Herencia de sangre

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la película "Labyrinth", dirigida por Jim Henson.

Capítulo 3

La noche caía sobre la ciudad como un manto oscuro que envolvía toda clases de esperanzas que Sarah podía tener. Con cada hora que pasaba Mila se iba debilitando mas y mas, Richard permitió que entrara a verla, al llegar a su lado se quedó paralizada, atinando únicamente a acariciar su pálida mejilla, no había rastro de sus cara redondita y rozagante.

Un corazón acongojado y lágrimas se apoderaron de Sarah. Lentas y amargamente corrían por su rostro, la pequeña vida de Mila se estaba extinguiendo y su madre no sabía que hacer.

Los sonidos de los aparatos producían un triste eco en la mente cansada de Sarah, sin darse cuenta se quedó dormida sosteniendo la diminuta mano de su hija.

Eran alrededor de las dos de la mañana cuando escucho lo que creyó un silbido que comenzó a retumbar en la habitación. Sarah se puso de pie sin soltarle la mano, fue en ese momento que el cuarto comenzó a llenarse de personas con blancos uniformes. Richard la tomó por los hombros alejándola de la escena, lo único que veía era su boca moverse lentamente en lo que parecía una extensa explicación para que saliera de la habitación, ella no lo escuchaba, al sacarla de ahí la puerta se cerró y Sarah reaccionó dejándose caer al piso.

No había pasado mucho tiempo que sintió que la abrazaron por detrás y ella sin importar quien fuera se sujetó con fuerza quebrándose en llanto.

Debes de ser fuerte hija – la voz de Robert Williams era fatídicamente serena.

Los minutos torturaban a la familia que esperaba en el silencioso pasillo. Richard salió pero su expresión parca no decía mucho.

Sarah se incorporó y lo miró expectante.

Sarah, Mila sufrió un paro cardio-respiratorio, ella esta…muy débil, si llegara a sufrir otro no podría soportarlo. Lo siento, solo nos toca esperar.

Esperar!? – Sarah alzó la vos desesperada – A que?

Sarah lo siento, no podemos hacer nada, Mila está luchando por vivir, pero su corazón está muy débil. Hemos intentado todo, en el estado que se encuentra no podemos arriesgarnos a hacerle mas estudios. Tendremos esperar a que ella se estabilice y volver a comenzar.

Richard por favor salva a mi hija… – se sujetó con fuerza a la bata de este.

Richard se limitó a observarla, tratando que la situación no lo superara. Él había hecho todo lo que estaba en sus manos pero parecía que no era suficiente. Sus ojos comenzaron a nublarse – Realmente lo siento… - él se soltó de ella a comenzó a caminar a toda prisa perdiéndose en el extenso pasillo del área de pediatría.

En el mágico mundo subterráneo la música se hacía escuchar en cada rincón de Labyrinth, todas las miradas femeninas iba dirigidas al soberano y anfitrión del castillo.

Jareth siempre impecable, esta ocasión su traje negro con destellos plateados y una camisa de seda blanca lo hacían ver irresistible y sus largas botas negra de cuero solo confirmaban el poder que este tenía.

Séfila, estaba orgullosa de la apariencia que su nieto daba, el poderoso e implacable Rey Goblin, pero por dentro ella solo quería darle un buen coscorrón como cuando era un niño por ser tan testarudo y orgulloso en especial cuando salía el tema de la necesidad de una reina para Labyrinth.

Sonríe Séfila, es que no estas contenta de que Jareth no se haya despegado de Annya – dijo su esposo apoyando una mano en su hombro cariñosamente.

Claro que estoy contenta, pero míralo… con esa expresión de poca felicidad solo le esta dando a entender a ella y al resto de los invitados que está por compromiso.

Bueno, debes de reconocer que así es.

Pero Arthur… – ella lo miró sorprendida – Es que acaso no quieres que él sea feliz?

