Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Quince días
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Capítulo 6: Lunes 18
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Ranma
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—Qué contestas, ¿te apetece luchar?— pregunta, y sé por su expresión victoriosa que me sigue conociendo mejor que yo mismo.
Maldito viejo, siempre un paso por delante, siempre demasiado listo. Un experto en encontrar las debilidades humanas, y yo, estúpido, no me he dado cuenta de que he ido a él con la mía expuesta.
Le fulmino desafiante, aún con la fina muñeca de Akane agarrada fuerte en mi mano. No puedo dejarme embaucar, no debo ceder a sus caprichos, he de mantenerme en mi decisión, pero…
La miro apenas medio segundo, vistiendo mi camisa y con esa expresión de completo desamparo.
Cuando poso de nuevo mis ojos en él ya sabe mi respuesta. Sonríe con su mandíbula desdentada.
—Hoy a las 20:00 mi local se llenará de gente esperando un nuevo combate de Tarô, y me gustaría que en esta ocasión el contrincante le durase más de tres minutos.
Vaya, se refiere a la montaña de músculos. No soy idiota, es fuerte, no le debo subestimar… pero Happosai fue mi maestro, él sabe de lo que soy capaz. ¿Quizás quiere probarme? ¿comprobar de algún modo mi estado de forma?. Si quiere un buen espectáculo eso es exactamente lo que va a tener.
—¡No! ¡no puedes!— me sorprende la chica de cortos cabellos, quién se ha interpuesto entre el vejestorio y yo mirándome atentamente, con sus ojos marrones dejando escapar la urgencia que entreveo en sus palabras. ¿Será que… está preocupada por mí?. —¡Te matará!
Una de mis cejas empieza a temblar de pura incredulidad, ¿acaso piensa...?¿ella cree que ese tipo es más fuerte que yo?. Se acabó, esto ha dejado de ser una cuestión de dinero, acaba de chocar de bruces con mi maldito orgullo, y no tiene ni idea de cuán grande puede llegar a ser.
—Vete preparando un ataud de dos metros— le espeto a Happosai, consciente de que mi contrincante me escuchar a la perfección, cosa que me importa una mierda.
—Ooooh, ¡eso significa que aceptas! muy bien, muy bien— se complace mi maestro mientras vuelve a tomar asiento y sigue recibiendo su masaje y un vaso de sake.
—¿¡Pero estás loco!? — me grita ella deshaciéndose de mi agarre, muy seria. Yo giro la cabeza con desgana, no estoy de humor para contestar sin soltar cualquier barbaridad. —¡Te va a hacer pedazos!
—¿Ah?— contesto más que harto de su falta de fé. —Dime, ¿por qué se supone que tu te las arreglabas sola para defenderte de él y a mi "me va a hacer pedazos"?
Ella resopla por la nariz y se cruza de brazos.
—Muy bien, pues adelante, enfréntate a él y que me entreguen tus restos en una caja de zapatos. Seguro que mi hermana lo tiene más fácil para tramitar un acta de viudez que una de divorcio.
—Eso te encantaría, ¿eh?. Es mucho más cómodo tener un marido muerto que un "ex"— repongo orgulloso.
Pero Akane no responde, se ha quedado blanca ante mi último comentario, y de nuevo me doy cuenta demasiado tarde de que me he pasado de la raya. Aprieto la mandíbula incapaz de formar en mi cabeza algo que se parezca mínimamente a una disculpa.
—Imbecil— repone antes de darme un empujón y salir corriendo lejos de mí. La veo marchar impotente mientras a mi espalda escucho la ácida risa de Happosai caer sobre mí.
—Sigues sin tener ni idea de mujeres— dice mientras se echa al gaznate un nuevo vaso de licor.
Mascullo mientras me meto las manos en los bolsillos, aún quedan unas cuantas horas para el combate y no es como si tuviera nada mejor que hacer que vagar por la ciudad o, de nuevo, seguir a mi "esposa" para que no se meta en líos.
Parece que tiene una especie de imán para ellos, prácticamente juraría que va equipada con el mismo que yo.
¡Mujeres! me había jurado y perjurado a mí mismo que iba a pasar una larga temporada sin saber nada de ninguna y… "pum", me cae del cielo una marimacho con la que además estoy casado. De veras que logra sacarme de mis casillas.
Como tengamos que pasar un día más en mutua compañía no se lo que va a ocurrir, casi ni nos podemos hablar sin que medien los insultos. Yo solo le ofrecí una camisa, me negué a pelear para no hacerle daño, la libré de unos aprovechados e intenté ganar un dinero… sí, es ella la que se enfada sin motivos. Que poco femenina.
