Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Paralelamente.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo IV.V

Recuerdos de Ito.

Arayashikiku no dei (Busco nuevas tierras…)

Harasaku baku no dei (Para construir un nuevo hogar)

Hare fushigyurasa nejyuku (Yo teche mi hogar con cañas y tallos…)

Surajifushiro yondo (que recolecté con mucho cuidado y amor)

Kirishigaki ku no dei (Y en el muro de sólida piedra…)

Kuganeya be tatei tei (déjanos festejar el brillo de nuestro hogar…)

Hare momo tobyuru wakya (que fue construido con cientos de cometas negros)

Ya uriba yuwa o yondo (déjanos festejar el brillo de nuestro hogar)

La solitaria voz de una joven mujer de tez pálida, largo cabello castaño atado en un moño recogido, y de verdes ojos, ataviada con un kimono violeta, acompañaba a las personas que se alojaban en una posada en la ciudad de Ito, famosa por tener miles de especies diferentes de camelias, aquella flor que en ese momento adornaba el peinado de la cantante. Varios turistas que conocían la ciudad por sus enormes y bellos jardines acudían a ese lugar sólo para escucharla, era una artista callejera dedicada a recopilar canciones tradicionales de Japón, un alma errante que en esos últimos años decidió quedarse en Ito, al parecer de forma definitiva y por ello su fama crecía poco a poco.

Al terminar aquella canción, sacó su shamisen y continuó tocando una melodía acelerada y alegre, mientras el público aplaudía con ánimos.

- ¿Quién es esa mujer? es muy hermosa, mira la destreza de sus manos- murmuraban varias voces entre el público, mientras el dueño de la posada sonreía a un pequeño niño de cabello azulado que estaba sentado en una mesa cerca de donde estaba la cantante.

- Tsubaki está inspirada esta noche ¿No es así Ikki?- ante lo cual el niño asintió con sus mejillas sonrosadas, amaba a su madre y disfrutaba siempre de los elogios que otras personas le daban a su arte- Será mejor que bebas esa leche, pronto será tu turno de actuar junto con ella- dijo el posadero, e Ikki sorbió su vaso con rapidez para terminar justo a tiempo para ponerse de pie e ir con una flauta de bambú llamada shakuhachi, famosa por los monjes zen quienes la tocaban antaño.

El pequeño Ikki llevaba puesto un kimono azul con el diseño colorido de varios pájaros, un par de tabi, aquellos calcetines que se dividen al centro mantenían tibios sus pies y un par de getas o sandalias de madera, le servían para caminar. El público aplaudió al pequeño, ya que durante el espectáculo él había tocado un diminuto tambor y acompañaba a su madre en algunas canciones ganándose la simpatía de todos los allí presentes, pero el niño estaba tan acostumbrado, que simplemente hizo una reverencia, se acomodó de rodillas, cerró sus ojos y comenzó a tocar una triste canción en el shakuhachi mientras Tsubaki acompañaba de vez en cuando con unas notas que rasgueaba en su shamisen, la tenue melodía parecía como salida de otras épocas, el misticismo del sonido que emitía el niño mantuvo el público embrujado hasta el final y cuando abrió los ojos y se puso de pie para agradecer se llevó fuertes ovaciones mientras su madre sonreía con orgullo.

Cuando el niño pasó entre las personas con un sombrero cónico de paja, recibió mucha propina, y feliz caminó hasta donde se encontraba Tsubaki.

- Haha, hoy nos ha ido bien, con este dinero podrás ir a ver un buen médico- dijo sacudiendo la manga del kimono de su madre entusiasmado.

- Claro que sí hijo, pero primero, debemos ir a buscar a tu hermano-

Tsubaki junto con las propinas, recibió un poco de dinero del dueño de la posada y luego tomando la mano de Ikki caminó por la soledad de la playa rumbo a la cabaña donde vivía. A medio camino se encontraba una pequeña casa algo deteriorada por los años, era bastante antigua, parecía que iba a caerse ante una fuerte ventolera, la joven mujer junto a su hijo desviaron su curso hacia ese lugar.

- ¡Muchacha, ya es muy tarde! Esta no es una hora adecuada para andar con este pequeño por la calle- dijo una anciana haciéndolos entrar en la casa.- Te he preparado algo de sopa, de seguro deben tener hambre.

- Gracias Yukino-san ¿Shun se ha portado bien el día de hoy?- preguntó mientras se sentaba junto a Ikki en unos cojines alrededor de una mesa de madera muy baja.

- Ese pequeño no molesta en lo más mínimo- un anciano se acercó también a la mesa y se sentó junto a los recién llegados- seguramente es un regalo de los dioses tener un niño tan tranquilo.

- Gracias por su cumplido Eiji-san- Tsubaki se inclinó ante el dueño de casa. Poco después la señora Yukino trajo sopa caliente. A pesar de que en las posadas donde actuaban siempre le daban algo de comer, Ikki estaba cansado y hambriento, la sopa de la vecina que cuidaba a su hermanito le vino de maravilla, incluso el frío que se había calado en sus huesos desapareció por unos instantes.

- Shun está dormido, después que coman lo traeré para que vayan a casa- dijo preocupada la señora Yukino, mientras Tsubaki comenzaba a toser con fuerza- Querida ¿Estás segura que es bueno que regresen a la cabaña? Está muy helado, llevas esa tos desde hace muchos días, deberías ir a ver un médico, puedes pasar aquí la noche, no sería la primera vez.

Tsubaki iba a negarse, la familia Takano era tan pobre como ella, sólo habían tenido un hijo en un pasado remoto y este había muerto durante uno de los bombardeos de Tokio durante la Segunda Guerra. Desde que había llegado a vivir a la Península de Izu, ellos se portaban muy amables pero no podía abusar de su generosidad.

- Haha, tengo sueño ¿Nos iremos pronto?- dijo Ikki tratando de mantener sus ojos abiertos, y entonces, también comenzó a toser.

- ¡Ikki!- Tsubaki se acercó a su hijo preocupada y al poner su mano sobre la frente del niño notó que tenía algo de fiebre.

- Se ha resfriado también, hazme caso, quédense aquí esta noche- insistió la señora Yukino- dile algo a esta muchacha para que entienda Eiji-

- Yukino ya te ha dicho que puedes quedarte, la decisión la tomas tú- contestó el anciano- sabes que ni tú ni tus niños molestan, al contrario, llenan de alegría esta vieja casa.

Tsubaki asustada por la repentina fiebre de su hijo mayor accedió a la petición de los ancianos. Una hora después se encontraba en una de las habitaciones que le habían destinado pero la condición de Ikki no mejoró y tuvieron que ir a buscar un médico. Todo el dinero que habían ganado se fue por la consulta y los medicamentos que le recetaron.

- Perdóname haha, ese dinero, era para que tú vieras a un doctor- dijo Ikki con culpa después de que le dieran un jarabe muy amargo.

- Tranquilo hijo, cuando te recuperes volveremos a trabajar y ganaremos lo suficiente para ir a ver un médico- sonrió Tsubaki para darle ánimos al pequeño. Shun despertó en ese instante, y al verse solo en una habitación oscura comenzó a llorar, su madre lo sostuvo entre sus brazos, lo meció y le habló con ternura para que se calmara- hijito, no llores, debemos cuidar a tu hermano para que se recupere.

Y como si entendiera a tan corta edad, Shun guardó silencio y se quedó mirando a su madre con sus enormes ojos verdes, Tsubaki lo sentó sobre sus rodillas, mientras vigilaba que Ikki se quedara dormido.

- ¿Lo ves? Shun también quiere que te recuperes Ikki, por eso ha dejado de llorar- sonrió mientras el más pequeño de sus hijos agitaba sus manos saludando al mayor.

- Ese jarabe no me gusta, sabe muy mal, y no puedo dormir- dijo Ikki algo molesto por su repentino resfriado- Haha ¿podrías cantarnos una canción?- le pidió.

- Está bien, pero tendrá que ser muy bajo para no despertar a Eiji-san, ya que debe levantarse antes de que salga el sol para salir a pescar-

- Sí haha- contestó Ikki un poco más animado acomodando su rostro en el regazo de su madre junto a su hermanito. Tsubaki respiró hondo y comenzó a susurrar para sus hijos una pequeña canción de cuna:

Kono ko no ka waisa kagiri naya (La belleza de mi hijo no tiene límites…)

Ten ni tatoeba hoshi no kazu (Como los cielos con incontables estrellas…)

Yama de wa ki no kazu kaya no kazu (Como las montañas con incontables árboles, innumerables plantas…)

Obana karukaya hagi kikyou (Adornando el césped acebrado, las plantas, el trébol de metal, también la flor de globo…)

Nanakusa chigusa no kazu yori mo (Más que las siete flores del otoño y otras también..)

Daiji na kono ko ga nennesuru (Mi niño querido se ha dormido…)

Ambos ante tan dulce voz, cerraron sus ojos, y se durmieron profundamente para alegría de Tsubaki, quién los recostó y cubrió con un futón para que no se congelaran.

- Kami-sama, por favor, protege a mis pequeños, dales la fortaleza para que puedan vivir felices en este mundo tan difícil, y por sobre todas las cosas, no me separes de ellos todavía, hasta que puedan valerse por sí mismos- suspiró mientras comenzaba a toser y asustada vio en las palmas de sus manos una sutil mancha de sangre.

A la mañana siguiente, Ikki amaneció mucho mejor. Sintió unas pegajosas manos que golpeaban con suavidad sus mejillas, y al abrir sus ojos, el inconfundible rostro de Shun le daba una especie de buenos días con una amplia sonrisa.

- Ikki- dijo con voz chillona, ya que el nombre de su hermano mayor junto a "haha" eran las únicas palabras que podía pronunciar con claridad.

- Shun, despertaste primero que yo- Ikki se sentó y miró en todas direcciones mientras su hermanito gateaba y se metía entre medio del futón para mantenerse tibio- ¿Haha se fue a trabajar sin mi? Pero si ya no me siento mal.

Rápidamente, Ikki se levantó para ponerse el kimono que usaba para sus presentaciones, Shun lo observaba envuelto en el futón y cuando el hermano mayor iba a salir de la habitación pensó que no sería buena idea dejar al pequeño sólo en ese lugar, por eso, luego de ponerle su ropa, y abrigarlo, lo cargó en su espalda para buscar a la señora Yukino y dejarlo bajo su cuidado, luego correría posada por posada hasta encontrar a su madre. Pero no tuvo que andar demasiado lejos, ya que en la entrada de la casona estaba Tsubaki con su shamisen atado en su espalda, parecía estar hablando con un extraño hombre vestido con un traje de oficinista así que el pequeño se escondió para escuchar lo que decían.

- ¿Cómo se atreve a venir hasta acá a "comprar" a sus hijos como si fueran mercancía? Y para colmo lo envía a usted, su abogado, como si yo fuera una criminal, el único que es un criminal aquí es él después que ni siquiera quiso reconocerlos como sus hijos legítimos, jamás se ha preocupado de nosotros- Tsubaki estaba realmente enfadada, Ikki jamás la había visto de esa manera.

