Hola a todos nuevamente, estuve a punto de renunciar, por que tuve una maraña de conflictos emocionales que me impidieron concentrarme, y me espantaron a todas las musas, pero finalmente regresé. Este capítulo me ha quedado bien extenso, por ello, lo dividí en dos partes, pronto subiré la segunda, dentro del mes espero. Siendo bien honesta, no sé como quedo ya que cuando me pongo apática es un poco difícil tener un juicio objetivo de lo que escribo, y la persona que era mi editor tarda demasiado en revisar, así que decidí hacer las correcciones completamente sola.

De los capítulos anteriores olvidé un par de detalles, en el capitulo 2, la canción que interpreta Donnelly en su violín es la clásica "The Irish Washerwoman" en versión para violín, en el capitulo 2.5 olvidé explicar un par de palabras en japonés, Tatami, que son unas esteras hechas de paja, y Kabuto, que es el casco de las armaduras samurai, otro detalle del que no me dí cuenta fue que la pampa y la Rioja no son lo mismo, las confundí al mirar el mapa físico de Argentina, y estaban de colores parecidos, lamento mi error y un agradecimiento especial para gabycisne quien me dio a conocer mi falla (espero no equivocarme con la yerba mate)

Una última cosa, las constelaciones que aparecen mencionadas en este capítulo son Piscis Austrinus (Pez Austral), Boyero (El Pastor), Columba (La Paloma), Vulpécula (La Zorra, espero esto último no suene feo) y Horologium (El reloj).

Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia

Paralelamente.

Por Melpómene de Cáncer.

Capítulo III

Tristes Historias. Parte I

"El viento agitaba fuertemente los árboles del paisaje, el sonido del follaje se asemejaba cada vez más al mar, pero allí, no había océano alguno, sólo un enorme cultivo de sésamo, y en medio de él, se encontraba un hombre tendido en el suelo, parecía estar contemplando el cielo rojizo que se extendía hasta el infinito, de pie, a su lado, estaba un pequeña niña rubia de cinco años que lo miraba fijamente.

Un joven Santo de cabellos dorados observaba esta escena tan sólo unos pasos tras la niña, se disponía a matarla antes de que lo viera, era mejor así, ella no tenía más familia, y un orfanato sólo la llevaría a una vida complicada y dolorosa, el mayor acto de compasión que él podía entregar en ese momento era darle muerte junto al hombre que miraba hacia el cielo.

En el instante en que iba a utilizar su cosmos para poner fin a la vida de la niña, el moribundo miró hacia él y tras pronunciar unas pocas palabras en griego, sus ojos perdieron el brillo de la vida tornándose blancos y vidriosos, la pequeña gritaba y sollozaba abrazando a aquel hombre, mientras su blanco vestido se teñía de rojo por la sangre que fluía cálida a través del pecho de aquella persona, su padre, desesperada, volteó y corrió en dirección hacia el guerrero tras ella, pidiendo ayuda para salvar a aquel que había iniciado su descenso al Hades, pero no obtuvo respuesta alguna, al comprender que ya no había solución simplemente se abrazó a las piernas del Caballero, él pensó en ese momento que aquella niña era inocente, no tenía culpa de la desgracia que flotaba a su alrededor ¿Cómo podía matarla, si su mejor amigo le había pedido que ella fuera feliz? ¿Cómo la muerte podía ser el único camino para alguien que recién comenzaba a vivir? ¿Acaso él tenía el poder suficiente para decidir por ella?

La pequeña lo miró con unos profundos ojos azules enrojecidos, el guerrero se compadeció de ella y la tomó entre sus brazos para consolarla, si es que eso existía para alguien que lo había perdido todo a tan corta edad.

- Te prometo que será feliz amigo mío- dijo el Santo en voz alta, pero apenas hizo esa promesa, el cielo y todo a su alrededor se volvió negro, como si estuviera envuelto en la nada, e inmediatamente sintió que caía en un abismo que no tenía fin, aún así, no soltaba a la niña que permanecía abrazada a él, y mientras seguía hundiéndose en la oscuridad, escuchaba los murmullos de una mujer, que le hablaba.

- Debiste haberla matado, contigo sólo encontrará la desdicha eterna, ella no pertenece a tu mundo, no hay manera de que la ayudes, abandónala, escucha Albiore, estás cometiendo un error, Albiore, no debiste decidir por ella, Albiore, no es tu hija…Albiore…Albiore…"

- Maestro, despierte se ha quedado dormido- June remecía con suavidad al Santo de Cefeo, pero la pesadilla parecía no querer dejarlo escapar- Maestro ¿está enfermo? Abra los ojos.

Albiore salió del incómodo sueño y quedó desconcertado al ver a June sin máscara frente a él, ese azul de sus ojos no había cambiado a pesar del tiempo, eran iguales a los de su viejo amigo Benjamín, el verdadero padre de June.

-¿Qué haces sin tu máscara?- preguntó hoscamente.

- Al ver que no despertaba me preocupé y me la quité por que me estorbaba, lo siento, lo hice sin pensar- June inmediatamente se puso la máscara para no discutir con su maestro.

- Podrían vernos, e interpretar mal las cosas- dijo Albiore con seriedad.

- Lo sé, debo ir a ayudar con el desayuno, esta semana es mi turno- la chica desapareció rápidamente de la habitación del Santo de Cefeo, éste se levantó de su cama, tomó una vasija que había dejado la noche anterior, y llenó una palangana con agua, la cual vertió sobre su cabeza.

- ¿Habré tomado la decisión correcta al dejarla vivir y obligarla a entrar en mi mundo?- pensaba mientras se secaba con una toalla y se ponía su ropa, después de todo, otro día había comenzado en Isla Andrómeda.

Junto a la cabaña de Albiore se alzaba una habitación hecha de madera y rocas, la cual servía de salón de reuniones y de comedor, todos los varones se encontraban ahí sentados sobre una larga mesa, con una ración de pan, carne salada y un tazón de leche, un lujo para quienes vivían en aquel lugar, y que Albiore se encargaba de proveer negociando con barcos extranjeros, para que sus alumnos no crecieran débiles.

Al tomar asiento en su puesto, al centro de la mesa, el Santo de Cefeo notó que fuera de su ración de comida, en lugar de café había una infusión de yerba mate y un termo con agua caliente.

- No se te olvida que prefiero beber mate en lugar de café June- Dentro de las pocas cosas que mantenía de su país en aquella isla, estaba la pasión por el mate, Albiore adoraba beberlo en cualquier momento, pero sólo lo conseguía gracias a un amigo que se lo enviaba desde Buenos Aires, a través de un barco carguero que pasaba cerca de Andrómeda cada tres meses, el Santo de Cefeo pensaba en que beber mate en compañía era más grato, pero las únicas personas con las que acostumbraba a hacerlo, no se encontraban con él en ese momento, su padre y su madre.

- ¡Oye Mateo! ¡Ese era mi pan!- reclamó Spica.

- ¿En serio? Creo que ya no está- respondió el moreno comiéndoselo rápidamente.

- ¡Me las pagarás!- Spica cogió a Mateo por el cuello.

