Ultima semana del mes y tal como prometí, aquí está el capitulo 2, algunas cosas que olvidé explicar antes y que me acordé después, es que modifiqué algunas edades, especialmente la de Albiore, ya que por ahí salía que tenía 19 años, no me lo podía creer, así que opté por dejar su edad en 34 añitos, en cuanto a los OC para que no se pierdan, sus nombres son Karya, Amira, Donnelly, Ryszard y Mateo, sus constelaciones saldrán a lo largo del fic, en este punto tengo una enorme confusión ya que me dediqué a buscar las constelaciones disponibles, y en un principio creí que estaban bien, sin embargo acabo de ver que la constelación de Delphinus pertenecía a uno de los caballeros fantasma de Geist, así que decidí mantenerla en mi fic por que me encariñe con ella ^^, con Reda me pasó exactamente lo mismo, en algunas páginas salía que era el caballero del Pez Austral en otras de Serpens, así que me decidí por el Pez Austral que se fue de vacaciones a Isla Andrómeda aburrido del frío de la Antártica.

Bien ahora si que no les molesto más.

Disfruten de la lectura.

Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Paralelamente.

Por Melpómene de Cáncer.

Capitulo II

Entre Discusiones y Consuelo.

Hacía tan sólo unos instantes, el torneo galáctico había terminado trágicamente con el robo de la armadura dorada. Contrario a lo que Shun pensaba, sus compañeros de entrenamiento de Isla Andrómeda sí habían escuchado el torneo, ello gracias a que, Albiore tenía en su poder un equipo de radioaficionado guardado en su cabaña, el cual usaba para comunicarse con las diversas embarcaciones que transitaban cerca de sus dominios, además de servirle para escuchar noticias y mantenerse informado del acontecer mundial.

Saori, siguiendo los deseos de su difunto abuelo al pie de la letra, hizo una fuerte campaña publicitaria para promocionar el torneo galáctico tanto en la prensa escrita, como también a través de radio y televisión en diversos idiomas, de esta manera todos en la isla se enteraron de la participación de Shun, y llenos de curiosidad se reunían todos los días en la cabaña de su maestro para escuchar los combates.

A pesar de la distancia, y de sólo disponer de un equipo de radio, todos ese día escucharon animadamente el combate entre el Caballero de Andrómeda y el Caballero del Unicornio, todos, sin importar antiguas rivalidades celebraron el triunfo del campeón de la isla, y todos enmudecieron al escuchar sobre la aparición del Fénix y los Caballeros Negros. El asombro se acentuó aun más cuando escucharon que el caballero recién aparecido era el hermano mayor de Shun, y que había robado la armadura dorada que se disputaba en el torneo, delante de todos los caballeros de bronce ahí presentes sin que pudieran hacer absolutamente nada por evitarlo.

Mientras la noticia del robo de la armadura recorría el mundo entero, una tenue figura se deslizaba en medio del árido y rocoso paisaje de la Isla Andrómeda, y no paró su trayecto hasta encontrarse en una pequeña playa, donde finalmente cayó de rodillas sobre la suave arena.

- ¿Por qué? ¡No es justo!, Shun no puede pelear contra su propio hermano – la figura en medio de la soledad de la playa, no era otra más que June, había escuchado el torneo al igual que los demás, y no pudo soportar la idea de que habían lastimado a Shun, y que el responsable fuera su propio hermano, aquel quien había sido la motivación del chico para mantenerse con vida todos esos años hasta obtener la armadura de Andrómeda. En medio de su pena por la situación, su mente la llevó lejos, hacia un corto viaje al pasado…

- Esta vez has quedado muy lastimado Shun– reclamaba una pequeña y enfadada June, mientras desinfectaba con alcohol y gasa las profundas heridas en la espalda del niño.

- ¡AAYY duele!- se quejó el pequeño evitando llorar por el dolor.

- Te dolería menos si en vez de defenderte atacaras a los otros aprendices en el entrenamiento – le reprochaba la niña.

- Pero es que no quiero lastimar a mis compañeros, menos sin tener una razón – se defendió el pequeño.

- A veces una razón no es necesaria, es lo que el maestro llama "instinto de pelea" o algo así – trataba de explicar la pequeña amazona.

- A ti no te gusta que te golpeen ¿cierto?, ¿Por qué debes hacerle a otros lo que a ti no te gusta que te hagan?– ante esta pregunta June enmudeció, ese niño a pesar de ser un poco menor que ella, siempre encontraba la forma de que terminara cuestionándose a sí misma todo lo que Albiore le venía enseñando desde hace tiempo.

- Shun, peleamos para proteger a Atenea, eso es lo que hacen los caballeros, sino nuestro enemigo acabará con nuestra diosa y con nosotros, y entonces no habrá paz, no hay tiempo para preguntarnos si es bueno pelear o no – contestó June repitiendo al pie de la letra las lecciones que había recibido tanto en el Santuario como con Albiore, aunque no muy convencida de lo que decía.

- Lo sé, pero ¿tú sabes quién es nuestro enemigo?, ¿lo has visto alguna vez?, ¿no te parece raro que la paz se obtenga por la fuerza?– June se vio nuevamente acorralada por las preguntas del niño – Además, si es una diosa tan sabia ¿por qué te obliga a llevar una máscara?-.

El último comentario no fue del agrado de la niña, la máscara era "su asunto" y nadie debía meterse en eso, Shun había llegado demasiado lejos.

