de su enamorado.
—¿¡Lo defiendes a él!? —varios espectadores abuchearon el cese a la pelea pero Violette y Brainy los mandaron al carajo. Rhonda y Lorenzo amenazaron con llamar a la policía si no comenzaban a dispersarse y su musa, amada, jamás amante. Seguía abrazada a él.
—¡Defiendo las causas justas, zopenco!
—¡Él me atacó primero!
—¡Tú lo iniciaste!
—¿De verdad? Porque me parece que fuiste tú, la que le vendió la idea a todos de que sólo te quiero utilizar.
—¿Ahh…entonces era un secreto?—lo soltó un poco y de estar viendo, podría jurar que cruzó los brazos a la altura del pecho.
—No te estoy utilizando, ¡Tú te ofreciste!
—¡MENTIRA! ¡Tú te ofreciste!
—¡YA BASTA! ¿¡QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO!?—Phoebe Heyerdahl levantó la voz por encima de todos. Hubo algunos minutos de silencio que él aprovechó para seguir "durmiendo"
A pesar de sus salidas (tanto en Paris, como en Hillwood) él nunca había estado tan cerca de su corazón. Se regalaban abrazos, se tomaban de las manos, se miraban de mil y un maneras. Inclusive rozó la comisura de sus labios con los propios, pero jamás había sentido tan suyo, su perfume y calor.
"Que lo mataran ahora y lo enterraran después, porque valía la pena dejarse golpear por terminar en brazos de su Amazona"
—¡¿Y bien?! —insistió la asiática al ver que nadie se atrevía a responder su cuestión. Brainy carraspeó un poco y comentó.
—Ustedes lo saben, Helga se irá y si mal no recuerdan prometimos algo cuando la visitamos en el hospital.
—¿Que la encerrarían en la torre más elevada de algún castillo olvidado y custodiado por un inmenso e irascible Dragón?—comentó Gerald y su amigo cuatro ojos asintió.
—¿Ese Dragón…?—cuestionó el moreno con algo de burla que Shortman compartió y aunque le ofendió, prefirió seguir "muerto" Pataki le acariciaba el cabello, además de rozar con los dedos de su mano enyesada algunas de sus heridas más frescas.
—El saco de basura tirada de ahí, es un maldito idiota que se calentó porque de alguna manera se convenció de que Arnold, utiliza a nuestra novia. —eso lo agregó Lorenzo y su chica no tardó en pegar el grito al cielo.
—¿¡CÓMO QUE NOVIA!?—aulló Wellington y Violette rompió a carcajadas.
—¿Es que ninguno de los tres se entera, cierto?—argumentó la Gótica incluyendo a su hermana en la ecuación.
—¿¡DE QUÉ…!?—bramaron Arnold, Scarlet y Rhonda.
—De que esos cuatro están "enrollados" No como amantes, sino algo más íntimo e importante. Parecido a la hermandad pero no de sangre, sino de armas, vivencias, traumas.
De la manera en que yo lo entiendo. Es como si a todos ellos los hubiera convertido el mismo vampiro. Pueden apoyarse, quererse y necesitarse como al aire, pero desde el momento en que "se eligieron" también se perdieron.
No podrían convertirse jamás en amantes, se quieren demasiado para "dejarse" como lo señaló la Amazona en la fiesta. "El amor es un riesgo y hay demasiado en juego" Ninguno de esos cuatro va a comprometer su lazo, sólo ellos saben porqué se buscaron y entre más pronto lo acepten y entiendan, más longeva será su relación de pareja.
—¿¡Qué…es que tú estás loca…!?—gritó Scarlet.
—¿Apenas te das cuenta, hermanita? Escucha, hay demasiadas formas de amor. No solo el de pareja, carnal, pasional y que no experimentarás hasta que pase sobre mi cadáver cualquier cabrón que te quiera cortejar. Está el que te tengo porque eres mi hermana de sangre, el que se tienen ellas (comentó refiriendo a Helga y Phoebs) porque son hermanas en su corazón. También está el de padres a hijos, el que existe entre amigos o el de los fanáticos por sus ídolos.
Lo que espero y quiero que entiendas, es que ellos tienen una conexión especial. Me atrevería a decir que los unieron sus heridas, pero no me corresponde a mi meterme en esas ligas.
