Herencia de sangre
Capitulo 4
- Jareth…perdón – se disculpó en un tono sumiso – Su majestad…
Jareth levantó una de sus cejas curioso y confundido. Por un momento pensó que se trataba de su imaginación o de algún hechizo como si alguien quisiera tomarle el pelo.
Sarah esperó a que este digiera algo pero nada salía de sus labios, aprovechando esto volvió a tomar la palabra.
- Su majestad he venido a rogar por su ayuda – Sarah no sabía que ese tipo de formalidades valían, pero recordó lo que Arthur había mencionado anteriormente - "él no te recibirá con los brazos abiertos"
- Ayuda? – de repente largo una sonora carcajada provocando en ella que la sangre se le helara – Déjame entender algo…vienes de la nada, apareces en mi habitacion como una sombra y tienes la ocurrencia de pedirme algo…Siempre te creí inteligente, pero veo que eres bastante ingenua por pensar que YO! Te ayudaría en algo…
- Por favor! – rogo nuevamente ella.
- Como entraste? – preguntó interrumpiéndola de golpe.
- Eso no importa.
- Claro que importa! – Jareth se acercó peligrosamente haciendo que ella retrocediera hasta toparse con la pared - Como entraste? Tus lazos con Underworld están rotos, solo alguien con suficiente poder puede hacerlo, ahora dime… – la tomó fuertemente de la quijada provocando que ella se quejara por el dolor – Quién fue?
Sarah comenzó a sentir náuseas y en fuerte mareo – Por…por favor, ayúdame… - repitió con dificultad.
Jareth sintió sus dedos húmedos, las lágrimas de Sarah lo hicieron apartarse de inmediato como si estas lo quemaran. Sin fuerzas ella cayó de rodillas, tapó su boca con ambas manos y comenzó a respirar aceleradamente, tratando de controlar el desagradable malestar.
Por un instante sintió lastima, era la primera vez que la veía llorar, se dio la vuelta y dándole la espalda volvió a hablar.
- Que quieres Sarah?
- Mi hija… - en ese momento Jareth sintió que le arrebataban lo que le quedaba de corazón y lo aplastaban – Mi hija está muy enferma, está muriendo…
Ante de seguir la interrumpió – Ese no es mi problema, será mejor que te marches, aprovecha que estoy cansado y sin ganas de seguir discutiendo, porque de otra manera te encerraría en el olvidadero.
- No puedo irme – Sarah se sujetó de mueble y se puso de pie – Por favor ayúdame – fue hasta donde él se encontraba y lo tomó del brazo – Jareth por favor, haré lo que me pidas, lo que sea, solo... – ella se arrodilló en frente de él – Te lo suplico, haré lo que me pidas – volvió a repetir.
- No te imaginas el placer de verte rogando – le dio una media sonrisa – Lo que sea?
- Si – contestó sin dudar – Lo que sea…
Jareth se colocó en cuclillas y la miró directamente a los ojos – Creo que podría ayudarte…pero todo tiene un precio mi querida Sarah y el que tendrás que pagar tú, será muy alto.
- No me importa – se apresuró a contestar.
- Serás mi esclava, harás todo lo que te pida cuando lo pida, claro está que tendrás que vivir aquí, hasta que yo…como decirlo – la miró lujuriosamente – Me canse de tus servicios.
- Qué? Pe…pero yo tengo una vida en mi mundo, un trabajo, responsabilidades…
El rey se puso de pie Sarah hizo lo mismo – Ya no, tus únicas responsabilidades serán las que tendrás aquí conmigo, mi querida mortal…
- Y mi hija, que sucederá con ella?
- Trataré de salvarla como pediste, eso sí, si no llegara a funcionar…no sé por cosas del destino, igual tendrás que despedirte de tu mundo y cumplir tu promesa.
- Esta bien, pero ella se quedará conmigo verdad? Aquí conmigo…
Jareth vio su rostro suplicante y desesperado – Si, lejos donde no me moleste – él se acercó peligrosamente colocándose detrás de ella y acaricio su pálido rostro con su enguantada mano, el contacto con el frio cuero estremeció a Sarah, aproximando su rostro al de Sarah y le habló al oído – Quién sabe quizás la convierta en un goblin.
