CAPÍTULO 5: Encuentros entre chispas.

Wesker no tardó en mandar a llamar a Toki nada más llegar a la base. Sin dejarlo pasar por enfermería mandó a HUNK y a otro soldado más a llevarlo hasta el sótano del edificio de seguridad D. A rastras y con varias heridas fue conducido hasta un sótano lúgubre. La sala en la que se encontraba había una puerta de acero roja, de doble seguridad prácticamente blindada, las paredes eran de bloques sin pintar, toscas y con las marcas del cemento en las uniones de cada estaban manchados de sangre y otros tenían algun que otro agujero.

Del techo destacab una tubería con una cadena gruesa colgada, que terminaba en un gancho también presentaba marcas de sangre y bajo este había un barreño de acero lleno de agua. La pared que daba de frente a la entrada del sótano tenía en una esquina una manta de camuflaje colgando y justo delante un enorme foco de pie, el cual aparte de iluminar la sala mostraba la atmósfera de polvo que flotaba en el aire.

La atmósfera se hizo más gruesa cuando el soldado que acompañó a HUNK lanzó a Toki por los suelos, levantando aun más polvo. Lo esposó pese a la resistencia de este, que casi le propina un puñetazo, y lo colgó del gancho con la ayuda de una silla plegable. Mientras miraba sus pies colgando desde el gancho escuchó una puerta abrirse. En su cabeza sonaba una melodía de piano, una marcha fúnebre, mientras entraban tres personas a la sala. Tres personas que el no podía ver, solo veía sus sombras en la pared. Una de ellas era claramente Wesker, reconocía el peinado y la gabardina en la sombra proyectada sobre los bloques. Las otras dos sombras traían una máquina con un carrito. Tenía dos pinzas enganchadas en uno de los agarres y una batería enorme en la parte de encima. HUNK se limitó a desplegar una silla del montón que había apilado en una esquina y a sentarse, con la mirada perdida contra una pared.

¿Se puede saber que demonios has hecho?- Preguntó Wesker con un tono de voz suave, sin embargo, resonaba rabia en cada una de las palabras pronunciadas.

Jefe...yo.

¡Cállate! Te di vía libre para actuar, te dejé llevarte gran parte del armamento de asalto y municiones, así como explosivos ¡Y tu armas la Tercera Guerra Mundial en una comisaría! Se supone que tenías que matarlos a todos y volver con el cargamento intacto, no destruir una comisaría, acabar con seis agentes del FBI y perder cuatro quintos del cargamento.

¡Señor!- Interrumpió un soldado que entró mientras Wesker hablaba- Este tipo también vino con Toki hasta el piso, parece ser el camionero capturado.

El rubio ni se molestó en hablar. Sacó una Desert Eagle de la gabardina y le disparó en la frente a Daryl, luego enfundó de nuevo su arma y ordenó que incinerasen el cadáver. Tras la distracción volvió a la conversación inicial.

Umbrella acaba de perder aproximadamente siete millones y medio de dólares solo con el gas perdido, sumándole las perdidas en armas, munición y tus gastos médicos ahora mismo me debes nueve millones de dólares ¡Debes nueve millones a Umbrella! Pero no solo eso, también me debes tu vida. Has fracasado la misión Toki, el motivo por el que te devolví a la vida es porque no me ibas a fracasar.

Hizo una pausa para quitarse las gafas de sol, que guardó en la gabardina con cuidado. Tras esto abrió también una silla plegable y dejó su abrigo reposar en ella.

El soldado que trajo la máquina entendió la señal y encendió esta, mientras que el otro volcó el barreño sobre Toki.

Todos los meses descontaré dinero de tu nómina. Los pluses que ganes los cogeré para la empresa. Si sigues al ritmo que has llevado en tu trayectoria aquí tu deuda debería estar saldada en tres años. Pero eso no quita que no tengas un castigo aparte del monetario.

Colgado del gancho, con la mirada en el suelo y sin mediar palabra asintió con la cabeza. Esperaba que iba a pasar al escuchar el primer chispazo.

Señor, solicito abandonar la sala- Dijo HUNK de pronto, levantándose de la silla.

Permiso denegado, siéntate ahí, tu ahora tendrás tu orden.

HUNK se sentó de nuevo, con un nudo en la garganta. Quería relajarse y no ver lo que le iba a suceder a Toki. Desenchufó los auriculares de su radio y los conectó a un pequeño reproductor de música que llevaba en el cinturón táctico. Consideraba, pese a ser un soldado profesional y muy sereno, que en algunas situaciones lo mejor era distraer un poco la cabeza para evitar la desmoralización. A través de los cristales de su máscara veía a Wesker dar descargas con dos pinzas cargadas de electricidad a Toki, que pese a sacudirse violentamente hacia los lados, su mirada seguía fija en el suelo. Escuchaba "Here's To You" de Ennio Morricone mientras su compañero recibía una y otra vez un chispeante metal en su pecho, lanzándolo hacia detrás para recibir a la vuelta otra descarga de dolor. Al concluir la canción, Toki ya tenía los ojos en blanco, echaba humo por las orejas y tenía la cara enrojecida. De su nariz ya salía una gota de sangre. Se quitó los auriculares al ver a Wesker dejar encima de la máquina las pinzas. Tras dejar las pinzas, empujó a Toki hacia detrás, balanceándolo y a la vuelta descargó sobre el uno de sus asoladores puñetazos, en todo el pecho, escuchando un "crack" de sus costillas. El cuerpo quedó temblando un poco hasta que de pronto se quedó rígido.