Camino meditabundo sin ver rastro de ella en ningún rincón del oscuro establecimiento. Subo el angosto pasillo y llego de nuevo al cochambroso callejón anexo a una de las vías principales. Lo que me faltaba, ha vuelto a huir de mí.
Apoyo la espalda contra la pared y de ahí me dejo caer hasta el suelo, cierro los ojos y tomo aire. A los pocos minutos el capullo de las gafas hace acto de presencia, se enciende un cigarrillo y me mira con condescendencia. Me dan ganas de alzarme de mi sitio y zanjar lo que empezamos un rato antes, casi tengo más ganas de partirle los morros a él que a su amigo.
—¿Problemas en el paraiso?— pregunta burlón.
—Cállate— respondo al instante.
—Ya volverá— dice en un extraño intento por tramar complicidad, una especie de entendimiento entre tíos. Una de esas cosas que jamás he comprendido.
—Supongo— digo y de nuevo metiendo las manos en los bolsillos dejo atrás el callejón. Más vale que coma algo y tome fuerzas para lo que está por venir, basta ya de preocuparme por esa tonta, ahora lo importante es centrarse en el combate.
Unas cuantas horas después y tras haber comido en un puestecito un bol de delicioso katsudon regreso al callejón. No estoy realmente preocupado por el tal "Tarô", si no por el estúpido de mi maestro.
Que se traía negocios sucios al igual que mi padre ya lo sabía, pero que ahora fuese dueño de un sitio de esas características es, cuanto menos, sorprendente. Y no es que no tuviera talento para el engaño, la extorsión o las peleas clandestinas, todo eso le sobraba.
Lo que me sorprende es que hubiera tenido la suficiente capacidad mental, entre borrachera y borrachera, como para establecerse en la zona y hacer prosperar ese antro. El viejo sigue estando lleno de sorpresas.
Recuerdo los años que pasamos juntos, justo tras mi regreso de china. ¡Vaya experiencia!, si sobrevivir con mi padre fue difícil, hacerlo bajo la tutela de Happosai solo era comparable con ser abandonado en el desierto con un paraguas, una botella de agua y una cuchara. Aunque no puedo negar que mejoré muchísimo mi arte, algo hay que reconocerle.
Llego frente a la puerta negra y llamo un par de veces con los nudillos, esta cede y el tipo que la guarda me deja pasar de inmediato. Hago de nuevo el camino hasta la sala con altos techos y el tatami en el centro.
El ambiente no tiene nada que ver con el de unas horas atrás; la gente grita eufórica, fuma, bebe y ríe de forma grosera a la espera del comienzo de la "masacre".
Veo a la montaña hipermusculada sentado, rodeado de decenas de admiradores. En una esquina un tipo experimentado controla las apuestas, de las que estoy seguro Happosai ve una buena parte, de otra forma no me hubiera ofrecido medio millón de yenes. Adivino que su campeón debe llevar varios triunfos seguidos, los suficientes como para que los apostantes puedan perder importantísimas sumas si yo resultara vencedor.
El viejo no ha cambiado nada, es capaz de estafar a su propia gente si con ello consigue beneficios. Mis ojos se pasean rápidos entre los presentes, sin querer admitir que busco a una persona en especial. Localizo a la cabezota de mi mujer sentada en uno de los bordes cercanos a la superficie de lucha, con gesto impaciente y contradicho.
Sonrío de medio lado, mucho más tranquilo.
Me aproximo silencioso y consigo situarme a su espalda sin ser visto.
—¿Dónde estabas?— pregunto con voz neutra, pero mi enfado no debe pasar desapercibido pues ella vuelve a retomar esa expresión furiosa de la última vez que discutimos.
—Como si te importara— responde apartando el rostro.
—¿Sabes? cuando gane no pienso compartir ni un mísero yen contigo— digo, no sé qué demonios me pasa, pero cuanto más enfadada se muestra más me apetece hacerla enloquecer. Es divertido, es MUY divertido.
—¿Y quién te lo ha pedido? además, no deberías estar pensando en tu recompensa cuando aún no has dado un solo golpe— contesta descreída, parece que si bien su enfado no ha terminado por desaparecer, al menos se ha suavizado un poco.
—Mira y aprende, "doctorcita". Vas a conocer el verdadero poder de la escuela Saotome de artes marciales.
—No pienso atenderte— dice tomando asiento junto al borde del tatami, de nuevo sacando a relucir su orgullo.