Inmediatamente Sarah se dio la vuelta mirándolo con furia – No te atreverías…
- Creo que no estás en condiciones para decir o hacer nada en contra de mis deseos o me equivoco?
- Tú…
- Basta! – la interrumpió – Esta discusión me está cansando…aceptas o no?
- Si…podemos ir a buscarla?
Sin decir nada Jareth creó una esfera de cristal y al instante la pequeña Mila estaba reflejada en ella, él se extrañó de la facilidad en que la imagen había aparecido, un sentimiento de incomodidad lo invadió.
- Es ella? – preguntó serio aun sabiendo la respuesta.
Los ojos de Sarah comenzaron a nublarse y mordiéndose el labio inferior solo asintió con la cabeza. Él la observó sin decir una sola palabra, que clase de poderoso poder podía ejercer esa simple mortal sobre él, el gran Rey de los goblins, se sentía débil al verla tan doblegada.
Todo fue tan rápido, que cuando ella abrió los ojos ambos estaban en su departamento.
- Busca lo indispensable, está de más decir que en Labyrinth nada les hará falta.
- Si – Sarah corrió al cuarto de Mila por una mochila para llenarla con algunas pertenencias de la pequeña, al abrir la puerta se asustó al encontrar a Jareth mirando algo entre sus manos – Me asustaste… – dijo la morocha llevando una mano a su pecho, sin prestar atención de lo él estaba viendo.
Abrió el closet y saco un bolso rosa con mariposas azules, comenzó a llenarlo con algunas prendas.
- No se parece a ninguno – dijo entre dientes colocando con fuerza la fotografía en su lugar.
- Que, quienes? – preguntó distraída
- La niña, no se parece a ninguno de ustedes – Sarah levantó la vista y la fijo en la fotografía que había sido tomada unos meses atrás en un parque de diversiones, Edward sostenía a Mila sobre sus hombros sonrientes y Sarah estaba con varios globos de colores que éste compró a su hija, el retrato familiar perfecto.
- Es verdad… - se limitó a decir – En seguida vuelvo, voy por algunas cosas mías.
El soberano de Underwolrd, observó con detenimiento el cuarto de la niña, que estaba bastante desordenado, era como si alguien se hubiera dedicado a sacar su frustración en el. Miró detenidamente un objeto tirado en el piso, un libro de tapas rojas partido en dos, resoplo disgustado, se estaba arrepintiendo de ayudarla. Paseo su vista por las paredes y sonrió de lado al notar un cuadro llamando su atención, quizás ella no lo había olvidado tan fácilmente como pensaba.
Sarah se dirigió al baño de su cuarto a buscar el resto de sus medicamentos en el botiquín.
Jareth que la estaba esperando, sentado en la cómoda cama de Sarah, tocó el suave edredón, de pronto se sintió asqueado al ver en la mesa de noche otra fotografía pero en esta ocasión era solamente la pareja, elegantemente vestidos, sus pensamientos le taladraban la cabeza con solo imaginarse que alguien tocó lo que le pertenecía, por un instante los celos lo consumieron, ella salió de baño y volvió a exaltarse al encontrarlo de frente.
- Puedes dejar de hacer eso, me mataras de un susto! - le reprocho Sarah
Jareth la tomó fuertemente de la muñeca y la aventó a la cama – Que crees que estás haciendo!? – le preguntó furiosa.
- Cobrando de antemano mi ayuda – le dijo con mucha naturalidad mientras se colocaba encima de ella.
- Jareth…
- Qué pasó con su alteza o su majestad? – se acercó a su oído – Me tienes miedo o es solo la idea de que no seas tocada por él que te repugna?
