Narrado desde la memoria de Eiko.

Había golpeado a mi madre, y eso no era lo peor, lo peor es que se clavó un chuchillo por mi culpa.

-Mama… -se me escaparon unas lágrimas- perdóname, soy un monstruo, te golpee, no sé qué paso…

Me escape de casa y fui al rio, me senté en una roca al lado del rio y veía como el agua surcaba.

Una limusina pasaba por ahí, se paró, un hombre bajo, se acercó a mí y me acaricio la cabeza.

-Hola pequeña –dijo- volvemos a vernos.

Al verlo me aleje, tenía miedo de ese hombre, pero no sabía porque, él fue muy amable conmigo…

-H-hola señor Nanahara – hice una reverencia- es un gusto volver a verle.

El me sonrió y se puso a mi altura.

-Por favor, no me hables tan formal, puedes hablarme con confianza- me miro sonriendo.

Me sonroje, ese hombre era muy guapo, a lo mejor…

-¿Tienes novia? –Después de preguntarle me puse roja al momento- p-perdón…

Fumito se rio y negó con la cabeza.

-No, no tengo- se sentó a mi lado- ¿Qué haces aquí? ¿Y tus padres?

Le mire sorprendida, al momento empecé a llorar, note como Fumito me abrazo y me pego a su pecho.

-L-le hice daño a mi mama- llore más fuerte.

El me miro, y me beso la frente.

-¿Y eso porque?- me miro serio- ¿te golpeo ella?

Le mire sorprendida.

-¡NO!- grite- mi madre no es así.- le dije seria.

El me miro más serio.

-¿Y tu padre?- siguió preguntando.

Le mire y agache la cabeza triste.

-Es que….-me encogí- yo no tengo padre.

Fumito agacho la cabeza y sonrió.

-Oh vaya…-me miro- lo siento mucho, ¿Qué le paso? ¿Murió?

Le mire y pensé.

-Pues la verdad no lo sé- le mire fijamente- nunca le he visto, creo que ni estuvo cunado yo nací….

Empezamos a hablar de la vida, me hacia reír con sus historias, el atardecer empezó a salir.

-¿Y tú mama cómo es?- me pregunto sonriendo.

Sonreí.

-Es la chica más guapa del mundo, del universo de ¡TODO!- sonreí- soy igual que ella, bueno, nos diferenciamos en algunas cosas jejeje.

La limusina volvió y una mujer salió.

-Señor Fumito, tenemos que volver- dijo.

Fumito me miro y sonrió.

-Bueno pequeña, me tengo que ir- me sonrió y me levanto- vuelve a casa ¿vale pequeña?

Asentí y me despedí mientras él se iba en la limusina.

-Seguro que mama y el señor Fumito- sonreí- harían una bonita pareja.