Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation.

Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Paralelamente.

Por Melpómene de Cáncer.

Capitulo I

Solamente reflexiones

En una perdida isla en el Océano Indico, en medio del fuerte calor imperante, June reflexionaba sobre la vida que hasta ese momento había llevado…

He estado en este lugar por años. Nada queda de lo que alguna vez fui, de la niña pequeña, arrastrada al infinito y amargo camino de una vida sin familia. Pero, para suerte mía, alguien se cruzó en mi camino, y me dio un techo, una cama, un plato de comida, pero también me entregó lo más parecido a un hogar, a él, a quien considero como mi padre, quién me sacó de las garras de la soledad, y me dio nuevas fuerzas para vivir, le estaré eternamente agradecida.

Mi vida no ha sido fácil, como la de muchas otras personas, he pasado hambre, pena, angustia, pero a pesar de todo, desde que vivo en esta isla, siento que la fortuna de algún modo me ha sonreído, tengo a ese hombre bondadoso que me ha enseñado a valerme por mi misma, y también compañeros de entrenamiento que han hecho el papel de los hermanos y hermanas que el avaro destino me negó, poco a poco, a través del tiempo, he vuelto a sentir alegría de estar viva, a tener esperanza en mi presente, y el coraje para luchar por mi futuro, ya no importa mi agrio pasado, no importa lo que no pudo ser, ahora soy una mujer.

Pero no una mujer cualquiera, en esta Isla de Andrómeda, donde encontré una familia que creía perdida para siempre, también encontré mi misión, convertirme en una guerrera de Atenea, la diosa de la sabiduría, quien vela por la paz, por la justicia, y sobre todo por el bienestar de la humanidad, mi deber es protegerla a toda costa, y para ello he tenido que renunciar a la libertad de mostrar mi rostro a los demás, a poder vivir como una niña normal, a poder amar libremente a quien yo quiera.

Los cuentos de hadas, las muñecas, las canciones de cuna que alguna vez, en un pasado perdido me acompañaron, han sido reemplazadas por el constante entrenamiento que me convertirá en una guerrera fuerte, ágil, inteligente, a fin de cuentas, invencible. Formar algún día mi propia familia, encontrar a esa "persona especial" y vivir juntos por siempre, son sólo un mero ideal, mi prioridad es y será siempre estar lista para la batalla, para enfrentar a la muerte por mi diosa, mientras use mi máscara, símbolo de mi compromiso, mi lealtad y mi vida sólo son para ella…

Al menos eso pensaba, hasta que lo conocí. Llegó como muchos otros, con el ideal de obtener el más preciado tesoro de este lugar, la armadura de Andrómeda, sin embargo, él siempre fue diferente a los demás, por más que el maestro y los otros chicos lo obligaban a pelear, siempre se negaba, a lo largo de los seis duros años de entrenamiento, sus ideales de no combatir se mantuvieron intactos, pero no sólo poseía una mente pacífica, su corazón era humilde, sincero, puro, el más generoso y bondadoso que hubiese conocido, ni siquiera los dioses podrían igualarse a él.

Sufrió mucho durante el entrenamiento, no sólo por los golpes que recibía a diario, sino que también por no poder ser el dueño de su propio destino, por tener que hacer cosas que no le gustaban, por estar separado de su única familia, y a pesar de todo, siempre tenía una cálida sonrisa en su rostro.

En un comienzo, al igual que los otros niños me fue indiferente, pero a medida que el tiempo pasaba, y lo iba conociendo mejor, me hice partícipe de su sufrimiento, sentí compasión de él, traté mil veces de convencerlo de que se marchara, que este no era su lugar, ni mucho menos su estilo de vida, por toda respuesta obtenía siempre una negación, la promesa hecha a su hermano le daba fuerzas para seguir luchando, lo único que yo podía hacer era curar de sus heridas cada vez que podía, aminorar aunque sea un poco el dolor de su lastimado cuerpo. Muchas veces temí que muriera a causa del entrenamiento, o por el ritual que debía hacer para obtener la preciada armadura, pero finalmente, y contra toda probabilidad, lo logró.

Aunque su forma de ser lo haga parecer débil ante los ojos de los demás, es el más valiente y fuerte de todos, lo sé, por que fui testigo de todo lo que soportó mientras estuvo aquí, por eso me atrevo a afirmar que quizás su único punto débil es su gran corazón, y eso me preocupa mucho, cualquiera podría sacar partido de ello.

Lo he amado en secreto, creo que desde siempre, pero mi obstinación por cumplir con las reglas y con mi deber me impidió reconocer lo que sentía por él, aquel día que peleó con Reda y perdió el conocimiento, sólo en ese momento, cuando me pareció que la vida se le iba en tan sólo unos segundos, me di cuenta que si moría nada volvería a ser igual, ese sentimiento que dormía dentro de mi, por fin había despertado completamente.

