Tardé un poco harto en actualizar, pero al fin, esta es la continuación del capítulo anterior, gracias gaby cisne, el review que me dejaste fue como una bofetada para que reaccionara ^^.

Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Paralelamente.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo III

Tristes Historias. Parte II.

El entrenamiento después del almuerzo, fue totalmente distinto a todo lo que los aprendices habían experimentado hasta entonces, y no era para menos, por que Albiore obligó a todos bajo pena de terminar en las mazmorras de Isla Andrómeda, a participar de una reunión de grupo para que se conocieran mejor, al parecer, si no había alguna sanción de por medio ninguno hacía el menor caso, esto era fácil de entender, ya que el mismo Santo de Cefeo recordaba su época de aprendiz, cuando finalmente había obtenido su armadura, en aquel entonces, se sentía capaz de enfrentarse a cualquiera, sin temor alguno, pero la vida con el tiempo le enseñó de que había mucho más que andar buscando problemas y sentirse superior incluso en algún momento a su propio maestro, sus alumnos estaban pasando por esa etapa, y alguien debía guiarlos.

Entre risas y discusiones transcurrió la tarde, cada joven y amazona compartió algo de su vida personal, Amira venía de Alejandría en Egipto, y era hija de comerciantes de telas, Donnelly era Irlandés y venía de Dublín donde vivía con su abuela y su hermana menor, Karya venía de la Isla de Delfos, en Grecia, Spica, por su lado venía de la Isla de Creta, también era griego, mientras que Reda venía de Esparta, Mateo, quién tenía la mala costumbre de no quedarse callado, venía de Sao Paulo, y de paso aprovecho la ocasión para hablar de sus pasatiempos, sus comidas favoritas, y finalmente Albiore tuvo que pedirle por favor que dejara hablar a los demás por que estaba mareando, en cambio Ryszard, siempre hermético, sólo dijo que vivía en un orfanato de Praga, pese a que le insistieron en que hablara algo más, June se mantuvo alejada de la conversación, en parte por que no tenía mucho que decir, pero también por que aún continuaba enfadada con su maestro, sin embargo este la obligó a decir alguna cosa, y así, fue como terminó explicando delante de todos que venía de Aksum en Etiopía, pero que Isla Andrómeda era el único lugar al que ella podía llamar hogar.

Después de la cena, todos se reunieron en el campo de entrenamiento, ya que como siempre Albiore elegiría a uno de sus alumnos para vigilar la isla durante toda la noche, este ejercicio tenía la finalidad de generar resistencia física en cada uno de ellos, y también la capacidad de mantenerse alerta a pesar de las circunstancias, sin embargo, esta vez se llevaron una sorpresa cuando el Santo de Cefeo les comunicó que la vigilancia se haría en parejas y duraría tres horas para cada una de ellas, Mateo y Ryszard iniciaron la ronda, a todos esta combinación les pareció la más apropiada por que el moreno hablaba a más no poder, y su compañero siempre silencioso sería un muy buen oyente.

Antes de iniciar el turno de Donnelly junto a su querido "amigo" Reda, June se acercó al irlandés para conversar, no había sido muy amable con él durante ese día.

- Donnelly, quería decirte que lamento lo que te dije antes del almuerzo, tú no tienes la culpa de mis problemas, me gusta tu música y puedes tocarla cuando quieras, pero te pido que no me vuelvas a decir esas cosas que siempre me dices- explicó la amazona.

- ¿Cómo cual? ¿Que me gustas mucho, que eres muy linda, que me inspiras como una musa?- preguntó sonriente el pelirrojo.

- ¿Por qué eres así? ¡No se puede hablar en serio contigo!- regañó June dando media vuelta.

- ¡Espera! Si eso te hace feliz, dejaré de decirlo- el chico cogió a la amazona por el brazo- Te lo prometo, esperaré paciente hasta que me muestres tu rostro por ti misma.

- ¡Donnelly!- La rubia iba a sermonear al Caballero de Boyero, pero este la soltó.

- Me basta con que no me prohíbas acercarme a ti, es tarde y debo cumplir con mi turno- tras despedirse con una sonrisa, el joven irlandés salió corriendo tras Reda, quien ya se había marchado.

- Presiento que me arrepentiré de lo que dije- pensaba June mientras veía alejarse al pelirrojo.

Transcurrieron dos horas desde que el turno del Caballero de Boyero y el de Piscis Austrinus había comenzado, ambos sabían que Albiore intentaba que se llevaran mejor, poniéndolos en un mismo turno, pero sencillamente no se toleraban, así que acordaron que vigilarían la isla por separado, el Santo de Cefeo debía estar durmiendo y no tenía por qué enterarse de que no habían cumplido una parte de su orden.