- De que estás hablando? – lo cuestionó, pero antes de que ella volviera a decir algo. Jareth la beso con vehemencia, con una desesperación tan tangible como la lengua que deseaba adentrarse en la boca de Sarah, ese sabor indescriptible que se había guardado en la memoria ahora volvía, por un momento el soberano de Underwolrd se olvidó de todo, de los años de soledad, de su rencor, de las responsabilidades, del trato que acababa de hacer con su cosa preciosa. Pensó que ella lo alejaría porque sintió sus manos en su pecho, pero en vez de sentir el frio rechazo, una oleada de calor se hizo presente cuando ella acaricio su cuello.
Jareth cortó suavemente el beso, una pizca de cordura volvía a él. Ella se quedó muda con la agitación expresada en su pecho que subía y bajaba aprisa.
- Será mejor irnos… - dijo Sarah tratando de moldear correctamente cada palabra.
El rey se puso de pie y arreglo su chaqueta para luego extender una mano la que Sarah uso de apoyo para incorporarse.
- Gracias – dijo ella casi susurrando, aquel beso realmente había sido algo.
- Bien, si ya tienes todo nos vamos.
- Si, creo que esto es todo – dijo mostrando su pequeño equipaje.
Sin ninguna delicadeza Jareth la tomó por el codo y con la otra mano formó un cristal tan fino para su sorpresa que al mínimo intento de presionarlo este podría quebrarse. Pero porque? En este apareció la imagen frágil de la criatura tendida en la cama rodeada de aparatos y tubos, sin duda era una visión entristecedora, Jareth sintió una fuerte punzada en su pecho y cerró sus ojos tratando de aliviar el dolor.
- Estas bien? – pregunto la madre de la pequeña al darse cuenta de la extraña actitud de él.
- Si… - Jareth apretó el cristal y este se deshizo escurriéndole como agua entre sus enguantados dedos.
Esta pequeña acción ocasionó que ambos estuvieran enfrente de la pequeña Mila. La joven madre abrió enormemente sus ojos y corrió al lado de su hija quien estaba conectada a un respirador. Sarah apoyó su frente junto a la de la pequeña y amargas lágrimas comenzaron a mojar el pálido rostro de la niña.
Sarah levantó la vista y la fijó al que sería su salvador pero este parecía estático sin moverse, por un instante ella pensó que ni siquiera respiraba.
- Jareth… - lo llamó tratando de sacarlo de su trance pero nada sucedía – Jareth! – volvió a decir un poco más fuerte y este reaccionó.
Lentamente él se acercó a la pequeña personita mirándola anonadado, quiso tocarla pero temió hacerle daño si lo hacia, alejó la mano de golpe y cerró sus ojos al volver a sentir una punzada mayor, era un dolor casi insoportable.
- Que te sucede? – preguntó angustiada Sarah, colocándose a su lado, tomándole el rostro y mirándolo con cariño – Estas bien?
Jareth la observó y negó con la cabezo – No sé lo que me sucede, toma a la niña, aléjala de todos esos artefactos.
- Si…
Después de hacerlo, Sarah lo miró expectante para recibir nuevas órdenes – No creo poder hacerlo, me siento muy débil… - dijo él dejándose caer al suelo.
Sarah se desesperó al verlo tirado – Jareth…mírame – alzó su rostro y lo acarició con la con su propia mejilla susurrándole al oído – Sácanos de aquí Rey de los goblins – abrazándose a él con fuerza mientras su hija estaba en medio de ellos.
Un frio le recorrió el cuerpo y la hizo reaccionar, abrió los ojos y se encontraba en la sala del trono, nada era como lo recordaba, miró a su alrededor y solo estaban ellos tres, respiró tranquila, pero el peso del cuerpo de Jareth la sacó de sus pensamientos. Trato de recostarlo como pudo en el suelo, estaba inconsciente, mientras acomodaba a su pequeña contra su pecho, sentada al lado de Jareth mirándolo, se asustó cuando percibió la leve respiración de Mila – Oh no, no…Mila, cariño… - Sarah comenzó a sollozar y la desesperación se apoderó de ella, no sabía qué hacer. Recostó a la niña al lado de su padre y le dio un tierno beso en la punta de la nariz. Se arrodilló al lado de Jareth, hablándole dulcemente – Jareth por favor despierta… - acarició su rostro dormido – Por favor despierta, sálvala…mi amor despierta – apoyó sus labios contra los de él besándolo con ternura – Mi amor te lo ruego despierta y sálvala… - Sarah se dejó vencer por la lágrimas y lloró con todas sus fuerzas, apoyando la cabeza en el pecho de Jareth y agarrando la mano de su hija que estaba junto a él.