- Déjalo Spica, no vale la pena, toma mi ración- Reda le entregó pan y carne a su ofendido amigo, el cual soltó al indefenso Mateo.

- ¡OH! El cara de pescado amaneció generoso, creo que hoy nevará en Isla Andrómeda- se burló Donnelly bebiendo tranquilamente su leche.

- ¡Otra vez tú domador de borregos! ¿Quieres que borre esa sonrisa idiota que tienes?- amenazó Reda.

- Cuando quieras- respondió el pelirrojo.

- Donnelly, Reda, déjense de tonterías, estamos desayunando- les reprendió Ryszard.

- Tú no te metas, nadie te hace caso, además no tienes autoridad sobre nosotros- reclamó Donnelly.

- Silencio- se impuso la voz de Albiore, ante la cual todos obedecieron- Mateo, ¿Por qué te comiste el pan de Spica?- preguntó a su alumno.

- Por que Donnelly se comió el mío- se quejó el joven moreno.

- Ayer no cené por que usted me castigó- se defendió el pelirrojo.

- y ¿Por qué te castigué?- preguntó Albiore para refrescar la memoria de Donnelly.

- Por que le arrojé una roca gigante en la cabeza a Reda, pero él tiró mi violín al mar.

- Esa cosa desafinada no me deja dormir por las noches- contestó Reda indiferente, pero tras la severa mirada de Albiore, todos regresaron a su desayuno.

Las cosas no marchaban muy bien en la isla, hace poco tiempo, Reda había obtenido la armadura de Piscis Austrinus, y días después, Donnelly consiguió la armadura de Boyero. Las peleas entre ellos no hicieron más que aumentar día tras día, por cualquier detalle insignificante, pero no eran los únicos, los otros alumnos también tenían conflictos que terminaban en insultos o riñas. Aunque ese no era el comportamiento que Albiore esperaba de ellos, lo entendía, en primer lugar, por que no todos habían llegado al mismo tiempo a Isla Andrómeda; June, Shun, Spica y Reda, estaban desde hace seis años, fueron parte del primer grupo que enviaron para que los entrenara; Donnelly, Mateo, Ryszard y Karya, estaban desde hace cuatro años, formando parte de un segundo grupo, mientras que Amira había sido enviada desde el Santuario, hacía tres años. La segunda razón, era por que el agotador entrenamiento, no les había permitido formar alguna amistad que fuera más allá de quienes compartían sus cabañas, con excepción de Shun y June. Pero a esas alturas, ya cinco de los aprendices se habían convertido en dignos Santos de Atenea, y el comportamiento de cuatro de ellos dejaba mucho que desear.

Albiore pensaba que él era un Caballero de Atenea, no un maestro de escuela, y por ello evitaba entrometerse en los conflictos de sus discípulos, pero los acontecimientos del día anterior fueron suficientes para que finalmente se decidiera a intervenir.

Temprano, cuando Donnelly regresaba de su turno de vigilancia, encontró a June y Reda ordenando la mesa para que los chicos pudieran desayunar, lleno de celos, el pelirrojo dijo para variar uno de sus típicos comentarios desatinados, lo cual provocó que él y el Santo de Piscis Austrinus terminaran rodando bajo la mesa agarrándose a puñetazos, June intervino, y la pelea se disipó, pero los insultos en el desayuno no se detenían. En la hora del entrenamiento de la mañana, Spica y Mateo tuvieron una riña porque por accidente el primero le arrojó arena en los ojos al segundo, el problema no iba más allá de una simple discusión, pero cuando Reda y Donnelly trataron de "ayudar" a solucionar el conflicto, se armó una enorme pelea que en pocos minutos se hizo incontrolable, Ryszard y Karya intentaron apaciguar los ánimos, pero cada uno recibió una paliza de quién sabe quién, lo cual provocó que se unieran a la trifulca molestos por el agravio.

Por otro lado, June, molesta con Amira por que ésta se reía divertida de la situación, le dio un fuerte latigazo en la espalda, claramente, la amazona de Columba no se quedaría atrás, y atacó a la rubia con la lanza que estaba usando para entrenar; puñetazos, patadas, rasguños, mordiscos, latigazos y lanzazos salían en todas direcciones, hasta que Albiore usando las cadenas de su armadura, los detuvo a todos atándolos hasta que sus cosmos se tranquilizaran.

La hora del almuerzo fue muy tensa tanto para los chicos, como para las amazonas, sin embargo, fue Amira quién rompió la aparente calma cuando descubrió en la habitación de Karya vestidos, cosméticos, perfumes, y una multitud de objetos que nadie sabía con exactitud de dónde y cómo los había obtenido, pero que en definitiva eran impropios de una amazona, después de arrojarlos sin compasión, fuera de la cabaña, Amira tuvo una fuerte discusión con Karya, quien quería recuperar sus pertenencias, por lo menos lo que la Amazona de Columba no había destruido, se necesitó de cuatro chicos para poder contenerlas, pero las cosas no quedaron hasta ahí. En el entrenamiento de la tarde, se produjo otro altercado ya que Ryszard le ordenó a Reda que le ayudara a limpiar la bodega de armas, ante lo cual el Santo de Piscis Austrinus se negó rotundamente, argumentando que no recibía órdenes de nadie más que Albiore, el Santo de Delphinus ya estaba cansado del comportamiento arrogante de Reda, todo tenía un punto, y el checo se había aburrido de ser paciente con sus compañeros, y sin previo aviso le dio un puñetazo en la cara a su compañero, ante este indicio de una nueva pelea, se sumó Donnelly, quien siempre estaba de humor para golpear a Reda, y tras él, se unió Spica quien no dejaría pelear sólo contra dos a su mejor amigo, en medio de la revuelta, Karya aprovechó de ajustar cuentas con Amira por haber destruido sus cosas, y Albiore una vez más debió usar sus "Cadenas de la disciplina" para controlar a sus alumnos.

El día por fin acababa y pronto vendría la cena, todo parecía sereno, hasta que Reda encontró por casualidad el estuche con el violín de Donnelly, celoso por que June aquella mañana le había dicho que le gustaba la música que tocaba el pelirrojo, cogió el objeto y lo arrojó al mar. Donnelly, que había ido a buscar su instrumento, se alcanzó a dar cuenta del crimen de Reda y se arrojó con armadura al agua para rescatar su violín, el cual afortunadamente no sufrió daño alguno, sin embargo, en la hora de la cena, cuando Albiore preguntó por la ausencia del Santo de Boyero, este apareció repentinamente, todo empapado, con una enorme roca la cual arrojó directamente sobre Reda, dejándole un corte en el cuero cabelludo y un espantoso dolor de cabeza. Albiore, superado por todo lo ocurrido ese día, encendió su poderoso cosmos, provocando un fuerte temblor en aquel lugar, todos los presentes estaban espantados ante el asombroso poder que emanaba del gobernante de la isla, y después de regañarles cerca de dos horas, el Santo de Cefeo dejó a Donnelly sin cena y además obligó a todos, amazonas incluidas, hacer la vigilancia en distintos puntos de Andrómeda durante toda la noche, sin tener derecho a una siesta o a reponer fuerzas durante el día siguiente.

