Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.

Capítulo 15

Estaba esperando que el chico gritara: « ¡inocentes!» y se fuera corriendo al parque más cercano. Sin embargo, a medida que transcurrían los segundos, tuve que aceptar que nuestro mesías de la información apenas era un adolescente.

Seth sonrió como si supiera lo que estaba pensando.

—¿Sorprendidos? Pues no deberíais. Sorprenderos por nada, quiero decir.

Se levantó y me asombró comprobar que era casi tan alto como Edward.

—Tenía seis años cuando decidí jugar a ver quién era más gallito con un taxi que iba a toda velocidad. Ganó el taxi. Perdí una bici chulísima y un montón de sangre; pero, por suerte, mi amiga de la infancia era una extraterrestre.

—¿Cómo… cómo escapaste de Dédalo? —Y tan joven, quise añadir.

Seth se acercó a la mesa con pasos suaves y fluidos.

—Yo era su alumno estrella. —Sonrió de forma siniestra, casi inquietante—.Nunca hay que confiar en el que sobresale. ¿No es verdad, Benjamín?

Benjamín, que estaba apoyado contra la pared, encogió un hombro.

—Supongo.

—¿Por qué? —Seth se sentó en el borde de la mesa—. Porque, con el tiempo, el alumno se vuelve más listo que el maestro, y yo tuve unos maestros muy inteligentes. Bueno… —Dio una palmada—. Tú debes de ser Edward Cullen.

Si a Edward le sorprendió que Seth supiera cómo se llamaba, no lo demostró.

—Así es.

El muchacho bajó aquellas pestañas increíblemente largas.

—He oído hablar de ti. Benjamín es un gran fan tuyo.

Benjamín levantó el dedo corazón y Edward contestó con sequedad:

—Me alegra saber que mi club de fans ha llegado lejos.

Seth ladeó la cabeza.

—Y menudo club de fans… Ay, qué torpeza la mía, no te he presentado a tu compañero Luxen. Se hace llamar Carlisle.

Carlisle esbozó una sonrisa forzada mientras extendía la mano hacia Edward.

—Siempre es un placer conocer a otra persona que no está sujeta a viejas creencias y normas innecesarias.

Edward le estrechó la mano.

—Lo mismo digo. ¿Cómo acabaste juntándote con él?

Seth se rió.

—Esa es una larga historia para otro día… si es que hay otro día. —Aquellos ojazos asombrosos se posaron nuevamente en mí—. ¿Tienes la más remota idea de lo que te harán si se dan cuenta de que eres un híbrido completamente funcional? —Inclinó la cabeza, sonriendo—. Somos algo muy poco común. Coincidir tres de nosotros es una auténtica pasada.

—Tengo mucha imaginación —respondí.

—¿En serio? —Seth enarcó las cejas—. Dudo que Benjamín haya llegado a contarte la mitad… o lo peor.

Le eché un vistazo a Benjamín, pero este mantuvo el rostro impasible. Noté un escalofrío por la espalda que no tenía nada que ver con mi falta de ropa.

—Pero eso ya lo sabéis. —Seth se levantó y se estiró como un gato después de una siesta—. Y aun así estáis dispuestos a correr el enorme riesgo de entrar en el avispero.

—No tenemos elección. —Edward le lanzó una mirada asesina al silencioso Benjamín—. Así que ¿vas a darnos los códigos o no?

Seth se encogió de hombros mientras pasaba los dedos por los fajos de dinero.

—¿Y qué gano yo?

Exhalé bruscamente.

—Aparte de cabrear a Dédalo, la verdad es que no tenemos mucho que ofrecer.

—Hum, yo no estaría tan seguro.

Cogió un puñado de billetes sujetos con una goma elástica. Un segundo después, los bordes de los billetes se curvaron hacia dentro y el papel se derritió hasta que un olor a quemado llenó el aire y no quedó nada.

Me dio envidia, teniendo en cuenta que todo eso de usar la luz para crear calor y fuego me superaba por completo.

—¿Qué podemos hacer por ti?

—Evidentemente, el dinero no es un problema —añadió Edward.

A Seth le temblaron los labios.

—No necesito dinero. —Se limpió los dedos en los vaqueros—. Tampoco poder. Sinceramente, lo único que necesito es un favor.

Benjamín se apartó bruscamente de la pared.

—Seth…

Este entrecerró los ojos.

—Solo quiero un favor… un favor que pueda cobrarme en cualquier momento. Eso es lo que quiero a cambio, y os diré todo lo que necesitáis saber.

Bueno, eso sonaba fácil.

—Va…

—Un momento —me interrumpió Edward—. ¿Quieres que aceptemos hacerte un favor sin saber de qué se trata?

Seth asintió con la cabeza.

—¿Dónde está el riesgo si lo sabéis todo?

—¿Dónde está la inteligencia si no? —repuso Edward.

El chico soltó una carcajada.

—Me gustas. Me gustas mucho. Pero mi ayuda implica su propio peligro a cambio.

