Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

.

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

Quince días

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

.

Capítulo 4: Domingo 17

.

Ranma

.

Hago dos respiraciones profundas y levanto de nuevo los nudillos, dispuesto a llamar a la puerta. Es la tercera vez que lo intento y el resto de inquilinos empiezan a mirarme raro.

Sigo plantado como un idiota sin saber qué decir cuando la vea. Anoche cuando encontramos este hostal para dormir se mantuvo callada y taciturna, y no me extraña. Si yo estuviera en su lugar me odiaría.

Pero ante todo hay que mantener la calma, si estoy aquí es por eso, porque quiero que sepa que lo voy a resolver. No quiero ni necesito su dinero, y sobre todo no quiero que le quiten su dojô. Ante todo Ranma Saotome es un hombre de honor.

Trago saliva y finalmente doy dos suaves golpes a la puerta. Espero impaciente con la mirada fija, repasando mi discurso. Cuando pasan los minutos y no recibo respuesta alguna vuelvo a intentarlo, esta vez golpeo más fuerte.

Un extraño presentimiento me asalta, ¿y si le ha ocurrido algo? ¿y si se ha desmayado? ¿y si está en peligro?. Tomo el picaporte y lo giro sin más, abro la puerta mirando dentro con cuidado, no hay rastro de ella. Termino de entrar en la habitación y la busco con desespero, dominado por la ansiedad.

Se ha largado. Se ha ido y ni siquiera me ha dicho un simple "adiós".

Muy bien, como quieras niña mimada, igualmente seguimos casados, en algún momento me buscarás para conseguir el divorcio.

Estoy a punto de salir cuando la puerta del baño de abre y aparece ella, luciendo tan solo una corta toalla que apenas cubre sus pechos y el lugar donde nacen sus esbeltas piernas.

Me mira. La miro.

—¡Maldito pervertido!— grita mientras me lanza la lámpara de la mesilla. —¡Cerdo desgraciado!

—No, ¡espera!, ¡es un error!

—¿Qué error hay en colarse en la habitación de una chica? ¡fuera! ¡largo!

—¡Pensaba que te había pasado algo! ¡ay!— me quejo cuando acierta a darme con una de sus botas que convenientemente había dejado junto a la cama.

— ¡Vete!

Alcanzo la salida y me doy prisa en desaparecer por ella, suspiro, cuando la cierro tras de mí escucho un fuerte golpe en la puerta, quizás su otro zapato.

—¡No hacía falta ponerse así! ¡ha sido un accidente!— digo desde el otro lado.

—¡Pues te has quedado mirando un buen rato!

—¡Más quisieras! como si hubiera algo interesante que ver.

Escucho atento esperando su mordaz respuesta, pero esta no llega, en su lugar solo hay silencio. Apoyo la oreja sobre la superficie esperando escuchar algo, aunque sea una maldición.

No sé que hacer, me rasco la cabeza incómodo y sorprendido por haber explotado de esa forma. Claro que ella no se ha quedado atrás. Tengo que ser más maduro que eso, vuelvo a retomar mi estudiado y perfecto discurso.

—Quería explicarte lo de ayer— digo, cuando súbitamente la puerta se abre, Akane se ha puesto uno de los yukatas del hostal y me mira con una furia que no se molesta en esconder.

—¿Estás buscando pelea?— escupe sin miramientos.

—No me durarías ni un minuto— respondo a su provocación.

— Eso sí que va a ser interesante de ver.

Ambos nos miramos retadores, y es en ese momento cuando me percato del desastre que tiene en la cabeza; su ayer largo y perfecto cabello ha dejado lugar a un accidente de mechones cortos y largos que le dan aspecto de desquiciada.

—Si quieres pelear, peleemos, pero antes arréglate ese nido de pájaros que tienes en la cabeza, no quiero que me vean contigo así.

Y es en ese momento cuando observo el rubor en sus mejillas, la súbita vergüenza que no ha aparecido por el accidente anterior se muestra ante mí, desoladora. Se lleva una mano a la altura de la oreja y toquetea uno de los mechones llena de pesar. Aparta la mirada y murmura algo entre dientes.

—…

—¿Qué?— digo acercándome, no le he entendido.