Donnelly estaba sentado junto a la playa, después de ensayar con su violín, había hecho una fogata y estaba asando un pescado por que tenía muchísima hambre.

- ¡Que aburrido es hacer este turno! Ya soy un Caballero, debería estar en mi cabaña durmiendo, lo bueno es que June me ha permitido acercarme a ella- reflexionaba junto al fuego, mientras comía su pescado – mmm… Si tan sólo pudiera retroceder el tiempo nueve años como ella quiere, estoy seguro que al fin se olvidaría de Shun y se fijaría en mí, la pregunta es ¿Cómo podré hacer eso? Nadie sabe donde está el templo de Cronos- Donnelly fijó su vista en el volcán.

- Hefesto tiene su fragua en un volcán, él es un dios, tal vez sepa cómo encontrar a Cronos, pero, ahora que recuerdo, su templo está en Lemnos- el irlandés quedó pensativo- ¿Y si los volcanes son como los describe ese Verne del que me hablaba mi abuela?, y están todos conectados en un mundo bajo tierra, podría arrojarme al cráter del volcán de la isla y ¡Así buscar a Hefesto¡

- Hazlo, nos harías un gran favor desapareciendo del mapa- se escuchó la voz de Reda.

- Eras tú amargado ¿Qué quieres?- dijo de mala gana Donnelly.

- Vine a ver como estaba tu guardia duende inútil, esperaba encontrarte holgazaneando y no me equivoqué, así que anda, arrójate al volcán de una buena vez- se burló el Caballero de Piscis Austrinus.

- ¿Y dejarte el camino libre con June? Nunca, cara de Bagre- el pelirrojo tomó su violín para marcharse, pero el espartano lo detuvo.

- Repite lo que dijiste duende idiota- habló Reda con tono autoritario.

- Lo que oíste, ¿Acaso creías que no me había dado cuenta?, sé que te gusta, y lo escondes tras tu fachada de "espartano de acero", odias a Shun por que te quitó la armadura de Andrómeda, pero lo que más te molesta es que él siempre tuvo toda la atención y afecto de June aunque ella no lo reconozca, incluso ahora que él ya no está aquí en la isla- el rostro de Donnelly tenía una expresión muy seria y fría.

- ¿Y tú no estás en las mismas?- respondió Reda ofendido con lo que le había dicho el Caballero de Boyero.

- Sí, pero hay una diferencia, a ella le gusta mi música, y yo siempre he sido honesto con mis sentimientos, tampoco la lastimo hablando mal de Shun como lo haces tú- Donnelly le dio la espalda al Caballero de Piscis Austrinus- Algún día le harás daño a June, así que aléjate de ella o te las verás conmigo- concluyó desapareciendo en la oscuridad.

- ¡Maldito duende!- Reda estaba molesto, pero más que con Donnelly, consigo mismo, él no tenía ni el carisma de Shun, ni la personalidad extrovertida del irlandés, en cierto modo les envidiaba, no quería lastimar a June con sus palabras, y en más de una ocasión, se le iba el tiempo pensando en cómo decirle a ella lo que sentía, pero su fuerte sentido del deber le hacía retractarse, terminaba repitiéndose una y otra vez que ese tipo de emociones eran impropias de un descendiente de guerreros espartanos, eran una muestra de debilidad, lo mejor era dejar las cosas como estaban.


El turno de June y Amira había comenzado bastante bien, todo iba en marcha y al parecer se estaban entendiendo mucho mejor, sin embargo, el día para la rubia había iniciado mal, y terminaría de la misma manera.

Mientras recorrían la isla, la amazona de Columba se percató de una medalla que June traía bajo su ropa, entonces, al ver el símbolo que llevaba no pudo evitar hacer un comentario que a su compañera de guardia dejó helada.

- Así que eres judía ¿Por qué no dijiste eso esta tarde?-

- ¿Judía? ¿De dónde sacaste esa idea?- Si Amira hubiera visto el rostro de confusión tras la máscara de June, habría dejado de hablar, pero, ella no era adivina, así que continuó con su idea.