—Dios, eres como un mafioso preadolescente —murmuré.

—Algo parecido. —Me dedicó una sonrisa angelical—. Lo que ninguno de vosotros entiende es que hay cosas mucho más importantes que la novia de un hermano o un amigo… o incluso acabar bajo el dominio de los hombres. Los vientos traen cambios, y esos vientos van a ser huracanados. —Miró a Edward—. El Gobierno teme a los Luxen, porque representan la caída del género humano de la cima de la cadena alimenticia. Para solucionarlo, han creado algo mucho más fuerte que un Luxen. Y no me refiero a bebés híbridos normales y corrientes.

Me estremecí.

—¿De qué hablas?

Me miró con sus ojos violáceos, pero no dijo nada.

Carlisle se cruzó de brazos.

—No pretendo ser grosero, pero, si no estáis dispuestos a hacer un trato, ahí está la puerta.

Edward y yk nos miramos. La verdad era que no sabía qué decir. Sí que era como hacer un trato con la mafia… con un repulsivo niño-jefe de la mafia.

—Chicos —dijo Benjamín—, Seth es nuestra única oportunidad.

—Por el amor de Dios —murmuró Edward—. Vale. Te debemos un favor.

Los ojos de Seth relucieron.

—¿Y tú?

Suspiré.

—Claro. ¿Por qué no?

—¡Genial! ¿Carlisle? —Extendió una mano. Carlisle se agachó, cogió un pequeño MacBookAir y se lo entregó—. Dadme un segundo.

Lo observamos ponerse a teclear con el ceño fruncido en un gesto de concentración. Mientras esperábamos, una puerta situada al fondo de la habitación se abrió y la jovencita del escenario se asomó.

Seth levantó la cabeza de repente.

—Ahora no.

La cara de disgusto de la muchacha fue monumental, pero cerró la puerta.

—Esa es la chica de…

—No termines esa frase si quieres que continúe. Ni siquiera habléis de ella. En realidad, nunca la habéis visto —dijo Seth con la mirada clavada de nuevo en la pantalla—. O ya no hay trato.

Cerré el pico a pesar de que tenía un millar de preguntas sobre cómo habían escapado y cómo sobrevivían prácticamente sin protección.

Por fin, Seth dejó el portátil en el escritorio. La pantalla estaba dividida en cuatro secciones, en blanco y negro, con mucho grano, como si fueran vídeos de seguridad. Una imagen era de un bosque. Otra, de una valla alta y un portón; la siguiente, de una garita de seguridad, y la última mostraba a un hombre uniformado patrullando otra sección de la valla.

—Os presento Mount Weather, propiedad de la FEMA, la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias, y protegido por el Departamento de Seguridad Nacional. Ubicado en la majestuosa cordillera Azul, se utiliza como centro de formación y como escondite para todos nuestros queridos funcionarios en caso de que nos bombardeen —explicó Seth con una risita burlona—. También conocido como la tapadera para el Departamento de Defensa y Dédalo porque, bajo tierra, hay más de ciento ochenta mil jodidos metros cuadrados para entrenar y torturar.

Benjamin se quedó mirando fijamente la pantalla.

—¿Has hackeado sus sistemas de seguridad?

Seth se encogió de hombros.

—Como dije, era el alumno estrella. Mirad esta sección de aquí. —Señaló la pantalla en la que un guarda patrullaba la valla, casi mezclándose con el fondo borroso—. Esta es la entrada « secreta» que no existe. Muy pocas personas la conocen: nuestro amigo Benjamín entre ellas.

Seth presionó la tecla de espacio y la cámara se desplazó a la derecha. Un portón quedó a la vista.

—Así está el tema: el domingo a las nueve de la noche tendréis vuestra mejor oportunidad. Hay cambio de turno y el personal estará bajo mínimos, solo habrá dos guardias patrullando este portón. Porque el domingo es un día de poco movimiento, ya sabéis.

Carlisle sacó una libreta y un bolígrafo.

—Este portón es el primer obstáculo. Tendréis que deshaceros de los guardias, pero eso está chupado. Yo me aseguraré de que las cámaras estén apagadas entre las nueve y las nueve y cuarto. Ya sabéis, como en Parque Jurásico. Dispondréis de quince minutos para entrar, rescatar a vuestros amigos y salir cagando leches. Así que no dejéis que un dragón escupe-fuego os pille.

Edward ahogó una carcajada.

—Quince minutos —murmuró Benjamín, asintiendo con la cabeza—. Es factible. Una vez dentro del recinto, la entrada conduce a los ascensores. Podemos usarlos para bajar hasta la décima planta e ir directamente a la celda.

—Genial. —Seth dio un golpecito con el dedo sobre la pantalla—. El código de este portón es « Ícaro» . ¿Veis una pauta? —dijo riéndose—. Una vez dentro del recinto, veréis tres puertas, una al lado de otra.

Benjamín asintió de nuevo.

