Capítulo 11: No tienes agallas. Por: Airam Viña Gómez (TokiKiriyama)

Heather y Chris charlaban en un desierto pasillo. La base de la BSAA había cerrado sus puertas ese día y las patrullas de seguridad recorrían la mayor parte de la base. En el interior de una sala llena de monitores de prueba se encontraba Toki, atado a una mesa, aun sedado. Tenía las manos atadas a la mesa metálica que lo retenía.

-Así que Toki se ha pasado a Umbrella...averiguaré como lo han devuelto a la vida con semejantes poderes de regeneración. Y luego nuestros científicos se encargarán de hacer algo para anularlos...Así podremos llegar hasta Wesker y pararle los pies. Heather, te dejo a cargo de las patrullas de hoy. A mi me toca esta noche librar. Cualquier cosa me estaré quedando en los barracones a la salida de la ciudad, sabes donde localizarme, no tengo tiempo para irme a casa y volver por la mañana a tiempo para investigar a este sujeto. Mucho cuidado, es peligroso...manda a uno de nuestros hombres aquí.

-Hablaré con Cochrane para que se ocupe el de la patrulla en este sector. Me iré a la sala de control y allí monitorizaré todo el área y activaré los lásers de seguridad en la zona roja. Toki no escapará de la base, lo puedes dar por sentado.

Tras la conversación, Chris se retiró. Heather se quedó unos segundos mirando por la ventana el cuerpo de Toki, cubierto hasta el cuello con una manta.

-Como pudiste cambiar tanto...pero por otro lado lo de Turquía...Da igual Heather, el ahora es uno de los malos, tu labor es evitar que huya de aquí. Ya no es el mismo hombre...

La zona de pronto quedó totalmente en silencio hasta que los pasos del guardia de seguridad hicieron eco en el pasillo. Con la segunda vuelta, Toki abrió un ojo. Se sintió inseguro y desorientado. Miró sus grilletes, los monitores de control, la cama metálica y la manta. Estaba en una sala de pruebas de la BSAA.

-Cabrones... No puedo dejar que sepan nada.

Hizo toda la fuerza posible, se retorció en la mesa hasta el punto de lograr escurrir una mano de su opresor. No obstante, esto le causó ciertos arañazos y heridas en la piel con algo de sangre. Oprimió el botón de desconexión y se liberó de la cama que controlaba sus impulsos vitales y que transfería información al ordenador que se encontraba en la sala contigua. Una de las ventajas de ser ex-empleado de la BSAA es que sabía donde se encontraba todo. Incluído el centro de seguridad y las armas. Buscaría la forma de escapar.

Se miró hacia los pies y de pronto se percató de algo. Estaba en calzoncillos.

-Perfecto Toki, llevas el uniforme ideal para escapar...

Tras la observación se escondió bajo la mesa. Tenía que lograr que Cochrane abriese la puerta para el poder noquearlo y salir. Comenzó el plan. Tiró de uno de los cables que tenía el monitor para derribarlo al suelo. Este al caer se hizo añicos, dejando varios cristales en el suelo y causando un buen estruendo. El guardia mordió el cebo. Toki tenía en una mano un trozo muy afilado de cristal. Esperó a que su enemigo se quedase mirando el objeto roto. En la oscuridad de la sala, solo con la iluminación de la linterna de Cochrane, Toki se deslizó a su espalda y lo apuñaló en la garganta desde la parte de atrás, desgarrando con el grueso y maltratado cristal la fina piel de su oponente, que se rebanó grotescamente con el filo maltrecho.

La ropa del guardia no le servía a Toki así que le tocaba seguir en calzoncillos, pero eso no evitó que le robase su porra y el walkie talkie, el cual colgó de su ropa interior.

-Se me va a ver todo el culo con esto...pero toca trabajar.

Su primera acción fue destrozar con la porra el ordenador donde se almacenaron todos los datos recogidos sobre Toki. La cepa del virus, su sangre, sus constantes vitales...todo estaba ahí recogido. Rezaba para que esos datos no hubieran salido aún de la base. El disco duro terminó hecho añicos y el emprendió su camino hacia la salida de la base.

Poco después recordó algo, necesitaba una tarjeta de identificación para abrir las puertas y ninguna mejor que la de un guardia de seguridad. Tomó la de Cochrane y salió al pasillo, con un walkie talkie colgando de sus calzoncillos, una porra en una mano y una tarjeta de identificación en otra. Primera parada, los vestuarios, a unos cuantos metros.