- Debo solucionar este problema- pensaba Albiore bebiendo su mate. Terminado el desayuno, reunió a todos en el campo de entrenamiento.

- Los hechos de ayer son una vergüenza para la Orden y para Atenea, no es posible que luchando todos por una misma causa, sean capaces de insultarse y atacarse entre ustedes, desde ahora en adelante tomaré serias medidas, y conste que he llegado a esta situación por que ustedes no han sabido comportarse dignamente, si descubro que están ofendiendo a uno de sus compañeros o compañeras, los dejaré sin comer durante un día, si los sorprendo golpeándose fuera del entrenamiento, deberán dar 10 vueltas alrededor de la isla y luego hacer diez mil abdominales entre las doce y las dos de la tarde, y ya saben que a esa hora el calor es insoportable, esto va tanto para los que ya son Caballeros como para los que aún son aprendices, también para las amazonas, hasta que vea que se comportan como los guerreros que son- explicó seriamente el Santo de Cefeo. Antes de que alguno de los presentes pudiera decir cualquier cosa, continuó dando instrucciones.

- Ahora realizaran un entrenamiento a su elección, quiero hablar personalmente con cada uno de ustedes, pero no quiero escuchar más discusiones, estaré atento de todo cuanto pase, Reda, tu vienes primero- Albiore entró a su cabaña seguido por el Caballero de Piscis Austrinus.

- Nunca lo había visto tan enfadado- Spica estaba preocupado por su amigo Reda.

- Que miedo, eso me recuerda la vez que vi salir una nave alienígena del océano- dijo Mateo.

- ¿Nave alienígena?- preguntó Karya con interés.

- Sí, la vi mientras hacía mi turno de vigilancia hace dos semanas- el moreno aprendiz, comenzó a explicar en detalle su experiencia, hablaba con tal convicción que pronto obtuvo la atención de todos, incluidos Ryszard y Amira.

Mateo tenía un talento especial para contar historias, la mayoría de ellas las inventaba, sin embargo, debido a la seguridad con que transmitía lo que narraba, nadie se atrevía a desmentirlo, de esa manera podía un día decir que se había topado con la Reina de Inglaterra, y todos le creerían, aunque eso nunca hubiese ocurrido.

- ¿Viste a los extraterrestres?- preguntó Donnelly.

- Primero emergió un circulo de muchos colores, y poco a poco empezó a subir hasta la altura del volcán, entonces vi una cosa transparente deslizándose por un haz de luz, y cuando estuvo arriba de las luces de colores, se fue lejos y muy rápido- explicaba Mateo.

- Y ¿En qué parte de la Isla estabas?- quiso saber Spica.

- Subía hacia el volcán para ver el amanecer, y entonces apareció por el extremo sur de la Isla, y luego se movió hacia el oeste- el moreno señalaba con su dedo índice la trayectoria que hizo la supuesta nave, y con un palito hacía dibujos en la arena, para que pudieran entenderle mejor, todos lo miraban con asombro sin saber si creer o no, amazonas, caballeros y aprendices por igual.


La mañana transcurrió muy rápido para el Santo de Cefeo, sin embargo, no fue en vano, ya que gracias a la extensa conversación con cada uno de sus discípulos, logró obtener información para dar una respuesta al por qué se llevaban tan mal.

En conclusión, para el caso de Donnelly y Reda, el Caballero de Piscis Austrinus explicó que el pelirrojo era demasiado payaso para ser un digno Santo de Atenea y que por ello le desagradaba, mientras que el Caballero de Boyero dijo que Reda era un amargado y que de tan sólo ver su cara, le daban ganas de golpearlo, atribuyendo esto último a su "instinto irlandés", sin embargo, a pesar de lo que ambos decían, Albiore sabía que eran excusas y que la verdadera razón tenía nombre, y que ese nombre era June.

En el caso de Mateo y Spica, el moreno explicó que no tenía problemas con nadie en particular, pero si intentaban agredirlo directamente a él tenía que defenderse, mientras que Spica, a pesar de decir algo similar a Mateo, agregó que si alguien se metía con su mejor amigo Reda en un combate desigual no dudaría en ayudarle.

Ryszard se llevó una gran reprimenda por parte de Albiore, ya que, a pesar de no tener problemas con sus compañeros, tenía una actitud muy hermética con todos ellos, comunicándose lo justo y necesario, por ello el Santo de Cefeo le ordenó integrarse más, ya que si lo dejaba por sí solo, el chico nunca lo haría.

La situación de Karya y Amira era más compleja, cuando Albiore se enteró de las razones de la pelea del día anterior, tuvo que aconsejar a Karya para que se comportara como la amazona que era, ante lo cual la muchacha contestó que "podían quitarle la libertad de mostrar su rostro o incluso la de amar a quien ella quisiese, pero nunca podrían controlar el espíritu femenino que había dentro de ella". A Albiore no le extrañaba que una amazona se revelara contra las reglas, no era la primera, y muchas habían pagado con su vida aquella osadía, por eso intentó explicar a Karya que con su actitud sólo encontraría mas dolor que el que ya tenía en su corazón, la chica le agradeció su preocupación, y luego se marchó de la cabaña, no sin antes decir que Amira era una amazona autoritaria, obsesionada con las reglas y con controlar hasta el más mínimo detalle dentro de la cabaña.

Cuando Albiore le pidió respuestas a Amira, esta explicó que por ser la mayor de las tres amazonas de la isla, era su deber velar por el estricto cumplimiento de las reglas, y que Karya y June dejaban mucho que desear con su comportamiento insolente y sus constantes desacatos a las leyes. Albiore intentó explicarle que con su hostilidad no lograría que las otras la siguieran, ante lo cual Amira contesto que "él jamás comprendería lo que era la vida de una amazona por que era un hombre como todos", este comentario insolente enfadó al Santo de Cefeo, no podía permitir que le faltaran el respeto de esa manera, menos en su propia cabaña y en su propia isla, "me parece que has ido demasiado lejos Amira, me has faltado al respeto y eso es grave, soy tu maestro y debes tratarme como tal, podría ordenar que te envíen al Santuario y te encierren por ofender a un Caballero de mayor rango que tú, pero no lo haré, por que creo firmemente en ti, y en que lo que has dicho ha sido por la tensión de estos días, creo que debes mejorar tu conducta hacia tus compañeras, de lo contrario cumpliré con lo que he dicho y regresaras a Rodorio, soy la máxima autoridad y aquí se hace lo que yo digo, y espero Amira, que por muy difícil que sea soportar el peso de esa máscara la sonrisa de la joven tras ella no se pierda" fue la respuesta que finalmente dio a la arisca Columba, después le pidió que se retirara, la chica obedeció cabizbaja ante su falta.

La última que quedaba por entrevistar era June, quien ya estaba en la cabaña sentada en una silla frente a Albiore, el Santo tenía una pequeña libreta en sus manos, donde anotaba cosas importantes, como si fuera un psicólogo.

- ¿Cómo te llevas con tus compañeros?- preguntó a la chica- quiero que seas honesta, sabes que no puedes engañarme.

