Hola he tardado menos en actualizar, ando con mucho tiempo ocioso así que esta vez lo estoy distribuyendo equitativamente (eso intento), como ya saben, este capítulo es el que complementa el anterior, June averiguo algo sobre sus padres, pero ¿Dónde estaba Shun en ese momento?

Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Paralelamente.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo III.V

El rostro de una muñeca.

Un fuerte estruendo se escuchó en la mansión Kido ese día, los niños estaban jugando un partido de fútbol, y por descuido de Shun quien no atrapó la pelota a tiempo, uno de los enormes ventanales del primer piso de la mansión se hizo trizas, todos quedaron inmóviles en sus puestos sin saber cómo reaccionar, entonces apareció un furioso Tatsumi, traía un shinai en sus manos y por la cara de ogro que tenía, se adivinaba que nada bueno pasaría..

- ¿Quién fue?- preguntó seriamente, ante lo cual todos callaron- Quiero saber quien fue o les daré diez azotes a cada uno.

La situación era delicada, quien había pateado el balón era Seiya, pero el encargado ese día de que la pelota no llegara hasta la mansión era el pequeño Shun, nadie se atrevería a delatar a sus compañeros, pero los diez azotes les daban mucho miedo.

- Veo que no quieren hablar, entonces serán veinte azotes para cada uno- añadió el cruel mayordomo agresivamente, Shun sentía el peso de la responsabilidad, no podía permitir que los otros niños pagaran por su negligencia, así que armándose de todo el valor posible dio un paso al frente.

- Fui yo- dijo con timidez, ante las expresiones de sorpresa y miedo de los demás, en especial de Ikki.

- No mientas Shun, fui yo- Seiya no permitiría que otro niño cargara con su parte de la responsabilidad.

- Pero yo debía atajar la pelota- murmuró Shun muy despacio.

- Y qué con eso, yo fui quien pateó la pelota así que castígame a mi- contestó con arrogancia Seiya a Tatsumi.

- Bien, el día de hoy amanecí generoso, así que azotaré a los dos- rió maléficamente el mayordomo.

- ¡No se atreva a tocar a mi hermano!- Ikki se arrojó sobre el calvo, pero este lo golpeó con la tsuka del shinai en el estómago, y el pequeño retrocedió adolorido, mientras los otros niños observaban llenos de terror la cruel escena, y el mayordomo se llevaba a Seiya y Shun tirándolos de las orejas hasta la mansión.

- Por su estupidez la muñeca favorita de la señorita Saori esta rota, deberán darle una explicación, al primer acto de rebeldía les daré los diez azotes que les prometí- reclamaba enfadado Tatsumi antes de entrar al salón.

La pequeña Saori se encontraba de pie junto a varios trozos de vidrio, contemplando una muñeca de porcelana hecha añicos y pocos metros cerca de ella el balón de fútbol responsable, al sentir los pasos del mayordomo, la niña volteó indignada.

- ¿Así que ustedes son los culpables de que mi muñeca esté rota?- dijo molesta, mientras los niños bajaban la mirada, y Seiya apretaba los puños con fuerza para no decir alguna cosa que le significara un nuevo golpe por parte de Tatsumi.

- Deben decir "sí señorita" ¿Acaso no tienen modales?- insistió Saori furiosa, pero ninguno respondió- ya me doy cuenta que no, por sus tontos juegos de niños interrumpieron mi clase de historia antigua y mataron a mi alumna más inteligente, le costó una fortuna a mi querido abuelito, me la trajo desde Alemania ¿Saben dónde queda Alemania?

Seiya y Shun se miraron con sorpresa ante la pregunta de la niña.

- ¿No lo saben? Son unos ignorantes, por eso los tendré que castigar- Saori quien durante el accidente estaba jugando a la profesora con sus muñecas, tomó una varilla que usaba de puntero y se acercó a los niños- pongan sus manos hacia delante.

- ¿Qué vas a hacer?- preguntó Seiya con un mal presentimiento.

- No desobedezcas a la señorita- Tatsumi lo miró con hostilidad, y sin más remedio, el pequeño obedeció.

- Alemania queda en Europa ¿Les quedó claro?- dijo Saori.

- Sí- respondieron ambos niños de mala gana, pero la niña recordando los castigos que su abuelo contaba que le hacían en el internado donde había estudiado en Europa, les propinó un fuerte varillazo en las manos.

- "Sí señorita, Alemania queda en Europa"- les indicó que dijeran.

- Sí señorita, Alemania queda en Europa- contestaron aun aturdidos por el golpe en sus manos.

- ¡Con más ánimos! Alemania queda en Europa- insistió la pequeña profesora golpeando una vez más las manos de Shun y Seiya.

- ¡Alemania queda en Europa!- respondieron en voz alta los niños.

- Bien, que bueno que hayan aprendido la lección, Tatsumi, que limpien el salón de clases, iré a llamar a mi abuelo para que me compre una muñeca nueva- sonrió la niña, mientras salía del salón dando pequeños saltos.

- Ya oyeron a la señorita, limpien todo esto o los azotaré como prometí- y dejándoles una pala y una escoba, el cruel mayordomo se marchó a la cocina, pronto sería la hora del almuerzo de la señorita Saori, y todo debía estar en orden.

- Shun ¿Estás bien?- preguntó Seiya en cuanto el calvo desapareció.

- Sí- contestó el pequeño con lágrimas en los ojos- ¿Y tú?

- Esto no es nada- sonrió Seiya con su orgullo mucho más adolorido que las marcas que habían quedado en sus pequeñas manos- limpiemos todo esto luego para ir a comer.

Seiya tomó la escoba y arrastró los trozos de vidrio y porcelana hasta la pala que tenía Shun, en medio de los escombros, se distinguían las partes de la muñeca, manos, pies y cabellos.

-¡Mira esto!- Seiya recogió un fragmento que correspondía al rostro de la muñeca, y se lo puso en la cara- ¡Buuu!

- ¡Seiya no me asustes!- reclamó Shun al ver el pálido trozo de porcelana con las mejillas pintadas y sin ojos.

- Me lo llevaré para reírme de los demás esta noche- el travieso chico guardó el rostro debajo de su ropa- pero no digas nada, sino no será divertido.

- No me parece buena idea- dijo el pequeño de cabellos verdes.

