Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y Toei Animation. Este fanfiction fue creado sin fines de lucro.

Cualquier semejanza con personas reales vivas o muertas, o con otros fics es sólo coincidencia.

Paralelamente.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo V

Espíritu de Camaleón.

Una pequeña y blanca mano cogió un puñado de tierra la cual sostuvo temblorosa por unos segundos, y luego la dejó caer sobre un féretro de madera con una estrella de seis puntas como único adorno. Las personas que acudieron a ese funeral, imitaron a la única doliente del hombre al que estaban sepultando, todos tomaron un puñado de tierra y lo pusieron sobre el ataúd.

Un hombre de gruesos anteojos, vestido con un traje y sombrero negro, con una espesa barba, y de cuyas patillas colgaban dos largas trenzas se acercó a la niña al final de la ceremonia e intentó sonreírle con amabilidad.

- Esther te acogerá en nuestra casa mientras dure el período de Shiva, ve con ella June-

La niña con el rostro enrojecido por el llanto, miró hacia una mujer que le extendió sus manos de forma amistosa para sacarla de aquel cementerio.

- Quiero estar con mi papá- dijo con la voz a punto de quebrarse, como tantas otras veces durante ese trágico día.

- Benjamín estará bien, pequeña, él ya está junto a tu madre, tu hermana y junto a Yahvéh- contestó el hombre, era un rabino, y entendía la confusión de la niña, quien perdió a su padre de forma dramática aquella misma madrugada.

- Pero en esa caja donde duerme está oscuro, luego vendrá la noche y si mi papá despierta quizás le dará miedo, tengo que estar con él- June retrocedió un par de pasos para alejarse de ese hombre desconocido y de la mujer delante de ella.

- Este cementerio no es un lugar seguro para una niña- insistió el rabino.

- Ven con nosotros June- intentó intervenir la mujer, pero la niña volteó a la tumba de su padre y trazó unos dibujos de palitos con sus dedos sobre la tierra de la sepultura.

- Ese señor Yahvéh no puede ser bueno, cada vez que se lleva a la gente que quiero, terminan bajo la tierra como los gusanos, así lo hizo con mi mamá y mi hermana, y ahora con mi papá- escucharon murmurar a la niña, mientras varias lágrimas surcaban por su menudo rostro. El rabino suspiró con tristeza al igual que su esposa, decidieron dejar a la niña sola por unos instantes y luego regresarían por ella.

Tras unos árboles, Albiore permanecía escondido. Había observado con una tristeza desgarradora cada parte del funeral de su amigo y casi hermano, desde que hallaron su cuerpo sin vida en medio de los campos de sésamo. A su mente regresaba nítidamente el momento en que intentaron sacar a la pequeña June con su vestido blanco ensangrentado gritando para que no la alejaran de su padre, cómo cubrieron su cuerpo con una sábana y se lo llevaron no a su casa sino a la del rabino, ya que todos los bienes de Benjamín fueron arrasados por un incendio esa misma mañana en que combatieron a muerte.

Albiore los siguió en silencio, sin saber qué hacer exactamente, los últimos hechos acaecidos antes de la muerte de su amigo le dejaron no sólo un sabor amargo en la boca, también unas dudas terribles en su mente, y un sentimiento de culpa que carcomía su corazón. Sólo una cosa estaba más que clara, lo habían utilizado, el Patriarca ya sabía que el cosmos extraño que estaba en Aksum era el de Benjamín, y quizás él no estaba mintiendo, tal vez algo turbio había dentro del Santuario.

El cuerpo de su amigo fue puesto en el suelo de una sencilla habitación, cubierto con una sábana de color blanco, y fue rodeado por velas encendidas. Luego de eso llegaron un grupo de hombres a los que les llamaban Shomerin, quienes hicieron compañía a Benjamín, al igual que un destrozado Albiore que hacía esfuerzos por no sucumbir ante las lágrimas. Una media hora después apareció una mujer trayendo de la mano a June, le habían puesto un vestido negro de mangas largas y de cuello redondo, y en su brazo izquierdo llevaba atada una cinta del mismo color.

Ella dio unos tímidos pasos hasta llegar cerca del cadáver de su padre, se quedó estática observando el cuerpo cubierto por la sábana rodeado por las velas, acompañado por los Shomerin y varios de los ahí presentes empezaron a darle condolencias que ella apenas lograba entender. Luego apareció el rabino y dio muchas instrucciones, Benjamín debía ser sepultado antes de 24 horas de su fallecimiento, en ese momento era ya cerca del mediodía, la mujer le dijo a June que debían dejar a los hombres preparar a su padre y salir de ahí, la niña comenzó a llorar y la mujer la tomó en brazos y se la llevó.

Los hombres desnudaron el cuerpo de Benjamín, lo lavaron cuidando siempre que no quedara boca abajo, luego le pusieron una túnica de lino blanco y lo acomodaron dentro de un ataúd de madera, posterior a eso, llegaron más personas a aquella casa, muchos etíopes, y también los trabajadores de la fragua y de los cultivos de Benjamín, algunos preguntando en murmullos qué debían hacer, porque nunca habían asistido a un velorio judío. June más calmada permaneció sentada en una silla pequeña, sin dejar de mirar el ataúd de su padre, todo el mundo le hablaba, pero ella había enmudecido por completo hasta el momento en que sacaron el ataúd y lo llevaron al cementerio, los restos de Benjamín fueron sepultados antes del atardecer.

Y ahí en ese cementerio estaba él, quién se decía ser su mejor amigo, con el estómago hecho un nudo, intentó matarlo por su "deber de caballero" y luego intentó quitarle la vida a June en un arranque de piedad para evitar que sufriera, pero las últimas palabras de Benjamín lo detuvieron y le hicieron prometer que protegería a su hija para que fuera feliz ¿Cómo podría cumplir esa misión, si él contribuyó a dejarla sumergida en la más profunda tristeza y desolación? En cuanto vio a la niña sola, todavía dibujando sobre la tierra de la tumba de su padre, intentó acercarse a ella, temía su reacción, pero debía pedirle perdón por sus errores, entonces vio que junto a la sepultura de Benjamín había otras dos, una con una lápida a nombre de Sara Von Krieger y la otra a nombre de Ida Von Krieger.

- ¿Le duelen sus heridas?- preguntó June poniéndose de pie dejando de trazar rayas en la sepultura- Debe ir a ver a un doctor para que lo sane.

Albiore se dio cuenta que efectivamente su cuerpo aún seguía lastimado, sus ropas algo rasgadas y sucias, manchadas con sangre. Se sintió completamente avergonzado, había asistido al velatorio de Benjamín de esa manera, y también a su funeral ¿Con qué moral se atrevía a hacer una cosa semejante? En el Santuario se referían a su amigo como el "Traidor semita" pero Albiore era quién se sentía como el peor de los traidores en ese momento, por haber entregado a Benjamín en bandeja a sus enemigos.

- Mi mamá y mi hermanita se fueron con ese señor Yahvéh hace mucho tiempo, mi papá me cuida siempre pero no quise comerme toda la comida ayer, ¿es por eso que Yahvéh se llevó a mi papá? ¿O es por culpa de Unawabu? ¿Si prometo portarme bien, Yahvéh me lo traerá de regreso?- volteó June y clavó su frágil mirada en el rostro de Albiore en busca de una respuesta.

Él se dio cuenta que ella no le guardaba rencor, a pesar de todo, incluso que presenciara como él levantó su mano contra su padre. Conmovido cayó de rodillas, sentía que aunque pasaran los años jamás podría quitarse de su cuerpo la sangre derramada de su amigo, aunque él no le hubiera dado el golpe de gracia, se sentía completamente indigno incluso de brindarle algún tipo de consuelo a la pequeña June, esta vez ya no pudo contener el llanto por su amigo, si no hubiera sido tan testarudo, si tan sólo lo hubiera escuchado en lugar de cumplir las órdenes del Patriarca al pie de la letra a sabiendas que cometía una injusticia.

- Despertará y logrará salir de ese cajón ¿Verdad?- volvió a preguntar June con su rostro bañado en lágrimas, tal vez todo esto no era más que uno de esos sueños desagradables a los que su padre les llamaba "pesadillas" y que siempre terminaban cuando ella abría los ojos y él la cobijaba en un cálido abrazo para que dejara de llorar.

- No- contestó Albiore lleno de remordimiento y sinceridad, entonces la niña comprendió que su papá jamás regresaría a ella y continuó sollozando, insistía en llamar a Benjamín y le pedía que no la abandonara, el Caballero de Cefeo no se percató de si pasó mucho o poco tiempo, cuando sintió que ella estaba más tranquila, el sol ya se había ocultado y su infantil rostro estaba adormecido recargado sobre el túmulo de tierra.

- Usted es el señor Albiore de Cefeo- escuchó que decían tras él, y levantando a la niña entre sus brazos volteó para quedar frente al rabino quién había regresado- Benjamín me hablaba mucho de su amigo y hermano, necesito que conversemos, por favor, quédese en mi casa esta noche, lo que tengo que decirle es importante y también para el futuro de June.

En vista de la explicación del rabino, Albiore no tuvo más remedio que acompañarlo. Aquella noche, después de una cena frugal, Esther se llevó a June a dormir en una habitación que preparó para ella. El rabino tras una pausa, buscó la manera de iniciar la conversación, por lo que Benjamín le había comentado, el hombre frente a él era el servidor de una diosa pagana y no estaba tan seguro de decirle todo sobre el secreto de la familia Von Krieger. Pero el rostro atormentado de Albiore parecía exigir respuestas y el rabino finalmente se decidió a hablar.

- La familia Von Krieger era la guardiana del Arca de la Alianza, y Benjamín era nuestro guerrero elegido, así como usted protege a Athena, él y todo su linaje descienden de los soldados que acompañaron a los levitas que ayudaron a Menelik I a traer el arca hasta Etiopía, Benjamín era el protector no sólo del arca sino que también del sacerdote que la custodia dentro de la capilla de la iglesia copta etíope aquí en Aksum- explicó el rabino entrelazando los dedos de sus manos con una mirada llena de tristeza- usted sabe que toda la familia de Benjamín murió en un incendio y él fue el único que sobrevivió, después de eso permití que Fíneo de Cefeo se lo llevara porque su vida corría peligro.

- ¿Peligro?- Albiore interrumpió la conversación porque ignoraba realmente esa parte del pasado de su amigo.

- Muchos han querido apoderarse del arca, no sólo Hitler, y eso implica destruir también a sus guardianes. De pequeño él siempre tuvo conocimiento de su deber y cuando regresó a Aksum junto con su esposa, Sara, exigió que se le hiciera entrega de su armadura y comenzó a cumplir con su misión de guardián, pero se ganó la enemistad de muchas personas dentro y fuera de la ciudad- continuó narrando el rabino.

- ¿De quienes?- quiso saber Albiore sospechando con ello de que no era casualidad de que le hubieran advertido al Patriarca que un "extraño cosmos" estuviera presente en Aksum.

- Traficantes de reliquias religiosas, de armas, de drogas, guerrilleros que vienen a abastecerse de mercancías a través del mercado negro y también, políticos y autoridades corruptas, Benjamín les hizo la guerra para proteger a los inocentes, por eso varios intentaron destruirlo, la muerte de Sara y de la pequeña Ida no fue producto de la malaria, fueron asesinadas dentro del hospital como un modo de advertirle a Benjamín que se cuidara- el rostro del rabino se tornó sombrío.

- Entonces, mi presencia en esta ciudad, la llegada de ese hombre…el Santuario…- Albiore sintió que todo le daba vueltas, eso confirmaba sus sospechas, realmente había sido utilizado quizás por el Patriarca o por alguien más para hallar a Benjamín, y así poder asesinarlo.