- Es obvio, tienes una estrella de David colgada en tu cuello, vienes de Etiopía, y aunque hay pocos judíos ahí, dijiste que vivías en Aksum donde se encuentra el Arca de la Alianza, un objeto muy importante para los semitas, y siendo honesta no tienes cara de ser una Oromo, una Tigray ni mucho menos una Somalí- explicó la egipcia ya que en la tienda de su padre siempre aparecían muchos mercaderes de otros países, en especial judíos, June escuchaba incrédula lo que la amazona de Columba le estaba diciendo, pero ¿Si era verdad?, sin poder contenerse, abandonó la vigilancia y corrió en dirección a la cabaña de Albiore.

- ¡Maestro!- gritó mientras entraba bruscamente a la vivienda.

- Ahora no June, estoy hablando por radio- respondió el Santo de Cefeo sin siquiera dirigirle la mirada.

- ¡No! ¡Tiene que escucharme! ¿Es verdad que soy judía? ¡Respóndame, dígame la verdad!- insistió con desesperación la amazona, Albiore no necesitaba ver el rostro de su alumna, para darse cuenta que estaba angustiada y sobre todo confundida, cómo se había enterado de aquello era lo de menos, tarde o temprano alguien le daría alguna pista sobre la estrella de David que ella guardaba sin saber por qué, lo que en verdad preocupaba al Santo de Cefeo era la respuesta que le daría en ese momento, no podía revelarle de golpe todo su pasado, pero tampoco podía seguir escondiendo algunos detalles de su vida.

- Así es, tu padre, era uno de los pocos judíos que quedan en Etiopía y tu madre, era una judía que venía de Holanda, sus nombres eran Benjamín y Sara- respondió finalmente ante el rostro sorprendido de June, ya que ella se había quitado la máscara para ver directamente los ojos de su maestro.

- ¿Por qué no me lo había dicho antes?- preguntó la amazona casi sin voz, ya que el nudo en la garganta le hacía imposible poder hablar con claridad.

- Por esto mismo, eres muy impaciente, nunca sé cómo vas a reaccionar ante algo importante y delicado, desde pequeña eras así, y no has cambiado ni un poco, es cosa de recordar que hace un tiempo atrás ibas a marcharte a Japón para ayudar a Shun sin siquiera pensar en las consecuencias- explicó con frialdad Albiore.

- ¡Pero yo tengo derecho a saber que pasó con mi familia!- June golpeó la mesa con rabia, el Santo de Cefeo dejó la radio por un momento y miró a la chica, era igual de obstinada que su padre, decirle la verdad completa era peligroso, debía ganar tiempo, el pasado de la amazona estaba ligado a una parte de la vida de Albiore, no podía tomárselo a la ligera.

- Te propongo un trato, después que consigas la armadura del Camaleón, te diré todo lo que sé, pero si observo que sigues sin grandes avances en tu entrenamiento, tendrás que esperar a cumplir los dieciocho años- dijo con seriedad el Santo de Plata.

- ¡Dieciocho años! ¡Eso es mucho tiempo! Yo necesito saber lo que pasó ahora- contestó molesta la joven.

- Aceptas o no- insistió Albiore, esa era su última palabra.

- Esta bien, acepto- respondió June de mala gana, no le gustaba esa idea, pero al parecer no había mas alternativa, la única persona que sabía lo que sucedió era Albiore, así que tendría que tener paciencia, finalmente regresó a su turno con Amira.

Fuera de la cabaña, June volvió a ponerse su máscara, y caminó en dirección al faro de Isla Andrómeda, deseaba estar sola, y ese lugar era el único en donde nadie la molestaría.

El faro se encontraba en una zona muy accidentada de la costa de la isla, la mayoría optaba por evitar pasar por ahí cuando hacía su ronda de vigilancia, por lo filoso de las rocas que servían de acceso a ese lugar, Albiore era el encargado de mantener la luz del faro viva durante la noche, ya que no era uno común y corriente, de hecho sólo se encendía a través del cosmos del gobernante de la isla, y existía en ese lugar desde tiempos inmemoriales. Antes de ir al Santuario, June viendo a Albiore, aprendió la manera correcta de llegar hasta allá sin sufrir accidente alguno, y con bastante práctica, terminó convirtiéndose en su refugio, que sólo llegó a compartir con Shun.

Sentada junto a la escala del enorme pilar de mármol, la amazona miraba con tristeza la medalla que cuidaba tan celosamente y también unos dibujos que hizo con tinta sobre las rocas aledañas al faro cuando era pequeña, y que el tiempo y el agua salada no habían logrado borrar del todo.

- Soy judía y lo ignoraba por completo, por lo menos, ahora sé algo sobre esta estrella, tal vez sí sea un recuerdo de mi madre, como dijo Shun…

- Nunca había entrado a la bodega de armas- el pequeño niño de ojos esmeralda miraba con curiosidad el oscuro y polvoriento lugar.