Ahora él se ha marchado, para reunirse con su hermano, se veía tan feliz cuando partió, y yo, nuevamente estoy sola, y a pesar de que me acompañan mi maestro y mis compañeros, ya nada es igual, lo extraño demasiado. Aún así, debo seguir adelante y ser valiente como él, mi vida no acaba aquí, mi lucha continúa, convertirme en una guerrera es mi misión y no me detendré, por que yo soy June de la Isla Andrómeda, y sé que me convertiré en la amazona de bronce del Camaleón y tal vez algún día vuelva a ver a aquel chico que sin darse cuenta se llevó mi corazón.

Mientras, en el lejano oriente, en el balcón de una lujosa mansión, Shun al igual que su amiga, reflexionaba…

Por fin ha llegado este día, no me siento muy animado, cuando regresé a mi país imaginaba algo distinto, estaba ilusionado con encontrar a mi hermano, pero no fue así, llegué a esta mansión que sólo me trae recuerdos amargos de una niñez perdida, y luego la vi a ella, sigue igual, caprichosa y manipuladora como siempre. Me dijo que no tenía noticias de mi hermano, ni siquiera sabía si estaba con vida. Lo dijo con tanto desdén, parecía que realmente no le importaba la vida de aquellos a quienes su abuelo envió por el mundo tras esas armaduras, luego me reveló que el anciano había muerto, aquel que me separó de mi única familia y que me obligó a ir a entrenar a la Isla Andrómeda, de esto último no me quejo, en verdad era un infierno, pero no más terrible que el lugar en donde mi hermano fue a parar por protegerme, gracias a su sacrificio, tuve la fortuna de tener un gran maestro y también a buenos compañeros de entrenamiento. No debiera importarme lo que sucedió con el Señor Kido, pero tampoco puedo ser tan desconsiderado.

Mientras pensaba en esas cosas, ella retomó su discurso de bienvenida, según ella, le daba gusto verme con vida, ¿Por quién me tomaba?, ¿Acaso creía que no me había dado cuenta que lo único que le interesaba era la caja con la armadura que traía sobre mi espalda?, y luego con voz melosa, me dijo que podía quedarme en la mansión, mientras el torneo galáctico daba inicio, "¿Torneo galáctico?", fue lo único que atiné a decir, entonces ella me explicó de que se trataba todo este circo, intenté decirle que no quería participar, que no me gusta pelear y menos en un tonto espectáculo, que si lo que quería era la armadura, pues allí la tenía, yo sólo venía para ver a mi hermano, pero ella no aceptó mis excusas, dijo que sin dinero en los bolsillos no tendría ningún lugar donde ir, ni tampoco disponer de medios para dar con el paradero de Ikki, si es que estaba vivo, lo único seguro que tenía, era que si él regresaba a Japón, llegaría a la mansión, a entregar su armadura, y si eso pasaba, al fin podría volver a verlo, era mejor que esperara, y luego me propuso el mismo trato con el cual días después convencería a Seiya para participar en el torneo, si yo peleaba, si ganaba, si mi hermano continuaba sin aparecer, entonces, ella a través de la Fundación Graude me ayudaría a encontrarlo.

Algo me decía que me estaba manejando, tal como lo hacía con todos nosotros cuando éramos niños, pero no tenía más alternativas, y por encontrar a mi hermano, no me importaba nada, incluso si tenía que pelear. Fue por eso que finalmente acepté su proposición, aunque no negaré que existe otra razón. Cuando ví a Saori a los ojos, tuve la leve impresión que por muy altiva que pudiera ser, ella debía jugar un papel importante en mi vida, y en la de todos aquellos que tengan la suerte de regresar con sus armaduras, aunque tal vez sólo sea mi imaginación.

Desde ese día he esperado el regreso de mi hermano, he presenciado cada uno de los combates, viendo como los que alguna vez fueron amigos hoy se pelean por la gloria y la ambición de obtener la armadura dorada, o simplemente demostrar que son los más fuertes. No estoy de acuerdo con eso, por esa forma de pensar muchos inocentes han sufrido a lo largo de la historia de la humanidad, y me da tristeza que eso todavía suceda, si nos jactamos de ser superiores a las otras especies por nuestra capacidad de raciocinio ¿Por qué nos terminamos comportando como animales?

Siento que cada combate es más terrible que el anterior; Jabu parece no tener compasión por nadie, así lo demostró en su pelea con Ban, está deseoso de demostrar su poder; no fue agradable ver como Geki casi le rompe el cuello a Seiya; y la frialdad que demostró Hyoga en su pelea con Ichi, la conducta soberbia de ambos fue desoladora; ni qué decir del combate entre Shiryu y Seiya, ha sido el más tenso y feroz que he tenido que presenciar, ¡uno de ellos casi pierde la vida!, sólo por que Shiryu quería rendir honor a su maestro enfermo, y Seiya por otro lado desea encontrar a su hermana, ¿era necesario llegar hasta esos extremos?, ¿acaso no es la vida el don más preciado que poseemos?, ¿de qué le serviría a Shiryu vencer a Seiya, si no estaría vivo para ver el orgullo de su anciano maestro?, ¿de qué le serviría a Seiya vencer a Shiryu si no estaría vivo para ver a su hermana?...