- Benjamín me dijo que del Santuario de Athena lo buscaban por alta traición y que exigían su cabeza, pero nuestra comunidad decidió protegerlo, sin embargo, no descarto que sus enemigos lograron contactarse con el Patriarca y le dieran su ubicación- el rabino hizo una pausa al ver el rostro descompuesto del Caballero de Cefeo- sé que esto no es fácil para usted, lo usaron para llegar hasta él, eso está más que claro, Benjamín me dijo todo lo que pasó desde que entrenó con Fíneo en Isla Andrómeda hasta su huída por ese extraño hombre con dos personalidades, pero creo que ya le he dicho demasiado, usted sacará sus propias conclusiones, la razón por la que necesito hablar con usted es con respecto a la pequeña June, ella, no tiene más familia, con la muerte de Benjamín ha quedado completamente huérfana.

- Eso lo sé, Benjamín me pidió que cuidara de ella- Albiore bajó la mirada apesadumbrado, no sabía si hacerse cargo personalmente de la niña o buscarle un hogar.

- Hay algo que debe saber respecto a ella, Benjamín estaba muy preocupado porque desde hace varios meses comenzó a tener visiones de un camaleón, la pobre niña empezó a despertar aterrada cada noche diciendo que uno de esos reptiles entraba a su habitación, poco tiempo después, cuando los cuerpos de Sara e Ida fueron encontrados sin vida, June estaba en la sala del hospital, dijo que un camaleón la había guiado hasta ese lugar y esta mañana cuando intenté hablar con ella luego de separarla del cadáver de Benjamín, volvió a repetir que un camaleón la había guiado hasta el campo- el rostro del rabino se torno completamente serio en ese momento.

- ¿Camaleón?- Albiore recordó en ese preciso momento que la noche anterior June apareció en el jardín mientras él discutía con Benjamín, en ese instante la pequeña mencionó que "Unawabu" no la dejaba dormir y su amigo habló algo acerca del "camaleón de la mitología zulú"- ¿Benjamín la envió con algún especialista?

- Así es, pero no encontraron nada anormal en ella, Benjamín pensando que se trataba del acecho de un demonio siguió llevándola esta vez conmigo e incluso con sacerdotes coptos, y católicos, pero jamás encontró una respuesta sobre lo que le pasa a June- contestó el rabino- Esther dice que puede cuidarla, no tenemos problemas en educarla como nuestra hija, pero tememos al resto de nuestra comunidad, si se dan cuenta de las rarezas de la niña podrían excluirla y eso sería muy doloroso para ella.

- Quieren que me haga cargo del problema- contestó Albiore con incomodidad, le sonaba a como si quisieran deshacerse de la niña.

- No señor, no piense eso, es sólo que al servir a una deidad pagana esperábamos que usted fuera más abierto de mente, si el rumor de que June está poseída por un demonio se esparce la pobre sufrirá aunque no se trate realmente de un demonio, no queremos obligarlo, si quiere, puede pensarlo con más calma, el período de Shiva recién ha comenzado y no es bueno que ella se aleje de la tumba de Benjamín- intentó arreglar las cosas el rabino.

- ¿Qué es el período de Shiva?- preguntó Albiore aún enfadado.

- En el judaísmo es el primer período de duelo por la muerte de alguien cercano, dura siete días, y June debe permanecer aquí dado que la casa de Benjamín fue quemada, luego le siguen el período de Shloshim que dura treinta días, y el de Avelut que dura doce meses desde el día del entierro, son nuestras costumbres- indicó el rabino- piénselo, y cuando tenga claro lo que hará con ella aceptaré su respuesta, ahora debe descansar, Esther preparó una habitación para usted, lo guiaré.

Albiore siguió al rabino de mala gana, dudaba que llevarse a June con él sería sano para ella, más que por su particular problema, era porque Isla Andrómeda no era un lugar adecuado para que una niña creciera, además, June era judía y él un Caballero Ateniense, lo único que podía enseñarle era a luchar y a servir a Athena lo cual era contradictorio al ideal religioso de su amigo. Su plan era encontrar a alguien que pudiera hacerse cargo de la niña, poder vigilarla desde Isla Andrómeda y asegurarse que creciera como una persona normal, pero las circunstancias apuntaban a que la decisión que tomara no sería tan fácil.

Aquella noche no pudo dormir aunque se sentía muy cansado. A su mente acudían las imágenes del asesinato de Benjamín una y otra vez, el desgarrador llanto de June quien trataba de limpiar la sangre de su herido cuerpo con su blanco vestido, y cada golpe que él se había atrevido a arrojar en contra de su amigo y hermano de entrenamiento.

- ¿Cómo fui tan tonto de no creer en las palabras de Benjamín? El Patriarca desde hace mucho que se está comportando de forma extraña, y ¿si de verdad no es el patriarca? ¿Y si es un usurpador? no tengo pruebas, y soy tan responsable de la muerte de Benjamín como ese asesino que enviaron siguiéndome- pensaba apretando los puños hasta hacerlos sangrar. La noche estaba muy helada, el sonido del reloj de péndulo de aquella casa resonaba tétrico en medio de la oscuridad, todo parecía muy monótono cuando un cucú escandaloso salió del reloj anunciando las tres de la madrugada, entonces, un fuerte grito acompañado de sollozos pusieron en alerta a Albiore quien de inmediato corrió hacia la habitación de donde provenía el ruido.

Allí, escondida en un rincón completamente asustada, cubriendo su cabeza entre sus manos, estaba June con el listón negro atado a su pijama de color rosa. Albiore quiso acercarse a ella para saber qué le sucedía, mientras el rabino y su esposa permanecían asustados tras la puerta.

- ¡Déjame! ¡No te acerques, todos me temen por tu culpa! ¡Ya te llevaste a mi papá, vete!- cerrando sus ojos, apretándolos para no abrirlos, movía una de sus manos como espantando algo. Albiore pudo escuchar el murmullo del rabino y su esposa hablando sobre demonios, entonces, vio algo moverse con torpeza por el suelo, era un camaleón, que tras recibir un palmetazo de la mano de la niña caminó hasta la puerta de la habitación y desapareció como si estuviera hecho de vapor.

Albiore parpadeó incrédulo, y luego miró a los ahí presentes que parecían estar entrando alarmados a la habitación más concentrados en calmar a June que en ver al reptil que pasó delante de ellos como si nada o ¿Acaso no lo habían visto?

Al ver a Albiore, la niña corrió y se abrazó a sus piernas, temblaba, señal de que tenía mucho miedo. El la tomó entre sus brazos y tal como hizo Benjamín la noche anterior, le prometió que la acompañaría hasta el amanecer, el rabino sonrió más tranquilo y luego de ver que todo estaba en calma, regresó con su mujer a la cama.

Pero June no pudo dormir esa noche, mantenía sus azules ojos abiertos todo el tiempo y posaba su mirada de vez en cuando en su guardián.

- ¿De verdad va a cuidarme? ¿Y si Unawabu se lo lleva también?- preguntó poniendo su fría mano en la de Albiore quien estaba sentado junto a su cama.

- Eso no sucederá- dijo con amabilidad.

- Cada vez que él aparece alguien muere- comentó June acurrucándose entre las mantas por el frío- si la abuela María estuviera aquí, seguro le haría caso y me dejaría tranquila, pero ella me dijo que debía ir a la tierra de los que ya partieron a reunirse con su hermana y no sé cuándo volverá.

- Ya veo- contestó Albiore sin prestar mucha atención a la profundidad de las palabras de la niña y pensando en que quizás esa abuela María podría cuidarla- ¿En dónde queda ese lugar?- preguntó. Si lograba averiguarlo podría contactar a la anciana y dejar a June a su cargo, aunque primero debía cerciorarse de que tuviera una vida tranquila.

- No lo sé, quizás Sudáfrica, la abuela María viene de allá- contestó June- ella me dijo donde queda, está al sur, muuuuuuyyyy al sur, y debió caminar mucho para poder llegar hasta Aksum, gastó muchos zapatos, pero a ella no le gustaban, prefería las sandalias o andar descalza.

- ¿Recuerdas el nombre completo de la abuela María?- preguntó esta vez Albiore.

- Yo sólo la llamo Abuela María- contestó June con inocencia y él no pudo evitar suspirar apesadumbrado, era obvio que era muy pequeña y no había puesto atención al apellido de la señora que la cuidaba. Pero la niña tenía otra preocupación en ese momento y quería salir de la duda, así que con algo de timidez se atrevió a tirar de la manga de la camiseta de Albiore para llamar su atención y cuando lo hubo logrado se atrevió a preguntar- Mi papá me dijo que usted es dueño de una isla ¿Es un rey?

- Algo así- contestó con torpeza Albiore ante aquella pregunta, pensando en que efectivamente Cefeo, su constelación, era un rey.

- Entonces, si es un rey ¿me puede llevar a su reino? Prometo que no lo molestaré, aprenderé a cuidarme sola, estoy segura que si me voy muy lejos Unawabu no podrá seguirme y entonces los adultos no me mirarán raro cuando esté junto a ellos y ya nadie morirá-

- Mi isla no es un lugar para niños June, es muy peligrosa- explicó Albiore esta vez fijando su mirada en el rostro suplicante de la pequeña quién tenía sus ojos vidriosos al borde del llanto nuevamente.

- Pero no seré una niña toda la vida, creceré, se lo prometo, y si es una isla peligrosa, con mayor razón Unawabu no me seguirá hasta allá, además, sin mi papá, nadie querrá cuidarme ahora, porque me tienen miedo- contestó ella apretando con su pequeño puño la manga de la camiseta del Caballero de Cefeo.

- June…- él iba a decirle que no podía cuidarla porque su vida era peligrosa pero al ver las lágrimas que caían por sus sonrosadas mejillas no tuvo corazón para negarse en ese momento- lo pensaré, el rabino dijo que tenías que quedarte aquí por siete días en respeto a tu papá, pero ¿Por qué quieres venir conmigo? Acabas de conocerme hace poco.

- Mi papá me dijo que usted es como su hermano así que también es como mi tío ¿verdad? Y si es como mi tío eso lo convierte en mi única familia, aunque haya tratado de lastimar a mi papá- dijo June esperanzada de una respuesta afirmativa de Albiore. A pesar de ser tan pequeña, comprendía que estaba completamente sola, y que la gente no querría cuidarla por Unawabu, ni siquiera el rabino y su esposa.

Albiore miró a la niña con tristeza, la arropó con ternura y le aconsejó dormir. Poco a poco el sueño se apoderó de ambos y lo último que vio el Caballero de Cefeo fue al camaleón regresar a la habitación para esfumarse sobre el cuerpo de June de la misma forma en que había desaparecido tan solo unas horas atrás.

Ese día era el definitivo, Albiore lo sabía, trabajó arduo esos nueve años para que su decisión final se concretara, le enseñó todo cuanto sabía a su discípula, la hija de su mejor amigo, y finalmente después de vencer a Reda en combate probando que el entrenamiento había terminado con éxito, la carta desde el Santuario autorizando a June para realizar la prueba que la convertiría en amazona de Camaleón al fin llegó. El Caballero de Cefeo tiene la certeza de que al final de la prueba deberá decirle toda la verdad sobre el asesinato de Benjamín, y la probabilidad de que June no lo perdone por haber atacado a su padre en lugar de protegerlo era muy alta, además, esa no era su única preocupación, las insistentes cartas del Patriarca que exigían su presencia en Rodorio, o enviándolo a Japón para matar a los caballeros de bronce rebeldes incluyendo a Shun, su discípulo, habían cesado, y Albiore sospechaba que algo estaba tramando.

Desde la muerte de Benjamín, él mantuvo una postura distante del Santuario, primero porque se dio cuenta que lo utilizaron como señuelo para que su amigo se confiara, y así poder darle muerte con mayor facilidad, y segundo, porque desde ese entonces vigiló en silencio cada paso de cada caballero dentro del Santuario notando muchísimas rarezas, pero sin pruebas, no podía tomar medidas drásticas, incluso sobre si apoyar a Shun o no en su búsqueda de la armadura de Sagitario. El Patriarca y Gigas le hicieron múltiples amenazas, pero él siempre supo defenderse argumentando que el deber del Caballero de Cefeo no sólo era liderar a los caballeros de Isla Andrómeda, debía mantener encendido el faro con su cosmos, en señal de que la paz reinaba sobre la tierra, y vigilar el volcán en donde Athena había encerrado al dios Hefestos desde la mitología luego de que este intentara violarla sin lograr su cometido. No podía moverse a su antojo, su papel de guardián era demasiado importante para ceder a los caprichos del Patriarca considerando que había otros caballeros disponibles para misiones de ese tipo, así se lo explicó en cada carta que contestó, logrando mantener una posición neutral pero ¿Por cuánto tiempo?

