Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Marvel. Yo sólo los tomo prestados para hacerlos un poco más felices y no dejarlos a merced de los hermano Russo.
Extra
—Tony.
Bueno, haciendo un recuento de toda la situación, no era como si hubiera saboteado al destino.
Es decir, simplemente había dado un par de ajustes a todo el proceso. De todas maneras, no era como si hubiera arruinado la vida de alguien. ¡Pepper estaba más que fascinada con el hombre! ¿Y a quien le debían todas las perdices que comerían? Ajá. Genio, filántropo… y Cupido.
Tony Stark tenía muchos defectos, muchos y caros para variar. Pero si de algo jamás seria encontrado culpable era de haber cedido a los ojitos azules—malditamente brillantes como los de un cachorro— de su novio. Novio en poco tiempo que sería promovido a prometido. Porque de verdad, estaba loco por él.
Aunque hay que hacer una pequeña aclaración ¿No?
[Algunos meses atrás...]
El diluvio que cayó sobre la ciudad fue como un presagio. Las cosas debían aclararse, porque sinceramente Tony estaba hasta el cuello del ambiente de trabajo. Pepper Potts, su mejor amiga del mundo mundial, actual socia catedrática y la más larga relación estable de su vida… lucia como si alguien hubiera atropellado a su perro.
Tristeza. Porque otra vez, la comisión directiva de la ciudad, había subestimado su trabajo sobre energía limpia y tratados con comunidades extranjeras. ¡Viejos decrépitos! ¿Qué podían saber sobre futuro si la juzgaban porque tenía pechos? Necesitaban urgente hacer una fortuna para patearles el trasero. Pondría a Peps en la cima. La más inteligente y bella CEO. Y lo lamentarían, como que se llamaba Anthony Edward Stark.
De modo que todo lo anterior se mezclaba por estrés y por la pila de informes que debían terminar para dar cuenta al comité de la Universidad de Columbia, que los inventos y experimentos de Tony no eran de alto riesgo. Riegos que por supuesto, variaban desde "curiosamente inflamable" a "Eficaz como bomba nuclear casera"
El caso es que la lluvia no sólo había sintonizado el humor de Pepper, sino que ahora mismo ella lucia furiosa —casi tanto como la furia de los vientos que azotaban las ventanas—porque él olvidó por completo lo que significaba privacidad. Si un trueno no lo golpeaba, seguro ella le volaría la cabeza.
¡Tony sólo había tenido la mejor intensión del mundo! ¡Y las aplicaciones de citas eran confiables… en un 35%!
—¡Cómo te atreves a poner una foto mía! ¡Voy a demandarte, que lo sepas! ¡Esto es ultrajante!
Por Hawking, que Pep era tan anticuada con su drama.
—Nuevos horizontes, nuevos peces.
Ni siquiera su sonrisa engatusadora funcionaba. Así que decidió apuntar con artillería pesada.
—¡O vamos, hasta Coulson tiene salidas!
—¡Ese no es…! Para. ¿Phil? ¿Phillip Coulson?
Oh. Interesante. Tony lo sacó a relucir, por la misma causa que registró a su amiga en esa red social. Phil 'Nerd-Misterioso' Coulson. ¡Qué eran tan ridículamente obvios que le dolía tanta negación! Ambos tan bonitos y buenos como el pan que hacían a la vuelta de su departamento. Aunque tan torpes, con cargos importantes como para distraerse de lo que sería una pareja encantadora.
Pero que no cunta el pánico. Qué Tony tenia todito fríamente calculado.
Registrar a Pepper en la red, fue el segundo paso. Mucho antes habría hackeado la cuenta de Phil para evitar amenazas y mantener el camino libre a su bella amiga. Coulson era tan nulo en estos temas—sospechaba que esa pelirroja, la rusa, lo orilló a esas estrategias— que ni siquiera notaba cuando una cantidad de mensajes de su bandeja desaparecían. O porque las solicitudes se limitaban a mujeres del otro lado del Atlántico.
O porque parecía tener cierta fijación por ese usuario de Brooklyn. Por un par de semanas. Un par intenso de semanas.
