Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Este capítulo tiene varios flashback, y algunas escenas de violencia, creo que no son tan fuertes pero aun así se los digo antes de que lean, y sé que el pobre Reda puede ser demasiado malvado pero tiene su corazoncito sólo hay que darle algo de tiempo ;)

Paralelamente.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo IV

El duelo: látigo contra cadena.

Aquel parecía ser un día más en Isla Andrómeda que se iba, de no ser porque Albiore mencionó a June que ese era el último entrenamiento para ella, no tenía nada más que enseñarle y a la mañana siguiente debería demostrar a través de un combate contra uno de los santos de la isla todo lo aprendido en esos seis años, si vencía, estaba lista para hacer la prueba para obtener la armadura de bronce del Camaleón, en caso contrario y de no morir, debería decidir su suerte entre marcharse donde ella quisiese para tener una vida normal, como si el Santuario no existiera, o aceptar servir a Athena y al Patriarca como una humilde doncella de su orden.

June sabía de sobra que fuera de Isla Andrómeda no tenía hogar alguno y su corta estancia en Rodorio, a pesar de ser muy niña, le había dejado en claro el tipo de trabajo que realizaban la gran mayoría de las doncellas, sólo Casandra era respetada por ser la sacerdotisa de la isla y por el mito que rondaba sobre ella, su don de ver el futuro y su virginidad. Para la joven amazona su única alternativa de sobrevivir con dignidad era obteniendo la armadura de bronce para la cual se había preparado todos esos años, además, estaba la promesa hecha por su maestro de revelarle todo sobre la muerte de su padre y la razón por la cual ella no recordaba nada.

Después de la cena, salió de la cabaña de las amazonas para buscar algo de quietud ante esos nervios que poco a poco se apoderaban de ella, a poco andar, encontró a Albiore encendiendo con su cosmos el faro de la isla, éste notó el estado de ansiedad en el que estaba su alumna y para que se distrajera la invitó a beber mate bajo las estrellas, en el mismo acantilado desde donde observaron el ritual del sacrificio de Shun para obtener la armadura de Andrómeda.

Transcurrieron un par de horas, la conversación era agradable, además de ser acompañada por un buen mate. Albiore le contaba a June una gran cantidad de anécdotas de su entrenamiento para convertirse en un santo de Athena, de su anciano maestro y abuelo de Casandra, Fíneo de Cefeo, quien a pesar de ser ciego era poseedor de una sabiduría inmensa y al igual que su nieta podía ver el futuro aunque no con tanta claridad, June por su parte recordó con nostalgia parte de su entrenamiento junto a Shun y los demás aprendices, dándose cuenta que esos seis años que le parecían una eternidad cuando era niña, se habían pasado casi volando. En medio de esta amena charla, fue que el Santo de Cefeo compartió con su discípula una parte del pasado de su padre, todo lo tenía calculado, le daría pistas de a poco para que la verdad no le cayera tan de golpe, después de todo, ganara o fuera derrotada, él no tenía el corazón tan frío como para mantenerla alejada de lo que realmente había sucedido hace nueve años.

- Tu padre era mi rival por la armadura de Cefeo-

El tiempo pareció congelarse para la joven, nunca pensó que su padre tuviera una conexión con el Santuario, sólo sabía que era amigo de Albiore.

- ¿Qué dijo maestro?- preguntó cuando al fin pudo salirle la voz, su rostro que estaba sin la máscara puesta había palidecido.

- Conocí a Benjamín cuando llegué a esta isla en mi niñez, su familia venía de Alemania huyendo de Hitler, estando desamparados fueron acogidos por mi maestro y cuando acabó la guerra y pasó el peligro se marcharon a Etiopía, su destino original, allí nació tu padre, pero un incendio destruyó su hogar, nadie sobrevivió excepto él, al enterarse de la noticia, mi maestro lo trajo a Andrómeda y decidió entrenarlo para que se convirtiera en un santo de Athena-

June escuchó a su maestro sin pronunciar palabra, sólo lo miraba con atención aún sin poder creer lo que había escuchado, miles de ideas revoloteaban por su cabeza al mismo tiempo.

- Sé que lo harás bien mañana, lo llevas en la sangre, tu padre era un guerrero excepcional y tú te pareces mucho a él, incluso en lo terca, no debes ponerte nerviosa…- Albiore hablaba para desviar la conversación, pensaba que June lo acorralaría con preguntas que aún no estaba seguro de poder responder, pero en la mente de la joven, en ese momento, sólo había una gran duda, una cosa que necesitaba saber con urgencia.

- Maestro, mi padre y usted ¿Alguna vez debieron enfrentarse a muerte?- Albiore la observó desconcertado, no pensó que ella le preguntaría algo así, le conmovió por un instante la expresión de preocupación de su discípula- ¡Respóndame por favor!

- Benjamín y yo éramos como hermanos, de él aprendí muchas cosas, siempre me decía que yo era el indicado para ser el Santo de Cefeo, jamás nos enfrentamos a muerte durante el entrenamiento ni siquiera por la armadura, se marchó de la isla unas semanas antes de que lucháramos por ella- lo cierto era que Benjamín no había renunciado ni nada que se le pareciese, simplemente había escapado de Isla Andrómeda, sin dejar explicaciones de ningún tipo y por ello se le consideraba como un traidor a Athena, pero Albiore no podía explicarle eso aún a June.

- Cuanto me alegro- dijo la joven casi en susurro con una enorme sensación de alivio, amaba a Albiore tanto como a su padre, temía que ellos hubiesen sido rivales como Reda y Shun, de sobra sabía lo terrible que era una experiencia como esa, y la sola idea de pensar que aquellas dos personas que quería se hubiesen enfrentado casi hasta la muerte le dolía, pero por fortuna eso no había pasado, confiaba completamente en su maestro, el jamás le mentiría con algo así. El Santo de Cefeo se percató que la palidez en el rostro de su discípula había desaparecido y se sintió también aliviado, tal vez ella no haría más preguntas por esa noche.

- Era bastante hábil en la cerámica y en la herrería, forjó esto para mi dijo que serviría en mi entrenamiento, creo que es hora de que tú lo tengas, necesitas de la fuerza de tu padre más que yo-

- ¡Eso es!...- el arma que sostenía Albiore era nada más ni nada menos que aquel viejo mangual que estaba guardado en la bodega de armas y que Shun y June habían encontrado cuando eran niños mientras buscaban cadenas para el entrenamiento, la joven lo sostuvo con mucho cuidado como si de un tesoro se tratase y para su sorpresa, ahora no pesaba tanto como en aquel entonces- Ahora entiendo por qué usted me decía que mi padre me observaba desde Cefeo.

Albiore notó la ternura con la cual su alumna acariciaba el mangual.

- A pesar de todo aún es una niña, no es justo para ninguno de estos jóvenes tener una infancia tan cruel, pero la vida de un santo de Athena es así, he hecho todo lo que está a mi alcance para que June sea feliz de esta manera, y dentro de poco todo cambiará, será de ella esa gran responsabilidad, la de seguir adelante sola, abriéndose paso en esta vida y esta era tan decadente- pensó con preocupación, le importaba todo lo que le sucedía a sus discípulos, pero esa muchacha en especial, la adoraba como si fuese su propia hija, ella se había ganado su corazón- Ya es hora de ir a dormir, mañana será un día muy importante.

- Sí maestro, buenas noches- la joven dejó de lado el mangual y se arrojó a los brazos de Albiore, el cual la sostuvo con algo de sorpresa- Gracias por todo hasta ahora, lo quiero maestro, no sabe cuanto.

Luego de soltar a Albiore, ella se puso su máscara y se disponía a marchar a su cabaña, pero él la detuvo.

- June, ¿Qué harás si logras obtener la armadura del Camaleón?-

- Primero debo vencer a mi rival de mañana, y luego hacer la prueba para ganar mi armadura, y si eso sucede, quisiera ir a Japón para ayudar a Shun en la búsqueda de esa armadura extraviada, luego quisiera viajar a Etiopía a visitar la tumba de mis padres, y después regresaré a Andrómeda con usted- la joven lo había pensado, y esa era su decisión la cual comunicó sin titubear, creía que con Shun no había posibilidad de llegar a algo más que una amistad y consciente de ello optó por llevar una vida dedicada a Athena, a su maestro y a proteger Isla Andrómeda.

- ¿Regresarás?- Albiore jamás imagino una respuesta de ese tipo, él suponía que su alumna querría ir tras Shun y no abandonarlo nunca más.

- Claro maestro, usted sale muy rara vez de esta isla, si no consigue una esposa se quedará sólo, no permitiré eso, así que yo lo cuidaré en su vejez, que descanse- rio June traviesamente antes de correr en dirección a su cabaña.

- Las cosas no son tan fáciles mi pequeña June, hoy recibí una carta desde el Santuario, el Patriarca exige que esté atento a su llamado e intuyo que tiene relación con la aparición de la armadura dorada de Sagitario en Japón y con Shun, además, no sé si querrás quedarte a mi lado cuando sepas que tu padre y yo si peleamos a muerte, aunque no en el entrenamiento, sino años después cuando lo encontré viviendo en Aksum, en ese entonces tú tenías cinco años…

"Albiore había recibido un mensaje del Patriarca y atendiendo a sus deseos se dirigió a Aksum, Etiopía, los rumores indicaban que en esa ciudad vivía un hombre con una cosmoenergía muy potente, la misión consistía en encontrar a esa persona y ver de quien se trataba, su sorpresa fue descomunal al ver que era su viejo amigo Benjamín. La alegría por el reencuentro fue enorme, el Santo de Cefeo no sólo conoció a la hija de su camarada, éste le invitó a quedarse con ellos un tiempo en su hogar en las afueras de la ciudad, el día transcurrió con rapidez, después de la cena y de que June se quedara dormida, ambos se reunieron bajo un enorme Baobab a recordar viejos tiempos.

- Veo que te convertiste en el Santo de Cefeo, siempre dije que lo lograrías, estoy orgulloso de ti amigo mío- sonrió Benjamín sentado en una roca, era unos años mayor que Albiore, tan alto como él, sus cabellos castaños caían ondulados hasta sus hombros y estaban atados en una coleta, tenía una barba no muy abundante, su piel estaba bronceada tanto por el sol como por su trabajo en una fragua, sus ojos eran de un azul muy profundo.

- Lo mismo digo, tienes una hija muy linda y bastante inteligente, es una lástima que tu esposa y tu otra hija no hayan sobrevivido a la malaria-

- Ellas siempre estarán en mi corazón- Benjamín guardó silencio un par de minutos antes de formular la pregunta que tenía desde que vió a su amigo aparecer en su herrería- Albiore ¿Cuáles son tus verdaderas órdenes? No viajaste hasta Aksum descuidando Andrómeda solamente para comprobar el cosmos de uno de sus habitantes.