Las cartas que había recibido de Shun lo mantenían alerta, la obsesión del Patriarca por atacar a la Fundación Graude era demasiado evidente, y aunque decía que era porque habían mancillado los ideales de la orden de Athena a través de ese torneo galáctico, era lógico que había algo más, porque no en vano ese hombre llamado Mitsumasa Kido hizo hasta lo imposible porque cada uno de esos niños huérfanos entraran a los campos de entrenamiento a lo largo y ancho del mundo, y pudieran obtener las armaduras de bronce a cualquier precio, incluso sus propias vidas, como se lo dio a entender el Caballero de Andrómeda.

- Maestro, ya es hora- interrumpió Ryszard sus reflexiones- todos esperan en la entrada de la cabaña.

Albiore dejó el escritorio donde yacía su radio, sus mapas y documentos importantes, incluyendo la última carta de Shun en dónde le explicaba con detalles la situación que estaba viviendo en Japón, y preguntándole abiertamente si sabía quién podía ser el enemigo y estar detrás de todos los atentados a la Fundación Graude. Caminó con solemnidad a la entrada de su cabaña, los últimos rojizos rayos del Sol se despedían tras el horizonte, iluminando la seria expresión de su rostro. Frente a él se encontraban todos sus discípulos con sus armaduras puestas, menos una joven que estaba de pie justo en medio de todos ellos, con su rostro cubierto por una máscara de metal.

- Conozco ese dulce rostro de niña hace más de nueve años- pensó con nostalgia Albiore, recordando la infinidad de veces que lo vio llorar y también sonreír, siendo June una niña- Jamás imaginé que llegaría tan pronto este día, espero que me perdones cuando te diga toda la verdad, pero entenderé si decides odiarme e incluso vengarte porque por mi culpa tu padre fue asesinado por el Santuario.

Cuando el Sol se escondió por completo y el frío comenzó a hacerse notar en el aire, el gobernante de Isla Andrómeda se dispuso a dar las instrucciones de la prueba a la que June sería sometida.

- Athena y el Santuario reconocen la victoria de June, aprendiz de amazona sobre Reda de Piscis Austrinus, y en base a ello, se le ha dado la autorización para que realice la prueba del Camaleón. June, da un paso al frente para recibir las instrucciones-

La chica avanzó con firmeza, después de la difícil pelea contra Reda, por fin había recuperado todas sus fuerzas para poder obtener su armadura. Estaba totalmente ansiosa, y no sabía exactamente qué sucedería con ella, después de todo, si no cumplía con la prueba no podría convertirse en la amazona de Camaleón, y ello significaba lo mismo que si Reda la hubiese derrotado; convertirse en una doncella del Santuario u olvidarse de la orden de Athena y retirarse a tener una vida normal en algún otro lugar.

- Estoy preparada maestro, dígame lo que debo hacer- dijo con seriedad.

- De todas las 88 armaduras, el Camaleón es la única que elige un lugar diferente para esconderse cada vez que su portador muere. Durante los últimos doscientos años nadie ha logrado hallarla, muchos aprendices partieron tras su rastro, sin regresar, hace unos cincuenta años atrás se utilizaron las armaduras de Pyxis, "La Brújula" y Sextans, "Sextante" para hallar la posición más cercana al Camaleón, y es por ello que sólo se ha podido concluir que se encuentra en algún punto, aquí, en Isla Andrómeda, y a pesar de que existen armaduras tan poderosas que son capaces de atravesar dimensiones, ninguna ha sido capaz de encontrar al Camaleón, un pergamino muy antiguo señala que dadas las capacidades de esa armadura, sólo su verdadero portador puede encontrarla, literalmente indica en griego antiguo que "Sólo un Camaleón puede encontrar a otro de su misma especie", June, tu prueba consiste en hallar tu armadura donde quiera que esté, pero el Santuario te ha dado un plazo, tienes hasta el amanecer, de lo contrario, se entenderá que has fallado la prueba y deberás servir como doncella en Rodorio-

- Comprendo, acepto el desafío maestro, le prometo encontrar la armadura, no fallaré- contestó June algo inquieta, conocía cada centímetro de esa isla y jamás se había topado con nada que pareciese una caja de Pandora fuera de lugar, pero se había preparado durante todos esos años para convertirse en la amazona de Camaleón, no desistiría, aunque se le fuera la vida en ello.

- No basta con encontrar la armadura, cuando lo hagas, ella debe aceptarte como su nueva dueña. Los demás deben esperar en mi cabaña, June no puede recibir ayuda de nadie, y si alguien es sorprendido fuera de ella, la prueba se invalidará y June perderá su oportunidad, esas son las reglas- terminó de explicar Albiore. Amira, Ryszard, Spica y Mateo le desearon suerte a June y entraron en la cabaña, no así Donnelly quién siempre buscaba la forma de hacerse notar y esta vez no fue la excepción.

- Recuerda cariño, que si te conviertes en amazona, viajaremos a Dublín a celebrar y si no lo logras, entonces te convertirás en mi doncella- sonrió guiñándole un ojo y haciendo una reverencia.

- ¿De dónde sacaste esa idea? ¡Deja de decir tonterías, porque no ayudas en nada con eso!- Karya le dio un golpe en la cabeza al caballero de Boyero, y luego abrazó a June- Sé que lo harás bien, y no le hagas caso a este idiota.

- Tranquila Karya, conseguiré la armadura aunque muera en ello- contestó June con un poco de frialdad apartando a su amiga para poder iniciar la prueba. Karya algo entristecida por las palabras de su amiga, retrocedió un par de pasos y luego agarró la oreja de Donnelly con fuerza y lo arrastró hacia la cabaña pese a las protestas del pelirrojo.

- Las armaduras pertenecen a Grecia…- escuchó June decir a Reda y fijó su mirada en él. A pesar de llevar puesta la máscara, el caballero de Piscis Austrinus sabía que tenía toda la atención de la amazona y no pudo evitar enmudecer por un corto lapsus de tiempo, le era difícil expresarse, en especial, a sabiendas que ella le gustaba- …pero…si pudiste vencerme, creo que estás preparada para convertirte en una amazona de Athena…

No pudo decir nada más, fingiendo desdén dio la media vuelta y caminó en dirección a la cabaña de Albiore donde aguardaban los demás caballeros y amazonas de la isla.

- Gracias Reda- escuchó la voz de June, y continuó con su caminata. La chica comprendió que Reda muy a su manera le estaba deseando buena suerte en la empresa que tendría que llevar a cabo.

Albiore fue el último en entrar en la cabaña, no sin antes dedicarle unas últimas palabras a su discípula.

- Llegaste a esta isla como una niña, espero que vuelvas a la cabaña convertida en una guerrera al servicio de Athena, ya has conseguido superar lo más difícil, el entrenamiento de todos estos años, pero el reto de tu armadura es tan complejo como el de Shun, aunque desconozco que tan mortal es tu prueba- hizo una pausa y luego sonrió a June y acarició con suavidad su cabeza- estoy orgulloso de ti, ya es hora que vayas a buscar tu propio destino, estoy seguro que regresarás victoriosa.

- Maestro, si logro convertirme en la amazona de Camaleón sé que será gracias a usted, a su entrenamiento y a toda la sabiduría que ha logrado transmitirme durante estos años- dijo June algo emocionada por las palabras de confianza de Albiore.

- Una cosa más, es sobre lo que te prometí hace tiempo, si regresas con la armadura, cumpliré mi palabra y te diré todo lo que sé sobre Benjamín- Esta vez el rostro de Albiore se veía completamente serio. June asintió en silencio y haciendo un gesto de despedida con la mano desapareció en medio del rocoso paisaje, el Caballero de Cefeo por un leve instante tuvo la extraña sensación de pedirle que se detuviera, pero no podía hacer una cosa semejante, la búsqueda de la armadura de Camaleón daba inicio.


Las horas para quienes esperaban un pronto resultado pasaban con lentitud. Dentro de la cabaña, algunos como Mateo y Spica dormían en el mismo lugar donde se sentaron empezada la prueba de June, Ryszard se entretenía estudiando los mapas de Albiore, Amira permanecía acomodada en una silla, pensativa, Donnelly parecía impaciente y al igual que Karya se movía de un extremo a otro hasta que decidió darle mantenimiento a su violín, Reda por su parte se sentó en el suelo de la cabaña a afilar unas lanzas. Albiore estaba ocupado en su radio, se comunicaba con distintas embarcaciones, hacía anotaciones y constantemente cambiaba el dial como si estuviera inspeccionando algo.

- Hay estática en el aire, puedo sentirlo- el silencio del grupo fue interrumpido por las palabras de Reda quién dejó de lado sus lanzas.

- ¿Quién te lo dijo? ¿Tus mechones de corrientazo eléctrico?- se burló Donnelly.

- ¡Cállate idiota! Deja de decir ridiculeces- se defendió Reda, mientras Karya se dirigía a la puerta de la cabaña para abrirla. Al ver hacia el horizonte se dieron cuenta que unas enormes y oscuras nubes se acercaban en dirección a la isla.

- Varias embarcaciones me han reportado que una tormenta eléctrica se dirige hacia acá- explicó Albiore dejando de lado su radio y poniéndose de pie para mirar hacia el cielo desde la puerta.

- ¿Una tormenta eléctrica en esta fecha del año y con temperaturas tan bajas?- dijo Amira preocupada mientras se veían los relámpagos en la distancia.

- Esto es muy inusual ¿No lo cree maestro?- preguntó Ryszard a Albiore.

- No tiene cara de que vaya a llover- comentó Karya- además, aún no estamos en la temporada de lluvia.

- Algunas tormentas eléctricas no traen lluvia, sólo relámpagos y truenos- el semblante de Albiore manifestaba inquietud, la cual no pasó desapercibido para ninguno de sus alumnos que estaban despiertos.

- No me gustan esas nubes- dijo Donnelly con un extraño presentimiento- Maestro ¿podría detener la prueba de June?

- Claro que no, la prueba ya inició, si traemos a June de regreso sin la armadura se entenderá que ella fracasó- dijo Ryszard.

- Además, idiota ¿acaso no es para situaciones como estas que nos han entrenado? Si June es digna de servir a Athena esta tormenta no es más que una minucia- comentó Reda retomando el mantenimiento de sus lanzas.

- Algo así sucedió hace catorce años- musitó Albiore recordando algo que parecía ser importante y que había olvidado.

- ¿Qué?- dijeron todos al unísono.

- ¿Podría explicarnos maestro? Suena a que esto no es casualidad- preguntó Amira, los demás se acercaron a Albiore para escucharle, mientras Mateo y Spica seguían durmiendo como si nada a pesar de que los truenos rugían desde la distancia.

- Sucedió el día en que uno de mis primeros discípulos, Hilarius, realizó la prueba para obtener su armadura-

- ¿Qué fue lo que pasó con él?- preguntó Karya con impaciencia.

- No lo sé, desapareció, jamás pudimos hallarlo- dijo Albiore, esta vez temeroso de que lo mismo le sucediera a June.

- ¿Desapareció? ¿Cómo pudo desaparecer? Este lugar es una isla, nadie desaparece- Donnelly al escuchar a su maestro se puso nervioso.

- Lo buscamos durante meses, jamás pudimos encontrarlo, ni siquiera sé si desertó o si está muerto- contestó Albiore.

- ¿Qué prueba debía hacer para obtener su armadura?- preguntó Reda, entonces mientras un relámpago iluminaba por completo la cabaña, se escuchó la voz de Albiore contestar con una mezcla de seriedad y temor.