- Entonces te lo regalaré a ti, tu sabrás que hacer con esto- sonrió Seiya sacando el rostro y persiguiendo a un asustado Shun por todo el salón…

El Caballero de Andrómeda observaba una fina muñeca de porcelana que estaba en una enorme vitrina junto a muchas otras, todas, propiedad de Saori Kido. Aquella que estaba frente a él había logrado llamar su atención, no sólo por su larga cabellera rubia, sino que también por que era la única de toda la colección que tenía los ojos cerrados y se encontraba acomodada sobre una silla en miniatura, como si se hubiese quedado dormida en ella.

Hacía tan sólo un par de horas que habían regresado de la Isla del Espectro, en donde, tras un arduo combate contra los Caballeros de los Abismos, habían recuperado exitosamente el casco de la armadura dorada y también el barco petrolero de la Fundación Graude. Saori, preocupada por sus Caballeros, les había aconsejado ir a descansar, mientras llegaba un médico que había mandado a llamar para cerciorarse de que todos estaban bien, pero Shun se había distraído en un salón del primer piso de la mansión, donde la joven dueña exhibía orgullosa su fina colección de muñecas de porcelana.

- Por culpa de Seiya estas cosas me aterraron por mucho tiempo- pensaba en voz alta, recordando las noches de horror en que el Caballero de Pegaso hacía travesuras con el tétrico rostro de la muñeca rota.

- La máscara de June también me daba miedo en un comienzo, cuando recién llegué a la isla- suspiró el joven ya que eso le significó muchas burlas por parte de Reda y Spica, en ese entonces, lo habían convencido de que June era una niña que había perdido su rostro y como no podía encontrarlo se ponía una máscara, hasta que Albiore tuvo que hablar con el pobre niño para hacerle entender que eso no era así- El rostro de esta muñeca dormida me recuerda mucho el de ella, y también el de la amazona que peleó contra Seiya en la Isla del Espectro.

Después de que el Caballero de Pegaso salió del castillo de Geist con el casco dorado en su poder, Shun pidió que sepultaran a las personas muertas en combate, era triste que alguien quedara con su cuerpo expuesto a las aves y animales carroñeros, y por muy enemigos que hayan sido, todos merecían descansar en paz. A pesar del cansancio, todos pusieron manos a la obra, y así Serpiente Marina, Medusa y Tiburón quedaron bajo tierra, sólo faltaba Geist, cuando Seiya trajo su cuerpo, Shun palideció por completo, se habían enfrentado a una amazona, una mujer, era joven y bella, pero una mujer al fin y al cabo, como June, Karya y Amira, sus compañeras de entrenamiento en Isla Andrómeda.

- Toda batalla es muy triste cuando involucra a niños y mujeres- dijo Shun en voz alta, mirando una muñeca que cargaba en sus brazos de porcelana otra más pequeña.

- ¿No deberías estar descansando?- escuchó la voz de Hyoga.

- Iba a mi habitación, pero me distraje viendo estas muñecas- explicó el Caballero de Andrómeda.

- Pero si son tan tétricas- comento Hyoga, quien había posado su vista en una Matrioska que estaba junto a las demás muñecas.

- Esta me recuerda mucho a una amiga- Shun señaló la rubia muñeca dormida.

- ¿Una amiga de Isla Andrómeda? ¿Habían niñas en ese lugar?- preguntó Hyoga con curiosidad.

- Sí, tres cuando regresé de la isla- explico el joven de cabellos verdes.

- Y ¿Eran bonitas?- sonrió el Caballero del Cisne mirando de soslayo a Shun.

- No lo sé, nunca vi sus rostros, eran amazonas, como esa mujer de Isla del Espectro- contesto Shun con pesar, recordando el joven rostro de la amazona muerta.

- Entonces ¿Cómo esa muñeca dormida te puede recordar a tu amiga?- preguntó confundido el Cisne.

- Es que, es rubia igual que ella- respondió Shun un poco nervioso.

- ¿Sólo eso? ¿Nunca viste su rostro?- la voz del Caballero de Andrómeda consiguió provocar más curiosidad en Hyoga.

- So...sólo eso, estoy cansado, dormiré un poco, nos vemos después- ante aquella pregunta, Shun se sintió incómodo, y aunque sentía un gran aprecio por Hyoga, había algunas cosas que prefería guardar para sí mismo.

A salvo en la soledad de su habitación, recordó exactamente por qué esa muñeca era muy parecida a June, todo había sucedido tras un incidente que había ocurrido en su segundo año en Isla Andrómeda, poco antes de que Karya, Mateo, Ryszard y Donnelly llegaran.

- Otra vez te has negado a pelear con tus compañeros ¿Puedes explicarme a qué has venido a esta isla?- preguntó con seriedad Albiore a un pequeño Shun, pero el niño temía que lo regañaran, por eso no se atrevía a hablar.

- Te estoy haciendo una pregunta, agradecería si me la contestaras- dijo el Santo de Cefeo sin comprender cómo habían enviado a un niño que no quería pelear y poseía cero instinto de combate a sus dominios.

- Vine por la armadura de Andrómeda- contestó el pequeño Shun con timidez

- ¿Y cómo piensas conseguirla si ni siquiera te atreves a luchar por ella?- continuó Albiore con su interrogatorio.

- No sé- el pequeño aprendiz bajó su mirada.

- Escúchame bien Shun, si deseas algo en este mundo siempre tendrás que luchar por ello, si ambicionas tener una vida tranquila deberás pelear por conseguirla, si quieres volver a ver a tu hermano deberás combatir por sobrevivir, si anhelas la armadura de Andrómeda deberás lidiar contra tus compañeros para poder obtenerla- explicó el Santo de Cefeo mientras el pequeño lo observaba atentamente.

- Pero a mi no me gusta pelear- insistió Shun con ahínco.

- No todas las peleas tienen que ser a golpes, o lastimando a los demás Shun, la vida misma es una lucha, a nadie le gusta, pero es la realidad, y no hay que sentir vergüenza por ello, todos desarrollan diversas maneras de atacar y de defenderse para sobrevivir, se aferran a la esperanza de un futuro mejor, ese futuro puede ser sólo para ti, para tu hermano, para los demás, eso lo decides tú, pero debes aprender que todo en esta vida requiere de un esfuerzo, y es inevitable que resulte gente lastimada en nuestro camino, pero hay una lucha de la cual debieras sentirte avergonzado, y es aquella que es desigual y que daña a inocentes- aconsejó Albiore.