Bien, que lo ultimo había sido cosa de Tony.
Pero sólo un corazón. Nada. Una especie de "me gusta" mágico.
No creyó que de verdad, el otro sujeto propusiera una cita. En serio, que hasta donde sabia la foto de perfil de Coulson consistía en una toma del café especial con el dibujo de un escudo en la espuma. ¿Cómo, sólo con eso, había enganchado a ese… tremendo hombre? Sí es que la foto de perfil no mentía.
En medio de los planes casamenteros de Stark, la variable del chico de Brooklyn era inesperada. Y, que Isaac Newton lo lapide con manzanas, si no reconocía que ese par de ojos azules eran lo más caliente, bello y puro que había contemplado en su vida.
¿No estaría actuando mal, si también se buscaba algún tipo de… amigo, cierto? Ya estaba ayudando lo suficiente al par de inútiles con su planeamiento familiar, así que merecía una recompensa. Sí, Karma estaba recibiendo sus mensajes.
—¡Tony, te estoy hablando!
Ah. Cierto. El plan.
—¿Me decías, tesoro?
Se contuvo de reír ante las cejas fruncidas y las mejillas encendidas de coraje. Pepper era un encanto furiosa, pero debía andarse con cuidado. O terminaría sirviendo de abono a los arboles del campus.
—Hace medio segundo, no te estabas conteniendo. No me jodas, Stark ¿Qué pasa con Phil?
La puerca estaba en la pocilga.
—Oh, eso.—Restarle importancia con un movimiento de hombros estaba siendo difícil, Tony quería gritarle.— Ya sabes, el hombre me pidió ayuda el otro día por una aplicación para el clima… y noté el icono de este lugar de parejas. ¡Quién lo diría, qué al señor historia, le gusta la interacción!
Suficiente. Todo estaba casi servido. Sólo faltaba un poco de presión y Cupido podría volar a arreglar la otra cita. ¡Ni esa lluvia lo impediría!
—Me dije, 'Eso sí que no. Sí él puede conseguirse citas candentes, mi amiga del alma también'— Con una sonrisa dulce tomó las manos de Pepper— ¿No te parece bueno? ¡Seguro hay un candidato a la altura para ti!
La tensión que emitía Potts era tal que Stark temía que en cualquier momento se quedaría sin dedos. Ella le miraba con tanta concentración y silencio, que pronto el castaño comenzó a elaborar planes de emergencia.
Pero no fue necesario.
Virginia Potts, tan alta y elegante con su cabello dorado, sus pecas delicadas y su mirada fiera, se libró del agarre, estiró su blusa rosada, alisó su falda oscura y con pasos de tacón, se dirigió a la puerta de la oficina. Todo mientras Tony quería gritar y vitorear un montón de cosas.
Antes de salir por completo, Pepper volteó y le dedicó una mirada llena de emociones. Luego, dejó paso a la fría amenaza de:
—Ni siquiera lo digas.
¡Ni un gracias, la muy desgraciada! Bah, que igual le sacaría toda la información una vez que regresara del tercer piso. Apostaría a BABAS a que incluso la metiche de Romanoff se cae de espaldas, cuando vea Pepper entrando en la cátedra de Historia Americana. ¡Qué sacudan un poco los archivos de los años cuarenta, por favor!
—¡Ve por tu hombre!
La seña con el dedo medio, fue divertida.
Cuando por fin—¡Por fin!— la rubia abandonó la oficina que compartían, Stark no hizo más que lo esperado. Chillar y saltar, como toda una adolescente en plenitud. Y no le importaba para nada. ¡Quién era el mejor Cupido de la historia, quien!
Tan feliz, que casi olvidó el último detalle.
¡Mierda!
El aguacero parecía digno de Noé. Si no cruzaba un arca en el camino al museo, tendría que construir una él mismo. ¿Cómo es que había acabado su suerte de esa manera? Atascado en alguna parte del centro, con agua subiendo de todas partes: cayendo desde el cielo, atacando sus mocasines y remolinos tomándoselo personal con su cabello. Tony era terco, más que cualquier hombre de treinta y cinco años con inteligencia por encima del promedio. Lo que resultaba en que su CI se fuera al caño, cuando se topó con la esquina del mismísimo océano.
¿Qué rayos hacia el gobierno con sus impuestos? ¿Transmitir el HBO? ¿Diseñar trajes ridículos para espías? ¿Quién necesitaría desagües de todas formas?
Stark no podía cruzar sin arriesgarse a morir ahogado, humillado y devuelto sin un grado de dignidad a la acera.
El castaño, comenzó a considerar esta vez con más seriedad las cosas. El chico de Brooklyn probablemente estaría aguardándolo en la sección de arte moderno, con las señas indicadas— Una camisa celeste y una marca de estrellas, eso último seria libre de creatividad. Maldición, su encuentro debía ser a las seis en punto. Ni siquiera estaba seguro si continuaba siendo de día con lo gris que estaba la ciudad.
Demonios.
Dolía.
Un poco más de lo que creyó. Porque si bien, todo era parte de su juego de Cupido... esta vez, por un momento, uno pequeño, le hubiera gustado conocer al hombre detrás de los ojos azules y de la afición por las plantas. Increíble, pensó con algo parecido a la derrota, ¿Cómo es que deseaba tanto hablar con alguien, que posiblemente esté esperando a un Coulson, con cara de jamás haber roto un plato y discursos sobre el año donde se crearon las primeras estampillas postales?
Fue como la pequeña marea que inundó por fin sus pies, el miedo y el arrepentimiento subieron por su garganta. ¿Por qué debía ser tan complicado? Podría haber creado una propia cuenta, podría presentarse sin toda esa historia de ser un Cupido, genial y divertido.
Tony, estaba atrapado bajo el peor diluvio de Manhattan, con el pecho revuelto y los dedos fríos. A mitad de camino con una cita online, en la que ni siquiera el hombre sabia su verdadero nombre. Incluso estaba arruinando el traje para la ocasión, con ese intento de proteger su valiosa cabeza.
Fue cuando esa voz, llegó contra la tormenta.
—¡Hey! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Vas a enfermar así!
¿Y a ese que le importa?
¿Acaso no veía que estaba en medio de una crisis existencial?
Obviamente le envió una venenosa mirada y le ignoró. Muchas gracias, pero ahora necesitaba reconsiderar todas las malas decisiones de su vida. Sí, bajo una lluvia torrencial. Sí, le apetecía morir un poco, gracias. ¡Qué era un país libre!
Pero quizás, los ideales de libertad estaban algo caducos. Porque apenas podía seguir revolcándose en su miserable cobardía virtual, cuando la voz otra vez irrumpió.
—¡Oye, qué estás haciendo!
Tony no sabía con exactitud qué diablos estaba pasando, pero el simple hecho de no saberlo hacia que su enojo burbujeante bajo capas de sarcasmo, surgiera. Ningún chico grande, modelo de Calvin Klein, iba a decirle como debía morir bajo la lluvia. Menos aún ese entrometido.
—Lo siento, boy-scout, pero no necesito que me ayudes a cruzar la maldita calle.
Bueno, si necesitaba ayuda. Pero antes se convertía en algas marinas antes de dar el brazo a torcer. Podía con el maldito clima, podía con la presión de los proyectos aún por desarrollar. Podía con perder al chico de Brooklyn. ¡Podría con un corazón solitario, carajo!
—No seas ridículo, vas a morir aquí.
Oh, que observador.
—Gracias por las novedades, chico grande.— Su cabello se pegaba a la frente, donde notó un par de ojos azules molestos.— Si me disculpas, tengo que esperar con la poca dignidad que me queda. Quizás encuentres alguna ancianita que rescatar en la próxima calle.
Esperar porque el maldito universo terminara de una vez, con su hora de "jodamos a Tony"
Aunque honestamente, Stark olvidaba como siempre que el universo tenia un sentido del humor de lo más retorcido. Y sabio.