- Hilarius debía encontrar la armadura del Camaleón-

- ¡No!- dijeron Karya y Donnelly al mismo tiempo mientras un trueno estallaba opacando sus voces.

- Maestro ¿cómo es posible que haya olvidado una cosa así? ¿Por qué no le advirtió a June lo que sucedería?- Donnelly hablaba completamente alterado- debemos detener esa prueba…

Pero antes de que el caballero de Boyero pudiera salir de la cabaña Reda lo detuvo.

- ¡Tú no irás a ninguna parte! Si interrumpes la prueba le harás daño a June- el espartano retenía al irlandés con todas sus fuerzas.

- ¿Tú qué sabes de lo que es hacer daño imbécil? ¡Suéltame!- gritó colérico Donnelly, y entonces, sintió un fuerte golpe que lo dejó inconsciente.

- Lo siento amigo, no sé qué es lo que pasa, pero no puedo permitir que arruines la prueba de June- se escuchó decir a Mateo, quién junto a Spica, habían despertado por el escándalo del caballero de Boyero, y a pesar de ser su gran amigo decidió golpearlo para que no causara problemas y terminara en el calabozo del volcán.

- Donnelly tiene razón, maestro ¿Cómo pudo olvidar una cosa tan importante como esta?- se escuchó la voz de Karya tras la máscara, estaba extremadamente preocupada por su amiga.

- No es que lo haya olvidado, dentro de mi tutela sólo dos de mis discípulos han hecho la prueba del Camaleón, Hilarius y June, no sabía que esta tormenta formaba parte del ritual, no hay ningún texto antiguo del Santuario o de esta isla que mencione algo así- explicó Albiore a sus discípulos.

- Entonces ¿Qué debemos hacer?- preguntó Ryszard a Albiore- ¿Debe seguir la prueba con normalidad?

- Por el momento es lo único que se puede hacer- contestó Albiore apretando los puños con fuerza, confiaba en su discípula, pero muchos habían desaparecido en la búsqueda de la armadura del Camaleón y ahora entendía el por qué, jamás había imaginado que la desaparición de Hilarius tendría que ver con esa tormenta.

- Y si June desaparece o muere, maestro, esta es la segunda vez que pone en riesgo su vida, primero con Reda y ahora esa tormenta- Karya parecía enfadada- no sé lo que pasa por su cabeza pero June debe saber lo que le puede pasar.

- Karya, todos realizamos pruebas para poder obtener nuestras armaduras, esa experiencia fue pisar un terreno completamente desconocido, algunos la obtuvieron a través de un combate, otros realizando extraños rituales, nadie que desee servir a Athena se escapa, y tal como yo, sabes de sobra que otros han muerto, no se puede interrumpir la prueba de June, si sobrevive es porque es apta para ser la portadora de la armadura del Camaleón, pero si no lo logra no será la primera ni la última en morir por ello- la dura voz de Amira bloqueando la puerta resonó en la cabaña- si quieres ir por ella, tendrás que vencerme.

Karya furiosa por las palabras de la Amazona de Columba cogió una silla con brusquedad y se sentó en ella.

- Si June muere será culpa de todos nosotros por no poder ayudarla, pero si sobrevive e interrumpo su prueba sé que me odiará para siempre- unas cuantas lágrimas cayeron por sus mejillas, afortunadamente la máscara cubría su rostro, la Amazona de Vulpécula no podía soportar esa situación, tenía razones de sobra para desear proteger a June con todas su fuerzas, no en vano habían entrenado juntas en el Santuario y de la misma manera, Karya la amaba como si se tratase de una hermana menor.

Reda después de contemplar y escuchar toda la conversación, sintió un poco de lástima por Donnelly, pero nadie mejor que él comprendía que el deber era el deber, a pesar de sus sentimientos, no haría nada por detener la prueba de June, algo desganado volvió a sentarse en el suelo a trabajar en las lanzas pidiendo en lo más profundo de su ser que la joven encontrara pronto la armadura y regresara a salvo, Spica no quiso preguntar qué había sucedido, observó a su amigo y se sentó junto a él para ayudarle con las lanzas.

Albiore sentía que las palabras de Karya atravesaban su corazón, si su discípula moría o desaparecía, él sería el único responsable.

- No tenía forma de saberlo, perdóname Benjamín, Niké por favor protege a June y tráela de regreso con la victoria-


June había recorrido de punta a cabo la isla en búsqueda de su armadura sin ningún resultado positivo cuando divisó la tormenta eléctrica. Algo inquieta se quedó observando los relámpagos mientras una fuerte ventolera revolvía su cabello en todas direcciones.

- ¿Qué extraño? Aún falta para la temporada de lluvias- dijo en voz alta- De todas formas debo encontrar la armadura del Camaleón antes del amanecer, no puedo detenerme por tan poca cosa-

La joven le dio la espalda a los nubarrones, y continuó caminando y mirando hasta en los más mínimos detalles el rocoso paisaje, era la tercera vez que pasaba por esa zona de la isla a los pies del volcán y no hallaba ninguna pista.

- Desde pequeña he recorrido cada rincón de Andrómeda, sola, con el maestro, o en compañía de Shun o Karya, incluso en las cuevas del volcán, si hubiera estado la armadura en alguna parte, estoy segura que ya la habría encontrado- suspiró- ¿Cuánto tiempo habrá transcurrido desde que empecé con esta prueba? Las nubes en el cielo impiden que pueda guiarme por la luna o las estrellas.

Varios relámpagos iluminaron el cielo seguidos de truenos que resonaron sobre la isla, June no pudo evitar un salto algo asustada, ya que la tomaron completamente por sorpresa.

- Maldición, Shun es el que se asustaba con estas cosas, definitivamente estoy sensible con mi desafío- murmuró posando su mirada en las nubes nuevamente. Estaba dispuesta a continuar buscando su armadura, cuando sintió algo de estática alrededor de ella, y alertada por su sexto sentido se movió con mucha rapidez en el preciso momento en que un rayo descendía abruptamente iluminando el firmamento y cayendo a unos pocos metros cerca de ella.

- ¿Qué está pasando?- dijo algo aturdida, pero apenas tuvo tiempo de formular esa pregunta cuando otro rayo volvió a caer cerca de ella. Debido a que el entrenamiento había agudizado sus reflejos, June pudo esquivarlo, pero apenas logró escapar otro rayo se lanzó en su contra.

- ¿Qué significa esto? ¡Los rayos parecen seguirme!- decía consternada mientras corría hacia una de las cavernas del volcán, esquivando más rayos que seguían cayendo sobre ella. Una vez que logró ponerse a salvo, se puso a analizar su situación.

- Esta tormenta eléctrica es extraña, siento como si yo fuera un pararrayos- pensó mientras observaba que en el exterior los rayos caían siempre cerca de su refugio, su corazón se agitó por los nervios de la situación, algo temerosa, condujo sus manos hasta su pecho y sintió debajo de su ropa la medalla con la estrella de David, la sacó y la observó por unos instantes- Esto está hecho de metal ¿Será posible que atraiga los rayos? Es tan pequeña…-

Luego volvió a dirigir su mirada hacia el exterior, la tormenta parecía no querer detenerse, angustiada cayó de rodillas pensando en cómo salir de esa situación, pasara lo que pasara debía seguir con su prueba, no se permitiría regresar a la cabaña de Albiore con las manos vacías, ni mucho menos a sabiendas que si se convertía en la amazona de bronce del Camaleón podría ir en ayuda de Shun a Japón.

- ¿Dónde está esa armadura? Si al menos tuviera una pista, el maestro dijo que sólo un camaleón es capaz de encontrar a otro de su misma especie, pero yo no soy un camaleón, soy un ser humano…- June contuvo el aliento por unos instantes tratando de encontrar algo de serenidad en medio de los truenos, y entonces, recordó una conversación con Shun, hace algunos años atrás, días después de una clase de Albiore en donde explicó muchos mitos relacionados a las armaduras que estaban en la isla, aunque aquella vez del Camaleón no tuvo mucho qué decir.

- ¡June! ¿Qué sucede? ¿Por qué no vienes a jugar? El maestro nos dio el resto de la tarde libre- Shun golpeaba la puerta de la habitación de June algo preocupado, después del término de la lección de ese día, la amazona desapareció sin siquiera ir a buscar su comida a la cabaña donde almorzaban los niños.

- Esto es extraño, no contesta- pensó aumentando su consternación, por ello, empujó la pesada puerta para verificar que su amiga no estuviera enferma o con algún problema, pero al entrar a la habitación encontró a June tumbada de espaldas en el suelo rodeada de varios libros, pergaminos y mapas de constelaciones que formaban un gran desorden.

- ¿Qué pasó aquí? ¿Tuviste un accidente? Iré por el maestro- dijo Shun alarmado pero su amiga lo detuvo con voz cansada.

- He leído todos los libros y pergaminos, también revisé los mapas del maestro y ninguno tiene información de la constelación del Camaleón ni mucho menos la razón por la que Athena lo incluyó dentro de su Orden- June se oía triste, Shun podía percibirlo con sólo escucharla, la barrera de la máscara con ambos niños parecía haberse superado en su totalidad, logrando con ello, en el caso de Shun, comprender cada uno de los estados de ánimo que embargaban a June.

- ¿Todavía estás preocupada por eso?- se atrevió a preguntar recogiendo algunos libros para regresarlos a su sitio en el estante de la sala principal de la cabaña de su maestro.

- ¡Pues claro! Shun, de todos los discípulos del maestro que quedamos, yo soy la única que no sabe nada acerca de su constelación ¿Cómo lograré obtener mi armadura si ni siquiera sé lo que representa el Camaleón?- June se sentó y angustiada continuó revisando de cero los mapas y pergaminos que tenía más cerca.

- Aún faltan años para que el entrenamiento concluya, debes tener paciencia, estoy seguro que cuando sea el momento el maestro te dirá todo lo que necesites saber- contestó el niño sonriendo a su amiga para darle ánimos.

- Eso es fácil decirlo, todos ustedes conocen de sobra la historia de Andrómeda y el ritual del sacrificio, yo ni siquiera he visto un Camaleón en mi vida- suspiró June. Shun se detuvo a pensar por unos instantes la situación de su amiga y concluyó que en parte tenía algo de razón.

- Si te ayudo a buscar, quizás podamos encontrar algo- dijo finalmente y animado empezó a escarbar en medio del desorden hasta hallar una enciclopedia ilustrada, recordando cómo Ikki le enseñó que se usaba ese tipo de libros, hojeó hasta la letra C, y sin mayor esfuerzo vio que junto a la palabra Camaleón y su completa definición, había un dibujo de un reptil de ojos extraños, mirada que proyectada indiferencia, con un cuerno en la nariz, cola enroscada, y extrañas patas que semejaban mitones- CA-MA-LEÓN- leyó en voz alta para llamar la atención de su amiga.

- ¿Encontraste algo?- preguntó la niña acercándose a su amigo, y este le enseñó la ilustración- ¿Qué extraño? Tengo la sensación de que no es la primera vez que veo a un reptil así de raro.

June lo observó fijamente por unos instantes, la figura le era muy familiar, pero no lograba recordar de dónde, leyó lo que la enciclopedia decía de ese animal, pero la información no la dejó satisfecha.

- Esto no me sirve- dijo decepcionada.

- Entonces sigamos buscando- insistió Shun tomando más libros y mapas para investigar- mientras más pronto encontremos algo, más rápido podremos salir a visitar a las tortugas, dijiste que el grupo de la costa suroeste de la isla saldría de la arena dentro de esta semana.

- Es cierto, lo había olvidado- comentó la niña escudriñando un grupo de pergaminos bastante antiguos- ¿Crees que podamos ayudarlas a que lleguen todas vivas al océano?

- Para eso hemos estado entrenando- contestó Shun entusiasmado, la idea de proteger a las tortugas huérfanas logró darle una nueva perspectiva de cómo usar su poder, en especial, si algún día lograban reunirse con sus padres en alta mar.