- Ya terminé con tu espalda, puedes seguir curándote tú sólo - dijo molesta, tirando de mala gana algunos vendajes al chico.

- ¿Te enojaste?, ¿dije algo que te molestó? Lo siento, espera, no te vayas – el niño no tenía muchos amigos precisamente, no le gustaba quedarse sólo, y la niña le despertaba simpatía, aunque la máscara le daba algo de susto.

- Ya llevas seis meses entrenando en esta isla, si sigues con esa actitud, entonces mejor vete, la vida de un caballero de Atenea no es para ti – la voz de June sonó muy dura, y la máscara le daba un aspecto muy frío y severo a pesar de ser sólo una niña, los ojos esmeralda del pequeño amenazaban con romper a llorar por la aspereza de las palabras de June, pero una fuerza mucho más profunda le dio el valor suficiente para no dejarse vencer por las lágrimas.

- No puedo hacer eso – contestó con mucha firmeza, June lo miró a los ojos, estaba sorprendida por la expresión desafiante que había en el rostro de aquel niño.

- Si te quedas morirás por el duro entrenamiento, piénsalo, ya han renunciado tres niños, y otros tres han muerto ¿Qué te hace pensar que tendrías una oportunidad? – No quería parecer cruel, pero debía ser honesta y no dar falsas esperanzas, ya que el niño le simpatizaba – Si renuncias puedo hablar con el maestro para que te ayude a regresar a Japón -

- No puedo regresar a Japón con las manos vacías, además, no hay nadie allí que me esté esperando – explicó Shun con algo de nostalgia mientras miraba fijamente los vendajes que June le había arrojado.

- ¿Ni siquiera algún pariente lejano?- preguntó la niña arrepentida de sus palabras tan duras, al igual que ella, Shun parecía estar sólo.

- La única persona que tengo es mi hermano mayor, pero él está en un lugar horrible por mi culpa – algunas lágrimas rebeldes escaparon de los tristes ojos de Shun

- ¿Hermano mayor?, ¿tienes un hermano mayor?, ¿y por qué no estás con él, donde está ahora?-.

- Desde que murió nuestra madre vivíamos en un orfanato, pero un señor llamado Mitsumasa Kido nos adoptó y nos llevó a su mansión para enviarnos a distintas partes del mundo y convertirnos en caballeros – explicó el niño.

- ¿Y qué pasó después?- la historia interesó a June, quien se sentó frente a Shun.

- Un día hicieron un sorteo para decidir donde iríamos a entrenar, y a mi me tocó la Isla de la Reina Muerte- el pequeño hablaba con tristeza.

- ¡La Isla de la Reina Muerte!, ¡ese lugar es horrible!- la niña se sorprendió.

- ¿La conoces?- preguntó el pequeño.

- No, pero el maestro me ha contado historias espantosas sobre ese lugar ¿cómo hiciste para que no te enviaran?- la curiosidad de la niña iba en aumento.

- Yo no hice nada, era mi destino y lo iba a aceptar, fue entonces cuando mi hermano decidió cambiar lugar conmigo, él se sacrificó para protegerme- nuevas lágrimas querían escapar de los ojos de Shun, pero las contuvo.

- Entonces por eso estás aquí- pensó June en voz alta, conmovida por el sacrificio de Ikki.

- Sí, así es, por eso no me puedo marchar, debo obtener la armadura de Andrómeda, le prometí a mi hermano que regresaría sano y salvo a Japón, y que aunque me quedara sólo jamás me rendiría- la fuerte decisión del niño, lleno de admiración a June.

El pequeño Shun, intentó curar las heridas de su hombro izquierdo, pero el dolor de su brazo derecho no se lo permitió.

- Todavía duele- dijo sonriendo a pesar de todo, June impulsivamente le quitó los vendajes y el alcohol al chico, y procedió a seguir desinfectando el resto de las heridas.

- ¡Aaayyy!- se quejó el pequeño.

- Te dolerá ahora, pero cicatrizará bien rápido- dijo seriamente la niña- además, no creo que tu hermano se sienta orgulloso de ti si te dejas golpear por los otros niños, si no te defiendes lo haré yo, y créeme que no soy tan compasiva como tú.

- Gracias, June- sonrió nuevamente el niño, mientras June pensaba que si su hermana pequeña no hubiera muerto, y estuvieran en una situación similar, ella hubiera hecho lo mismo que el hermano de Shun, la hubiera protegido a como diera lugar, fue entonces cuando tomó aquella decisión que a lo largo del tiempo la llevaría a no querer alejarse nunca más de él.

"Shun, estaré siempre pendiente de ti, me aseguraré de que logres sobrevivir para reencontrarte con tu hermano, al menos tú si tienes alguien por quien vivir".

Pero todo el esfuerzo de Shun había sido en vano, su hermano por fortuna estaba con vida, pero había regresado para tomar venganza contra todos aquellos que según él, le habían hecho daño en el pasado, incluido su hermano menor a quien atacó brutalmente sin la menor compasión, aunque June no podía ver lo que sucedía en el torneo, no lo necesitaba, podía sentir con detalle todo lo que ocurría en el coliseo, como si estuviera presente en aquel lugar.

- Pobre Shun, debe estar destrozado, su propio hermano intentó matarlo, y yo ni siquiera puedo estar a su lado en este momento para poder socorrerlo – la amazona deseaba llorar con todas sus fuerzas, pero no podía, se había prometido una vez, hace mucho tiempo atrás no volver a hacerlo, sin embargo se sentía impotente, debía viajar a Japón a como diera lugar.