- Bueno yo…nunca había pensado en eso- June trató de hacerse una idea de que contestar- con Mateo tengo un trato normal, es un chico agradable y cuenta historias divertidas, Ryszard es bastante reservado, no sé nada de él, pero no veo maldad en sus ojos, Spica es agradable y muy tranquilo cuando no se deja influenciar por Reda, Karya es muy parlanchina cuando no hay hombres presentes, en general es una buena persona, Donnelly es gracioso, pero no me gusta que me diga que me ama, me parece que es una burla, soy una amazona y debería tratarme como tal, Reda es extraño, a veces es amable y otras muy hostil, no lo comprendo.

- ¿Y Amira?- preguntó Albiore anotando todo lo que June le había dicho.

- ¿Ella?, no sé, siento que no la conozco, desde que llegó hace tres años, siempre se encierra en su habitación cuando es la hora de comer, cuando nos habla, sólo lo hace para regañarnos, eso pasa bastante seguido, y nos observa, como tratando de encontrar nuestros errores, además, después que luché con ella cuando quería marcharme a Japón se puso más agresiva conmigo, le pregunté cual era su problema y me dijo que no era mi asunto- explicó June.

- Ya veo, cuando hablé con ella me dijo que Karya y tu rompen a menudo las reglas- comentó el Santo de Cefeo.

- Debe ser por que Karya insiste en arreglarse el cabello y pintarse las uñas todo el tiempo, a veces, no se de donde inventa supuestos tratamientos de belleza y no sólo los aplica en su cara, sino que también intenta que yo haga lo mismo, le he dicho mil veces que no, pero siempre me termina convenciendo- dijo June con timidez.

- ¿Eso te molesta?- pregunto Albiore con interés, la chica lo pensó un poco antes de responder.

- Si quiere que sea honesta maestro, no, no me molesta, es divertido cuando Karya llega con sus extrañas ideas, me siento distinta, como una chica normal.

Las últimas palabras de June dejaron a Albiore pensativo, hace siete años atrás, él debió decidir entre enviar a la niña al Santuario para ser iniciada como amazona o llevarla a un orfanato para que cuidaran de ella, no podía tenerla por más tiempo en Isla Andrómeda bajo su protección, ya que aquel lugar no era el más adecuado para que ella creciera, sin embargo, no tenía ningún pariente al cual pudiera recurrir, y él había prometido a su mejor amigo que cuidaría de ella. En ese entonces, la niña comenzó a desarrollar su cosmos, lo cual no extrañó al Santo de Cefeo, ya que el padre de June, Benjamín, alguna vez había sido aprendiz de Caballero en el Santuario, hasta que inesperadamente para todos desertó del lugar, tras pensarlo mucho, y en vista del potencial de la pequeña, Albiore optó por enviarla a Grecia, de esa manera, entrando en la Orden, era más fácil seguir sus pasos y saber donde se encontraba, que enviándola a un orfanato, por último, el Santo de Cefeo, tras cuidarla por dos años, le había tomado cariño. Un año después de que June se fue al Santuario, la sorpresa de Albiore fue enorme, cuando la enviaron de regreso a la isla, para que él la entrenara como Caballero de Bronce, sin embargo, siempre se cuestionó a sí mismo si su decisión había sido la correcta, y si June hubiera sido mucho más feliz viviendo como una niña normal.

- June ¿Eres feliz siendo una amazona?, quiero decir, ¿Crees que estuvo bien haberte enviado al Santuario?- preguntó Albiore con algo de temor ante la respuesta que la chica le daría.

-¿Por qué me pregunta eso maestro?-

- Por que le prometí a tu padre que haría lo posible para que fueras feliz- explicó el Santo de Cefeo.

- Cuando era pequeña y me quería enviar al Santuario, lo odié por eso, no quería separarme de usted, pero le hizo caso a esa fea sacerdotisa Casandra, en ese entonces estaba segura que ella le había hecho algún hechizo para que no me quisiera. Pero ahora que he crecido, puedo entender sus razones maestro, y creo que la mejor decisión que pudo tomar fue la de enviarme al Santuario, aunque no logro recordar bien mi niñez, tengo la sensación de que estaba condenada a la desdicha, hasta que usted se hizo cargo de mi, sé que como amazona tengo muchas limitaciones a diferencia de una niña normal, pero también sé que fuera de aquí no habría sobrevivido, soy feliz, en la medida que puedo serlo- sonrió June tras la máscara.

- ¿Qué pasara con lo que sientes por Shun?- dijo con preocupación el Santo de Cefeo.

- Lo mejor es olvidarlo maestro, recibí una carta en la que me dice que su hermano ha muerto, pero que se quedará en Japón con Saori Kido, buscando la armadura que robaron en el Torneo Galáctico- la amazona hablaba con pesar, por un lado se alegraba de que Shun estuviera bien, pero lamentaba que su hermano hubiera muerto. El Caballero de Andrómeda detallaba en su carta todo lo sucedido en la pelea en el monte Fuji, y de cómo el Caballero del Fénix había recapacitado en el último momento para salvar a sus compañeros, sin embargo, cuando Shun le dijo que se quedaría en Japón, la esperanza que June tenía de que él regresara a Isla Andrómeda se extinguió totalmente.

-Ya veo, buscará la armadura dorada- dijo Albiore reflexivo, tenía el presentimiento de que su alumno se estaba involucrando en algo mucho más grande, no era producto de la casualidad que la armadura del supuesto traidor Aioros hubiera aparecido en Japón y sobre todo en poder de una institución tan importante como lo era la Fundación Graude, pero no podía decirle eso a June, seguramente si se enteraba de lo que él pensaba, saldría otra vez corriendo como loca a tomar el primer barco que la llevara hasta Yokohama, y no habría forma de hacerla recapacitar, por ello continuó con la conversación- ¿Te molesta que Shun no regrese o que esté viviendo con esa chica llamada Saori Kido?

June se ruborizó ante la pregunta de su maestro, pero no respondió, el Santo de Cefeo había leído sus pensamientos, lo cierto era que Saori Kido era una chica muy bella y elegante, así lo parecía en las fotografías de los periódicos retrasados que guardaba Albiore, ella sí podía mostrar su rostro, ella sí podía amar con libertad, ella era perfecta para Shun, June pensaba que debía resignarse a que el joven Caballero no regresaría y se olvidaría de ella, y que con toda certeza haría una vida feliz y tranquila en su país, olvidarlo era lo más sabio pero ¿Cómo podía hacer eso?

- Estás muy callada- Albiore se sintió algo incómodo con el silencio que se había formado, June no respondería a la pregunta que él hizo sobre Shun, y había algo que al santo de Cefeo le inquietaba- he notado este último tiempo que has estado más distante de lo habitual con tus compañeros, debo suponer que es por la carta de Shun o ¿acaso hay alguna otra preocupación?