Suficiente- Dijo Wesker, colocando bajo el cuerpo el recipiente donde antes había agua.

De las fosas nasales del soldado caían de forma arrítmica unas gotas carmesí, finas como agujas, que se posaban en el metal frío del barreño mientras el cuerpo se seguía balanceando ligeramente.

Toki por dentro no sentía nada. Ya no notaba su piel quemada por los relámpagos que descargaban las frías pinzas de metal, no sentía como su nariz sangraba posiblemente por la rotura del tabique nasal. No tenía cuerpo.

Su cuerpo y mente se habían separado. Estaba sentado en un banco, vestido con unos pantalones vaqueros negros, una camiseta marrón de manga larga y una a cuadros por encima. Con el pelo recogido en una coleta y bien peinado con gomina, se encontraba en Central Park, mirando los árboles en el otoño. Se fijó particularmente en una hoja que caía de un enorme olmo. El suelo presentaba una alfombra de matices amarillos y naranjas con tintes rojizos. Descendiendo lentamente, se posó en el lienzo una gota verde en medio. La reunión de todas las hojas se fue con una brisa, revoloteando como una nube vegetal hasta el lago, donde unas se hundieron y otras permanecían a flote, alrededor de un pequeño bote amarrado en el muelle del lago.

Es así como funcionan las cosas hijo- De pronto, una voz que le resultaba familiar apareció desde detrás- Un segundo tienes la perfección y la belleza delante y en otro segundo llega una fuerza que te devuelve a la nada, al origen. Del polvo vienes y en polvo te conviertes, o mejor dicho, vienes del caos, sembrarás caos y te irás en el caos.

Toki giró la cabeza y se encontró a un hombre mayor, cincuentón pero en perfecta forma física. Con una boina roja en la cual tenía un parche de una empresa claramente reconocible para el, el hombre se apoyaba en el banco. Vestía un atuendo militar de gala, con varias condecoraciones en el, pero sin olvidar la cartuchera de la pierna, una pistola Colt M1911 relucía, recibiendo la luz del ocaso en el martillo y la corredera.

¿Que haces aquí?- Preguntó sereno al hombre de detrás, sin inmutarse en su pasado.

Digamos que he venido a hacerte una pequeña visita. Parece que estás fuera de combate ¿No?

Esbozó una sonrisa ligera y dejó escapar una risilla. Luego sacó del bolsillo un cigarrillo y lo encendió.

He estado aquí ya tantas veces que es como otra parte de la vida. Sin embargo, nunca me encuentro al capitán del barco. Creo que debe de estar de vacaciones o algo.

Ese vicio es lo que te va a matar si sigues fumando tanto ¿Cuanto crees que aguantarán tus pulmones a este ritmo? ¿O ese virus te regenera también los pulmones?

Premio para el viejo. El virus N es capaz de mantenerme en plena forma, obviamente si no fumara tendría más espectativas de vida, pero tampoco podré morir de cáncer. De hecho, le he ganado la carrera hasta la muerte ocho veces, puedo ganarle de nuevo.

El militar también sonrió y se sentó a su lado, sacó un puro. Toki se lo encendió y ambos se quedaron mirando hacia el barco.

¿Sabes una cosa? Pensé que te había matado ya- Dijo mirando al hombre que fumaba el puro- Sin embargo, aquí estás de nuevo, con ese maldito uniforme y ese asqueroso puro. El ascensor en el que fui a buscarte apestaba a esos malditos Romeo y Julieta que te fumas, no fue difícil localizarte, solo tuve que seguir tu rastro.

Si no recuerdo mal, tu también deberías haber muerto ¿No? Te disparé siete veces, no fallé ni un disparo. Y aquí estás de nuevo, con tus malditos modales de niñato y ese asqueroso Phillip Morris. No te cubres Toki, por ese tipo de cosas mueren muchos soldados hoy en día, tu chaleco antibalas no va a parar todos los disparos.

Ambos se rieron sonoramente. Volvieron a mirar al lago y continuaron fumando durante un rato más. Al terminar cada uno su tabaco se levantaron. Un rayo desgarró el cielo y dio paso a un telón de negrura. La luna observaba los dos cuerpos de pie frente al banco y el nuevo escenario decidió descargar una lluvia de chispas.

Una última vez. Esta vez veremos quien es el mejor.

