Herencia de sangre
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la película "Labyrinth", dirigida por Jim Henson.
Capítulo 2
Sintió algo que le hacía cosquillas en la mejilla, abrió los ojos perezosamente y observó a la pequeña niña de cabellos dorados enfrente de ella agitando una taza de plástico color violeta con pequeñas flores blancas – "estaba soñando" – se dijo, con esta ya habían sido 6 veces en el mes que él se hacía presente en sus sueños.
- Mami, teno hambre…
- Oh…preciosa…lo siento mamá se quedó dormida – Sarah se levantó y se dirigió a la cocina – calentó leche y saco una galletas – Mila, ven trae tu taza, quieres galletas?
- No, pastel… - dijo la pequeña en pijamas rosa corriendo hacia la cocina con su madre.
- Mami no preparó pastel, si quieres lo prepararemos juntas más tarde.
- Si! Pastel.
- Ven dale un beso a mamá.
Preparó un café fuerte para ella, lo necesitaba. Fue a su habitación a ponerse algo más cómodo, ya que seguía con el vestido de la noche anterior. Soltó su cabello y lavó sus dientes, cuando estaba a punto de quitarse el maquillaje sintió el timbre. Fue hacia el portero – Si?
- Soy Amy…
- Buenos días, pasa… - presionó el botón que abría la puerta del edificio, Sarah vivía en un séptimo piso.
- Mila adivina quién vino?
- Huglet!? – pregunto la pequeña a su madre con una gran sonrisa.
- No, y es Hoggle…- Sarah se acercó a la niña – Cielo, recuerda que Hoggle es un secreto – se puso a la altura de la pequeña cuando notó algo extraño en sus ojos – Mila que te sucedió! te duelen los ojitos? – la pequeña solo negó con la cabeza.
Pero Sarah no quedándose tranquila cambio de ropa a Mila y terminó de alistarse, agarro su bolso, las llaves del auto y salió como un rayo al hospital. En el pasillo se encontró con Amy, una joven un pocas mas baja que Sarah, piel morena y grandes ojos almendrados, su mejor amiga y niñera ocasional de la niña
- Sarah que sucede, porque esa cara ?
- Mira los ojos de Mila…
Amy se sorprendió al verlos – Voy contigo al doctor.
Después de casi 45 minutos de revisación, por fin el pediatra hablo.
- Todo parece ser una Heterocromía Iridium. Consiste en la distinta coloración del iris en cada ojo, muy raro en las personas. A veces es hereditaria – cuando dijo esto Sarah se paralizó – pero este no es el caso, ya que Mila no nació con ello.
- Y eso es malo? - Preguntó la madre aun asustada.
- Mila no muestra señales de dolor y su vista es normal, pero tiene un poco de fiebre. Me extraña que esto apareciera esta mañana…
- Si anoche sus ojos estaban como siempre y Karen no me mencionó nada, ella estuvo con Mila todo el día.
- Tendremos que hacerle algunos exámenes para descartar cualquier tipo de enfermedad – el doctor hizo el papeleo necesario para realizarle todo tipo de análisis.
La niña quedó al cuidado de una enfermera mientras que Sarah y Amy estaban en la sala de espera, aguardando a que todo terminara pronto. El celular de la joven madre sonó.
- Hola… Lucio…
- Sarah sé que es domingo y que debes estar disfrutando a pleno a tu bellísima hija, y recuerda que la adoro pero…
- Pero?... – segura de que tipo de favor le pediría.
- Los pedidos que hiciste el viernes, no fueron aprobados, y necesito volver a mandar el e-mail pero tu computadora no me deja, necesito tu contraseña y la cantidad exacta a pedir. Podrías venir al taller, no creo que te quite más de 40 minutos .
- No puedo, le preguntaste a Agnes?
- No contesta el teléfono…
- En estos momentos estoy en el hospital…no yo estoy bien, pero a Mila le están haciendo un chequeo…lo sé – Amy le hizo un gesto para interrumpirla – Aguarda un segundo.
