Capítulo dos
Esto no podía seguir así.
Tres, ¿Cuatro tal vez? días evadiéndolo desde que llegó
Cada vez que Sakuraba intentaba acercarse a Teru, éste lo evadía. El pequeño apenas bajaba para comer o traer algo de la cocina, pero siempre evitaba hacer contacto visual con el mayor. A él no le gustaban los niños y la situación lo favorecía, pero sabía que tenía que hacer su trabajo bien, sino no lo valía para él.
Lo pensó bastante, ideó un plan en su cabeza, debería funcionar.
Ahí estaba él, parado frente a la puerta del infiern-, es decir, el hogar del niño que cuidaba. Revisó por última vez la pequeña bolsa blanca de supermercado que traía en sus manos, no debía faltar nada. Era bastante temprano, apenas las 7:00 am, pero quería terminar todo lo más rápido que se pudiera.
Una vez adentro revisó el lugar, quería asegurarse de que Teru seguía arriba, encerrado. Al parecer sí lo estaba...Subió por las escaleras y tocó la puerta del cuarto del niño una vez. No respondió. Llegó a tocar hasta una tercera vez, nada.
Generaciones cada vez peores...
Sacó de su bolsillo una copia de la llave de ese cuarto, la señora Tendo se la había dado sin problemas al oír la situación en la que estaba Sakuraba. La puerta se abrió y detrás de ella había un pequeño niño pelirrojo sorprendido con unos carritos de juguete en sus manos, el cuarto estaba solamente iluminado por el sol mañanero que entraba por las ventanas.
— ¿Qué haces aquí? — Preguntó Teru, dirigió su mirada a cualquier otro punto en que no estuviese el mayor.
— La verdad, es que yo tampoco quisiera estar aquí —Declaró— Pero ese no es el punto, te traje esto —Se agachó y puso la bolsa que traía desde hace rato frente al otro— Puedes tomar cualquier cosa.
La expresión de Teru al oír eso demostraba desconfianza, Sakuraba no le caía bien y no iba a aceptar nada de él.
Pasaron unos minutos hasta que el menor se decidiese a tomar algo, tomó un un pequeño bote de helado que había en la bolsa. Aún con desconfianza, empezó a comer de a pequeñas cucharadas, no fue hasta un rato después que el sabor de la vainilla lo envolvió y empezó a comer con más confianza. ¿Qué más podía hacer? Su sabor favorito era la vainilla.
Lo había logrado.
Dejó que su compañero siguiese comiendo durante un rato, debía pensar bien lo que iba a decir.
— Dime —Habló— ¿ qué no te caigo bien? — PregunPortó con la voz más suave que pudo. Teru se tomó su tiempo en responder.
— Mamá, ella se fue desde que dijo que ibas a venir. —Habló— Ella se la pasa en su trabajo casi todo el día y no tiene tiempo para mi. Justo cuando ella pasaba más tiempo conmigo tenias que venir. — Dijo sin despegar su vista del suelo.
Sakuraba lo pensó por un momento, en parte tenía razón. Al parecer él no tenía un padre que lo cuidase, su madre se la pasaba trabajando casi todo el día y llegaba tarde a su hogar, todo solo siendo él apenas un niño. Él vivió en un ambiente diferente, su padre era quien trabajaba y su madre lo criaba en casa junto a su hermana, así que nunca sintió lo mismo que el pelirrojo.
— Ayer hablé con tu madre —El pequeño fijó su atención hacia el mayor— Le hablé sobre lo que estaba pasando, en un determinado momento ella mencionó que te quiere bastante. Que da lo mejor de sí por ti —Siguió — Tú la quieres también ¿No? — Mintió, nunca habló con ella sobre algo fuera del trabajo, pero era una mentira blanca. Una mentira 'buena'.
— Sí, pero... —Su vista estaba de nuevo en el suelo, no quería que el otro lo viera. Hubo un pequeño silencio.— ¡Yo quiero que ella esté aquí! ¡Quiero que ella esté conmigo, que juguemos juntos, no que alguien más lo haga!— Rompió en llanto, ya no podía soportarlo más.
Sakuraba se quedó congelado por un momento, lo había hecho llorar. Buscando una solución, recordó lo que hacía su hermana cuando lo veía llorar, lo abrazaba y trataba de consolar. Aunque la idea no le gustase del todo, debía tratar, de todos modos él había causado esto...
Lentamente, y sin levantarse del suelo, el pelinegro se acercó a Teru y lo abrazó, apoyando su pequeña cabeza sobre su pecho mientras la acariciaba gentilmente; el otro no hizo intento alguno de soltarse, solo siguió llorando cada vez más fuerza mientras se sujetaba fuertemente de la camisa de su compañero pensando en su madre, ya no podía seguir guardándose todo lo que sentía.