- ¿Desigual?- dijo el pequeño en voz alta.

- Así es Shun, ¿Te parece justo que June se enfrente sola a Reda y Spica todo el tiempo para defenderte?- preguntó el Santo de Cefeo.

- No- contestó el pequeño viendo el rostro serio de su maestro.

- Entonces estas de acuerdo conmigo en que no fue justo que ella recibiera todos los golpes que iban dirigidos a ti- comentó Albiore.

- Si pero…yo no quería que eso pasara…ellos no- intentó explicar Shun lo sucedido.

- Vi lo que paso, debes hacerte respetar por Reda y Spica, pero si no nace de ti, esta situación no cambiará, la próxima vez no los detendré, así que deberás enfrentarte a ellos o June pagará las consecuencias- Albiore esperaba que con esas palabras el niño reaccionara de una buena vez.

- Esta bien- contestó el pequeño, pensando en que su maestro tenía razón, no era digno de un hombre involucrar a otras personas en un combate, June no podía ser siempre su protectora, pero el no quería pelear, no podía lastimar a los demás, tenía que existir una forma de que Spica y Reda dejaran de molestarlo sin recurrir a la violencia.

En cuanto salió de la cabaña de Albiore, Shun fue a ver como estaba June después de la paliza que le habían dado sus dos rivales aquella tarde por tratar de defenderlo, la encontró sentada en una pequeña y solitaria playa jugando con la fría arena.

- Te regañó de nuevo el maestro ¿Verdad?- preguntó la pequeña rubia, cuando su amigo se sentó junto a ella.

- Sí- contestó apenado, por que siempre la niña lo defendía- ¿Estás bien? Te pegaron muy fuerte.

- No es nada, eso sirvió de entrenamiento, hay algo que me preocupa mucho más- dijo June con molestia.

- ¿Qué cosa?- preguntó el pequeño con curiosidad.

- El maestro me prohibió ayudarte durante los entrenamientos, a partir de mañana sólo podré mirar, y él me enseñará las lecciones en otro lugar de la isla- contestó la niña con preocupación.

- Pero eso no es malo, así Reda y Spica ya no te lastimarán- Shun miró afligido la horrible herida que había quedado en la mano de June tras su última pelea.

- ¡Si eso sucede van a matarte! Ellos te odian por que eres un extranjero y creen que las armaduras sólo son para los griegos, lo escuché del propio Reda, por eso dejaron de ser tus amigos cuando se enteraron que venías por la armadura de Andrómeda- June se puso de pie y pateó la arena molesta por la decisión de Albiore.

- No importa lo que suceda, si es mi destino lo aceptaré- sonrió el pequeño Shun tratando de tranquilizar a su amiga y no preocuparla más.

- ¿Te rindes tan fácilmente? ¿Y qué pasa con el sueño de volver a ver a tu hermano? Si ellos te matan y el sobrevive ¿Cómo crees que se sentirá al saber que te dejaste vencer?- protestó la niña- ¿Por qué no peleas? Si quieres te ayudaré a entrenar en secreto y así te podrás enfrentar a Reda y Spica.

- Ya te dije que no quiero pelear, no puedo lastimar a la gente eso es muy cruel, debe haber otro modo de solucionar este problema- insistió Shun.

- ¿Tienes alguna idea?- preguntó la pequeña rubia.

- No, pero algo se me ocurrirá- contestó el niño con timidez.

- Imaginaba que responderías eso- June le dio la espalda a Shun, se cruzó de brazos y se puso a pensar, debía existir alguna manera de ayudar a su amigo.

Tras un largo momento de silencio, pensando en cómo el pequeño podría sobrevivir en la isla sin tener que pelear, la amazona al fin tuvo una idea.

- ¡Shun, ya sé como puedo ayudarte!- el niño miró a su amiga y le puso mucha atención- la solución no está en que te quedes aquí, lo que debes hacer es escapar de Isla Andrómeda.

- ¿Qué dices? No puedo hacer eso, ya te dije que no tengo donde regresar en Japón, nadie me espera- contestó Shun ante la descabellada idea de June.

- No regresarás a tu país, iras donde está tu hermano, a la Isla de la Reina Muerte- dijo la niña decididamente.

- ¡Pero ese lugar es horrible!- a Shun no le gustó la idea.

- Eso lo sé, pero si te reúnes con tu hermano no lo será tanto, por que ya no estarás sólo, y ni Reda ni Spica podrán hacerte daño- la pequeña amazona estaba convencida de que esa era la única solución.

- ¿Pero cómo llegaré hasta allá?- preguntó Shun pensando en que esa idea no era tan terrible después de todo, en especial por que estaría nuevamente con su hermano Ikki.

- Eso es fácil, el maestro tiene un registro de todos los barcos que pasan por la isla, si reviso sin que se dé cuenta, estoy segura de que encontraré alguno que te lleve a Reina Muerte o por lo menos que te deje cerca- la voz de June se escuchaba entusiasmada.

- ¿Crees que resulte?- preguntó Shun con algo de duda, no quería hacerse falsas ilusiones.

- No lo sabremos si no lo intentamos, mientras tanto prepara tus cosas, en cualquier momento puede ser nuestra oportunidad- la niña se acercó a Shun- ya es hora de ir a dormir, vamos o nos volverán a regañar.

- Sí- el pequeño tomó la mano de su amiga y se puso de pie, el plan para escapar de Isla Andrómeda y reencontrarse con Ikki daría inicio en cualquier momento.

- De haber sabido que las cosas terminarían mal, no me habría dejado convencer por ti ¿Por qué siempre seguía tus ideas al pie de la letra?, tal vez en ese momento estaba tan deseoso de volver a ver a Ikki, que no me di cuenta que esa idea era una locura- pensó Shun mirando el cielo desde la ventana de su habitación.

June aprovechando un descuido de Albiore, revisó los registros que este tenía guardados en un baúl, así se enteró que había un barco que pasaba cada ocho meses por Isla Andrómeda y cuyo destino era una isla cercana a Reina Muerte, para suerte de Shun, si la embarcación no se retrasaba, llegaría dentro de dos días.

- ¡Ay!- se quejaba el pequeño Shun mientras June curaba sus heridas.