- No hay barcos que te lleven a Yokohama hasta dos semanas más – la chica se puso de pie y al voltear se encontró frente a frente con la severa mirada de Albiore.

- Maestro, ¿Cómo sabe que quiero viajar a Japón? – preguntó sorprendida.

- June, te conozco desde que tenías cinco años, basta sólo con ver como saliste corriendo de mi cabaña finalizado el torneo, para darme cuenta que tu decisión ya esta tomada – Albiore estaba en lo cierto, apenas terminó la transmisión, June se levantó de su silla como una loca, provocando que esta cayera haciendo un gran estruendo, mientras los otros aprendices la miraban con estupor, a la chica no le importó, salió dando un feroz portazo y corrió a refugiarse en la soledad de la playa.

- Lo siento maestro – la amazona estaba avergonzada.

- ¿Cómo piensas llegar a Japón entonces? – preguntó el Caballero de Cefeo preocupado, aunque sin demostrarlo mucho.

- Mañana tomaré el barco que se dirige a Bombay, allí buscaré uno que me lleve hasta Japón – respondió decididamente la chica.

El Santo de Plata guardó silencio, desde hace mucho tiempo tenía una pregunta importante que hacerle a la chica, pero no había encontrado el momento apropiado para hablar con ella, y las pocas veces que pudo hacerlo su alumna inventaba pretextos para evitar la conversación, pero ya era hora de saber la verdad, sin más, respiró profundamente y continuó.

- June, quiero que me respondas con la verdad -

- ¿Qué cosa maestro? – la chica intuía el rumbo que podría tomar la conversación, mil veces había evitado tocar ese tema, pero esta vez no había escapatoria, sólo estaban ellos dos y no se sentía capaz de inventar nada para evadir lo que estaba por venir.

- ¿Qué es lo que verdaderamente sientes por Shun? – June no quería responder esa pregunta, lo que ella sintiese era su problema, pero tenía un vínculo especial con Albiore, y tenía miedo de mentirle, el santo de Cefeo se percató de la incomodidad de su discípula y dispuesto a encontrar una respuesta siguió con su interrogatorio – Entiendo que sean buenos amigos, pero tu conducta sobre protectora me da a entender otra cosa y tu sabes que…

- No se preocupe maestro, sé cuales son las reglas – se apresuró en contestar la chica, y luego tomando mucho coraje contestó – Shun es como un hermano para mi, por eso me asusta lo que le pueda pasar-

- Entonces si tienes claras las reglas, y quieres a Shun como un hermano, comprenderás también que si te marchas de esta isla sin completar tu entrenamiento, estarás renunciando a convertirte en un Santo de Atenea y que una vez fuera ya no podrás regresar – sentenció Albiore seriamente.

- Sí, lo sé – respondió firmemente June.

- ¿Aún así piensas marcharte?, ¿Lo has consultado con Amira siquiera? – preguntó el Santo de Plata.

- Maestro, usted me enseñó que siempre debo luchar por aquello que creo correcto, ya le dije que Shun es como mi hermano y está pasando por un mal momento, no puedo permanecer en esta isla fingiendo que no ha sucedido nada, mientras él se debate entre pelear o no contra su propio hermano, me necesita, y si renunciar a mi único hogar es el precio que debo pagar por ayudarle, entonces que así sea – Ante estas palabras, Albiore comprendió que nada de lo que pudiera decirle a su alumna, la haría cambiar de opinión, tratar de razonar con ella en ese momento era imposible, y que definitivamente esas no eran las palabras de una simple hermana, sino de una chica enamorada.

- Creo que estás subestimando a Shun, si se convirtió en el Santo de Andrómeda es por algo, pero si quieres irte, adelante puedes hacerlo – Albiore le dio la espalda y regresó a su cabaña.

- Gracias maestro – comentó June en voz baja. Pero mientras el Santo de Cefeo se alejaba de la playa, pensaba algo muy distinto a la respuesta que le había dado a la amazona.

- Lo lamento June, pero mientras no estés lista, no puedo dejar que te vayas-


Minutos después, la chica se encontraba en su habitación arreglando sus pocas pertenencias, al levantar un par de libros para guardarlos en un viejo bolso, una pequeña nota cayó al suelo. June la tomó con ternura y la leyó.

"Hola June: Al fin estoy en Japón, el viaje no tuvo contratiempos, pero las cosas se han complicado, no he logrado encontrar a mi hermano Ikki y no tengo un lugar fijo donde vivir, de momento estoy en la residencia Kido, cuando mi situación mejore te escribiré. Cuídate y saludos al maestro y a los demás. Shun".

- ¿Por qué no me dijiste lo del torneo?, de seguro te debió dar vergüenza que nos enteráramos que participarías – con una leve sonrisa tras la máscara, guardó la nota en uno de los libros, se disponía a continuar ordenando sus cosas cuando fue interrumpida.

- ¿June que haces? – era la voz de una amazona de cabello azul que había entrado en la habitación de la chica, era delgada y de tez pálida, llevaba una máscara cuyos adornos simulaban el rostro de un zorro. Ante la pregunta que hizo, June guardó silencio.

- Entonces las suposiciones de Reda y Donnelly son verdad – continuó hablando la amazona peliazul.

