Disclaimer: Digimon ni sus personajes me pertenecen.

Colección para la actividad "Escribe a partir de una palabra" del Foro Proyecto 1-8.


Promesa: Decir [una persona] que hará o dirá algo, comprometiéndose u obligándose a ello.

Taichi & Koushiro


VIII.

Su mano temblaba sobre su pierna, sus ojos estaban secos y su sonrisa ya era historia.

Historia de vidas pasadas, de momentos alegres. Las arrugas ya no se formaban en la comisura de sus labios desde hace un tiempo, algo parecía haberse roto ese día, como si un terremoto hubiera destrozado su mundo.

Lo habían sacudido hasta hacerle caer.

No estaba seguro cómo había pasado, ni recordaba qué pasó por su mente aquel día. Solo recuerda el negro, la desesperación…

La incipiente tristeza que subía por su garganta, la negación que salía por sus ojos y el miedo que le aplastaba el cráneo.

Dicen que a la gente buena le pasan cosas buenas, pero él no veía nada de eso en su presente. ¿Gente buena? ¿cosas buenas? Tonterías.

Sintió el ruido del viento chocar contra los ventanales y apretó sus manos, evitando que estas siguieran temblando. ¿Alguna vez dijo que era débil? ¿Alguna vez lo mencionó en voz alta? Pues este era el momento y la verdad, hoy era más débil que nunca y nadie le podía ser lo contrario.

Sintió el ruido característico de la silla contra el suelo, levanto la vista y le vio venir. Con una sonrisa en su rostro, con los ojos brillantes, con las manos limpias, con el tronco erguido y con ese sombrero que amaba usar.

—¡Viniste!

Le habló como si nada, como si fuera un día cualquiera, como si nada hubiera pasado. Como lo hacía Taichi todos los días.

Un amago de sonrisa en su rostro, se acercó a él y vio las cicatrices en sus brazos, brillaban como estrellas sobre su morena piel.

—Todos los días.

No había día que faltara, no había día que no pensara, no había día en el que no estuviera con él. A pesar que, en un principio pensó que el moreno le necesitaba a él, ahora estaba seguro que era al revés. Que, si no fuera por el chico frente a él, todo se habría desmoronado.

—¿Vino alguien en la mañana?

—Sí, Hikari y Sora estuvieron aquí. Sora me contó que Yamato viajaba hoy con Takeru, quizás mañana vengan.

Su voz era un eco alegre, alas de mariposas suaves que flotaban en el aire.

—Pero no te preocupes, ya sabes que las tardes son tuyas, Koushiro.

Negó moviendo la cabeza. Sus dedos temblaron, estiró su mano y luego la volvió a su posición inicial, no podía hacerlo.

De repente, el semblante de su acompañante cambió. El brillo en sus ojos se opacó, la sonrisa decayó, sintió su propio corazón encogerse y le miró con miedo. Estiró sus manos para tocarle una vez más y esta vez sí lo hizo, rozó su mano con la suya.

A veces eso, era lo mínimo que podía hacer.

—Mañana por la tarde tendré que hacerme exámenes. No es necesario que vengas, son muchísimos.

Koushiro volvió a negar con la cabeza, esta vez apretó su mano con la de él. Quiso sonreírle, pero sabía que eso ya no se lo podía permitir, cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, siguió la mirada ausente del moreno.

—Voy a venir, como cada tarde. Aquí estaré cuando salgas.

Esta vez fue Taichi quien tomó su mano y la apretó, esta vez fue Taichi quien intentó sonreír y no pudo. Con su otra mano se rascó la cabeza, allí donde se encontraba el sombrero, aquel que escondía que bajo él no había más que piel.

—Cada día estoy más cansado. Cada día es más difícil. Cada día me duele más. Cada día tengo más miedo.

Las palabras del moreno resonaron en las cuatro paredes de la habitación, la melancolía se sentía en cada palabra pronunciada.

Quiso darle fuerzas, decirle que todo estaba bien. Pero él no sabía mentir y menos a él, no podía llenarle la cabeza de promesas que quizás nunca se cumplirían. Solo podía afirmar lo que sabía podría cumplir.

—Voy a venir mañana. Y pasado mañana también. Estaré aquí cada día que me necesites, tal como te lo prometí.