- Sarah yo me quedaré con Mila tu vete y haz lo que tengas que hacer, aquí te espero
- Claro que no, me sentiría la peor madre del mundo, dejándola.
- Vamos no es para tanto, puedo escuchar que Lucio está desesperado.
- Lucio, estaré en unos veinte minutos…de acuerdo yo le digo…si…nos vemos – Sarah colgó mirando a Amy aun dudando – Lucio te da las gracias y dice que te debe una.
- Una? Yo diría que varias. Bueno ve, no pierdas más tiempo.
- Estaré lo antes posible.
- Sí, no te preocupes.
Ambas amigas se saludaron. Sarah salió lo más rápido posible del hospital, al llegar al estacionamiento, sus piernas flaquearon del fuerte mareo que tuvo – Ahora no por favor – se detuvo un momento y en cuanto todo dejo de dar vueltas se subió a su auto, dirigiéndose directamente a su taller de trabajo donde su socio la esperaba.
Tal como lo predijo Lucio, todo el papeleo no le tomó mucho tiempo, en el camino llamó a Amy para preguntar cómo estaba todo, y comentarle que debía hacer una pequeña parada en su departamento.
Una vez que Sarah llego a su hogar, se metió en el baño y busco en el botiquín su medicación que con todo el ajetreo de la mañana olvido tomar. Se lavó la cara y se hizo una coleta en el pelo. Llego a su tocador y encontró las bellas joyas que Edward le había regalado, guardo los pendientes junto con la gargantilla en la caja de terciopelo negro, tenía que llamarlo para devolvérselas, no creía prudente conservarlas. Después de todo ella provocó que las cosas se dieran de esa manera, o por lo menos era lo que pensaba Sarah.
Antes de salir preparó una muda de ropa para su hija guardándola en una pequeña mochila, arrojó la medicación en su bolso junto con unos analgésicos para los persistentes dolores de espalda que tenía últimamente. Luego llamo a su padre comunicándole la situación de su nieta, recalcando que no debían preocuparse, que todo era un choqueo para constatar que la pequeña estaba bien.
- De acuerdo Sarah no iremos al hospital pero apenas terminen todo nos avisas.
- Si papá, te dejo que debo volver. Los quiero…
Entró a la sala de espera y observó a Amy hablando con el Richard, pediatra de Mila, este la miró e instantáneamente su amiga volteo a verla con una expresión de preocupación, la leve sonrisa que Sarah tenía comenzó a desaparecer.
- Que sucede?
- Mila comenzó con fiebre muy alta, lo que provoco que…comenzara a convulsionar.
- Que?...no…no…Richard, como esta ella? – sus ojos verdes se cristalizaron.
- Ella está estable, pero debemos internarla para tenerla en observación, no la podemos dejar ir hasta que estén los resultados de los exámenes.
- Y su fiebre?
- Le administramos un antipirético inyectable, hasta ahora no ha aumentado, que es lo importante en estos casos, para evitar que las convulsiones vuelvan.
- Ella está…?
- Dormida – le regalo un sonrisa para tratar de atenuar su preocupación – Bueno, debo de volver para ver cómo sigue – apoyo una mano en el hombro de la joven madre – Ahora esto va para ti, apenas sientas alguna molestia me avisas, dolor, nauseas, lo que sea, debes estar fuerte, Mila te necesita – Sarah se limitó a asistir con la cabeza, dejándose caer en pequeño sillón gris de la sala.
- Todo estará bien, quieres que llame a tu papá?
- Si por favor…
Undregroun estaba formado por 5 reinos. Detrás de las montañas altas el reino de Lurgot, su rey era tosco pero de una gran humildad. Hacia el sur detrás del bosque de Merse, el reino Azul, el más hermoso y mágico de todos. Al este, el pequeño reino de Blamir, caracterizado por sus valientes guerreros, al oeste cruzando el mar Kir, el más alejado y rico Dannu.