- ¿Qué suposiciones? – preguntó June.

- Que te marcharías de la isla para ir tras Shun, ¿por qué? ¿Acaso él ha visto tu rostro?-

- No, no lo ha visto - contestó la rubia.

- Entonces no hay razón por la cual cometas la locura de ir a Japón – protestó la otra amazona.

- Eso es asunto mío Karya – se defendió June.

- ¿Hablaste con el maestro por lo menos? ¿Qué te dijo? – la rubia iba a responder, pero en ese preciso momento entró otra amazona bruscamente a la habitación, era más alta que las otras dos, su cabello azabache era largo y rizado, y su faz morena estaba cubierta por una máscara que llevaba dibujada una enredadera en el extremo izquierdo.

- ¿Así que vas a irte de la isla? – preguntó con aire de indignación.

- El maestro me ha dejado partir – respondió June.

- ¿Y acaso se te olvidó que la mayor de las tres soy yo y que debías consultarme antes de tomar esa decisión? – reclamó la morena.

- Tengo la autorización del maestro con eso basta – argumentó la rubia.

- Te equivocas, al ser la mayor eso me convierte en la responsable de las amazonas aquí en la isla, a pesar de que el maestro sea nuestro gobernante, debiste haberme consultado primero-

Al escuchar estas palabras, June recordó por qué Albiore le había preguntado si había consultado su decisión con Amira, lo cierto era que ella conocía esta regla, pero debido a lo sucedido con Shun, la había olvidado por completo.

- No quise pasar a llevar tu autoridad Amira, yo…- intentó disculparse, pero fue interrumpida por la voz desafiante de la morena.

- ¡No quiero tus excusas!, después de todo ya has tomado una decisión, pero antes debes saber que la única manera de salir de esta isla es venciéndome-

- Pero Amira, June aún no se ha convertido en la amazona del Camaleón trató de intervenir Karya.

- ¿Y eso qué importa?, ¿no piensa ir a Japón a pelear contra los Caballeros Negros?, debes estar muy confiada de tus habilidades ¿cierto?- las palabras de la amazona sólo lograban provocar a June- El Fénix es muy fuerte, si no puedes conmigo sólo te espera la muerte- dijo con desdén Amira.

- Pelearé contigo- respondió la rubia. Ambas salieron de la cabaña, seguidas por Karya. Al momento de marcharse Shun, sólo dos de los aprendices de la isla fuera de él habían conseguido sus armaduras de bronce, el primero era un checo de quince años llamado Ryszard, quien era el caballero de Delphinus, y luego le siguió Amira, una chica egipcia de la misma edad quien se convirtió en la amazona de Columba.

Las rivales estaban frente a frente, sus agresivos cosmos atrajeron al resto de los aprendices de la isla, incluyendo al caballero de Delphinus.

- Para que veas que soy justa, pelearemos en igualdad de condiciones - dijo Amira con seriedad.

- ¿Qué quieres decir con eso?– preguntó June.

- ¡Que pelearé sin mi armadura!- contestó sin titubear Amira, moviéndose velozmente para dar una feroz patada a la rubia, afortunadamente la chica la alcanzó a esquivar a tiempo, pero el combate recién comenzaba, justo en ese momento, Albiore llegaba a aquel lugar advertido de la misma forma que los otros espectadores, a través del cosmos.

Amira no detenía su ataque ni un sólo segundo, los poderosos puñetazos y patadas no permitían que June lograra tomar la ofensiva, pero sabía que era cuestión de tiempo, en algún instante habría un punto en el cual ella podría actuar, sólo debía resistir hasta que se diera el momento adecuado.

- ¿Es una pelea en serio?- susurró un aprendiz de piel morena, ojos verdes y negro cabello corto y rizado.

- ¡No lo estás viendo! ¿En qué mundo vives Mateo?- le regañó un pelirrojo un poco más alto, de rostro pecoso y ojos azules.

- Esto se ve interesante, yo creo que Amira vencerá- Spica miraba con interés la pelea.

- ¿Estás loco? Mi preciosa June será la vencedora ¡ANIMO JUNE, YO TE APOYO!-gritaba el pelirrojo.

- Cállate Donnelly, haces el ridículo- el comentario de Reda molestó al pecoso.

- ¿Ridículo?, no te metas conmigo aspirante a guerrero de pecera o te va a ir muy mal- se defendió burlonamente el aludido.

- Pues ven que te estoy esperando duendecillo basura- siguió provocando Reda.

- ¡Ya basta ustedes dos!- se impuso el caballero de Delphinus con seriedad –Pongan atención al combate-

- Ryszard, no te metas este asunto es entre el duende idiota y yo- reclamó Reda.

- ¡Miren! June está arrinconada en esas rocas- intervino Mateo, mientras los otros tres que discutían volteaban a ver el combate.

En efecto, esquivando ataque tras ataque, June quedó rodeada por unas enormes rocas tras ella, mientras que de frente se abalanzaba sobre ella la temible egipcia con un fuerte puñetazo, parecía que era el fin de la rubia, el espacio era muy estrecho, pero justo en aquel momento June se percató que era su oportunidad, esquivó el golpe de la morena con algo de dificultad, provocando que el brazo de esta quedara atrapado entre las rocas, la rubia rápidamente se alejó un poco y aprovechando que su adversaria tenía problemas para liberar su brazo atorado, la atacó golpeándola directo en el estómago, luego la cogió por los hombros y la arrojó lejos.