Y como sabes que comprometiéndose con ella lo será?

Ella sería una esposa perfecta para él… - fue en ese instante que la soberana del Reino Azul se llevó una mano al corazón, sintió una fuerte punzada de angustia.

Séfila estas bien? – Preguntó su esposo preocupado.

Si, creo que si…debo salir un momento.

La dama salió del salón seguida por su esposo, dirigiéndose hacia los jardines del castillo, se detuvo enfrente de un gran arbusto de hojas grandes y redondas, posó su manos en el y comenzaron a nacer pequeños botones que al abrirse se convirtieron en hermosas flores azules. La tranquilidad volvió a ella, pero no por mucho tiempo ya que comenzaron a secarse y convertirse en cenizas al igual que el arbusto. La reina Séfila dio un paso hacia atrás horrorizada.

Arthur, no se qué sucede – se abrazó a su esposo ocultando su rostro en el cuello de este.

Los reyes del mágico reino, se retiraron excusándose que no se sentían bien. Jareth aprovechó la situación para escapar de sus invitados.

Abuelo que ocurre?

Nada de que preocuparse tu abuela ha estado muy cansada últimamente.

Bien, si necesitas algo…

Si hijo lo sé, ve y vuelve al baile. No querrás hacer esperar a la princesa de Blamir…

Jareth se limitó a sonreír, lo saludo y se marchó. Antes de volver al bullicio se dirigió al salón del trono, tomó asiento de manera relajada, como solía hacerlo cuando el protocolo dejaba de existir. Su mente estaba en blanco como el cristal que sostenía en la mano, jugó con el hasta que este estalló de repentinamente provocándole al Rey Goblin un intenso malestar, una angustia como jamás antes había sentido.

Pasaron un poco más de cuarenta minutos que el soberano de Labyrinth, reaccionó ante la presencia de Xandel.

Mi señor, debería volver, sus invitados se preguntan por usted, además se percataron de la ausencia de sus majestades…sus abuelos.

Solo necesitaba alejarme de la hipocresía por un instante. Manipularía el tiempo para que todo esto se termine rápido.

Sarah se encontraba cursando su tercer año de diseño, fue duro elegir la profesión que la acompañaría por mucho tiempo. Por sus venas corría el arte. Probó cuantos cursos se le ponían en enfrente, el teatro era su pasión pero declinó poco tiempo después de su aventura en el Underground, en una ocasión se dejó llevar por la música, le gustaba escribir canciones aprendió piano, guitarra, hasta se unió a un grupo de chicos que tocaban música solo con percusión, era divertido además la ayudaban a mantener su mente alejada de cierto rey que la visitaba en sueños contantemente. Pero no duró demasiado cambio de parecer después del cuarto mes.

Fue cuando se dio cuenta que su expresión artística podía plasmarse sobre papel, lienzo y arcilla. Necesitaba algo seguro, se inclinó por el diseño de interiores, de esta manera creaba distintos ambientes con un estilo propio a cada una de las personas que requerían de su servicio, de algo básico ella lo convertía en arte.

Sarah se despertó muy tarde una mañana de sábado, tenía el cuerpo adolorido, pero era un dolor soportable, se sentía plena, feliz. Una vez más soñó con él, pero esta vez había sido distinto, todo parecía tan real, su piel, sus manos, su cuerpo del cual disfruto sin reparo. Sarah se tocó los labios porque aun podía sentirlos hinchados a causa de los apasionados besos, en sueños por primera vez él la hizo suya y no una sola sino muchas veces, recordó y se ruborizó. Si, fue un sueño de lo mas placentero, único.

Se sentó en su tocador y se quedó observándose frente al espejo por un buen rato, y comenzó a pensar como hubiera sido su vida en Labyrinth, junto al Rey Goblin, ser su reina, su amante, su amor. Sonrió tontamente, sacudió la cabeza intentando desvanecer esos pensamientos.