- El maestro dijo que ya que se han acostumbrado al clima de la isla, y al entrenamiento básico, comenzaríamos a practicar con armas- June caminó hasta un enorme baúl, el cual abrió tras sacarle un enorme y grueso candado- Ayúdame con esto por favor.

- Sí- Shun se acercó a la niña, y esta comenzó a sacar muchos fragmentos de cadenas, las cuales le iba pasando al pequeño, este trató de tomar varias juntas, pero no se las pudo, así que las dejó en el suelo y las trasladaba de una en una a la entrada de la bodega- ¡Qué cadenas tan pesadas!

- Es verdad, pero son necesarias para el entrenamiento, si las dominamos bien, el maestro nos enseñará a usar armas mas complicadas- mientras decía estas cosas a su amigo, June se percató de una extraña caja en lo alto de un enorme anaquel, como era bastante curiosa, sintió la inmediata urgencia de ver que contenía esa caja, estaba segura de haberla visto antes, dejó de sacar cadenas del baúl y se puso a trepar por el anaquel.

- June ¿Qué haces?- preguntó Shun preocupado.

- Quiero ver esa caja de madera, siempre he querido saber que hay dentro de ella, pero antes de ir al Santuario jamás tuve la oportunidad de estar sola en la bodega, y desde que regresé, el maestro no me había dejado entrar aquí- June seguía subiendo con sumo cuidado ya que la madera del anaquel era muy vieja, y crujía con los movimientos de la niña.

- Pero puede ser peligroso- insistió Shun, viendo como temblaba el estante con el peso de su amiga.

- Ya casi la tengo, no te preocupes- apenas June tocó la caja, las vigas del anaquel cedieron desplomándose por completo.

- ¡June! ¿Estás bien?- Shun corrió a socorrer a la pequeña amazona, quien al caer quedó cubierta de varias hombreras, guanteletes y pecheras de cuero- Oye, háblame- el pequeño peliverde intentaba sacar las cosas que la niña tenía encima.

- ¡No mires!- se le escuchó decir, ya que la máscara se había soltado, Shun se tapó los ojos inmediatamente, mientras June se la volvía a poner.

- ¿No te pasó nada?- preguntó el niño con los ojos cerrados.

- Ya puedes mirar, sólo me raspé la rodilla- respondió la pequeña rubia contenta por que la caja no se había dañado, Shun se acercó a ella.

- ¿Qué tiene esa caja?- preguntó con curiosidad a June.

- No lo sé, pero ahora veremos- la niña tomando el manojo de llaves que Albiore le había facilitado, empezó a probar una a una en el grueso candado que mantenía la caja cerrada.

- Ninguna ha logrado abrirlo- dijo Shun cuando la última llave del manojo no pudo entrar en el candado.

- Entonces lo romperé- algo en su corazón, le decía a June que dentro de la caja había algo importante y que ella debía ver.

- No creo que sea buena idea, el maestro nos castigará- intentó detenerla el pequeño, pero era demasiado tarde, June tironeó el candado, y como este era demasiado viejo cedió sin mayor dificultad.

- ¿Qué es esto?- June sacó de la caja una extraña arma, que consistía en un mango con una cadena de la cual colgaba una bola de hierro con puntas- ¿Qué arma es esta? nunca la había visto.

- Se ve peligrosa- Shun miró con curiosidad la bola con afiladas puntas- parece una estrella.

- Es muy pesada- la pequeña amazona intentó tomarla, pero sólo pudo levantarla un poco y con mucha dificultad.

- ¿Qué es eso?- preguntó Shun mirando a la niña.

- No sé, ya te dije que nunca había visto este tipo de arma- contestó June tratando de levantarla nuevamente.

- Me refiero a lo que cuelga de tu cuello- el pequeño se acercó más para ver la medalla de June- Parece una estrella, pero es extraña.

- ¿Esto? No lo sé, no estoy muy segura de lo que sea, lo tengo desde que recuerdo- explicó la niña.

- Yo también tengo una, aunque no es igual, es un recuerdo de mi madre- el pequeño de cabellos verdes sacó el medallón que guardaba celosamente como su máximo tesoro- tal vez la que tú tienes es un regalo de tu mamá.

- Tienes razón, esta estrella es distinta a la tuya- June observó ambas medallas con atención- Oye Shun, tu mamá era muy linda ¿Verdad?