-Habrá que hacerlo al estilo ninja...pero sin ropa.

Se pegó a la pared y pasó bajo el punto ciego de una cámara. Prosiguió andando semi agazapado por la pared hasta llegar a una esquina. Miró hacia una ventana para observar el panorama en un reflejo. Un guardia al fondo, sentado en una silla frente al vestuario y quedándose dormido. Al lado de la mano de Toki el interruptor de luz del pasillo. Con un toquecito la apagó.

-¿Cochrane? ¡Deja de hacerte el gracioso y enciende la luz!

Toki sostuvo la porra en alto.

-Estúpido pies de niña...de Chicago tenía que ser...

El guardia enfurecido se levantó y caminó hasta el interruptor. Toki lo esperó y cuando fue a accionar el botón para dar la luz en el pasillo, el melenudo descargó sobre el una lluvia de golpes con la porra que el pobre centinela no esperaba. Ni pudo hablar, cuando se iba a dar cuenta, Toki ya estaba a su espalda estrangulándole con la porra y arrastrándolo hasta el vestuario. Tras cruzar la puerta, le rompió el cuello y lo encerró en una taquilla abierta, no sin antes despojarlo también de su radio.

-Dos centinelas menos... ahora al menos tengo un uniforme que ponerme.

Cerró la taquilla del cadáver y abrió otra golpeando con la porra el candado. El uniforme le sentaría como un guante ya que todo era una talla ligeramente superior a la suya. Ahora vestido con la ropa de uno de los guardias de la BSAA y con una pistola en el cinturón se sentía más tranquilo, ya no dependía exclusivamente de la porra. Además, tenía tres radios contando la que el traje incluía así que si pedían un reporte de seguridad el podría darlo, se le daba muy bien interpretar voces. La de Cochrane y la de este guardia le saldrían idénticas. Solo tendría que fingir un poco para la nueva radio y si lo descubrían diría que tiene gripe. La típica excusa. Debía de llegar a la zona de seguridad dos plantas más arriba, el ascensor estaba en el pasillo, justo a seis pasos a la derecha del vestuario. Pero si quería ocuparse de todo tal y como el planeaba debía pasar primero por el arsenal.

Volvió sobre sus pasos al pasillo y regresó hasta el interruptor que antes había apagado, lo encendió para no levantar sospechas si pasaba otro guardia y cruzó frente a una cámara. El casco y la máscara del traje evitaban que la cámara lo reconociera como intruso, lo cual era un fallo de seguridad muy grave en la BSAA, cualquiera que falsificase un uniforme podría colarse. Al menos era eso lo que pensaba Toki, en realidad cada guardia tenía un uniforme en concreto, el cual era reconocido por el sistema avanzadísimo de seguridad de la BSAA. Si el uniforme no concordaba con los registrados entonces saltaba la alarma.

Llegó hasta la sala de arsenal. Pasó la tarjeta del fallecido Cochrane por el lector y entró. Todo organizado como en Umbrella, sería fácil obtener lo que necesitaba.

Del enorme cajón de explosivos plásticos obtuvo dos pequeños paquetes de C4 y otras dos cargas de Semtex con sus respectivos temporizadores. De una caja de equipo no letal sacó una pistola de dardos táser, perfectos para incapacitar guardias sin necesidad de matarlos. Ya que no contaba con silenciadores, al menos debía hacer algo para dejarlos fuera de combate en silencio y esta era la única forma salvo que fuese repartiendo porrazos por toda la base.

Ahora que tenía el equipo necesario se puso a trabajar. Tomó la ruta hasta la sala de calderas por los sombríos pasillos y abrió la puerta, ligeramente oxidada por las humedades. Sintió que se estaba hirviendo dentro de la sala, era como una olla a presión con el dentro.

-Nunca me han gustado las saunas...menos una con ropa.

Se agachó frente a los contenedores del gas y allí colocó los dos paquetes de C4 robados. En total eran seis kilos del explosivo plástico más potente del mundo, ahora colocados bajo los inflamables contenedores de gas que con una cerilla y un escape podrían hacer un desastre.

Mientras modificaba un temporizador para que fuese sensible a una llamada de radio empezó a pensar en Heather de nuevo. El dejó de disparar cuando la vio, sin embargo, a ella no le faltó tiempo para clavarle un dardo que lo dejase a merced de Chris y de una temporada en prisión. Condena perpetua por crímenes contra la humanidad, bioterrorismo y solo Dios sabe cuantos asesinatos. Un historial de esos que hacía que un agente del FBI pasara horas en la oficina, bebiendo café y pensando como atrapar a un bastardo tan peligroso. Ella con un dardo no letal le habría podido arrebatar todo por lo que el peleaba, todo lo que el significaba. El dejó de disparar por no hacer lo mismo pero de forma más radical.