- Quédate quieto, no puedo limpiar el corte en tu cabeza si te estás moviendo- regañaba la niña.

- Pero duele mucho- se defendió Shun adolorido.

- No pienses en el dolor, en dos días más llegara tu barco, si no te recuperas pronto no resistirás el viaje- dijo June para animar a su amigo.

- Tienes razón- el imaginar la cara que pondría Ikki al verlo llegar a Reina Muerte, llenaba de esperanza al pequeño de ojos esmeralda.

- ¡Otra vez llorando niñita!- se burló Reda entrando a la cabaña de Albiore junto con Spica.

- ¿Por qué no vas a molestar a otro lado?- reclamó June.

- Tú no te metas tonta, ¿O quieres que te dé una paliza como la del otro día?- contestó desafiante el niño de cabellos rosa.

- Eso fue de cobardes, pelearon ustedes dos contra June- protestó Shun mirando con reprobación a los dos niños.

- Andas muy hablador el día de hoy- Reda tomó uno de los brazos heridos de Shun y comenzó a apretarlo con fuerza.

- ¡Ay! ¡Suéltame!- se quejó el pequeño, pero el malvado espartano no tenía la menor intención en detener su tortura.

- ¡Déjalo!- June rápidamente empujó a Reda y le arañó la cara para que dejara en paz a Shun.

- Maldita niña sin rostro- protestó el atacado mientras cubría los rasguños con sus manos, Spica iba a defender a su amigo, pero la pequeña amazona empezó a burlarse de él.

- Aquí viene tu novia a atacarme otra vez, ven Spica, te estoy esperando, se creen muy valientes peleando de a dos, pero ninguno sería capaz de enfrentarse sólo contra mi- este comentario de la rubia, molestó enormemente a Reda, quien se puso de pie.

- Detente Spica, escúchame bien niñita, tu no me das miedo en lo más mínimo, si quieres podemos pelear, tú y yo, solos, cuando quieras- amenazó mirando a la amazona con odio.

- En tres días más, en la playa pequeña junto al faro, antes del desayuno, y hasta entonces quiero que dejes de molestar a Shun- contestó June decidida.

- ¿Qué tiene que ver esta niña llorona con nuestra pelea?- preguntó Reda mirando con desprecio al pequeño.

- Son mis condiciones, de lo contrario hablaré con el maestro y le diré que entraste a su cabaña para torturar a un alumno lastimado- el niño espartano guardó silencio y después se marchó seguido de Spica.

- ¿Por qué hiciste eso? No va a cumplir, te volverán a golpear por defenderme- Shun quedó triste por lo sucedido.

- El no te molestará, sabe que hablo en serio, además no tienes de qué preocuparte, en tres días más estarás viajando a Reina Muerte para reencontrarte con tu hermano- June regresó a la tarea de curar las heridas de su amigo.

- Pero no quiero que te lastimen- un par de lágrimas de culpa escaparon de los ojos esmeralda de Shun.

- Soy una amazona fuerte, no me pasará nada- rió la rubia tras su máscara- alegra esa cara o me enojaré contigo.

- Sí- contestó el pequeño tratando de sonreír, dentro de muy poco vería a su hermano.

Los dos días pasaron demasiado lento para Shun y June, como también se hacía mas grande el temor de que el barco se retrasara, cambiara de ruta o no llegara nunca más a Isla Andrómeda, sin embargo, algo positivo habían ganado, y era que ni Reda ni Spica se habían atrevido a molestar a Shun en ese tiempo, y al parecer Albiore no sospechaba nada de sus planes de fuga, después de todo, aún quedaban otros quince aprendices por los cuales preocuparse.

La noche del segundo día había llegado, la oscuridad y el frío sobrecogedor cubrieron cada lugar de la isla, todos dormían en sus cabañas, todos, excepto una pequeña amazona que salía sigilosamente de la cabaña del Santo de Cefeo, y con gran agilidad se escabullía entre las rocas hasta llegar a la puerta de una de las viviendas de los aprendices.

June entró sin hacer demasiado ruido y caminó con cautela entre los niños dormidos, buscando al que ayudaría a escapar aquella noche.

- Shun, despierta ya es hora- la pequeña remeció con suavidad a Shun, pero este estaba profundamente dormido, para no perder más tiempo, June apretó la nariz del niño, y este terminó abriendo los ojos por falta de aire.

- ¿Qué esperas? El barco zarpará apenas amanezca- explicó la amazona suavemente, mientras Shun aún estaba tratando de mantener los ojos abiertos, torpemente tomó sus cosas que tenía preparadas con tiempo, y salieron sigilosamente de la cabaña.

- Pero yo no vi ningún barco en el muelle- dijo el niño cuando ya estaba más despierto y caminaba rápidamente junto a June, en dirección al puerto.

- Llegó a las cinco de la tarde, la quilla es muy grande y la profundidad del agua en el muelle no permitió que pudieran atracar aquí, el capitán llegó en bote, vi cuando hablaba con el maestro y le pedía autorización para reparar averías- explicó la pequeña amazona.

- ¿Averías?- Shun se detuvo y miró a su amiga asustado.

- No te preocupes, oí al capitán decir que eso era normal, quieres ver a tu hermano ¿Sí o no?- preguntó la niña cruzándose de brazos.

- Sí, si quiero, pero ¿Cómo llegaremos hasta el barco si no está en el muelle?- comentó el niño.

- Ya pensé en eso, el maestro tiene un bote que usa en caso de emergencia en el muelle, lo tomaremos prestado y así te llevaré hasta el barco- rió astutamente June, no en vano era una amazona entrenada en el Santuario, aunque sólo hubiese estado un año en Grecia.

- Pero no sabemos remar- insistió Shun.

- Aprenderemos, he visto al maestro hacerlo y no se ve tan difícil- contestó porfiadamente la rubia.

Ambos niños continuaron corriendo hacia la costa, al llegar al muelle, encontraron el bote, y rápidamente lo arrojaron al agua, luego de subir en él, trataron de llegar al barco. Al comienzo tuvieron muchas dificultades para sincronizar el ritmo de los remos, no era tan fácil como June pensaba, pero tras un gran esfuerzo se acostumbraron, y lograron avanzar entre las correntosas aguas del Indico, las cuales se convirtieron en el nuevo obstáculo con el que había que lidiar para llegar al barco.