- Era muy pequeño cuando ella murió, así que no la recuerdo, pero mi hermano dijo que era muy bonita y muy buena- contestó el niño guardando su medallón.

- Al igual que tú, no recuerdo a mi mamá, sólo sé que murió cuando yo era muy pequeña junto con mi hermana recién nacida, ni siquiera recuerdo quién me regaló esta medalla, sería muy bonito que de verdad fuera un regalo de mi madre- June guardó su medalla con algo de tristeza- oye, debemos ordenar o nos regañarán.

- Y ¿Qué haremos con la caja que rompiste?- preguntó Shun pensando en que a Albiore no le gustaría como June dejó la bodega de armas.

- Eso es obvio, hay que esconderla- y guardando el mangual, tomó la caja, la arrastró a un rincón de la bodega y luego, encima de ella acomodó otras cajas más livianas, que servían para guardar espadas cortas y otros enseres.

- No creo que ese sea un buen lugar para esconder esa caja- dijo Shun.

- Nadie limpia bien esta bodega, no creo que la descubran a menos que tú digas algo- June tras la máscara miró a Shun con seriedad.

- Yo no diré nada- se apresuró en contestar el pequeño levantando su mano derecha como si hiciera un juramento.

- Más te vale o dejaré de hablar contigo, será nuestro secreto Shun.

Ambos niños ordenaron rápidamente la bodega, después llegaron Reda y Spica para ayudarles a cargar las cadenas al campo de entrenamiento.

- Nuestro secreto- decía June en voz alta saliendo de sus recuerdos- jamás me delataste, siempre fuiste tan leal, si supieras lo mucho que necesito contarte lo que me esta pasando ahora, pero no puedo molestarte, suficiente tienes con la pérdida de tu hermano.

Poniéndose de pie, regresó a su turno, Amira la regañaría por abandonar la guardia, y ella no podía permitir eso, ya que debía obtener la armadura a como diera lugar para recobrar una parte de su pasado.


Eran las seis de la mañana, el último turno le correspondía a Karya y Spica, quienes desde las cinco habían iniciado su ronda. Ambos caminaban cerca de unas cavernas a los pies del volcán, cuando el aprendiz de Casiopea, tras una hora de guardar silencio le habló a la amazona.

- Karya, necesito preguntarte una cosa- dijo con seriedad.

- Dime- la amazona puso atención al muchacho.

- Quiero saber por qué el maestro Albiore y Ryszard son Adonis y yo sólo soy lindo, no me parece justo, soy más atractivo que todos ellos- reclamó con molestia Spica.

- ¿De dónde sacaste esas ideas? No sé de qué me estás hablando- dijo confundida Karya.

- El otro día, cuando Amira tiró tus cosas fuera de la cabaña, iba pasando por casualidad y me cayeron unas cuantas por la cabeza- explicó el muchacho- Pensé que podían tener algún valor y las escondí por aquí cerca.

- ¡En serio! Spica tienes que devolvérmelas- la chica estaba feliz, al menos no todo estaba perdido, el aprendiz accedió a la petición de la amazona, y la condujo a la entrada de una de las cavernas, tras una roca, Spica había ocultado un frasco de perfume, un esmalte de uñas color rosa y un labial de la misma tonalidad.

- ¡Qué bueno, están intactos!- Karya tomó sus cosas con mucha delicadeza, ya que era lo único que la amazona de Columba no había destruido.

- También hay otra cosa que Amira arrojó por la ventana- dijo Spica con una gran sonrisa, mientras sacaba de su ropa una pequeña libreta de color rojo, Karya volteó a ver lo que el joven estaba mostrando.

- ¡Mi diario, Spica lo salvaste!- la amazona intentó coger su diario, pero el aprendiz no se lo entregó.

- Esto no te saldrá gratis- dijo con seriedad.

- ¿Qué dices? Ese diario es mío así que devuélvemelo- Karya inmediatamente se puso en posición de ataque, si tenía que pelear por recuperar sus cosas, en especial su diario, lo haría.

- ¿Qué me darás a cambio?- preguntó Spica.

- ¿Y por qué debo darte algo a cambio, si lo que tienes en tus manos es de mi propiedad?- protestó la joven indignada.

- Por que me has ofendido al escribir en esa libreta que el maestro y Ryszard son más atractivos que yo- contestó Spica tan enfadado como Karya.

- ¡Lo estuviste leyendo, eres un miserable!- la amazona furiosa, atacó al muchacho intentando arañar su cara, pero él la esquivó.