- Sarah… - llamaron detrás de ella, encontrándose con el aquel hombre que la había ayudado en un principio.
- No reacciona y la respiración de Mila es muy débil, que debo hacer? – preguntó entrecortadamente.
- Tranquila, todo saldrá bien…Séfila... – Sarah sintió que alguien le tocaba sus hombros en señal para que se pusiera de pie.
- Ven Sarah, Arthur los ayudara – dijo la hermosa mujer junto a ella.
Una extraña oración en una lengua jamás escuchada por Sarah comenzaba a llenar el sepulcral silencio de esa habitación, al ver que el soberano del Reino Azul alzar un cuchillo, el corazón de la joven Williams palpitó a gran velocidad, trató de ir hacia él pero la Reina Séfila, la detuvo – Confía… - esas fueron las palabras para que Sarah se detuviera.
Un pequeño corte en la palma de la mano del Rey Goblin mostro un fino hilo rojo correr por ella y uno más en la palma de la mano de la pequeña Mila, seguido por la unión de ambas manos, dejando de ver una luz azulina tan brillante que hacía casi imposible mirar en esa dirección.
- Bien… - comenzó a decir Arthur – Su sangre es ahora una sola, ella tendrá que vivir aquí junto a su padre – Sarah solo asintió con la cabeza – Ahora deben descansar. Mi amor – Dijo el Arthur mirando a su esposa –Llleva a Sarah a su habitación y muéstrale el cuarto de la pequeña.
- Qué? Acaso Mila no estará conmigo?
- Así estarán más cómodas Sarah – dijo la soberana del Reino Azul – Pero no debes preocuparte su cuarto estará junto al tuyo.
- De acuerdo gracias – de pronto hizo una pausa para volver hablar – Jareth estará bien?
- Si, solo está dormido, mañana hablaré con él sobre lo sucedido, pero deberás decirle Sarah, no podrás ocultar por mucho tiempo la verdad sobre su hija y menos estando el Labyrinth.
- Lo sé… lo haré en cuanto me sienta segura, aún tengo miedo… - dijo Sarah levantando a la pequeña que yacía dormida en el piso.
- Por lo pronto deben descansar, han pasado por muchas cosas en tan poco tiempo – comentó Arthur.
La reina Séfila elevó su mano y comenzaron a brillar pequeñas mariposas azules envolviéndolas a las tres y desapareciendo de la sala del trono transportándola a otra habitación, para sorpresa de Sarah, esta estaba decorada con tonos rosas, una cama cubierta con un dosel, vestida con edredón blanco y sabanas rosas, repisas con libros y muñecas, una pequeña mesa y cuatro sillitas y flores por doquier un gran ventanal con cortinas claras, una habitación digna de una princesa, pensó por un momento la madre de la niña.
- No sabía cuáles eran los colores que preferías asique pensé que el rosa estaría bien…
- Es preciosa, gracias… - dijo algo cohibida.
- No debes de agradecer nada – le contestó la hermosa mujer, mientras hacía a un lado el dosel para que Sarah pudiera recostar a la pequeña – Ahora te enseño tu cuarto…
- Creo que esta noche dormiré con ella… - dijo interrumpiéndola.
- Bien, como gustes, pero igual te la enseñaré, debes de tomar un baño, me imagino que tienes que estar agotada… - tomó su mano como señal de comprensión y sintió una gran aflicción en el corazón de la joven madre – Todo estará bien Sarah…
La mañana siguiente llegó con un fuerte dolor de cabeza para el Rey de los goblins, quejándose por el incómodo malestar.
- No te muevas de golpe, el dolor pasará pronto en cuanto comas algo – dijo una voz delante de él.
- Abuelo, que haces aquí? – preguntó confundido – Y Sarah?! – se levantó de golpe provocándole un ligero mareo que hizo que se volviera a sentar en la cama.
