La reconstrucción del Santuario sigue lento, apenas se han terminado las casas de los Santos femeninos y el Templo de Libra solo tiene sus cimientos; por ello, todos los Santos de Oro sin su Templo viven amontonados con los que sí lo tienen —para disgusto de estos—. Desde el Templo principal se puede ver como las cosas avanzas, se ve el entusiasmo de los aspirantes y de los propios santos que colaboran con dicha labor.
Athena observa a todos trabajar, animándolos desde lo más profundo de su corazón. Shion le hace compañía, mientras este revisa los avances técnicos de la reconstrucción —dígase todos los gastos que está acarreando hacer que el Santuario vuelva a ser lo que era antes de las batallas que ahí se libraron—.
Todos son, por supuesto, ajenos a los eventos que se llevaron a cabo en el Inframundo y los cambios que esto ha generado. Sin embargo, Athena presiente que algo está por suceder.
—Me atrevo a decir que dentro de dos semanas ya tendremos todo el Santuario restaurado; lo más difícil son los Doce Templos —Le menciona a la diosa, quien asiente dedicándole una sonrisa a su fiel patriarca.
Todo se siente en su lugar, como si así es como debió haber sido. Pero ese sentir no la deja del todo tranquila, quizás realizar una reunión para que todos estén alerta pueda traer paz a su corazón.
—Shion, necesito que reúnas a los Santos de Oro. Hay algo de lo que quiero hablarse —El patriarca asiente a las palabras de su diosa —. Si es posible, para antes del almuerzo.
Ella se retira para planear bien las palabras que utilizará, no quiere sembrar el pánico afirmando que —posiblemente— una nueva Guerra Santa pueda iniciar, pero tampoco puede descartarlo. Esa sensación que la ataca es inconfundible, en muchas vidas anteriores la ha sentido… es ese sentido de que algo está a punto de atacar a la Tierra.
Mientras, en el lugar que ocupa el Templo de la Virgen, están tres santos de oro: Shaka, Mu y Aldebarán. Los tres están midiendo el terreno —o eso intentan, ya que no se ponen de acuerdo sobre la manera de medir—. Pero hacen el esfuerzo, lo único que tienen claro es cómo serán los cimientos, pero sin las medidas eso no es de mucha ayuda. Pocas veces tienen esos problemas —sobre todo ellos tres—, no obstante, parece ser un caso especial.
—Llamemos a Saga, él lleva el registro de todo, por lo que las medidas deberíamos hacerlas de acuerdo a las que está utilizando —Un poco cansado de discutir a esas horas de la mañana, Mu, hace la sugerencia. A pesar de que Saga está en Géminis realizando las medidas en compañía de su gemelo.
—O podríamos preguntar a Camus, él le pasa al patriarca los avances cada mañana —Esta sugerencia la hace Shaka, a sabiendas de que el Santo de Acuario está más cerca, en el recién empezado Templo de Libra. Mu asiente ante ello, siendo lo más sencillo en esos momentos, sobre todo por cuestiones de tiempo.
Justo en esos momentos se hace un pequeño comunicado a través del cosmos, consiguiendo que todos los santos de oro sepan que deben presentarse en el Templo principal de inmediato.
—Creo que las medidas tendrán que esperar.
Los otros dos santos asienten a las palabras de Tauro, por lo que se encaminar hacia el templo principal.
Y los demás, desde sus posiciones en el santuario, hacen lo mismo.
¿Qué será lo que el patriarca quiere decirles?
En Japón, en una pequeña cafetería, cuatro personas están reunidas tomando café —muy tranquilas como si no tuvieran una guerra a cuestas—. Ninguno de los cuatro es japonés de nacimiento, sin embargo, vivieron ahí en algún momento de sus vidas.
—Entonces, Seiki, ¿renunciaste a tu trabajo? —Arjen, que tiene su cabello rubio atado en una cola baja, fija su atención a la chica de cabellos negros que parece querer ver el futuro en la espesura de su café negro.
—Sí, esta mañana. ¿Ustedes? —cuestiona sin apartar la vista de su bebida. Sus ojos grises se mantienen fijos en el vapor que escapa del oscuro líquido.
—Fue una odisea, pero los convencí de que no me necesitan…aunque hacía casi todo el trabajo ahí, hay gente muy inútil en este mundo —Menciona la otra chica del grupo, de largo cabello castaño con las puntas violetas.
Solo uno de ellos no ha hablado, su cabello es rojo —corto y bastante alborotado— y sus ojos son verdes. Mantiene una expresión estoica mientras ve a la chica de cabello negro.
—¿Algo te preocupa, Seiki? —Es lo que sale de sus labios. A él no le interesa hablar de cosas tan triviales como los empleos que tenían, no cuando están por iniciar una guerra contra aquella diosa que tiene un gran record de victorias en su haber desde la era del mito. Aunque su misión en sí, es recuperar las almas de aquellos que fueron revividos después de la batalla contra Hades.
—En absoluto, simplemente siento que nunca volveremos a reunirnos los cuatro.
—Son las consecuencias de la guerra —Arjen se encoje de hombros y se termina el café —. Al menos, nos divertiremos. Salud por esas pobres almas.
Seiki hace una mueca, pero se toma su café.
—Mañana será un gran día.
Ninguno de los tres contradice esas palabras porque, al menos para Izanami, sí que lo será.
Ellos solo son sus guerreros, sus Astros Celestes.
Seiki de Dragón Verde.
Gio de Tortuga Negra.
Arjen de Tigre Blanco.
Arnau de Pájaro Rojo.
Estos son solo preludios, más adelante espero los capítulos sean más largos. Y como pueden ver, ya se presentan a los guerreros elite entre los Astros...los cuales representan los cuadrantes en que están divididas las 28 constelaciones Chinas.
¿Qué les pareció? ¿Alguna opinión, sugerencia?
Gracias por leer