- No dice en ningún lado que no se puede leer, y si yo fuera tú no me atrevería a atacar, el maestro se dará cuenta y nos castigará- sonrió cínicamente el aprendiz- entonces, es mejor negociar ¿Qué me darás a cambio de tu diario?

- No tengo nada que darte a cambio, la mayoría de mis cosas las destruyó Amira- contestó Karya con molestia.

- Eso está muy mal, no tendré más remedio que entregarle el diario al maestro o quizás le diga a Ryszard que te gusta- continuó con su chantaje Spica.

- ¿Qué es lo que quieres?- cedió Karya, de momento no tenía otra opción.

- Veamos ¿Qué puedo querer de una amazona?- se preguntó Spica en voz alta ante la furia de la aprendiz de Vulpécula- No tienes mucho que ofrecerme, te pediría que me mostraras tu rostro pero no le veo la utilidad a eso.

- Menos mal- pensó Karya, jamás permitiría que un imbécil como Spica tuviera ese privilegio, de lo contrario buscaría la forma de matarlo enseguida, lo último que necesitaba era tener que amar a un aprendiz con tan malos sentimientos y menos guapo que Albiore y Ryszard.

- ¡Lo tengo! Ya sé lo que quiero, serás mi ayudante y harás todo lo que yo te diga- sonrió pérfidamente Spica.

- ¡Qué, ni lo sueñes!- protestó Karya.

- Mira, el sol ya está saliendo, el maestro despertará pronto, así que iré a hablar con él sobre cierto diario de vida que encontré- Spica iba a dirigirse a la cabaña de Albiore, pero Karya lo detuvo.

- Esta bien, lo haré ¿Por cuánto tiempo?- dijo resignada a la odiosa idea de ser la ayudante de Spica.

- Todavía no lo sé, un diario de vida es algo muy valioso, por eso el tiempo debe ir de acuerdo a su valor, y para asegurarme de que cumplirás me quedaré con la evidencia- y con estas palabras, Spica abrió la libreta de Karya y arrancó la hoja donde estaba escrito que Albiore y Ryszard eran los más atractivos de toda la isla, y luego le arrojó el diario a la amazona.

- Iré a terminar la guardia, pronto será el desayuno y me gusta comer doble ración, espero entiendas a lo que me refiero- y guardando la hoja en su pantalón Spica se marchó. Karya apretó su diario con fuerzas.

- Maldito Spica, eres igual de vanidoso y orgulloso que tu tonta constelación, pero ya verás Casiopea, más te vale que te cuides por que apenas me des la oportunidad, me vengaré de ti y lamentarás haberte metido con Vulpécula.


La noche de Albiore no había sido muy agradable, especialmente por que no se sentía cómodo después de haber discutido con June, y también, por que le parecía que no había sido el momento apropiado para revelar a la joven que sus padres habían sido judíos, pero ella insistió tanto, que no tuvo otra salida, era mejor eso a decirle la verdad completa sobre lo que había sucedido hace nueve años.

- Tarde o temprano, tendré que decirle toda la verdad a June, y eso seguramente la alejará de mi para siempre, lo único que puedo hacer en este momento, es entrenarla para que se convierta en un Santo de Atenea y pueda valerse por sí misma- pensaba en la soledad de su habitación, mientras bebía mate y miraba el mangual que el padre de June le había obsequiado antes de huir del Santuario. En ese entonces él era muy joven, y jamás pensó que el destino de su mejor amigo estaría ligado aún más allá de la muerte al de él, la nostalgia lo llevó a recordar una escena en particular de hace siete años atrás, la noche antes de enviar a June al Santuario…

- ¿Ya has tomado una decisión Albiore?- preguntó una joven mujer de largos y ondulados cabellos castaños- He terminado los rituales de purificación de la isla, mañana regresaré al Santuario, si te deshaces de esa niña, me encargaré de llevarla a un orfanato o incluso puedo conseguir una familia para que la adopten en Grecia.

- Sí, ya he tomado una decisión Casandra- El Santo de Cefeo guardó silencio unos segundos, mientras la sacerdotisa miraba fijamente al guerrero con sus enormes ojos grises- Te llevarás a June contigo al Santuario, y será iniciada como amazona.

- ¿Qué estás diciendo? ¡Albiore estás loco! Ella es la hija de un desertor de nuestra orden, Atenea necesita guerreros fieles, me niego a hacer lo que estás pidiendo, además, si se enteran de que es hija de Benjamín la matarán o peor aún, la dejarán como esclava para que pague por la ofensa de su padre- protestó la mujer.