- Casandra se encuentra en la isla, no está descuidada, y sí, tienes razón, ahora que sé que la persona con ese cosmos poderoso eres tú todo cambia, mi deber es llevarte de regreso al Santuario- contestó Albiore con algo de pesar.

- ¿Y qué te hace pensar que yo regresaré a ese lugar?- preguntó el judío con seriedad en su voz.

- ¡Tienes el derecho de limpiar tu nombre, decir las razones de por qué escapaste del entrenamiento!-

- Sabes que escapé porque no creo en Athena, ella es un ídolo, mi deber es servir a Yahvé, eso es lo que hago, es el legado de mi familia, ese argumento es considerado una herejía significaría mi muerte- Nada haría cambiar de parecer a Benjamín.

- El Patriarca te perdonará la vida, sabes que así será- insistió Albiore, el cariño a su hermano de entrenamiento era enorme, muchas veces se entristecía al escuchar a los demás tratándolo como un traidor y él sin poder hacer nada por demostrar lo contrario, quizás por eso fue uno de los pocos en tener compasión por el hermano menor del traidor Aioros, pero ahora todo era distinto, Benjamín podía regresar a limpiar su nombre, esta era la oportunidad perfecta para hacerlo.

- ¿El Patriarca? Albiore, eres un buen hombre, justo, inteligente y tan sabio como nuestro maestro, por eso debo decirte que tengas cuidado, crees demasiado en las personas y también en las reglas- comentó Benjamín mirando con nostalgia las estrellas.

- ¿Por qué dices eso? Hablas como si supieras algo que yo no- Albiore notó algo raro en su amigo y decidió llegar al fondo de ese asunto.

- ¿Alguna vez haz pensado si serías capaz de cumplir las órdenes del Patriarca al pie de la letra?-

- ¿Qué pregunta es esa? Claro que sí, el Patriarca es el brazo derecho de Athena ¿Por qué debería cuestionar su autoridad?- el Santo de Cefeo no comprendía dónde quería llegar su amigo con todo eso.

- ¿Incluso si sabes que puede estar cometiendo una injusticia?-

- ¡Eso nunca sucederá! El Patriarca es un hombre sabio y está del lado de Athena ¿Qué sucede Benjamín, qué tienes contra el Patriarca?- Albiore se molestó por las palabras de su amigo, el Patriarca era un buen hombre y su maestro Fíneo lo respetaba muchísimo.

- Te diré algo Albiore, cuando viajé al Santuario por encargo de nuestro maestro, escuché la conversación de un hombre joven con su propia imagen reflejada en el agua de una de las fuentes del templo principal, hablaba sobre asesinar al Patriarca y tomar el control del Santuario, parecía estar completamente loco, pero su voz y el color de su cabello cambiaba a cada momento, como si hubieran dos seres dentro de una sola persona, cuando intenté dar aviso a alguien que me creyera, él me descubrió, intentó matarme, cada vez que intentaba acercarme al Patriarca él estaba a su lado, vigilando que no le diera aviso de nada, partí apenas pude de regreso a Andrómeda a advertirle al maestro Fíneo, confiaba en que él me ayudaría, pero ese sujeto se me adelantó y había empezado a envenenarlo sin que tú y Casandra se dieran cuenta, me amenazó con matarlos a todos si no me marchaba y esa es la verdadera razón por la que huí, fue para protegerlos, es cierto que no creo en Athena, pero ustedes eran mi familia no iba a permitir que los lastimaran- Cuando Benjamín terminó su relato Albiore aún lo miraba con confusión.

- Nuestro maestro murió un par de semanas después que escapaste, tuvo un ataque en el corazón, el propio Patriarca estaba el día de su deceso, la acusación que haces es muy grave Benjamín ¿Quién es ese sujeto, Aioros? Él estuvo en la isla justo antes de que tu regresaras del Santuario y se quedó hasta las exequias fúnebres del maestro- muchas cosas comenzaron a tomar sentido en la mente de Albiore, aunque no de la manera correcta, al creer que Aioros era el verdadero traidor ignoró por completo que había otra persona más en la isla que también venía del Santuario- Debes regresar conmigo, si esa es tu razón no hay motivo para que el Patriarca no te perdone, lo aceptará, Aioros fue descubierto a tiempo, intentó matar a la reencarnación de Athena, pero ella está a salvo y él pagó con su vida esa ofensa.

- No es Aioros, escucha, la persona de la que te hablo tiene mucho poder, cómplices y es bastante cercano al Patriarca, a lo mejor es demasiado tarde y ya tiene el control de todo sin que se hayan dado cuenta- explicó Benjamín.

- Si no es Aioros, entonces dime quién es o mejor aún, debes venir conmigo, vamos a desenmascararlo delante de todos – insistió Albiore- tal vez estamos a tiempo, podemos salvar al Patriarca y a Athena.

- ¡No puedo abandonar Aksum!-

- ¿Por qué? Antes éramos hermanos, peleábamos juntos por la paz y la justicia ¿Qué te detiene?- el Santo de Cefeo no entendía la actitud de su amigo, sabiendo el camino correcto ¿Cómo era posible que se quedara sin hacer nada?

- Sirvo a Yahvé ahora, mi lugar es Aksum donde protejo el Arca de la Alianza, ese es el legado de mi familia desde que ayudaron a los sacerdotes hace muchas generaciones a traerla desde Jerusalén hasta Etiopía, y aunque la Iglesia Copta tiene un guardián, ambos sabemos que un humano común y corriente no tiene todo lo que se necesita para proteger un objeto divino, soy el último de los guardianes judíos que queda con vida, tú deberías entenderme Albiore, después de todo como el Santo de Cefeo debes custodiar Isla Andrómeda para que Hefestos no escape del volcán donde Athena lo aprisionó desde la mitología…- Albiore interrumpió a su amigo.

- ¿Ese es el camino que vas a elegir?- Benjamín asintió ante la decepción del Santo de Cefeo- entonces, yo te diré que soy un Santo de Athena, mi misión es protegerla y seguir las órdenes del Patriarca, y él ha dicho que quien te encuentre debe llevarte al Santuario de regreso para juzgarte por alta traición.

Aquellas palabras le dolían a Albiore, pero su deber estaba primero que todo.

- ¡Papá!- se escuchó a June llamar a Benjamín interrumpiendo la discusión por unos instantes.

- ¡June! ¿Qué haces en el jardín a esta hora hija?- Benjamín corrió hacia la niña y la tomó en brazos mientras ella se acurrucaba.

- Unawabu no me deja dormir- contestó la niña aún somnolienta.

- ¿Unawabu, el camaleón de la mitología Zulú? Hijita, ha sido una pesadilla, tranquila te llevaré a la cama y no te dejaré hasta que te duermas, ese camaleón no vendrá a molestarte conmigo a tu lado- sonrió Benjamín caminando a su casa- Albiore ¿Te parece que terminemos esta conversación mañana? Me gustaría enseñarte mi plantación de sésamo que está por aquí cerca, el amanecer es esplendoroso en ese lugar.

- Allí estaré Benjamín- contestó el Santo de Cefeo desconcertado, había olvidado la pequeña hija de su amigo, la situación con ella de por medio se veía aún más complicada, no tenía nada que ver ni con el Santuario, Isla Andrómeda o incluso con la protección del Arca de la Alianza, era sólo una niña inocente, y si Benjamín no quería marcharse de Aksum también era para protegerla, después de todo era su única familia y como todos los niños de su edad necesitaba a su padre junto a ella. Albiore reflexionó el resto de la noche, debía llevar a Benjamín de regreso a Rodorio donde sería juzgado, pero tal vez el Patriarca entendería la situación y si llevaban a la niña con ellos, seguramente habría una mayor probabilidad de que le perdonaran la vida a su amigo, tras convencerse de que ese era el único camino, el Santo de Cefeo se encaminó a la plantación de Sésamo, allí el judío le estaba esperando, pero en él se veía que no daría un pie atrás en su decisión, nadie le llevaría de regreso al Santuario.

- "No matarás" es una de las leyes que Yahvé le dio a mi pueblo al liberarlo de la tiranía del faraón de Egipto, pero esta vez mi vida está en juego, y no sólo eso, también la protección del Arca de la Alianza y la felicidad de mi hija, que es lo más hermoso que el cielo me ha dado , perdóname, mi amigo, mi hermano, pero las cosas han cambiado desde la última vez que nos vimos, mi deber es quedarme en Aksum, aunque enfrentarme a ti sea el único camino para poder hacerlo- sus ojos azules tenían una expresión de profunda tristeza, acompañó a su hija toda la noche con un terrible presentimiento en su corazón, pero optó por no hacer caso de ello, debía estar al lado de ella hasta que creciera y pudiera valerse por sí misma, y lucharía hasta el final por ese sueño.

- Entiendo, diga lo que diga no cambiaras de opinión, pero debo cumplir con mi deber, así como tu eres fiel a Yahvé, yo soy fiel a Athena y tú la traicionaste, no es motivo de orgullo pelear contra la persona que considero mi hermano, pero el Patriarca me ha enviado y sus órdenes son precisas regresarás conmigo al Santuario vivo o muerto…"

- No sé cómo apareciste en el campo de batalla aquel día, cuanto me arrepiento de no haber escuchado a Benjamín con atención, cuanto lamento todas las decisiones que tomé y que te destrozaron la vida a tan corta edad, pero ya no hay nada que pueda hacer, entenderé si decides odiarme cuando te cuente toda la verdad sobre la muerte de tu padre- Albiore caminó deprimido hacia su cabaña, aún debía seleccionar al rival de June para el duelo del día siguiente- Me parece que el sabor del vino esta noche será muy amargo.


"Reda se encontraba descansando en su cabaña, hacía un calor sofocante y él estaba desesperado, la varicela le producía comezón en todo su cuerpo y la fiebre le molestaba aún más. Uno de los niños que había llegado desde el Santuario a entrenar junto con el grupo de Donnelly, Karya, Ryszard y Mateo había traído la peste a la isla, todos enfermaron casi al mismo tiempo, y él y Karya fueron los últimos en caer, por eso era el único en cama mientras que los demás niños ya habían regresado al entrenamiento.

- He traído tu comida- escuchó a June golpeando la puerta de la cabaña antes de entrar, ella se había ofrecido para cuidar a Reda y Karya, ya que su máscara la mantenía un poco más alejada de la enfermedad a diferencia de sus otros compañeros. Al entrar, dejó el plato con comida en una mesa, y se puso a remojar compresas con agua fría para ponerlas en la frente del enfermo y bajarle un poco la fiebre, después se sentó en un taburete junto a él y le acercó el plato para que pudiera alimentarse.

- ¿Qué es esto? ¡Sabe horrible!- se quejó Reda empujando a la niña y tirando el plato al suelo.

- No deberías hacer eso con la comida, es sagrada- protestó June poniéndose de pie y recogiendo el plato- el maestro dijo que con estas algas te recuperarías pronto, ojalá hubieran algunas que te cambiaran el mal humor.