Transcurrieron un par de horas, a ambos ya se les estaba nublando la vista de tanto leer, cuando repentinamente June en un manuscrito bastante deteriorado encontró algo que le llenó de esperanza.

- Mitos del Camaleón- leyó en voz alta. Al oírla, Shun se acercó a ella y posó sus ojos en el manuscrito, el texto estaba escrito en griego moderno, no en griego antiguo como la mayoría de los textos importantes que Albiore guardaba en su biblioteca.

Los orígenes de la constelación del Camaleón, así como su armadura, son un misterio, la tradición oral inuit indica que en el pasado el espíritu del Camaleón Ártico hizo un trato con el espíritu lobo Amorak. El Camaleón le ofreció su alma a cambio de un abrigo de piel para soportar el frío, Amorak aceptó, pero el trato no fue más que un engaño del espíritu lobo, quien finalmente se quedó con el alma del Camaleónsin darle un abrigo, por eso esta especie de animales parece hecha de cristal, confundiéndose fácilmente con el ambiente congelado que lo rodea.

No se tienen datos para corroborar este mito, así como la razón de que un Camaleón esté presente en la orden de Athena, tampoco sobre las capacidades de la propia armadura, un antiguo mito zulú…"

- ¿Qué sucede? ¿Por qué te detienes?- preguntó Shun intrigado por el contenido de ese manuscrito.

- Falta la otra parte, está quemado, mira- June le enseñó los bordes ennegrecidos y carcomidos del texto, era la evidencia que confirmaba lo que ella acababa de decir.

- Entonces…no tenemos más pistas- pensó Shun en voz alta- pero del mito inuit podemos deducir alguna cosa ¿no te parece?

- Ese Camaleón se quedó sin alma porque tenía frío, lo engañaron, se aprovecharon de él- reflexionó June- ¿Qué significará eso? ¿Tendré que entregar mi alma a cambio de la armadura de Camaleón?

- ¡Eso suena horrible!- exclamó Shun asustado. Ikki alguna vez le habló acerca de la importancia de las almas, por lo mismo al pequeño le desagradó totalmente la idea de que su amiga tuviera que perder la suya- No creo que debas hacer eso, ese manuscrito está incompleto, además, puede ser falso, el maestro nos dijo que a veces algunas personas escriben mentiras para sacarle dinero a la gente ingenua, y…y…está escrito en griego moderno…no debes hacerle caso- insistió.

Shun siguió buscando entre medio del caos de libros otro tipo de información, pero June se quedó en silencio pensando acerca del mito inuit.

- Tal vez, quedarse sin alma no sea tan horrible Shun, no sufrirías nunca porque si no tienes alma no sentirías el dolor físico ni el del corazón- murmuró un poco asustada de pensar en aquello, recordó por unos instantes que ella tuvo primero que despedirse de su rostro y la libertad de poder enseñárselo a quién deseara, luego tuvo que olvidar que era una niña, y entender que sólo era una aprendiz de guerrera, perder el alma quizás sería lo último de lo que tendría que desprenderse para cumplir con su misión de proteger a Athena como le enseñó su maestro. Pero Shun, por primera vez en su vida se molestó al escuchar aquellas palabras, y sosteniendo a su amiga por los hombros le habló con seriedad.

- ¡Nunca vuelvas a decir una cosa así! ¡Si te quedas sin alma, olvidarás que somos amigos! ¿Cómo cuidaré a las tortugas bebé? Ellas nos tienen sólo a nosotros dos para protegerlas, y yo me quedaré sólo en esta isla- June se asustó al ver que las mejillas de Shun estaban enrojecidas de enfado y humedecidas por las lágrimas- prométeme que pase lo que pase jamás entregarás tu alma a nadie, menos por una armadura, tú…eres mucho más importante.

- Shun, cuando tu llegaste a esta isla me dijiste que debías conseguir la armadura de Andrómeda a como diera lugar, porque se lo prometiste a tu hermano, que tu honor está en juego, y eso es mucho más importante que tu propia vida y tu deseo de no usar la violencia, yo no puedo prometerte una cosa semejante, si perder mi alma es lo que debo hacer para obtener mi armadura no tengo otra salida, se lo debo al maestro- contestó June apesadumbrada de su respuesta, no quería perder su alma, pero si esas eran las reglas del juego tendría que aceptarlas.

- ¿Se lo debes al maestro? ¿Sólo por eso? ¡June, contéstame! ¿Por qué quieres convertirte en amazona?- insistió Shun tratando de que su amiga se retractara de lo que había dicho, pero June bajó la mirada y algo entristecida se atrevió a contestar aquella pregunta.

- A diferencia tuya que tienes un hermano que te espera, yo no tengo nada más que esto en mi vida Shun-

- No tengo nada más que esto en mi vida- June se abrazó a sí misma mientras sentía la calidez de las lágrimas bajo su máscara- Recuerdo que esa fue una horrible pelea que tuvimos Shun, te negaste a aceptar mi respuesta, e intentaste por todos los medios de que cambiara de opinión tal como yo lo intenté cuando vi tu sufrimiento por la armadura de Andrómeda y el ritual del sacrificio, después de varias semanas sin hablarnos, apareciste un día en mi habitación con un libro de astronomía en tus manos, no sé cómo lo conseguiste, pero recuerdo a la perfección que en la página que hablaba sobre mi constelación pusiste un marcador hecho de papel con eso que le llamas origami, era una flor de loto, y sobre él escribiste que todo tiene una solución, sólo debo buscarla, pero ahora no sé cómo hacerlo, estoy atrapada en una caverna con una enorme cantidad de rayos que buscan darme muerte…

June cerró los ojos, por unos instantes pensó en dejarse vencer, pero repentinamente recordó el ritual del sacrificio, Shun le había confesado en secreto que tuvo mucho miedo al hacerlo, pero que habían cosas mucho más importantes que estaban en juego y por eso decidió que no se rendiría, si ella pretendía ir en su ayuda tenía que encontrar su armadura, recobrando su determinación, June se dispuso a continuar con su prueba.

- ¿Qué es lo que recuerdo del Camaleón? El libro que me regaló Shun dice que esa constelación fue descubierta por navegantes holandeses del siglo XVI, el maestro me dijo que es una constelación menor del hemisferio sur, por eso no puede verse desde Isla Andrómeda, está escondida de mí, no sirve guiarme por otras estrellas, pero el libro decía que se encuentra en el segundo cuadrante del hemisferio sur y se puede ver entre las latitudes de 0° y 90°, tal vez esos datos me sirvan pero ¿De qué manera?- la aprendiz pensó por unos instantes y repentinamente una extraña idea surgió en su cabeza, algo disparatada sin dudas, pero una corazonada le decía que debía intentarlo.

- Sólo un camaleón es capaz de encontrar a otro de su misma especie, ahora veremos si de verdad soy un camaleón- dijo en voz alta completamente decidida, asomó su rostro por la entrada de la caverna, un rayo cayó cerca de ella nuevamente provocando que varias rocas se desprendieran, reuniendo toda sus fuerzas salió corriendo a toda velocidad en medio del rocoso paisaje, mientras los rayos caían persiguiéndola como si estuvieran dándole cacería. Su mortal carrera la llevó hacia un acantilado en particular, donde las olas se estrellaban con fiereza contra las rocas, y la joven se arrojó a las aguas en el preciso momento en que un rayo impactaba sobre el lugar donde piso por última vez arrojando tras ella un montón de rocas.

Las corrientes del Índico intentaban arrastrarla en todas direcciones, pero June convencida de que debía intentar hallar la armadura, se sumergió y nadó tratando de no dejarse vencer. Según sus cálculos, suponiendo que el hemisferio norte era la zona superior de Isla Andrómeda, y el hemisferio sur la zona bajo las aguas, entonces debía ubicar lo que con toda lógica sería el segundo cuadrante del hemisferio sur, así se percató de que debía lanzarse a las aguas desde ese acantilado y no desde otro sitio, lo difícil sería resistir hasta llegar a lo que sería la zona entre los supuestos 0° y 90° de latitud, si no encontraba nada en ese lugar entonces ya no tendría ninguna otra pista por dónde buscar su armadura.

Como nunca las corrientes marinas se agitaban de forma vertiginosa, como si supieran que ella estaba realizando una prueba que demandaba paciencia, inteligencia, fuerza y resistencia. Afortunadamente, el llevar la máscara puesta le permitía que tuviera un poco de mayor claridad en su visión, y sus ojos no se lastimaran por el escozor provocado por la salinidad, así logró vislumbrar una caverna submarina, y sin pensarlo demasiado se esforzó en llegar hasta ella. Al entrar tuvo que nadar un poco más, se sentía exhausta, la caverna parecía ser un túnel sin fin, pero al menos las corrientes y los rayos ya no eran una amenaza para la amazona.

- ¿Qué lugar es este? No recuerdo haberlo visto en los mapas del maestro, tampoco cuando Shun, Ryszard y yo buceamos por esta zona- pensó. Una luz que provenía de unos metros más adelante, le dieron la esperanza de que el túnel tenía una salida, June se apresuró en llegar hasta ese lugar y rápidamente emergió. Como pudo logró darse el impulso para salir del agujero en el que estaba, luego de mirar en varias direcciones para cerciorarse de que estaba en un sitio seguro, se quitó la máscara para recobrar el aliento y continuar con su búsqueda, pero un fuerte olor a huevos podridos le provocó náuseas, debiendo contenerse para no vomitar.

- Sulfuro, esta caverna debe estar conectada de alguna manera al volcán de la isla- de inmediato June se puso la máscara a sabiendas que era el único objeto que podría protegerla por un cierto límite de tiempo, de lo contrario, moriría por la inhalación del letal gas, pero ¿Por cuánto resistiría su máscara? ¿Podría hallar la armadura de Camaleón dentro de ese lugar?

- Estoy contra el tiempo, no puedo quedarme de brazos cruzados, no es la primera vez que estoy en una caverna volcánica- de inmediato June se puso de pie, y comenzó a avanzar con rapidez buscando la armadura de Camaleón. Pero el lugar era enorme, había muchísimos túneles, zonas inestables donde las estalactitas amenazaban con caer debido a pequeños temblores que se producían por la actividad del volcán, en un par de ocasiones, incluso se encontró con caminos sin salida que terminaban en profundos agujeros y fisuras desde donde observaba el magma fluyendo en un caudal lento que arrastraba grandes rocas fundiéndolas con rapidez.

- ¿Cuántas horas habrán transcurrido desde que inicié mi prueba?…no pienses en eso June, conseguirás la armadura antes del amanecer, tenlo por seguro, después de todo, los datos que me dio el maestro y el libro que me regaló Shun han servido- pero pese a que se decía esas palabras para darse ánimos, por instantes la joven se sentía completamente extraviada- Todos han hecho pruebas difíciles para conseguir sus armaduras, no puedo rendirme.

Apenas pronunció esas palabras, un fuerte temblor provocó una grieta en una de las paredes del túnel en el que se hallaba, un chorro de agua hirviente comenzó a salir a presión, June logró esquivarlo, aunque un poco de agua salpicó su pierna, dio un gemido apagado por el dolor espantoso producto de la quemadura pero tuvo que ignorarlo para poder continuar.