El hombre del traje militar había terminado esta frase justo cuando Toki sacó de debajo de la camiseta a cuadros una Mark 23.

Una última vez para repetirte que soy el mejor.

El anciano y el joven se colocaron espalda con espalda. Codo con codo. Arma con arma. Ambos tenían una pistola semiautomática del mismo calibre, ambos tenían siete balas, ambos tenían que dar siete pasos. Uno. Toki seguía con el arma en alto. Dos. Respiró. Tres. Cerró los ojos. Cuatro. Quitó el seguro. Cinco. Armó el martillo. Seis. Abrio los ojos. Siete.

Los siente pasos habían sido dados por ambos hombres. Se voltearon a la misma vez y corriendo uno contra el otro abrieron fuego. Las balas cortaban el aire, dirigiéndose todas a sus respectivos blancos. Las siete balas de Toki acertaron en el pecho del soldado, las seis balas del soldado acertaron en el pecho de Toki. Sin embargo, ambos estaban tendidos en el suelo, sangrando profusamente.

¡Has fallado un tiro!- Dijo Toki emocionado- Deberías retirarte, estás hecho un abuelo.

O a lo mejor simplemente no he disparado todas. Solo se han escuchado trece detonaciones. ¿Vuelves a caer en el mismo error de la última vez?

Toki tragó saliva y lanzó su Mark 23 con rabia contra el banco.

Okay, tu ganas de nuevo.

El cañón de la Colt le apuntaba a la frente y la sonrisa del herido militar le apuntaba a los ojos.

Dale saludos a Heather ¿Quieres? Te echa de menos.

Presionó el gatillo.

BANG

Toki abrió los ojos de nuevo. Estaba en una camilla, en la enfermería de la mansión. Le miraba el trasero a la enfermera de turno cuando despertó. Miró el calendario de la pared y soltó una pequeña risotada. Llevaba inconsciente dos días, recubierto de tubos y de viales, así como de aparatos para mantenerlo vivo.

Si es que estoy hecho un cuerpo escombro- Masculló- Y encima el maldito viejo me ha vuelto a ganar...

La enfermera se dio la vuelta y lo vio despierto. Sorprendida, salió corriendo por las puertas dobles de enfermería. Toki no sabía si tenía alguna mutación, si era sorprendente que después de tal paliza se hubiera recuperado tan rápido o si simplemente lo fea que era su cara había espantado a la joven pelirroja con buen trasero.

Siento no haberme arreglado para la cita- Bromeó. Aunque no era el momento más adecuado.

Pocos minutos después, Sherry entró en la sala, portando un maletín con el logo de Umbrella en una mano y una pistola en otra.

Veo que ya te has despertado ¿Te encuentras bien?- Preguntó al ver despierto a Toki, aunque esperaba una respuesta más seria.

Simplemente tengo algo de resaca...- Miró la pistola en la mano de Sherry.- ¿Estoy despedido?

Sherry dejó el maletín junto a la pistola en la mesilla de noche de la enfermería y desconectó todos los aparatos inútiles en mantener a Toki vivo. Este se quitó la vía de su vena con delicadeza y se apretó la venda. Esperaba que en cualquier momento Sherry le metiese una bala entre ceja y ceja pero luego reflexionó. Wesker no iba a mandar a su alumna a hacer su trabajo y mucho menos a matar a sangre fría a un amigo de esta, por mucho compromiso que fuera con la empresa. La rubia abrió la maleta y le entregó una jeringuilla pequeña con una etiqueta "N"

Tienes una segunda oportunidad. No la malgastes.

No dijo nada más, simplemente se levantó de al lado y se dirigió a la puerta. Señaló el maletín, haciendo referencia a que habían más cosas en el maletín.

Una nota, un chaleco táctico, dos cargadores de pistola y algunos ítems más.

"Si aceptas la oportunidad, recupera tus fuerzas y ven al despacho. Si la rechazas, raja la nota frente a la ventana.

Albert Wesker (Director de Umbrella Corporation)"

Sonrió y se levantó hacia la ventana tras inyectarse el contenido de la jeringuilla. En pocos segundos notó la energía del Virus N galopando por sus venas. Sus músculos recuperaban rigidez y la sensación de dolor y pesadumbre había desaparecido. Los ojos que en su momento eran blancos y después marrones desteñidos por la muerte temporal se convirtieron en amarillos. La regeneración había comenzado y HUNK lo veía desde la mira de su WA2000, apostado en el tejado del sector de en frente.

Me alegro que hayas aceptado, compañero.

Pensó HUNK sonriendo bajo la máscara, mientras Toki con otra sonrisa le enseñaba el dedo medio.

Si te crees que te iba a dar el gusto de ser el mejor tirador de Umbrella de nuevo, las llevas claras.

Tras gritarle estas palabras desde la ventana, tomó el maletín y tras entregarle a la enfermera su número de habitación, salió por la puerta doble de enfermería.