—¿Por qué estás tan convencida?—preguntó algo tímida.
—Porque confío en nuestro amor. Si no creyera que Brainy me es fiel, ¿Qué sentido tendría salir con él? ¿Pelear por amor? ¡Que maldita hueva! Quien quiere estar contigo te lo demuestra y lo está, de la manera en que puede y lo siente. Tú también lo sentirás cuando suceda. —las hermanas compartieron un abrazo o al menos eso fue lo que se imaginó, ya que el estatus de "cadáver" no permitía alguna clase de observación.
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Concluido el "discurso" suponía que cada quien estaba con su cada cual, lo que obviamente describía una escena incómoda entre él, la Amazona y Arnold Shortman.
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—¿Alguna vez piensas soltarlo?—preguntó el rubio sonoramente indignado.
—Depende…¿Volverás a golpearlo?—inquirió apretándolo contra su pecho y aunque él tenía unas inmensas ganas de suspirar, dar la vuelta y abrazarla por igual se las tragó porque esto, se estaba poniendo intenso.
—Él me llamó oportunista, hizo pensar a todos que te utilizo. Cosa que por cierto, aún tenemos que aclarar porque al parecer, tú también lo crees.
—Claro que no, yo sólo pregunté si lo de "San Lorenzo" debía ser un secreto.
—No lo es…
—¿Entonces por qué te enfadas tanto? Yo accedí a patearle el trasero a tu "Señora de la Tortura Eterna" pero la oferta fue tuya.
—¡Desde antes querías enfrentarla!
—¡¿Y eso te dio derecho a ofrecerte de premio?!
—¡AHHH! ¡Dejen de hablar en "código" no entiendo una mierda de todo lo que están diciendo! —esa queja fue de Gerald y mas de uno se mostró de acuerdo.
—¡Primero que lo suelte!—demandó el rubio.
—¡No! Primero que prometa, no volver a lastimarlo.—refunfuñó su querido amor y eso en verdad le encantó.
—Sólo lo golpee por que él quería comprobar mi "habilidad" para defenderte.
—Y eso nos quedó a todos bastante claro, hombre de la selva. —la entonación con que lo pronunció hizo que hasta a él, se le erizaran los vellos de la nuca. Sin embargo su Amazona era cruel pero justa. —¡Pero, no por eso tenías que noquearlo!
—No está noqueado, pero lo puedo "arreglar" ya que lleva bastante rato disfrutando de estar en tus brazos.
—¡¿QUÉ?!—gritó la rubia y él no resistió más. Abrió los ojos, le regaló una sonrisa tremenda y todos sus amigos estallaron en risa.
Lorenzo y Brainy como los primeros, chocando los cinco y hasta sacando algunos billetes, como si aquello perteneciera a alguna vieja apuesta. Gerald silbó por lo alto y comentó a Phoebs que la creía más lista.
—Dale algo de crédito, tiene corazón de pollo con los que le son queridos.
—¿También yo…?
—Se durmió en tus piernas. ¿Recuerdas?
—¡Iugh…! Gracias por devolverme el trauma. —se quejó a voz en grito mientras Helga correteaba a Alan que escapaba de sus múltiples ataques a muy duras penas.
—¡TRAIDOR! ¡ABUSIVO! ¡PERVERTIDO! ¡MAL AMIGO!
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—Y en conclusión. ¿A qué se debió todo esto…?—preguntó Rhonda, acercándose a Shortman para ofrecerle un pañuelo blanco con hielos que pidió en el interior del Guilty Pleasures. —¿Escuché que tu madre fue secuestrada? —el rubio asintió colocando la compresa en su labio hinchado e intentó explicar a grosso modo la situación.
—¿Te acuerdas de San Lorenzo?
—¿Un lugar caluroso, mal oliente, con mosquitos del tamaño de mi mano, sin agua potable, drenaje, electricidad o comida saludable?
—Había vegetales en abundancia…—comentó con algo de gracia. Helga derribó a Alan y ahora todos sus amigos gritaban que lo matara.
—¡MUERTE POR SNU SNU!
—¡SNU! ¡SNU!
—¡SNU! ¡SNU!