—¡Que no sé hacerlo, idiota!— estalla, y las lágrimas aparecen en sus ojos dejándome acorralado.

El pelo es importante para una chica, y más para una apunto de casarse, supongo. Me muerdo la lengua y retrocedo un paso, jamás he sabido enfrentarme a las lágrimas de una mujer.

—¡P-pero eso no es para ponerse a llorar!

—¡No estoy llorando!— responde testaruda, aguantando las lágrimas en sus gigantescos ojos ahora cristalinos. —¡Largate!— intenta cerrar la puerta y de pronto me encuentro luchando con ella para que permanezca abierta.

—¡Esto es ridículo! ¿de verdad te ha ofendido lo del pelo?

—¡Todo esto es culpa tuya!

—¡Eh! es culpa de mi padre, no mía, ¿¡vale!?

—¡Te odio!

Vale, ahí es justo donde quería llegar. No me ha dolido, solo es una pobre chica a la que mi presencia acaba de arruinarle la vida, lo que me esperaba.

—¿Ah, si?, ¡pues tu a mi tampoco me gustas!

—¡Perfecto! ¡nada me hace más ilusión que ser una de esas divorciadas que se la pasan hablando mal de su ex-marido!— empuja más fuerte la puerta.

—Al menos no podrás decir que vas mejor peinada que yo— respondo en tono burlón, y en ese momento sus fuerzas ceden y consigo abrir la puerta de golpe.

Me mira con la respiración alterada, haciendo que su pecho y sus hombros se muevan al compás. Miro hacia afuera y me doy cuenta de que hay varias personas en el pasillo: estamos dando el espectáculo.

—Deja de ser tan cabezota, ¿vale?. He venido en son de paz.

—Ya, claro— responde recelosa cruzándose de brazos.

—¿Tienes unas tijeras?

—¿Para qué demonios quieres unas tijeras?

—¿Tu que crees?— digo señalando el estropìcio.

—¿Qué? ¡ni de broma!

—Vamos, yo siempre me corto el pelo— ella enmarca una ceja y puedo ver un diminuto atisbo de sonrisa.

—¿Cada cuantos años?

—En serio, ¿tienes un plan mejor?

Dos minutos después me encuentro a mí mismo haciendo algo que jamás pensé que pasaría: cortándole el pelo a una chica. Ella se ha sentado en el suelo dándose por vencida y yo intento dejar todo ese desastre igualado.

—Ten cuidado— repite por enésima vez.

—Pues deja de moverte— digo tirando de uno de los mechones largos, cansado.

—¡Ay!

Un silencio incómodo se instala entre los dos, tan solo roto por el sonido de las tijeras al cortar el cabello húmedo. Huele a champú.

—Así que doctora— digo intentando hacerlo un poco más llevadero.

—Sí… bueno, lo sería si terminara mis estudios.

—¿Y porqué no ibas a hacerlo?

—Pues porque me caso— responde en voz baja, llego a ver el leve sonrojo de sus mejillas y eso hace que arrugue las cejas en señal de disgusto.

—Vaya, no pensaba que fueses ese tipo de mujer.

—¿Qué tipo de mujer?— contesta ofendida.

—De las que se encierran en su casa esperando a su marido y dice cosas como: "querido, ya está listo el baño" o "mi amor, hoy hice tu cena favorita"— imito torpemente su voz en actitud burlona.

—¿Y que sabrás tú de mí?— dice ofendida girando la cabeza, no me cuesta nada devolverla a su lugar utilizando un par de dedos y continuar con mi labor mientras esbozo una sonrisa.

—Nada, igual que tu de mí. Solo eres una chica lo suficientemente estúpida como para ofrecer tu dojô a Kuno a cambio de las deudas de otra persona.

—¿Ese tipo era amigo tuyo?

—¿Parecía mi amigo?

—No, parecía enfadado contigo.

—Lo está, es de ese tipo de personas que son capaces de guardar un rencor infinito por cosas que ni recuerdas haber hecho.

—¿Fue porque le robaste la novia?— pregunta curiosa, y yo me detengo un momento pensando cómo esquivar la cuestión.

—Lo importante es que mi padre le robó algo de gran valor.