- ¡VAMOS, ERES LA MEJOR!- gritaba Donnelly sonriente.

- ¡Te dije que te callaras imbécil!- refunfuñaba Reda.

- En vez de quejarte deberías gritar con Donnelly, se que te mueres de ganas por apoyar a June- sonrió Spica, tomando a su amigo por el hombro.

- Spica no hables cosas que no son- dijo torpemente Reda ruborizándose, pero inmediatamente cambió su expresión por la misma actitud fría que solía llevar- no molestes-

- Bien, pero no te enojes amigo- respondió el peliazul acostumbrado a los cambios de actitud de su compañero de cabaña y mejor amigo, cuando se trataba de la rubia amazona.

Mientras tanto, Karya se había acercado a Albiore con preocupación.

- Maestro esto no está bien, esta pelea es desigual debe detenerla-

- No puedo hacer eso Karya, en esta isla hay reglas y deben respetarse, June decidió marcharse por lo tanto debe vencer a Amira, no hay otra alternativa.

En ese preciso momento la amazona morena se ponía de pie algo adolorida.

- No está nada mal aprendiz, pero aún te falta- tomando un fuerte impulso, la amazona de Columba dio un fuerte salto y atacó a June desde el cielo, la chica trató de no perder de vista a la morena, pero la luz del sol se lo impidió, y de pronto sintió miles de rasguños por todo su cuerpo.

- ¡June!- dijeron preocupados Donnelly y Reda, mientras que la chica caía adolorida y sanguinolenta sin saber con certeza que le había pasado.

- ¿Te sorprendiste? Y eso que no utilicé todo mi poder- Amira sonreía burlonamente tras la máscara- esa es mi técnica, mis garras de bronce te han dado una lección, ¡pobre niña! Me das pena- la morena cogió a June por el cabello.

-¡OYE BRUJA DESQUICIADA SUELTA A MI JUNE!- Mateo y Ryszard trataban de detener a Donnelly, mientras Reda observaba la escena con la misma intención de correr en ayuda de la chica, pero sabía que no debía intervenir, sólo podía observar.

-¿Por qué el maestro no detiene a Amira?- se preguntaba.

La amazona de Columba le regresó a June cuanto golpe había recibido por parte de ella, sin soltarla del cabello, la chica no tenía fuerzas ni físicas ni emocionales para seguir defendiéndose, había perdido porque algo le faltaba, y no podría ir en ayuda de Shun.

- Shun- pensaba mientras recibía una fuerte paliza.

- Eres una estúpida ¿creíste que con ese nivel podrías pelear contra los caballeros negros?- June guardó silencio, estaba herida en su orgullo de guerrera, esto enfureció aún más a Amira.

- ¡Respóndeme cuando te hablo!- dijo arrojando a la chica contra el suelo, a duras penas, June intentó ponerse de pie.

- Fue suficiente Amira, June ya entendió que no puede marcharse- interrumpió Albiore, le dolía ver así a su discípula, pero no estaba dispuesto a dejar que partiera, por eso había enviado a la amazona de Columba, la mayor de las amazonas de la isla, para que le hiciera entender que con su nivel de pelea no había nada que pudiera hacer por Shun en Japón.

- Sí maestro- obedeció inmediatamente la morena.

- Karya las heridas de June no son muy profundas llévala de regreso a su cabaña-

- Vamos June, te ayudaré a ponerte de pie- la chica se agachó para animar a la rubia, mientras Albiore regresaba a sus quehaceres.

- Eres sólo una simple aprendiz, si te vas a Japón serás un estorbo- Amira le dio la espalda a June- y pensar que eres la "consentida" del maestro, por mi te hubieras ido para que te maten, pero el maestro insistió en que debías comprender que no estas lista todavía, lástima que esté perdiendo el tiempo contigo, eres una vergüenza- en cuanto terminó sus ásperas palabras se fue en dirección de la cabaña de las amazonas.

- ¿Qué dices? ¡Yo no soy ninguna consentida!- June intentó ponerse de pie para ir tras Amira, pero Karya la detuvo.

- Deja que hable, por ahora estás muy lastimada como para sostener otro combate-

- ¡JUNE, LINDURA! ¿ESTÁS BIEN?- Donnelly se acercó junto con los otros aprendices al lugar donde se encontraban las amazonas.

-¿Lindura? ¿Qué te pasa? No debes llamar a una amazona de esa manera- se quejó Karya.

- Preciosa, dime algo, déjame ver tu rostro- insistió el pelirrojo sin tomar en cuenta las palabras de la peliazul.

- Déjame en paz- fue la única respuesta de June.

- Si eso te hace sentir mejor entonces te dejo- sonrió el chico acostumbrado al constante rechazo de la rubia.

- ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué te peleaste con Amira?- preguntó Spica.

- No molesten, eso es asunto de amazonas- Karya intentaba que no acosaran a June con preguntas.

- Apuesto a que tiene que ver con Shun- la voz de Reda sonaba molesta.

- ¿Por qué crees eso?- quiso averiguar Mateo.

- Acaso no es obvio, June quería ir tras Shun por lo que pasó en ese torneo, y Amira se lo impidió ¿o estoy equivocado?- respondió el chico alzando la voz y mirando con ira a la rubia.