- Animo Shun, ya falta muy poco- June hacía grandes esfuerzos para no perder el remo.

- Sí, lo intento- el niño también trataba de mantener el remo en su lugar- oye ¿Para qué es esa bolsa?

- Saqué comida de la bodega para tu viaje, en cuanto subas, escóndete en uno de los botes de emergencia y no salgas de ahí hasta que el barco llegue a su destino- explicó la niña aferrándose aún más al remo para no perderlo.

A pesar de lo difícil que resultó la tarea, los niños lograron que el bote se acomodara junto a una escalera de embarque del enorme buque, el capitán, era un buen amigo de Albiore, y aquella noche se habían quedado conversando en la cabaña de este, mientras el resto de la tripulación se encontraba en el comedor de la nave, era el momento oportuno para que Shun subiera de polizón.

- Toma tus cosas y has lo que te dije- Shun estaba de pie en la escalera, mientras la pequeña amazona le entregaba sus pertenencias y la bolsa con comida.

- Gracias por todo June- sonrió el pequeño, mientras su amiga tomaba los remos.

- Adiós Shun, cuídate, que tengas un buen viaje y que encuentres a tu hermano- el bote impulsado por la corriente se alejaba.

- June, espera, ¿Qué pasará mañana con Reda y Spica?- el pequeño aún estaba preocupado por ese tema.

- Pelearé y los venceré, tú concéntrate en vivir feliz con tu hermano- se escuchó la optimista voz de la niña.

- ¿Por qué no vienes conmigo? Buscaremos juntos a Ikki y no tendrás que usar esa máscara nunca más- el pequeño extendió su mano para tratar de alcanzar la de su amiga.

- No Shun, debo quedarme aquí para cuidar al maestro cuando sea ancianito- respondió June, en ese momento un fuerte oleaje provocó que perdiera los remos.

- ¡June!- gritó Shun desde la escalera.

- Estoy bien, sólo debo alcanzar el remo que está más cerca- respondió la niña, mientras se inclinaba sobre la proa, pero una enorme ola que azotó el bote, hizo que cayera al agua y se golpeara la cabeza al hacerlo. Shun esperó que su amiga saliera a flote, pero eso no sucedió, por un instante fugaz pensó en su hermano y en lo mucho que deseaba verlo, pero June estaba en peligro, y ella había hecho hasta lo imposible por ayudarle, sin arrepentirse de su decisión, el niño se arrojó al agua, renunciando con ello a la oportunidad de huir de Isla Andrómeda para reunirse con Ikki.

June era arrastrada hasta el fondo del mar, la corriente era bastante fuerte y Shun hacía un gran esfuerzo por tratar de alcanzarla, sin embargo, el cansancio y el escozor que sentía en sus ojos por el agua salada le impedían llegar hasta su amiga, por un instante todo parecía perdido, incluso él mismo moriría, sin poder hacer nada por ella. En ese momento de desesperación, las palabras de su hermano, la promesa que le había hecho una vez más acudieron en su rescate, y llenándose de una extraña fuerza, dando todo de sí, nadó hasta alcanzar el cuerpo de June, y con algo de dificultad la condujo hasta la playa más cercana.

Al salir del agua, el pequeño recostó a su amiga sobre la fría arena, pero la amazona no despertaba.

- ¡June! ¿Estás bien? ¡Háblame!- Shun remecía el cuerpo de la niña esperando una respuesta, deseando que fuera una de las bromas que ella siempre hacía, donde finalmente terminaba asustándolo con la máscara, pero nada sucedía, nervioso y tratando de recordar lo que su maestro había enseñado sobre primeros auxilios, el niño trató de buscar el pulso en la muñeca de June, pero no lo sentía, trató de oír los latidos de su corazón, pero este parecía detenido, desesperado comenzó a golpear el pecho de la amazona con fuerza para reanimarla, entonces, recordó un detalle importante, el masaje cardiaco debía ir acompañado de respiración boca a boca, el problema era que él era un hombre y su amiga, una amazona, no podía ver su rostro, eso era lo que June y Albiore le habían dicho, pero si no la ayudaba ella moriría.

- Perdóname June, sé que no lo debo hacer, pero tampoco quiero que mueras- dijo con lágrimas, asustado antes de quitarle la máscara, pensaba en que si las palabras de Reda y Spica eran verdad, y su amiga no tenía rostro, entonces no habría forma de salvarla.

Armándose de valor, quitó esa cosa que lo asustaba de una buena vez, y para su sorpresa se encontró con el rostro de una niña normal, uno muy bonito, pero que perdía rápidamente el color, poniéndose pálido, como el rostro de las muñecas de Saori, y tal como ellas, estaría sin vida si él no hacía algo. Con sumo cuidado abrió los labios de la niña para asegurarse que la lengua no obstruyera el paso del aire, y así acercó su boca para hacer la maniobra completa, pero June seguía sin reaccionar y Shun no comprendía qué estaba haciendo mal, intentaba una y otra vez el procedimiento sin lograr nada.

- Por favor respira, no te mueras- decía entre sollozos el pequeño aprendiz, en ese momento, escuchó que alguien estaba llamando a su amiga, era Albiore, quien al ver que June no estaba en su cama, salió a buscarla, rápidamente, Shun le puso la máscara a la niña, y gritó con todas sus fuerzas para que el Santo de Cefeo los encontrara.

- ¿Qué pasó aquí?- preguntó Albiore al llegar a la playa donde se encontraba su discípula al borde de la muerte, y Shun desesperado por no poder ayudarla.

- Ayúdeme maestro, no escucho su corazón- fue lo único que pudo decir el niño, todo empapado y con el rostro muy pálido. Ante la gravedad de la situación, Albiore se acercó a June y le tomó el pulso.

- Date la vuelta Shun, no quiero que mires- dijo seriamente, al percatarse que lo que estaba buscando no aparecía.

- ¿Qué hará maestro?- preguntó asustado el niño.

- Date la vuelta ¡Obedece!- ordenó el Santo de Cefeo, haciendo un gran esfuerzo por mantenerse sereno, dejarse llevar por la desesperación no servía de nada.