—Cincuenta millones.

—Sí, vamos a tener que dar con él y hacer que lo devuelva.

—Al menos sabrás donde encontrarle, ¿no?

Vuelvo a detenerme y dudo un momento.

—Emmh… sé de algunos lugares por los que suele ir.

—¿¡Qué!?, ¿eso es todo?— increpa incrédula.

—¡Ey! es mejor que nada, ¿por qué crees que llevo semanas escondiéndome de cualquier forma? solo estaba esperando a que pasase un poco la tempestad.

—A que le pillaran, ¿no?

—Exacto— respondo sin titubeos, repasando con esmero uno de los mechones más castigados.

—¿Qué clase de hombre es tu padre?

No sé bien que contestar a eso.

—El tipo de hombre que le debe dinero a todo el mundo y no se molesta en pagar, supongo. A día de hoy sigo descubriendo falsas promesas que hizo siempre a cambio de dinero o incluso comida. Aunque me entrenó bien, hasta que cumplí los 18 estuvimos viajando juntos en busca de retos y nuevas técnicas.

—Vaya, eso parece divertido.

Me encojo de hombros, mejor no hablar más de la cuenta. Hay ciertas secuelas de esos entrenamientos que prefiero no contar a nadie, salvo a un psicoterapeuta.

—¿Y el tuyo?— pregunto —¿también te entrenó?— no puedo evitarlo, siento una curiosidad increíble por saber más de ella, sobre todo de ese asunto. No se me va de la cabeza su imagen volando en el aire y dejando inconsciente a Kuno de un solo golpe. Creo que hasta me excité... un poco.

—Sí, lo hizo hasta que entré en la facultad. Luego comenzamos a distanciarnos, ahora solo entreno por mi cuenta.

—En tu dojô.

—Sí, en mi dojô— sonríe melancólica.

—¿Entonces tu prometido no es artista marcial?— creo que estoy a una sola pregunta para que empiece a llamarme entrometido.

—Oh, no, él… es guardabosques.

—¿¡Que es qué!?— digo sorprendido, alejando las tijeras.

—Guardabosques.

—¿Te vas a casar con un tipo que se dedica a vigilar árboles?

—¡Los guardabosques hacen muchas más cosas que vigilar árboles!

—Oh sí, te espera una vida interesantísima— repongo burlón.

—¿Y a tí que más te da, idiota?

Nada, el caso es que debería darme completamente igual, pero ver su cara de enfado hace que me sienta realmente orgulloso de mis ocurrencias. Me apunto mentalmente los mote de ese tipo: "el riegaplantas", "el custodiapinos", "la niñera de osos". Cómo me voy a divertir.

Se gira dispuesta a dar batalla, yo doy por finalizada mi tarea.

—Ya está.

—¿Eh, ya?— dice a la vez que se lleva ambas manos a la cabeza y toca nerviosa las puntas de su corta melenita, se levanta acelerada y corre al baño en busca de un espejo.

Me quedo expectante, quizás a la espera un gesto de agradecimiento o algo parecido, pero en su lugar de nuevo recibo la callada por respuesta. Suspiro.

—Oye, voy a recoger mis cosas, después deberíamos hablar sobre lo que vamos a hacer. Te espero abajo— termino, salgo de la habitación y cierro a mi espalda. ¿Pero qué pasa con ella? ¿tanto le cuesta decir un simple "gracias"?. Miro la puerta con gesto hosco y camino pensativo hasta mi habitación.

Media hora más tarde me encuentro en la recepción del pequeño hostal, con apenas una mochila de enseres básicos y esperando. Me cruzo de brazos impaciente, ¿qué se supone que está haciendo esa boba?. Camino como un lobo enjaulado. No aparece hasta mucho después, con la cabeza baja y la misma ropa que el día anterior.

—¿Te crees que tengo todo el día?— y cuando alza sus ojos para defenderse de mis acusaciones puedo verlos enrojecidos, hinchados, señal inequívoca de que ha estado llorando.

No soy un insensible, al menos no del todo. Me muerdo la lengua y trago saliva, ¿acaso he dicho algo que la enfade tanto?. Me quedo plantado confuso, ella masculla un insulto y pasa de largo, sale por la puerta del hostal sin más.