- Ella y Mila están bien, aun duermen.
- La niña se recuperó?
- Lo sabremos cuando despierte, pero estoy seguro que estará muy bien.
- Debes de tener muchas dudas verdad? – dijo Jareth mirando a su abuelo.
- Ninguna, tu sabes lo que haces y porque lo haces.
- Si, aunque no estoy muy seguro de eso.
- Siempre habrán dudas, preguntas, pero también hay respuestas Jareth, debes de tener paciencia, las cosas suceden por algo. Ahora bien debes de bajar a desayunar, todavía tienes invitados a quienes atender.
- Si, ahora bajo.
- Te estaremos esperando hijo, no te tardes.
Los suaves golpecitos parecían escucharse a kilómetros de distancia, Sarah abrió perezosamente los ojos y escucho la risa de Mila que estaba fascinada con sus juguetes.
- Mila… - el llamado de la joven madre salió como un susurro apenas perceptible.
- Mami! – respondió la niña agitando una preciosa muñeca.
Sarah se levantó velozmente y corrió hasta donde estaba su hija, se colocó a la misma altura que ella y la abrazó con fuerza y desesperación – Mi niña…estas bien? Te duele algo?
La niña negó con la cabeza, prestándole poca atención a su madre – Mira mami… - le dijo regalándole una enorme sonrisa – Una muñeca…que linda!
- Si mi amor, es muy linda – su corazón se llenó se una felicidad desbordante al ver a su hija abrazando su nueva adquisición.
Un suave llamado a la puerta sacó a Sarah de ese hermoso momento – Adelante…
- Buenos días…
Sarah se puso de pie para saludar a los soberanos del Reino Azul – Esperamos no interrumpir – dijo la reina.
- Buenos días – contestó Sarah – Pasen, Mila se despertó al parecer temprano y no resistió jugar con sus nuevos juguetes.
La reina sonreía nerviosamente – Podemos… - dijo cortando la frase y señalando a la niña que estaba dándoles la espalda.
- Si pasen, Mila…ven, quiero que conozcas a… - Sarah lo pensó por unos segundos – Ven a conocer a tus abuelos…
Ambos reyes se miraron emocionados por esa palabra que contenía tanto significado.
- Si mami… - La niña corrió al lado de su madre y se escondió detrás de sus piernas.
- Hola Mila – Saludo Séfila – Como estas? – la reina se puso a la altura de la niña y extendió su mano esperando a que la pequeña se sintiera segura para salir de su improvisado escondite entre las piernas de su madre.
- Hola – respondió tímidamente y extendió la mano hasta tomar la de su abuela.
Cuando la pequeña se dejó ver, la soberana quedó boquiabierta al ver los ojos de Mila.
- Sus ojos… - mencionó emocionada y volteó a ver a su esposo – Arthur…
- Si, lo sé…es una niña hermosa - Dijo el abuelo con amor.
- Sarah como podrás ocultarlo? cuando Jareth la vea se dará cuenta de inmediato.
- Lo sé…aunque cuando le pedí ayuda dijo que la quería lejos donde no molestara, creo que eso corre a mi favor – hablo Sarah en un tono amargo.
- Ese malcriado insensible… - resopló la reina.
- Séfila tranquila, ya conoces como es.
- Qué creen que pasará cuando lo sepa? Creen que será capaz de alejarme de ella? - se animó a preguntar la mortal.
- No lo sé – respondió el rey – Sea lo que sea, ahora nos tienes a nosotros, no permitiremos que nada te suceda ni a ti, ni a ella. Jareth tiene un carácter muy especial, pero no es tan malvado como quiere demostrar ser.
La puerta volvió a hacerse escuchar y el corazón de Sarah comenzó a latir velozmente – Con permiso, he venido a traer el desayuno… - al ver que era una goblin Sarah respiró tranquila.
- Déjalo sobre la mesa – le pidió la reina.
- Si su majestad – contestó educadamente.