June salió de la cabaña para traer otro plato con comida, Albiore le había dado la estricta orden de que tanto Karya como Reda debían beber mucho líquido y alimentarse bien. A su regreso notó que el niño tenía los ojos cerrados.

- ¿Estás despierto? He traído más comida- dijo en voz baja por si de verdad Reda dormía o si estaba atontado por la fiebre.

- ¿Tú que crees?- contestó molesto, odiaba esa situación, odiaba no poder entrenar pero lo que más detestaba era tener que ser cuidado por esa niña tonta.

- Si estás recostado y con los ojos cerrados es difícil saberlo- June se acomodó nuevamente en el taburete junto a Reda- esta vez te comerás todo.

- ¡Dame eso!- dijo él quitándole el plato, intentó llevarse un alga a la boca y después de tragarla con dificultad volvió a arrojar el plato pero esta vez directamente a la niña- ¡Es horrible, no quiero!

- ¿Podrías dejar de comportarte como un niño mimado? Hasta Shun se comió las algas sin protestar- June se puso de pie para acomodar el plato con algo de fastidio, al voltear, vio que Reda trataba de alcanzar el cántaro con agua que ella había traído.

- No me compares con ese imbécil-

- Detente, debes descansar, si quieres agua tienes que pedirla- la pequeña amazona intentó ayudar al niño, pero él aunque no podía ver su rostro, detestaba el tono de compasión en que le hablaba.

- ¡Déjame!- gritó empujándola y haciendo que cayera junto con el cántaro el cual terminó hecho añicos.

- ¡Mira lo que hiciste, ahora ya no hay agua para que bebas eres un idiota!- la tarea de cuidar a Reda se había convertido en algo demasiado tedioso para June, pero el sólo hecho de ver a un niño igual a ella así de enfermo, sin nadie que le cuidara, despertaba en ella un enorme deseo de protegerlo, por esa razón y porque Shun estaba igual de preocupado, fue que ella se ofreció para cuidarlo a pesar de que no se llevaban muy bien.

- Si soy un idiota ¿Por qué insistes en cuidarme tonta? yo no te lo pedí- preguntó molesto el enfermo recostándose irritado por la comezón y la fiebre, mirando a la niña quien ya se había puesto de pie.

- Porque ante la enfermedad y la muerte todos somos iguales, eso me enseñó el maestro, y aunque eres malo conmigo, eres un niño al igual que todos los aprendices de esta isla, mereces que alguien te cuide, y en vista de que nadie más quiso hacerlo, acepté yo- contestó June antes de ir por más agua y una escoba para limpiar el desastre.

Reda reflexionó mucho las palabras de la niña, no era que nadie quisiera cuidarlo, Spica iba a hacerlo pero él le dijo que no, porque necesitaba que aprendiera bien el entrenamiento para que después se lo explicara, su amigo accedió a regañadientes porque no tendría excusas para evadir las lecciones, pero ya que Reda le necesitaba su deber era ayudarle, aun así, el niño espartano se sentía sólo con todo su malestar y en ese entonces apareció la detestable amiga de la rata japonesa a sentir compasión de él y hacerlo sentir más miserable cuidándolo como a un bebé, pero ella había dicho que "todos eran iguales ante la muerte" y que "él era un niño como todos", precisamente su padre al llevarlo desde Esparta hasta el Santuario en Rodorio le había dicho lo contrario, el descendía de una estirpe de guerreros innatos, los cuales desde niños se dedicaban al arte de la guerra, y él no podía ser menos que los demás, su linaje lo hacía ser superior a todos, pero en ese momento de enfermedad las palabras de June le hicieron recordar a una persona muy especial, una mujer, que prefería no nombrar por temor a su pasado.

- No puedo permitir que una niña me cuide como si fuera un inválido, esto es tan vergonzoso- pensó, luego se puso de pie y pese a la fiebre caminó hasta alcanzar el plato con algas y regresó a su cama para comerlas todas.

- Ya regresé- June se sorprendió al ver al niño comiendo, le sirvió un vaso con agua y después limpió los trozos del cántaro roto, en todo ese tiempo y sin que se diera cuenta Reda no dejaba de mirarla, al terminar, la niña volvió a empapar las compresas con agua fría, las puso sobre la frente del enfermo y luego cerró las cortinas para que pudiera dormir, desde ese día los sentimientos del pequeño comenzaron a cambiar, llevándolo a un eterno conflicto entre el ser y el deber ser".

Y allí estaba nuevamente con ese conflicto dentro de sí, su turno de vigilancia terminaría pronto, pero la llamada del Santo de Cefeo a su cabaña había dado un enorme vuelco en su vida, al salir, caminó hacia unos roqueríos para poder pensar con claridad y ese viejo recuerdo había acudido con nitidez a su mente.

- ¡Reda! Aquí estás, te busqué por todos lados para terminar la vigilancia ¿Qué quería el maestro?- preguntó Spica preocupado, pero el mutismo de su amigo le hizo entender todo sin necesidad de explicaciones- entonces ¿Tú serás su rival al amanecer? ¿Qué harás? Ella te gusta.

- Lo sé, pero mis órdenes son pelear para que demuestre si es digna de hacer la prueba para obtener su armadura- contestó Reda dominando por completo sus emociones.

- Pero si la vences tal vez se vaya de Andrómeda para siempre o peor aun podrías incluso matarla - insistió Spica- ¿Podría tu conciencia y tu corazón resistir algo así? Yo creo que debes decirle al maestro que otro tome tu lugar.

- Si no puedo enfrentarme a ella, no merezco ser el Santo de Piscis Austrinus y no sería digno de llevar sangre espartana en mis venas, además, mi deber es impedir que los extranjeros se lleven las armaduras que por derecho le pertenecen a Grecia y sus habitantes, fracasé con Shun, no se volverá a repetir con June aunque mis sentimientos estén en juego- la fría respuesta de Reda no dejaba de preocupar a Spica, él estaba convencido de que eso no era bueno y quería disuadirlo para que le diera su lugar a otro más, pero en ese momento apareció un tercero el cual no estaba feliz con aquella noticia.

- Entonces mis suposiciones eran ciertas, tú pelearás contra June al amanecer-

- ¿Qué haces aquí duende tarado? Nadie te invitó- contestó inmediatamente Reda poniéndose a la defensiva.

- Venía para iniciar mi turno de vigilancia cuando te vi salir de la cabaña del maestro, sospeché que tenía que ver con el combate de mañana, oí todo, eres un miserable, a pesar de que sabes lo que sientes por ella quieres lastimarla, y eso no lo voy a permitir- el cosmos de Donnelly comenzó a elevarse.

- ¿Estás celoso duendecillo? ¿Te molesta que sea yo quien pelee con ella y no tú?- Reda también elevó su cosmos listo para enfrentarse al irlandés.

- Claro que no, mis sentimientos a diferencia de los tuyos son verdaderos, jamás me atrevería a hacerle daño, no como tú rata miserable- Donnelly se abalanzó sobre Reda y le dio un puñetazo en el rostro, Spica inmediatamente salió en defensa de su amigo empujando al pelirrojo.

- ¡Déjanos Spica! Este duende de medio pelo y yo ajustaremos cuentas ahora mismo- rápidamente atacó a su oponente propinándole un golpe en el estómago, pero Donnelly se recuperó pronto y lo cogió por los hombros arrojándolo al suelo, justo cuando iba a darle un codazo en las costillas a Reda para devolverle el golpe anterior, este estiró su brazo y lo atrapó por el cuello, después le dio una patada para quitárselo de encima.

- No peleas nada mal bagre retardado, pero yo soy mucho mejor que tú- Donnelly contraatacó a Reda con una gran cantidad de patadas altas y bajas, al tratar de esquivarlas, el espartano fue atrapado del brazo por el irlandés y este lo arrojó contra una enorme roca, estaba a punto de seguir con su ataque pero una potente voz lo detuvo.

- ¡Deténganse!-

- ¿Maestro?- Spica con todo el escándalo no se dio cuenta cuando Albiore en compañía de Karya habían llegado.

- ¿Se puede saber qué hacen? Mañana es un día importante y necesito que todos ustedes estén en óptimas condiciones- les increpó el Santo de Cefeo.

- No le creo, a usted sólo le interesa que este idiota esté en buenas condiciones para que pueda pelear contra June, no estoy de acuerdo con su decisión- protestó Donnelly.

- Maestro ¿Es verdad lo que él dice?- Karya inmediatamente se preocupó por su amiga, sabía de sobra lo cruel y despiadado que podía ser Reda en especial con June.

- Esa es mi decisión, si June no lo puede vencer es porque no está lista para convertirse en un Santo de Athena, si no quieren perjudicarla es mejor que no le digan nada sobre Reda, son las reglas para el combate de mañana- Albiore se veía extremadamente serio.

- Reda hará lo posible por matarla, y si eso sucede usted será el culpable, ¡Nunca se lo perdonaré maestro!- Donnelly estaba fuera de sí, no soportaba la idea de que el Santo de Piscis Austrinus se atreviera a tocar a June.

- No toleraré otra insurrección, Donnelly pasarás una noche y un día en las mazmorras a contar de ahora- la sanción de Albiore le cayó como un balde de agua fría al Santo de Boyero, eso significaba que no podría ver el combate entre June y Reda, no estaría ahí para protegerla de ese monstruo espartano, pero no opuso resistencia al castigo, en parte porque se había dado cuenta de que le había faltado el respeto a su maestro y también porque empeoraría las cosas si hacía o decía algo más.

Karya y Spica enmudecieron tras ese hecho, cada uno retomó sus actividades. La amazona de Vulpécula hizo su turno de vigilancia sola, no quiso acercarse a la cabaña de las amazonas, se conocía, sabía que no podría mirar a su amiga sin decirle quién sería su oponente, y tampoco quería estropear su prueba. El Santo de Casiopea se fue a intentar dormir a su cabaña junto con Reda, estaba preocupado por él, esa situación no le hacía bien, aunque su amigo jamás le había contado su pasado, él tenía la certeza de que este no había sido muy bueno por eso tenía un carácter tan difícil de entender y de tratar. Mientras tanto Albiore acompañado de una copa de vino en la soledad de su habitación se preguntaba si había hecho bien en enfrentar a Reda y June, era conocedor de los sentimientos del joven, pero le parecía el rival más apropiado para su discípula, sólo una cosa le hacía temer y eso era que su alumno era impredecible en combate, claro que existía una posibilidad de que June lo venciera, pero también existía la posibilidad de lo contrario, y de ser así la muerte para ella también era una alternativa.