Por cosas como esta es por las que evito tener relaciones largas con mujeres. Quién las entienda. Un día te aman con toda su alma, al día siguiente solo planean la mejor forma de arrancarte el corazón y echárselo de comer a los cerdos.

Debo acabar con esto y mandarla bien lejos de aquí, ya me encargaré de que reciba su dinero. Lo que tengo claro es que no soportaré mucho más sin comenzar a mostrarme hosco con ella. Qué mujer tan poco femenina, tiene mal genio y además un carácter terrible. Salgo tras ella con gesto de aburrimiento, resoplo fastidiado cuando la veo cruzada de brazos y dándome la espalda. Ahora con el pelo tan corto atisbo a ver su blanco y largo cuello sobre las solapas de su abrigo.

—Vuelve a tu casa, yo me ocuparé de que mi padre le dé el dinero a Kuno y estaré a tiempo para firmar los papeles del divorcio— concluyo conciliador, ella se gira, parece sorprendida.

—¿Te piensas que soy estúpida?

—¿Eh?

—¡No pienso fiarme de un desconocido! ¡y menos si está en juego mi dojô! mi padre y mis hermanas viven allí, ¡es nuestro hogar!.

—Oye, ¡me estaba ofreciendo a ayudarte!

—¿Ayudarme? ¿¡ayudarme!? ¡eres tú el que me ha metido en este lío!, ¡familia de estafadores!

—Nadie pidió tu dinero, ¿te crees que me alegra estar casado con alguien como tú? ¿quién iba a querer un mugriento dojô?

—Oh, sí, es mucho mejor vivir en esa chabola que llamas hogar.

—Yo no vivo ahí— respondo con voz burlona.

—¿Entonces vives con tu madre?— ataca de nuevo.

—Es mejor que hacerlo en la cabaña de un cuida-osos. Seguro que se casa contigo porque no encuentra mucha diferencia entre tú y las bestias salvajes: feas, gruñonas, con kilos de más y demasiado pelo… claro que de eso ya no tiene que preocuparse— termino orgulloso de mí mismo, mirándola de cerca y con una indescriptible sensación triunfal.

Oh-oh.

Veo como en cuestión de centésimas de segundo toda su determinación se transforma en incredulidad y da paso a un profundo e innegable sentimiento de tristeza. Vuelve a darme la espalda para que no la vea.

—¿Estás llorando?— pregunto más tembloroso que un flan, sintiendo como toda mi anterior elocuencia me abandona para convertirme en un ser balbuceante y nervioso. —¡No llores!

Ella no contesta.

—¿Es porque te he llamado fea? era mentira, en realidad no pienso que seas…

—¡Parezco un chico!— grita apretando los dientes y conteniendo el llanto.

—...nada f… ¿un chico?

Y en ese momento siento como algo me estruja el corazón. Tonto, estúpido, ¿cómo no me he dado cuenta antes?. Ha perdido su hermoso pelo largo, ni siquiera me he parado a pensar en ello, ¿qué significaba para ella?, ¿acaso le gustaba más así al come-hierbas?, ¿quizás lo estaba dejando crecer para parecer más femenina?.

—Cuando iba al colegio llevaba este corte y todos me confundían con un chico, y él… él siempre me dice que le gusta mi pelo largo, ¿que va a pensar ahora de mí?.

Me cruzo de brazos chascando la lengua, por algún motivo esa última frase me ha fastidiado.

—Si va a casarse contigo por tu pelo estás perdiendo el tiempo, además, a las chicas guapas les queda mucho mejor el cabello corto.

—¿Qué?

¿Qué demonios acabo de decir? repaso mentalmente la última frase a la par que enrojezco hasta las orejas. Ella me mira y ni siquiera pestañea, ahora que están fijos en mí entiendo que tiene unos ojos enormes, de color castaño muy claro, con tantos brillos que resultan hipnóticos.

—Que… que…que te queda mucho mejor ese corte de pelo, ¿vale?— respondo enfurruñado, y ahora el que aparta la mirada soy yo. Ella se queda pensativa, después parece llegar a alguna conclusión y sonríe tímida.

—Gracias.