El clima del reino de Labyrinth parecía ser constante, siempre agradable, este se caracterizaba por ser el mas vasto, rodeado de una belleza muy particular lleno de magia y misticismo, algo que caracterizaba al soberano de ese lugar Jareth, el Rey de los goblins, pero en Labyrinth nada es lo que parece, no se podía dar nada por hecho , algo que le fascinaba a su rey.
Cada 5 años se reunían, con el fin de conservar el equilibrio y armonía en Underground.
- Bien, que harás? no deberías negarte, ella es muy hermosa y la unión de ambos reinos sería muy conveniente no crees?
- Para quien abuela?
- Labyrinth no tiene guerreros y todos saben que en Blamir están los mejores.
- No me hacen falta…y si tengo soldados.
- Pequeños goblins… - resaltó la mujer de cabellos rubios, ojos color miel y estatura media, aún conservaba una gran belleza a pesar de sus casi 480 años.
- Goblins muy fuertes querrás decir.
- No, estoy seguro que tu abuela no quiso decir eso – le dijo un hombre con un tono burlón.
- Que es esto? Una especie de confabulación contra mi persona – dijo el rey jugando con sus cristales.
- La dama hizo un gesto con su mano derecha y los cristales se convirtieron en bellos pájaros de un azul intenso – Aun puedo quitarte tus juguetes – le dijo con una gran sonrisa.
- Bien, ahora tienen toda mi atención – sentándose en su trono de manera muy relajada.
- Necesitas una esposa, Labyrinth necesita una reina y un heredero, y Annya es hermosa y dulce y…
- Según quién?
- Según lo que dicen todo el mundo - ciertamente en un tono de reproche – Porque no usas uno de tus cristales y lo ves por ti mismo…
- No me interesa abuela, ya tendré oportunidad de conocerla en unos días.
- Esto es increíble hace ya dos semanas que ellos han llegado y tú no has dado señales de interés para ir a conocerla.
- Séfila, deja al chico en paz…
- Arthur, no le defiendas – el hombre se llevó la mano a la frente negando con la cabeza – Que? No hagas ese gesto que sabes que me molesta.
Arthur era un hombre alto de cabellos grises y ojos tan celestes casi cristalinos que parecía que podías ver tu alma reflejada en ellos, su contextura mas fornida, que la del Rey Goblin.
- Desde que tus padres no están lo único que hemos hecho es velar por ti, que diría tu madre si te vieras criando hijos ajenos y no los tuyos propios – volvió a decir la dama.
- Solo cumplo con la terea que mis padres comenzaron.
- Aun así…es que sigues encaprichado con esa niña mortal?
Jareth se levantó de su asiento hecho una furia y dirigiéndose a la ventana – Eso se acabó hace mucho, los lazos que la unían a Underground y a mi están rotos y no tengo ganas de seguir hablando del tema – con agilidad se paró en borde de la ventana saltando al vacío.
- Sus retiradas suelen ser tan dramáticas, creo que empeoré las cosas – la soberana del Reino Azul se abrazó a su esposo.
- No lo apures, todo llegará a su tiempo.
Las horas para Sarah y su familia pasaban lentas, ya llevaban seis días en el hospital y su pequeña hija no daba señales de mejorar, la fiebre jugaba en un subibaja tortuoso, en dos ocasiones las convulsiones volvieron, los médicos no se explicaban que era lo que le sucedía, todos los resultados no mostraban ningún tipo de enfermedad.
- Sarah…Sarah despierta – la joven se incorporó de inmediato, su semblante cada vez era mas desgastado, ojeras y palidez era lo primero saltaban a la vista.
- Papá. Que sucedió?
- Hija ve a casa a descansar, lo necesitas…
- No puedo – se pasó una mano por la cara y trato de estirar su cuerpo un poco, estaba muy contracturado.