-¿Por qué todas reaccionan así conmigo?- Se preguntó bromeando.- Ni que las tratase mal.

Siguió trasteando con el temporizador mientras insertaba el chip de una radio configurado en una frecuencia sin uso. No quería que la bomba estallase antes de tiempo.

Sin embargo, en su cabeza no estaba la bomba, estaba de nuevo la rubia. Toki no era una persona que superase rápidamente una ruptura o un problema amoroso, al contrario, podía estar meses e incluso un año dándole vueltas, buscando que hizo mal. Sin embargo, esta vez el problema no era el, el problema no era ella. El problema eran los ideales, era la ley. Eso había hecho que el se separase de Heather y si no hubiera sido por el maldito Lucky Joe era muy probable que ni siquiera se hubiera acordado de ella hasta verla en Turquía.

-¿Por qué la besaste, pedazo de mula? ¿A quien se le ocurre? ¡Eres un burro, Toki, un burro! ¿Y sabes por qué? ¡Porque nunca piensas antes de actuar! ¿Por qué demonios no piensas nunca antes de hacer nada?

Dejó de discutir consigo mismo, le podrían escuchar y sería patético que su plan se fuera al garete por un monólogo contra si mismo, casi esquizofrénico.

Volvió a su mente tras pegar el detonador al paquete explosivo y unirlos bajo uno de los contenedores de gas.

Pensó en como terminar el plan. Podría tenderle una trampa. Emboscarla a ella para usarla tras esto como cebo contra Redfield. Si lo capturaba a el y luego lo entregaba a Wesker sería una preciada marca de excelencia en su historial y una venganza aun más sabrosa que la recompensa. Sin embargo, sería hacerle daño a esa mujer...el no soportaría semejante cargo de conciencia. No tenía remordimientos para la mayoría de cosas, le daba igual disparar a un hombre que a una mujer, para el era lo mismo pegarle un tiro a un policía o agente gubernamental que dispararle a un cartón con números. Pero era Heather. Eran casi doce meses de "relación". Doce meses hacen un año, todo un record para Toki.

Volvió al mundo real, recordó que Wesker lo pelea constantemente por abstraerse así que volvió al tema de los explosivos. Ya tendría tiempo de pensar que hacer con ella.

Tras terminar con la colocación de la bomba, salió de la sala completamente encharcado en sudor.

-Que me digan de meterme en un asadero que yo si los voy a asar...con el lanzallamas.

Accedió al ascensor y pasó la tarjeta por el lector. Tocó el botón de la segunda planta y tras unos instantes llegó al segundo piso. Empezaba lo difícil.

El segundo piso estaba preparado para que fuera una zona casi hermética, donde solo podían acceder patrulleros que estaban en la sala. Es decir, nadie del personal salvo los guardias de la sala principal de controles podían estar allí. Sensores láser, cámaras pistola, trampas de gas sedante y paneles eléctricos eran varias de las trampas que aguardaban en el largo pasillo que llevaba a la sala final, donde solo quedaba un guardia. Donde Toki colocaría una de las cargas Semtex bajo el control y posteriormente se daría a la fuga. Tocaba hacer una auténtica maniobra de ninja.

-La zona roja sigue siendo la más segura de la base por lo que veo...pero si burlé una vez su seguridad, puedo hacerlo dos.

Comenzaba el trayecto. Se deslizó por el suelo para no activar los sensores láser que cortaban el pasillo en dos a la altura de sus rodillas. Podría haberlos saltado pero esos sensores tenían a su misma vez otros dos encima que detectarían un salto. Lo más práctico era deslizarse rápidamente antes de que se activasen los verticales. Iban a intervalos de doce segundos, más que suficientes para Toki para evadirlos. En el siguiente tramo había un reto añadido. Suelo eléctrico. Los controles estaban justo al lado de donde comenzaba el área electrificada, sin embargo, estos estaban bajo el atento lente y el brillante cañón de una cámara pistola. La cámara pistola era una cámara con una ametralladora en miniatura montada, que al detectar una persona sin identificación adecuada en la planta abría fuego. Las balas de 7.62mm que disparaba eran más que suficientes como para atravesar cualquier chaleco y podía albergar hasta sesenta disparos. El melenudo fue listo y se aproximó a la cámara desde su punto ciego. Por debajo desconectó el cable que la llevaba a la pared, dejándola así sin la alimentación de la fuente de datos. Al no reconocer a nadie como hostil era imposible que disparase. Ahora los controles del suelo eléctrico estaban a su entera disposición. No fue difícil de manipular, se limitó a dejar sin luz común ni luz de emergencia prácticamente todo el pasillo por lo cual tan solo los lásers quedaban operativos, ya que estos funcionaban por baterías de litio en caso de corte energético.