—¡ESO JAMÁS!—refunfuñó él, dejando con la palabra en la boca a Lloyd y metiéndose en la bola.
Violette, Phoebs y Scarlet ya se habían acomodado en una de las mesas exteriores del Bar (destinadas a los fumadores) y observaban la querella. Arnold, le metió los hielos de su compresa en la camisa a Gerald, porque sí. El muy "gracioso" estaba codo a codo con Lorenzo y Brainy gritando "SNU" "SNU"
—¡AHHHHH! ¿¡Qué te pasa, viejo!? Cómo si de verdad lo fueran a hacer…
—No me importa lo que hagan, sólo no te metas con ella.
—Las Vampiresas de la literatura clásica tienen vaginas dentadas. Quizás quieras que tu amigo, pierda a su "amiguito" —le sugirió Violette y aunque la idea de la "perdida" sonaba interesante, el método de extracción le pareció insultante.
Si iban a "devorar" a alguien, sería a él y a nadie más. En todas las épocas, en todos los escenarios, mundos y Universos. Él era de ella y ella de él. La tomó por la cintura, levantándola como si fuera una infante de las cálidas y magulladas formas de Alan.
Mmmh…Logró propinarle su propia tanda de golpes, ya que él, no le dejó así la nariz.
—¡Suéltame…!—se quejó airosa su indomable novia.
—Tú te vienes conmigo…—afirmó y la subió a su espalda como aquella vez en su casa. La Amazona gritó emocionada y se retorció contra su espalda todo lo que pudo hasta que él, la devolvió al piso y fundió sus labios en tremendo beso.
Violette y Brainy les gritaron que fueran a conseguirse un hotel (de hecho les arrojaron una caja de cerillos con la dirección del hotel donde solían encontrarse) Phoebs y Gerald, les lanzaron condones (Sí señor. Hay que estar preparado porque nunca se sabe, cuando puede ser el momento) Lorenzo y Rhonda le aseguraron al camarero del Guilty Pleasures, que se quedarían a beber. No habría daños colaterales a su establecimiento y por su parte.
Scarlet estaba atendiendo las heridas de Alan.
—Nunca le he entendido bien a los libros de mi hermana, pero si ella cree que no hay nada entre ustedes...
—Es que sí lo hay...—comentó deteniendo sus atenciones. —Somos amigos, en lo más profundo de la palabra y me temo que desde que murió mi madre…No se me dan nada bien las despedidas. Tiendo a perder el control, levantar los puños, pero te aseguro que no lo hice con ninguna mala intención.
—¿Entonces no la amas…?—preguntó esperanzada por observar las luciérnagas junto a él, cuando vinieran.
—La amo, como a todos esos bastardos. —comentó señalando a sus amigos en las mesas de afuera. Las parejas reunidas, las bebidas llegando, además de la comida.
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La explicación (más bien resumen porque omitieron la parte de sus reencarnaciones y la posibilidad de que tanto él como Anthea, fueran hijos de Dioses) dejó a Violette y Scarlet, chupándose los dedos con salsa de un nuevo bote de palomitas.
¿Pactos demoníacos, madres secuestradas, chicos naciendo y aprendiendo a luchar en una tierra totalmente extraña? ¿Enfrentar a una bruja malvada para obtener y salvar a tu más grande amor? ¡Era el resumen de todas las películas Disney! Y no es que les gustaran, sólo las veían para criticar.
Rhonda se negaba a creer una sola palabra, sin embargo evocó su visita a aquella Selva húmeda, salvaje y se convenció de que había algo de verdad en su declaración.
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La "fascinación" que de pronto surgió entre los dos, la convicción y la fuerza que irradiaban sus cuerpos. Además de la guerra porque verdaderamente había nativos con lanzas y arcos corriendo detrás de ellos.
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Se encerró en una tienda de acampar junto con Nadine, Curly, Eugene y el entonces inútil de Harold. Semejante mastodonte y no podía defenderse ni de una araña. No fue hasta que un grito de labios de Patty se escuchó a lo lejos que se atrevió a salir y enfrentar a lo desconocido. Eugene también salió tras un grito que pareció provenir de Lila, Curly se aferró a quedarse con ellas.
Nadine estaba a su lado, jugueteando con sus cabellos, sumamente inquieta.