- Karen se quedará
- Pero Toby…
- Él está a los cuidados de la señora Clay. Si quieres quedarte esta noche, ve y descansa ahora, yo me quedaré hasta que venga Karen.
- Está bien…
- Hija estas tomando tu medicación?
- Si, papá…la tengo conmigo – señaló el bolso – nos vemos después, te amo – le dio un beso a su padre y se fue.
- Al salir del hospital recordó que tenía que comprar unos analgésicos y su dichosa medicina. Hizo todos sus mandados incluyendo pasar por el supermercado. Una vez en su departamento guardo todo en su lugar y se dispuso para ir a tomar una ducha y acostarse, necesitaba con urgencia su cama. Antes de meterse a la cama visito el cuarto de Mila, se quedó un rato observando sus muñecos sus dibujos, de repente se quebró, lloró como hacía mucho no lo hacía. Estaba cansada, parecía que la vida se había ensañado con ella ya era una lucha convivir con su enfermedad, desde que se enteró solo pensaba en su hija y ahora esto, su preciosa niña. Llevaba 6 días en los que apenas abría los ojos, para volver a dormirse, verla así la estaba matando, pero debía de ser fuerte. Se sentó en su antiguo tocador, mirándose al espejo.
- Sarah – se dijo – estas hecha un desastre. Dejo caer su cabeza apoyada por ambos brazos, casi quedándose dormida sintió algo tibio recorriendo su labio superior, se tocó y confirmó sus sospechas, estaba sangrando, corrió al baño a limpiarse, cuando la pequeña hemorragia nasal cesó, se acostó e instantáneamente se quedó dormida.
El calor se estaba haciendo agobiante y que mejor que un fin de semana en la playa para combatirlo.
- Sarah que te sucedió? - questionó asombrada Amy.
- Dónde? – miró extrañada a su amiga que la observaba con ojos picaros.
- Vaya, parece que el encuentro fue candente – le dijo riéndose señalando el lado derecho de su cadera, el traje de baño no alcanzaba a cubrir esa parte.
- De que estas hablando? – cuando lo vio, sus ojos verdes parecían brillar del sorpresivo descubrimiento, una mordida, y sí que estaba grabada en su piel.
- Dile que sea mas gentil…
Sarah se sentó como pudo en la arena, tocándose la escandalosa marca.
- Sucedió…entonces todo fue real… - lo dijo despacio
- Me dirás quien fue?
- No lo conoces – fue lo primero que le salió – Y dudo volverlo a ver.
- Estas bien? – preguntó Amy.
- Si, vamos al agua – cambió radicalmente de conversación.
La alarma del despertador sonó quince para las seis de la tarde. Últimamente sus sueños la traicionaban siempre que podían, no dejo de recordar cómo se habían dado las cosas entorno al nacimiento de su niña. Se cambió de ropa, una camisa blanca y un pantalón negro, buscó un sweater, ya que recordó que la sala donde se quedaba la temperatura era baja y ya había pasado una noche muy incómoda y fría. Se cepillo rápido el cabello dejándolo suelto, vio nuevamente la caja que contenía su regalo de cumpleaños al lado de una fotografía que se había tomado el año pasado en unas mini vacaciones con Edward. Todos le decían que eran una pareja ideal. Suspiro y se marchó de vuelta al hospital.
En Underground, Labyrinth se vestía de gala, el encuentro de los 5 reinos comenzaría con un gran baile. Goblins caminado, corriendo, cocinando, limpiando por todo el castillo…una lista extensa de quehaceres que estaban volviendo de cierta manera irritable al Rey.
- Se pueden callar! – grito Jareth, poniéndose de pie pateando varios libros apilados en el piso , el interminable ajetreo en su castillo lo desesperaba, volvió a tomar asiento en su trono llevando sus manos enguantadas a su nuca dándose masajes.
- Su alteza los jardineros han llegado.
- Y? qué quieres que haga Xandel?
- Bueno señor, creo que usted debería decirle lo que gusta para que todo Labyrinth este…a sus expectativas.