"- Uno, dos, uno, dos- la voz de June se oía bastante firme a pesar del ruido de las olas al golpear las rocas del acantilado, uno de los muchos que existían en la complicada geografía de la isla, y que estaban usando Shun y ella para entrenar en secreto. Después del frustrado intento de fuga a Isla de la Reina Muerte y de la pelea contra Spica y Reda, Albiore se mantuvo firme en su decisión de que la amazona no se involucrara en el entrenamiento de su especial discípulo, pero ambos acordaron reunirse a escondidas para practicar a pesar del cansancio por el entrenamiento extra que Albiore le daba a Shun.

- Esos golpes están muy débiles, así no se hace-

- ¡Este lugar me da miedo, si caemos podemos morir!- se quejó el pequeño mirando las filosas rocas que salían del mar.

- Lo sé, pero este es uno de los pocos lugares donde podemos entrenar sin que nos descubran- explicó June acercándose con cautela a su amigo ubicándose justo delante de él- cuando golpeas tus puños deben estar firmes, si golpeas flojo no tendrá un buen efecto tu ataque y hasta puedes lastimarte.

Shun observó sus puños con calma, eran pequeños, como la mayoría de los demás niños de su edad, pero había una gran diferencia, los puños de él estaban preparándose para lastimar a otros e incluso matarlos.

- ¿Será correcto que mis manos sirvan para dañar a las personas?- pensó entristecido en voz alta.

- Shun es cierto que puedes dañar a los demás, pero piensa que también puedes proteger a los que no saben como defenderse por sí mismos, el maestro me lo dijo- la niña intentaba motivar al pequeño.

- Sí, es verdad, mi hermano Ikki me protegía, creo que yo también puedo proteger a otras personas- sonrió Shun y continuó dando golpes al aire.

- Uno, dos, uno, dos- June volvió a contar, pero a medida que el niño mejoraba ella se acercaba más y más a él.

- ¿Qué haces?- dijo cuando casi la golpea en la cara.

- ¡No te detengas!- ante aquella voz tan autoritaria él continuó practicando, pero ella detenía todos sus golpes- ¿Eso es todo lo que tienes? ¡Golpea como hombre! En el Santuario aún serías una amazona principiante.

- No quiero pelear- el miedo de hacer caer a su amiga o de caer él mismo a las rocas era enorme.

- Shun esto no es una pelea, sólo estamos practicando un par de golpes- intentó convencerlo June todavía atajando los golpes del niño, pero este finalmente se detuvo.

- Si te lastimo será igual de triste que una pelea de verdad y te dolerá- ante esas palabras la niña suspiró con un poco de fastidio, pero luego tuvo una idea que quizás serviría para que Shun entrenara.

- Haremos una cosa, si entrenas bien te enseñaré algo especial- dijo sonriente tras su máscara extendiéndole su mano al niño para ayudarle a salir del lugar donde estaba.

- ¿Algo especial?- preguntó Shun con curiosidad.

- Así es, pero es un secreto y sólo lo compartiré contigo si te esfuerzas en el entrenamiento- ella se oía muy entusiasta.

- Bueno…pero ¿Podemos entrenar en otro lugar?- contestó él con timidez el acantilado le aterraba.

- Como quieras, pero cuando te sientas listo volveremos a este lugar- ambos salieron en dirección a la playa junto al faro, caminaban con tranquilidad, la hora de la siesta era larga y aburrida, y el calor era tan grande que si corrían llegarían exhaustos y no practicarían nada.

- Dentro de poco llegarán nuevos alumnos para el maestro desde el Santuario, lo escuché anoche mientras él hablaba por radio, es mejor que estemos preparados- comentó June, en el fondo estaba preocupada de que llegaran niños más terribles que Reda y Spica a la isla, eso no sería bueno para Shun.

- ¿También vienen por la armadura de Andrómeda?- preguntó el pequeño.

- No lo sé-

- Entonces, mientras no deba pelear con ellos no tengo de qué preocuparme- sonrió aliviado Shun.

- No creo que sea tan fácil- pensó June en voz alta- oye ¿prefieres que entrenemos con armas o combate cuerpo a cuerpo?

- ¿No podemos entrenar por separado?-

- Debemos poner en práctica lo que nos enseña el maestro- regañó la niña cruzándose de brazos.

- Entiendo, pero eres mi amiga, los amigos no se pelean y si alguna vez tuviéramos que enfrentarnos prefiero rendirme a hacerte daño- explicó Shun, pensando en que jamás querría estar en esa situación.

- Shun, eso no sucederá porque ambos protegeremos a Athena, pelearemos del mismo lado, seguiremos siendo amigos siempre- dijo June de forma optimista, el pequeño se detuvo y la miró fijamente con una cálida sonrisa en su rostro, ella se sintió incómoda con ese gesto- ¿Qué te sucede?

- Es la primera vez que te escucho decir que somos amigos- June se ruborizó tras su máscara, Shun siempre decía cosas que la desconcertaban, con algo de torpeza continuó hablando.

- Va…vamos a entrenar antes que los demás despierten, pelearemos cuerpo a cuerpo, tú te defenderás y yo te atacaré-

- ¿Defenderme?- preguntó Shun sin entender bien la finalidad de ese ejercicio.

- El maestro siempre dice que a veces tu mejor forma de atacar puede ser tu mejor defensa, si aprendes a defenderte bien entonces ya tendrás una ventaja sobre tu oponente- June comenzó a dar puñetazos a su amigo, y este comprendiendo el mensaje comenzó a atajarlos y a esquivarlos.

La hora de la siesta, junto con el entrenamiento de la tarde y la cena pasaron casi volando aquel día, cuando Shun estaba a punto de ir a dormir vio a June que le hacía señas desde unas rocas junto a la cabaña, sin que los demás lo notaran corrió tras ella.

- ¡June! ¿Dónde vas? El maestro dijo que vigilaría la isla esta noche, nos puede descubrir- decía mientras trataba de alcanzarla, pero ella desapareció tras unas enormes rocas que parecían dar directo al mar.

- ¡June!- al perderla de vista Shun no supo qué hacer, y comenzó a llamarla.

- No hables tan fuerte o las vas a asustar- escuchó decir a su amiga quién asomó su cabeza por lo que parecía ser un pequeño túnel natural entre las rocas, y que al parecer nadie se había percatado de su existencia.

- ¿Asustar? ¿A quiénes?- el niño no entendía qué estaba sucediendo.

- ¿Recuerdas eso que te prometí si entrenabas bien hoy? Sólo sígueme y te mostraré mi secreto- June desapareció en el túnel y Shun lleno de curiosidad y un poco de temor a que los descubrieran la siguió gateando con cuidado por entre las rocas, su sorpresa fue enorme al salir y observar una pequeña playa de blancas arenas, el mar en calma con sus aguas transparentes y el cielo oscuro lleno de estrellas y la luna llena que se veía enorme y redonda.

- ¡Qué buen lugar!- exclamó impresionado con la belleza de la naturaleza, todo se veía pacífico.

- ¡Silencio o se espantarán!- murmuró June en el oído de Shun mientras le cubría la boca con su mano, fue cuando él notó unos bultos oscuros saliendo del agua.

- ¿Qué son?- preguntó con curiosidad y tan despacio como su amiga le hablaba.

- Son tortugas Shun, siempre vienen a poner sus huevos por esta fecha a esta playa, el maestro cuando era pequeña me trajo hasta aquí montada en su espalda mientras él nadaba, pero después descubrí ese túnel, siempre trato de venir a verlas, pondrán sus huevos, los dejarán calentitos bajo la arena y luego se marcharán, dentro de un tiempo saldrán tortugas pequeñas- explicó June con ternura en su voz.

- ¡Vaya!- el niño no salía de su asombro, Ikki le había dicho algo sobre eso alguna vez, pero nunca imaginó que podría llegar a verlo- entonces esas tortugas van a ser madres pero ¿Por qué abandonan a sus hijitos? ¿Acaso no los quieren?

- No lo sé, nunca lo había pensado tal vez el océano es tan grande que las mamás tortugas tienen miedo de perder a sus hijos y por eso los dejan aquí en grupo para que cuando salgan se cuiden entre todos- June compartió su opinión con Shun, aunque él tenía más dudas a cada momento sobre el abandono de las pequeñas tortugas.

- Quizás no tengan suficiente comida para sus hijitos y por eso los dejan aquí, pero ¿Dónde estarán sus padres? Puede pasarles algo malo y sin su mamá alguien podría herirlas-

- El maestro me dijo que cuando las tortugas nacen deben llegar solas al agua y que más adentro las están esperando pulpos y otros enemigos para devorarlas, no todas se convertirán en adultas- June se escuchaba muy triste.

- Eso quiere decir que son huérfanas igual que nosotros- suspiró Shun, eso le hacía tener más empatía con aquellos animalitos- tal vez las pobres regresan al océano a buscar a sus padres y allí sólo encuentran la muerte.

- Tienes razón- ambos niños miraban a las tortugas madres cavando en la arena para depositar sus huevos, sentían una profunda tristeza, no sabían qué hacer, sólo sabían que al igual que ellos las pequeñas tortugas tendrían que aprender a sobrevivir.

- Shun, si esperamos a que nazcan las tortugas y nos enfrentamos contra los pulpos para que no se las coman ¿Crees que logren llegar todas con sus padres?-

- ¡Eso es!- el niño inmediatamente se animó con la idea de su amiga, pero tenía una duda- ¿Crees que podamos pelear contra ellos sin lastimarlos demasiado?

- Si entrenamos lo suficiente no habrá problemas, pero tendremos que nadar mejor y aprender a pelear dentro del agua- dijo June optimista- aunque ellos no son los únicos peligrosos, si Reda, Spica o cualquier niño descubren esta playa vendrán a hacer travesuras y el hogar de las tortugas se arruinará.

- Entonces será un secreto, así podremos cuidar bien a las tortugas- sonrió el pequeño, ambos estrecharon sus manos en señal de acuerdo y sigilosamente salieron de la playa por el túnel, y se fueron a dormir.

Mientras caminaban en dirección a las cabañas, June sintió una extraña presencia cerca de ellos.

- ¿Qué es eso?-

- ¿Qué es qué?- preguntó Shun chocando con la espalda de la niña.

- Vi una sombra, iba en dirección al acantilado cerca de la roca del sacrificio- June comenzó a correr hacia ese lugar, algo le decía dentro de su corazón que aquella sombra tenía que ver con ella y su pasado casi olvidado.

- ¡June, no vayas! ¡Debemos avisarle al maestro!- Shun la siguió preocupado de que algo le sucediera, pero tropezó con una roca y perdió de vista a la pequeña amazona.

Mientras más corría, la sombra parecía alejarse como si huyese de ella, pero al llegar al acantilado cerca de la roca del sacrificio se detuvo y poco a poco comenzó a tomar forma.

- ¿Quién es usted?- preguntó June al ver una silueta masculina, no podía ver su rostro ni su vestimenta con total claridad, sólo pudo distinguir en el pecho un pañuelo de color rojo, uno que había visto en muchos sueños y que sólo podía pertenecer a una persona- ¡Papá, eres tú!