- ¡Hasta cuando seguirás con eso! ¡No eres la niñera de ese idiota!- Esa situación molestaba al chico, aún estando lejos Shun seguía interponiéndose en su vida, no sólo le había arrebatado la armadura de Andrómeda, sino que además la única chica que le interesaba sólo tenía ojos para el peliverde.

- Deja de molestarla Reda- Mateo trató de calmar los ánimos, aunque como siempre nadie le hizo el menor caso.

- La estás molestando lengua de víbora, por que no te metes conmigo- Donnelly una vez más estaba listo para golpear al pelirrosa, pero nuevamente Ryszard intervino.

- Ustedes dejen sus tontas peleas para después, Karya, yo llevaré a June a la cabaña, tu busca con qué curar sus heridas- la peliazul no se movió, temía dejar a su compañera con un hombre, sobre todo uno tan atractivo como Ryszard, Karya a pesar de ser una amazona, se resistía a dejar de ser una chica femenina, y dentro de las muchas cosas que mantenía en secreto estaba su obsesión por mirar chicos lindos, de esta manera a todos los aprendices los tenía clasificados en lindo, muy lindo, extremadamente guapo y Adonis, Ryszard con su corto cabello rubio, sus ojos azul cielo, su cuerpo musculoso sin exagerar, y su tez bronceada por el entrenamiento estaba en la categoría de Adonis junto con Albiore, definitivamente no dejaría a June con él.

- ¿Qué sucede Karya?- el chico pensó que por ser amazona, Karya desconfiaba de los hombres en general- Tranquila, no le haré nada, tampoco permitiré que Amira la moleste, te lo prometo-

- Tengo tu palabra Ryszard, más te vale que la cumplas- el chico tomó a June en brazos y la llevó a la cabaña de las amazonas, mientras la peliazul iba en busca de lo necesario para curar a su compañera.

Mateo y Spica por otro lado se quedaron cerca para impedir que Reda y Donnelly terminaran agarrándose a golpes como siempre lo solían hacer, la rivalidad entre ambos era tremenda y lo más gracioso es que era simplemente por una chica.


June despertó en su habitación, no fue sorpresa para ella encontrar sus heridas vendadas y su máscara acomodada en su pequeña mesa de noche, con toda certeza Karya se había encargado de ello. Cuando la chica peliazul entró con un plato de sopa para June, ésta aprovechó la oportunidad y le preguntó cómo había llegado hasta su cabaña, la amazona inmediatamente la puso al corriente de los acontecimientos, era parlanchina por naturaleza, así se enteró que Ryszard la había llevado hasta su habitación, se sentía aliviada de ello, ya que el checo a pesar de ser muy silencioso y reservado, le daba más confianza que el resto de sus compañeros de entrenamiento, no como Donnelly a quien ya estaba acostumbrada a ignorar la mayor parte del tiempo, según Karya, el pelirrojo estuvo golpeando casi una hora la puerta de la cabaña de las amazonas para saber como estaba "su adorada June", finalmente Mateo y Spica usando las cadenas del entrenamiento se lo llevaron amarrado de vuelta a su cabaña.

Lo cierto era que ese pecoso, desde el primer día que pisó la isla hacía tres años, comenzó a gritar a los cuatro vientos que le gustaba June, a pesar de que Albiore le explicó mil veces que no podía enamorarse de una amazona, y de que lo castigaba constantemente por ir tras la chica para decirle cosas como "linda", "me gustas","déjame ver tu rostro", sólo se quedaba callado delante de Shun, por que en palabras del mismo Donnelly "cuando él estaba al lado de June el resto no existía para ella", pero cuando el caballero de Andrómeda se fue de la isla, el osado chico no paró más y cada vez que podía le decía algún piropo a la rubia, creyendo que con Shun lejos tendría una oportunidad, y pese a las reglas de las amazonas no se daba por vencido.

June rechazó la comida que su compañera le había traído, argumentando que no tenía hambre, Karya no muy convencida se marchó de la habitación dejando el plato de sopa y una cuchara en la mesa de noche de la rubia, pero la mente de la chica estaba demasiado lejos de la comida en ese momento. Pensaba constantemente en cómo Amira la había vencido, las heridas en su cuerpo no sólo eran producto de los golpes propinados por la egipcia, también había utilizado cosmos, uno muy violento y destructivo.

- Así que ese es el verdadero poder de un caballero- June pensaba que por crueles que fueran las palabras de Amira, había algo de verdad en ellas, el tiempo que llevaba entrenando en la isla era mucho, y pese a sus esfuerzos, aún no lograba despertar por completo el cosmos que había en su interior.

- Así no podré ayudarte Shun, de verdad sería un estorbo para ti- dirigió su mirada al cielo del atardecer, con sus alegres tonos rosa y anaranjado, las estrellas recién asomaban tímidas sobre la bóveda celeste, todo eso podía apreciarse a través de la estrecha ventana junto a su cama, pero lejos de animarla, producían en ella sentimientos de nostalgia, recordó entonces el día que Shun hizo el ritual del sacrificio, su cosmos era enorme, fuerte y muy cálido, totalmente distinto al frío y agresivo cosmos de Amira. ¿Sería capaz de vencer al Fénix con esa energía tan llena de bondad? Y lo que le preocupaba más aún ¿Sería Shun capaz de enfrentar a su propio hermano?

- Shun debe sentirse responsable por todo lo que ha pasado, en especial por el cambio de actitud de su hermano, ese hombre, no es el que tan amorosamente me describió, lo lamento Shun, tú no te mereces esto que está pasando- la chica cerró sus ojos, se sentía cansada, pero el día para ella aún no había terminado.