Una vez que la goblin se marchó de la habitación la joven de ojos verde volvió a hablar – Pensé que era él…
- Jareth? – preguntó el rey y Sarah asintió con la cabeza – Él no vendrá, es demasiado orgulloso, aunque no hay que confiarse, buscará la manera de estar cerca de ustedes sin ser tan obvio – terminó la frase sonriendo.
- Bien, ustedes deben de desayunar – la reina beso la frente de la pequeña – Si no te molesta Sarah una vez que termine me gustaría llevar a la niña a conocer los jardines…claro si no te molesta como dije.
- Si, porque no, ella necesita aire fresco.
- Sarah nosotros nos marchamos, seguramente estaran preguntando por nosotros, los próximos días el castillo estará un poco concurrido, por soberanos de todos los Reinos de Underworld – comentó Arthur – Tratemos de que no vean a la pequeña princesa, ya que ellos también se darían cuanta, los ojos de Mila son muy especiales y raros, demuestran quien es en verdad…
- De acuerdo… - contestó Sarah – Haré lo posible para que eso no suceda hasta el momento de hablar con Jareth.
El soberano del Reino Azul se acercó a Mila extendiendo una mano y en ella comenzó a brillar una luz, cuando se disipó lentamente dejo ver una extraña flor blanca, muy parecida a una orquídea – Mila es para ti… - la pequeña tomó la flor como algo delicado y muy frágil sonriéndole a su abuelo.
- Gracias – contestó mostrándole a su madre su nuevo regalo.
Ambos reyes salieron del cuarto dejando a la madre e hija para que desayunaran.
- Buenos días – dijo Jareth mirando a sus abuelos algo extrañado y curioso por su retraso, ya que eran personal sumamente puntuales.
- Buenos días a todos – dijo la reina – Disculpen el retraso esperamos que no hayan esperado por nosotros.
- Sería una falta de educación nuestra comenzar sin sus majestades – dijo un Lupold Rey de Dannu.
- Lo sentimos... – se disculpó el Soberano del Reino Azul – Tuvimos asuntos que requerían nuestra presencia.
Jareth no le quitaba la vista a ambos pero después la fijó en su abuela, no recordaba haberla visto tan contenta.
- Tengo una noticia que darles a mis queridos huéspedes – todos y cada uno de los presentes miraron a Jareth – Ha llegado una visita inesperada en la noche, algo que llamó mucho mi atención, ya que es muy difícil que un humano llegue a nuestro Reino – la mayoría estaba estupefactos ante estas declaraciones, pero él siguió para no cortar el hilo – Bueno ese no es el punto ahora, mi nueva huésped es aquella que me venció en mi propio juego.
- Sarah Williams? – pregunto curiosa Arya que era la única que se veía fascinada con la noticia.
Jareth la miró sorprendido – Así es, veo princesa Arya que ha sido de su agrado la noticia.
- Oh lo que pasa que es se sabe que nadie ha podido atravesar el laberinto antes de haberlo hecho ella, será un placer conocer a dicha vencedora.
La madre de Arya la miró con desaprobación es que no sabía aquellos rumores que se hicieron eco en todo Underwolrd. Era bien sabido que el Rey Goblin, aquel que era conocido por su implacable carácter se había enamorado de una jovencita humana, la vencedora de Labyrinth.
- Creo que eso es peligroso, no creen que podría acabar con el equilibrio de nuestro mundo?
Jareth la miró con los ojos entrecerrados estudiando sus palabras, cuando iba a hablar alguien lo interrumpió.
- Lilith, un simple humano no puede hacer eso, no hay peligro en esa joven – Jareth observó a su abuela sonriendo, ahora sabía quién o quienes la habían dejado entrar.
- Bien… - interrumpió Jareth – Por que no mejor comenzamos a desayunar, nos espera un dia muy largo, me gustaría llevar a la princesa, si ella gusta, a dar un paseo por los alrededores – mirándola de manera seductora, provocando en la princesa un sonrojo poco disimulado.
- Me encantaría.