- Mi representado sólo desea lo mejor para su descendencia, no sea egoísta, acepte la suma de dinero que le entregaré por los dos niños, con eso será suficiente para que se mantenga el resto de su vida, una pobre cantante de Min'yo no puede darles una vida segura a dos niños tan pequeños, al menos en el orfanato ellos tendrán ropa, comida, una cama tibia, y educación- dijo el hombre.

- ¡Orfanato! ¿Ese hombre con todo su dinero quiere llevar a mis hijos a un orfanato? ¡Váyase de aquí, y dígale que se olvide de ellos, que se olvide de mí y que se lleve sus yenes! ¡Mientras yo viva jamás permitiré que mis hijos sean tratados de esa manera por su propio padre!- Tsubaki furiosa sacó su shamisen dispuesta a golpear al abogado que Mitsumasa Kido había enviado para llevarse a Ikki y a Shun, pero el hombre salió de la casona vaticinando que regresaría con una orden legal para quitarle a sus pequeños.

Ella viajó desde muy lejos a tocar su repertorio a Ito, y por esas casualidades del destino conoció a Mitsumasa en una posada, no fue su dinero lo que la enamoró de ese hombre, en ese entonces era una adolescente que perseguía sus sueños, y el amor estaba entre ellos, aunque Mitsumasa era mucho mayor en edad, veía en él, en su ternura, al hombre protector que ella deseaba a falta de un padre, ya que siempre fue huérfana. Tras el nacimiento de Ikki, Mitsumasa se distanció. Ella dolida, pensó en retirarse de su vida, iba a marcharse de Ito y continuar con su bebé recorriendo Japón, pero un segundo desliz con él trajo al pequeño Shun a su vida, con ello su amante se fue definitivamente negándole cualquier apoyo. Sola, despechada y con dos pequeños dependiendo de ella, decidió frenar su viaje por el país, por eso Tsubaki había decidido quedarse en Ito y continuar su carrera de cantante Min'yo en ese lugar para poder mantener a sus pequeños, los cuales se convirtieron en la razón de su existencia, ella anhelaba que cuando crecieran, si ella ahorraba lo suficiente, podrían volver a viajar por Japón juntos y olvidar ese trago amargo que a pesar de todo trajo a su vida un amor especial, el amor incondicional que hay entre una madre y sus hijos.

Pero ahora, Mitsumasa enviaba un abogado para quitarle a su familia, y ella no lo permitiría, nunca.

- ¡Haha!- Ikki corrió hacia su madre con Shun a cuestas, mientras Tsubaki comenzaba a toser y se aferraba con fuerzas al pórtico de la casona- ¿Estás bien? ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué quería comprarnos?

- ¡Hijo mío!- Tsubaki quedó impresionada por las palabras de su hijo mayor, aunque sólo era un niño ya entendía muchas cosas, ella no podría protegerlo para siempre, ni a él ni a Shun, llena de tristeza, abrazó a ambos y sollozó con fuerzas, tenía rabia en su corazón, por ser tan débil y por no poder entregarle una mejor vida a sus pequeños.

- Haha, tranquila, vamos a trabajar mucho el día de hoy y ahorraremos, así ese señor no tendrá que comprarnos y podrás visitar un médico- dijo Ikki con inocencia mientras Shun, conmovido por ver a su mamá llorando acariciaba con mano tosca sus largos cabellos…

- Vamos a trabajar mucho, haha- murmuró Ikki con una sutil lágrima que resbaló por su mejilla, mientras caminaba por la ciudad de Ito en compañía de Shun. Cada calle, cada casa o edificio, cada rincón le traía recuerdos entre agrios y alegres de aquella parte de su vida, su primera infancia cuando vivía con su madre. Era un pequeño universo lleno de pobreza, pero a él no le importaba mientras pudiera estar junto a ella, cuidarla, y también cuidar de su hermano menor.

- ¿En qué piensas Ikki?- preguntó Shun notando esa extraña sensibilidad en el Caballero del Fénix. Pero el silencio sobrecogedor que se formó tras su pregunta le dejó en claro que él no respondería a menos que quisiera, y al parecer ese momento no era el indicado.

- Estoy muy feliz, esta es la primera vez que podemos salir de vacaciones- trató de cambiar el tema ya que Shun no quería incomodarlo, al contrario, quería demostrar cuán dichoso estaba por su regreso, después todo, hace días atrás lo creía muerto, pero afortunadamente los milagros existían y el Caballero del Fénix volvió a la vida, resurgiendo de sus propias cenizas para salvarlo y esta vez pelear de su lado y ya no más en su contra.

- Creo que estamos perdiendo el tiempo, nuestro enemigo es el Santuario, deberíamos estar preparando un plan para atacar antes de que ellos se atrevan a tomar represalias sobre nosotros y consigan arrebatarnos el casco dorado, estoy seguro que deben estar tramando algo- contestó Ikki cambiando su nostalgia por una profunda gravedad mesclada con seriedad- No sé en qué rayos está pensando esa niña mimada…

- Hermano, las palabras de Saori son muy sensatas, si atacamos a lo loco el Santuario podríamos perder la batalla y el destino del mundo está en juego, no podemos permitir que el mal nos venza, y debemos reunir toda la información que podamos si queremos adjudicarnos la victoria- Shun detuvo sus paso tras repetir los argumentos de la señorita Kido, su mirada denostaba una profunda preocupación, lo cual generó sorpresa en el muchacho mayor ya que jamás pensó que su pequeño hermanito podría comportarse de esa manera tan madura y responsable- Además, Saori ha cambiado o al menos lo intenta, después que robaste la armadura ella parece haber recapacitado aquella conducta déspota hacia nosotros sólo por ser huérfanos, ha tratado de apoyarnos y animarnos en varias oportunidades, la prueba es que nos ha costeado este viaje a Ito.

Shun sonrió con amabilidad y avanzó un par de pasos para quedar delante de su hermano.

- No sabemos en qué terminará todo esto, si venceremos o si moriremos. Ikki, ya no quiero perderte nuevamente, pero entendí que ser un Caballero de Athena implica siempre estar inmerso en una eterna batalla por la justicia, quizás esta pueda ser la última vez que podamos estar juntos, como hermanos, en una aparente calma, si quise venir hasta Ito, es porque desde que éramos niños anhelaba con todas mis fuerzas viajar contigo, para que me enseñaras cómo era la ciudad donde vivimos junto a mamá- el joven de cabello verdoso no pudo evitarlo, el sólo recordar la muerte de Ikki en el Monte Fuji le generaba una profunda tristeza y unas cuantas lágrimas rodaron por sus pálidas mejillas.

- Calma Shun, yo, también estoy feliz de volver a verte- un poco de compasión embargó el corazón del solitario Caballero del Fénix, y apoyando sus manos en los hombros de su hermano le habló con toda la seguridad posible- Lo siento, por todo lo que te hice, ahora empezaremos de cero nuevamente ¿Estás de acuerdo?

- ¡Claro que sí hermano!- la triste mirada de Shun cambió diametralmente siendo reemplazada por una más alegre. Ambos siguieron caminando por Ito, recorriendo cada rincón, mientras el Santo del Fénix le platicaba sobre lo que recordaba de su madre.

- Así que su nombre era Tsubaki- murmuró Shun, mientras ambos estaban sentados en una banca comiendo taiyaki dentro de un enorme jardín donde crecían las más variadas especies de Camelias, símbolo de aquella ciudad- no lo recordaba, para mí, ella siempre ha sido "haha" o mamá.

- Era muy bondadosa Shun, te pareces más a ella en su carácter- recordó Ikki con nostalgia- cuando recién habías nacido, te cuidaba mucho, pero era cantante de Min'yo, así que te dejaba al cuidado de una familia de ancianos y salía a cantar y tocar shamisen en posadas, en parques, donde sea que se pudiera ganar dinero.

- ¿Min'yo? Canciones folklóricas- Shun se sintió emocionado mientras probaba un bocado de su taiyaki, no recordaba a su madre, pero su hermano siempre encontraba la manera de explicarle cómo era la vida cuando estaban los tres juntos, así lo hacía antes de que los separaran para enviarlos a Isla Andrómeda y a Isla de la Reina Muerte respectivamente, y nuevamente podía volver a escucharlo- ¿Tenía una voz bonita?

- Claro que sí, muchas personas venían a verla, deleitaba a turistas y a gente de la ciudad por igual, desde que aprendí a caminar me enseñó a tocar un tambor pequeño y una flauta llamada shakuhachi, y actuaba con ella- explicó esta vez Ikki con algo de vergüenza.

- ¿Actuaste junto a mamá?- el Caballero de Andrómeda bajó la mirada un poco entristecido.

- ¿Qué sucede Shun?- preguntó Ikki preocupado por ese repentino cambio de actitud.

- No sabes cómo quisiera recordarla, incluso haber actuado con ustedes, aunque no sé tocar ningún instrumento. Te envidio hermano, porque atesoras muchos recuerdos junto a ella, yo…sólo he heredado una parte de su apariencia física, y este medallón que dices que ella me obsequió- Shun sacó aquella alhaja con forma de estrella, que llevaba siempre guardada bajo su camiseta con la inscripción "yours ever".

- ¡Aún lo conservas!- dijo Ikki sorprendido de ver aquel medallón.

- Es mi mayor tesoro- contestó Shun acariciándolo con suavidad- ¿recuerdas cómo ella me lo dio?

Esa pregunta produjo en Ikki una extraña sensación. Por más que buscó y buscó dentro de su mente, no lograba hallar el momento preciso en que su madre le obsequió ese medallón a su hermano, de hecho, ni siquiera tenía imágenes de ella usándolo.

- No lo sé, no recuerdo con claridad- dijo en voz alta más para sí mismo que para Shun.

- Comprendo- contestó este aún con algo de tristeza- eras demasiado niño.

- No te lamentes por eso hermano, mientras sientas que está junto a ti, será como si jamás se hubiese ido-

Una fuerte brisa agitó los arbustos de camelias que los rodeaban, un suave aroma se esparció por el aire, y una flor cayó junto a la banca donde estaban sentados.

- Mira Ikki- Shun se puso de pie para recoger la flor- ¿Crees que mamá esté junto a nosotros? Su nombre es el de esta flor.

- Siempre que hay camelias y que el sonido del shamisen llega vibrando hasta mis oídos, significa que su presencia está junto a mí, así como ese medallón es el símbolo que la representa para ti- contestó Ikki con una leve sonrisa- Vamos Shun, hay muchos lugares que visitar antes de que termine el día.

- ¿Dónde iremos ahora? ¿Cuándo visitaremos a mamá en su tumba?- el chico devoró su taiyaki con rapidez para seguir a su hermano mayor.