Y hoy es mi turno, debo participar en ese espectáculo vacío y sin sentido, precisamente contra Jabu, él no ha sido muy amable conmigo desde que llegué, parece bastante seguro de sí. Aunque la verdad es que después de verlo en combate, creo que no es un adversario difícil de vencer, pero no me interesa pelear ni derrotarlo públicamente para el deleite de otros. Si tan sólo Ikki apareciera a tiempo, pero tal parece que no será así, y lo más extraño es que tengo un oscuro presentimiento, algo no anda bien, lo he podido sentir varias veces en el Coliseo, me lo ha advertido la cadena de mi armadura, sea lo que sea, espero no tenga que ver con mi hermano.

En unos minutos más deberé partir hacia el torneo, me incomoda esta situación, lo más probable es que en cuanto llegue, estará esa manada de periodistas y fotógrafos que casi no dejan pasar, y esa absurda sesión de fotografías antes del combate, no se qué pretende Saori con todo eso. Me alegro que mis compañeros de entrenamiento de Isla Andrómeda no estén aquí, como no tienen televisión, tampoco podrán verme en este circo, de seguro se reirían de mi, como cuando me puse la armadura por primera vez, cuando llegué con ella a la cabaña del maestro todos clavaron sus ojos sobre mi pecho e inmediatamente rieron por horas, Spika y Reda se sentían aliviados de no haber conseguido la armadura de Andrómeda, y me lo hicieron notar agregando entre risas que "esta armadura era el modelo apropiado para mi, sólo me faltaba una máscara para parecer amazona", fue en ese momento cuando June y Karya los hicieron callar bajo la seria mirada de mi maestro.

¿Me pregunto que será de todos ellos en este momento?, algunos ya habían obtenido sus armaduras, a otros les faltaba un poco más de entrenamiento, como Spika y Reda, quienes después que los vencí se obstinaron en conseguir otras armaduras de las que custodia mi maestro, ¿y él cómo estará?, siempre ha sido un buen hombre, muy sabio, fuerte e inteligente, pero sobre todo muy paciente conmigo, también es bastante serio pero a veces se dejaba llevar por lo que sucedía en el ambiente, siempre he tenido la impresión de que nos consideraba como sus hijos, si eso fuera así me sentiría muy feliz ya que él ha sido como el padre que nunca tuve, sin desmerecer a Ikki. ¿Y June?, ¿qué habrá pasado con ella?, ¿habrá conseguido ya su armadura?, la extraño tanto como a mi maestro; de todos mis compañeros, ella era la más cercana a mi, le prometí que le escribiría en cuanto llegara a Japón pero todo se complicó, no he tenido tiempo para hacerlo con calma, sólo le envié una sencilla nota donde le explicaba que estaba bien, que no tenía un lugar fijo donde vivir aún y que no había encontrado a mi hermano, espero no se moleste por la simpleza de mi carta, además, me cuesta expresarme cuando se trata de ella, provoca extrañas sensaciones dentro de mi, aún con esa máscara que lleva puesta. June tiene la asombrosa capacidad de leer lo que pienso con facilidad, de comprender mis estados de ánimo sin la necesidad de que yo se lo diga, como si mi mente fuera un libro abierto para ella, recuerdo que a veces sin que se diera cuenta, me quedaba en silencio, sólo observándola, en esos instantes me sentía muy feliz de tenerla a mi lado, tal vez ella signifique algo más que una compañera de entrenamiento e incluso una amiga, aunque no me atrevería a pensar que quizás me guste o que haya un sentimiento mucho más profundo dentro de mi, siento que soy muy niño aún en ese tipo de temas, sólo el tiempo aclarará lo que hay en mi interior.

Al fin es hora de marchar al Coliseo, este mal presentimiento no me abandona, y también sé que tendré que pelear, a veces temo perder el control, sé hasta donde pueden llegar mis poderes, no soy tonto, y de verdad no quiero lastimar a ningún ser vivo, pero esta vez tendré que hacerlo, para volver a verte hermano, para que estés orgulloso de mi, para saber qué sucedió contigo, no me daré por vencido, por que yo soy Shun, el Santo de bronce de Andrómeda, y por mi constelación, ¡juro que te encontraré Ikki!.

Continuará…

El próximo capítulo será más largo y espero poder tenerlo listo para la última semana de Enero.

Especiales agradecimientos a mi editor Tayiro-kun y a la linda Saint Lunase, por que de verdad se me había olvidado como subir el capítulo.

Gracias por leer =)