- ¿Dónde estás Camaleón?- a esas alturas, las emanaciones de sulfuro iban en aumento, en poco tiempo la máscara no sería suficiente para protegerla, el calor era peor que un sauna, y el metal comenzaba a tomar temperatura sobre su rostro. Otro temblor abrió una fisura en el suelo, June estaba a punto de retroceder y buscar por otro túnel, pero se dio cuenta que frente a ella, saltando el río de lava, había una cámara de la caverna que tenía algo de luz natural, armándose de todo el valor que le quedaba corrió y dio un salto para no ser quemada por los gases que emanaban del agujero, unas cuantas estalactitas cayeron a su paso, pero para su fortuna no lograron herirla. Al llegar al lugar de donde provenía la luz, se percató que varios metros sobre su cabeza, había un pequeño agujero que comunicaba con la superficie, quizás la falda del volcán, eso le permitió quitarse la máscara para poder respirar algo de aire, aunque fuera un poco. Luego de ponérsela, se dispuso a inspeccionar a su alrededor, dio unos cuantos pasos y sintió crujir algo bajo sus pies, la luz de la luna se filtró por el agujero del techo de aquella caverna iluminándola, señal de que la tormenta eléctrica había terminado, June posó su mirada bajo sus pies y aterrada contempló una multitud de calaveras humanas, algunas con armaduras de entrenamiento, otras incrustadas en afiladas estalagmitas que emergían como sables del suelo.

- Una nueva portadora ha logrado encontrar el escondite del Camaleón ¡Qué interesante! Hace catorce años que no tenía visitas- June escuchó una profunda voz masculina, al intentar ver de dónde provenía, encontró frente a ella un hombre negro, muy alto, cuyo rostro estaba cubierto por una máscara de madera, su vestimenta era la de un guerrero zulú, June pudo identificarlo con rapidez gracias a los libros de combate de Albiore.

- ¿Quién eres?- preguntó algo intimidada por ese imponente guerrero quién la acechaba con lanza y escudo de cuero en mano.

- Sólo podré decirte mi nombre si logras quitarme la máscara, June Von Krieger o quizás deba decir June de Camaleón, claro, si es que logras salir viva de aquí- el hombre no perdió su tiempo y la atacó con la lanza logrando herir su brazo izquierdo con un corte profundo.

- ¿Cómo sabes mi nombre?- la joven ignoró el dolor del corte, y logró darle un puñetazo en el pecho a su atacante logrando con el impulso poner algo de distancia entre ambos.

- Yo conozco a cada uno de los portadores de la armadura del Camaleón, todos sin excepción deben pasar por mi aprobación, incluso tu antecesor, Hilarius de Camaleón, pero él no tuvo mucha suerte, ni mi lanza ni mi hacha lograron aceptarlo- el guerrero comenzó a mover los pies como si estuviera danzando- me pregunto ¿Cuánto durarás antes de que te mate?

El ataque continuó con una serie de patadas que parecían no tener fin, el guerrero se movía con mucha rapidez, y empujaba a June en dirección a las estalagmitas para arrinconarla o a las fisuras para que cayera en ellas, pero la joven lograba mantener el ritmo de la pelea con la misma habilidad con que era atacada. El calor dentro del la caverna era insoportable, más aún con la batalla, y a ratos el asqueroso olor del sulfuro lograba opacar la ligera brisa que se colaba por el agujero que comunicaba con el exterior.

June intentaba por todos los medios de vencer a su oponente, estaba entrenada tanto para el combate cuerpo a cuerpo como para el uso de armas, pero el guerrero parecía leer todos sus movimientos, recordando su pelea con Reda, primero intentó imitar el cosmos de su rival, pero con sorpresa se dio cuenta que era el mismo que el de ella, eso no podía ser posible, su maestro dijo que el cosmos era como la huella digital de una persona, único e irrepetible, sólo ella poseía la técnica necesaria para imitar a sus adversarios, sin más, se atrevió a utilizar una de sus técnicas y de inmediato se mimetizó con las grisáceas estalagmitas de sus alrededores esperando con ello confundir a su enemigo y atacarlo por sorpresa.

- Ya veo, te has mimetizado, pero con eso no será suficiente por dos razones, la primera es porque tu cosmos no ha despertado por completo y la segunda es porque todo lo que tú hagas, yo lo mejoraré por 100 veces- el guerrero zulú desapareció por completo de la vista de June, al igual que ella, se mimetizó con su ambiente. El siguiente movimiento de esa pelea sería para quién lograra encontrar al otro primero.

Transcurrieron exactamente sesenta segundos en los que no se escuchó ningún sonido, June manteniéndose refugiada tras una estalagmita, miraba en todas direcciones, sin bajar la guardia, necesitaba obtener la ventaja sobre su rival, pero repentinamente sintió un zumbido dirigiéndose hacia ella, lo cual la obligó a tener que delatar su posición, un hacha pasó girando a gran velocidad y quedó clavada justo en la estalagmita, aunque iba dirigida directamente a su cuello de no haber sido por sus agudos reflejos. El guerrero apareció de súbito, continuó golpeando a June con una serie de puñetazos, luego la arrojó contra una gruesa estalagmita, y la cogió por el cuello para estrangularla.

- Qué extraño, me pareció que eras más osada en tu pelea con el espartano ¿Realmente te consideras digna del Camaleón con ese nivel tan pobre?- dijo apretujando más su cuello, June sentía todo su cuerpo adolorido, no sólo por la pelea, también porque a cada segundo respiraba con mayor dificultad, y estaba cansada de ignorar las quemaduras de su piel por el agua hirviente del volcán y las emanaciones tóxicas de los gases a los que estaba expuesta por su búsqueda. Sacando fuerzas de su flaqueza, estiró sus manos para aprisionar las muñecas del guerrero y rompérselas a presión, en ese instante, la medalla con la estrella de David resbaló quedando en evidencia ante su enemigo.

- ¿Qué es esto?- dijo con curiosidad ante el resplandor de la estrella, y tan rápido como la divisó, se la tironeó del cuello y la arrojó a una de las fisuras de la caverna.

- ¡NO! ¡Es el único recuerdo de mi familia!- el cosmos de June se encendió de una forma sobrecogedora, la caverna tembló dejando caer varias estalactitas del techo, furiosa, cogió de uno de los cadáveres un látigo, y se arrojó contra el guerrero con una gran velocidad, se mimetizó con su ambiente nuevamente, esta vez no pudo ser detectada, y apenas alcanzó al guerrero no paró de golpearlo una y otra vez, con todo lo que tenía, lo arrojó contra las rocas, y luego salto para darle en el estómago una certera patada.

- Eso no es un recuerdo de tu familia, el Escudo de David fue puesto en tu cuello para separarnos- balbuceó el guerrero zulú, levantándose con torpeza, recobrando sus energías y atrapando a June por los brazos dejándola inmovilizada- Con eso puesto, jamás expulsarías tu verdadero cosmos.

- ¡Mientes!- June intentó deshacer la llave, pero el guerrero, a viva fuerza, la lanzó contra unas estalagmitas para ensartar su cuerpo en ellas. La amazona controlando su látigo, logró aferrarse a una alargada estalactita, quedó colgando por unos instantes, pero el agua que corría por la roca logró que el látigo resbalara y June cayera sobre una fisura, afortunadamente logró sostenerse de una roca, pero la lava estaba muy cerca de ella, al igual que las emanaciones de gases tóxicos, debía salir de ahí o moriría.

- Esa mujer hizo que me olvidaras, y el Escudo de David me mantuvo alejado estos nueve años, pero June, tú y yo éramos algo así como amigos, sólo que cuando eras niña me temías, no fue mi culpa que quienes amabas perecieran, yo sólo soy el mensajero, tenía que decírtelo- El guerrero zulú utilizó su lanza para ayudar a June a salir de la fisura.

- ¿Por qué me ayudas? ¿Acaso no dijiste que querías matarme?- preguntó ella sorprendida al verse a salvo nuevamente.

- No puedo decirte nada hasta que me venzas, al menos he liberado tu verdadero cosmos, quedan sólo unas horas para el amanecer- el guerrero se acomodó en posición de combate- Tienes sólo una oportunidad para derrotarme, lo haremos a puño limpio, sé cuán hábil eres con las armas, porque te conozco como a la palma de mi mano.

- Si te venzo ¿Me dirás dónde está la armadura del Camaleón?- preguntó la amazona poniendo posición de ataque, elevando el cosmos hasta sus límites.

- Eso y mucho más-

La caverna comenzó a temblar nuevamente ante la explosión de energías de ambos contrincantes, el guerrero zulú tomo la misma postura de June, lo cual extrañó a la amazona, pero lista para dar el ataque final, se concentró con todas sus fuerzas, su cuerpo comenzó a resplandecer en un enorme espectro de colores, y tras ella, aparecieron las estrellas que formaban a la pequeña constelación del Camaleón, dando un enorme salto, la guerrera se arrojó sobre su enemigo quién la atacaba de una forma similar.

- ¡Chamaeleon Rainbow Scale!- dijeron al mismo tiempo, de las manos de ambos salieron millones de brillantes y afiladas escamas multicolores que perforaron y cortaron ambos cuerpos de una forma sobrecogedora, pero en el último segundo del ataque, June usó el látigo golpeando el rostro de su oponente, provocando que la máscara de madera saltara haciéndose pedazos.

Ambos cayeron de rodillas con el cuerpo seriamente lastimado, pero el guerrero zulú se puso de pie y caminó hasta su adversaria enseñándole su rostro zoomorfo, su piel de color negro ahora era escamosa y de tonalidades verdes tornasoladas, sus ojos eran muy extraños y su nariz terminaba en un cuerno. June reconoció en él la figura de la enciclopedia que Shun le enseñó cuando eran unos niños, todo ese tiempo había estado luchado contra un Camaleón.

- Me has vencido, June Von Krieger, eres digna de portar mi armadura y mi espíritu- dijo tomando la mano de la amazona y poniéndola sobre su pecho a la altura de su corazón, en ese instante, de una de las paredes de la caverna emergió imponente la caja de Pandora que contenía la armadura de Camaleón.

- ¿Qué?- June no podía creer lo que había sucedido, estaba algo aturdida aún por la batalla y por el estado débil en que se encontraba.

- Desde la mitología, el Camaleón ha permanecido escondido de las demás constelaciones y también de los demás caballeros, no porque sea tímido, es porque Athena y Unkulunkulu así lo decidieron, por eso es muy poco lo que se sabe de mí, sólo los portadores de la armadura saben cuál es la importancia del Camaleón para Athena-

- ¿Quién es Unkulunkulu? Siento como si lo conociera- murmuró June sintiendo un leve dolor de cabeza.

- El día de tu nacimiento en Etiopía, él estaba ahí presente, ni tu padre ni tu madre pudieron verlo, pero él te eligió para suceder a Hilarius de Camaleón, quién no pudo terminar la prueba de forma exitosa, mi señor Unkulunkulu es el supremo dios de la mitología zulú, creador de la humanidad, defensor y protector de nuestra nación guerrera, pero hace miles de años desobedecí una de sus órdenes y la humanidad tuvo que pagar el precio, él decidió obsequiarle a los humanos la vida eterna, y el mensajero a cargo de entregar esa buena noticia fue el camaleón Unawabu-

- ¡Unawabu!- por alguna razón a June ese nombre se le hacía demasiado familiar.

- Ese es mi nombre, en aquel entonces, era un camaleón joven y bastante atolondrado, no entendí la importancia de la misión y me detuve a comer en una mata a medio camino, mi señor Unkulunkulu al ver que los humanos no hacían sacrificios por tan magnánimo regalo, cambió de parecer, y envió a un lagarto llamado Íntulo para condenarlos a la muerte, el lagarto fue mucho más veloz y llegó primero que yo, por eso todas las personas deben perecer, las consecuencias de mi error fueron graves, la humanidad perdió la bendición de la vida eterna, y yo fui condenado al desprecio junto a toda mi raza, aunque mi señor Unkulunkulu jamás me demostró rechazo alguno, por eso siempre le he estado agradecido, en una de las tantas guerras santas de Athena en el mundo antiguo, Ares decidió invadir África extendiendo sus dominios hasta el reino de los zulú, aunque a mi señor no le gusta la violencia, no podía permitir que su gente cayera en la esclavitud del dios de la guerra, por ello hizo un pacto con Athena, ella y sus caballeros lucharon codo a codo con nuestros guerreros, pero las tropas de Ares avanzaban conquistando y asesinando a diestra y siniestra, entonces, le pedí a mi señor que me permitiera entrar en las huestes del invasor usando mis habilidades de mimetismo, de esa manera, logré obtener información importante sobre los planes de Ares, y gracias a ello, y una excelente estrategia de Athena logramos derrotarlo y expulsarlo de África y del reino zulú, cuando mi señor decidió agradecer mis servicios perdonando mi acción de antaño, decidí que prefería seguir en el anonimato, de esa forma le sería más útil a los dioses obteniendo para ellos la victoria, pero Athena dijo que tan noble acción no podía quedar sin recompensa, por ello me inmortalizó en el firmamento y me incluyó dentro de sus 88 caballeros para protegerla-

- Entonces, es por eso que nadie sabía mucho de ti- dijo June sorprendida por aquella historia.