- ¿Visitar su tumba?- El corazón de Ikki sintió una fuerte punzada, la cabaña donde habían vivido con su madre y su sepultura eran lugares a los que no deseaba ir, sabía que con toda certeza, sus fuerzas flaquearían y lloraría, no podía permitirse el lujo de revelar esa faceta tan débil, él, quién fue entrenado para odiar a los demás, incluso a su propia madre por haberlo "abandonado" a una vida tan miserable y maldita, su despiadado maestro había hecho hasta lo imposible porque aprendiera esa amarga lección, y pagó el precio con la pérdida de su amada Esmeralda. Pero Shun tenía el derecho a saber dónde descansaban los restos mortales de su madre, el no podía negarle aquello- Iremos mañana, lo prometo.

Aquel día transcurrió con rapidez para Shun, y la belleza de Ito lo tenía completamente deslumbrado, después de almorzar en un restaurante cercano al puerto, su hermano lo condujo hasta un enorme templo el cual era visitado por muchas personas.

- Ikki ¿Por qué hemos venido a este lugar?- preguntó curioso y su hermano contestó.

- Haha nos traía siempre de visita a este lugar para que los kami nos bendijeran y creciéramos fuertes y sin ninguna enfermedad-

- ¿Y crees que funciona?- dijo Shun observando inquieto las estatuas de los perros guardianes del templo, la gente escribiendo sus peticiones en tablillas Ema o depositando ofrendas y monedas en el altar, los amuletos en venta, los cuervos revoloteando en todas direcciones, el fuerte aroma del incienso enviando a las alturas con su suave humo los mensajes que los mortales pedían desesperadamente a los dioses.

- Si ambos estamos aquí con vida, entonces creo que sí funciona- Ikki esbozó una leve sonrisa e invitó a su hermano menor a rezar en el altar. Ambos arrojaron unas monedas, hicieron sonar la enorme tira llena de cascabeles, unieron sus manos en señal de oración y cerraron sus ojos para poder concentrarse en lo que estaban pidiendo en ese momento.

- Gracias por regresar a mi hermano con vida, por favor, no vuelvan a separarnos nunca más, cuiden de mi maestro Albiore y de mi amiga June, y de todos los demás en Isla Andrómeda, y que no fallemos en la misión de proteger esa armadura dorada- las preocupaciones del Santo de Andrómeda eran múltiples, su buen corazón le hacía querer velar por todos y por todo a su alrededor- y lo estaba olvidando, que Seiya, Shiryu y Hyoga también tengan unas buenas vacaciones- concluyó su oración.

- Haha, cuida a Shun en esta batalla, protégelo siempre, como hiciste en su entrenamiento en Isla Andrómeda, porque sé que estuviste junto a él y por eso ha cambiado un poco, para mejor, y también, cuida de Esmeralda en el cielo- la expresión de Ikki era totalmente inexpresiva, sólo su corazón comprendía cuán importantes eran esas palabras para él y toda la fe que depositaba en esos dos deseos.

- Ikki, quiero comprar un recuerdo- Shun sacó su billetera para ir por lo que necesitaba y su hermano quién ya había terminado de rezar, asintió con la cabeza.

- No te tardes, pronto anochecerá y debemos buscar un lugar donde hospedarnos-

En el templo había una infinidad de amuletos que se vendían para todo tipo de situaciones. Shun no hallaba por cuál decidir, su plan era comprar unos para enviarlos a June, Ryszard y también a su maestro en Isla Andrómeda. Cuando sus amigos, antes de esconder a Saori y el casco dorado en aquella cabaña en el monte Fuji, decidieron que visitarían a sus maestros para pedirles consejo o pistas sobre el enemigo, el también quiso partir a la isla y hablar con Albiore, confiaba en su sabiduría y que con toda certeza estaba al tanto de los hechos y quizás ya sospechaba sobre alguien en particular. Pero Shiryu enfatizó que no todos podían ir, alguien tenía que quedarse vigilando el casco dorado y protegiendo a la dueña de la fundación Graude. Lo echaron a la suerte, y el que tuvo que quedarse vigilando fue él, lamentándose en silencio por ello ya que Ikki había muerto cerca del escondite donde se refugiarían, pero era evidente que la misión era mucho más importante que la nostalgia de aquel lugar, y por eso el aceptó quedarse, así se lo hizo entender a Saori, con todo lo que ello había implicado, incluyendo, para su suerte que su hermano finalmente regresara a su lado.

- En su última carta, June dijo que el maestro le había revelado pistas sobre sus padres, pero no quiso decirme con exactitud qué fue lo que averiguó, fue bastante corta, tampoco dice si ya consiguió su armadura, creo que no quiere molestarme porque piensa que aún sufro por la muerte de mi hermano- suspiró algo triste porque su amiga no estaba confiando en él, pero por otro lado, comprendía que ella estaba respetando su sufrimiento por la pérdida de Ikki, sin saber que en realidad él estaba con vida- Tendré que escribir cuanto antes para que ya no se preocupe por mí, seguro se enfadará porque no le avisé antes de que mi hermano está bien.

Tras mucho buscar amuletos, compró varias bolsitas con kanjis escritos sobre ellas, y caminó en dirección hacia su hermano, quién lo esperaba a la salida del templo.

- ¿Por qué tardaste tanto? ¿Qué es lo que compraste?- preguntó Ikki con curiosidad.

- Te lo enseñaré cuando encontremos donde dormir, no quiero perder ni uno sólo- explicó Shun traviesamente tratando de fingir un aire de misterio en torno a sus amuletos.

- Como quieras- contestó su hermano mayor cruzándose de brazos. Continuaron caminando por gran parte de la ciudad, eran ya casi las diez de la noche, cuando Ikki hizo a Shun entrar a una gran casona tradicional japonesa, de varios pisos, con techo de tejas, puertas de corredera, y varias azaleas hechas bonsái plantadas en unas enormes vasijas de cerámica.

- Bienvenidos- escucharon decir a un viejecito que estaba en la recepción con una yukata color celeste y sobre ella un haori de color negro.

- Buenas noches- dijo Ikki acercándose al anciano- ¿esta es la posada del señor Nakamura?

- Así es, ese soy yo ¿Lo conozco?- contestó el posadero.

- Soy Ikki, el hijo de Tsubaki- antes de que el caballero del Fénix terminara de dar explicaciones, los ojos del anciano brillaron y una lágrima seca resbaló por su arrugada faz.

- ¡Muchacho, has regresado!- dijo saliendo de la recepción para golpear fuertemente su espalda en señal de alegría- nunca creí lo que dijeron de ti en ese extraño torneo de la Fundación Graude, Tsubaki no crió a ningún ladrón.

- ¿Vio el torneo galáctico?-

- Todo el mundo lo vio, te reconocí apenas apareciste en la televisión, eres el vivo retrato del señor Kido- dijo el hombre.

- Hermano- interrumpió Shun quién no entendía lo que estaba sucediendo.

- Lo siento, señor Nakamura, tal vez no lo recuerde, pero este joven es mi hermano menor, Shun- presentó Ikki al caballero de Andrómeda- Shun, el señor Nakamura era amigo de mamá, siempre nos dejaba cantar en su posada.

- Un gusto conocerlo señor Nakamura- el joven de cabello verde se inclinó para saludar al anciano, y este tras mirarlo un poco comenzó a reír.

- Por un instante pensé que me dirías que este niño es tu hermana o tu novia, tienes el rostro demasiado fino para ser uno de esos santos de la Fundación Graude, pero si mal no recuerdo, eres el que peleó con unas cadenas en los brazos y venciste al que le decían el Caballero del Unicornio- comentó el viejo mirando con atención a Shun, el cual estaba completamente ruborizado porque lo habían confundido con una niña- pues, ahora que te miro más de cerca me doy cuenta que te pareces mucho a Tsubaki.

- Eso es lo que dice Ikki- Shun estaba doblemente avergonzado, ahora no sólo era una niña sino que también era la copia de su madre.

- Es bueno que la belleza de esa desafortunada muchacha no se pierda, me alegro de ver que ambos están bien ¿Qué están haciendo en Ito?- preguntó finalmente el posadero.

- Estamos de vacaciones, y decidimos visitar la tumba de nuestra madre- explicó Shun saliendo de su temporal estado de timidez.

- Pensé que podíamos hospedarnos en su posada, no se preocupe por el dinero, traigo lo suficiente, nos iremos pasado mañana de regreso a Tokio- explicó Ikki, pero el anciano rechazó los billetes que el Caballero del Fénix le dio- ¿No le queda ninguna habitación?

- No es eso, jamás le cobraría a un hijo de Tsubaki aunque me pagara con oro, pasen, y quédense todo lo que gusten, serviremos la cena en media hora, seguro no han comido nada sano- sonrió el anciano- ¡Ayako! ¡Tenemos huéspedes importantes!

Tras de una cortina, apareció una muchacha de yukata a rayas en tonalidades negro, naranjo y rojo y llevaba un delantal puesto para no ensuciar su atuendo. Era de la misma estatura de Ikki, su cabello castaño oscuro iba atado en una corta coleta.

- Bienvenidos, permítanme llevar su equipaje- dijo inclinándose respetuosamente. Shun e Ikki se miraron entre sí y luego el primero se animó a hablar con la chica.

- No traemos mucho equipaje, sólo una muda de ropa, podemos subirlo nosotros sin ningún problema- explicó para que ella no tuviera que cargar con tan poca cosa.

- Oh no, señor, usted es huésped de esta posada, su deber es cambiarse de ropa y relajarse- Ayako tomó el morral de Ikki y de Shun y el señor Nakamura le pasó una llave- Síganme por favor.

La muchacha resultó muy hábil para subir las escaleras empinadas de la posada, a pesar de traer un par de tabi en sus pequeños pies. En tan sólo unos minutos, Ikki y Shun estaban acomodados en una habitación donde Ayako había extendido un par de futones para ellos.

- El señor Nakamura quiere cenar con ustedes, les pido que bajen en cuanto estén listos al comedor principal, después pueden bañarse, hay una fuente con aguas termales en el patio trasero, pero si lo prefieren, pueden ir a los baños públicos de la calle de al lado, son muy buenos y bien económicos- dijo con amabilidad cerrando la puerta de corredera.

Shun suspiró algo cansado, pero feliz, ya que le había gustado mucho aquella posada con un toque antiguo. Ikki por su lado parecía no estar muy contento, más bien melancólico, pero su corazón parecía tener un enorme muro que el Caballero de Andrómeda no sabía cómo romper. Su hermano nunca volvería a ser el mismo de antes, pero él quería con todas sus fuerzas que las cosas fueran diferentes, que Ikki confiara en él, que le confesara sus dudas y sus temores, así como Shun lo hacía cuando estaba a su lado.

- Si no quieres cenar con el señor Nakamura, podemos decir que me enfermé- dijo, pero Ikki lo miró con una expresión neutral.

- El era un gran amigo de ella, al igual que los Takano, ellos cuidaban de ti cuando mamá y yo salíamos a trabajar, sería una falta de respeto no cenar con él.