Su madre es originaria de Africa, ella nació en unas tierras igualmente salvajes y extrañas. Se entendía con la naturaleza, no le temía a su fuerza y sin embargo señaló que había algo "extraño" en esa Selva.
El guía turístico les habló de las leyendas. "Tierra maldita" "Lugar de batallas épicas" "Santuario donde se ofrecieron corazones latientes, se consumió carne humana y se limpiaron los huesos para construir instrumentos bélicos" Al recordarlo, los tres se tomaron de las manos y se sintieron turbados.
El aire que respiraban se sentía más pesado, el viento soplaba con tal fuerza que parecía susurrar entre las ramas de los árboles, los animales los miraban sabiendo que eran inocentes, indefensos y extraños. Cuando cayó la noche y los sonidos se apagaron ella ya no pudo soportarlo más y los obligó a tomar sus linternas e ir en busca de los demás.
Se consideraba a sí misma una líder (por no decir que Reina) y su deber, era asegurar el bienestar de sus súbditos. ¡Tenían que encontrarlos a todos! y mientras lo hacían, fueron testigos de cierto "horror"
Les arrojaban lanzas, flechas, los hacían correr hasta caer dentro de trampas. Parecía una prueba física al puro estilo de "la isla" pero obviamente su condición física no daba para tanto.
Rescataron, defendieron y ayudaron a cuantos pudieron, otros ya estaban en la tienda principal siendo atendidos de heridas leves por el personal médico y el profesor Simmons que suspiraba como si el alma le regresara al cuerpo cada vez que entraba uno de ellos.
Al caer la tercera noche, se unieron Phoebs y Gerald, estaban mojados, acelerados y aterrados. Dijeron perder a Arnold y Helga detrás de la cascada. Todos lloraron a moco tendido, el imbécil de Simmons no sabía que hacer. Su mejor y única oferta fue esperar.
"Personal de rescate" llegaría a la mañana siguiente, los que se encontraban con él volverían a casa y los que no, serían buscados por cielo, agua y tierra. Se negaron, debatieron por horas ante el calor de una hoguera. ¡A Helga podían dejarla, pero no a Arnold! Todos adoraban a ese desgraciado y tenían sentimientos encontrados por la a veces bully, justiciera y poeta.
Lo de dejarla a su suerte no lo decían porque quisieran que se muriera. Todo lo contrario, si alguien tenía posibilidades de sobrevivir mientras esperaba a ser encontrado esa era ella y nadie más.
Creían en su valor, fortaleza, además de que era sumamente diestra en toda clase de pelea.
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Suspiró para sus adentros, mirando de reojo a su novio y a los otros diez que se pasaban una ilustración de la Guerrera Amazona, armada con un escudo y espada. Hasta se parecía a Wonder Woman, pero ella tenía mejores cosas que aportar a la mesa.
—No pueden volver solos a ese escalofriante lugar….—dictaminó interrumpiendo mas de una conversación.
—He estado un par de veces ahí y te aseguro que no es tan aterrador.—comentó Arnold y ella se enfadó.
—¿Entonces, ya lo recuerdas todo? ¿Los templos, los ídolos? ¿La persecución y pelea?—cuestionó intercambiando miradas con Gerald y Phoebe.
De los presentes, ellos eran los únicos que asistieron a la encomienda. Brainy no fue porque sus padres no firmaron el permiso, Lorenzo tenía que acudir con su madre a un evento para futuros empresarios y Alan, aún no se unía a su grupo.
—¿Persecución y pelea…?—preguntaron Violette y Scar a una sola voz.
—Lo hicimos antes…—respondieron los rubios con determinación, levantando los rostros y tomándose de las manos.
—¿Lo recuerdan o no?—presionó mirándolos a los ojos y haciendo que se callara el resto con un batir de sus manos. Los chicos negaron, sus recuerdos de San Lorenzo aún eran confusos e inconexos.
—Entonces voy a ilustrarlos, queriditos. —Se levantó de su asiento, cruzó los brazos a la altura del pecho y alzó la voz. —Lo que hicieron entonces fue usarnos como carnada para distraer a sus enemigos.
—¿¡Qué…!?—preguntó Lorenzo pero la morena lo ignoró.