Trago saliva mientras la observo disimuladamente por el rabillo del ojo, por un segundo me ha parecido ver un atisbo de su sonrisa… y era deslumbrante. Prefiero no pensar mucho en ello.

—De veras agradezco tus palabras, aunque sean mentira.

Pero antes de que me de tiempo a reponerme ella echa a andar por la vacía calle, entrelaza las manos a su espalda y camina tranquila, casi podría decir que en paz. Se gira un momento y me mira de reojo antes de continuar.

Diez minutos después me encuentro cruzado de brazos recostado sobre una cabina telefónica. Ella está dentro y se encuentra marcando un número con dedos temblorosos. Al parecer perdió su teléfono y casi todos sus enseres después del "secuestro". Supongo que todo esto no puede ser fácil de explicar.

Quiero darle intimidad, y por otro lado no puedo evitar escuchar la conversación.

—Kasumi, soy yo... no, sí, escucha… no voy a llegar en el tren de las ocho. No, ¡claro que no! tranquilízate, estoy bien. ¿Ah?, no digas tonterías… si, claro que sí, ya me conoces. Ha habido un problema, pero por supuesto que llegaré a tiempo, espero estar en casa en un par de días. Oye, ¿puedo pedirte un favor?... ¿puedes explicárselo tú a Shinnosuke?.

Shinnosuke… con que así se llama el adiestra-mapaches. Un momento, ¿por qué no le llama y se lo cuenta ella misma?. No puedo evitar pensar que hay algo raro en esa relación, si se van a casar es porque se lo pueden contar todo, ¿no?, ¿entonces por qué le evita?.

Finalmente cuelga el teléfono y llega mi turno. Ella se queda pensativa afuera de la cabina, con la mirada puesta en el horizonte y yo marco el número de mi madre. Necesito información, y seguro que se alegra de saber que me encuentro bien.

El teléfono apenas da dos tonos antes de ser descolgado.

¿Ranma?

Mi madre y su instinto, no he dicho una palabra y ya ha adivinado que se trata de mí.

—Hola mamá.

¿Dónde te has metido?¿va todo bien?

—Emhh… no del todo.

Ha ido a verte, ¿verdad?. Me refiero a tu mujer.

—¡No la llames así!— digo mirando su espalda de reojo, con temor de que ella le prestara la misma atención a mi conversación que yo a la suya. —Lo más importante ahora es si sabes donde está el viejo.

¿Tu padre? Hace semanas que no aparece por aquí, creo que es porque ya no me queda nada de valor para que pueda vender.

—Ya, claro, ¿y no sabrás por donde puede andar?

Si tuviese dinero estaría emborrachándose con sake barato, pero como no lo tendrá me juego lo que quieras a que está robando a alguien.

—¿Y si ya lo hubiera hecho?

¿Qué quieres decir?

Me muerdo la lengua, mejor no preocupar a mi madre más de lo necesario, ya bastantes quebraderos de cabeza le ha causado el viejo inútil que tiene por esposo.

—Nada, déjalo.

¿Sólo me has llamado para hablar de tu padre?,¿de veras no tienes nada mejor que contarme?

Resoplo consciente de que esa mujer me lee la mente. No es justo.

—Sí, está aquí conmigo contra su voluntad. Se quedará un par de días por el asunto de los papeles— suelto una mentira piadosa. Si no es bastante problema que mi padre cometa un delito, que también se encuentre involucrada una mujer con la que estoy inesperadamente casado ya resulta inverosímil.

Oh, Ranma, ¡es tan bonita!, y buena chica debo decir, educada y además de tu edad. ¡Tengo tantas ganas de veros juntos!, seguro que hacéis una pareja preciosa.

—Mamá, se casa en unos días con otro tipo así que tranquilízate.

Bueno, pero tú podrás hacer algo al respecto, ¿no?

—¿Eh?

¡Tienes que seducirla, Ranma! ¡muéstrale tu lado más masculino y caerá rendida a tus pies!

—¿¡Pero de qué demonios hablas!?

Si la dejaras embarazada sería perfecto, no necesitaría más excusa para anular su boda.