- Ya veo ¿Crees que pueda conocer al señor y a la señora Takano en este viaje?- preguntó Shun, tenía curiosidad por compartir con las amistades de su madre y preguntarles por ella.

- Tal vez si están vivos- murmuró Ikki para luego ponerse de pie y coger una yukata- Vamos que no quiero hacer esperar al señor Nakamura, además, muero de hambre.

- ¡También yo!- dijo más alegre Shun. Ambos se cambiaron de ropa, y bajaron a cenar con el anciano. El comedor principal estaba lleno de huéspedes, en una esquina, Ayako estaba sentada sobre sus rodillas con un shamisen en sus manos, cantando una canción. El Santo de Andrómeda no recordaba aquel sonido, pero en cuanto escuchó a la joven, sintió que le era familiar.

- Eiji y Yukino murieron poco después que los abogados de la Fundación se los llevaron- decía el señor Nakamura a un sorprendido Ikki- cuando regresaron del hospital por el accidente de Eiji, se enteraron de la muerte de Tsubaki, y que habías escapado con Shun en un tren hasta Tokio, intentaron buscarte, y lo lograron, pero Mitsumasa movió todas sus influencias para que no pudieran verlos.

- No puede ser- Ikki entristecido apretó los puños con fuerza.

- A pesar de que Tsubaki dejó en su testamento que los Takano los cuidaran si es que algo malo le sucedía, Mitsumasa logró invalidar ese documento, Yukino murió por la pena de haberlos perdido y al poco tiempo, Eiji no pudo soportar la pérdida de su esposa y murió de un ataque al corazón, ya nadie vive en su casa, tampoco en la cabaña de tu madre, fue derribada hace dos años, no queda nada de tu pasado, ni tampoco del pasado de tu hermano- el anciano señor Nakamura no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas en silencio. La edad y los tragos amargos de la vida lo habían convertido en un hombre sensible.

Ikki controló a la perfección sus emociones, compartió un par de horas con el señor Nakamura, al igual que Shun, quién estaba feliz con ese viaje a Ito. Luego, ambos se dirigieron a las aguas termales para bañarse antes de ir a dormir.

- ¿Me dirás lo que compraste en el templo? ¿O todavía prefieres jugar al misterioso?- preguntó Ikki recostado en su cómodo futón, mientras Shun escribía rápidamente en una pequeña mesa varias notas que doblaba y luego envolvía en pequeños paquetes, mientras bebía un poco de té y comía sakura mochi.

- ¡Qué bueno que me lo recordaste hermano! Justo estaba envolviendo estos obsequios, toma, tengo uno para ti- contestó animadamente Shun extendiendo a Ikki uno de los amuletos del templo.

- ¿Qué es esto?- preguntó el mayor mirando el pequeño objeto con atención, era una bolsita de color rojo con muchos kanjis bordados en su exterior, y colgando de la punta de este resonaba débilmente un dorado cascabel- compraste un Kanai Anzen.

- Así es, como me dijiste que mamá nos llevaba a ese templo para que tuviéramos buena salud, y sobrevivimos al entrenamiento en Isla de la Reina Muerte y en Isla Andrómeda, entonces pensé que estos amuletos podrían protegernos en la batalla que se nos viene encima, hermano, quiero que vivas muchos años con buena salud, que nunca te vuelva a pasar nada malo- Shun puso el kanai anzen entre las manos de Ikki, y las sostuvo entre las suyas por un instante. Pero su hermano guardó silencio y bajó la mirada.

- Shun, en la guerra siempre se pierden vidas y esta que se avecina no será la excepción-

- ¡Lo sé! Pero…no quiero pensar en eso, prefiero creer que daremos nuestro mejor esfuerzo y saldremos todos victoriosos- contestó el menor de los hermanos con tristeza en la mirada.

- ¿Por eso compraste tantos? ¿Piensas regalarlos a Seiya y los demás? ¿Para quién es ese de color azul? Y ¿Por qué escribes tanto en esas hojas?- Ikki quiso desviar el tema de conversación. No se le pasaba por alto el hecho de que estaban con vacaciones, y de que no quería importunar a Shun con su pesimismo.

- Sí, quiero llevar un recuerdo de Ito para todos, y también, enviaré unos amuletos a Isla Andrómeda, a mi maestro Albiore, a mi amigo Ryszard y a mi amiga June- explicó Shun, mirando la última nota que estaba escribiendo, las cartas a la amazona siempre eran las más difíciles de escribir.

- ¿Amiga? ¿En esa isla vive más gente?- Ikki puso una expresión de sorpresa ante las palabras de su hermano, lo cual no pasó desapercibido para él.

- ¿Por qué pones esa cara Ikki? Isla Andrómeda no es un paraíso, pero tampoco es un lugar deshabitado-

- Tatsumi me dijo el día en que te fuiste, que Isla Andrómeda era otro infierno sobre la tierra, que no había podido salvarte porque morirías de todas formas- Ikki recordó al cruel mayordomo burlándose de él, antes de darle una feroz paliza y luego embarcarlo medio muerto a su campo de entrenamiento, en todo ese viaje sólo pensaba que jamás volvería a ver a Shun con vida, que se había arriesgado en vano, no había podido protegerlo y que había deshonrado al espíritu de su madre por ello.

- No estaba equivocado…Isla Andrómeda es un infierno sobre la tierra, durante el día el calor llega fácilmente a los 50° Celsius, y por la noche cae drásticamente a temperaturas mínimo unos 10° bajo cero, el sólo hecho de vivir ahí constituye un desafío, muchas personas que escapan de la hambruna y los conflictos de África intentan refugiarse en ese lugar, mi maestro los ampara a todos, pero huyen muy pronto o mueren- Shun decía todo aquello relajadamente, mientras le ofrecía sakura mochi a Ikki, pero este no aceptó.

- ¿Cómo lograste sobrevivir? ¿Cómo puedes hablarme de ese lugar con tanta serenidad?- preguntó este con sorpresa.

- ¿Sabes? En esa isla aprendí muchas lecciones importantes, y una de ellas, es que no importa donde estés, cualquier lugar puede convertirse en el cielo o en el mismo infierno, eso sólo lo decides tú- Shun contestó con completa sinceridad y madurez en sus palabras- No fue nada fácil, pero allí encontré una familia, y cuando las cosas se ponían demasiado mal, siempre pensaba que tú estabas en un lugar mucho peor por mi culpa y que debía sobrevivir por ti.

Los ojos de Shun se humedecieron ante ese triste recuerdo, y para que Ikki no lo viera, continuó intentando escribir su carta a June.

- Sé que puede parecer de locos pero, cuando todo esto termine, y podamos entregar esa armadura dorada a la señorita Saori, y venzamos al enemigo, quisiera regresar a Isla Andrómeda contigo Ikki, estoy seguro que te llevarás muy bien con mi maestro, él es como un padre para mí, no desmerezco todo lo bueno que me das, pero mi maestro también es parte importante de mi vida, y quisiera vivir allá, no en esa mansión llena de recuerdos tristes- Shun tomó el kanai anzen azul que compró para June y lo miró por unos segundos antes de guardarlo en un paquete junto a la carta que había escrito.

- ¿Ese amuleto es para tu maestro?- preguntó Ikki con curiosidad. No quiso contestar al ofrecimiento de Shun de vivir en Isla Andrómeda. Su tirano maestro le había enseñado que el Ave Fénix era un ser solitario, y él mismo, aunque amaba a su hermano, había comprendido que ya no podría vivir entre las demás personas, el trauma provocado por el dolor que podía causar a los demás era demasiado intenso, había destruido a su amada Esmeralda, a pesar de que el asesino directo fue su maestro, Ikki comprendía su responsabilidad en ello, no quería lastimar a Shun como lo hizo con ella, no deseaba exponerlo y por ello había optado por la distancia. Sólo hizo una excepción en ese viaje a Ito, porque él se lo había pedido. No tenía muchos ánimos de resucitar el pasado porque tal como dijo el señor Nakamura, él era el vivo rostro de Mitsumasa Kido, su padre, y ese vínculo con ese maldito hombre y con la trágica historia de su madre, era algo que deseaba romper con todas sus fuerzas.

- No, no es para él, es para June- contestó Shun sonrojándose, y ese leve gesto provocó nuevamente curiosidad en Ikki.

- Esa es la muchacha que dices que es tu amiga ¿verdad? ¿Es de esas personas que huyó de África y vive en esa isla?-

- No, ella fue mi compañera de entrenamiento, se convertirá en amazona y también tendrá una armadura como nosotros- la voz de Shun cambió de un tono alegre a uno de preocupación.

- Es una amazona, había escuchado de ellas, pero cuando me enviaron del Santuario a matarlos no tuve la ocasión de toparme con ninguna, sé bien cuál es su estilo de vida, y que usan una máscara para esconder su rostro porque sólo de esa manera esconden el hecho de que son mujeres- comentó el Caballero del Fénix en voz alta, más para él que para su hermano como si recordara una lección de la escuela.

- Así es, June es mi mejor amiga, entrené con ella durante estos seis años, se parece a ti en algunas cosas, tiene un carácter fuerte y siempre está dispuesta a ayudar a los más débiles que ella- el leve rubor que asomó en las mejillas de Shun al recordar a su amiga aún se mantenía en su rostro- también tengo un amigo llamado Ryszard, no hablaba mucho, al menos con los demás, tenía problemas para entender el idioma, pero compartimos la cabaña, así lo conocí mejor y me di cuenta que es una buena persona.

- Entonces entrenaste con más personas-

- La mayoría renunciaba al entrenamiento, o moría por las condiciones climáticas de la isla, cuando regresé a Tokio con mi armadura, quedaban sólo ocho alumnos, de ellos, sólo dos tenían armaduras, mi amigo Ryszard que es el Santo de Delphinus, y una amazona llamada Amira cuya constelación y armadura es la de Columba.

- Debo confesar Shun, que cuando Tatsumi me dijo como era Isla Andrómeda, pensé que morirías, me alegro de haberme equivocado, imagino que no fue fácil- comentó Ikki, centrándose en su hermano y tratando de imaginar su sufrimiento en ese lugar, ¡Qué tonto había sido al dejarse llevar por el camino del odio! ¿Cómo podía haber llegado a odiar a su propio hermano, si ambos corrían con la misma suerte? Ambos conocieron el infierno en la propia tierra, y ambos sobrevivieron a él.

- Al principio no fue fácil, su nombre era muy bonito, pero la realidad era muy diferente…- contestó Shun recordando aquel día en que llegó a entrenar a Isla Andrómeda.

El viaje había sido muy tranquilo para el pequeño. La tripulación del Otohime-Maru lo había adoptado como la "mascota" del barco, aprendió mucho sobre navegación, y todos los días ayudaba en la mayor cantidad de tareas que le asignaban, desde limpiar botes, fregar la cubierta, hacer nudos con las gruesas cuerdas, hasta ayudante de cocina cortando verduras. Pero su alegría no duró mucho, ya que al llegar a una horrible isla completamente árida, con un enorme volcán activo que descargaba una gran cantidad de cenizas y un oscuro humo por su cráter, el capitán Mizuno lo obligó a bajar y llevarlo hasta el muelle.