—Ustedes cuatro, se fueron a donde les dio la gana y a todos los demás nos dejaron atrás. ¿Creen que tendrán la mínima oportunidad siendo únicamente dos?
—Rhonda…—intentó mediar Arnold, pero también lo ignoró.
—Aunque te hayas convertido en Jean Claude Van Damme, en aquella ocasión eran como veinte o treinta nativos.
—E…eso no puede ser cierto…—balbuceó Gerald y Phoebe le indicó con un movimiento de rostro que mejor permaneciera en silencio.
—¡NO HABLES DE LO QUE NO SABES! —exigió. —Porque hasta donde yo recuerdo y sé, ustedes simplemente "desaparecieron" y a pesar de las excusas de Lila, de que Arnold estaba bien y sólo quería merodear por ahí haber si encontraba a sus padres. Nuestros amigos quisieron buscarlos y todo se fue al carajo.
Perdimos de vista el lugar donde acampamos y de alguna manera que jamás reclamamos o expusimos. Nadine, Curly, Harold y yo, tuvimos que rompernos las uñas y ensuciar nuestras ropas para sacar a idiotas como Sid y Sheena de una maldita red de liana, mientras que a Patty y Stinky intentaban atravesarlos con una endemoniada lanza.
Peapod acabó inconsciente, con la pierna rota en el fondo de un profundo hoyo, tuvimos que improvisar una cuerda con nuestra propia ropa para sacarlo de ahí, pero eso no sucedió hasta que el atolondrado de Eugene se tiró de cabeza justo encima de él.
Lila escuchó una voz llamándola a comicios de la tercera noche. Salió de la tienda donde estaba a buen resguardo con el profesor Simmons y los de Servicios Médicos, casi es secuestrada por un montón de monigotes delante de nuestros ojos y si no sucedió así fue porque Harold, encontró al fin su "guerrero interno" por una vez en su vida dejó de quejarse o llorar y uso su tremenda osamenta para aniquilar.
Patty no dudó en hacerle segunda y les podría jurar que ahí nació la flama de su amor.
¿Quieren que les cuente más?
Porque no uso mangas largas sólo por capricho y vanidad. Conservo una maldita cicatriz bastante horrenda, de la que algunas veces me vanaglorio y otras me avergüenzo, por intentar reparar lo que sea que ustedes hayan hecho. —dio énfasis a sus palabras levantando la manga diestra de su conjunto rojo con morado, mostrando lo que narraba y era una cicatriz que parecía hecha con alguna especie de rama. Con todo el dinero de su familia, podría pagar cirugías, tratamientos naturistas o cremas. Pero la conservaba porque como dijo, algunas veces la amaba, otras la odiaba.
Sus espectadores estaban callados, quedaba claro que ni Phoebs o Geraldo, se enteraron de esa parte de su aventura. Y ella lo sabía, disfrutaba torturarlos y por tanto se concentró en los dos y siguió narrando.
—Cuando volvieron, esa misma noche y dijeron que los perdieron detrás de la cascada, todos rompimos en amargo llanto. Supongo que creyeron que nos moríamos de miedo pero no se trató sólo de eso.
Mientras corríamos por nuestras vidas, escuchamos una y otra vez las mismas letanías. Unas parecían tenebrosas, otras más ceremoniosas. Como sea, el español nunca fue nuestra materia favorita y por tanto, le pedimos al guía que nos tradujera.
"Poner a prueba al milagro" —Eso se escuchaba de un lado.
"Romper sus huesos, drenar su sangre, extraer el corazón" —Se escuchaba del otro.
No sabíamos de qué iban las "fiestas" en estas tierras pero más de uno pasó esa noche con la idea de que sacrificarían a Arnold y Helga a los pies de un templo y sobre una piedra.
—Rhonda…—Phoebe la intentó tranquilizar, su amiga temblaba de impotencia, furia e ira. La fuerza de ese recuerdo, el volver a pensarlos muertos. Sin embargo se recompuso porque los Lloyd son gobernantes, líderes natos y jamás se rinden ante el temor.
—El profesor Simmons, no quiso propagar el pánico. A ustedes dos, les dieron chocolate caliente y una mantilla, a todos los demás, té de hierbas para tranquilizarnos y obligarnos a dormir.