La silueta permaneció inmóvil por unos instantes frente a ella mientras se oía el romper del oleaje sobre las rocas, la niña se sintió observada de pies a cabeza, pero una sensación de tranquilidad la invadió, no tenía miedo de esa sombra.

- ¿Por qué no me dejas ver tu rostro? Sé que eres mi papá, mírame, soy June- rápidamente ella se quitó la máscara para que la reconociera, la silueta se acercó y trató de acariciar la mejilla de la niña, pero antes de que lograra algún tipo de contacto comenzó a hundirse en las rocas.

- ¡Papá, nooo!- June intentó coger a la sombra como pudo para que no desapareciera, Shun llegó en ese preciso momento.

- ¡June! ¿Qué sucede?- gritó y corrió a ayudarla.

- Mi padre está quedando atrapado en el acantilado- decía ella tratando de sacarlo, Shun intentaba ayudarla pero de pronto la sombra había desaparecido por completo…"

- ¡Papá!- June despertó agitada, con algo de torpeza logró ponerse de pie para ir por un poco de agua, aún era de noche y notó que Karya no estaba en la cabaña, todavía algo nerviosa salió a tomar un poco de aire, hacía un frío sobrecogedor pero ella estaba acostumbrada- ¿Qué fue ese sueño? La primera parte la recuerdo bien, de verdad que Shun y yo acordamos cuidar a las tortugas, pero esa sombra, jamás vi algo semejante en esta isla, y de que he visto cosas extrañas las he visto, ¿De verdad era mi padre? Pude reconocer ese pañuelo rojo, siempre que sueño con él lo lleva puesto en el pecho.

La piel de la joven se erizó por completo al sentir una ráfaga de aire helado junto a ella, y regresó a su habitación, en el trayecto no dejaba de pensar en su padre y en Shun.

- Si pudiera decirte ahora todo lo que sé sobre mi familia estoy segura que te alegrarías mucho por mí, eres mi mejor amigo, entre nosotros no hay secretos, pero la situación no es buena y no quiero molestarte con mis asuntos hasta que haya algo más de calma y pueda viajar a Japón y de verdad serte de utilidad- un par de lágrimas salieron de los ojos de la joven, por fortuna logró controlarse, no estaba para sentimentalismos con un importante combate al amanecer.

Al llegar a su habitación se sentó sobre su cama con el mangual de su padre en una de sus manos y en la otra la última carta de Shun que había recibido, en donde el joven le explicaba de forma resumida su pelea contra los caballeros de los abismos, dirigidos por una amazona.

- Me alegro que no seas tú mi rival al amanecer Shun- pensó June después de releer la carta y guardarla junto a las demás, después caminó hacia su ventana, desde ahí observó el firmamento y comenzó a hablar mientras sostenía con fuerza el mangual- Padre, sé que me escuchas, no sé que signifique con exactitud lo que soñé, pero creo que has venido a visitarme mientras dormía, el maestro me dijo que entrenabas para convertirte en un Santo de Athena y que te arrepentiste, ahora yo sigo los mismos pasos que tú, por eso te pido que me des de tu fuerza y tu valor para superar la prueba de mañana, prometo no defraudarte y que yo si llegaré hasta el final, obtendré la armadura del Camaleón y haré que estés orgulloso de mi.

Otra brisa helada acarició la piel de June, el sueño nuevamente se apoderó de ella, tenía que descansar, sólo faltaban algunas horas antes de su combate, guardando con cuidado el mangual bajo su cama y acariciando su medalla con la estrella de David se quedó profundamente dormida.


El cielo poco a poco comenzó a perder su oscuridad tomando tonalidades rosas y violáceas, señal del amanecer. June despertó por sí sola, se levantó y fue por agua para bañarse, después se vistió con sus ropas de entrenamiento; un leotardo rosa sin mangas, calzas amarillas y zapatos de tacón amarrados con cintas junto a un pañuelo blanco atado alrededor de su cintura, sobre todo aquello se puso protectores para su busto que reemplazaban las clásicas pecheras de cuero de sus compañeros de entrenamiento, hombreras, rodilleras y finalmente vendó sus muñecas y manos para ponerse brazales de cuero que servían para proteger sus antebrazos.

Ese día, no sería el de un común entrenamiento, ella estaba consciente de eso, pero los nervios habían sido substituidos por un fuerte sentimiento de lucha, si bien es cierto que Shun y ella compartían ese hermoso ideal de no pelear, June había sido entrenada como una guerrera y su lugar estaba en el campo de batalla sin importar lo demás, su instinto le hacía asimilar su deber de ese modo, tomó la pequeña medalla con la estrella de David y tras colgarla alrededor de su cuello, miró su rostro en un pequeño espejo que había en su habitación, estaba completamente seria.

- No hay espacio para la duda o la debilidad, hoy venceré, para eso me he preparado- la máscara cubrió su nívea faz y cogiendo un látigo de cuero trenzado que Albiore había hecho para ella, partió a cumplir con el desafío de aquel día.

- ¿Ya estás lista?- preguntó Amira al ver a la rubia salir de su alcoba.

- Sí- contestó sin titubear.

- Quiero decirte que estoy segura que vencerás sea quién sea tu oponente, no todas las mujeres tienen el privilegio de ser amazonas, y aunque nuestra vida es sacrificada, servir a Athena es un honor- la amazona de Columba sonrió maternalmente antes de ponerse la máscara, Karya, quién hasta entonces había tratado de no toparse con June, evitaba mirarla por temor a decirle que su oponente sería Reda.

- ¿Tú no dirás nada?- preguntó Amira a la amazona de Vulpécula, y esta levantó la vista hacia su amiga, su voluntad estaba flaqueando, tenía que decírselo o su vida podía correr peligro, pero el sólo hecho de recordar todos esos años de entrenamiento le hicieron recapacitar, no arruinaría la prueba de June, tomando aire para serenarse, dio un par de pasos y abrazó a su amiga.

- Que Niké te proteja y te dé la victoria- rápidamente la soltó y se puso la máscara. Las tres jóvenes salieron de la cabaña en dirección al lugar desde donde Albiore llamaba a todos con su cosmos, el momento se acercaba y ellas prefirieron guardar silencio mientras caminaban.

El lugar del combate resultó ser ni más ni menos que la playa junto al faro, el cual aun seguía encendido con la llama creada por el cosmos del Santo de Cefeo pese a la claridad, Ryszard, Mateo y Spica se encontraban ahí, con sus respectivas armaduras puestas, Delphinus, Volans y Casiopea, al igual que Albiore, Karya y Amira.

En medio de la playa se encontraba el gobernante de Isla Andrómeda junto al rival que había elegido para su discípula, este último llevaba puesta una capa y capucha de color negro, además de estar escondiendo su cosmos para no revelar su identidad hasta iniciar la pelea, ninguno de los santos sabía de quién se trataba con excepción de Karya y Spica. June se separó de sus compañeras amazonas y caminó hasta quedar frente a su maestro y su rival.

- ¿Qué sucede Karya? Anoche no llegaste a dormir a la cabaña después de tu turno, y desde hace tiempo noto que estás muy extraña ¿Estás metida en algo turbio?- preguntó Amira mientras caminaban hacia donde estaban los demás.

- Reda es el rival de June, lo escuché anoche del propio Reda y después lo confirmó el maestro- contestó la amazona de Vulpécula al fin, desahogándose del secreto que guardaba con aflicción- no va a tener piedad, puede que incluso la mate.

- ¿Qué? Ya veo…Karya si de verdad eres amiga de June debes confiar en ella, no debes preocuparte de si es Reda o cualquier otro, ella luchará con la misma fiereza con que se atrevió a enfrentarme para viajar a Japón tras Shun- Amira puso su mano en el hombro de Karya para tranquilizarla.

- Espero que tengas razón- contestó ella – y si de verdad le gusta como dijo anoche, tenga un poco de consideración con June- pensó recordando lo que en secreto había escuchado antes de ir a buscar a Albiore para detener la pelea entre el irlandés y el espartano.

- ¿Alguna de ustedes ha visto a Donnelly o a Reda?- preguntó Ryszard a las amazonas al verlas llegar junto a ellos.

- Es cierto, Donnelly no llegó a dormir a la cabaña anoche- comentó Mateo pensando en que al fin había podido dormir tranquilo sin el violín de su amigo zumbándole en las orejas.

- No he visto a ninguno de ellos- dijo Amira, mientras que Karya y Spica guardaron silencio.

- Puedo sentir el cosmos de Donnelly junto al volcán- Ryszard inmediatamente lo encontró.

- ¿Pero qué hace ahí? Se perderá la pelea de June- Mateo no entendía esa actitud si el irlandés ese último tiempo no hacía nada más que hablar de cómo la chica vencería ese día.

- Seguro cometió alguna imprudencia y está castigado en las mazmorras- pensó Amira en voz alta, para ella, el pelirrojo era totalmente predecible, en ese momento se escuchó la voz de Albiore ante la cual todos callaron.

- June, aprendiz de amazona, tu entrenamiento ha finalizado ¿Deseas continuar con el camino de los santos de Athena y aspirar a obtener la armadura de bronce del Camaleón?-

- Sí maestro, para eso me he preparado todos estos años y no desistiré hasta lograrlo- contestó la joven.

- ¿Aceptas este desafío como parte de ese camino? Te recuerdo que si vences podrás hacer el ritual para obtener tu armadura, pero si pierdes deberás decidir entre servir como doncella al Santuario y a Athena o retirarte de la orden y vivir una vida normal lejos de esta isla- Albiore estaba tenso, pero era el gobernante de Andrómeda, debía como siempre contener sus emociones.

- Lo sé y lo acepto, ese es el camino que yo elijo-

- No se digas más, las reglas son claras, gana quien deje inconsciente a su rival o lo mate, también existe la opción de rendirse, que sea una pelea justa, ¡En nombre de Athena que comience el combate!- Albiore tras dar las instrucciones caminó hacia donde estaban sus otros discípulos para observar la contienda en su totalidad- Que los dioses te protejan hija mía.

June observó a la persona frente a ella, no lograba sentir su cosmos, miró a sus compañeros y notó la ausencia de dos de ellos, Donnelly y Reda, intentó sentir el cosmos de cada uno pero sólo logró dar con el del irlandés, antes de que pudiera llamar a su rival por su nombre, este se quitó la capa y la capucha y sonrió con desdén.

- Hace cuatro años tú y yo quedamos de enfrentarnos justo en este lugar al amanecer, pero jamás llegaste, que curiosa coincidencia, me resulta hasta gracioso que haya tenido que esperar tanto tiempo para vencerte- Reda sólo llevaba puestas las cadenas de la armadura de Piscis Austrinus, su cuerpo estaba protegido por la pechera, hombreras, y muñequeras de cuero del entrenamiento, Albiore, para que hubiera un poco de igualdad de condiciones entre June y él, le prohibió usar la armadura completa.

