Disclaimer: La historia pertenece a Diana Palmer.
Chicas, malas noticias… he sido reportada, y la verdad no sé por qué, yo sólo estoy haciendo esta adaptación con el fin de compartir las hermosas palabras de Diana, no con otro fin. Espero que la gente que no comprenda esto lo haga en algún momento, porque resulta incómodo tener que estar quejándome con las chicas que ni siquiera son capaces de quejarse con su cuenta, sino por un anónimo.
Ahora sí, ¡a leer!
CAPÍTULO 2
El lunes por la mañana trajo consigo la rutina de siempre. Masen estaba bastante tirante, probablemente porque aún arrastraba la discusión que habían tenido. ¡Qué la hubiera acusado de ir por ahí con los equipos de ambulancias como si fuera un diversión para ella...!
Lo observó desaparecer tras la puerta de su consulta, al final del pasillo, y con un profundo suspiro regresó a la suya, dirigiéndose al archivador para buscar una radiografía que necesitaba. Lo peor del amor no correspondido, se dijo abatida, era que los desprecios no hacían sino alimentarlo. Cuanto más la ignoraba Masen y más hostil se mostraba con ella, más le costaba renunciar a sus sueños de que las cosas cambiaran.
Tenía muy claro que no quería casarse, ni una relación, pero la atracción que sentía por Masen era demasiado fuerte como para negarla.
Cuando estaba examinando la radiografía, Esme se asomó por la puerta entreabierta.
- Hay una llamada para usted: el doctor McCarthy por la línea dos.
- Gracias Esme.
Bella descolgó el auricular distraídamente, estudiando aún la radiografía en su mano izquierda, pero cuando pulsó el botón de la línea que la enfermera le había indicado, se encontró escuchando accidentalmente una conversación que aún no había terminado.
-... ya te dije que, para empezar, si hubiera sabido de quién era pariente, ni siquiera la habría contratado - estaba diciendo con furia una voz demasiado familiar-. Si la contraté fue por hacerte un favor; entonces no tenía ni idea de que era la hija de Swan. Nunca le perdonaré por lo que me hizo, Emmett, y tener que verla a ella día tras día me lo recuerda. ¡Es un tormento constante para mí!
- Cooper, es injusto que...
- No, es como me siento. Esa mujer no es más que una carga para mí, y en respuesta a tu pregunta, no, ¡me da exactamente igual que le pidas una cita! La encuentro insufrible; no es más que una autómata sin el menor atractivo, así que puedes quedarte con ella con todas mis bendiciones. Te aseguro que yo daría dinero para sacarla de mi vida y de este hospital, ¡y cuanto antes mejor!
Se oyó un "clic", y de pronto Bella se dio cuenta de que la línea había quedado libre, y que Emmett estaba esperando al otro lado.
- Bella Swan al aparato- anunció lo más calmadamente que pudo, notándose las manos frías y sudorosas.
-¡Bella!, ¿qué tal? Soy Emmett - contestó su amigo -. Espero no pillarte en mal momento...
- No - musitó ella, tragando saliva, mientras hacía un esfuerzo sobrehumano por controlar sus emociones -. No, en absoluto. ¿Qué puedo hacer por ti?
- ¿Sabes esa cena benéfica que se celebra el jueves? Me preguntaba si te apetecería venir conmigo.
Después de la conversación que acababa de escuchar, Bella sabía que esa cita no era puramente amistosa, como las que habían tenido hasta entonces, y en otras circunstancias, sabiéndolo como lo sabía, le habría dicho que no, pero las palabras de
Masen la habían puesto fuera de sí.
- Me encantaría, gracias- le dijo.
- ¡Estupendo! - exclamó Emmett. Por el tono de su voz era obvio que había una amplia sonrisa en sus labios. Te recogeré el jueves a las seis.
- De acuerdo, hasta el jueves.
Bella colgó el teléfono y respiró profundamente, expulsando el aire despacio en un intento por tranquilizarse. Ni siquiera supo cómo fue capaz de continuar con la jornada.
Cuando hubo despachado al último paciente de la mañana, se quitó la bata blanca, escribió en el ordenador una carta de renuncia, la imprimió, la introdujo en un sobre, se puso la chaqueta, se colgó el bolso en bandolera, y fue a la consulta de Masen a entregársela. Sin embargo, era mediodía y ya debía haberse ido a comer porque no estaba allí, así que la dejó sobre el escritorio, y salió de nuevo al pasillo, abandonando el edificio sin mirar atrás.