A la mañana siguiente, Tarzan y Jane "aparecieron" durmiendo cálidos en sus bolsas, dentro de la maldita tienda donde nos apretujábamos todos.
El alivio que sentimos al verlos no se podía comparar con nada. Hablaron de encontrar a tus padres, estaban tan emocionados y excitados que omitimos las partes escalofriantes y los reclamos. No obstante, unas horas después. Luego de la llegada del personal de rescate y de que todos hubiéramos empacado y jurado que nunca jamás hablaríamos de esto, los encontraron dormidos…
—¡Rhonda, por favor…!—Gerald hizo su intento de refrenarla, esa parte "medio" se la explicó a su hermano pero procuró no ser tan detallado.
—¡POR FAVOR, NADA! —gritó. —Ustedes nos dejaron una vez y con las manos al fuego juraré que no volverán a hacerlo. Para esta parte del cuento tú estabas en el mismo sitio que yo…
—¡NO VI NADA!—juró.
—Claro que no lo hiciste porque te asqueaba la idea de que esos dos estuvieran juntos, pero yo quería la exclusiva para mi "radio pasillo" era el chisme del año y lo que nos haría olvidar que estuvimos a punto de convertirnos en brocheta humana.
Los seguí, sigilosa, letal como una serpiente y me encontré con una de hecho.
Ahogué el grito de pavor colocando ambas manos sobre mi rostro y me olvidé de ustedes porque obviamente, no sobreviví tantos días para morirme al último por una mordida de serpiente. Siguió su camino entre la hierba verde hasta encontrar a su dueña. La mujer de la que hablan como si fuera cualquier cosa, Anthea.
—¿¡Qué!?—chillaron Arnold y Helga.
—Por sus descripciones estoy convencida de que era ella y por lo que sucedió después, reafirmo la idea. Tenía una cerbatana y les disparó en la nuca a los dos…—todos los que estaban en la mesa temblaron sobre sus asientos, el alcohol había perdido su magia embriagante. Si eran escuchados por alguien más les tenía sin cuidado, en este momento sólo eran ellos y Rhonda.
—Su confesión de amor, luego de lo que pareció ser un basta pelea, resultó todo un éxito, se fundían en un larguísimo beso y al segundo siguiente cayeron como si estuvieran muertos. Yo me caí también, en cámara lenta, las mejillas húmedas por el llanto, mis dientes mordiendo mis manos. El instinto de conservación me ayudó a no delatar mi posición y así pude ver como esa mujer, se acercaba a sus cuerpos.
A ti, Arnold te llamó "destino" y a Helga, le hizo algo en el pecho. Esas letanías volvieron a reverberar en mi interior. "Poner a prueba al milagro" "Romper sus huesos, drenar su sangre, extraer el corazón"
—Rhonda…—la llamó la rubia, pues Lloyd estaba llorando y se había perdido tanto en su relato, que no miraba a ningún lado.
—¡Creí que te arrancaría el corazón del pecho! Pero te dejó y entonces me dije a mi misma. "No te preocupes, Rhonda querida. El Terror Pataki, jamás ha tenido un corazón" ¡Pero sé bien que no es cierto! La mujer, que no podía ser más grande, ni fuerte que ninguno de nosotros, giró el rostro y me vio.
Me desmayé de terror en el acto pero contrario de ustedes, desperté cuando estaban buscándonos y llamándonos.
Ninguno de los dos despertaba y yo estaba tan asustada de que esa bruja cobrara venganza que me juré, jamás decir nada.
Según tus padres, debíamos volver de manera inmediata. La enfermedad del sueño ya no era fulminante, pero bien podría tratarse de algo más. Volvimos a casa a la normalidad.
Ya no se amaban, ya no peleaban, ya no se buscaban.
Ya no salíamos al parque, al campo Gerald, a corretear en el bosque junto al viejo Pete. ¿Alguna vez se preguntaron dónde comenzó a generarse esa brecha? No fue tanto un tema de madurez, es que teníamos miedo de volver a vivir algo como eso.
No los culpamos, les juro que no. Pero sí, nos sentimos traicionados y utilizados en lo más profundo de la palabra.