Felicitaciones Jareth, Rey de los goblins, lo conseguiste…me he enamorado de ti…

No fue hasta varias semanas que por fin se percató, que su cuerpo no le respondía como de costumbre. No podía hacer un mínimo esfuerzo que se sentía cansada. Sus mañanas tampoco eran mejor, estomago revuelto, dolores de cabeza. En una semana cambió 3 veces de jabón, todos olían extraño según ella.

Amy que en ese momento vivía con ella en un departamento pequeño, también notó cambios.

Sarah has vistos mis nueces, juro que las guardé por aquí – la joven revolvió todo el refrigerador buscándolas.

Ahh…si, bueno lo que pasó es que se me antojó un pequeño snack, y era lo único que había.

Pero a ti no te gustan demasiado, además te comiste el frasco entero?

Bueno tampoco era tan grande, además siempre me decías que tendría que comerlas y bueno….seguí tu consejo.

Si, algunas pero no todo el frasco…

Lo siento mañana voy al super y compro…

Lo que me preocupa realmente no es si comiste o no las nueces, últimamente has estado extraña. Deberías ir al doctor.

Pero porque? No me duele nada.

Ahora hace un par de días te quejabas de fuertes dolores de cabeza, y últimamente duermes de más. Quizás necesites vitaminas.

Bueno he estado cansada, que tiene de malo dormir?

Nada, pero sigo pensando que tendrías que ir.

De acuerdo si para fines de esta semana no me compongo – hizo una sonrisa – Voy a ir. Te parece?

Esta bien, me parece justo, pero debes de prometerlo

Si, si…lo prometo.

Amy como era de esperarse le hizo cumplir su promesa ya que su estado no mejoro con el pasar de la semana.

El médico la examinó, aunque tenía sus leves sospechas, optó por no comentarle, le hizo realizar unos cuantos exámenes y por fin se confirmó Sarah estaba embarazada.

Sarah tienes casi 9 semanas de embarazo, un poco mas de dos meses…

No, eso es imposible yo… - Sarah se puso de pie pero se volvió a sentar, todo le daba vueltas. Se cubrió la cara con ambas manos, la noticia la había dejado en shock.

Sarah estas bien? – preguntó el médico preocupado por su reacción.

Si, solo sorprendida – trató de sonreír de la manera más natural que pudo – Voy a ser madre… - sus ojos verdes comenzaron a cristalizarse y algunas lágrimas indeseadas escaparon si permiso – Doctor y ahora que debo hacer?

Sarah se fijó objetivos y poco a poco los fue cumpliendo, parecía que la vida le sonreía. Y cuando tuvo por primera vez a su pequeña en brazos comprendió que una nueva aventura comenzaba.

La maternidad la hizo madurar, en todos los aspectos posibles, siguió adelante con los estudios. Gracias a un amigo conoció a Lucio con el que congenio enseguida y con el pasar del tiempo se convertiría en su socio.

Dejó a un lado los zapatos cómodos por los de tacón, los jeans por camisas y faldas elegantes, se decía a ella misma que si quería que la tomaran por una profesional debía vestirse como tal.

Entre cambio y cambio ella esperaba que él apareciera y la viera como una mujer diferente de aquella muchacha que corrió interminables horas por su laberinto. A pesar de su dulce espera eso nunca pasó, no comprendía como era posible que la haya podido olvidar tan fácilmente, a ella la campeona de Labyrinth. Se odiaba por no poder sacarlo de su mente ni de su corazón.

Mila crecía rodeada de cariño, su madre podía dar todo por ella. Al principio fue difícil enfrentar a su padre y a Karen pero su enfado no tardó en convertirse en un inmenso amor de abuelos.

Sarah se encontraba sentada en el piso con la cabeza entre las rodillas, de pronto sin aviso se incorporó velozmente, perdiendo un poco el equilibrio aunque logro sostenerse de la pared. Sus ojos reflejaban un brillo especial, como si la vida le hubiera puesto frente a ella una inesperada esperanza.