- Esta es Isla Andrómeda niño, si sigues por ese sendero, llegarás al campo de entrenamiento, la primera cabaña que verás, la más grande, es la de Albiore de Cefeo, él es el gobernante de esta isla- explicó el capitán- yo debo marcharme o nuestra ruta sufrirá retrasos, sólo recibí órdenes de traerte hasta aquí, no de llevarte de regreso a Japón, buena suerte.

Shun quedó completamente solo, observando el barco alejarse del muelle con lentitud. El Sol ardía como una enorme braza circular sobre su cabeza, su menudo cuerpo sudaba como si estuviera dentro de un sauna, su blanca piel rápidamente empezó a enrojecer.

- Hermano, debo moverme de aquí o me voy a quemar- pensó, ya que durante su viaje en barco, había adquirido la costumbre de hablar imaginariamente con Ikki, para no sentirse sólo y como una manera de mantener la conexión con su hermano y también su protección. Apretando con fuerzas el medallón de su madre, caminó por el sendero que le habían señalado para buscar a ese señor llamado Albiore de Cefeo y pedirle que lo entrenara para convertirse en Caballero.

No fue fácil para el pequeño soportar la caminata, a cada segundo el calor aumentaba mucho más hasta volverse sofocante, tuvo que quitarse la chaqueta anaranjada de su traje deportivo, por un instante pensó también en despojarse de sus zapatos y calcetines, pero cuando puso uno de sus pies desnudos sobre la arena no pudo evitar saltar de dolor, el suelo quemaba. Un extraño olor desagradable, el de azufre, rodeaba el ambiente, y apenas lograba vislumbrar de vez en cuando una que otra ave sobrevolar la costa en busca de algún pez, o una serpiente escondida bajo una piedra esperando al acecho que alguna lagartija pasara para devorarla.

- Esto no es muy diferente del lugar donde enviaron a Ikki- pensó para darse valor, se sentía mareado, la respiración se le dificultaba, le dolía mucho la cabeza y deseaba beber un poco de agua, a ratos, la visión se le nublaba y repentinamente, su cuerpo dejó de obedecerle y cayó estrepitosamente.

- ¡Un niño llegó a la isla!- escuchó que decían en la distancia, y pronto su cuerpo estaba flotando en el aire. Shun oía varias voces que le parecieron muy similares a las de los niños con los que había entrenado en la Fundación Graude, sus ojos permanecían entrecerrados para evitar que el Sol les hiciera daño, su lengua estaba reseca y su piel ardía, mientras sospechaba que lo trasladaban a un lugar desconocido.

- ¿Acaso moriré así? ¿Sin siquiera haber comenzado a entrenar?- pensó, cuando el rostro de un chico de ojos azules y cabello rosa apareció sobre él.

- Niño ¿me escuchas? ¿Entiendes lo que te hablo?- le preguntaba y a duras penas intentó sentarse. Claro que entendía el griego, esa lengua la había aprendido en la Fundación Graude precisamente porque le dijeron que en cualquier lugar donde entrenara le sería más fácil comunicarse en ese idioma. Pronto apareció otro niño de cabello azul quién le arrojó agua sobre la cabeza, aquel gesto produjo en el niño de cabello verde una enorme sensación de alivio, entonces, al fin logrando abrir sus ojos intentó hablar.

- Mi nombre es Shun y busco al señor Albiore de Cefeo-

- Bebe un poco de agua, casi mueres por el calor- dijo el niño de cabello rosa pasándole a Shun un tazón de greda con el precioso líquido- mi nombre es Reda y este es mi amigo Spika, ambos somos discípulos del maestro Albiore, tuviste suerte que June te encontrara, o serías comida de los buitres.

- ¿Son alumnos del señor Albiore? Necesito hablar con él- a pesar de sentirse agobiado por el calor, Shun quería de inmediato iniciar su entrenamiento, tenía que hacerlo por Ikki y la promesa de volver a verse después de seis años.

- Vendrá en seguida, dijo que le informáramos cuando te sintieras mejor- contestó Spika. Instantes después, Shun se encontraba sentado frente a una mesa rústica de madera, en una enorme cabaña. Como había dicho el capitán Mizuno, era la más grande de las pocas que había en la isla.

El niño observó todo aquel lugar con mucha atención, era diferente al orfanato y a la mansión Kido. Sus paredes estaban construidas de barro y adobe, el techo era de paja, y varias vigas que apuntalaban uno que otro punto al igual que los marcos de las ventanas estaban construidos con madera. El material mantenía afortunadamente el ambiente más fresco. Shun nunca había visto algo similar salvo en los libros de cuentos que alguna vez Ikki le leyó, con algo de cautela y curiosidad, se puso de pie y caminó dentro de la cabaña reparando en varios detalles, el primero era que las ventanas no tenían vidrios, sólo unas cortinas y unas puertas de madera que con toda certeza debían cerrarse de noche.

Otro detalle fue un estante lleno de viejos y desgastados libros, al igual que un enorme mapa de toda la isla que estaba colgado en la pared. Un zumbido extraño hizo que Shun se acercara a una mesa donde había un enorme aparato del cual salían muchas voces en distintos idiomas, tenía además muchas perillas y algo que parecía ser un micrófono.

- ¿Hola? ¿Alguien me escucha?- intentó hablar por el micrófono, y vio en la mesa una libreta con varios garabatos anotados y otro mapa más pequeño que también tenía anotaciones- Parece ser una radio- pensó, pero no imaginaba que se trataba de una para radioaficionados, sino las clásicas donde se escuchaba música, como las que usaban las maestras del orfanato para los programas en la noche, o la que usaba Tatsumi para los partidos de baseball, sólo que esta era más grande, vieja, y tenía demasiadas perillas.

Un estridente ruido hizo que Shun perdiera el interés por la radio, al tratar de identificar de donde provenía, vio un trozo de tela de color negro que sobresalía detrás del estante lleno de libros, y uno de ellos había caído justo sobre la tela.

- Diccionario de criaturas mitológicas- leyó en la tapa que estaba escrita en griego, trató de levantar el libro para regresarlo a su sitio, pero la tela de color negro comenzó a moverse por sí sola. Shun asustado, vio que no se trataba de un simple trozo de género, alguien estaba cubriéndose con él, y ese alguien estaba escondido tras el estante- disculpe, no quise molestar, busco al señor Albiore- quiso dar explicaciones, pero no hubo respuesta, le quitaron el libro que había recogido de las manos, revelando que la tela traía una capucha, y que dentro de ella, yacía una máscara de metal con dos marcas rojas alrededor de los ojos.

- ¿Usted es el señor Albiore?- preguntó nervioso recordando el tétrico rostro de la muñeca de porcelana rota de Saori que Seiya usaba para asustarlo. Sus piernas temblaban, porque ese ser no hablaba en lo más mínimo, dio un paso hacia atrás, pero aquella criatura lo siguió, una idea entonces se apoderó de su cabeza y no consideró siquiera que por el tamaño, lo que estaba delante de él podía ser otro niño.

- ¡TENGU!- gritó espantado, recordando lo que su hermano le había dicho sobre esos demonios del folklore japonés, usaban máscaras de color rojo con narices muy pronunciadas, seguro ese era un tengu pequeño que se había extraviado o peor aún, venía siguiéndolo desde la mansión Kido, por su mente pasó lo que Seiya había murmurado una vez, que el platillo favorito de los tengu eran los deditos de niños fritos con tempura. Sólo se trataba de una travesura, pero Ikki jamás la desmintió, además, se decía que en el bosque detrás de la mansión moraban varios tengu, quizás ese lo vio

acompañando a su hermano a golpear aquel árbol para seguir entrenando, de seguro, como decía el mito, el tengu debía vivir en ese árbol y ahora venía a clamar venganza por haber dañado su hogar.

- No te me acerques, yo no quise golpear tu casa- dijo en perfecto japonés, retrocediendo hacia la puerta de la cabaña, pero el tengu extendió los brazos y siguió acercándose a él. La tensión fue demasiada, Shun quería salvar su vida ya que ni siquiera había visto a Albiore de Cefeo, y armándose de valor empujó a la criatura y salió corriendo hacia el exterior- ¡Aléjate de mí!

Pero el tengu, algo sorprendido por ese extraño idioma y por el ataque sorpresa salió corriendo tras Shun a una gran velocidad.

- ¿Ese no es el niño recién llegado?- preguntó Spika a Reda viendo al nuevo corriendo como loco rumbo al muelle.

- Así parece, se recuperó bastante rápido- dijo Reda asombrado- mira cómo corre, June apenas puede alcanzarlo.

Efectivamente, el tengu no era otra más que June, quién siempre prefería mantenerse alejada de los niños, salvo en los entrenamientos, y hacer su vida tranquila a veces dentro de la cabaña del maestro donde habitaba, o a veces en la soledad del faro. La razón por la que seguía a Shun era sencillamente por diversión, había visto al niño desmayarse camino a la cabaña de Albiore, lo había trasladado junto a Reda y Spika a la cabaña, y cuando escuchó que buscaba al maestro decidió ponerlo a prueba, en este caso, dándole un susto para ver que tan valiente y veloz era. Shun por su cuenta seguía corriendo aterrado, no quería que frieran sus deditos en tempura, pero el tengu era tan rápido como él, y como conocía mejor el terreno le daba alcance con mayor facilidad.

- ¡Déjame!- continuaba hablando en japonés pensando que el tengu no entendería en otro idioma, entonces por tratar de ver si seguía corriendo muy cerca de él, miró hacia atrás y sintió que chocaba con fuerzas contra algo muy duro que lo empujó cayendo de espaldas al suelo. El tengu se le acercó, con su capa negra y esa máscara diabólica, Shun cerró los ojos para no ver cómo le arrancaban sus dedos, esperó el dolor desgarrador, la sangre tibia brotando y manchando su ropa, pero lejos de eso, sintió un roce en su nariz y escuchó la voz de una niña hablar en griego.

- Te toqué-

Entonces, abrió sus ojos y se dio cuenta que el tengu se quitaba la capa, y apareció ante él el cuerpo de una niña enmascarada de largo cabello rubio.

- June ¿Qué estás haciendo? No debes hacer travesuras de esa manera con este niño, casi muere por culpa del calor- escuchó una voz madura que regañó a la niña. Se puso de pie de inmediato y pudo distinguir a un hombre de tez bronceada, largo cabello rubio y ojos azules, su cuerpo era muy musculoso, y llevaba puesta una imponente armadura con unas cadenas que colgaban de sus fornidos brazos, su mirada era muy estricta, pero pudo percibir algo de bondad en ella, era completamente diferente a la de Tatsumi o el señor Kido, le infundía un profundo e inexplicable respeto.