-¿Esto es todo? Me costó más colarme en la base de Long Island.

Dijo Toki sorprendido por la facilidad de infiltración, esta vez la fortuna le sonreía mientras avanzaba.

Heather de pronto se extrañó en la sala de seguridad. Detectó una caída en el flujo de electricidad de la planta. Eso era un serio problema para ella. Sin electricidad era prácticamente una sala inútil, no podría transmitir ningún dato ya que la centralita de comunicaciones operaba con esa electricidad. Estaba aislada del mundo, ninguna llamada, mensaje o transmisión entraría a la base y tampoco saldría a menos que volviese a restaurar la energía.

Se tocó el pelo con cierto nerviosismo y abrió su chaqueta militar mientras resoplaba. Tomó aire y se intentó relajar.

-¿Será el?

Se preguntó en voz alta. Nunca había pasado esto. Sabía lo que tenía entre manos, un prisionero de categoría D+. Solo era superado por el propio líder de la empresa, Albert Wesker, el cual era D++. Sus demás compañeros estaban casi todos en la misma clasificación que el, sin embargo, Toki tenía un apéndice extra en el historial que Heather poseía sobre el. Había sido su amante durante casi un año. Luego desapareció tras ser presuntamente asesinado por Umbrella. Lloró por el. Fue al "entierro" programado por la BSAA pese a que nunca se encontró su cadáver. Estuvo meses sentada en el sofá, semidesnuda y con una camiseta de Anthrax entre sus manos, la primera que Toki olvidó en su casa. La primera de muchas otras que conservaba en una caja con sus demás recuerdos. Sus discos, sus pósters, sus revistas de heavy metal. Sus fotos.

Tenía fotos suyas como para empapelar una sala. Fotos pescando, de caza, en el campo de tiro, incluso fotos subidas de tono junto a ella. Sin embargo, guardaba un recuerdo especial a una foto en particular. Los dos juntos en una tienda de campaña, acampando frente a los lagos de Michigan. En esa foto se estaban besando tras darse un baño nocturno.

La chica rompió a llorar dentro de la cabina de seguridad.

-¿Como pudiste cambiar tanto?- Decía entre sollozos.

-Pregúntale a Chris, la culpa es suya.

Abrió los ojos como platos, desenfundó la Glock 17 de la cintura y lo apuntó. El la apuntaba con una PSM.

-Créeme, mi pistola es más pequeñita pero duele más.- Dijo el pistolero manteniendo la pistola en alto.

-Suéltala y ponte contra la pared ¡Estás arrestado!

No cedió, es más, se acercó a ella.

-Dispara si tienes agallas.

-¡Sabes que lo haré!

-¿Y por qué no lo has hecho ya? Vamos, querida, abre fuego. Pégame un tiro en la cabeza.

El quitó el seguro de su PSM, ella mantuvo la Glock apuntando a su frente. Temblaba.

-No tienes agallas.- Dijo retándola.

-¡Si las tengo! No me obligues...por favor.

-Voy a contar hasta tres. Si tu no me disparas, lo haré yo.

-Pero...

-Uno.

-¡Toki, no hagas esto más difícil!...

-Dos.

-¡YO...YO...YO TE QUERÍ...!

-Tres.

Con la otra mano sacó de su espalda la pistola con dardos táser y le clavó uno en la pierna, haciendo que esta cayera al suelo tras emitir un leve chillido.

-¡¿ Serás cerdo?! ¡Eso duele!

-Nadie dijo que yo jugase limpio, querida.