—La del centro… ya lo sé. ¿Cuál es el código?

—Un momento. ¿Adónde llevan las otras puertas? —pregunté.

—Al maravilloso mundo de Oz —contestó Seth mientras presionaba la tecla de espacio hasta que la cámara enfocó las puertas—. En realidad, a ningún sitio interesante. Ahí solo hay oficinas y cosas de la FEMA. ¿Alguien quiere adivinar cuál es el código de esta puerta?

—¿Dédalo? —propuse.

Seth sonrió.

—Casi. El código de esta puerta es « Laberinto» . Ya sé que no es una palabra demasiado difícil de deletrear, pero aseguraos de hacerlo correctamente. Solo tendréis una oportunidad. Si introducís el código incorrecto, se pondrá feo. Id en ascensor hasta la sexta planta como dijo Benjamín y luego introducid el código « DÉDALO» , todo en mayúsculas. ¡Tachán!

Edward negó con la cabeza, receloso.

—¿Solo hay que introducir códigos? ¿Esa es toda la seguridad que tienen?

—¡Ja! —Seth presionó un par de teclas y la pantalla se quedó negra—. Voy a hacer algo más que proporcionaros los códigos y desconectar las cámaras, mi nuevo amigo. Desactivaré su software de reconocimiento ocular. Puede dejar de funcionar unos diez o quince minutos al día sin que nadie se inmute.

—¿Qué pasa si seguimos dentro y vuelve a conectarse? —pregunté.

Seth levantó las manos.

—Pues… será como estar en un avión a punto de estrellarse. Pegad la cabeza a las rodillas y despedíos.

—Vaya, eso suena estupendo —comenté—. ¿Así que también eres una especie de hacker mutante?

Me guiñó un ojo.

—Pero tened cuidado. No voy a desconectar ninguna otra medida de seguridad que hayan decidido montar. Eso levantaría sospechas.

—Alto ahí. —Edward frunció el ceño—. ¿Qué otras medidas de seguridad podrían tener?

—Por lo que he descubierto, cambian los códigos de vez en cuando. Aparte de eso, solo hay guardias; pero es un cambio de turno. —Benjamín sonrió de oreja a oreja—. No nos pasará nada. Lo tenemos controlado.

Carlisle tendió una hoja en la que había garabateado los códigos. Edward la cogió antes de que pudiera hacerlo Benjamín y se la guardó en el bolsillo.

—Gracias —dijo.

Seth regresó al sofá, donde se dejó caer junto a la DS. Se le borró la sonrisa.

—No me deis las gracias todavía. En realidad, no hace falta que lo hagáis. No existo, ¿sabéis?, por lo menos hasta que necesite ese favor. —Abrió la DS—. Recordad, este domingo a las nueve de la noche. Tenéis quince minutos y ya está.

—Vale… —Alargué la palabra, mirando a Benjamín. Me moría por saber cómo se habrían conocido esos dos—. Bueno, supongo…

—Que nos vamos —añadió Edward, cogiéndome de la mano—. Ha sido un placer conoceros, más o menos.

—Lo que tú digas —respondió Seth moviendo los pulgares a toda velocidad sobre los controles. Su voz nos hizo detenernos junto a la puerta—. No tenéis ni idea de lo que os espera. Id con cuidado. No soportaría que el trato fuera unilateral si conseguís que os maten… o algo peor.

Me estremecí. Qué forma tan agradable de dar por terminada la conversación con una buena dosis de miedo.

Edward se despidió del otro Luxen con un gesto de la cabeza y salimos.

Benjamín cerró la puerta detrás de él. Fue entonces cuando me di cuenta de que la habitación estaba insonorizada.

—Bueno —dijo Benjamín, sonriendo—, no ha estado tan mal, ¿no?

Puse los ojos en blanco.

—Tengo la sensación de que acabamos de hacer un pacto con el diablo y que volverá para exigirnos a nuestro primogénito o algo por el estilo.

Edward levantó las cejas.

—¿Quieres tener niños? Porque ya sabes que la práctica hace…

—Cierra la boca. —Negué con la cabeza y empecé a caminar.

Atravesamos el club a toda prisa, rodeando la zona de baile, que todavía estaba abarrotada. Creo que todos estábamos listos para largarnos de allí.

Mientras nos acercábamos a la salida, volví la cabeza y miré más allá de Edward y Benjamín, hacia la pista de baile.

Una parte de mí se preguntó cuántas de aquellas personas serían híbridos, si es que alguna lo era. Éramos poco comunes, pero desde el principio había presentido que ese sitio tenía algo diferente. Igual que también lo tenía aquel chico llamado Seth.

El tipo con pinta de luchador profesional nos recibió en la puerta. Se hizo a un lado y cruzó los enormes brazos sobre el pecho.

—Recordad —nos dijo—: nunca habéis estado aquí.

Cuanto misterio!!

Ahora al rescate de Rosalie!!! ¿Creen que lo logren o... ??? D: