Hola!

Capítulo 3

Hinata había salido lo más temprano posible de su casa, aún no había amanecido, lo más difícil había sido abrir la puerta sin despertar a sus padres, pero lo había logrado. Cuando llegó al hospital se compró un café en una máquina expendedora y luego de beberlo se dirigió a la habitación de Kai, de todas maneras su turno comenzaba en dos horas, los pasillos estaban desiertos y el ligero sonido de sus tacones negros la perturbaba un poco por lo que apuró el paso, apretando la cinta de su bolso marrón cruzado. Cuando abrió la puerta de la habitación un rudo frío la golpeó, suerte que se había puesto un suéter blanco, después de cruzar el pequeño pasillo que hacía la pared del baño, se quitó el bolso y lo dejó en el suelo, con su mano derecha acarició su brazo izquierdo buscando calor para luego meter sus dedos en los bolsillos del pantalón negro.

- Kai, ¿Cómo soportas este frío? – Le dirigió una sonrisa al pelirrojo acostado en la cama, su expresión tan seria y extraña como siempre, se acercó y tomó una de sus manos entre las suyas – están tan frías – un ligero tono gris cubrió sus opalinos ojos, colocó los mechones de su cabello detrás de ambas orejas y se acomodó mejor la pollina para luego arropar las manos del pelirrojo – así estarás más cómodo.

Hinata no podía evitar caer en el extraño encanto del hombre, que era mayor cuando la luz de la luna llena tocaba su pálida piel, siempre le había angustiado esa extraña expresión del pelirrojo, tan serio, sus ojos blancos brillaron cuando pasó uno de sus pequeños y rollizos dedos sobre la mejilla masculina para después dibujar el contorno de su barbilla, notó un leve cambio en la cara del pelirrojo, su nariz se arrugó mínimamente y algunos dedos de su mano izquierda se movieron, rió un poco, siempre obtenía la misma respuesta al hacer eso, Kai aún tenía posibilidades de despertar, lo que la hacía feliz.

- ayer tuve una cena familiar por el cumpleaños de mi hermana – suspiró mientras se sentaba a un lado de la cama – y no es que odie a mi familia pero… – hizo una larga pausa – cuando estoy con las personas no sé a dónde pertenezco Kai – Hinata le sonrió – yo siempre estoy sola y no es algo por lo que me angustie, sé que muchos no lo entienden, pero ya es una costumbre, no puedo encajar con otras personas por más que lo intente, pero en serio, no estoy triste por eso – una de sus manos fue a parar a su boca para ocultar una carcajada - ¿sabes? Si algún día me encontraran aquí hablándote de la manera en que lo hago, pensarán que estoy loca, espero que tú no pienses lo mismo – dijo mientras lo miraba.

La morena nunca le había prestado atención al sonido del monitor cardiaco a un lado de la cama, por primera vez en un año se encontró a sí misma escuchando la frecuencia de los latidos del corazón del pelirrojo, sintió la necesidad de llorar sin saber exactamente porque, pero no lo hizo, hacía mucho tiempo que no lloraba

- Kai, ¿Qué se siente estar así? – Su voz fue un susurro, el tinte gris en sus ojos se volvió más oscuro – No te lo había querido decir, pero las personas que quedan en coma… luego del año del accidente las probabilidades de que despierte descienden, son pocas, claro que lo tuyo no es un coma irreversible, aún hay esperanza de que despiertes algún día – Hinata volvió a pasar un dedo por su mejilla, vio como lo cobija que tapaba la mano del pelirrojo se movía, le encantaba hacer eso, es como si él le dijera que la estaba escuchando.

Lentamente Hinata se fue acercando al rostro del pelirrojo para observarlo mejor, el cielo estaba comenzando a cambiar de color, iba en un degrade de azul a rosado, unido con unos toques naranjas, el cuarto estaba en silencio y ya no era tan frío como cuando había llegado.

- Hey Kai – le susurró – una parte de mí no quiere que despiertes porque quizás no te volvería a ver – parte de su cuerpo estaba sobre el pecho del pelirrojo, el tinte gris en sus ojos se volvió poco a poco un morado claro al notar como el hombre movía los ojos bajo sus párpados, ella sabía que era un reflejo, pero le gustaba pensar que la estaba buscando – pero no puedes seguir aquí el resto de tu vida – bajó su cabeza hasta el lado izquierdo del pecho del hombre - ¿Quién habrá sido capaz de dejarte aquí? Tan solitario, ¿o es que acaso eres como yo?

Los latidos del pelirrojo invadieron su oído rápidamente, no supo si era su ritmo cardiaco el que se acoplo al del pelirrojo o viceversa, fue relajándose en esa posición, con su cabeza en el pecho del hombre, una mano en su abdomen y acomodando su cuerpo al otro, sus ojos se cerraron mirando el cielo de la madrugada y escuchando el corazón de su compañero.

Cuando abrió sus ojos de nuevo, el sol ya estaba en el cielo, ese día no había muchas nubes… y ella iba a llegar muy tarde para las rondas, en su rostro apareció una expresión de angustia y rápidamente se bajó de la cama, miró su reloj mientras recogía su bolso, 8:35, oh Dios, hacía ya una hora y 35 minutos que había comenzado su turno, volteo a mirar al pelirrojo que seguía en la misma posición.

- no despiertes Kai – los vestuarios estaban lejos, si se cambiaba ahí mismo tardaría menos en presentarse – lo siento mucho, en serio – le dedico una mirada de disculpa

Torpemente sacó su uniforme azul marino del bolso junto con unos tenis blancos y un par de medias del mismo color, tiró sus tacones a un lado y se quitó el pantalón negro lanzándolo al bolso, se colocó el mono donde guindó el buscapersonas que ya tenía miles de mensajes, se puso la parte de arriba de su uniforme sobre el suéter blanco que cargaba, perdió el equilibrio al intentar colocarse una media y cayó sentada al suelo, duele, terminó de ponerse los tenis sin hacerle el doble nudo de siempre y salió disparada de la habitación prometiéndole al pelirrojo que lo iría a ver antes de ir a casa como siempre.

- ¿Hinata? – La Hyuuga se paralizó en su lugar, después del incidente en el cuarto de guardia no se había cruzado con la pelirrosa - ¿estabas ahí todo este tiempo?

- Hola Sakura – giró lentamente para encararla, en sus ojos verdes se veía un toque de vergüenza – es que yo… solo estaba… llegué muy temprano solo que – fue interrumpida por el sonido del buscapersonas de la pelirrosa.

- la doctora Kurenai nos necesita – le sonrió – hoy nos toca con ella, ya atendimos el primer caso de esta mañana pero aún nos quedan más y como no llegabas hace como diez minutos que me mando a buscarte, vamos, la habitación del segundo caso está cerca – Sakura comenzó a caminar y Hinata agradeció ser interrumpida porque la verdad no sabía que decirle a su compañera.

- Hinata – la pelirrosa jugaba nerviosamente con el cuello de su uniforme azul claro – yo quería hablarte sobre lo que pasó en la guardia – la Hyuuga se sonrojó un poco y evitó mirarla, Sakura quiso decir algo pero fue interrumpida por Kurenai que iba saliendo de una de habitación

- ¿Dónde se habían metido chicas? Entren por favor – la pelinegra las miró con un poco de incredulidad en sus ojos rojos – Sakura – dijo dudativa mientras miraba a la pelirrosa – supongo que está bien - suspiró, Sakura y Hinata se miraron entre si y luego entraron detrás de Kurenai

Las tres mujeres se quedaron observando la escena por un tiempo, un hombre blanco de cabello rosado-grisáceo y ojos azules estaba acostado en una camilla con los brazos estirados sobre su cabeza para sostener unos pequeños rodillos que sobresalían de la camilla, una mujer blanca y rubia de ojos verdes estaba encima de él, ambos se quejaban de la posición debido a que los lastimaba, y era peor cuando alguno de los dos se movía. Sakura se congeló por un momento, volvió a mirar Hinata, sus ojos verdes llenos de vergüenza y le sonrió mientras sus mejillas se sonrojaban, la pelirrosa estaba muy incómoda, sobre todo cuando no le había pedido disculpas a la Hyuuga después de que esta la vio con Kakashi. Hinata miraba incrédula la imagen, un caso más que sumar a su lista de las cosas más rara que había visto en su vida, sus ojos se dirigieron a la pelirrosa que le sonreía, un poco incómodo.

- Bien, ellos son Kisashi y Mebuki – dijo Kurenai quien sostenía unos historiales en sus brazos – están… atorados, por causa de un piercing en las partes íntimas del señor kisashi – una de sus cejas se levantó y luego suspiró mientras el hombre hacía una broma y su mujer negaba con la cabeza – primero hay que ver donde se ha enganchado el objeto, llevémoslos por una radiografía, me adelantaré para preparar el cuarto – Kurenai le entregó el historial de la pareja a Sakura y luego salió de la habitación.

- bien – Hinata no podía dejar de ver como la pareja discutía – sugiero que los llevemos lo más rápido posible antes de que haya más personas en los pasillos – dijo para sonreírle a la pelirrosa y ponerse al pie de la camilla

- no puedo creer esto, ¿Cómo se les ocurre? – Sakura no podía estar en una situación más bochornosa que esta con la Hyuuga mientras se colocaba a la cabeza de la camilla para salir de la habitación

- ¿Sakura? - la mujer alzó los ojos hacia la pelirrosa quien la miraba con el ceño fruncido y un sonrojo en sus mejillas, ni siquiera la habían notado cuando entro a la habitación, ¿Qué clase de padres eran? – por Dios, esto no puede estar pasando

- Se adelantó la reunión familiar esta semana ¿cierto? – kisashi soltó una carcajada incómoda que se apagó más rápido de lo normal al mirar los ojos de su hija y su mujer

- son unos pervertidos – bufó la pelirrosa rodando sus ojos verdes y evitando mirar a la pelinegra que había estado callada todo este tiempo, Sakura se disculparía con ella en cuanto terminara de arreglar el problema de sus padres, la Hyuuga pensaría que eran una familia de conejitos que no se podían contener, maldita su suerte, bufó de nuevo.

Hinata no sabía que decir, si a ella no le hubiera tocado con Kurenai este día seguramente la de ojos rojos la hubiera llamado igual, Kurenai le confiaba todos los casos bochornosos de los otros residentes debido a que ella siempre mantenía el secreto, no que los otros no lo hicieran, pero ella era más cerrada y nunca hacía bromas que desvelaran medianamente lo que hubiera sucedido en algún momento, cuando ella atendía los "casos interesantes" no había bromas en los pasillos, ni tampoco insinuaciones, ni peleas entre residentes y chismes entre enfermeras, y Sakura en este momento no podía estar más agradecida por eso.

.

.

.

Sasuke no tenía nada de sueño cuando llegó a su casa, a pesar de que el día anterior había sido pesado, pudo dormir durante la mayor parte de la noche en la guardia debido a que no hubo ningún caso en emergencias o accidente que requiriera su atención. Arrojó su bolso azul en el mueble blanco de la pequeña sala, se sentó para quitarse los zapatos deportivos grises, colocó los pies sobre la pequeña mesa negra y encendió la televisión colgada en la pared, luego de pasar varios canales decidió apagarla, ni siquiera había nada bueno en las noticias.

Se levantó para caminar hasta la cocina que estaba detrás del mueble, las paredes eran blancas a diferencia del gris amanecer de la sala, su ceño se frunció cuando no encontró ningún tipo de comida, ahora tendría que volver a salir, tuvo que haberlo recordado. Salió de la cocina para meterse al baño de su cuarto, el agua caliente le sirvió para relajar sus músculos, y a su memoria llegó el recuerdo Ryu después de decirle que ayudaría a su madre a ser feliz. Una ola de culpa lo invadió, él solo observó a su madre consumirse a sí misma sin hacer nada. Si bien él había sufrido también, su hermano era el que se llevaba la peor parte, era Itachi el que lo distraía de los gritos de su padre y de las calladas suplicas de su madre, cuando se encerraban en algún cuarto y se ponían a cantar o jugaban a ser superhéroes, no fue hasta los 13 que comprendió lo que estaba pasando en su hogar, cuando por primera vez vió a su hermano defender a su madre. Reprimió los recuerdos, eso ya estaba en el pasado, lamentándose y culpándose no borraría como había acabado todo.

Cuando terminó de ducharse se puso un bluejean y un suéter con capucha negro, si no compraba también las porquerías de Naruto, el rubio no dejaría de quejarse por una semana. En realidad, Naruto podía ser muy molesto cuando quería. Sacó su cartera del bolso y se puso en camino al supermercado.

Paseó por los pasillos escuchando a su estómago rugir, y agradeció a su suerte que el supermercado estuviera solo a unas cuantas calles arriba de su vivienda, fijó su vista en la cesta que colgaba en su mano, había dos cartones de huevo, tres paquetes de ensalada ya preparada, una pequeña bolsa de frutos secos para picar en la noche, cuatro empaques de champiñones, se paró a la mitad del pasillo de dulces (o porquerías como él las solía llamar), aun siendo médico y sabiendo el daño que le podían causar, Naruto comía todos los días y en cantidades extraordinarias cualquier cosa que tuviera azúcar y estuviera en un paquete ruidoso y brillante, su muy saludable cesta de comida se vio opacada por unas cuantas bolsas de pepitos y galletas de chocolate, como odiaba cuando eso pasaba, pero no se podía quejar, el rubio tenía en su despensa el tipo de comida que a él le gustaba para cuando quisiera ir a comer a su casa por cualquier motivo, incluso cuando se quedaba a cuidarlo cuando estaba enfermo o cuando se emborrachaba alguna que otra noche por tener el siguiente día libre (lo cual sucedía muy pocas veces).

Una imperceptible sonrisa apareció en sus labios mientras pensaba en el rubio, Naruto había sido el mejor amigo de su hermano desde la pre-adolescencia, cuando él era un mocoso de seis años y ellos tenían trece, Itachi lo llevaba con él a casa del rubio en cuanto su padre irrumpía en la casa buscando alguna pelea estúpida, eso también pasaba en las noches, cuando su hermano entraba a su habitación mientras él dormía para decirle que Naruto tenía una nueva película e iban a verla esa noche, a él le parecía interesante cuando eso pasaba, se sentía parte del mundo de su hermano y generalmente las películas eran buenas, Itachi lo vestía rápidamente y metía su pijama en un bolso que preparaba para los dos, y de algún modo se creó un vínculo irrompible entre los tres, un vínculo que se estrechó más entre él y Naruto cuando Itachi se mudó fuera del país al morir su madre, ambos estaban grandes ya y él había empezado a trabajar en el hospital así que no vio porque su hermano no podía cumplir su sueño de irse a recorrer el mundo, viviendo de las fotografías que vendía a bancos de imágenes.

Pero aunque no lo dijera, Sasuke extrañaba a su hermano, Itachi era su hogar, su único hogar, todo lo que le quedaba en este mundo, y no quería que desapareciera nunca, sin embargo, cuando Naruto estaba cerca él podía sentir de nuevo esa calidez que necesitaba, podía sentirse parte de algo como muy pocas veces se sentía, y Sasuke, aunque no lo admitiera, adoraba la sensación que el rubio le daba, por eso seguía comprándole sus porquerías para ver películas en su casa, por eso dejaba que Naruto ensuciara su impecable sala y no lo hacía limpiarlo con la lengua si era necesario.

.

.

.

- todo acabó bien al final – dijo la pelinegra mientras le daba otro mordisco a su manzana sentada en la cama – en el momento fue incómodo que Kurenai nos diera indicaciones para poder desenganchar a los padres de Sakura, sobre todo cuando ella estaba ahí, pero ahora solo es divertido – miró por la ventana el sol del atardecer y luego volvió su vista al pelirrojo, soltó la manzana que rodó por el suelo y rápidamente bajo de la cama quedándose paralizada en su lugar

Los ojos aguamarina del pelirrojo estaban abiertos, él estaba mirándola, aun así no tenían ningún tipo de brillo y rayaban la indiferencia, sin vida, obligo a los latidos de su corazón a calmarse y sacó una pequeña linterna del bolsillo de su bata

- ¿puedes escucharme? – Los ojos del pelirrojo no tuvieron ninguna reacción al ser tocados por la luz y suspiró – supongo que es un reflejo – Hinata sonó aliviada y decepcionada

Ya esta era la segunda vez que el pelirrojo hacía eso, quizás lo había hecho otra veces en las que ella no estuvo presente, pero era la segunda vez que ella lo veía, observó los ojos del hombre, a pesar de parecer tan fríos, daban algún tipo de serenidad, una calma muy extraña, como todo en él, poco a poco se fueron cerrando. Ya no se sintió tan bien como cuando había llegado, recogió la manzana del suelo y su bolso que había pasado ahí todo el día.

Con paso rápido y distraído salió de la habitación sin decir nada, se encaminó hacia los vestidores para dejar sus cosas, botó la manzana y miró su reloj que marcaba las cinco en punto, solo faltaban dos horas para que su turno acabara, se sentía como un fantasma mientras atravesaba los pasillos y miraba a las personas pasar, en las salas algunos pacientes escuchaban las indicaciones de los doctores, reían felices, otros estaban dormidos mientras sus familiares sostenían su mano, pero todos sentían algo, y ella seguía tan vacía. Hinata nunca tuvo grandes logros en su vida, nunca obtuvo el primer lugar en nada, su baja autoestima en la adolescencia y su timidez la privaron de vivir muchas cosas, se abrió con las personas equivocadas y al final terminó herida, y sintiéndose muy sola, sacudió su cabeza mientras entraba a los vestidores para alejar esos pensamientos, eso ya era pasado y ella se había prometido no volverse a lamentar por eso, en una próxima vida quizás aprendería a disfrutar mejor de sí misma. Suspiró y se sentó en la banca una vez que dejó su bolso dentro del casillero, cerró los ojos deseando que su buscapersonas sonara pero en cambio su teléfono la distrajo, ni siquiera se molestó en ver quien era

- ¿Hola? – su voz fue suave y tímida como siempre

- ¡Hinata! – La voz de Hanabi sonó más ruidosa de lo normal – quería recordarte que esta noche tambien cenaremos juntos, una semana hermanita, te fastidiaré una semana – la risa de su hermana le perforó el oído y tuvo que alejar un poco el teléfono

- sí, no lo olvido – mintió - no me quedaré a dormir esta vez, maña… - su hermana la interrumpió antes de que pudiera decir un buen pretexto para dormir en casa de sus padres esa noche

- está bien, ¿irás a la playa mañana cierto? – Hinata sabía que su hermana se estaba burlando – recuerda que papa tomó el día libre solo por llevarnos

- no estoy segura, el hos… - Hanabi volvió a interrumpirla

- de acuerdo, avisanos con tiempo, nos vemos esta noche – Hinata escuchó el pitido que indicaba el fin de la llamada

Salió de nuevo de los vestidores y se paseó por los pasillos otra vez para ver si podía encontrar algo que hacer pero parecía ser que todo estaba bajo control, el mundo conspiraba para que ella tuviera el tiempo suficiente para pensar en lo que había hecho con su vida. Se sentó en la sala de espera frente a las puertas del hospital, si tenía suerte quizás llegara un caso que requiriera su atención, suspiró mientras cruzaba sus brazos y se acomodaba un poco más en la fría silla, sus ojos se perdieron en el suelo, veía los zapatos de la gente que iba y venía, muchos zapatos, deportivos, tacones, de vestir, de todos los colores.

Un par de zapatos de cuero marrón oscuro llamaron su atención, el hombre tenía pantalones marrones también y parecía que le quedaban un poco grandes, se dirigía a las puertas del hospital, con cuidado y curiosidad subió sus ojos por la figura del hombre, su altura debía ser la promedia, su caminar era muy raro, como si estuviera conteniendo un dolor muy fuerte, el brazo izquierdo no se balanceaba hacia adelante y hacia atrás como lo hacía el derecho, sus ojos opalinos se abrieron más de la cuenta cuando vio la correa que sujetaba sus pantalones y la camisa verde botella de manga tres cuartos, los cabellos pelirrojos se revolvieron un poco con la brisa nocturna cuando las puertas de vidrio se abrieron para dejarlo salir.

- ¿Kai? – el nombre se deslizo por su boca mientras su cuerpo se tensaba, se sentó en la punta de la silla lista para correr, pero no sabía si seguir al hombre o ir al cuarto del pelirrojo, su mente era un caos y sus piernas parecían no responder a nada, en su pecho su corazón palpitaba tan fuerte que pensó que era una taquicardia - ¿Kai? – volvió a decir reteniendo las lágrimas

Sin pensarlo corrió a toda velocidad hasta las puertas por donde había salido el pelirrojo, no lo encontró por ninguna parte, siguió corriendo hasta la acera frente al hospital, se vio hundida en un mar de gente, pero nadie que estuviera buscando, se tropezó con un par de personas que siguieron de largo y se desorientó un poco más, con la adrenalina corriéndole por las venas entró de nuevo al hospital y atravesó los pasillos con paso apresurado, oyó que Sakura la llamaba sin embargo no se detuvo hasta la habitación 125, sentía el pulso por todo el cuerpo y su mano tembló cuando giró el pomo de la puerta, con cuidado entró al cuarto cerrando los ojos y guiándose por las paredes, abrió sus ojos blancos manteniéndolos en el suelo, fue subiendo la mirada poco a poco, el cuarto estaba vacío, completamente vacío, como ella. Hinata se sintió más sola de lo que se había sentido tiempo atrás.

.

.

.

Ehh... Espero que les haya gustado!