- Tarde o temprano esto tenía que saldarse, no me molesta en lo más mínimo que tú seas mi rival, jamás te he tenido miedo y esta vez no será la excepción- June agitó su látigo contra la arena, la adrenalina recorría todo su cuerpo, las energías de ambos comenzaron a extenderse hasta chocar entre ellas, señal de que el combate había comenzado.

- ¡Haré que aprendas a quedarte callada mocosa!- gritó Reda iniciando su ataque, sus cadenas que hasta entonces tenían una posición elíptica sobre la arena, comenzaron a agitarse, parecían estar acumulando una enorme tensión hasta que finalmente salieron disparadas en dirección de June quién las esquivó con dificultad, sin esperar más, ella dio un enorme salto y se abalanzó sobre su contrincante intentando darle un latigazo en el hombro, pero la velocidad de ambos era similar. El Santo de Piscis Austrinus esquivó el arma la cual casi logró rozarlo, la joven aprovechó ese movimiento y lo golpeó en la quijada con el codo, pero Reda reaccionando a tiempo la cogió del brazo y la arrojó con violencia lejos de él, tanto la cadena como el látigo eran armas de combate que permitían mantener una cierta distancia sobre el oponente, ambos lo sabían, pero querían probar en carne propia la fuerza de cada uno.

- No peleas nada mal, es una lástima que todos tus esfuerzos lleguen hasta aquí- se burló el Santo de Piscis Austrinus, quien sin dar tiempo de nada continuó con su ataque- ¡Onda de Trueno!

Una de sus cadenas salió zigzagueante contra la amazona, pero ella se puso de pie a tiempo para esquivarla e intentar un ataque frontal, su látigo trenzado se estiró hasta llegar a su adversario a una enorme velocidad, pese a ser uno común y corriente, pero Reda usó otra técnica con su cadena para frustrar el ataque de la joven.

- ¡Defensa Rodante!-

June conocía cada una de aquellas técnicas, eran las mismas de Shun, no le extrañaba en lo absoluto, después de todo tanto Reda como Spica se habían preparado junto con su amigo para conseguir la misma armadura, su látigo al chocar contra la barrera hecha por la cadena regresó en contra de la amazona, pero ésta logró controlarlo a tiempo para que no la golpeara.

- Tus pobres técnicas no servirán conmigo, las cadenas que llevo son las de mi armadura, mi cosmos es muy superior al tuyo y lo más patético es que te derrotaré con las mismas técnicas del idiota que protegiste todos estos años ¡Onda de Trueno!- la cadena de ataque salió una vez más disparada a una velocidad enorme, June se movía rápidamente para que no la alcanzara, pero el arma incluso atravesaba rocas para seguirla, se movía tan ágil como una serpiente acechando a su presa, esa siniestra carrera agotaría a la joven si no hacía algo y su rival reía mientras observaba el espectáculo de verla en apuros- Esconder tu cosmos de la cadena es inútil.

June no quería responder a las provocaciones de Reda, necesitaba concentrarse para atacarlo y obtener la ansiada victoria.

- ¡Estás perdida niña voy a vencerte ahora mismo! ¡Cadena Nebular!- la cadena avanzó a mayor velocidad contra la amazona y comenzó a multiplicarse, pero ella en lugar de seguir esquivando el ataque se abalanzó sobre las cadenas con determinación lo cual desconcertó al espartano- ¿Qué haces? ¡Estás loca!

Cuando todos pensaban que las cadenas atravesarían el cuerpo de la joven, ésta dio un brinco y equilibrándose sobre una de ellas continuó corriendo hacia su oponente sin siquiera electrocutarse, al llegar a Reda le propinó una poderosa patada que impactó en su cuello, luego agitó su látigo y tras darle varios azotes lo enrolló para estrangularlo.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué la cadena no la electrocutó?- preguntó Karya asombrada con el ataque al igual que sus compañeros.

- Es una de las técnicas del Camaleón, al estar en contacto con Reda logró asimilar su cosmos y luego usarlo para mimetizarse en él, por eso la cadena no la reconoce como un enemigo- explicó Albiore, mientras pensaba que aquella técnica tenía una debilidad, sólo era efectiva si los cosmos eran similares, cualquier variación en Reda o en June alteraría la armonía y la joven sería descubierta.

- No pienso matarte, así que di que te rindes- dijo June controlando la presión de su látigo sobre el cuello de Reda.

- Nunca- contestó este mientras un hilillo de sangre salía de su boca, finalmente cerró los ojos, pero cuando la amazona pensó que había perdido el conocimiento y aflojó su látigo, las cadenas cobraron vida y se enrollaron sobre su cuerpo apretándola poco a poco, ya liberado, el Santo de Piscis Austrinus se puso de pie- Debo reconocerlo, tu técnica es interesante, imitar mi cosmos no lo hubiera hecho cualquiera, pero cometiste un error al pedirme que me rindiera porque desequilibraste la armonía entre nuestros cosmos y mis cadenas te reconocieron.

Reda se acercó a June con una mirada glacial y comenzó a golpearla con furia sin detenerse, mientras los otros caballeros y amazonas contemplaban con horror la escena, sabían de sobra lo cruel que podía llegar a ser el espartano, pero jamás lo habían visto atacar de esa manera tan brutal desde que Shun se había ido de la isla.

- Te devolveré cada golpe que me diste miserable- dijo con maldad mientras cogía a la amazona del cabello y le daba un puñetazo en el estómago.

- ¡Maestro va a matarla! ¡Detenga el combate!- suplicó Karya al ver la situación de su amiga, pero Albiore no podía detenerlo, sólo había tres maneras de finalizar, que uno de los contrincantes se rindiera, quedara inconsciente o muriera, por mucho que quisiera a la chica como su propia hija, las reglas eran las reglas y él no podía manifestar ningún tipo de favoritismo, ni siquiera por ella.

- ¡Usted la crio como su hija, tenga piedad!- gritó la amazona de Vulpécula golpeando el pecho del Santo de Cefeo, pero Spica la cogió con fuerza para detenerla- ¡Suéltame, tú eres su cómplice!

- ¡Cállate Karya! ¿Qué no te das cuenta que esta prueba es tan dolorosa para June como para el propio maestro? Se cumplirá lo que los dioses decidan- intervino Amira con voz fría, mientras Spica liberaba a la joven- si no puedes comportarte tendrás que regresar a la cabaña ahora mismo.

- Tranquila, todo saldrá bien, supongo- murmuró Mateo no muy convencido pero alguien tenía que ser el de mente positiva en ese momento.

- Por favor, resiste, no te mueras, demuestra que en verdad eres hija de Benjamín- pensaba Albiore apretando los puños, cada golpe que recibía June era como si lo recibiera también él, en ese momento hubiera deseado detener todo, pero ya no podía dar marcha atrás, dentro del Santo de Cefeo estaban lidiando el padre, el maestro y el gobernante de Isla Andrómeda.

Ryszard contemplaba la pelea con impotencia, entendía que su maestro estaba en una situación complicada, al igual que June, y él estaba muy preocupado por eso, antes de irse Shun le había pedido en secreto que cuidara a la chica de Reda, Spica y Donnelly, y como el Santo de Delphinus era su compañero de cabaña y lo consideraba como su único amigo en aquella isla, había accedido sin hacerse mayores problemas, y en ese momento si June moría no sabía cómo le explicaría eso al Santo de Andrómeda.

- Debiste dejar que te atravesaran mis cadenas, no es muy honorable usar mis puños contra una mujer, porque a pesar de llevar esa estúpida máscara puesta eso es lo que eres una frágil y débil mujer como todas, si viviéramos en la época de gloria de Esparta tú serías mi trofeo de batalla mujer extranjera, pero tranquila, para suerte tuya no estamos en Esparta y no pienso matarte, sólo te haré pagar a ti por la vergüenza que me hizo pasar tu amiguito Shun al quedarse con mi armadura, dale las gracias si alguna vez lo vuelves a ver- Reda aflojó la cadena en torno a June y ésta a duras penas cayó de rodillas con una mano aun sosteniendo su látigo y la otra puesta en su hombro izquierdo el cual estaba profundamente herido, tosió un poco y notó el nauseabundo sabor de su propia sangre, pero eso no era todo, al abrir los ojos se dio cuenta que su máscara se encontraba llena de sangre por dentro, su visión era completamente de color rojo.

- Shun no tiene la culpa de que hayas perdido la armadura- alzó la voz tratando de ponerse de pie, mientras su cuerpo temblaba.

- ¿Por qué aun lo defiendes? Por su culpa estás como estás- El Santo de Piscis Austrinus enrolló una vez más las cadenas alrededor del cuerpo de June.

- La armadura no era para ti, Andrómeda representa el sacrificio, él mismo que Shun hacía día tras día para volver a ver a su hermano, para sobrevivir al entrenamiento y para poder ser fiel a su ideal de no pelear, el sacrificio es algo que tú no entiendes por eso fue que perdiste con él-

- ¡Cállate, tú no sabes nada!- Reda enfurecido le envió a la joven una feroz descarga eléctrica de diez mil voltios.

- ¡Aaaaaahhhhh!- el grito de dolor estremeció a Albiore y a los demás santos de la isla, en ese momento la cabeza de June quedó mirando hacia el suelo.

- ¿Está inconsciente?- murmuró Mateo con timidez. Reda creyendo su trabajo terminado retiró las cadenas que tenían atrapada a la amazona y su cuerpo cayó bruscamente sobre la arena, pero al darle la espalda para retirarse sintió que el cosmos de su adversaria comenzaba a encenderse nuevamente.

- No puedes irte, te derrotaré, aunque mi vida esté en juego no le temo a la muerte, cuando lo has perdido todo ya nada importa, pero, mi padre y mi maestro me están mirando y no voy a decepcionarlos- el látigo comenzó a danzar una vez más y salió en dirección del Santo de Piscis Austrinus aferrándose a su cuello, mientras que la cadena había capturado el pie de la amazona.

- ¿Quieres que te electrocute de nuevo? Estás buscando que te mate tonta- esta vez Reda se oía entre preocupado y serio, no podía creer que la joven aun fuera capaz de seguir insistiendo, había pensado en derrotarla desde el principio para no tener que llegar a esa situación, pero se encontró con la sorpresa de que June era mucho más fuerte de lo que él creía, su corazón se sintió feliz por ello, pero su orgullo no aceptaría una derrota, mucho menos de ella, y sabía que "esa persona", a la que le debía todo y aun así la odiaba con todas sus fuerzas, tampoco lo aceptaría.

- Hazlo, te dije que no le temo a la muerte- dijo June con osadía, y él sin hacerla esperar le envió otra mortal descarga, sin embargo, en el último segundo, ambos terminaron recibiendo los choques eléctricos.

- ¿Qué rayos está pasando?- Reda trataba de resistir a su propio ataque.