Casi tanto como el par de manos que lo tomaron por la cintura, en medio de frías gotas, con fuerza, atrayéndolo a otro cuerpo húmedo. Pero cálido, malditamente cálido. Tardó un par de segundos en bajar de la nube de impresión en la que el tipejo de buenos músculos lo había sumergido.
—¡¿Qué demonios?! ¡Bájame! ¡Oye, idiota! ¡QUE ME BAJES, PEDAZO DE...! ¡AUXILIO!
¡LLAMEN AL 911!
Debía estar haciendo un espectáculo, lo sabía. ¡Pero es que esto era lo más bizarro, sospechosamente criminal y patético que le había pasado! Tony se removió, con toda la idea de saltar directo al río que corría por la calle en esos momentos. Dispuesto a poner distancia con ese idiota, bastardo... de camisa azul. Un azul pálido que se pegaba en los lugares correctos. El castaño ni siquiera registro cuando había dejado caer el saco que cubría hasta entonces su cabeza.
¿Podría ser qué...?
Un segundo.
¿Llevaba medias de estrellitas? Estrellas de colores.
Y entonces pasó.
La caída.
Literal.
—Jodido Jesucristo...
Odín. Alá. Buda. Ciencia médica avanzada. Alienígenas del History Channel.
El chico de Brooklyn lucia tan desastroso como él.
Con el cabello revuelto, las mejillas bañadas en lluvia y la mirada en shock por haber rebotado contra la calle. Tony afortunadamente, tenía un lugar privilegiado, con la calidez de un pecho firme bajo sus dedos, para poder sonreír como un idiota. Y sentir que quizás, el destino tenía mejores planes siempre. Sólo que él pecaba de impaciente.
Y es exactamente lo que lo hizo dar el salto.
—¿Pero qué clase de príncipe azul, eres?
Tony no recuerda bien como terminaron probando las técnicas básicas de calor corporal, contra la puerta de una florería.
Bueno, sí lo sabe.
Recuerda escuchar el nombre de 'Steve Rogers' También el rubor ante su ligero avance, antes de perderse en un beso que por lejos, estaba en uno de sus favoritos. Lo recuerda, con impresionante detalle, sólo que amaba demasiado la cara de Steve cuando menciona que definitivamente su tan educado novio, perdió bastante los modales ese día.
Día en que iniciaron la campaña preventiva contra la pulmonía, con métodos poco tradicionales.
[En el bonito presente...]
—Tony, ¿Estás escuchando?
Steve está de pie junto a la ventana de la habitación, con una enorme frazada cubriéndole la cabeza. Hay una taza humeante entre sus manos y las medias de franjas amarillas se lucen por completo en la luz de la tarde. Llueve tan fuerte como el día en que se conocieron.
—¿Qué pasa, chico grande? ¿Quieres que te ayude a llegar hasta el otro lado?
Y Tony cabecea con una mirada juguetona, la cama revuelta de la que apenas han logrado escapar hace momentos.
—Primero, ven a ver esto.
Como cualquier petición que hace con esa sonrisa de comercial, Tony obedece, hasta ser rodeado en un mar de brazos cálidos y frazadas térmicas. El cristal de la ventana salpicado de gotas transparentes, apenas empañado por el invierno que crece. Las luces de los edificios parecen parpadear a la distancia, al igual que los coches en la calle.
Stark, sabe en ese instante dos cosas importantes: El servicio meteorológico siempre será una estafa y las citas online, son herramientas del desastre.
Pero nada más cierto que Tony no cambiaria para nada su vocación de Cupido. ¡Qué era un verdadero genio, ya lo decía!
Mientras sonríe con toda la intención, Steve besa su sien.
[•FIN•]
¡Buenas polluelos! Aqui el para nada, pequeño extra que prometi. Me emocione bastante XD pero quizas necesitaban un poco del contexto de donde sale Tony y porque hace lo que hace. Al final Steve resulto el lanzado si lo piensan bien :v
Espero que les haya gustado tanto como a mi escribirlo. Muchas gracias a ambu780 y Camib312 por sus comentarios, los amé :3
¡Muchas gracias por leer!
Buenas vibras a todxs (ノ*ヮ*)ノ:・゚