- Desde que sucedió lo del Torneo Galáctico, he estado pensando muchas cosas maestro, sobre mi- dijo la chica con timidez- anoche, soñé con mi padre, estoy segura que era él, iba corriendo en un lugar que parecía ser un cultivo, vi unas plantas con flores de color lila, creo que se llamaban Sésamo, es extraño, no sé por que son de esa especie, jamás he visto una en mi vida, y sin embargo lo sé. Mientras corría, pasaba en medio de ellas y entonces en medio del cultivo divise a un hombre tendido en el suelo, estaba contemplando el cielo entre medio de las plantas, me acerqué a él despacio y cuando estuve a su lado vi que llevaba puesta una camisa blanca y un pañuelo rojo sobre el pecho, cuando intenté ver su rostro un fuerte viento salió de la nada y aquel hombre desapareció como si se disolviera en agua.

- Otras veces has soñado cosas similares June, no sé por qué ahora te preocupa- dijo Albiore con voz hosca como si la chica hubiera dicho algo que le disgustara.

- Usted estaba el día en que él murió al igual que yo, maestro, ¿Sabe por qué no puedo recordar lo que pasó?- preguntó con seriedad la amazona.

- ¿Por qué quieres saberlo June?- El Santo de Cefeo tenía una expresión de molestia.

- Necesito saber lo que pasó con él, hay cosas que me extraña que estén claras dentro de mi cabeza, pero hay otras que pareciera como si nunca hubiesen existido y todas están relacionadas con mi familia ¿Sabe usted por que recuerdo que la malaria fue la que se llevo a mi madre y a mi hermana, y sin embargo no recuerdo sus rostros, o incluso cómo se llamaban?, lo mismo sucede con mi padre, no sé su nombre, tampoco cómo era su rostro, o su voz, sin embargo sé que le gustaba contarme historias antes de dormir, que era malo cocinando y que me tironeaba el cabello cuando me peinaba, y sobre su muerte, por más que trato de hacer memoria sobre lo que pasó ese día, mi mente parece estar en blanco, ni siquiera recuerdo cómo lo conocí a usted- a medida que June hablaba se oía más afligida – sólo me ha contado que mi padre era un buen hombre, pero siendo sincera, ya no me basta con eso, quiero saber más.

- Cuando tengas edad, te diré lo que pasó- Albiore se puso de pie y abrió la puerta de la cabaña en señal de que la conversación ya había terminado.

- Pero tengo catorce años, es edad suficiente para saber cómo murió mi padre- June se cruzó de brazos negándose a salir de la cabaña.

- Eso lo determinaré yo- El santo de Cefeo salió dando un portazo dejando a la chica completamente sola.

- ¿Por qué siempre hace lo mismo maestro?- pensó June, para entonces ya era hora del almuerzo, así que con algo de tristeza, salió de la cabaña de Albiore para ir con las otras amazonas. Cerca de la cabaña de las chicas, Karya y Donnelly, la estaban esperando.

- ¿Qué hiciste para enojar al maestro?, el portazo llegó hasta aquí- comentó Karya, pero June no respondió, estaba demasiado enfadada con Albiore, como para tener que escuchar al resto de sus compañeros.

- Oye cariño, aunque no veo tu rostro, sé que estás triste ¿Hay algo que este humilde violinista pueda hacer por ti?- preguntó Donnelly.

- Desaparece- fue la respuesta que dio la rubia.

- Aunque seas fría conmigo, te seguiré queriendo igual- insistió el Caballero de Boyero.

- Si tanto me quieres ayudar, ¿Podrías encontrar la forma de retroceder el tiempo nueve años?- dijo con molestia June.

- ¿Retroceder?, ¿Por qué? June, sabes que ni siquiera el Caballero de Horologium tiene esa habilidad sobre el tiempo, sólo el dios Cronos podría hacerlo y nadie sabe con exactitud donde está su templo, o si de verdad existe- Karya estaba preocupada por su amiga, era primera vez que escuchaba ese tipo de ideas salir de ella.

- Lo que pides es un poco difícil, pero si eso te hace sonreír, encontraré la forma de ayudarte, siempre y cuando me des una oportunidad- dijo Donnelly, como siempre, sin pensar mucho lo que hablaba, ya que estaba decidido a conquistar a June por las buenas.

- Deja de hablar estupideces, no habrá una oportunidad para ti, ni para ningún otro hombre, ¿Qué parte de que soy una amazona no entiendes?- gruñó June, cansada de los eternos comentarios de Donnelly.

- Sé que eres amazona, pero eso no quita el hecho de que tengas sentimientos, y yo quiero saber que sientes, quiero entender lo que pasa por tu cabeza y por tu corazón- contestó el pelirrojo ante una desconcertada June- además, cuando me quedé dormido en mi guardia anoche, soñé que estaba en una verde colina cuidando muchas ovejas, y en medio de ellas apareciste sin tu máscara, pude ver claramente tu pálido rostro y vi que tenías unos ojos muy bonitos y de color azul, lo que no sé, es si tienes pecas como yo o no, si me dejas ver de verdad tu rostro podré salir de dudas sobre las pecas y si eres como en mi sueño, yo creo que eso significa que somos el uno para el otro.

- ¡Ya basta Donnelly!, te agradecería que desde ahora en adelante te alejaras de mi, y no quiero que vuelvas a tocar tu violín cerca de mi ventana, no me dejas dormir, estoy cansada de ti, déjame en paz- June continuó con su camino hacia la cabaña de las amazonas.

-¡Eso nunca!- gritó el insistente pelirrojo, Karya se acercó a él cogiéndolo por el hombro.

-Te recomendaría que le hicieras caso, no te odia, pero se ve que tiene la cabeza en otro lado en este momento, y tú la estás molestando- en ese momento apareció Mateo quien estaba buscando al Caballero de Boyero.

- ¡Donnelly, vamos a almorzar!- gritó.

- ¡Ya voy!- contestó el pelirrojo- ¿De verdad no me odia? Y tú ¿sabes lo que ella siente por mí?

Pero Karya ya se había marchado, así que el joven Donnelly se quedó con ganas de saber más sobre June.


Para sorpresa de Karya y June, Amira, en vez de encerrarse en su habitación como era su costumbre a la hora de almuerzo, se sentó con ellas a comer. Era la primera vez que la veían sin su máscara puesta, su delicada piel canela y sus ojos color ámbar, le daban un aspecto muy distinto al que ellas imaginaban.

- ¿Qué les pasa? ¿Nunca han visto comer a otra persona?- preguntó incómoda la amazona de Columba al percatarse de que era observada.

- No, no es eso, es raro que estés comiendo con nosotras- respondió Karya, aun molesta por lo sucedido el día anterior.

- Si te desagrada mi presencia, entonces me retiro- pero antes de que Amira se pusiera de pie, Karya la detuvo.

-¡Espera! Tú y yo tenemos una conversación pendiente-

- Si es sobre lo de ayer…- Amira iba a decir que ya no era su problema, pero recordó las palabras de Albiore y no tuvo más remedio que acceder- Esta bien, dime.