- Estoy usando mi cosmos para transferir toda la corriente de tu cadena a mi látigo-

- ¡Eso es imposible! Ese látigo es de cuero necesitas un buen conductor de electricidad para lograr ese tipo de efecto- reclamó él con incredulidad.

- Olvidaste que no se necesita de una armadura para que el cosmos fluya incluso en la materia inerte- explicó June.

- ¡Tonta, estás usando tu propio cuerpo y energía como conductores!-

- ¿Qué importa? De todas formas tu igual seguirás recibiendo las descargas al igual que yo- sentenció la amazona, Reda entendió la situación rápidamente, y soltó las cadenas para liberarse de su propio ataque, June apenas se vio libre arrojó su látigo a la arena, ambos lo habían decidido, el final se definiría en un combate cuerpo a cuerpo.

En un último intento por ser el vencedor, Reda se arrojó sobre June para darle una feroz patada, pero ella, utilizando otra técnica de su constelación, no sólo camufló su cosmos, sino que también ella misma se mimetizó con el ambiente, el espartano la perdió de vista por unos segundos, y luego la amazona reapareció encima de él golpeando fuertemente su estómago con una patada, lo cogió por los hombros y lo lanzó a un par de metros, él inmediatamente se puso de pie, su tobillo estaba lastimado, pero ignoró por completo el dolor y atacó a June con un puñetazo, pero ella puso toda su energía en ese último movimiento, tras esquivar a Reda lo golpeó con su mano en forma perpendicular a su nuca haciéndole perder el conocimiento.

Mientras el Santo de Piscis Austrinus cayó boca abajo sobre la arena, June quedó de rodillas tratando de recobrar el aliento, Karya y todos sus compañeros corrieron a socorrerlos a ambos, Spica y Mateo tomaron a Reda y lo llevaron a su cabaña para curarlo y dejarlo descansar. Karya no paraba de abrazar a su amiga, mientras Amira trataba de quitarla de encima de la joven para que Ryszard la llevara a la cabaña de las amazonas, y éste último se sentía más tranquilo.

Albiore luego de constatar la gravedad de las lesiones de Reda, fue a ver a su discípula y la declaró oficialmente como la vencedora.

- Felicidades June, has superado esta prueba, daré aviso al Santuario de tu victoria y dentro de poco podrás hacer el desafío del Camaleón para obtener tu armadura- sonrió lleno de orgullo, Reda no era un rival fácil, ambos tenían una diferencia muy pequeña en cuanto a sus fuerzas, él lo sabía y por eso lo había elegido como oponente para su discípula.

- Maestro, lo hice bien ¿Verdad?- la voz de June apenas le salía, se sentía adolorida y muy cansada.

- Así es muchacha- el Santo de Cefeo acarició sin querer la frente de la joven en presencia de sus discípulos, hubiera deseado abrazarla como Karya, pero debía guardar la compostura.

- Me alegro de saber que no perdió su tiempo conmigo- sonrió finalmente tras su máscara antes de desmayarse en brazos del Santo de Delphinus.

- Claro que no hija mía, jamás he perdido mi tiempo contigo, Benjamín estaría orgulloso de la misma manera en que yo lo estoy- pensó, mientras llevaban a su alumna para curar sus heridas y dejarla descansar.


Las horas pasaron, Reda fue el primero en despertar en su cabaña. Spica tenía un poco de sopa y se había encargado junto a Mateo de curar las heridas de su amigo.

- Al fin despertaste, que bueno que estás bien- dijo al verlo con los ojos abiertos.

- ¿Cómo llegué hasta la cabaña?- preguntó este tratando de recordar el combate.

- June…te dejó inconsciente, Mateo y yo te trajimos- respondió Spica con un poco de temor ante la reacción del joven, pero éste último se quedó en silencio por varios segundos hasta que finalmente le salió la voz.

- Ya veo, ¿Me venció por mucho?-

- No, estuvieron casi iguales, cayó de rodillas y después que el maestro anunció su victoria se desmayó- explicó Spica quién se había mantenido informado de la joven precisamente porque sabía que Reda le preguntaría por ella- te traje un poco de comida.

- ¿Cómo se encuentra?- volvió a preguntar él sujetando el plato que su amigo le había pasado mientras tomaba un poco de sopa.

- Se está recuperando en su cabaña, no debes preocuparte, a pesar de la paliza que se dieron entre ustedes, ella no morirá- comentó Spica mirando a Reda con seriedad- oye, quiero preguntarte una cosa.

- Dime-

- ¿De verdad te venció o te dejaste vencer?- el Santo de Casiopea tenía dudas sobre esa victoria, era cierto que su amigo había peleado con todas sus fuerzas, era cosa de recordar cómo golpeó a la amazona en pleno combate, pero sus sentimientos por ella podían haberlo hecho titubear en el último minuto.

- ¡No digas estupideces! Te dije que en un combate los sentimientos no cuentan- contestó el espartano dejando de comer, recordar su derrota era algo vergonzoso, pero al fin y al cabo él había peleado como todo un guerrero hasta el final, a pesar de que por unos instantes tuvo el fuerte deseo de detener el combate para no lastimar más a June.

- Esta bien, no te enfades, mejor saldré para que puedas dormir- Spica tomó el plato vacío y se marchó rápidamente de la cabaña, Reda necesitaba un tiempo a solas y él recordó que en ese momento tenía otros planes.

Después de dejar el plato y los cubiertos en la cocina del comedor de varones, se fue trotando hacia una de las playas de la isla donde Karya lo estaba esperando. Tras leer su diario de vida y enterarse de ciertos "secretillos" de la Amazona de Vulpécula, Spica había comenzado a chantajearla, y para asegurarse de que la joven hiciera caso a sus órdenes robó la hoja más comprometedora y amenazó con entregársela a Albiore, desde entonces Karya se había transformado en la sirvienta del Santo de Casiopea. Ella había intentado de todo para quitarle la hoja de su diario a Spica, sin ningún resultado, ya que él siempre se las ingeniaba para mantener el control sobre ella, pero pronto las cosas cambiarían.

- Mi desayuno y mi almuerzo no estuvieron buenos el día de hoy- se quejó Spica apenas se acercó a la joven quien estaba de brazos cruzados.

- Después de todo lo de hoy ¿Crees que tendría algo de tiempo para cocinar algo para ti? No estás herido ni enfermo así que tendrás que aguantar- regañó ella- Reda y June tienen prioridad.

- Mi sopa estaba sin sal y me gusta el pan tostado, no quemado ni mucho menos convertido en carbón- continuó él con sus protestas sin tomar en cuenta a Karya.

- ¡Cállate! Si no te gusta entonces cocina tú- se defendió la muchacha, como siempre, Spica la estaba fastidiando.

- Veo que después de todo este tiempo sigues sin entender, tengo esta hoja de cierto diario de vida que al maestro Albiore y a Ryszard les interesaría leer- se burló el chico- ¿Trajiste mi ropa limpia? La semana pasada tardaste y venía toda arrugada, y esta semana te ordené que la lavaras hace dos días, hoy tuve que ponerme la misma ropa de ayer.

- ¡Aquí la tienes!- Karya le arrojó una canasta llena de ropa sucia, estaba aburrida de ese idiota.

- No me trates así. ¡Mira esto! ¡No está limpia! Iré inmediatamente donde el maestro para entregarle esta hoja que "encontré por casualidad"- Spica sacó la hoja del diario de vida de Karya y se disponía a ir a la cabaña de Albiore.

- Hazlo y toda esta isla se enterará de que a tu amigo Reda le gusta June- dijo triunfalmente la astuta amazona aparentando frialdad en su voz.

- ¿Qué dices?- Spica no creía lo que estaba escuchando.

- Anoche en mi turno de vigilancia con Donnelly, los escuché a Reda y a ti hablando sobre la pelea de hoy y de sus sentimientos por June, lo sé todo, te advertí que te cuidaras de mí- rio tras su máscara la joven mientras el Santo de Casiopea la miraba enfadado- No seas mal perdedor, te propongo un trato, devuélveme la hoja que me robaste o de lo contrario me encargaré de gritar a los cuatro vientos que el espartano de acero se enamoró de su propia rival, lo dejaré en vergüenza delante de todos y tú, su mejor amigo serás el responsable ¿Sabías que está prohibido enamorarse de una amazona? ¿Qué dirá el maestro y June cuando se enteren?

Spica estaba furioso, por un descuido había caído en su propio juego, pero jamás traicionaría a su amigo Reda, con resignación sacó la hoja del bolsillo de su pantalón.

- Tómala y quédate callada- dijo entregándosela a la amazona, esta cogió el papel y luego de guardarlo comenzó a caminar alrededor del Santo de Casiopea.

- ¿Sabes una cosa? Gracias a ti aprendí que un secreto así de importante vale más que la hoja de un diario de vida, el precio por mi silencio es demasiado alto, desde ahora serás mi esclavo y harás todo lo que yo te ordene-

- ¡Maldita!- Spica se abalanzó sobre la joven para atacarla, pero ella rápidamente arañó su rostro.

- ¡No te atrevas a tocarme! Recuerda que la reputación del espartano depende de ti, nos vemos en la cena, me gusta el pescado asado, espero entiendas a lo que me refiero- mientras Spica maldecía por esa situación, Karya se marchaba satisfecha, al fin había logrado dar vuelta las cosas a su favor.


La noche y el amanecer se habían convertido en una tortura para Donnelly, incluso más que estar prisionero en las mazmorras. Siguió el combate entre June y Reda a través de sus cosmos, cuando el de la joven parecía casi extinguirse, él no lo dudó, forzó los barrotes de su prisión y ocultando su presencia corrió hacia el lugar de la pelea, donde escondido tras unas rocas pudo ver la dificultosa derrota de su enemigo.

- No te salió tan fácil cara de bagre- rio aliviado, mientras Spica y Mateo llevaban a Reda a su cabaña y June era declarada vencedora por Albiore- Lo sabía, ella debe ser esa persona especial que "Granny" dijo que conocería.

Rápidamente regresó a las mazmorras para terminar su castigo, ya después se encargaría de felicitar a su "querida June" a su manera, pero el Santo de Cefeo era demasiado astuto, y minutos después apareció en la prisión para anunciarle que por desobedecer otra vez, debería quedarse un día más en ese lugar.

La hora de la cena había terminado y el estómago del irlandés rugía de hambre, estaba tirado en el suelo lamentándose, cuando escuchó que abrían con cuidado la celda para dejarle algo de comer.

- ¡Ya era hora! Pensé que moriría esperando- comenzó a regañar pensando que su visita era Mateo, pero quedó helado al ver que quien estaba delante de él era otra persona, una que por cierto no esperaba - ¡June!

- Karya me dijo lo que sucedió anoche, la discusión que tuviste con el maestro, y que hoy escapaste para ir a ver mi combate, en parte estás aquí por querer defenderme, por eso le pedí al maestro que me dejara traerte la cena- explicó la amazona sentándose en una roca junto a la celda, el brillo de la luna iluminó a la joven y el Santo de Boyero notó sus vendajes y algunas heridas en sus brazos.