- ¿Te encuentras bien niño? ¿Puedes levantarte?- preguntó preocupado aquel hombre, y Shun de inmediato se puso de pie, sacudió su ropa y se atrevió a hablar.

- Sí, estoy bien, busco al señor Albiore de Cefeo, pero este tengu empezó a perseguirme- dijo apuntando a June.

- ¿Tengu?- balbuceó la niña ya que esa palabra desde hace rato la tenía intrigada.

- Tengu es un demonio de la cultura japonesa June- explicó Albiore y luego se dirigió a Shun- yo soy Albiore de Cefeo, ¿Quién eres? ¿Por qué has venido a mi isla? Este no es un lugar adecuado para un niño como tú.

- Mi nombre es Shun- contestó el niño tragando un poco de saliva, la seria mirada de Albiore le intimidaba- He venido de la Fundación Graude, en Japón, porque quiero que me entrene para convertirme en un Caballero de Athena.

- ¿Fundación Graude?- preguntó Albiore comprendiendo de quienes se trataba. Hacía seis meses unos hombres arribaron en Andrómeda, le llevaron un enorme maletín con dinero, y ofrecieron agua, comida y ropa para los que habitaban en ese lugar, lo único que se le pedía a cambio era que aceptara a un niño que pronto le enviarían como discípulo. El Caballero de Cefeo se sorprendió de aquella visita, la orden de Athena era sólo un secreto a voces que rayaba más en el mito que en la realidad, eso siempre lo había tenido muy en claro y para él resultaba mejor así, pero el hecho de que llegaran con esa extraña petición un grupo de desconocidos, produjo en Albiore un cierto recelo, por ello pidió hablar con el dueño de esa organización y días después llegó un anciano llamado Mitsumasa Kido a la isla.

El anciano fue muy claro en explicar que era un gran amante de la lucha, y que estaba reuniendo niños huérfanos para convertirlos en guerreros profesionales, Albiore en ese entonces le dijo que rechazaba su oferta porque un Caballero de Athena no era un juego, ni podía compararse con otras disciplinas marciales, se negó tajantemente a aceptar tanto los víveres como al discípulo, pero Mitsumasa era un hombre persistente y durante todo ese tiempo, llegaban por barco una gran cantidad de comida, agua, ropa, y también uno que otro agasajo especialmente para él, el cual consistía en libros de guerras, manuales de combate, y hasta una katana. Albiore, sabedor de que el anciano no se daría por vencido, enviaba de regreso todo lo que traían las embarcaciones a nombre de la Fundación Graude, pese a los reclamos de June, quién se deleitaba con los dibujos de los libros de combate, y le decía que la comida y el agua eran necesarias, pero él no pensaba dar su brazo a torcer ¿Cómo se había enterado ese millonario excéntrico de la Orden de Athena? ¿Qué le hacía pensar que él aceptaría a un niño como su discípulo, sólo por esos víveres? Como líder de la isla no consentiría que uno de los caballeros de bronce que él entrenara se prestara como juguete de un aficionado, proteger a Athena era algo extremadamente serio, y sin embargo, el testarudo anciano, se atrevió a enviarle esta vez a ese niño que al parecer no tenía idea en qué prueba difícil se estaba metiendo.

- ¿Cuántos años tienes Shun?- preguntó mirándolo de pies a cabeza.

- Siete, señor- contestó el pequeño un poco atemorizado. Albiore pensó que tenía casi la misma edad de los tres alumnos que en ese momento estaba entrenando, y que habían logrado sobrevivir a las duras condiciones de la isla. Era bastante veloz, se había dado cuenta al verlo huir de June, tenía bastante agilidad, era evidente que el niño fue sometido a un entrenamiento previo antes de ser enviado a Andrómeda.

- Spika- dijo haciendo un leve gesto al niño de cabello azul, y este entendiendo lo que se le ordenó, atacó a Shun por sorpresa. Este, aún desprevenido, logró esquivar el ataque y detener el puño de su rival con la mano.

- ¿Por qué me atacas? No quiero pelear, sólo quiero que el señor Albiore me entrene- dijo mientras Spika se liberaba e intentaba darle una fuerte patada la cual también el pequeño de cabello verde logró esquivar.

- Spika, detente- ordenó Albiore, y miró a Shun sin cambiar su expresión de seriedad- niño, si quieres que yo te entrene debes combatir con tus compañeros, debo admitir que tienes buenos reflejos, pero esta isla no es un dojo, además, no acepto discípulos si no son enviados por el Santuario de Athena en Rodorio.

- ¿Qué?- preguntó Shun con estupor- pero…me dijeron que debía venir a esta isla…que usted me entrenaría…no puedo fallar…debo obtener la armadura o sino no podré cumplir la promesa que hice…-

- Quienes te hayan dicho eso están equivocados, la orden de Athena tiene reglas, y en esta isla sólo se reciben discípulos que sean aprobados por el Santuario, puedes quedarte hasta que llegue un barco que te lleve de regreso a Japón, eso será dentro de cinco días, te quedarás en la cabaña de Spika y Reda mientras tanto- Albiore dio la espalda al niño, para dirigirse al campo de entrenamiento.

- ¡No! ¡Por favor, debe aceptarme como su discípulo!- suplicó Shun.

- Entonces, pelea contra Spika- contestó Albiore- si lo vences puedes quedarte.

- Pero yo…no quiero pelear- murmuró el pequeño, Spika, por su cuenta, siguió atacándolo por órdenes de Albiore. Shun esquivaba todos sus golpes, pero se negaba a levantar su mano contra él, finalmente, el niño de cabello azul logró tomar al recién llegado, lo levantó con fuerza y lo dejó caer al suelo poniendo su pie sobre su pecho.

- Yo gané- dijo mirando a Shun con compasión.

- ¿Qué sucedió? ¿Por qué no peleaste?- preguntó Albiore, pero Shun bajó la cabeza lleno de impotencia, vergüenza, y con lágrimas en los ojos- si no sabes sopesar cuando combatir y cuando no, si no entiendes ni obedeces mis órdenes, no me sirves, ni tampoco a Athena. Te marcharás en el próximo barco- ordenó.

Aquella noche, Shun no pudo cerrar los ojos. El frío era sobrecogedor, pero afortunadamente se encontraba cubierto por una gruesa manta en la cabaña de Reda y Spika, quienes dormían profundamente, ambos niños habían sido amables con él y lo acogieron y compartieron su comida, en parte por órdenes de su maestro, pero también porque el niño japonés les había caído en gracia. El pequeño, sin embargo, pensaba de mil maneras cómo Albiore de Cefeo podía aceptarlo como su discípulo, no comprendía cómo era posible que el famoso prestigio de la Fundación Graude, del que tanto se vanagloriaba Tatsumi, tuviera cero influencias en ese lugar.

A la mañana siguiente, después del desayuno, cuando sintió que los otros niños se alistaban para ir a entrenar, decidió seguirlos. Contempló con temor el terrible entrenamiento, no sólo se veían sometidos a acondicionamiento físico, tenían que entrenar con armas y combatir, constantemente, notó que Reda se esforzaba hasta quedar exhausto, que Spika ignoraba completamente las heridas de su cuerpo, y que June no se detenía ni aminoraba en cada pelea frente a los niños, ni siquiera por el hecho de ser una niña ¿Podría él pasar por lo mismo? ¿Soportar esa rutina con todo ese infernal calor, contradiciendo sus propios principios de no usar la violencia? Lo pensó durante todo el día, mientras Albiore fijaba de vez en cuando su atención en él, también tenía muchas preguntas a las cuales encontrar respuesta, pero la principal era saber qué haría ese niño de apariencia tan débil, regresaría a Japón, se quedaría hasta buscar su aprobación para que lo entrenara o moriría en esa isla como muchos otros.

- ¿Qué puedo hacer? El Señor Albiore ha sido amable en ofrecerme alojamiento, pero no puedo irme de esta isla sin la armadura, se lo prometí a Ikki, y él debe estar sufriendo más que yo en este momento ¿Cómo lo puedo convencer de que me acepte como su discípulo sin tener que pelear con alguno de los niños con los que entrenaré?- pensaba. Era su segunda noche en Isla Andrómeda, y nuevamente no podía dormir, el tiempo se le estaba acabando, el barco que lo llevaría de regreso a Japón arribaría en tres días- Ikki me dijo que debo esforzarme, creo…que debo hacer las cosas a mi manera, el Señor Albiore deberá aceptarme, no tengo otra elección, pero no pelearé ni lastimaré a Spika, ni a Reda, ni a la niña que usa la máscara de tengu.

En ese instante, Shun tomó una fuerte decisión, la cual de ser exitosa, lo convertiría en el discípulo de Albiore de Cefeo, pero de fracasar, lo llevaría directo a la muerte. A primera hora, se levantó y caminó raudamente a la entrada de la cabaña de Albiore, este, después de lavar su rostro, salió rumbo a la cabaña donde Spika y Reda tomarían desayuno, pero se topó con la mirada decidida del niño japonés.

- Señor Albiore, no puedo irme de esta isla, debo convertirme en un Caballero de Athena, y si no me admite, pues entonces prefiero la muerte, desde ahora en adelante no probaré ningún bocado, y no me moveré de la entrada de su cabaña hasta que me acepte como su discípulo- sin decir más, Shun se sentó frente a la puerta de brazos cruzados y permaneció así durante todo el día, soportando el intenso calor. El Santo de Cefeo aceptó el reto sin siquiera dudarlo, si tanto el niño deseaba ser entrenado, pues la prueba que el mismo se había autoimpuesto sería la que decidiría su destino, no era el primero en hacer una cosa semejante, algunos habían sucumbido ante el calor, ante el frío, o incluso, ante el hambre y la sed, y a juzgar por la apariencia del pequeño, este no sería la excepción.

Pero Shun estaba decidido en llevar su idea hasta el final. Cuando Reda y Spika aparecieron con comida se negó a moverse de su lugar, ambos lo miraron con asombro y regresaron a sus labores. Al llegar la noche, Albiore observaba desde su ventana al niño, llevaba más de 12 horas en esa posición, sin comer ni beber nada, la temperatura comenzó a descender, la piel de Shun se erizó, y su estómago gruñía muerto de hambre, el sueño también estaba apoderándose de él, pero era lo de menos.

- No deberías hacer ese esfuerzo, morirás, mejor come- escuchó que le decían, y al abrir sus verdes ojos vio la fea máscara del tengu frente a frente. La niña traía unas cuantas frutas secas y las había puesto en un plato junto a un tazón lleno con agua.

- No puedo…todo lo que tengo en este momento es convertirme en un Caballero de Athena, hay alguien a quién se lo prometí- explicó con algo de temor a la máscara. June se le quedó mirando fijamente tras ella, con mucha curiosidad.