—¡V-voy a colgar!— grito tan rojo como mi camisa y golpeo el auricular quizás con demasiada fuerza. Lo miro colérico mientras intento normalizar mi agitada respiración. En serio, ¿qué tiene esa mujer en la cabeza? ¿seducir a quién? ¿pero qué se ha creído?.

Siempre lo mismo, con la "masculinidad" y demás sandeces. Que ella y yo estemos casados no significa absolutamente nada, sólo es una firma sobre un papel. No hay nada más. Ni lo hubo, ni lo habrá.

Suelto un suspiro ya recuperado y salgo de la cabina, ella sigue ahí, de pie oteando el horizonte como si esperase ver aparecer en cualquier momento a su guardabosques salvador. Aunque si mi prometida estuviera en algún lugar de Japón en compañía de su presunto "marido" persiguiendo a un ladrón bajo la amenaza de embargo de un pseudo-yakuza, yo sin duda iría a buscarla.

—Será mejor que nos pongamos en marcha— digo intentando sacarla de sus pensamientos, cualesquiera que estos sean. Ella se gira y me mira un segundo antes de asentir decidida.

—¿Ya sabes dónde se encuentra tu padre?— me pregunta, y puedo vislumbrar cierta tensión emanando de sus palabras. Espero que no sea por los retazos que puede haber escuchado de la conversación que acabo de mantener.

—Tengo una idea de donde empezar a buscar—contesto esquivo. Lo mejor que se me ocurre es comenzar por los principales mercados negros de la zona, si tiene algo valioso querrá venderlo al mejor postor. Ese desde luego no es lugar para ella, ¿pero que más remedio me queda si no llevarla conmigo?, es tan cabezota que se negará a abandonarme hasta que no tenga seguro su dojô y por supuesto, sus papeles.

—¿Y bien?— pregunta impaciente, cruzándose de brazos.

—Vamos a tener que ir a la ciudad— digo a la par que comienzo a caminar hacia la única parada de autobús del pueblo.

—¿Y dónde vamos exactamente?

—A hablar con unos cuantos contrabandistas.

—¿Tu… conoces gente así?

—Me he criado con mi padre— me encojo de hombros haciéndola ver que aquello es de lo más normal que puede esperarse de mí.

Sí, el show acaba de empezar. Caminamos en silencio hasta que noto que se detiene, me giro para ver su rostro enrojecido y el nervioso jugar de sus dedos.

—¿Ocurre algo?

—T-tengo hambre— admite apenada, y yo tuerzo el gesto al darme cuenta de que no estoy en mejor lugar que ella—. No como nada desde que salí ayer de casa.

Vaya, lo raro es que no se haya desmayado. A ver, vamos a pensar, si la invito a comer ¿sería equivalente a estar pidiéndole una cita?. No, nada de eso. Somos otra cosa, nosotros somos compañeros de viaje, sí, ¡eso es!, no tiene nada de malo que le proponga comer algo, además, ha sido ella en primer lugar la que ha dicho que tenía hambre. Me estiro orgulloso dispuesto a hacer una oferta irrechazable cuando la veo entrar en un pequeño establecimiento a la derecha de la calle.

—Ey, ¡espera!— digo siguiéndola hacia el interior. Cuando entro el delicioso olor a gyozas y ramen recién hecho me golpea en la cara. Tengo que dejar de pensarme tanto las cosas, le doy vueltas a sinsentidos. Ella se sienta en la barra y me mira de reojo, como si buscara mi aprobación. Me siento a su lado y ordenamos, ¿cuánto tiempo hace desde la última vez que comí en compañía?. Ni siquiera lo recuerdo.

La veo devorar un plato de giozas, un bol de arroz y comenzar a sorber sus fideos. Sonrío al pensar que no es una de esas estiradas con las que alguna vez he salido, que solo visitan restaurantes donde sirven platos de lechuga. No se cuanto tiempo me he quedado así, observándola en silencio mientras ella no me presta la más mínima atención.

Mi sentido común me golpea diciéndome que le haga caso a mi comida. Finalmente tomo unos palillos y doy cuenta de mi ramen, los fideos se han hinchado y ahora están blandos.

—Aaahh… estaba hambrienta— exclama mientras deja su bol vacío sobre la mesa, la sopa caliente ha hecho que sus mejillas se enciendan y parezcan manzanas maduras. Yo continúo pendiente de mi plato—. Lo necesitaba.