Habría sido agradable tener un hombro sobre el que llorar en ese momento, se dijo mientras estabas sentada sola en una cafetería cercana al hospital, sentada ante un café solo y una ensalada de pollo que ni siquiera había tocado. Pero, ¿cómo iba a tener ningún hombro sobre el que desahogarse cuando tenía problemas para relacionarse con la gente? Era tímida y callada, y precisamente por eso a los demás les costaba acercarse a ella. Se quedó observando la taza de café con la mirada perdida, con las crueles palabras de Masen repitiéndose una y otra vez dentro de su cerebro. La odiaba, no podía haberlo dejado más claro. La encontraba insufrible, había dicho.
Quizá lo fuera; su padre se lo había dicho a menudo cuando aún vivía. Su madre y él habían nacido en Jacobsville, y habían resido allí durante años, pero él jamás le había hablado de su pasado. Claro que tampoco había hablado demasiado con ella, excepto para menospreciarla y decirle que nunca le llegaría ni a la suela del zapato.
En ese momento la puerta de la cafetería se abrió, y Bella observó con aprehensión que era "Ed" Masen quien había entrado. Parecía verdaderamente furioso, y sus ojos claros recorrieron el local hasta dar con ella, sentada sola en un rincón,
Avanzó hacia ella con una determinación que hizo pensar a la joven que debía haber una emergencia, pero cuando se detuvo frente a ella, estampó sobre la mesa su carta de renuncia junto con el sobre abierto.
- ¿Qué diablos significa esto? - exigió saber sin alzar la voz, pero en un tono amenazador.
Bella alzó sus ojos castaños hacia él.
- Significa que abandono, me marcho - respondió, apartando el rostro.
- ¡Eso ya lo sé!, ¡pero quiero saber por qué!
La joven miró en derredor. La cafetería estaba casi vacía, pero la camarera y un vaquero sentado en la barra estaban observándolos con curiosidad.
- Si no le importa, preferiría no discutir mis asuntos privados en público - le dijo con aspereza, levantando la barbilla.
Masen apretó la mandíbula, y sus ojos refulgieron, pero se apartó para que se pusiera de pie, esperó mientras pagaba, y la siguió fuera, hasta el lugar donde estaba aparcado su pequeño Ford plateado.
Sin embargo, cuando hubo sacado las llaves del bolsillo del pantalón, el médico la agarró por el brazo y la arrastró hasta un parque cercano, obligándola a sentarse en un bando, bajo un gran roble. Sólo entonces la soltó. Él se quedó de pie, y plantó la bota en el asiento, a su lado, inclinándose sobre la rodilla para mirarla.
- Ya estamos a solas - le dijo con brusquedad -. Ahora dígame por qué quiere marcharse.
- El contrato que firmé era sólo por un año y ya casi ha acabado - respondió ella con las mejillas arreboladas por la irritación-. Quiero irme de aquí, quiero volver a casa.
- ¿A Austin? Emmett McCarthy me dijo que no le quedaba nadie allí - le dijo él, sorprendiéndola.
- Tengo amigos allí.
- No lo creo, no tiene ningún amigo... a excepción de Emmett.
Bella agachó la cabeza y apretó las llaves del coche en su mano, clavándoselas en la palma. Sus facciones no expresaban emoción alguna, pero Masen había bajo la vista y observado la tensión reflejada en sus nudillos blancos. Sin decir palabra, tomó su mano rígida y la abrió, frunciendo el ceño al ver las marcas rojas que habían dejado las llaves en su piel.
Bella apartó la mano al instante, pero el desconcierto no se borró del rostro del médico.
Se quedó mirándola un buen rato, mientras el corazón de la joven latía salvajemente contra sus costillas. Detestaba mostrarse vulnerable.
Masen, advirtiendo su incomodidad, bajó la perna y dio un paso atrás. Vio como la joven parecía relajarse, y cómo soltaba el aliento que había estado conteniendo.
- Lleva tiempo lograr que una relación laboral funcione - le dijo -, y usted sólo le ha dado a la nuestra un año.
- Exacto, "yo" le he dado un año.
El énfasis en el pronombre hizo que el médico entornara los ojos.
- Tal y como lo ha dicho, parece que piensa que yo no he puesto nada de mi parte.
Bella alzó el rostro.
- Sí eso es exactamente lo que pienso. Usted nunca me ha querido trabajando a su lado. Lo sospeché desde el principio, pero no ha sido hasta esta mañana, cuando le oí decirle a Emmett por teléfono que...
Al médico se le desencajó el rostro.
- ¿Oyó lo que le dije? – inquirió con voz ronca.
Los labios de Isabella temblaron ligeramente.
- Sí, lo oí todo.
Masen recordó espantado lo que le había dicho a Emmett McCarthy en lo que en el fondo no había sido más que uno de sus arranques de mal genio. En varias ocasiones le había ocurrido que por el acaloramiento había dicho cosas que en realidad no pensaba, pero jamás se había sentido tan arrepentido de haber dado rienda suelta a su ira como en ese momento. Nunca hubiera creído a su fría e imperturbable ayudante capaz de sentir emoción alguna, pero claramente estaba destrozada. La había herido, y sólo entonces se dio cuenta de que su opinión sobre ella sí le importaba, aunque siempre tratase de demostrar lo contrario.