Papá vuelvo en un instante…

A donde vas hija?

Necesito ir a casa, debo ir a buscar…mi medicación. La olvidé.

No puedes manejar hasta tu casa, deja iré yo – Robert estiró la mano para que le diera las llave de casa.

No papá, iré yo, además necesito tomar un baño. Eso me relajará.

Prefiero ser yo… - de repente sintió una mano en su hombro.

Cariño deja que Sarah vaya, necesita relajarse un poco – Karen lo miró con ternura y este dejó de insistir.

Papá no te preocupes, vuelvo enseguida.

De acuerdo, pero vete el taxi, no quiero que manejes, estas cansada…

Bien – Sarah busco en su bolso y le hizo entrega de las llaves del auto – Así no hago trampa.

La joven madre abrazo a ambos y se fue de ahí lo más rápido posible.

Llego a su departamento y las manos le temblaban, todo efecto de los nervios que la consumían. Entro y se dirigió directamente al cuarto de Mila. Busco en la pequeña biblioteca aquel libro de tapas rojas y letras doradas, por más que se supiera de memoria todo lo escrito en él, no quería equivocarse.

Respiró hondo y pronuncio aquellas palabras que prometió no volver a decir – Yo deseo…yo deseo que el Rey de los goblins venga y me lleve lejos de aquí! – Sarah cerró sus ojos esperando alguna entrada dramática, pero nada, solo un vacío.

Deseo que el Rey de los goblins venga…Deseo que el Rey goblins venga! – la voz de Sarah era cada vez se quebraba más – Deseo que el Rey de los goblins venga…yo deseo… - y así pronunciando esto la invadió un llanto doloroso – Jareth por favor ven…

Tirada en el piso en posición fetal abrazándose a si misma Sarah levantó la vista para observar el reloj con forma de flor que reposaba sobre una estante acompañado de muñecas, y se sorprendió a ver la hora que indicaba, debería de volver al hospital, ya no vendría. Tomó el libro que estaba junto a ella y lo aventó, este chocó contra el espejo de su antiguo tocador.

Hoggle – dijo en un tono efímero.

Se sentó frente al espejo – Hoggle te necesito... – nada – Hoggle…Hoggle! Te necesito maldita sea! – grito golpeando el tocador.

Una imagen difusa comenzó a mostrarse en el espejo y el alma de Sarah volvió a su cuerpo.

Sarah?

Hoggle, gracias a Dios… - las fuerzas la traicionaron y se dejo ver llorando con un rostro cansado y pálido.

Que te sucede Sarah?

Mila está en hospital muy grave, Hoggle necesito verlo, necesito que salve a mi hija.

Pe…pero él, Sarah estas hablando de Jareth?

Si! Hoggle, por favor necesito que venga, dile por favor que venga, he tratado de llamarlo pero no ha sucedido nada.

El pobre goblins suspiro cansado – Sarah, él no acudirá a tu llamado, no solo ya no le interesa sino que él ha cortado los lazos que te unían a Underworld. Lo siento.

Que?! – pronunció furiosa – Eso no es posible, debe de haber una manera, iré yo y hablaré con él.

No será posible, como lo harás? No tengo el poder para hacerte entrar a nuestro mundo.

Hoggle habla con él, Mila se esta muriendo…te lo suplico – rogaba desesperada y a su amigo se le encogía el corazón.

Sarah, lo siento yo no puedo hacer nada, él ni siquiera me escuchará.

Sarah se levantó del pequeño taburete – Nooo! – grito con frustración arrojando todo lo que estaba a su paso – No es justo! – volvió a decir, rompiendo en dos aquel libro que le dio la oportunidad de conocer un mundo mágico. Un fuerte mareo se apoderó de ella y hilo muy fino de sangre salía de su nariz, cayó al piso agotada, miró a su amigo que aún se reflejaba en el espejo y limpio con la manga de su sweater, aquella incomodidad tibia que estaba adentrando en su boca.