- No tienen por qué saber que es hija de Benjamín, y tu sabes mejor que nadie que él no es un desertor, tenía razones para negarse a ser un Santo de Atenea, no podíamos obligarlo a que se quedara si el mismo dudaba sobre su fe en nuestra diosa- contestó Albiore.

- Entiende ¿Quién nos garantiza que su hija no se comportará de la misma manera?- dijo Casandra para hacer recapacitar al Santo de Cefeo.

- Es sólo una niña, si crece entre nosotros dudo que siga los pasos de su padre, por otro lado, su cosmos está desarrollándose, incluso sin entrenamiento, no podemos desaprovechar su potencial- Albiore no quería dar su brazo a torcer, ya que tomar aquella decisión no había sido fácil para él.

- No eres su padre, y no eres quién para decidir si ella entra en el Santuario o no, lo correcto es que esté en un orfanato o con una familia normal- Casandra estaba al borde de perder la paciencia, ¿Cómo esa niña se había ganado el cariño del Santo de plata con tanta facilidad?

- ¿Y tú si puedes decidir lo que es mejor para ella? Ni siquiera la conoces, la he cuidado por dos años y sé que en el Santuario estará bien, se convertirá en amazona y punto, si no quieres ayudarme, lo haré sólo- terminó la discusión Albiore, la sacerdotisa ante sus palabras, sabría que no podría detenerlo, y desesperada lo abrazó por la espalda.

- ¿Por qué no me escuchas? Esa niñita sufrirá si se queda a tu lado, lo he visto, lo sé, sólo quiero lo mejor para ustedes dos- unas lágrimas rebeldes escaparon de los ojos de la sacerdotisa.

- No todos nacemos con el don de ver el futuro como tú Casandra, y entre el miedo a la incertidumbre y el miedo a lo inevitable, prefiero vivir con el primero, por que sé que ante la incertidumbre, el único camino que queda es seguir luchando- contestó Albiore firmemente.

- Nada te hará cambiar de opinión- dijo con tristeza la joven mujer- si esa es tu última palabra, te ayudaré, no diré que es hija de Benjamín, sino que la encontré en Etiopía y que en una premonición la vi convertida en un Santo de Atenea.

- Gracias Casandra- El Santo de Cefeo tomó las manos de la sacerdotisa en señal de gratitud- hay una última cosa que quiero pedirte.

- ¿Algo más?- Casandra no podía imaginar qué otra cosa podía pedirle Albiore, ya el hecho de llevar a la hija de un desertor al Santuario le parecía más que suficiente.

- June, no ha tenido una vida tranquila desde muy pequeña, ambos sabemos cómo es el Santuario, no es fácil convertirse en un Santo de Atenea, sobre todo para una amazona, quiero que borres todos los recuerdos dolorosos que hay en su mente, que tenga un nueva vida, a pesar de lo difícil que esta sea, te lo pido, no como el Santo de Cefeo, sino como tu amigo- Albiore miró fijamente a la sacerdotisa sin soltar sus manos, esperando que ella aceptara lo que le estaba pidiendo.

- Eso no me parece justo, jugar con los recuerdos de las personas no es bueno, ella algún día te hará preguntas, que tendrás que responder ¿Qué harás cuando eso suceda?- preguntó con seriedad Casandra.

- Eso lo sabré cuando sea el momento- respondió el Santo de Cefeo soltando las blancas manos de la sacerdotisa.

- Haré lo que me pides, pero no creas que estaré contigo el día en que debas decirle toda la verdad- contestó de mala gana la joven.

- Muchas gracias, no sé que hubiera hecho sin ti- esta vez Albiore abrazó fuertemente a la sacerdotisa, al notarlo, la soltó en seguida- lo siento, estaba desesperado.

- Así veo ¿Ella está durmiendo?- preguntó Casandra aún desconcertada por al abrazo efusivo del Santo de Plata, los sentimientos de ambos eran correspondidos, pero ella, al ser la reencarnación de la sacerdotisa de la mitología griega, no podía entregarse a él en esta vida, ya que Atenea, al igual que Apolo en el pasado, la maldeciría haciendo que nadie creyese en sus profecías.

- Sí, está en mi habitación, entra- el guerrero abrió la puerta que conducía a su cuarto, este era bastante sencillo, sólo tenía un espejo, dos baúles, una silla y una mesa que le servía de escritorio, y una rústica cama, en donde yacía adormecida la pequeña June, aferrada a un dibujo que había hecho de Albiore atrapando un enorme escorpión con su cadena.