Y durante un momento parece tranquila, casi… ¿relajada?. Deja caer sus hombros y cierra los ojos, pone los codos en la barra y apoya su barbilla sobre la palma de su mano. Suspira satisfecha y tengo la certeza de que esa es la verdadera "Akane", la que hasta el momento no ha mostrado por temor a un desconocido como yo. Su delgadez es patente, le irían bien un par de kilos, parece demasiado frágil, una niña asustada enfrentando una situación inesperada.

Su pelo corto, negro como crines sigue oliendo a champú.

—Vas a salir cara— contesto acabando mi propio tazón y señalando con los palillos la cantidad de platos amontonados. En apenas un segundo recupera su infranqueable barrera, levanta los muros del fuerte, echa cocodrilos en el foso y se viste con una armadura a prueba de balas y sarcasmos. Me mira decidida y me parece que su anterior expresión ha sido fruto de mi imaginación.

—A lo mejor te estás haciendo una idea equivocada acerca de mí— responde, y yo parpadeo expectante —. No tengo tanto dinero como te piensas, de hecho mi cuenta está en números rojos por culpa de la boda.

La miro incrédulo.

—Vaya, entonces tenemos un problema.

—¿Qué problema?

—¿Cómo piensas pagar esto?

— Llevo más de 20.000 yens encima, idiota!— exclama claramente acalorada, yo sonrío por la gracia que me hace toda la situación, ¿siempre se lo toma todo tan en serio?.

—Con 20.000 podemos pagar esta comida y quizás los billetes que necesitamos para ir a Hokkaido, pero poco más.

—¿Hokkaido?¿¡vamos a ir a Hokkaido!?— por alguna razón palidece, sus labios que un segundo antes habían adquirido tono de durazno se vuelven blanquecinos, se encoge ante un repentino escalofrío.

—Es allí donde creo que podremos encontrar a mi padre… ¿ocurre algo?

—¿Qué? no, no es… nada. Es solo que Hokkaido está lejos, nada más.

Alzo una ceja, me está ocultando algo. Claro que lo raro sería que no lo hiciera. Me fuerzo a recordar que ella ya tenía una vida antes de chocarse de bruces conmigo.

—Siento… ya sabes, que te veas metida en este lío— ¿por qué mierda me estoy disculpando otra vez?, es culpa suya, por poner esa cara de indefensión.

—No, no te preocupes— niega con la cabeza y su gracioso peinado baila a la par que su movimiento—. Gracias por lo del pelo— termina llevándose la mano de nuevo a sus cabellos.

—Supongo que tu prometido estará preocupado.

—Ah, sí, bueno, él… lo entenderá.

Wow, entonces debe ser el tipo más comprensivo del mundo, tuerzo el gesto y paso de seguir preguntando. No me interesa ese come-césped. Para nada.

No se lo has dicho, no te has atrevido a contarle que ahora tienes que estar con tu "marido" en la búsqueda de tu "suegro" para que tu familia pueda seguir viviendo como hasta ahora.

Eso te convierte en una inconsciente o en una manipuladora, ¿qué eres de las dos? ¿quizás un poco de cada?.

—¿Nos vamos?— pregunto a la vez que yo mismo pago el almuerzo, si ella no tiene dinero yo menos todavía. Hoy no es un problema, pero en unos días la situación puede ponerse incómoda.

Se levanta y me sigue hacia afuera. Caminamos por una estrecha calle mientras el sol va cayendo poco a poco en el horizonte. La estación está a casi tres kilómetros y aún así en el trayecto no decimos una sola palabra, ella me mira un par de veces, creo que con curiosidad pero continúa en silencio.

Y por algún motivo no me siento incómodo, no es como si tuviera la incesante necesidad de llenar ese vacío. Así está bien, simplemente caminar mientras los ruidos del pueblo anocheciendo nos acompañan.

La estación se ve cercana, con suerte pasará un tren que nos llevará hacia nuestro destino. Esta vez los billetes los paga ella. Cuando finalmente nos sentamos pareciera que hubiéramos estado caminando todo el día.