Sarah que te sucede? Estas sangrando?

No es nada – negó sin darle la mayor importancia.

Iré – dijo con intrepidez – Aunque me envíe al pantano de la eterna hediondez.

Con esa determinación abrió la puerta de su pequeña casa y se topó con una figura de porte imponente.

Hoogle verdad?

Si su majestad – contesto el susodicho con una reverencia y muerto de miedo.

Sarah besó una fotografía de su pequeña y ella un una plaza, la niña mostraba su preciosa cabellera dorada algo despeinada por el suave viento y una sonrisa grande llena de felicidad. Su índice acarició el pequeño rostro plasmado en la fotografía.

Sarah…

Ella se sobresaltó dejando caer el portarretrato al piso, se giró velozmente encontrándose con un hombre que jamás había visto en su vida.

Quién es usted? – preguntó alejándose hasta topar con la pared.

El hombre con la mirada clavada en la fotografía logro que esta se elevara y la tomó con mucha naturalidad.

Es hermosa – comentó con un tierna sonrisa – Quieres ver a Jareth?

Sarah se quedó blanca ante tal comentario – Si, usted puede llevarme con él?

Si, pero te das cuenta de lo que arriesgas si vuelves a Labyrinth?

Me hija esta muriendo…necesito arriesgarme.

Lo se, pude sentirlo aquí – se llevó una mano al corazón. He observado a Mila desde el mismo día en que nació, sabía que este dia llegaría, pero no me imagine que tan pronto.

Quien es usted? – volvió a preguntar.

Soy Arthur, soberano del reino Azul y abuelo de Jareth.

Y usted, no puede salvarla?

Me temo que no, solo la sangre de su padre puede hacerlo.

Esto es realmente extraño – Sarah agacho la cabeza y tapó su rostro con ambas manos quedándose en silencio.

Yo te llevaré con él ahora – Sarah salió del trance – Pero no creas que él te aceptará con los brazos abiertos, Jareth aun siente rencor por tu rechazo y no sabe nada de la niña, lo mas probable es que si le dices la verdad él querrá quedarse con ella y no tendrás poder para que no lo haga ya que Mila es su hija.

Entonces aun si él la salva me la arrebatará?

Piénsalo Sarah.

Pensar? – suspiro y tomando fuerzas volvió a hablar – yo estoy enferma no se cuánto me quede de vida, en el peor de los casos ella lo tendrá a él.

Se lo dirás?

No ahora, quiero disfrutar de Mila hasta mi último aliento. Cuando llegue mi momento se lo diré todo.

Entonces ven – El rey tomó la mano de Sarah y ella sintió una calidez única indescriptible.

Al abrir los ojos Sarah experimentó un frio que le recorría todo el cuerpo y temió, se encontró en un lugar oscuro, cuando su vista se acostumbró a la oscuridad notó que estaba en una habitación. Respiró hondo y percibió un perfume, era de él, jamás olvidaría ese aroma. Se quedó esperando en silencio. Un leve mareó la hizo sentarse en el borde de la cama, sus ojos comenzaron a ceder por el cansancio, cuando el ruido de la puerta la sorprendió e hizo que se pusiera de pie, sus manos comenzaron a sudar, estaba asustada, dio un paso hacia atrás ocultándose en las sombras.

Jareth abrió la puerta, estaba despotricando contra algo o alguien, Sarah no le pudo entender y se quedó tiesa.

Estoy harto de toda esta fachada – se sentó en la cama masajeándose la nuca, pero su paz se vio interrumpida, sintió la presencia de alguien. Con un simple movimiento la habitación entera se ilumino y ahí en un rincón la encontró, temerosa y se podría decir que casi temblando. Sarah levantó la mirada hasta encontrarse con él – Que haces aquí?