Shun obedeció inmediatamente mientras Albiore le quitaba la máscara a June. En ese momento, el niño se aferró a su medallón con forma de estrella, cerró los ojos con fuerza y le pedía al espíritu de su madre que por favor su amiga no muriera, un silencio mortal pareció apoderarse de la isla, mientras se escuchaba la suave voz de Albiore contando las presiones que ejercía sobre el esternón de su alumna, para luego dar paso a las dos insuflaciones que acompañaban el masaje cardiaco.

- Respira, respira- se escuchaba la voz del Santo de Cefeo, quien hizo la técnica un par de veces más, hasta que por fin la niña comenzó a toser y botar el agua que había tragado al caer al mar, a pesar de que llevaba la máscara puesta en ese entonces, la tensión pasó y Albiore tomando en brazos a June comenzó a hablarle- Así se hace, buena niña, no me vuelvas a asustar así.

- ¿Maestro? ¿Qué hace aquí? ¿Dónde esta Shun?- preguntó débilmente la amazona, mientras Albiore le ponía la máscara.

- Shun está aquí con nosotros, está bien, ahora debes recuperarte, te llevaré de regreso a la cabaña- tras decir estas palabras, Albiore dirigió su mirada a su alumno, y poniendo su mano en el hombro del pequeño, sonrió con alivio- vamos muchacho, lo peor ya pasó, y si no te abrigas te vas a enfermar.

- Pensé que el maestro me regañaría esa noche, pero sólo pude ver compasión en sus ojos, es tan distinto a Tatsumi, lo seguí en silencio a su cabaña, allí, luego de que te dejara dormida en tu habitación, me dio a beber un poco de leche tibia, no hizo preguntas en ese momento, como yo imagine que lo haría, esa muñeca que acabo de ver dormida en el salón, es igual a ti, es tu rostro al borde de la muerte en aquella ocasión, nunca pude decirte lo mal que me sentí en ese momento por no poder ayudarte, ni siquiera era capaz de solucionar mis propios problemas- reflexionaba Shun en voz alta, mientras que por el cansancio acumulado por la batalla y el viaje de regreso se había recostado en su cama, al cerrar sus ojos, acudió el recuerdo de la muñeca rota similar a la máscara de June y también el rostro de la otra muñeca, igual al de la niña pálida y dormida en mitad de la playa- Ese intento de fuga pudo haberme costado la armadura, era seguro que me iban a expulsar de la isla, pero incluso en ese momento cargaste con la responsabilidad de todo…

- Ya le dije maestro que fue mi culpa, pensé que ese barco me llevaría hasta el puerto de Djibouti y convencí a Shun para que me ayudara a escapar- explicaba June arropada en su cama, con la máscara puesta, Shun la observaba silenciosamente sentado al lado de Albiore.

- ¿Y por qué querías viajar a Djibouti?- el Santo de Cefeo sospechaba que June estaba mintiendo.

- Por que ese puerto esta cerca de Etiopía, quería visitar a mis padres, le oí decir que estaban sepultados allá cuando hablaba con Casandra la última vez que vino, usted no me deja salir de Andrómeda y nunca me habla de ellos, así que quería escapar, no me dio otra opción- contestó June fingiendo estar molesta, sabía de sobra que a Albiore no le gustaba ese tema.

- Entonces ibas a fugarte y Shun es tu cómplice, por eso tendré que castigarlos a los dos- dijo el Santo de Cefeo, con la intención de presionar a alguno para que dijera la verdad, June era bastante ocurrente, pero a él no lo engañaba, algo tenía que ver con Shun y no con ella, ese niño era muy tranquilo y una fuga era algo que con toda seguridad no cometería salvo que se tratara de algo importante, y él sabía que ese barco iba cerca de Reina Muerte, donde June le había dicho que estaba el hermano de su aprendiz, y por otro lado, un marinero había encontrado las pertenencias del niño en la escalera de embarque.

- ¡No! No castigue a Shun, él me ayudó por que lo obligué, pero en el último instante se arrepintió y trató de convencerme que no lo hiciera, pero los remos se me perdieron y caí al agua, maestro, él me rescató- insistió June.

- ¿Es eso cierto? ¿Qué tienes que decir al respecto Shun?- Albiore dirigió su mirada al niño junto a él, este no sabía que decir, mentir era malo, sobre todo al maestro, pero su amiga desde la cama le hizo un gesto con su dedo índice atravesando su cuello, en pocas palabras, el aprendiz comprendió que estaría muerto si decía la verdad, y tragando mucha saliva, finalmente contestó.

- Sí maestro, June dice la verdad, así sucedieron las cosas- su voz temblaba, pero miró fijamente a Albiore para no levantar sospechas.

Pese a que hizo muchas tretas para que los niños dijeran la verdad, hablando incluso por separado con cada uno de ellos, ni Shun ni June revelaron lo que Albiore sospechaba y tenía asumido como la realidad, de vuelta en la habitación de su alumna, el Santo de Cefeo se resignó a dictar sentencia.

- Los hechos son bastantes graves, no puedo pasar por alto que June intentó fugarse de la isla, y que tú Shun, has sido su cómplice, por esta vez no los expulsaré de aquí, pero cada uno deberá cumplir su castigo al pie de la letra- explicó con seriedad Albiore- Shun tu pasarás un día y una noche en las mazmorras, sólo por que salvaste a June de no morir ahogada, y tú jovencita, en cuanto te recuperes cumplirás dos días y dos noches también en las mazmorras, pero si intentan otra vez escapar, se irán de Isla Andrómeda para siempre.

Después de designar el castigo para cada uno, el Santo de Cefeo salió de la habitación de June, aún pensaba que le habían mentido, pero a pesar de todo no se habían traicionado, y eso era una muestra de compañerismo y lealtad, valores importantes para un Santo de Atenea, pero la mentira era una cosa que él no toleraba y no era digno de un Caballero, por eso debía castigar a sus discípulos.

- Lo siento Shun, no pude liberarte de las mazmorras- se lamentaba June en su cama.

- No te preocupes, es lo que me merezco por tratar de huir- contestó el pequeño caminando hacia su amiga.

- Pero todo esto paso por mi culpa, si no hubiera perdido los remos, ahora estarías viajando a Reina Muerte para ver a tu hermano- la amazona molesta por su plan fallido se escondió entre las sábanas.