- Entiendo que seas nuestra superior, pero quiero que sepas que te excediste, yo jamás te molesté con mis cosas, tampoco creo que haya faltado a las reglas, no sé bajo que circunstancias te convertiste en amazona, pero en mi caso no tenía elección, llegaron por mi a los ocho años, mi familia era demasiado pobre y con tal de tener menos bocas que alimentar, me entregaron al Santuario sin remordimientos, no digo que no quiero convertirme en un Santo de Atenea, pero lo que me parece injusto es que debamos reprimir nuestro espíritu femenino, en la mitología, las amazonas de Ares eran poderosas guerreras, y eran temidas y respetadas sin tener la necesidad de esconder su rostro, si Atenea es la diosa de la sabiduría ¿Por qué nos obliga a esto? ¿Acaso no confía en nuestras capacidades? He tenido que crecer en este ambiente en el cual debemos escondernos y disimular nuestra feminidad, sólo podemos ser igual a un hombre si negamos que somos mujeres, ¡eso es absurdo!, pero lo que mas me molesta es que no puedo odiarte, a pesar de que destruiste lo poco que me hacía sentir como una chica normal, somos compañeras de una misma Orden, eso nos hace hermanas, aunque no me guste esa idea- concluyó Karya con sus verdes ojos humedecidos.

June no podía creer lo que estaba escuchando, había conocido a Karya en el Santuario hacía siete años, y a pesar de que la chica era parlanchina por naturaleza, jamás le había contado la razón que la había llevado a entrar en la Orden, se sintió triste por que desde ese entonces, Karya siempre intentó acercarse a ella para que fueran amigas, pero June le daba un trato cortés como a cualquiera de las otras chicas, incluso en Isla Andrómeda.

- ¿Crees que eres la única aquí que ha tenido una vida difícil?- respondió Amira desafiante- mi familia, desde tiempos inmemoriales ha entregado siempre a su primogénito al servicio de Atenea, pero en esta era, mi querido hermano Akram nació con Anemia Falciforme, una complicada enfermedad en la sangre que no tiene cura, y que le impedía convertirse en Caballero, mi padre para no avergonzar a nuestros antepasados había decidido a pesar de todo entregarlo al Santuario, en ese momento, ignorando completamente en qué me estaba metiendo, escapé de mi casa y tomé el lugar de mi hermano, yo tampoco quería una vida como esta para mi, pero mi hermano era tan bueno y dulce, el entrenamiento era la muerte segura para él, y no lo merecía, me prometí a mi misma que sería la mejor de las amazonas para no deshonrar a mi familia, y para que Akram se sintiera orgulloso de mi, y pudiera vivir tranquilo todo lo que se pudiera, pero en el mismo instante en que entré al Santuario, mi padre me ha negado como su hija, al igual que mi madre, mi hermano es todo lo que tengo, debo ser una buena amazona para que él no se preocupe por mi, pero no basta con ser fuerte o tener una voluntad de acero, también, hay que ser fiel a las reglas, si las han hecho por algo ha de ser, si he sido estricta con ustedes, es por que sus fracasos se convierten en los míos, y así nunca me sentiré digna de mirar a mi hermano a la cara, aún detrás de esta máscara.

Karya escuchó pacientemente a Amira sintiendo una profunda compasión por ella, en sus corazones había mucha frustración por el tipo de vida que llevaban, pero a diferencia de la amazona de Columba, quien se desahogaba en su obsesión por ser la mejor a través de la sumisión, Karya lo hacía a través de la rebeldía, aunque el método era diferente, el sentimiento era el mismo, ambas después de casi querer matarse mutuamente, al fin habían comprendido que no eran tan diferentes la una de la otra y en señal de amistad se abrazaron.

En ese momento, mientras observaba la escena, June pensó entre lágrimas que sus compañeras eran dignas de admiración, a pesar de que no eran felices siendo amazonas, cada una, a su manera, tenía una razón por la cual seguir adelante, sea por un hermano o incluso por reivindicar la feminidad como una forma de fortaleza y no como una señal de debilidad, pero ¿Dónde estaba ella? ¿Cuál era su propia motivación en la vida? ¿Acaso era proteger a Atenea, aunque nunca la haya visto en persona? ¿Acaso era estar con su maestro y cuidar de él? ¿O tal vez era estar con Shun? ¿Y qué sucedía con su pasado? No lo podía recordar con claridad, desde los siete años hacia atrás, le era difícil poder encontrar una pista sobre la vida que llevaba en Etiopía, incluso el momento en que había conocido a Albiore parecía haber sido borrado de su cabeza, estaba más que claro para ella, que la memoria es frágil, y que la mayoría de las personas suelen recordar muy poco de su primera infancia, pero pequeños detalles, como un cultivo de Sésamo, o una enfermedad llamada Malaria, e incluso un sueño que se repetía de forma similar muchas veces, le decían en el fondo de su corazón, que había algo fuera de lo normal y que debía descubrirlo, tal vez si encontraba una respuesta, sabría con exactitud por qué estaba ahí, y a partir de eso determinar lo que deseaba para sí misma en el futuro.

- June ¿estás bien?- preguntó Karya al ver a la chica con la mirada perdida y con lágrimas en sus ojos.

- No lo sé- respondió saliendo de sus cavilaciones.

- Sé que no he sido muy amable contigo, pero ya que estamos intentando llevarnos mejor, podrías contarnos lo que te pasa- dijo Amira.

- Tienes razón, ya que han hablado de su pasado, lo correcto es que yo hable del mío- la primera vez que June habló con alguien que no fuera Albiore sobre sí misma, fue con Shun, ahora lo haría con sus compañeras amazonas, aún así se sentía extraña.

- Ya era hora, en los siete años que te conozco nunca me habías dicho nada sobre ti- Karya se sentó con interés cerca de June. Durante todos esos años, la impresión que Karya tenía de su amiga era la de una chica muy distante, a pesar de que siempre la rubia la escuchaba, envidió muchas veces a Shun, por que él de alguna manera había conseguido romper la barrera emocional de la máscara, sin siquiera ver el rostro de June, él sí había logrado convertirse en su amigo.

- Mi madre y mi hermana recién nacida murieron de malaria cuando yo era muy pequeña, mi padre cuidó de mi hasta los cinco, pero también murió, entonces el maestro Albiore me trajo a esta isla y permanecí aquí hasta los siete años, hasta esa edad es todo lo que sé, después de eso el maestro y una sacerdotisa decidieron enviarme al Santuario y así entré a la Orden- confesó June con algo de culpa, ya que en comparación con la historia de Amira y Karya, la suya parecía un cuento de hadas.

- ¿Eso es todo?- preguntó Karya- debe haber algo más.

- Es que no lo recuerdo, no sé de qué murió mi padre, cómo era su rostro, o cómo llegué a esta isla, y cada vez que le pregunto al maestro, me dice que cuando tenga edad suficiente me lo dirá y si insisto se enoja conmigo- explicó la rubia entristecida.

- Debe ser algo doloroso para que no lo recuerdes- pensó en voz alta Karya.

- Todo a su tiempo, si quieres correr primero debes caminar, mi hermano Akram siempre lo decía- agregó Amira- en todo caso, no sabía que el maestro era tu verdadero tutor, siempre pensé que eran algo más que maestro y discípula, pero en otro sentido, te debo una disculpa

- ¿Por qué pensabas eso?- preguntó con sorpresa June.

