Demonio y Mujer

#11


Caminaba junto a él, en el demonio el tiempo parecía hacerse más lento con su andar pausado mientras que la mujer debía apresurar el paso para mantenerse a su lado. Jaken cerraba la marcha a muchos pasos humanos de distancia, con las riendas del dragón en su poder, su caminar era histérico y no pasaba momento en que no sintiera que el mundo se acabaría. Hace una semana todo había cambiado, todo era distinto. El aroma de la humana era diferente, más agradable, más dulzón. Corría a buscar moras cuando aparecían en el camino y las guardaba en las alforjas del dragón con mucho recelo.

Caminaba junto a su amo en todo momento y solo se separaba de él cuando era el demonio mismo quien le indicaba que debía quedarse junto al dragón. Y volvía con él cuando se le permitía, con un gesto que solo podía entender ella.

—Mire —dijo la humana en un momento, había visto un campo de flores silvestres, Jaken sabía que no era para él ese mensaje pero aún así miró el lugar que apuntaba Rin. Con un gesto molesto, volvió a poner la vista al frente para seguir caminando, al no ser gran cosa el descubrimiento de Rin, pero su sorpresa había sido que la humana sujetaba la mano del demonio de forma espontánea y gentil, solo para asegurarse que Sesshōmaru realmente observara el campo—. ¿No es hermoso?

El demonio no respondió pero tampoco siguió con la marcha cuando ella decidió que era mejor visitar ese campo de flores silvestres. Sentarse allí, revolcarse y tomar unas cuantas flores era parte del plan de Rin, y eso al demonio no parecía molestarle.

Pasaron tres horas para nada productivas allí en el campo de flores. El demonio descansaba, la humana cortaba flores y Jaken estaba juntando comestibles para la chiquilla que pronto empezaría a quejarse de hambre. El sirviente refunfuñaba mientras apilaba bayas y ramas sobre una hoja enorme que había encontrado, aún olvidaba que Rin no podía masticar corteza como lo hacía su amada esposa. Oh, su amada esposa, aún recordaba esa piel verrugosa y áspera que lo hacía suspirar, esa nariz que tenía y que a él le faltaba, y esa espalda llena de orificios que podría llenar de huevecillos fertilizados. Se volteó y a su lado estaba Ah-Un, no su verde señora. Miró hacia adelante y el demonio estaba sentado con la humana enfrente robándole un beso fugas mientras lo creía dormido. Sesshōmaru abrió los ojos y su expresión no era de enfado, no como la de Jaken.

Rin se rio ante la estoica expresión, soltó las flores que había recolectado y se acurrucó en el regazo del demonio. Siguió riendo, le robó otro beso y volvió a acomodarse. Finalmente, se relajó y se durmió sobre él. Sesshōmaru volvió a cerrar los ojos hasta que fue hora de volver a marchar, cuando la humana se movió y despertó descansada.

—Te dije que solo la quería para aparearse —dijo su esposa en el murmullo del viento. Jaken se volteó pero allí no estaba. La señora Jaken seguía metida dentro de su cabeza, esa sensualidad demoniaca en su nariz y su espalda lo habían hecho débil, igual de débil como estaba haciendo Rin a su señor. La señora Jaken viviría por siglos, Rin un suspiro, y Jaken sería el demonio que tendría que lidiar con el malgenio de su amo cuando Rin ya no estuviera con él.

Rin era un problema. Un lindo problema.

—Mmmm —dijo Ah-Un, si bien nadie pedía su opinión, el dragón era sabio. Además de un adepto de la mocosa, ya que nadie lo aseaba como ella y nadie le buscaba el pasto más verde y fresco como la humana. Él decía que no era su incumbencia, que encontrara a su señora esposa antes de que otro demonio verde la encontrara y la fertilizara. Rin estaría bien.

—Ella no me engañaría. Los demonios nos casamos eternamente —le dijo al dragón cuando ya estaba cansado de caminar en medio de la noche y le apetecía subirse al lomo de Ah-Un. Iniciar una conversación era una forma educada de pedir un servicio luego.

—¿Es cierto lo que dice, señor Jaken? —preguntó entrometidamente la chiquilla. Se había detenido para que el dragón la alcanzara y robar de sus alforjas un poco de moras, su cuerpo empezaba a pedir comida y lo que encontró fue un tema más interesante—. ¿Está comprometido de por vida?

—Eres una metiche. —Se subió al dragón pero éste pronto lo exilió de su lomo, no estaba bien insultar a la dulce humana.

—Solo repetí lo que dijo. —Su semblante era triste, se volvía extremadamente inestable cuando la sangre le chorreaba a borbotones de entre sus piernas y debía bañarse varias veces al día y, según lo que le indicaba la nariz, esos días se acercaban. Sesshōmaru detuvo el paso cuando la chiquilla sonó quejumbrosa y Jaken sintió cómo su sangre se helaba. Pasaron unos instantes que se le hicieron eternos al demonio casado, hasta que mujer cambió su semblante—. Tengo hambre.

—Jaken.

—Sí, ya voy. —El pequeño demonio se fue cabizbajo por un pequeño sendero, las riendas que sujetaba pronto comenzaban a tensarse hasta que se le escaparon de las manos. Ah-Un no deseaba acompañarlo, quizás todavía ofendido por sus actitudes con la chiquilla. No había remedio, se encogió de hombros y se echó a andar entre la maleza y los bichos que a esa hora zumbaban a su alrededor. Se sentía solo y abandonado, su señora esposa había dejado un hueco en su alma.

Miró hacia atrás y la mujer volvía a reírse, se lanzaba al demonio para enlazar sus brazos sobre su cuello y unir sus labios mortales con los inmortales de él. Sesshōmaru seguía estoico, se veía más relajado, pero estaba estoico al fin y al cabo. Algo en su expresión debía indicarle a Rin cuándo podía tener esos arranques amorosos y cuándo no. O quizás no los habían y simplemente las ganas la dominaban.

Jaken siguió caminando y no volvió hasta que encontró a su esposa.


Estoy en una cruzada por escribir más :D

Besshomarus a todas.