- Eso ya no importa, decidí que cumpliría mi promesa, regresaré a Japón con la armadura de Andrómeda, estoy seguro que si Ikki me hubiera visto llegar a Reina Muerte sin ella, se habría decepcionado de mi- Shun trató de animar a su amiga, no todo estaba perdido, al menos ellos estaban con vida- oye June, sale de ahí.

El pequeño se acercó y trató de levantar un costado de las sábanas para ver a su amiga, pero esta saltó sorpresivamente asustando al niño.

- ¡Buuuu!- gritó divertida, mientras Shun cayó al suelo- siempre te asustas con eso.

- No lo vuelvas a hacer- reclamó el pequeño pensando en que su amiga nunca podía quedarse quieta mucho tiempo.

- No te enojes, es una bromita- la niña bajó de su cama, llevando puesto un largo camisón de dormir, el cual odiaba por que se le enredaban los pies, Albiore se había equivocado de talla, pero ella no quiso que su buen maestro se molestara en cambiarlo- Quería darte las gracias por salvarme anoche- dijo a su amigo dándole la mano para que pudiera ponerse de pie.

- Eso me dio mucho más susto, nunca vuelvas a arriesgarte así- Shun conteniendo las lágrimas abrazó a June.

- Bueno, lo intentaré, pero ahora quiero dormir, suerte con las mazmorras- la pequeña deshizo el abrazo, no le desagradaba, pero era mejor mantener las distancias con los niños, eso era lo que había aprendido en el Santuario y cumpliría con ello firmemente.

- Nunca lo intentaste, apenas te recuperaste ya estabas lista para enfrentarte a Reda y Spica- el sueño y la nostalgia de no tener a June cerca para animarlo, y a su hermano muerto, estaban venciendo al Caballero de Andrómeda- Afortunadamente, logramos que esos dos dejaran de molestar, por lo menos hasta los verdaderos enfrentamientos por la armadura…

El calor era terrible, y más aun por que las mazmorras se encontraban en las faldas del volcán de Isla Andrómeda. June cumplía su segundo día de castigo, aburrida, estaba sentada en una roca tras las rejas jugando con una pequeña lagartija, uno de los pocos animales que sobrevivían en medio de tan extremas condiciones climáticas.

Shun apareció en ese momento, trayendo un poco de comida para ella.

- No deberías estar aquí- dijo la niña al verlo llegar.

- El maestro me autorizó a traerte el almuerzo- sonrió el pequeño pasando pan, leche y algo de carne entre los gruesos barrotes.

- ¿Podrías cuidar a mi amiga unos minutos?- June tomó la lagartija y la puso en las manos de Shun.

- ¡Es muy fría!- se quejó el pequeño sujetando al reptil con algo de temor.

- Lo sé, debe tomar un poco de sol o sino se enfermará, acompáñala para que no esté sola mientras yo como lo que me trajiste- June le dio la espalda a su amigo para poder quitarse la máscara y probar el pan y la carne, estaba muy hambrienta.

Shun con sumo cuidado puso la lagartija en una roca.

- Por favor no te escapes- dijo al animalito, el cual se quedo quieto tomando sol, el niño tuvo por un instante la tentación de mirar a la celda, quería volver a ver el rostro de su amiga, pero esta vez con sus ojos abiertos, se preguntaba que color tendrían, si eran grandes o pequeños, sabía que June venía de Etiopía y él ignoraba como era la gente en ese lugar, pero finalmente logró contenerse, su osadía había llegado a mucho la noche en que la sacó del agua para que no se ahogara, con eso era suficiente.

Cuando la amazona volvió a ponerse su máscara, Shun le entregó la lagartija, y después tomó las cosas que había traído para que su amiga comiera, debía regresar cuanto antes al entrenamiento.

- Sólo te queda esta noche y saldrás de aquí- sonrió optimista, ese lugar en la oscuridad era muy helado y daba miedo, el pequeño no pudo dormir cuando estuvo cumpliendo su castigo, y sólo había sido una noche- animo June.

Pero antes de que la niña respondiera, aparecieron un par de invitados que ellos no esperaban ver en ese lugar.

- Así que es verdad que intentaste escapar de la isla- dijo Spica acercándose a la celda.

- Estabas huyendo de nuestra pelea ¿Quién es cobarde ahora?- se burló Reda.

- Eso no es así, el que iba a escapar era yo, June no es cobarde- Shun intentó defender a su amiga.

- ¿Por qué no te quedaste callado?- regañó la niña.

- ¿Tú? ¿Escapar? Pero si te aterra hasta tu sombra, nunca tendrías las agallas para hacer eso- rió el niño de cabello rosa.

- Te dije que fui yo, June iba a pelear contigo pero algo salió mal- insistió el pequeño de cabellos verdes.

- Eso no importa, estoy muy enfadado en este momento, si hay algo que detesto es que me dejen plantado en un combate, y tengo muchas ganas de pelear- dijo Reda pateando una roca pequeña.

- Espera hasta mañana, cuando salga ajustaremos cuentas- June contestó con hostilidad desde su prisión.

- Claro que no, tú rompiste nuestro acuerdo al no presentarte, así que no tengo por qué creer en tu palabra- Reda hablaba con malicia- Dijiste que no debía molestar a esta niñita llorona, ahora verás lo que le pasa a los que se burlan de mi.

Inmediatamente el malvado niño atacó a Shun con un puñetazo, el cual el pequeño logro esquivar por muy poco, sin embargo, Reda continuó con su ataque.

- ¡Déjalo! ¡Tu problema es conmigo!- gritaba June aferrada a los barrotes que le impedían ir a ayudar a su amigo, mientras que el pequeño peliverde, esquivaba con dificultad todas las embestidas de su adversario, y esto enfadaba aún más a Reda.

- ¿Por qué no peleas? En cuanto te atrape no dudaré en matarte pequeña rata verde- gritaba tratando de golpear a Shun.

- Pelear no es bueno, no es la solución a los problemas ¿Por qué no intentamos ser amigos como antes?- respondió el pequeño a su atacante.

- Mientras seas mi rival por la armadura jamás podremos ser amigos- decía Reda intentando dar una patada a ras del suelo sin obtener resultado, en ese instante una piedra cayó en su cabeza.

- ¡Te dije que dejes a Shun en paz!- June desde su celda había intentado ayudar a Shun.

- ¡Spica!- Reda miró a su compañero, y en el acto, el chico tomó fuertemente el brazo de la amazona.