El médico maldijo para sus adentros. Si había contestado a Emmett tan furioso, había sido porque acababa de tener que diagnosticar leucemia a un niño de sólo cuatro años. Se había sentido impotente ante el dolor de los padres, y había descargado en Emmett su frustración. Además, ¿cómo podía haber imaginado que ella hubiera estado oyéndolo todo? Se sentía avergonzado, pero estaba seguro de que aunque intentara decírselo, ella no lo creería. Lo decían a las calaras la expresión cansada de su rostro, los puños cerrados y los labios apretados en una fina línea.
- Me contrató sólo por hacerle un favor a Emmett, seguramente rechazando a otra persona que le parecía más apta para el puesto - dijo ella con una sonrisa forzada-.
Bien, pues tal vez ahora que me voy, tendrá la oportunidad de contratarla.
- Espere un momento, yo...
Bella alzó una mano.
- No, por favor, no quiero que discutamos sobre ello - lo cortó. Ya había tenido bastante con escuchar lo que pensaba de ella-. Estoy cansada de pelearme con usted, de que no le parezca bien nada de lo que hago. Para usted soy una carga, y después de esto lo único que yo quiero es marcharme. Me quedaré hasta que encuentre a quien me reemplace, ni un solo día más - le dijo con firmeza, poniéndose de pie.
Masen se pasó una mano por el cabello cobrizo. Estaba perdiendo aquella batalla, y no sabía cómo disculparse.
- Esta mañana he tenido que decirle a los Dawe que su hijo tiene leucemia - le dijo, irritado por tener que darle explicaciones -. Me sentía furioso conmigo mismo, con
Dios... y cuando estoy furioso a veces digo cosas que en realidad no siento.
- Los dos sabemos que sí piensa lo que le dijo a Emmett de mí - respondió ella inflexible, mirándolo a los ojos-. Me odió casi desde el primer día que llegué aquí, y la mayor parte del tiempo ni siquiera es capaz de mostrarse cortés conmigo, pero lo que no sabía era que no podía ni verme por algo que hizo mi padre.
Cuando dijo eso, Bella observó un cambio sutil en las facciones del médico.
- De modo que también oyó eso - murmuró él.
Jamás habría querido volver a hablar de aquello, pero le debía una explicación por el comportamiento injusto y prejuicioso que había tenido con ella todo el año.
- La chica de la que estaba enamorado - comenzó con la garganta seca -, con la que iba a casarme, trabajaba en el hospital de Jacobsville. A pesar de estar comprometidos, tuvo un romance con su padre, y él la dejo embarazada. Él le practicó unaborto en secreto, y por supuesto ella me lo ocultó todo. Estuve a punto de casarmecompletamente engañado, pero aquello se descubrió, y la dirección del hospital "invitó"a su padre a marcharse.
Bella palideció. ¿Se habría enterado de aquello su madre?
- Sólo se enteraron unas pocas personas - añadió él, como leyéndole el pensamiento-.
Dudo que su madre estuviera al corriente. Parecía una buena mujer. Jamás comprenderé cómo pudo casarse con un hombre así.
- ¿Y la chica?
- También la despidieron, y abandonó la ciudad. Con el tiempo acabó casándose - dijo él, metiéndose las manos en los bolsillos-. Y si quiere conocer toda la verdad, le diré que Emmett sintió lástima de usted cuando murieron sus padres, y al enterarse de que yo estaba buscando un ayudante, me la recomendó tanto para el puesto, que accedí a entrevistarla. Al principio, a pesar del apellido, no la relacioné con su padre, claro - añadió -. Irónico, ¿verdad?, que escogiera como ayudante a la hija del hombre que destrozó mi felicidad.,
- Pero, ¿por qué no me lo contó?- inquirió ella irritada-, "¿por qué?"
-¿Cómo se supone que podía decirle eso? - respondió él-. Además, para cuando me di cuenta, el contrato ya estaba firmado, así que la única salida era que usted dimitiese.
De pronto todo tenía sentido: su beligerancia, sus constantes críticas... Había esperado conseguir que tirase la toalla.
- Ya veo - murmuró-. Pero no lo logró.
- Esta hecha de una pasta más dura de lo que yo pensaba - asintió él-. En todos estos meses no ha cedido ni un ápice, por duro que fuera con usted. Siempre estaba dispuesta a pelear - acarició distraídamente las llaves de su coche en el bolsillo mientras la miraba-. Hasta ahora no había encontrado a nadie capaz de plantarme cara.