Gerald, tú eres el Rey de las leyendas, el amo de la palabra, rápidamente volviste a ganarte confianzas. Phoebe, tu único tope social siempre ha sido Pataki, ¿Pero que importaba si salías con Johanssen? Arnold, el bueno de Arnold. ¿Quién a parte de Helga podría enojarse contigo? Absolutamente nadie, empezaste a salir con Lila y la furia indomable colgó los guantes. Harold los pulió por ti, todo este tiempo. ¿No es divertido? Un titán cae otro se levanta y hablando de eso.
Voy a insistir en que no van a poner un pie ahí.
—¡TENEMOS QUE HACERLO!—gritaron los dos. Entendían las palabras de su amiga, les dolía saber que expusieron e hirieron a todos, pero simple y sencillamente, tenían que hacerlo.
—¿Porque secuestró a su madre? Disculpen la rudeza, pero gente muere en las guerras. ¡Ya nos sucedió antes, más específicamente a Eugene y a ti, Pataki! —caminó hasta ella y la tomó por los hombros para comenzar a zarandearla.
—Jake…—pronunció la rubia y la morena asintió. —Aún así, no puedo permitir que Stella pague. Ya le prometí que lo haría, lo que discutíamos hace un momento con Alan en mis brazos era eso. Hablamos con Anthea, si no nos presentamos asesinará a su madre.
—¡Y a cambio va a matarte!
—¡No lo hará!
—¡NO LO SABES! —Rhonda gritó y rompió en llanto, la rubia la abrazó, Gerald y Phoebs estaban más pálidos que una estatua.
De lo que recordaban, ellos sólo se dedicaron a "correr" dejaban atrás a los nativos que pretendían alcanzarlos. Crearon una buena ofensiva: Dos distraían, dos atacaban, Helga defendía a su hermano, Phoebs lo defendía a él. Su chica era diestra en esgrima aunque él, también se sabía defender. Ni por asomo se imaginaron que los guerreros que "dejaban atrás" se estaban cargando y aterrorizando a sus amigos. Pensaron que…¿Qué pensaron? Honestamente, ¡NO ESTABAN PENSANDO! reunir a Arnold con sus padres era la meta, lo único prioritario, para lo que se habían preparado. Al igual que "salvar a su madre" era el objetivo ahora.
Si Anthea, tenía un ejército para aterrorizar a los "ojos verdes" estaba claro que tan pronto pusieran un pie ahí, los convertirían en sus esclavos. Lloyd tenía razón, no podían dejarlos ir.
—Si lo sé. —consoló Helga. —Te aseguro que lo sé…
—¡Claro que no! —se metió Phoebs en la conversación. Había pensado lo mismo que su novio. —Quieres que suceda, deseas con todas tus fuerzas que así sea y aunque creo en ti, ya no tenemos diez años.
—Los ojos verdes me ven como su líder, cuento con que ellos nos brinden su ayuda.—concilió Arnold.
—¿Y si ya los atrapó?—cuestionó su hermano.
—Soy el "milagro" encontraré la forma de liberarlos.
—No podrás tú solo.
—Antes creías que sí.
—¡MENTÍ! —gritó y acto seguido buscó algo en el bolso de su chica. Se lo arrojó en la cara. Eran dos boletos abiertos a San Lorenzo, podían partir en el momento que quisieran. Sólo de ida, pues sin ellos. No volverían. —Vamos a ir con ustedes quieran o no. Hablamos con nuestros padres, no pedimos permiso, sólo avisamos que lo haríamos. En unos meses, seremos mayores de edad, cursaremos el último año de preparatoria y después iremos a la Universidad.
—Gerald…
—¡Tú no has hecho toda tu vida aquí para perderla allá! Si fuera así, te hubieras quedado en la Selva desde que eras bebé.
—Pero las profecías, tradiciones…
—Estamos de acuerdo en eso, viejo. Mira allá atrás porque en lo que Rhonda lloraba, yo envié unos cuantos mensajes.
Sus amigos estaban reunidos, la pandilla completa. Incluyendo a Larry con su nueva pareja.
—¿Así que "esta" es la guerra de la que no me querían hablar?—comentó Eugene sumamente ofendido.
Escucharon las partes finales de su conversa. Gerald fue escueto en su explicación por el chat grupal. Tan solo dijo que Arnold y Helga querían "revivir" sus momentos en la selva y más de uno pegó el grito en el cielo.