- Y esa promesa ¿Vale más que tu propia vida?-

- Así es, si no la cumplo, mi honor está en juego- contestó Shun recordando aquella conversación con Ikki frente a la armadura de samurái en la mansión Kido. Ahora el comprendía mucho mejor de qué se trataba el honor.

June observó al desconocido niño japonés con atención, "demasiado frágil", pensó después de analizar rápidamente su contextura física, pero recordó su velocidad, agilidad, y esa respuesta comprobaba su tenacidad. Sólo, en esa isla en condiciones climáticas extremas, había desafiado a su maestro para quedarse o morir en ello ¿Qué clase de persona se atrevía a hacer algo así? Seguramente alguien muy valiente o muy loco, o sencillamente, alguien que no tenía nada más que perder, como ella. En silencio, tomó las frutas secas y el agua y entró en la cabaña.

Eran ya las tres de la madrugada, el frío estaba en su punto más álgido, Shun sentía como pequeños trozos de hielo se formaban en su ropa, sus mejillas, sus articulaciones congeladas dolían y en la punta de su nariz, asomaba un poco de agua, y veía con toda claridad el vapor que formaba su respiración.

- Debo soportarlo, por Ikki- se repetía muchas veces, el sueño estaba venciéndolo, había escuchado una vez, en uno de esos consejos de supervivencia que le dieron en la Fundación Graude, que ante el frío debía mantenerse en movimiento, dormir era la peor cosa que podía hacer, pero él había dicho que no se movería de ese lugar- El frío me matará- murmuró apretando sus ojos para no llorar, cuando sintió que la puerta de la cabaña de Albiore se abría con lentitud, y luego, algo cálido cubrió su espalda.

- El maestro está dormido, no se dará cuenta, nadie sobrevive al frío de esta isla con esa ropa tan delgada, y ya que no puedo ayudarte a soportar el calor, al menos, déjame ayudarte a soportar el frío durante unas cuantas horas-

Se trataba de June, quién conmovida por el niño, había salido de la cabaña a escondidas de Albiore con una gruesa manta, abrazó a Shun por la espalda, y cubrió a ambos con ella.

- Leí en un libro del maestro, que cuando los pingüinos en la Antártida tienen mucho frío, se quedan muy juntos para darse calor entre todos ellos, así sobreviven, lo haré mientras el maestro duerma- explicó sin más detalles.

- ¿Por qué me ayudas?- quiso saber el niño, pero June no contestó aquella pregunta.

Albiore no se enteró de la ayuda de June, la niña conocía tan bien sus hábitos y rutinas, que cada día al despertar, veía a Shun ahí mismo donde dijo que se quedaría. Pasaron exactamente los tres días, el barco en el que debía regresar a Japón estaba anclado en el muelle realizando algunas reparaciones, el pequeño se hallaba completamente deshidratado y muerto de hambre, con su piel sonrojada, nadie comprendía cómo aún seguía vivo, ni siquiera el propio Caballero de Cefeo.

- June, lleva a Shun a mi cabaña, ponle compresas con agua fría, y dale algo de comer- ordenó al finalizar el día- Muchacho, espero que tu decisión de quedarte haya sido a conciencia, así como me desafiaste con tu huelga de hambre, espero que soportes el arduo entrenamiento, desde hoy te tomo como mi discípulo.

Shun no pudo sonreír ante las palabras de Albiore, sencillamente se desplomó sobre la arena, y después despertó recostado en una rústica cama de madera, cubierto por una delgada sábana, a su lado, June ponía sobre su frente una compresa remojada en agua fría.

- El maestro dijo que te entrenaría, bienvenido a Isla Andrómeda- dijo tras aquella máscara que tanto asustaba al pequeño, pero en ese instante, el pensó que a pesar de esa voz neutral en ella se escondía una niña como él, con un corazón realmente cálido que le había ayudado a ser aceptado en ese lugar.

- Tú me encontraste cuando me desmayé por la insolación ¿Verdad? Y también me ayudaste con el frío de la noche, mi nombre es Shun- sonrió levemente tratando de levantar su cuerpo para poder comer- Gracias… ¿Cuál es tu nombre?

- June- contestó la niña- no me llamo Tengu, no soy ningún demonio y si vuelves a decirme así te las verás conmigo.

- ¿Confundiste a una amazona con un tengu?- preguntó Ikki, quería evitar reír de la ingenuidad de su hermano, pero de tan sólo imaginarlo corriendo perseguido por una niña enmascarada, no pudo contener el curvar sus labios lo cual no pasó desapercibido por Shun.

- No te burles Ikki, de verdad temía que friera mis dedos en tempura-

- Te dije que no debías creer los cuentos de Seiya- comentó Ikki aún con una media sonrisa- pero esa niña…parece que es muy ruda.

- Sólo fue al principio, con el tiempo llegué a conocerla muy bien, una vez mi maestro me dijo que si había alguien capaz de saber lo que ella pensaba sin haber visto jamás su rostro, ese era yo- sonrió Shun con algo de nostalgia- es mi mejor amiga, a diferencia de Spika y Reda, quienes después que fui aceptado como alumno del maestro Albiore, cuando les dije que venía para obtener la armadura de Andrómeda, se convirtieron en mis enemigos, me hicieron la vida imposible por mucho tiempo, sólo por el hecho de que yo era extranjero, no tengo ningún linaje griego y además, ellos eran mis rivales por la armadura.

- Todo eso debió ser muy duro- Ikki observó a su hermano dejando de lado su sonrisa, Shun había crecido mucho, en su piel se notaba sutilmente las marcas de los entrenamientos.

- Así es, pero, gracias a June jamás me sentí sólo, incluso, una vez planeó que me fugara en un barco para ir contigo a Isla de la Reina Muerte, fue un completo desastre, pero creo que te hubieras enfadado al verme llegar sin la armadura- suspiró Shun recordando aquel intento de fuga que aumento la complicidad con la amazona- tuvimos muchas aventuras en Isla Andrómeda, era difícil no meterme en líos junto a ella, pero dentro de ese infierno, siempre fue muy divertido.

- Hay una cosa que no entiendo- interrumpió Ikki.

- Dime-

- Shun, un humano normal no hubiera sobrevivido a Isla Andrómeda, es obvio que tienes una enorme fortaleza, no sólo espiritual, sino que también física, estuve observando tu combate contra Jabu y no tuviste ninguna dificultad en vencerlo, tampoco con el Caballero de Andrómeda negra ¿Qué te sucedió con el Caballero de la Flama? Si tuviste el coraje de desafiar a tu propio maestro cuando apenas eras un niño, vencer a un tipo como ese hubiera sido de lo más fácil- Ikki había notado que Shun se esmeraba en mantener un perfil bajo, y con aquella historia que le había contado sobre su llegada a Isla Andrómeda, miles de ideas pasaron por su mente.

- Inseguridad y una mala estrategia- contestó Shun luego de pensarlo un poco- No me gusta pelear, lo sabes, soy un fiel creyente de que siempre existe una alternativa diferente antes de recurrir a la violencia, pero esta vez ese Caballero que envió el enemigo me dejó perplejo, he tenidos múltiples combates en mi entrenamiento, y después del torneo galáctico, pero ninguno de mis oponentes había sido tan diferente, no sólo en sus técnicas, también en su desplante en batalla, creo que muy en el fondo estaba inseguro de mis habilidades, por eso la cadena cedió con facilidad a sus llamas y casi me quemo-

- ¿Inseguridad?-

- Mi maestro me dijo que en combate siempre se debe estar atento, no sólo de los movimientos del enemigo, también hay que estarlo ante el campo de batalla, con Saori atrapada en la cabaña cuidando del casco dorado, ese hombre bajito intentando quitárselo, y mi oponente, de quién no podía leer con claridad sus movimientos, me llevó a una terrible confusión, por un instante no supe cómo reaccionar, además, el bosque y la cabaña se estaban quemando, demasiados factores que no pude manejar sólo…creo que debo aprender mucho más si realmente pretendo vencer a nuestro enemigo- explicó bajando la mirada avergonzado tanto por lo que Ikki pudiera estar pensando de él en ese momento, como por lo que diría su maestro si hubiera estado presente en aquel combate tan vergonzoso.

- Tranquilo, hiciste todo lo que estaba a tu alcance dentro de tus temores, lo importante es que el casco aún está en nuestro poder, creo que es hora de descansar, mañana madrugaremos- dijo Ikki acomodando su cabeza para cubrirla con el futón y luego quedarse dormido. Shun terminó de preparar sus obsequios, los guardó en su morral y también fue a dormir en el futón que estaba al lado de su hermano.

- Buenas noches Ikki- dijo cerrando sus ojos con un cansancio extremo, el día había sido demasiado largo. Pero el Caballero del Fénix fingiendo que dormía pensaba en la respuesta de su hermano.

- Creo que Shun puede llegar lejos si lo desea, pero su inseguridad, su timidez y su dependencia de otras personas provoca que rinda al mínimo esfuerzo, sobrevivió a Isla Andrómeda no sólo por el apoyo de esa amazona, tenía una razón para seguir adelante, la cuál era nuestra promesa de reencontrarnos, pero si Shun se queda sin algo por qué vivir sucumbirá ante el enemigo con facilidad, no puedo permitir que él nuevamente piense que yo estaré para ayudarlo en sus problemas, aunque ya había decidido mantenerme alejado de todos, ahora con mayor razón debo mantenerme al margen de mi hermano, vigilarlo e intervenir sólo si es necesario- reflexionó antes de que lograra conciliar el sueño.

Era muy temprano, el Sol aún no asomaba por la ventana de la habitación que compartían, cuando Shun sintió que su hermano salía sigiloso, quizás a vagar por las calles mientras lo dejaba dormir. Curioso por saber hacia dónde iba, se levantó, se vistió con prisa y lo siguió con sigilo hasta lo que parecía ser los restos de una cabaña que había sido derrumbada.

El Caballero de Andrómeda se percató que ese lugar por alguna extraña razón le resultaba muy familiar, los tres árboles enormes que estaban en la loma más cercana, la playa con esa extraña roca gigante en forma de cabeza de pájaro, todo, era como si lo hubiera visto antes en algún otro lugar. Ikki estaba de pie sobre los desgastados cimientos de lo que alguna vez fue el cómodo hogar donde vivió con su madre, ahora, todo estaba destruido, ya no quedaba ningún recuerdo de su niñez.

Apretando sus puños, esperaba contener el llanto que con amargura amenazaba con salir desde lo más profundo de su ser. El Caballero del Fénix recorrió con la mirada cada centímetro tratando de encontrar algún atisbo de la existencia de su madre, sin hallar absolutamente nada, dio un par de pasos en dirección a la playa y sin querer tropezó con algo que estaba enterrado en la arena, pero cuando intentó ver de qué se trataba, su corazón se encogió por completo, eran los restos destrozados de un viejo shamisen.