- Tiene una imaginación bastante grande, este armadillo es muy bonito- Casandra observaba en detalle el dibujo que el Santo de Cefeo le había quitado a June, para arroparla con una gruesa manta.

- Se supone que soy yo, ¿Así que parezco armadillo?- contestó Albiore mientras caminaba en dirección a la puerta, y Casandra reía muy despacio para no despertar a la niña.

- Tiene el sueño muy pesado, no despertará hasta mañana- explicó el Santo de Cefeo.

- ¿No te quedarás a presenciar como borro su pasado?, algo podría salir mal, tal vez podría hacer que se olvidara de ti para siempre- dijo la joven poniendo sus dedos sobre las sienes de la niña.

- Confío en ti, sé que a tu lado ella no correrá ningún peligro- contestó el Santo de Plata, mirando a la pequeña y cerrando finalmente la puerta para que la sacerdotisa pudiera hacer su trabajo.

Las horas pasaron lentamente, era cerca del amanecer cuando Casandra salió de la habitación, Albiore estaba sentado junto a la puerta medio adormecido con el dibujo de June en sus manos.

- ¿Cómo está?- preguntó con preocupación al sentir los pasos de la sacerdotisa tras él.

- Todo ha salido como querías, entré en sus recuerdos y sellé uno por uno aquellos que eran dolorosos, y confundí otros para que no sospeche demasiadas cosas, cuando despierte, sólo recordará que la malaria mató a su madre y a su hermana, que su padre murió en extrañas circunstancias y que tú has cuidado de ella estos dos años- explicó Casandra con seriedad.

- ¿Existe alguna forma de que el hechizo se rompa?- preguntó Albiore.

- Sólo si viera nuevamente el cadáver de su padre, pero Benjamín está muerto, tú lo sabes por que estabas ahí ese día, así que no tienes de qué preocuparte, lo que realmente importa ahora, es cómo le dirás que tendrá que ir al Santuario conmigo, ella te quiere demasiado, no creo que desee separarse de ti- dijo preocupada la sacerdotisa.

- Ya he hablado con ella, si es que no borraste ese recuerdo, aún debe estar enfadada conmigo- Albiore se puso de pie.

- No, los recuerdos recientes eran felices, me pareció que sería mejor que los conservara, el barco zarpará cuando suba la marea, debes llevarla con todas sus pertenencias- Casandra salió de la cabaña- Creo que lo mejor es que te despidas de ella, ¿No te interesa saber si la volverás a ver?

- Ya te dije que prefiero la incertidumbre, nos vemos cuando el barco zarpe- El Santo de Cefeo entró en su habitación y observó a la pequeña dormida profundamente, la extrañaría mucho, ella y las esporádicas visitas de Casandra eran su única compañía, ya que ninguno de los aprendices que habían enviado del Santuario hasta entonces, habían terminado el entrenamiento, la mayoría había muerto, y otros habían renunciado.

Albiore se recostó junto a June, y ella en sueños se abrazó a él, enredando sus pequeños dedos en la rubia y larga cabellera del Santo de Cefeo.

- Voy a extrañarte…hija- susurró Albiore en voz baja, esa fue la primera y última vez que la llamó de esa manera…

- En ese entonces, pensaba que no te volvería a ver nunca más, pero Casandra no se equivocó, y ahora estás haciéndome preguntas que temo responder, aún no estoy preparado para decirte lo que pasó ese día, y el por qué no recuerdas nada, tendrás que esperar un poco más June- Los tibios rayos del sol invadieron la estrecha ventana de la habitación de Albiore, un nuevo día empezaba en Isla Andrómeda, y el Santo de Cefeo debía continuar con sus obligaciones.

Continuará…

Espero les haya gustado este capítulo, la parte de Shun la subiré en Julio, debido a que la universidad no me deja hacer todo lo que yo quisiera, pero Julio es época de ¡Vacaciones!, así que no pierdan la esperanza.

Agradecimientos especiales para June Star, Carito 357, Saint Lu (ya te dije que la escena de Karya y Spica es importante para la historia :P), Darkacuario (gracias por tu recomendación), Vegen Isennawa (espero haberlo escrito bien) y a mi queridísima gabycisne, de verdad de no ser por tu review aún andaría rockeando con Seiya en el otro fic, también a los lectores silenciosos y a mi amadísimo Tayi-kun y Kadmiluz Pierotti, gracias por su enorme paciencia.

Los Tigray, los Oromo y los somalís son etnias originarias de Etiopía.

¡Nos leemos en el próximo capítulo!