Bella no dijo nada. Ése no era su carácter, pero para que su padre no la destruyera había aprendido pronto a no mostrar miedo, ni a agachar la cabeza, porque esos signos de debilidad no hacían sino aumentar su sarcasmo y su brutalidad.
- Un año – continuó Masen-, durante un año entero tu presencia me ha recordado lo que tu padre me hizo. Hubo momentos en los que habría hecho cualquier cosa para que te marcharas, no lo puedo negar, y al principio verdaderamente te odiaba.
Aunque ella ya había imaginado todo aquello y se lo había confirmado la conversación que había oído sin querer entre Emmett y él, que lo estuviera admitiendo cara a cara era aún más doloroso. Resultaba bastante irónico pensar que el hombre del que estaba enamorada estaba diciéndole que la odiaba por algo que había hecho su padre, el padre que había hecho de su vida y de la de su madre un infierno.
Sin duda se sorprendería si lo supera, y más aún si supiera que el prestigioso doctor Swan no había sido más que un drogadicto de clase alta, que había acabado robando
narcóticos del hospital de Austin, donde trabajó al tener que marcharse de Jacobsville, y que había estado totalmente colocado cuando cayó en picado la avioneta que pilotaba, matando a su madre con él.
Todos aquellos años había logrado controlar sus emociones, pero, de pronto, tal vez por el efecto acumulado de ese annus horribilis, no pudo contener la lágrimas que empezaron a acumularse en sus ojos, y rodaron una tras otra por sus mejillas.
Masen no había esperado esa reacción. A lo largo del año que habían estado trabajando juntos la había visto cansada, impasible, exhausta, enfurecida, e incluso frustrada, pero jamás la había visto llorar. Pasmado, extendió la mano y le tocó la húmeda mejilla, como si necesitara comprobar que las lágrimas eran reales. Al instante, Bella se echó hacía atrás, con una risa amarga entre sollozos.
- De modo que por eso era tan horrible conmigo- dijo con voz entrecortada-. Emmett nunca me dijo nada... y yo he sido tan estúpida que me he pasado todo un año soñando con que...- de nuevo dejó escapar una risa entre desgarrada y nerviosa, mientras se secaba airada las lágrimas con el dorso de la mano-. ¡Qué estúpida he sido! – Farfulló otra vez-. ¡Qué estúpida...!
Se giró sobre los talones y se alejó de él a toda prisa. Masen se había quedado clavado en el sitio, preguntándose con qué se había pasado todo un año soñando.
Durante los días siguientes, Bella se mostró educada y distante, como si fueran extraños,
Sin embargo, Masen advirtió que el modo en que lo estaba evitando en nada se parecía su actitud de los meses anteriores, y empezó a comprender lo que no había sido capaz de ver. Antes, por ejemplo, los ojos de Isabella siempre lo habían seguido donde quiera que fuese, y él lo había notado, pero, envueltos como estaban en la batalla campal que él mismo había iniciado, las había interpretado como miradas asesinas.
Después de su última confrontación, en cambio, la joven ya no lo miraba aunque se cruzaran por los pasillos, y en muchas ocasiones se desviaba para evitarlo por completo. Además, estaba llegando a extremos insospechados: si tenía algo que preguntarle, se lo ponía por escrito y se lo dejaba en el escritorio o lo hacía través de Esme.
Y entonces, inesperadamente, el jueves por la tarde, cuando estaban a punto de marcharse, fue a verlo.
-¿Ha puesto ya un anuncio para encontrar a alguien que me reemplace? - le preguntó en un tono educado.
Masen la observó un momento en silencio.
- ¿Tanta prisa tiene por marcharse?
- Sí - respondió ella sucintamente -. Quisiera marcharme después de las vacaciones de Navidad - se dio la vuelta e iba a salir de su consulta cuando él la retuvo por la manga de la bata blanca. Bella dio un paso atrás-. A principios de año- se reiteró volviéndose, pero sin subir la vista.
Masen la miró irritado, detestando el modo en que rechazaba el más leve contacto entre ellos.
- ¿Seguro que no quiere reconsiderarlo? Es buen médico- le dijo -, se ha ganado su puesto aquí.
Bella era consciente de que aquel era un verdadero halago viniendo de un hombre tan resentido, aunque también sabía que eso no cambiaba los hechos.
- Pero aun así me odia -murmuró-. Cada vez que me mira se acuerda de mi padre, y me detesta por ello ¿no es así?
Masen soltó su magna confundido. Sabía que era injusto, pero no podía negar que le ocurría.
Isabella advirtió su incomodidad.
- No se moleste, doctor - le dijo-. Dentro de un mes me habré marchado y ya no tendrá que volver a preocuparse por eso.
Dejó escapar una risa amarga y salió de la consulta.
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Continuará…
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Muchas gracias por leer :) Actualicé hoy porque el lunes no podré, nos leemos dentro de una semana! :D
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