- No era necesario que vinieras, debes recuperarte de tu combate- dijo preocupado mientras comía, esta vez sin tragárselo todo como acostumbraba, tenía que demostrarle a June que él era educado.

- Donnelly, por mucho que quieras verme como una niña debes entender que soy una amazona, no necesito que me protejan, puedo hacerlo sola, aunque agradezco tu preocupación- dijo la joven con seriedad.

- En eso estás equivocada, yo no me preocupo porque te vea como una niña o porque crea que eres débil, lo hago porque me gustas, y cuando eso sucede puedes ser la más fuerte y poderosa de todas las guerreras pero eso no quita que me duela ver cómo otros te lastiman- el Santo de Boyero miró fijamente a June, esta quedó sin palabras, y él continuó comiendo con tranquilidad.

June no dejaba de pensar que él tenía mucha razón, cada vez que Shun era brutalmente golpeado en el entrenamiento ella sufría enormemente, no porque pensara que él era débil, sino porque no le gustaba ver tristeza en el rostro de las personas que le importaban, en especial Shun.

- Estás muy callada, si me vas a acompañar mientras como exijo una buena conversación, Mateo sólo se calla para tragar y siempre cuenta historias de las cuales dudo su veracidad- sonrió el irlandés- ¿Cómo es Etiopía? ¿Viven muchos orangutanes allá?

- No lo sé, no lo recuerdo ¿Por qué no me hablas tú de Irlanda?- June siempre oía la música de Donnelly y tenía curiosidad por saber del país de donde venía.

- Tardaría mucho en describirte mi tierra, es mejor que la visitemos ¿Te parece? Después que obtengas tu armadura, y luego iremos a Etiopía, quiero tener un orangután propio, es el colmo que sea el Santo de Boyero y no tenga mi propio rebaño, soy un pastor y el can menor ni siquiera se encuentra en esta isla- Donnelly comía con entusiasmo, era la primera vez que podía conversar con su musa sin que esta lo rechazara.

- No hables tonterías Donnelly- suspiró la joven- dime ¿Tienes familia allá en Irlanda?

- Sí, en Dublín, vivía con mi abuela y mi hermanita Gwendolyn, es dos años menor que yo-

- ¿Y tus padres?- preguntó June con curiosidad, no entendía cómo un joven con tanto talento para la música y con carácter tan extrovertido había terminado en esa isla convertido en un santo de Athena.

- Mi madre murió al nacer mi hermana y mi padre era violinista, tocaba en las tabernas mientras contaba historias a los turistas pero…- la voz de Donnelly pareció quebrarse por unos segundos y luego se puso completamente seria- lo asesinaron cuando ye tenía seis años, durante la fiesta de San Patricio, lo asaltaron y le apuñalaron, su violín es todo lo que me queda de él.

- Lo siento- June se sintió pésimo por haberle hecho recordar algo tan doloroso a su compañero, esa no era su idea, acarició sin querer su medalla con la Estrella de David, pensando en que Donnelly también tenía un objeto, como Shun y ella, heredado de su familia y que le permitía recordar que alguna vez tuvo alguien que lo quisiera y se preocupara por él, no eran muy diferentes el uno del otro.

- Mi abuela nos cuidó, ella es genial, es una auténtica bruja irlandesa me leyó el tarot celta antes de ir al Santuario, me dijo que conocería una doncella hábil en la lucha y con un gentil corazón, y te conocí a ti- sonrió el pelirrojo cambiando de ánimos con rapidez.

- Hay tres amazonas en esta isla ¿Cómo estás tan seguro de que soy yo?- preguntó June con algo de incomodidad por el comentario.

- Porque aunque no pueda ver tu rostro, pude sentir la calidez de tu corazón desde el primer día que te vi- explicó el joven con su natural exceso de confianza.

"El barco que traía nuevos alumnos para Albiore al fin había llegado a la isla, Donnelly, el más inquieto de todos fue el primero en bajar al muelle, allí June, Shun, Spica y Reda ayudaban a desembarcar las provisiones y agua que les habían enviado desde el Santuario.

El entonces pequeño irlandés, lleno de curiosidad por ese nuevo lugar de entrenamiento quiso explorarlo inmediatamente, iba corriendo por el muelle cuando sintió un fuerte estruendo tras él, y al voltear, se percató que una amazona rubia junto a un niño flacucho de cabello verdoso habían chocado accidentalmente con uno de los niños que venían en el barco.

- ¡Estúpidos! ¿Por qué no se fijan por donde caminan?- gruñó el niño, el cual era mucho más grande que Shun y June, y mucho más robusto.

- Lo siento, estos sacos son muy pesados y no nos dejan ver bien- se disculpó Shun tratando de recoger algunas provisiones que habían caído porque los sacos se había roto.

- ¡No me interesan tus disculpas, nadie se mete conmigo mocoso!- protestó el niño empujando a Shun.

- ¡Oye! ¿Qué te pasa? No lo trates así, tú eres nuevo en esta isla- June se puso delante de su amigo para defenderlo, Reda y Spica dejaron de acarrear cosas y se pararon junto a ella, no se llevaban bien, pero no aceptarían que ningún novato viniera a dárselas de líder.

- Amigos, no peleen estoy bien- intentó Shun calmar los ánimos, pero los cuatro fueron golpeados al mismo tiempo por aquel hostil niño que los arremetió con todo su enorme cuerpo.

- ¡Quítense! Todos ustedes son unos debiluchos, jamás podrán conmigo- rio el niño, Donnelly se molestó con esa actitud, durante todo el viaje había molestado a los otros niños, incluso a la amazona de cabello azul que viajaba con ellos, él quería darle su merecido y esa era su oportunidad ya que ningún adulto estaba mirando.

- ¡Marcus no molestes!- gritó dándole un puñetazo en el rostro, pero el niño lejos de sentirse adolorido cogió al irlandés del brazo y lo azotó contra el suelo.

- ¡No eres rival para mí cucaracha irlandesa!- Marcus iba a pisar la pecosa cara de Donnelly, pero June cogiendo un poco de arena la arrojó a los ojos del agresor.

- ¡AAAYYYY!- gritó muy enfadado comenzando a tirar golpes en todas direcciones.

- ¿Estás bien?- preguntó Shun a Donnelly mientras intentaba alejarlo del agresivo Marcus, pero él pecoso estaba embobado mirando como June y Reda esquivaban los golpes del corpulento niño y llamaban su atención para hacerlo llegar al borde del muelle.

- ¡Ahora Spica!- gritó Reda, y su amigo rápidamente le hizo una zancadilla al niño, y éste terminó cayendo al agua. Los demás aprendices que habían observado asustados la pelea, aplaudieron y se burlaban de Marcus mientras terminaban de bajar del barco, Reda y Spica regresaron a sus labores, no querían ser regañados por Albiore.

- Shun ¿Cómo está el niño nuevo?- preguntó June acercándose a su amigo.

- Yo lo veo bien, bienvenido a Isla Andrómeda, mi nombre es Shun ¿y el tuyo?- preguntó el pequeño de ojos verdes amistosamente al pelirrojo, pero él tenía la mirada perdida en la niña, nunca había visto a una pelear con tanto coraje, con excepción de las amazonas adultas del Santuario.

- ¿Eres mudo?- preguntó June preocupada, en ese momento se percató que a los pies del niño nuevo había un pequeño objeto de color verde el cual llamó su atención, nunca había visto uno, rápidamente lo recogió- ¿Qué es esto?

- ¡Es un trébol!- contestó Shun, recordando los que había visto en la mansión Kido, en el césped- ¡Mira, tiene cuatro hojas, es de la suerte!

- ¿De la suerte?- June lo observó con detenimiento, no le encontraba nada de especial.

- Así es, siempre traen tres hojas, los de cuatro son muy raros- explicó Shun recordando lo mucho que Seiya y él buscaron por todo el césped de la mansión para regalarle uno a Ikki y uno a Tatsumi, ya que Seiya creía que el mayordomo era un amargado porque no le crecía el cabello y con el trébol seguro se curaría de su mal.

- ¿Es tuyo? Aquí lo tienes- June le devolvió el trébol a Donnelly quien finalmente pudo salir de su estupor, era la primera persona que conocía que no quiso quitarle su trébol, y por el contrario, se lo había devuelto.

- Mi nombre es Donnelly, y tú eres muy linda, me gustas ¿Cómo te llamas? ¿Puedo ver tu rostro?- dijo recobrando todas sus energías. Shun y June quedaron desconcertados con las palabras del niño, pero Karya había bajado del barco y al reconocer a la amazona rubia, porque habían entrenado juntas en el Santuario, corrió inmediatamente a saludarla, desde entonces nuevas aventuras les esperarían a todos ellos en su entrenamiento, Donnelly empezó a hacer cualquier cosa por llamar la atención de June, y Reda había sido reemplazado por Marcus, como el nuevo niño despiadado de la isla".

- June, me alegro que hayas vencido a Reda, así no tendrás que irte lejos de mi- sonrió el irlandés- Cuando viajemos a Irlanda, Granny te leerá el tarot celta y seguro que te dirá quien es el mejor, Shun o yo.

- Deja de decir esas cosas, ya es hora de irme- la joven tomó lo que le había llevado al Santo de Boyero y caminó de regreso a la cabaña de Albiore, donde él la esperaba con algo especial para celebrar su victoria, algo así como un momento de padre e hija, pero fue interceptada en su trayecto por alguien a quien no esperaba.

- ¡Reda!-

- No vengo a lastimarte, sólo quiero decirte que hoy me venciste por muy poco, y lo acepto, pero la próxima vez yo seré el ganador- antes de que la amazona pudiera decirle que tenía que regresar a descansar, el espartano ya se había marchado, definitivamente ella no lo entendía.

Continuó caminando, reflexionando todo lo que le había sucedido durante aquel día, demasiadas cosas por cierto, pero estaba convencida que más adelante vendrían otras situaciones, quizás más difíciles, y esperaba tener el coraje para poder superarlas y seguir adelante.

- Pronto me convertiré en la amazona de Camaleón, y sabré lo que sucedió con mi padre, pero lo más importante es que podré ir en tu ayuda Shun-

Continuará…

Queridos lectores y lectoras después de mucho al fin estoy actualizando mis fics, estuve sin ideas por mucho tiempo y al fin están apareciendo nuevamente, espero les haya gustado este capitulo, como siempre les recuerdo que el que viene se trata de lo que estaba haciendo Shun mientras June y Reda estaban peleándose, un gran saludo para todos en especial para mis queridas amigas Saint Lu para quien está dedicado este capítulo, June Star y para Inatziggy Stardust (espero haberlo escrito bien u.u), también para quienes me dejaron reviews y por supuesto a los lectores silenciosos :)

Nos leemos en el próximo capítulo.