- Sólo un camaleón es capaz de encontrar a otro de su misma especie, tú fuiste elegida para ser un camaleón, y has pasado una parte de la prueba, liberaste tu cosmos, la armadura y yo te hemos aceptado, pero se viene una última parte del ritual, y es la más difícil- Unawabu miró con sus extraños ojos a la amazona con una expresión de tristeza- ahora que ya eres una guerrera debes regresar a tu hogar, de la misma manera en que yo fui enviado para anunciar que los humanos vivirían por siempre, y como un verdadero Camaleón, deberás aprender a transformarte en lo que desees ser.

Unawabu tomó la forma de un pequeño camaleón que poco a poco empezó a desaparecer en el aire mientras caminaba por el brazo extendido de June directo a su corazón.

- ¡Espera! ¡Dijiste que una mujer hizo que te olvidara! ¿Quién es? ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué no puedo recordarte si éramos amigos?- June llevó las manos a su pecho con lágrimas resbalando bajo su máscara, algo le decía que Unawabu no había mentido y aquella medalla no era un recuerdo de su familia.

- Obtendrás esas respuestas cuando sea el momento indicado, yo estaré siempre contigo, al ser el Camaleón, compartimos un solo espíritu y una misma misión, ahora, sólo preocúpate de terminar la prueba, sal de aquí con la armadura y declara tu victoria- June escuchó la voz de Unawabu dentro de su cabeza, elevó su cosmos, el cual ardió con una mescla de calidez y valentía, en el momento en el que tomó la caja de Pandora con su armadura, un temblor fuerte empezó a destruir la caverna.

- Debo regresar con usted maestro, al fin he logrado convertirme en una guerrera al servicio de Athena-

Las fisuras estaban abriéndose, la lava emergía lentamente, el camino por donde había llegado estaba bloqueado. Pero June ya no tenía miedo, aunque las estalactitas caían sobre ella, las esquivaba con mucha agilidad, cogió el látigo, y ayudada por él, empezó a escalar por el muro para poder llegar hasta el agujero que comunicaba con la superficie. La tarea se hizo muy difícil, especialmente por el cansancio acumulado por la prueba al igual que sus heridas, el temblor no le permitía moverse con velocidad al momento de escalar, muchas rocas que caían le cerraban el paso, otras al golpearla la empujaban hacia abajo, teniendo que volver a subir una y otra vez, las yemas de sus dedos sangraban al igual que sus nudillos debido a la aspereza de las rocas. Cuando finalmente llegó al orificio por donde entraba el aire se divisaba que pronto amanecería, notó que este no medía más de medio metro, no cabía con la caja de Pandora que colgaba en su espalda y la lava estaba alcanzándola.

- Tendré que usar mis puños, esta roca es muy dura, pero si hago arder mi cosmos de seguro la romperé- June elevó su energía y a puño limpio logró ensanchar el orificio lo suficiente para poder salir con la armadura, pero al intentar ponerse de pie, cayó adolorida- ¡Mi pierna! ¡Las quemaduras me duelen! ¡No, tengo que llegar a la cabaña antes de que salga el sol!

En todo ese tiempo, había evitado pensar en el dolor de su propio cuerpo, pero este había llegado al límite de resistencia, incluso al respirar tenía que hacerlo por la boca ya que se sentía completamente ahogada y que sus pulmones ardían por dentro.

- Sólo un último esfuerzo…por favor…no puedo fallar…no ahora…Maestro…Shun…- El dolor se hizo insoportable, June estiró sus brazos, tratando de ponerse de pie, pero sus extremidades inferiores parecían haberse rebelado contra ella, mientras la lava emergía del agujero y surcaba a su alrededor en un lento caudal que se dirigía en dirección al océano.


Los siete días que el rabino pidió a Albiore para que pensara su decisión sobre cuidar a June habían finalizado, su respuesta definitivamente sería un "no", al reflexionarlo con más calma, sabía que la niña no sobreviviría a las complejas condiciones climáticas de Isla Andrómeda, conduciéndola a una muerte segura, Benjamín no lo perdonaría por eso.

Aquella mañana, bajó para hablar con el rabino y comunicarle su decisión, pero encontró a June vestida de negro, sentada en un taburete muy cerca de la escalera, al verlo le hizo señas con su mano para que se acercara y poniéndose de pie se acercó a saludar. Albiore estaba extrañado de verla tan temprano, pero notó que un camaleón pequeño estaba aferrado a su hombro izquierdo.

- Unawabu dice que usted puede verlo, prometió portarse bien si no lo abandono, también que su intención no es matar a las personas que me quieren, sino que advertirme de las muertes para que esté preparada- explicó la niña al notar que el Caballero de Cefeo clavó la mirada en su hombro.

- ¿Eso te dijo? ¿También para qué deberías estar preparada?- preguntó con suspicacia mientras notaba que el camaleón giraba sus ojos hacia él.

- Dijo que usted me enseñaría para qué, pero que la muerte es algo muy natural en el ciclo de todos los seres vivos- contestó June caminando en dirección a la puerta principal de la casa para abrirla.

- ¿Dónde vas?- Albiore avanzó a grandes pasos para alcanzarla.

- Unawabu me dijo que tengo que hacer un viaje muy largo, puede que quizás no regrese, así que debo despedirme de mis padres y de mi hermanita ¿Me puede acompañar?-

El Caballero de Cefeo no pudo oponerse a esa petición, era sabedor de que su amigo tenía muchos enemigos en Aksum, y quizás estaban esperando la oportunidad para terminar para siempre con el linaje de Benjamín, era su deber proteger a June. Caminó junto a ella durante todo el día, muchas veces se preguntó cómo ella era capaz de no cansarse si tan sólo tenía cinco años, recorrieron diferentes lugares de la ciudad, empezando por la casa quemada de su amigo, sus campos de sésamo, su fragua, las ruinas y lugares arqueológicos, sólo deteniéndose para comer o para ir al baño, finalmente, la niña lo condujo hasta la "Capilla de las Tablas" en la "Iglesia de Nuestra Señora de Sion".

- Papá cuidaba un tesoro muy importante que se encuentra guardado en este lugar- explicó June poniendo sus manos en los barrotes que rodeaban el edificio, mientras unas lagrimillas caían por sus pálidas mejillas- él me dijo que cuando se protege un tesoro sagrado siempre habrá un camino doloroso para su guardián, quería mucho esta ciudad, por eso tengo que despedirme de todo lo que él amó, ahora ¿Puedo ir dónde está descansando?

Albiore conmovido por la inocencia de la niña, sonrió débilmente, y cargándola en su espalda la condujo al cementerio. En el trayecto, no paraba de pensar en que era una verdadera lástima que una niña tan pequeña hubiera perdido a su familia y no tuviera a quién más recurrir, la vida era cruel con quienes se quedaban solos en tan tierna edad, muchos peligros podrían acecharla emanados de los propios adultos, Aksum tampoco era un buen lugar para que June creciera si los enemigos de Benjamín intentaban hacerle daño, además, el rabino le había advertido que sus rarezas de ver un camaleón fantasma no eran bien vistas por su comunidad religiosa, y seguramente la terminarían enviando a un orfanato, de una u otra manera, el panorama para la niña no se veía alentador, Isla Andrómeda era sólo una alternativa dentro de otras igual de difíciles, algo dentro de su corazón y de su cabeza comenzó a dudar de su decisión de no hacerse cargo de ella.

Al llegar a la tumba de Benjamín, June se bajó estrepitosamente de la espalda de Albiore y corrió a saludar a una anciana de piel color ébano, vestida con una falda de colores chillones, verdes, rojos, amarillos, llevaba puesta una manta de color rojizo al igual que un turbante del mismo color.

- ¡Abuela María! ¡Estás aquí!- gritó la niña abrazando a la anciana quién acarició su cabeza y le sonrió con ternura.

- ¿Cómo estas pequeña? Veo que Unawabu y tú al fin se llevan como buenos amigos-

- ¿Quién es usted?- preguntó Albiore acercándose a ambas, notando además, que la anciana acariciaba al camaleón que June sostenía en sus brazos, ella también podía verlo.

- Señor Albiore de Cefeo, es un gusto poder conocerlo, soy María, cuidé a June cuando el señor Benjamín perdió a su esposa- explicó la mujer, el Caballero de Cefeo quedó sorprendido al escucharla, era evidente que sabía quién era.

- June dijo que usted estaba en Sudáfrica-

- En la tierra de los que ya partieron- corrigió la anciana con voz calma- pero se me ha permitido regresar para saludar a mi niña y para entregarle un mensaje a usted.

Unawabu saltó de los brazos de June y caminó hacia la tumba de Benjamín, la niña corrió tras él, mientras la anciana hablaba seriamente con el Caballero de Cefeo.

- Puedo ver en sus ojos que es un hombre bondadoso, y también bastante fuerte, ya veo por qué Unawabu confía en usted-

- ¿Confiar? Disculpe, no la entiendo, explíqueme de qué se trata todo esto, June y yo podemos ver a ese camaleón al igual que usted, pero ni Benjamín ni los demás se dan cuenta de su presencia- dijo Albiore preocupado.

- Eso es porque ninguno de ellos está ligado al destino de June, ella fue elegida por Unkulunkulu el dios creador para ser su camaleón en esta era, y Unawabu a través de mi niña lo ha elegido a usted como su maestro, sé que tiene dudas de querer llevarla a Isla Andrómeda, pero le aseguro que de todas las alternativas que ha pensado la mejor es aquella que ella decida, y June le pidió que la llevara con usted- contestó la anciana.

- Isla Andrómeda no es un lugar para niños-

- Usted y el señor Benjamín eran unos niños cuando Fíneo de Cefeo los llevó a entrenar para que se convirtieran en caballeros de Athena ¿Qué le hace pensar de que mi niña no tendrá la fuerza para sobrevivir?- la anciana tomó con sus arrugadas manos las de Albiore y las extendió para ver sus palmas.

- Benjamín me pidió que la cuidara, que June fuera feliz, yo no puedo entregarle nada de eso, sólo soy un Caballero, puedo enseñarle de armas, de combate, de una fe que no es la que él le hubiera enseñado, eso sería traicionar la memoria de mi amigo- insistió Albiore aún dubitativo de llevar a June con él.

- Usted entrena guerreros señor Albiore, June nació y fue elegida para ser una guerrera, el señor Benjamín lo sabía, por eso le confió su cuidado a usted, con respecto a su fe, nosotros sólo podemos enseñarle el camino, ella es quién decidirá finalmente a qué dios entregar su lealtad, si le preocupa que el camino que tome sea el correcto, entonces no se niegue, llévela con usted, nadie más está preparado para indicárselo- María sonrió mientras cerraba la manos de Albiore.

- ¡Abuela!- June se acercó a ella y tironeó su falda- ¿Papá está bien? ¿Verdad? ¿Has podido verlo en la tierra de los que ya partieron?

- No mi pequeña, tu padre pertenece a otras tierras, seguro que cuando tú debas hacer ese último viaje podrás verlo algún día- explicó la anciana, sólo entonces, Albiore comprendió de dónde provenía la abuela María, ella había muerto y venía de la tierra de los difuntos, siendo Sudafricana, con certeza provenía de una tribu zulú, y ellos al morir, viajaban a la tierra de los que ya partieron. Los rayos del sol comenzaron a extinguirse poco a poco, June abrazó a la anciana y cuando apareció la primera estrella en el firmamento, esta desapareció despidiéndose con una amplia sonrisa.