- ¡Suéltame, me duele!- protestaba la niña tratando de golpear al aprendiz de cabello azul, pero su brazo atrapado en medio de los barrotes no era de mucha utilidad.

- No hasta que Reda termine- respondió con frialdad su captor.

- ¿Qué no te das cuenta que algún día Reda dejará de ser tu amigo para poder quedarse con la armadura de Andrómeda? te está utilizando- intentaba liberarse June, pero Spica no le hacía el menor caso.

- ¡Espera! Si quieres golpearme hazlo, pero no metas a June en esto- Shun dejó de esquivar los golpes de Reda y se quedó de pie mirándolo desafiante- No me gusta pelear, pero tampoco me gusta que otros sufran por mi culpa, soportaré cada uno de tus golpes, y si sobrevivo, quiero que me dejes en paz, hasta que de verdad debamos competir por la armadura.

- ¡No Shun, no hagas eso!- gritó la amazona desesperada desde la mazmorra.

- Esta bien, tú lo has querido- el despiadado Reda comenzó a golpear y patear a Shun sin la menor compasión, lo hacía con mucha rabia, sin siquiera detenerse. En un intento por hacer alguna cosa, June cogió su lagartija, la cual pasó corriendo por su hombro, y la puso en la espalda de Spica, el reptil, guiado por el calor se metió entre las ropas del niño, el cual al sentir una cosa fría que bajaba por su espalda, se puso a gritar para tratar de quitársela, en medio de su escándalo, la pequeña rubia con su brazo libre al fin, tomó una gruesa roca y la golpeó contra el candado de la celda hasta que logró abrirlo.

Shun resistió a duras penas todos los golpes que le estaba dando Reda, en el preciso momento en que el cruel niño iba a usar un fragmento de cadena del entrenamiento para azotar al pequeño, June lo detuvo con un puñetazo en su rostro y una patada que logró dar en su pecho provocando que cayera contra una roca.

- No te atrevas a lastimarlo, fue suficiente, soportó todos tus golpes- dijo la amazona sin bajar la guardia.

Reda se puso de pie con torpeza, miró con furia a ambos niños, odiaba al japonés cobarde, y más aún a esa niña entrometida que lo protegía, ninguno merecía convertirse en un Santo de Atenea, ambos eran débiles, y los débiles no estaban hechos para la batalla, el fuerte sobrevive y los endebles perecen, alguien le había enseñado esa ley hace mucho tiempo atrás, antes de que fuera enviado al Santuario.

- Te salvaste por el momento rata verde, pero cuando luchemos por la armadura no tendré piedad- después de su amenaza, el niño espartano se marchó a buscar a su amigo Spica, quien se había perdido en la distancia con la lagartija metida en su ropa.

- ¡Shun! ¡Háblame!- June trató de ayudar al lastimado y sanguinolento pequeño quien aún se cubría la cabeza para soportar el ataque de su oponente, al verlo en esa posición, enrollado en el suelo, muchas lágrimas comenzaron a resbalar bajo la máscara de la amazona, llegando hasta su cuello.

- No llores, no me volverán a molestar y tú no saliste lastimada- intentó sonreír Shun, tratando de ponerse de pie sin ayuda- Entra a tu celda o el maestro te regañará.

- ¡Tonto!- June se abrazó al niño, no sabía si decirle que lo admiraba por lo que había hecho o regañarle por aquella locura. Para Shun esa fue la primera vez que su amiga lo abrazaba por iniciativa propia, la primera vez que sintió que detrás de la máscara había una niña como él que trataba de ser valiente, pero que también tenía miedo.

- Así fue como vi tu rostro, y también entendí que había algo más allá de tu máscara, siempre quise ver tus ojos, tu sonrisa, incluso hubiera querido verte llorar aquella vez que logré que Reda y Spica dejaran de molestarnos- pensaba Shun a punto de quedarse dormido, pero la puerta de la habitación sonó, y el Caballero de Andrómeda salió de su estado de somnolencia.

- Shun, el médico que mandó a llamar Saori ya está aquí- era la voz de Shiryu.

- Bajo en seguida- contestó el joven desperezándose, luego de mojarse un poco la cara, se dirigió al salón donde estaban las muñecas de porcelana, allí se encontraba Saori, el médico de cabecera de la familia Kido, Hyoga, Shiryu y Seiya quien tenía una muñeca en sus manos, siempre había sido un niño curioso, y tenía que tocar todo aquello que llamaba su atención.

Cuando el Caballero de Andrómeda entró al salón, un estruendo asustó a todos los presentes.

- Seiya rompiste mi muñeca- reclamó Saori.

- Lo siento, lo arreglaré, lo juro- respondió el Caballero de Pegaso nervioso.

- No tienes remedio- suspiró Shiryu.

- Creo que es mejor que el médico te revise a ti primero Seiya- dijo Hyoga.

Shun se acercó a ver cual muñeca había roto su amigo, pero la sonrisa en su rostro desapareció al darse cuenta que se trataba de aquella pequeña rubia que estaba dormida sentada en una silla de juguete, aquella que se parecía a su amiga June. En ese preciso instante, lejos, en Isla Andrómeda, Albiore le revelaba a su discípula que sus verdaderos padres eran judíos.

Continuará…

Palabras raras que aparecieron en este capítulo: Shinai, es una espada de bambú usada en el kendo, tsuka es la empuñadura del shinai, Matrioska, es la clásica muñeca rusa que adentro tiene otras más pequeñas (Me encanta jugar con ellas ^^, las desarmo y las armo una y otra vez), Djibouti, es un país ubicado en el cuerno de África que limita con Etiopía (la palabra cuerno va en buen sentido no piensen cosas raras).

Agradecimientos a quienes dejaron reviews: a mis queridas Alyshaluz, Darkacuario, Saint Lu (se te extraña en msn), June Star (suerte con la tesis, ánimo), también a Noche de Luna y a Tot12, saludos para las dos ^^, también a mis incondicionales Tayi-kun y Kadmiluz Pierotti, y a todos los lectores silenciosos.

La próxima actualización tardará, por el hecho de que aún no escribo el capitulo cuatro, mi maestra Melpómene, la musa de la tragedia, se fue de vacaciones, y las demás no me hacen caso, así que tendré que esperar a que vuelva y espero que sea pronto.

¡Hasta el próximo capitulo ^^!