- Cualquier cosa que tú digas estará bien, ahórrame trabajo – hizo un gesto para que se retiraran todos.
- Su alteza, no es que quiera insistir pero la última vez me encomendó ese trabajo, y claro yo obedecí, hasta podría decir que usó exactamente las mismas palabras – Jareth levantó la vista, era increíble lo molesto que podía resultar su consejero y mano derecha – Lo que quiero decir su alteza es que esa última vez no le agrado el resultado, por lo que casi mando a los pobres jardineros al pantano de la eterna hediondez – Jareth lo recordó lo que le causo gracia.
- Está bien, hazlos pasar – le dijo el Rey
- Si señor…
Jareth miró el desfile de goblins, no se acordaba que tenía tantos empleados trabajando en sus jardines. Se paseó enfrente de ello dando indicaciones sencillas, no le tomo mucho tiempo pero su vita se fijó en un goblin en especial. Sonrió con bribonada.
- Bien eso es todo, pueden marcharse – uno a uno de manera ordenada, se fueron retirando – Pero tu no Hobrain – el enano se dio por aludido cerrando los ojos y volteando muy despacio para encontrar a escasos centímetros el rostro del Rey, lo cual lo sobresaltó y dio unos pasos para alejarse.
- Es Hoggle, su majestad.
Jareth rodo los ojos – Como que sea…y dime mi buen traidor como has estado, hace mucho que no te he visto.
- Bien su majestad – dijo el enano agachando la cabeza.
- Me alegro, me alegro… - camino alrededor del pobre goblin que estaba aterrado, el eco de sus pasos no ayudaban a amortiguar esa sensación – Oh vamos Hoblet alza la vista, es que me temes? – preguntó, haciendo aparecer un cristal en su mano, jugando con el, pasándolo de una mano a otra – Es increíble que lo haya olvidado, pero tú tienes una deuda conmigo…creo que un paseíto por el pantano de la eterna hediondez, pagaría una parte, pequeño traidor.
- Oh no! Por favor su alteza, el pantano no! – suplicó el enano aferrándose las piernas de Jareth – Se lo suplico señor.
- Ten un poco de dignidad y párate derecho Hoggle – le ordenó, y este no solo que lo obedeció sino que le llamo la atención que por fin pronunciara su nombre correctamente – No debes de preocuparte tanto, quizás no apestes solo, tus compañeros de batalla podrían hacerte compañía, no lo crees? – sonrió de lado – Aunque en estos momentos te necesito para que el trabajo en mi castillo se agilice, así que lo dejaremos para otro momento Hohead.
- Hoggle señor…
- Me vuelves a corregir y te encerraré en la oubliette!
- Lo siento su alteza – Hoogle hizo una reverencia, dio media vuelta y camino velozmente hacia la puerta, algo que sobresalía del chaleco del enano llamo la atención Jarteh.
- Asi que sigues viendola… – su tono era seco sin ningún tipo de sentimiento.
- El enano tocó el pequeño espejo y volteo a verlo – Bueno… en realidad…
- No hace falta que trates de engañarme.
- No, claro que no su alteza…ella está bien.
- No te pregunté cómo se encontraba…
- Lo siento, yo creí que quería saber. Un error su majestad.
- Ahora vete a trabajar.
- Si, su alteza, con su permiso… - una vez que Hoogle salió del salón, sintió que el alma le volvía al cuerpo.
Jareth se quedó solo en el salón del trono, se sentó en la ventana con la mirada perdida en su laberinto, un cristal se formó en punta de sus dedos, lo único que podía ver atreves era una espesa neblina blanquecina.
Sarah… - susurro con tristeza – envidio a tus valientes caballeros que aún pueden verte, yo me tengo que conformar con los recuerdos – elevó la esfera a los cielo, mirando cómo se desvanecía deseando que aquellas huellas que ella habia dejado hicieran lo mismo.