- Haha, ya regresé de la casa del señor Takano, la señora Yukino dijo que Eiji-san se encontraba bien, pero que tuvieron que amputarle una pierna ¿Qué es eso? ¿Me lo puedes explicar?- El pequeño Ikki llegó a la cabaña, debido a que su madre lo envió a preguntar por la salud del anciano pescador, quién había sufrido un grave accidente hace un par de días atrás- Nakamura-san me ha regalado esta botella con leche y también un poco de pan ¿Haha? ¿Estás bien?

Ikki caminó despacio para poner las cosas que le habían regalado sobre la mesa, quizás su madre estaba dormida, un fuerte resfriado la tenía postrada en cama, y el pequeño creía que era necesario que descansara lo suficiente y por ello no quería despertarla.

- ¡Shun! ¿Qué haces aquí? Está muy helado, si no te cuidas vas a enfermar- dijo al ver a su hermanito quién se había salido gateando del futón donde ambos dormían, y estaba chupando con hambre un mendrugo de pan duro que había sobrado de la noche anterior, sentado frente a la mesita de patas cortas que había en la pequeña sala de la cabaña. Con algo de prisa, Ikki lo tomó en brazos y a duras penas logró llevarlo a la habitación que tenían junto a Tsubaki- ¡Haha! ¡Shun se salió del futón y estaba comiendo pan duro! ¿Haha?

Lo siguiente fue la imagen más aterradora que un niño como Ikki pudo haber visto a tan corta edad. Tsubaki, estaba boca abajo, tirada en el suelo, su kimono blanco estaba manchado de sangre, al igual que el tatami, Shun miró en dirección a su madre, y comenzando a moverse inquieto logró zafarse de los brazos de su hermano, y gateó hasta la mujer.

- Haha- dijo despacio, mientras con sus manitos acariciaba sus mojados cabellos- haha…- volvió a repetir con la voz más alta- ¡haha!- gritó esta vez para que ella lo escuchara, pero Tsubaki no se movía.

Lleno de miedo, Ikki se acercó a ella, puso su mano en la pálida mejilla, la cual encontró completamente fría. A esas alturas, Shun lloraba desesperado porque su madre no le hacía caso, un hombre entró en la cabaña, Ikki sólo pudo darse cuenta que era uno de aquellos que venían a "comprarlos" a su hermanito y a él.

- ¡Está muerta!- escuchó que dijo con sorpresa mientras lleno de asco por la sangre, desviaba su mirada fuera de aquella habitación y vomitaba- hay que llamar a una ambulancia-

- Haha…está muerta…- el pequeño mundo de Ikki se desmoronó por completo, y mientras aquel hombre iba a buscar a un médico, el pequeño dispuesto a proteger a su hermano menor para que no los separaran, tomó la botella de leche y el pan que le había obsequiado el señor Nakamura, y cargando a su hermano en su espalda, huyó de la cabaña para que "no los compraran".

Durante un par de días se refugió en la posada del señor Nakamura, quién se responsabilizó del velorio de Tsubaki mientras los Takano estaban fuera de Ito. El día del funeral, Ikki se dio cuenta que los hombres vestidos de oficinistas andaban merodeando por el cementerio, venían por Shun y por él, los llevarían lejos de su madre, y él no lo permitiría. Cuando regresó a la posada donde se alojaba, envolvió a su hermanito en una manta, y salió por la parte trasera rumbo a la estación de trenes, se metió de polizón en uno que lo llevaría hasta Tokio, donde se encontraban el señor y la señora Takano, allí pediría ayuda. A pesar del miedo, para suerte suya, no lograron descubrirlos arriba del tren, pero al bajar se sintió perdido en una ciudad tan grande, vagó por calles repletas de personas desconocidas y al anochecer, todo quedó completamente a oscuras. Shun lloraba de hambre entre sus brazos y a ratos llamaba a su madre, entonces, todos los recuerdos se vuelven confusos, como si algo malo hubiera ocurrido, que su mente decidió bloquear para siempre.

Lo siguiente que el Caballero del Fénix recuerda, es a aquellos hombres vestidos de oficinistas, los tenían atrapados en un callejón, uno de ellos le quitó a Shun de sus brazos y entonces, él lo embistió con toda la fuerza de su pequeño cuerpo.

- ¡No me quitarán a mi hermano, no está a la venta!- pero esos hombres eran mucho más fuertes, lo sujetaron entre dos, y luego de golpearlo, lo llevaron a un orfanato. Por fortuna, no lo separaron de Shun.

Esta vez la rabia se apoderó de Ikki, furioso, cogió una piedra y la arrojó con ira contra el océano

y no satisfecho con ello, lanzó varias de sus técnicas en dirección al cielo y al mar.

- ¡TODO FUE POR TU CULPA VIEJO KIDO! ¡TÚ MATASTE A MI MADRE! ¡ARRUINASTE NUESTRAS VIDAS! ¡TE ODIO, PERO LO QUE MÁS ODIO ES QUE MI ROSTRO ES IGUAL AL TUYO, PORQUE SOY TU HIJO BASTARDO Y TE MALDIGO POR ESO!- gritó lleno de dolor.

- Ikki- Shun observó a su hermano con una profunda tristeza, la carga que él debió soportar todos esos años debió ser demasiada, por eso, fue tan fácil que su hermano cediera al camino del odio, el Caballero de Andrómeda se sintió culpable, ya que él también tenía un grado de responsabilidad en la desdicha de Ikki- perdóname, no merezco todo el sacrificio que has hecho por mí- murmuró mientras varias lágrimas silenciosas resbalaban por su rostro y con lentitud, regresó a la posada para que su hermano no se sintiera incómodo al verlo en ese momento de profunda angustia.

Un par de horas después, Ikki regresó como si nada hubiera sucedido, ambos tomaron desayuno en la posada, y luego caminaron en dirección al cementerio donde estaba la tumba de Tsubaki. En el camino, Shun compró un ramo de flores para su madre.

- ¿Claveles?- preguntó el Caballero del Fénix, observando el ramillete de flores de color blanco.

- ¿Lo recuerdas hermano? Cuando vivíamos en el orfanato, no celebrábamos el día de las madres. En la televisión siempre decían que ese día se obsequian claveles, y desde entonces, siempre quise llevarle un ramo a mamá- explicó Shun sonriendo con amabilidad para Ikki, pero este bajó la mirada con un poco de amargura.

- Ikki, si no quieres, entonces puedo regresar el ramo y llevarle otra cosa- contestó Shun entristecido nuevamente al notar la expresión de su hermano.

- No es necesario, estoy seguro que a haha le gustará que le lleves claveles como obsequio- contestó Ikki adelantándose a su hermano, quien corrió para alcanzar el paso rápido del Caballero del Fénix.

La tumba de Tsubaki estaba sucia, cubierta de hierbas y enredaderas que le daban un aspecto de estar completamente abandonada. Shun e Ikki la limpiaron, hasta que el nombre de su madre se hizo visible en aquella lápida de concreto, entonces, el Caballero de Andrómeda puso sus claveles para saludarla. Cerró sus ojos para dedicarle una oración, y la voz de Ikki comenzó a resonar por todo el lugar, profunda y melancólica, cargada con todo ese dolor contenido por tantos años, entonando una canción.

Hateigachi ya naryuri (Con gran velocidad el octavo mes se acerca…)

Tobibani ya neranu (…Y aún no cuento con una gala que vestir)

Hare utou katabani (Quisiera vestirme en alegría…)

Ya karachitabore (…Por favor, hermano, préstame al menos algo que vestir)

Hitotsu aru bani ya (Quisiera vestir a mis amados hijos…)

Kanasha se ni kusuitei (En el único kimono que poseo)

Hare wane ya okuyama (Yo tan sólo me vestiré con plumas…)

Nu kazuradasuki (Que recolecté en la profundidad de la montaña)

Ojyuugoya no teiki ya (La luz de la hermosa luna llena, se difumina a lo lejos…)

Kami gyurasa teryuri (Iluminando nuestro mundo con su divina luz)

Hare kana ga jyo ni tataba (Y así cuando mi amante furtivo venga a visitarme a hurtadillas)

Kumo tei taborei (Espero que las nubes nos cobijen en su sombra)

- Esa era la canción favorita de nuestra madre, muchas cantantes de las islas del sur la conocen, Haha nació en Okinawa- explicó Ikki- ese es mi regalo para ella- dijo con unas lágrimas cristalinas que cayeron por sus mejillas.

- ¿Me la enseñarás algún día hermano?- preguntó Shun e Ikki asintió en silencio. Ambos juntaron sus manos en postura de oración, para saludar a Tsubaki, pero en ese momento, algo terrible sucedió.

- ¿Lo has sentido?- Shun abrió sus ojos de golpe y miró a su hermano quién tenía una expresión de sorpresa.

- El cosmos de Seiya…se está extinguiendo-

- Y un cosmos muy poderoso está junto a él- palideció Shun. El viaje a Ito terminó abruptamente, debían regresar una vez más a la batalla. El Santuario esta vez había enviado a Misty de Lacerta y otros caballeros de plata para que acabaran con todos ellos.

Continuará…

Glosario:

Shamisen: es un instrumento de cuatro cuerdas, similar a un bajo pero más compacto, típico de Japón.

Kanai Anzen: Es un amuleto que se usa para tener buena salud.

Haha: es el equivalente a decir mamá, hoy en día me he fijado que en varias series de animé se usa la palabra mama, yo prefiero la tradicional, haha.

Shakuhachi: es una flauta de bambú.

Tengu: es un demonio guerrero japonés, que usaba una máscara de color rojo con una gran nariz, habitaba en los bosques, y se cree que practicaban artes marciales.

Min'yo: canto folklórico japonés.

Claveles: En el Haha no Hi, o día de las madres, en Japón se acostumbra a regalar claveles rojos a las madres, preferí usar blancos en señal de que Tsubaki está muerta.

Tsubaki: Camelia.

Sakura mochi: es un dulce típico de Japón.

La canción que cantan Tsubaki e Ikki, es una sola que la dividí en dos partes, se llama Obokuri Eeumi de la cantante Ikue Asazaki, y la escuché en la serie Samurai Champloo, las traducciones no las hice yo, así que los créditos son para quienes se tomaron la molestia de hacerlo y ponerlo en youtube.

La canción de cuna que canta Tsubaki aparece en la serie Air TV, me gustó y me pareció muy linda por eso la incluí.

Queridísimos lectores y lectoras, no me había dado cuenta que llevaba dos años sin actualizar, mis más sinceras disculpas, no pensé que se me había pasado tanto tiempo. Estaba algo corta de inspiración con esta historia, pero jamás fue mi intención tardar tanto. Espero no haber perdido el ritmo de este fic y por sobre todas las cosas espero lo hayan disfrutado, les cuento que ya no tardaré tanto en actualizar, porque me regresó la inspiración, y este cap tiene menciona algunas cosas de los caps anteriores, pocas, pero para ir haciendo la conexión entre todos. Gracias por su paciencia, y como siempre agradezco sus reviews y mensajes por inbox :)

Un abrazo fraterno para todos y todas, Mel :D