Tenemos asientos enfrentados, uno ante el otro. Pronto prenderán las luces y el ambiente perderá esa ligera bruma de misticismo, pero mientras tanto, mientras llega ese momento ella cierra los ojos al igual que en el restaurante de ramen.

Quizás es que no ha dormido, quizás es que han sido demasiadas emociones en un solo día. Quizás es que pasó la noche llorando.

El tren comienza a moverse y bostezo. Creo que yo tampoco he dormido nada.

.


.

¡Hola a todos queridísimos lectores!

Repasando este capítulo me he dado cuenta de que no es muy largo... bueno, luego comienzan a ser más extensos, paciencia. Yo me encuentro inmersa en el capítulo 10, aunque con todas las fiestas navideñas, de nuevo año y reyes tengo que admitir que no he escrito mucho, ¡me toca empezar el año con fuerza!.

Millones de agradecimientos a todos por leer, comentar y añadir este fic a vuestros favoritos, es el mejor regalo que puedo recibir por mi esfuerzo.

Y como siempre muchos besos a Nodokita, mi beta reader argentina ^^.

Y ahora las reviews: nancyricoleon (gracias, a mi también me gusta mucho esta Akane), Lobo de Sombras (jajaja, yo soy random 100%. Gracias por leer), Azucenas45 (gracias, el siguiente capítulo le toca a ella), jannika1990 (muchas gracias por tus palabras, la parte de volver a crear esa relación que tienen ambos para mí es un poco contradictoria, porque amo y odio hacerlo a un mismo tiempo, siempre estoy pensando en lo que quiero contar después, jajaja. Muchos besos), Dulcecito311(Hola! me temo que de momento están más a malas que a buenas y con un millón de tareas y que no les van a resultar nada fáciles. Gracias por leer), xandryx (¡ay! creo que con tu comentario me has dado justo en lo que peor llevo de este fic. Como está narrado en una primera persona cambiante eso impide contarlo todo, ¡y me estoy aguantando muchas cosas!. Lo peor son esos "huecos" que tendré que dejar obligatoriamente a la imaginación del lector cuando los personajes no tengan que regresar obligatoriamente sobre sus recuerdos. Es algo que aún estoy sobrellevando, jajaja), piki26 (¡gracias! a ambos aún les queda todo el camino por recorrer tanto con sus sentimientos como con su propia madurez. Digamos que este va a ser un viaje en muchos sentidos ;)), Akane Redfox (los hermanos Kuno son capaces de transformar un drama en una comedia solo con su presencia, jaja. Gracias por leer), Vanessamc (al anciano ya avisaron, a mi me dio más pena por dejar el coche, les habría ayudado tanto...jajaja. No, ¡si estoy un año desaparecida llamad a la policia!), Guest (gracias, espero que te siga gustando), Chiqui09 (yo siempre he pensado que en el manga Ranma es el primero que se fija en ella, y con su propia actitud ella acaba irremediablemente enamorada de él. Aún les queda mucho por avanzar ^^), mimato bombon kou (¿se casó con Shinnosuke? vuelve a leer la escena del principio más despacio y verás que se desarrolla el día de antes de la boda, así que se paciente que ya la mostraré entera, ¡y gracias por comentar!), Jorgy (¡Hola linda!, ¿viste errores? mira que me canso de repasar el texto U_U, volveré a hacerlo cuando tenga tiempo y los corregiré, gracias por avisar. Me alegra saber que esta historia se convertirá en uno de tus "vicios". Y sí "matón de tres al cuarto" significa justamente eso. Besos!), bry (uy, pues anda que no queda por ver del "bobo y caballeroso" Ranma y la "cabezota y orgullosa" Akane. Espero sorprenderte en los siguientes capítulos), susyakane(gracias! sí, como ya dije esta es una Akane un poquito diferente de las de mis otros fics, un poco más madura pero a la vez inocente, aunque igual de tenaz.), Fatima (muchas gracias por tus palabras, me halagan mucho) y Lady Ski (Gracias, como ves yo también los amo, ninguno de los dos la va a pasar nada bien, jajaja).

Muchos besos y muy feliz 2015 para todos. Mis mejores deseos para vosotros.

LUM