El plan había salido a la perfección, aunque no esperaba esas palabras de los labios de la rubia. Se quedó anonadado unos instantes mientras le ponía las esposas a su presa inmóvil. Desmontó su pistola y esparció los trozos por el suelo. Ella lo miraba en el suelo, sin poder moverse por el dolor intenso de su pierna, veía al melenudo colocando una carga Semtex con un chip de radio. Típico explosivo detonable por radio, algo muy propio en Toki. Lo conocía muchísimo en ciertos aspectos, sin embargo, en la forma de actuar seguía siendo un enigma para ella. Aun cuando trabajaba para la BSAA muchas veces era un desconocido pese a todo. Pese a acostarse con el cada noche, a vivir junto a el, a trabajar juntos, a reír y llorar sin separarse, era un desconocido. Desde luego que ella tampoco era un libro abierto, pero si ella era un libro aun por empezar, a Toki no le había llegado a leer el índice.

La escena transcurrió en silencio mientras terminaba de colocar los explosivos. Tras esto la levantó y la llevó consigo hasta el ascensor. Antes había devuelto la electricidad a la planta para que este volviese a funcionar y las transmisiones de radio entrasen. Sin ellas, los explosivos no detonarían nunca. Abrió el techo del ascensor mientras descendían al párking.

-¿Que demonios haces ahora?- Preguntó la rubia.

-Ocuparme de que nadie llega hasta tu lugar, no quiero que nos pillen hasta que esté al menos en un coche con el que huir lejos.

-¿Que te hace pensar que vas a salir de aquí? Desde que lleguemos al párking voy a gritar hasta que todos los guardias que hayan te descubran.

-No me obligues a hacerlo cariño...sabes que aunque sea poca, tengo ética.

-¿Hacer el que?

Toki puso una mueca de asco y después le aplastó una zona del cuello en concreto con una prensa que hizo con la mano. Le aplicó una llave adormidera con la que la dejó inconsciente.

-Me sabe peor a mi que a ti querida, pero lo hago por nuestro bien.

Tras esto, volvió al techo del ascensor y siguió trasteando con el último Semtex que le quedaba. Ya estaba listo. Con el busca de Heather llamó a la primera frecuencia, la de la sala de calderas. Tenía a partir de ese momento media hora para salir de la base. Llamó a la segunda. En cuarenta minutos detonaría la zona de seguridad.

Llegaron al párking y sacó el cuerpo de la rubia a rastras. Llamó a la tercera. En quince minutos explotaría el ascensor. Tras salir cargó a su rehén al hombro, era una falta de respeto para el llevarla arrastrando como si fuera un vulgar cadáver.

Llevaba un trecho recorrido, sabía que el coche que buscaba estaba casi al lado de la salida. Ya casi lo rozaba cuando de pronto alguien se cruzó en medio.

-¡Hey! ¿Que estás haciendo? ¡Manos a la cabeza?

Un guardia lo descubrió.

-Eso es...ven a Neo...- Dijo Toki burlón en voz bajita.

Desenfundó la PSM y le disparó dos veces en el pecho, dándole de lleno en el corazón. Si sus cálculos no fallaban y la BSAA no había cambiado la seguridad del complejo, solo habían cuatro guardias en el párking. Una pareja de dos guardias, se acercó al prisionero de Umbrella que escapaba tranquilamente hacia un sedán negro de cuatro puertas, el coche de Heather. Ambos alzaron su pistola pero el pistolero abrió fuego de nuevo, acertándole a uno en la cabeza y a otro en la mano con la que sostenía la pistola. Abrió el coche, metió a la rubia en el asiento del copiloto y arrancó el coche.

-¡Y nos vamos! ¡Tengan buena noche, caballeros!

De delante vino una centinela armada con una escopeta. Esta estaba a punto de disparar al coche cuando Toki casi la embiste si no llega a ser porque se echó hacia un lateral.

-Ese cabrón...¡ Rápido, debemos avisar al comandante Redfield! ¡Se ha llevado a Heather como rehén!

La mujer corrió hacia su herido compañero y miró lastímera a sus fallecidos camaradas. Mientras ella llamaba a una ambulancia, Toki huía con Heather hacia una ubicación que conocía mucho.

Iba conduciendo con una mujer al lado, escuchando el disco del reproductor, que casualmente era suyo, fumando un Marlboro que encontró en la caja que la rubia tenía en el coche.

-Heather, última vez que te quedas con mis discos ¿Sabes lo caro que me ha costado el "Among The Living" para que tu lo tengas en el coche?

Aceleró por las calles nocturnas de Nueva York. Se dirigía al piso en el que vivió un año con su rehén.

-Hogar, dulce hogar.- Dijo al entrar con la muchacha en el hombro.

La sentó en el sillón y la despertó. Era hora de una charla.