Narrado desde la memoria de Eiko
Al día siguiente, mama me llevo al colegio, me tocaba gimnasia, y después de lo que me dijo ayer el profesor, no quería ni ver a mis compañeros.
Fui al gimnasio temblando, deje las cosas en la taquilla y entre al gimnasio, hay estaban todos mis compañeros, mirándome con… ¿lastima? ¿Miedo?
Detrás de mí apareció el profesor.
-¿Q-que le ha pasado profesor?- le mire asustada, ya que estaba con varios cortes en la cara y un brazo escayolado al igual que una pierna.
-Eiko…-algo asustado- perdóname por lo que te dije ayer…
Le mire y le sonreí.
-No se preocupe- sonreí- todo está bien.
El me miro y me dio las gracias.
Estuvimos media hora haciendo gimnasia, cuando entro la directora.
-Disculpe profesor ¿podría salir Eiko un momento?- pidió con educación.
El profesor asintió y Salí.
-¿Qué ocurre directora?- preocupada.
La directora sonrió.
-Nada grave Eiko- se arrodillo- veras, hoy viene una persona muy importante y quiero que tú seas la que lea un discurso en agradecimiento, ¿vale?
La mire.
-M-me encantaría- triste- pero no tengo ropa adecuada para…
Me miro sonriendo.
-Tranquila, tengo ropa para estas ocasiones de urgencia- me cogió de la mano- espero mucho de ti Eiko, corre ve a ducharte al vestuario.
Fui al vestuario y me desvestí, me metí en la ducha y empecé a ducharme, me solté la coleta que sujetaba mi cabello rubio con mechones negros, mi piel blanca notaba el calor de las gotas de agua que surcaban mi cuerpo, termine de ducharme y me puse mi uniforme del colegio, una falda roja y una chaqueta negra.
Llegue a la puerta del despacho y llame 2 veces y entre.
-Hola Eiko,-me miro- vamos a ponerte guapa.
Empezaron a medir mis medidas y me hicieron un bonito traje con los colores del uniforme del colegio, más una pinza del pelo con forma de lucha menguante color rojo sangre.
El salón de actos estaba lleno, oía a varia gente hablar y vi unos 5 guardaespaldas.
La profesora apago las luces y cogió el micrófono.
-Demos la bienvenida, al hombre que más donativos nos ha donado para ayudarnos- paro un momento- ¡el señor Fumito Nanahara!
Cuando nombro a ese hombre me empezaron a pitar los oídos.
-Ay…- me sujete de la cabeza- duele…
La profesora me toco la espalda.
-¿Estas bien, Eiko?- se preocupó.
Note como los ojos me ardían.
-Si…- sonreí- estoy bien.
Cogí el discurso y cuando el señor Fumito Nanahara se sentó en la silla que había encima del escenario y el director a su lado y sus cinco guardaespaldas detrás de ellos, me prepare para salir.
-Y ahora, en agradecimiento al señor Fumito Nanahara, una de nuestras alumnas más pequeñas, leerá un discurso en su honor- la profesora me guiño el ojo.
Salí y Fumito Nanahara me miro a los ojos sonriendo.
Trague saliva nerviosa, me quede paralizada, tenía miedo de ese hombre pero… ¿Por qué? Si no le conocía.
Me acerque a el e hice una reverencia al igual que él.
Me di la vuelta y me dirigí al micrófono, cuando me di cuenta, vi que el micrófono estaba sujeto a la altura de ese hombre.7
Me puse roja y mire al frente, miles de ojos me miraban y yo paralizada.
Cuando iba a dar un paso hacia atrás me choque con alguien, mire hacia arriba y…