Pactaron para no volver a mencionar lo vivido, del mismo modo en que no hablaban de lo gordo e imposible que había sido Harold, lo bruto e ignorante que solía conducirse Stinky, lo "afeminado y cobarde" que por momentos se comportaba Sid, lo pedante, insufrible y extraño que era Eugene, las horribles trenzas que gracias a todos los cielos ya no portaba Nadine, la insolencia, soberbia y carencia de humanidad de Rhonda, la timidez e inseguridad de Phoebe, la identidad de la Señorita G.
—¿P…Por qué…?—preguntó Arnold a Gerald. Todos sus amigos tenían miradas furiosas y resentidas.
—Porque como dice la profecía. Tú estás destinado a convertirte en líder y salvador. A decir verdad ya probaste que puedes hacerlo. Salvaste a "nuestra gente" defendiste el vecindario.
—E…eso sólo fue con la ayuda de Helga.
—De su amor…—concedió Heyerdahl y ambos rubios se ruborizaron.
—¿Ya entendiste mi punto? Eres nuestro líder, somos tú tribu. Y si vas a patear traseros, nosotros te acompañaremos.
—¡NO! ¡De ninguna manera…!—comenzó a gritar Pataki.
—¿Por qué, no?—objetó Eugene. —¿Tan cobarde, torpe, débil o prescindible me crees?
—¡No lo digo por eso! ¡Es peligroso!
—¿De verdad…? —cuestionó Rhonda. —Porque los temores de adultos, no los teníamos de niños y ustedes se lanzaron de cabeza y sin pensar a la hoguera. Lo que creas que nos puede pasar "ya sucedió" y seguimos aquí. Esas miradas que ves en nuestros rostros, estas cicatrices en nuestra piel, no se las dedicamos a ustedes, sino a ellos. Queremos un ajuste de cuentas.
—¡NO!—gritaron los dos.
—No está a discusión, amigos míos.—comentó Harold. —Además, parece ser que tendrán la agenda bastante llena.
—¡NO! —repitieron buscando apoyo, pero hasta Lorenzo, Alan y Brainy tenían cara de querer sumarse a la fiesta.
—Piénsenlo. —sugirió Phoebs. —Ustedes, deben derrotar a Anthea, tu padre seguramente querrá ir tras tu madre. Sueñan si creen que Gerald y yo, no estaremos cubriendo sus espaldas…
—Y eso nos deja a los demás, tiempo para un ajuste de cuentas.—quien lo dijo fue Peapod, ajustando los lentes sobre su cara.
Gracias a esa "excursión" sus padres dejaron el pueblo, lo sacaron de la escuela, lo separaron de su hermosa Nadine.
Alguien tenía que pagar por eso.
—¡¿Es que se volvieron locos?! ¡No es posible hacer lo que dicen! —gritó algo histérica y nerviosa Helga.
—Con nuestros recursos combinados, conseguiremos boletos para el vuelo. —comentó Lorenzo mirando a su novia, Peapod y Alan. Los tres hijos de familias más que bien acomodadas asintieron.
—¿¡Qué hay de sus padres!?—insistió ella a punto de tirar de sus cabellos. Luego de saber lo cerca que estuvieron del "exterminio" no podía permitirlo.
—Casi estamos de vacaciones. —comentó Sid. —Bastará con decir que pasaremos dos semanas tirados de ebrios en la casa del que se deje.
—¿¡Tú también piensas ir!?—preguntó incrédula.
—Se arruinaron mis mejores botas en esa estúpida Selva, costaron como ocho mil dólares. —refunfuñó el chico de nariz prominente y que aún usaba gorra. Arnold sonrió ante la vacilación de su novia y la determinación de sus amigos. Si querían ir a la "guerra" que así fuera. Abrazó por la espalda a Helga, ella reaccionó como Mantecado cuando le tocas alguna de sus "reales" patas. La aferró, hasta tenerla contra su pecho. Era linda cuando estaba así, preocupada por todos, menos ella.
—Ya nos protegiste del lobo feroz una vez Amazona. Ahora, nos toca devolverte el favor.—eso lo comentó Patty y todos los demás asintieron.
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Continuará...