Sarah miró a través de la ventana de la habitación, maravillada con el paisaje, todo tenía un tinte mágico, muy diferente de lo que recordaba, desviando su vista a algo o alguien que le llamó la atención, sin querer sonrió al verlo tan impecable como siempre, se sintió como una adolecente viendo a su primer amor, aunque ya no era una jovencita de 16 años aun él ocupaba un indiscutible lugar en su corazón.
Jareth tomó la mano de la princesa posando sus labios en ella de manera delicada, sonriendo de lado maliciosamente sabiendo que eran observados por aquella mortal.
Sarah se apartó de la ventana con un dolor en el pecho producido por tan tierna escena, era obvio que él supo superar el pasado, mientras ella supo vivir empujando su amor en lo más hondo de su ser.
Vio alrededor de la habitación, y ahí estaba esa sensación de no pertenecer ahí, aunque tenía que agradecer que su hija se había recuperado y por lo que parecía no extrañaba nada su antiguo hogar, ya que al ver a sus abuelos corrió hacia ellos con los brazos abiertos, perdiendo toda timidez que la envolvió en un principio.
Resignada con su soledad se dispuso a ordenar sus pertenencias, abrió su bolso y lo primero que sacó fueron sus medicamentos guardándolos en uno de los cajones superiores del bellísima bureau de madera tallada, separando una pequeña píldora color azul, se sentó en la cama dejándola en su mesa de noche, la miró detalladamente, sabía los efectos secundarios que la medicación provocaba, cerró los ojos y respiró profundo resignada con su condición. En ningún momento se percató que estaba siendo observada.
- Buenos días Sarah… - ella se sobresaltó, sin dejar el lugar que ocupaba.
- Buenos días Jareth – contestó de manera simple – O su majestad, realmente no se como dirigirme a ti.
- Jareth está bien estando entre nosotros, pero hay un protocolo que respetar, mas estando en presencia de otras personas.
Sarah se levantó y lo vio esperando a que el prosiguiera – Veo que tu hija no esta contigo.
- La llevaron a dar una vuelta, después de tantos días encerrada Mila necesitaba aire fresco.
- Y tu la dejaste ir como si nada, teniendo en cuanta que no estas en tu mundo y rodeada de personas desconocidas – le dijo levantado su perfecta ceja derecha, sonriendo de lado.
- Tu abuela se ofreció llevarla, es que acaso debo de desconfiar de ella?
- Y porque confías? Es ella quien te ayudo a llegar a mi?
- Fue tu abuelo – contestó y bajo su vista.
- Y porque? – preguntó él.
- No lo sé, solo apareció, me ofreció su ayuda y acepté sin pensarlo.
- Vaya que te has vuelto muy confiada Sarah querida.
- Y que se supone que debería haber hecho, dejar que mi hija muriera?! – le dijo enojada.
Jareth clavó su vista en los verdes ojos de Sarah, habia algo mas en todo esto y al Rey le molestaba no saberlo.
- Cambiemos de tema, lo hecho, hecho está. Ahora bien hay algunos detalles que tendrías que saber. Jareth caminó lento bordeando la enorme cama hasta quedar al lado de Sarah – Lo primero es que tenemos invitados, los mandatarios de otros reinos están hospedados en mi castillos, asuntos de Underworld que no te conciernen.
- No te preocupes por eso, me quedaré en mi habitación con Mila, no te molestaremos.
- No, no, no…al contrario, mis huéspedes están encantados con la idea de conocer a la vencedora de Labyrinth, por eso como buena niña esta noche te vestirás apropiadamente y nos acompañarás a cenar.
- No soy una niña Jareth, no tengo deseos de participar en reuniones.
- Sarah no te estoy preguntando, es una orden – dijo el Rey con exigencia.
- Me obligarás a asistir? Eso no es de un caballero.
- Tenemos un trato, y no te conviene romperlo o si?
- No – contestó cortante, aguantando en nudo en la garganta.
- Bien entonces nos veremos esta noche querida.
En un parpadear él ya había desaparecido, a partir de esa noche Jareth no se lo pondría nada fácil.
Siento mucho haber dejado esta historia tan abandonada, pero bueno por fin un nuevo capitulo para ustedes, espero que disfruten leerlo.
Saludos Lala