- Debemos regresar a casa del rabino- dijo June haciendo señas al firmamento como si el fantasma de la anciana estuviera ahí -La abuela María me dijo que sólo el cielo es más grande que nosotros, y cuando nos vamos de esta tierra regresamos allá, pero parece que papá está en otro lado, ojalá que no esté sólo.

- Tranquila June, seguro que Benjamín está acompañado de tu mamá y tu hermanita, ahora, debes despedirte de ellos, mañana nos iremos a Isla Andrómeda-

Los ojos de June brillaron de alegría al saber la decisión de Albiore, se abrazó con fuerza a sus piernas y luego se despidió de sus familia. El Caballero de Cefeo después de escuchar a la anciana María, y de comprender que la niña no era una común y corriente, cambió de parecer, como fiel sirviente de Athena, sabía que el destino era inevitable, y June estaba dentro del suyo, por eso no podía negarse a llevarla con él.

Al regresar a la casa del rabino y comunicarle que él se haría cargo de June, este se sintió más aliviado, y aquella noche, a solas, le hizo entrega de una pequeña caja de color azul.

- Esto debe ser usado sólo si ese demonio camaleón se sale de control, hasta ahora no nos ha dado motivos para usarlo- explicó a Albiore quién al abrirla encontró una pequeña medalla de oro con una estrella de David- cuenta la leyenda que el Rey David estaba escapando de nuestros enemigos los filisteos, y se escondió al interior de una cueva, al entrar una araña tejió su tela en el acceso dando la forma de la estrella de David y los filisteos al ver la telaraña intacta pensaron que no había nadie en la caverna, y que no había pasado persona alguna en mucho tiempo, el rey David, por aquel acontecimiento tan milagroso adoptó ese símbolo en su escudo, y nuestro pueblo lo ha utilizado como símbolo de protección, sólo póngale a June la medalla, y quizás ese camaleón deje de molestarla.

Albiore la guardó sin dar respuesta alguna a ese tema, sólo agradeció al rabino por su amabilidad, por haber cuidado de June con su esposa durante esos siete días, y por responsabilizarse de las exequias fúnebres de Benjamín. El rabino le comunicó que pasado un año de la muerte de su amigo, pondrían una lápida en su tumba como indicaba la tradición, y que era importante que June estuviera presente, el Caballero de Cefeo se comprometió a regresar con la niña en esa fecha, y luego se fue a descansar a su habitación antes de hacer el viaje de regreso a Isla Andrómeda.

- ¡June! ¿Qué haces aquí?- dijo al ver a la niña sentada sobre su cama.

- Por favor, no me ponga eso en el cuello, Unawabu y yo nos estamos llevando bien- pidió con tristeza.

- Escuchaste lo que dijo el rabino- la mirada reprobatoria de Albiore asustó a la niña, quién bajó la mirada avergonzada. Pero él sabía que para algunas personas religiosas era difícil ponerse en el lugar de aquellos que tenían creencias diferentes, estaba más que claro que las intenciones de Unawabu no eran malas, de lo contrario Benjamín hubiera sido el primero en permitir que a June le pusieran esa medalla, por algo su amigo investigó en diversos credos religiosos, decidió que a su hija la cuidara una mujer zulú, y se la encomendó a él antes de morir, desde la óptica judeo-cristiana June había sido criada por una pagana, y el no era menos pagano ante ese rabino, por ello Unawabu, quien al parecer sólo era un espíritu era visto como un demonio para los demás- Descuida, no te pondré esta medalla, pero Unawabu debe portarse bien.

- ¡Gracias!- sonrió más tranquila, abrazó a Albiore y salió de la habitación dándole las buenas noches.

El cosmos de June se sintió por toda la isla en el preciso momento en que se enfrentaba a Unawabu con su técnica, Albiore quién estaba adormecido despertó de golpe al igual que Donnelly, Mateo, Amira y Spica. Reda, Ryszard y Karya no habían dormido en toda la noche, preocupados por la amazona, y al sentir el estallido de su cosmos quedaron expectantes de la situación.

- Maestro, ese es el cosmos de June ¿habrá conseguido la armadura?- preguntó la amazona de Vulpécula, pero Albiore no emitió palabra alguna, parecía estar analizando la situación, mientras aún quedaba latente dentro de su mente el recuerdo de aquel día en que decidió proteger a June y llevarla a compartir su vida para proteger a Athena.

- ¿Cuánto ha pasado desde que me golpeaste?- Donnelly miró a Mateo enfadado.

- Pronto amanecerá- contestó Reda.

- ¿Qué debemos hacer ahora maestro?- Ryszard se acercó hacia la puerta de la cabaña- la tormenta terminó hace varias horas.

- Hay que ir a buscar a June- Donnelly empujó a Ryszard para salir de la cabaña pero Albiore lo detuvo.

- Las reglas dicen que ella debe llegar por sí sola hasta este lugar y declarar su victoria, si alguno de ustedes sale, se invalidará la prueba-

- Maestro, algo malo sucederá, lo presiento- insistió el irlandés, pero Albiore negó con la cabeza.

Todos en la sala esperaron ansiosos, June era la última en obtener su armadura, durante ese tiempo en que se vieron obligados a compartir para conocerse mejor, lograron estrechar aquellos débiles lazos que como compañeros de entrenamiento tenían que desarrollar, en parte gracias a la intervención de su maestro, durante años muchos conocidos habían muerto, ninguno de ellos quería volver a ver partir a otro más.

- ¡June! ¡Su cosmos se está debilitando!- dijo Donnelly justo en el momento en que la amazona logró escapar de la caverna saliendo a la superficie- ¡Maestro, déjeme ir por ella!

- No, ya escuchaste lo que dijo, arruinarás su prueba- intervino Amira.

- Pero su cosmos… ¿Acaso no te das cuenta que puede estar herida?- contestó Karya apoyando a Donnelly- Cada una de nuestras pruebas es terrible ¡No quiero ver morir a otro amigo en este maldito entrenamiento!

- Cálmense por favor- intentó decir Mateo.

- ¡Yo tampoco quiero ver morir a más gente, menos a June!- Donnelly seguido de Karya iban a salir de la cabaña.

- ¡No lo hagan!- Ryszard se cruzó por la puerta para cerrarles el paso, mientras Albiore observaba imperturbable a sus discípulos, estaba más preocupado en sentir el cosmos de su alumna que en la discusión.

- Esperen un segundo- dijo Spica repentinamente con aire desconcertado– el cosmos de June…ha vuelto a elevarse.

- ¿Qué demonios está pasando con ella?- Reda estaba tan preocupado como Donnelly, pero era sabedor de que por mucho que June le importara, no debía entrometerse en su prueba, no le quedaba más que aguardar a que regresara, y ese ir y venir de su cosmoenergía lo tenía sumergido en un mar de dudas de lo que estaba pasando con ella allá afuera.

Todos los presentes guardaron silencio por unos instantes, la última estrella sobre el firmamento estaba a punto de desaparecer, el cielo ya se preparaba para tomar sus característicos tintes violetas y rosáceos. Los pensamientos de los caballeros y amazonas de Isla Andrómeda se sintieron divididos, algunos esperaban que la puerta se abriera y June entrara victoriosa, pero otros temían que ella jamás regresara, sólo uno de ellos se sentía atrapado como en el limbo.

- No es una coincidencia que de niña pudieras ver al espíritu de un camaleón, está en tu sangre, en el linaje que heredaste de Benjamín, en tu destino, por favor, June, regresa sana a esta cabaña- los latidos del corazón de Albiore se aceleraron, apretó sus puños con algo de nerviosismo cuando repentinamente la puerta de la cabaña se abrió de golpe.

- ¡June!- gritó Karya angustiada. La amazona llevaba puesta una imponente armadura de color anaranjado que poco a poco cambiaba de colores hasta quedar completamente celeste.

- Estás bien- murmuró Donnelly sin quitarle la vista de encima, al igual que los demás.

June permaneció estática por unos instantes, después con paso cansado caminó hasta Albiore quedando frente a él.

- Maestro, he cumplido la prueba, desde ahora en adelante soy June de Camaleón, y estoy al servicio de Athena- su voz se escuchaba completamente serena, los demás se miraron inquietos sin saber exactamente si tenían que felicitarla o no.

- Bienvenida June de Camaleón, has logrado obtener la victoria en el tiempo que el Santuario te dio, desde ahora en adelante eres parte de los 88 caballeros que protegen a nuestra diosa Athena- Albiore se acercó a ella para estrechar su mano, al hacerlo, se sintió por unos breves segundos más tranquilo, los primeros rayos del sol entraron por la ventana y la puerta de la cabaña que había quedado abierta, una suave brisa cálida acarició a cada uno de los presentes y la amazona de Camaleón se desplomó sobre el piso estrepitosamente.

- ¡June!- gritaron sus compañeros preocupados, Albiore inspeccionó rápidamente su cuerpo, tenía cortes y quemaduras por todos lados, tomó su muñeca para buscar el pulso y palideció por completo.

- Karya, ve a buscar hojas de aloe vera, las que tenemos guardadas en el invernadero, Amira tu lleva a June a la cabaña y desnúdala, Reda, tu irás por agua, Ryszard, trae vendajes y algunos medicamentos, su cuerpo está muy dañado, está muy grave- comenzó a repartir órdenes a cada uno de sus discípulos.

- ¿Y yo qué haré? ¿Por qué me excluye maestro?- dijo Donnelly molesto.

- Tú irás hasta Mogadiscio, allí vive una amiga mía que es médico, debes traerla lo más pronto posible, no sé por cuánto tiempo resistirá June, pero si no hacemos algo pronto, morirá-

Continuará…


Hola queridos lectores y lectoras, espero les haya gustado esta actualización que me costó millones, sé que dije que este año podría subir más caps, hubiera deseado con todo mi corazón que así fuera, pero las cosas han andado complejas en mi vida a tal punto que por un instante pensé en retirarme de la página, sencillamente porque estoy pasando por una etapa difícil, perdí a un ser muy amado hace poco, las cosas con mi tesis se han puesto de color de hormiga y supongo que ya me dio la crisis de los 30...sip, eso que pasa después de los 29 T-T lo cual me tiene bastante decaída en general y no importa lo que escriba, no me parece suficiente, intenté por todos los medios de no traspasar este fregado estado de ánimo a mis historias, ustedes ya me dirán qué les pareció el cap.

Igual disfruté escribirlo, tiene mitología judía, Inuit y Zulú, uno de los desafíos que me plantee en esta historia era describir la razón por la cuál hay un camaleón dentro de las 88 armaduras de Athena, no encontré mitos griegos al respecto, pero dí con dos historias de camaleones que ya han leído, mi favorita es la zulú, y de ahí quise hacer una conexión con Athena...todo esto es tan hermosamente tribal *-*, también señalo el ritual fúnebre judío, es información de internet así que si me he equivocado pido disculpas u.u, respecto a la "técnica especial" de June, pensé en que si Shun tiene su Nebular Storm, pues ella como discípula de Albiore también debe haber desarrollado una propia, lo de Rainbow Scale no ha sido al azar, hace poco leí un interesante artículo de la revista National Geographic ( mi favorita) sobre camaleones y cómo es que ellos cambian de color, la armadura que nos muestra Kuru es hermosa, pero como jamás desarrollo el personaje de June como guerrera, más que darle a Shun con el látigo, entonces me tomé la libertad de elevar mi imaginación hasta los límites, por eso puse también que su armadura cambiaba de color.

No haré un glosario como en los caps anteriores, tampoco me explayaré en los miles de datos que reuní para esta episodio en particular, pero si tienen dudas con algo consúltenme, y bueno, actualización, esta será la última de este año para este fic espero que se me quite pronto la nube negra sobre la cabeza. Agradezco montones sus reviews, y como escribo caps tan largos, pues soy feliz de que se tomen su tiempo en leer. Un gran abrazo a todos y nos estamos leyendo :)