- ¿Puedo pasar?- se escuchó la voz de Albiore.

- Adelante- contestó June sin mirar hacia la puerta, cuando el maestro ingresó en la habitación, quedó algo confuso al ver a la chica recostada y sin su máscara.

- Deberías ocultar tu rostro- dijo serio, sin quitar la vista de la chica.

- ¿Para qué? Usted ya lo ha visto muchas veces, incluso antes de que me convirtiera en amazona- respondió la rubia sin mirarlo.

- Hay reglas June…- Albiore iba a sermonearla pero no alcanzó.

- No lo voy a matar, usted sabe que lo quiero, no podría hacer eso- respondió.

- Sabes que no basta con "quererme" June, las reglas exigen otro tipo de sentimiento- Albiore cerró la puerta de la habitación, y tomó asiento junto a la cama de su discípula.

- ¡Pero lo amo maestro!, no estoy rompiendo las reglas, no podría matar a quien considero mi padre- la chica se incorporó de su cama y abrazó al sorprendido Albiore.

- No debes llamarme de esa manera, por que no es lo que soy- aunque las palabras de la chica lo conmovían, sólo era su discípula, no su hija, al menos eso era lo que el Santo de Cefeo quería pensar, June se aferró aún más a él.

- Sí lo es, yo quiero que usted lo sea, ¿Acaso no es lo que ha hecho desde que era pequeña? Cuidarme y ayudarme como lo hubiera hecho mi padre, si no es así ¿entonces por que envió a Amira para que impidiera que me fuera de la isla?- el llanto quería escapar de su ojos por segunda vez aquel día, estaba demasiado sensible.

- Lo hice por que soy tu maestro y aún no estás lista, menos para enfrentarte a los caballeros negros- contestó Albiore con aspereza, ante lo cual la chica deshizo su abrazo.

- Lo sé, no he despertado totalmente el cosmos dentro de mí- dijo con desgano recostándose nuevamente en su cama, el dolor de sus heridas le molestaba, pero la frialdad de su maestro le dolía aún más.

- Veo que al fin has entendido-

- ¿Por qué no me lo dijo usted, en vez de enviarla a ella?- a la chica esta última actitud de su maestro la había dejado confundida, él no acostumbraba a resolver las cosas de esa manera, era estricto, de eso no cabía la menor duda, pero siempre habían sido honestos entre ambos, al menos desde que ella lo recordaba.

- Eres tan impulsiva y terca, intenté decírtelo pero no me hiciste caso, estabas obsesionada por ir a Japón, opté por que aprendieras de otro modo y no me arrepiento- se defendió el maestro.

- ¿Y por qué no peleó usted conmigo? ¿Es por que soy mujer?- June estaba molesta.

- No tengo que darte más explicaciones, soy tu maestro y debo enseñarte como sea- respondió secamente Albiore.

- Entiendo- la chica bajó su mirada, un silencio sepulcral se apoderó de la habitación, sólo el pensamiento de maestro y alumna hacían eco dentro de la mente de cada uno, finalmente Albiore se atrevió a decir la primera palabra, aunque no era lo que June esperaba de su maestro.

- No has probado tu comida, enfermarás si no te cuidas-

- ¿Lo dice como mi maestro o mi tutor?- la voz de June se oía molesta.

- Como las dos cosas, vamos, debes alimentarte bien- Albiore intentó entregar el plato a la chica, pero ésta desvió su mirada hacia la ventana, en donde la oscuridad ya era notoria.

- Aunque no acepte que le diga padre, aunque finja ser duro conmigo, por estas cosas sé que me quiere- lágrimas empezaron a correr por los azules ojos de la chica, después de muchos años, desde aquel día en que Albiore la había enviado al santuario para que la iniciasen como amazona. Lo recordaba perfectamente, hacía tan sólo un par de años que había perdido a su familia, en ese entonces sólo tenía cinco años, estuvo bajo la protección del Santo de Plata durante un tiempo en Isla Andrómeda, y de pronto se vio sola, en un país desconocido, sentada sobre una incómoda cama, bajo el techo de una oscura y fría cabaña, con un tenebroso trozo de metal que debería portar sobre su rostro por el resto de su vida, no tenía a su padre, ni a su madre, ni a su hermana junto a ella, ni tampoco al "señor Albiore" para que le hiciera compañía, lloró por horas sin ningún consuelo, hasta que finalmente apareció una joven mayor que ella, de cabello rojizo que hablaba griego con un extraño acento, tras mucho intentarlo, finalmente le hizo comprender que las lágrimas no le servirían para la nueva vida que emprendería, entonces fue que se prometió a sí misma que no volvería a llorar jamás, y mantuvo su palabra hasta ese triste momento.

- Perdóneme maestro, le mentí- dijo con amargura, sentía que había cometido una falta imperdonable y no podía con la culpa.

- ¿Me mentiste? ¿Por qué dices eso?- Albiore no entendía de que le hablaba la chica.