- Siempre entras a su cabaña sin pedir permiso, y aunque el maestro lo disimule se preocupa en exceso por ti- comentó Columba con algo de envidia, lo cual no pasó desapercibido para Karya, quién inmediatamente dedujo que a Amira le gustaba Albiore, y que la razón de tanta hostilidad hacia June era por celos y no por desobedecer las reglas. La chica decidió permanecer en silencio, no le diría a June lo que había descubierto, ya que esta podía ser bastante recelosa si de Albiore se trataba.

Como aspirante a la armadura de Vulpécula, es decir, La Zorra, Karya había desarrollado la sagacidad propia de ese animal, cuando algo la inquietaba, no se detenía hasta descubrirlo, de esta manera se enteró de algunos detalles dentro de la isla, como que Reda dormía muy poco y entrenaba hasta altas horas de la noche cerca del volcán, que Donnelly y Mateo escondían comida en su cabaña, a Ryszard le gustaba salir a nadar a escondidas todos los Jueves por la noche, Spica hablaba dormido, Amira escondía un espejo con marco de plata en su habitación, June se quitaba la máscara delante de Albiore y que éste último tenía escondida una caja con botellas de vino en su cabaña, dentro de un baúl que aparentaba tener libros.

-¿Por qué no terminamos de comer? se nos ha pasado la hora y el entrenamiento de la tarde dará inicio pronto- dijo Amira, para salir del silencio incómodo que se había formado después de las confesiones, las otras dos chicas, por primera vez, en los tres años desde que ella había llegado, le obedecieron, al parecer poco a poco se estaban entendiendo.


- Limpio, limpio, todo quedará muy limpioooo- cantaba Donnelly mientras entraba en una casa hecha de adobe y madera, con pequeñas ventanas, que se usaba de bodega para guardar armas, el chico llevaba en sus manos una gruesa escoba y una cubeta con agua de mar.

- ¡Cállate! No veo lo gracioso de esto ¿Por qué debemos limpiar nosotros la bodega de armas?- se quejaba Spica cargando unos veinticinco kilos de cadenas en cada brazo.

- El mes pasado fue el turno de las amazonas, y ayer Ryszard y Reda se pelearon- explicó con calma Mateo, mientras, sentado en unas rocas, a la entrada de la bodega, afilaba unas lanzas y unas jabalinas.

- Eso lo sé, lo que no entiendo es por qué debemos hacerlo a la hora en que hay más calor- insistió Spica.

- No te quejes tanto y trabaja, esto sirve de entrenamiento- comentó Reda, quien llevaba un enorme baúl sobre sus hombros, el cual contenía una infinidad de armas con filo, como dagas, cimitarras y hasta espadas de tamaño mediano.

- Todo en tu vida se reduce a entrenamiento, cara de Bagre-

Antes de que Reda pudiera contestar a Donnelly su ofensa, Ryszard apareció con algo que había encontrado dentro de la bodega, y que había llamado su atención. En otra situación, el Santo de Delphinus se hubiera quedado callado ante su descubrimiento, pero como Albiore le había ordenado ser más sociable con sus compañeros, y él no sabía sobre qué entablar conversación, pensó que podía compartir su hallazgo.

- Miren esto, estaba escondido debajo de esas cajas que nos daba flojera limpiar por que eran muchas- dijo mostrando una extraña arma.

- ¡Un Mangual!- Reda impresionado dejó a un lado el baúl que llevaba y se acercó a Ryszard.

- ¿Qué es eso?- preguntaron Donnelly, Mateo y Spica al mismo tiempo.

- Un Mangual era un arma que se usaba en la Edad Media, como ven, tiene un mango, una cadena y en la punta cuelga una bola de hierro con puntas- explicó el Santo de Delphinus extendiendo el arma y balanceándola suavemente ante las miradas curiosas de sus compañeros.

- Así es, también se le llamaba Látigo de armas y se desarrolló a partir de un utensilio campesino llamado mayal, que los agricultores usaban para la trilla de cereal- dijo Reda sin quitar la vista del mangual.

- Vaya, ustedes sí que saben de esas cosas- Mateo estaba impresionado, aunque en su vida diaria, cualquier cosa lo dejaba con la boca abierta. Mientras tanto, Ryszard le había cedido el arma a Reda, ya que se había percatado del interés del chico por ella, impaciente, el Santo de Piscis Austrinus, se puso a balancear la bola de hierro sobre las cabezas de Spica y Donnelly.

- Cuidado con eso, o vas a sacarme un ojo- dijo preocupado Spica.

- No te preocupes amigo, te aseguro que no es tu ojo mi objetivo- Reda acercaba el arma con más fuerza en dirección hacia Donnelly.

- ¡Mira como tiemblo Bagre mutante!, con un arma es fácil vencer a un pobre hombre desprevenido, pero cuerpo a cuerpo dudo mucho que tengas agallas, y mucho menos la habilidad para vencerme- sonrió confiado el pelirrojo, sin mover siquiera un músculo, mientras la bola con púas llegaba a escasos centímetros cerca de su nariz.

- Tengo muchas más agallas que tú, duende idiota, puedo derrotarte en un combate cuerpo a cuerpo y dejarte en ridículo en cualquier parte- Reda, siempre dispuesto a pelear contra su persistente rival, dejó el mangual en manos de Ryszard.

- Pero si los descubren el maestro los castigará, y no sólo se quedarán sin comer, sino que tendrán que hacer las diez vueltas alrededor de la isla, y luego diez mil abdominales a pleno calor- intervino Mateo, pensando en que si eso sucedía, Donnelly volvería a quitarle su comida.

- Eso es verdad, deberían por una vez en la vida hacerme caso- aconsejó Ryszard, a sabiendas de que lo iban a ignorar.

- Esta vez Mateo y Ryszard tienen razón, el maestro anda muy irascible, tal vez se le ocurra atarlos con sus "Cadenas de la disciplina" igual que ayer, hasta que sus cosmos se tranquilicen- Spica recordaba el día anterior, cuando estando todos atados, le dieron ganas de ir al baño y tuvo que aguantar tres horas, hasta que las cadenas al fin los liberaron.

- Que te parece si jugamos vencidas- sugirió Donnelly, en vista de que era peligroso que los descubrieran peleándose.

- Me parece bien- dijo Reda.

- Entonces eso haremos, yo seré el juez- Ryszard no confiaba en el criterio de Mateo y Spica, así que antes de que alguno de los dos se ofreciera, prefirió hacerlo él, para que el duelo fuera justo, nadie puso objeción a ello, así que en cuestión de minutos, Spica acomodó dos rocas pequeñas para que Reda y Donnelly pudieran sentarse, mientras que Mateo y Ryszard movieron una roca más grande para que sirviera de mesa.

Los contendientes tomaron asiento, afirmaron sus codos en la mesa-roca, luego pusieron sus manos izquierdas detrás de la espalda, y sus puños derechos se estrechaban para iniciar el juego, Ryszard puso su mano derecha sobre los apretadas manos de Reda y Donnelly, estos últimos se miraban con odio.

- Ya saben que en este juego gana quien logre derribar el brazo de su oponente haciendo que toque la mesa, en cuanto quite mi mano, comenzarán a hacer fuerza, desde el codo hasta la muñeca debe estar rígido, si veo algo raro los descalificaré e invalidaré el juego- Ryszard hablaba casi como un verdadero juez- ¿Preparados? ¡Ahora!.

En cuanto el Santo de Delphinus sacó su mano, Reda y Donnelly comenzaron a forcejear, mientras Mateo y Spica animaban a sus respectivos amigos.

- ¡Así se hace amigo, dale una lección al duendecillo inútil!- gritaba Spica viendo cómo Reda inclinaba el brazo de Donnelly, pero antes de que este tocara la mesa, se recuperó y empezó a tomar ventaja sobre el Caballero de Piscis Austrinus.

- Si ganas Donnelly te daré las galletas que escondí debajo de mi almohada para que no las encontraras- animaba Mateo al pelirrojo, mientras la balanza nuevamente estaba equilibrada. Ryszard no perdía de vista el duelo, ambos rivales eran formidables, la prueba de ello era que la roca que servía de mesa estaba hundiéndose y trizándose a la vez, sólo con la presión de los puños de ambos Caballeros.

- Ríndete duende idiota, yo te venceré- decía dificultosamente Reda tratando de tomar ventaja sobre el pelirrojo.

- Quiero esas galletas, me vencerás, pero en tus sueños, pececito rosa- Donnelly se esforzaba para no dejarse avasallar por Reda.

- ¿Qué están haciendo?, ¡les dije que limpiaran la bodega!- se escuchó la voz de Albiore. Mateo, Spica, Ryszard y Reda al oírlo, miraron asustados al Santo de Cefeo, no así Donnelly quién aprovechándose de la distracción, en vez de vencer a su oponente, impulsó su puño junto con el de Reda, que aún tenía aferrado, y le propinó un puñetazo al desprevenido Piscis Austrinus en plena quijada.

- AAAAYYYY, ¡Imbécil! Me las pagarás- Reda iba a devolverle el golpe al pelirrojo, pero Albiore los detuvo.

- Ustedes dos, le darán diez vueltas a toda la isla en una hora, desde este momento- ambos chicos al ver el rostro enfadado de su maestro, obedecieron en seguida su orden, mientras que el resto continuó limpiando la bodega. Ryszard, para tratar de que Albiore apaciguara su ira y no se ensañara con ellos, intentó buscar conversación con él.

- Maestro, encontré esto en la bodega, estaba debajo de unas cajas que nadie se había molestado en limpiar- el Santo de Delphinus le entregó el mangual a su maestro.

- ¿Estaba en la bodega de armas?- dijo con sorpresa el Santo de Cefeo, mirando el arma.

- Sí maestro, ¿Por qué no nos enseñó a usarlo?, siempre ha dicho que debemos saber atacar o defendernos con toda clase de armas- Ryszard estaba un poco molesto por que esa arma le causaba una gran curiosidad.

- Es que este mangual no forma parte del inventario de la bodega, es un regalo de un viejo amigo mío- explicó con nostalgia Albiore- entrené con él antes de convertirme en el Caballero de Cefeo, si te fijas bien, esta bola con púas se parece a la que cuelga de la cadena de mi armadura.

- ¡Tiene razón!, no me había percatado de ese detalle- en ese momento Albiore no llevaba su armadura puesta, por eso Ryszard se había olvidado por completo de la cadena del brazo derecho de la armadura de Cefeo.

Albiore balanceaba el mangual cada vez aumentando más la velocidad, el arma en poco tiempo estaba girando, mientras que el Santo de Cefeo lo manejaba con una habilidad enorme, ante la admiración de Ryszard, Mateo y Spica, estos últimos salieron de la bodega, al ver que su maestro hacía una de sus famosas demostraciones de cómo se usaban cierto tipo de armas.

- Miren cómo maneja eso- Mateo trataba de seguir los movimientos de su maestro, pero este era muy rápido.

- Reda se lamentará por no haberlo visto- Spica trataba de aprender los movimientos para después explicarle a su amigo.

- El maestro es increíble, aunque el mangual es un arma letal, tiene la desventaja de que es insegura para quien lo use, un mal movimiento y su dueño podía morir por su propia arma, por ello la longitud de la cadena es de un tercio de la distancia del mango, sin embargo, él lo maneja como su jugara a brincar la cuerda- explicaba Ryszard a sus otros dos compañeros, finalmente, el Santo de Cefeo acercó el mangual a una enorme roca, tres veces más grande que él, y en tan sólo unos segundos, tras golpear la bola contra el macizo peñasco, este cayó completamente pulverizado.

- ¿Cómo hizo eso?- a Spica se le salían los ojos del asombro.

- Este mangual es normal, como cualquier otro, lo único que hice fue concentrar mi cosmos en él para producir un golpe mucho más poderoso- explicó Albiore- terminen la limpieza y en una hora más los quiero a todos en el campo de entrenamiento.

Albiore era todo un especialista en cuanto a armas medievales y de la antigüedad, así como también en estrategias de combate. Cuando era un adolescente y entrenaba para convertirse en el Santo de Cefeo, uno de sus pasatiempos era estudiar guerras de civilizaciones antiguas, sus horas libres se hacían pocas, mientras él devoraba libros de batallas no sólo relacionadas a Grecia o al Santuario, sino que también a otras civilizaciones, siempre demostraba tener un especial interés en la organización de cada ejército, los recursos de que disponían, el tipo de estrategia que utilizaban en batalla, llegando a los extremos de analizar la razón de por qué unos ganaban y otros eran vencidos, sin lugar a dudas, era la persona indicada para hacerse cargo de Isla Andrómeda y de los Caballeros que moraban en ella, desde tiempo remotos.

Ryszard lo admiraba con devoción, y algún día soñaba con ser como él. Para el joven Santo de Delphinus, Albiore era no sólo como un padre, sino casi como una héroe de la mitología, estaba completamente convencido de que su maestro siempre haría lo correcto, pasara lo que pasara, y el resto de los alumnos de Isla Andrómeda, tanto hombres como amazonas, pensaban de manera similar, ninguno se atrevía siquiera a imaginar que Albiore era mucho más humano de lo que pensaban, y que podía cometer equivocaciones, mucho menos podían especular que él guardaba en lo profundo de su corazón un terrible sentimiento de culpa por algo que había ocurrido hace nueve años.

Continuara…

Espero les haya gustado este capitulo.

Como siempre agradecimientos especiales para las incondicionales Saint Lu y Darkacuario, también para gabycisne (espero no haber metido la pata sobre algún detalle respecto a Argentina), para Carito 357 y para la linda June Star, muchas gracias por sus reviews.

También agradecimientos para los lectores silenciosos.

Palabras extrañas que pueden haber salido en este fic, no son muchas a mi parecer, salvo esta:

Infusión de yerba mate: Esta yerba o Ilex Paraguariensis, es originaria de las cuencas del Río Paraná y Paraguay, y se consume mucho como infusión en Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y en las zonas rurales de Chile ( a mi me gusta ^^), por cierto no tiene los efectos que produce la Cannavis Sativa (Marihuana) así que por favor no piensen mal de Albiore.