- Cuando le dije que veía a Shun sólo como un hermano, le mentí, yo me enamoré de él- el llanto se hizo más intenso- no sé cómo pasó, no me dí cuenta, traté de fingir que esto que siento no existía, pero es mucho más fuerte que yo y no lo puedo seguir escondiendo, al menos delante de usted- La sinceridad de June, una vez más conmovió al Santo de Cefeo, aunque sospechaba de los sentimientos de la chica, le afligía verla reconociendo aquello que estaba prohibido para ella, le recordó la pequeña June que había llegado junto con él a la isla después de la muerte de su padre, el mejor amigo de Albiore. Le hubiera gustado por un momento olvidar que era su alumna, poder compensar su soledad con el sentimiento paternal que se esforzaba en esconder a diario, poder abrazarla y consolarla como cuando era una niña, antes de enviarla al Santuario.

- Sólo soy su maestro- se repitió mentalmente, y luego armándose de valor, procedió a preguntar lo que en estricto rigor debía saber.

- ¿El ha visto tu rostro? ¿Ha pasado algo entre ustedes?- en el fondo deseaba fervientemente que la respuesta fuera un no, de lo contrario debería expulsarla de la isla, y ella no tenía donde vivir.

- No, Shun no ha visto mi rostro y no sabe lo que siento por él- respondió la chica para alivio de Albiore.

- Entonces no tienes de qué preocuparte, no pueden expulsarte por eso, debes seguir como hasta ahora- El Santo de Cefeo se puso de pie para marcharse.

- Y ¿cómo haré eso? Lo extraño maestro ¿Qué pasará si lo matan? Me siento inútil, aunque él no me lo pidió, me decidí a cuidarlo por que no quería que su vida fuera más dolorosa de lo que ya era, y ahora que en verdad me necesita yo no puedo estar ahí para ayudarle, ¿por qué soy tan débil?- decía mientras apretaba firmemente con los puños las sábanas de su cama, Albiore regresó donde June, y en un gesto paternal de los que pocas veces había demostrado delante de ella, acarició su cabeza.

- De ninguna manera eres débil, sólo te falta un poco más de entrenamiento, además, ya te dije que no subestimaras a Shun, sé por qué te lo digo, y en cuanto a lo que sientes por él, debes ser paciente, aún eres joven y tu destino no está completamente escrito, pero no debes olvidar que nuestra vida está sometida a ciertas reglas que no podemos pasar a llevar- June guardó silencio, su adorado maestro estaba tratando de confortarla, eso se sentía muy bien, pero aún quedaba una idea en su cabeza que la hacía sentir indigna del cariño que le profesaba Albiore.

- Maestro ¿Usted cree que está perdiendo el tiempo entrenándome?- El Santo de Cefeo miró con ternura a la chica, en un solo día la había visto pasar por una enorme cantidad de emociones, era una fuente inagotable de sorpresas.

- Claro que no, eso sólo lo sabré cuando llegue el momento en que debas obtener tu armadura- poniéndose de pie, tomó el plato de sopa y se lo acercó a su alumna una vez más- pero si no te cuidas, ese momento no llegará, debes comerte todo, no toleraré que dejes sobras.

- Gracias maestro- aún con los ojos enrojecidos por el llanto, June tomó el plato y con una enorme sonrisa intentó comer, no tenía muchos ánimos, pero su maestro había dado una orden, él por otro lado se había retirado de la habitación.

En el camino hacia su cabaña, el Santo de Cefeo se encontró con el insistente Donnelly, quien se había liberado de las cadenas de Mateo y Spica, y se dirigía raudo en dirección a la cabaña de las amazonas con un violín en sus manos.

- Oye tú ¿Dónde vas?- preguntó sospechando las intenciones del pecoso.

- Iré a darle ánimos a mi querida June- respondió el chico sin ninguna cavilación.

- Donnelly ¿Cuántas veces debo decirte que no puedes enamorarte de una amazona? Además June no te hace caso, y Karya y Amira no te dejarán entrar a la cabaña.

- No importa, lo que siento por June es más fuerte, iré a animarla aunque usted me castigue- respondió el pelirrojo.

- Esta bien Donnelly, sólo por hoy te autorizaré a que toques el violín para June, pero no podrás entrar en la cabaña, y te quiero haciendo guardia toda la noche e iré a vigilarte para ver que no te quedas dormido ¿De acuerdo?- propuso Albiore, no iba a dejarle el camino tan fácil a su obcecado alumno.

- De acuerdo, buenas noches maestro y gracias- el chico corrió hacia la cabaña sonriendo, aunque no sabía como rayos haría para no quedarse dormido haciendo guardia esa noche.

- Donnelly ¿crees que soy un tonto? Sé que todas las noches desde que se marchó Shun, te escapas de tu cabaña para ir a tocar el violín cerca de la ventana de June, ¿Qué tendrá Shun que ni Reda ni tú tienen? Para algunas cosas June sigue siendo como una niña normal- rió Albiore continuando el camino hacia su cabaña, mientras en unas rocas cercanas a la ventana de June, Donnelly como todas las noches tocaba una alegre melodía irlandesa para la que según él era la musa de sus sueños.

Continuara…

Espero les haya gustado este capítulo, que me quedó muy largo, ojala no le cause problemas a la vista a nadie.

Agradecimientos especiales a mi queridísimo Tayiro-kun, también a quienes se tomaron un tiempito para dejarme un review, gracias Saint Lunase, Gilraen-sempai, Wizard of Love, Darkacuario y Andrómeda por sus lindas palabras que me llenan de entusiasmo para continuar, y también a aquellos lectores silenciosos ^^.

El próximo capítulo tratará sobre Shun y espero que esté listo a mediados de Febrero, hasta entonces.