Ah, claro. Ya lo entiendo, no es que me guste verla enfadada… es que está linda cuando pone esa cara; con sus finas cejas fruncidas, sus labios apretados y sus ojos marrones tornándose duros y desafiantes. No es una expresión habitual, no al menos en las mujeres que he conocido hasta ahora.
Sonrío de nuevo al verla enfurruñada y es entonces cuando mi maestro hace acto de presencia. Happosai parece henchido de pura satisfacción, ¿será que ya piensa en todo el dinero que va a embolsarse?, comienzo a hacer mis estiramientos sobre la superficie mientras el viejo se coloca a mi lado, observándome con ojo experto.
—¿Cambiaste tu rutina?
—No, sigo haciendo los mismos entrenamientos que me enseñaste.
—Bien, parece que no fui tan mal maestro después de todo.
—¿Qué tramas viejo? sabes que ese tipo no es rival para mí.
—De nuevo mi joven alumno peca de orgullo, entrené a Tarô una temporada.
—Vaya, ¿hay más locos aparte de mi capaces de soportar esa tortura que llamas entrenamiento?. Sorprendente— digo mientras retiro mi camisa y quedo con una interior de gruesos tirantes, estiro los brazos haciendo rotaciones y después centro mi atención en calentar bien las piernas.
—Con lo bien que lo pasábamos.
—Venga ya, ¡casi me muero!
—Te has vuelto muy aburrido, no me extraña que una chica tan bonita como Akane se quiera divorciar de tí.
Giro el cuello y pongo mala cara, estoy harto de que el viejo se meta en mis asuntos, pero su avanzada edad y su falta de vergüenza naturales juegan en mi contra. Sus ojos me miran alegres, dispuestos a darme una última lección.
—No deberías decirle cosas tan duras, las mujeres dolidas son capaces de cualquier cosa.
—Ya, gracias— respondo intentando acabar con los molestos consejos de pareja que no necesito, ¿qué demonios le pasa a todo el mundo?.
—Si ganas deberías comprarle algo bonito.
—Ahora sólo me interesa la pelea— repongo harto de la cháchara, tengo ganas de terminar con todo cuanto antes: vencer a Tarô, localizar a mi padre, devolverle su dinero a Kuno y dejar a mi "mujer" libre de ataduras para que pueda llevar una vida normal, como si nunca nos hubiésemos conocido.
Y de forma sorpresiva y sin ni siquiera pensarlo vuelven a mi sus palabras de ayer.
"¡Te odio!".
No suelo provocar esa reacción en las mujeres, de hecho no suelo pelear con ninguna de ellas. Normalmente soy despreocupado y alegre en su compañía, no ofensivo ni ácido; ¿será que ella es capaz de sacar lo peor de mí?.
La miro por el rabillo del ojo mientras mi contrincante sube al tatami y los gritos se vuelven tan altos que soy incapaz de oír nada, las luces son potentes y me ciegan, sin embargo a ella puedo verla, se ha puesto en pie y me observa atenta, casi con pasmo.
Me gustaría… que me deseara suerte.
Le doy la espalda y centro mi atención en la montaña que tengo delante, parece pesado y lento, pero estoy convencido de que sus golpes son como balas de cañón, más me vale que no me alcance.
Un altavoz anuncia nuestros nombres, los tímidos aplausos que me dirigen nada tienen que ver con el abrumador ambiente que envuelve a Tarô. ¿Es que acaso los tengo a todos en mi contra?. Happosai toma asiento en la zona presidencial y parece disfrutar de lo lindo, puedo ver que bajo su divertimento personal también me mira de forma analítica, esperando ver cuánto he mejorado desde que nos separamos. Muy, muy, muuuy en el fondo, el viejo es un portento de las artes marciales.
Adopto una posición de defensa básica y mi enemigo me evalúa, tomando él una variante no muy distinta. Justo ahí empiezo a notar la influencia del viejo.
Si ese mastodonte va a empezar defendiéndose lo voy a pasar mal.
Amago por su izquierda esperando que sea diestro y no le dé tiempo a reaccionar, pero me equivoco, Tarô se mueve veloz para su gigantesca corpulencia y bloquea mi puñetazo sin ningún tipo de esfuerzo. Retrocedo mientras los gritos a su favor me asfixian.
De nuevo lo intento por la derecha, pero vuelvo a toparme con el montón de músculos echándome a un lado, por abajo no es muy diferente, a mi forma de ver este combate solo tiene una solución posible, y esa es mi especialidad.
Combate aéreo.
Tomo impulso y salto por encima de su cabeza, escucho el asombro contenido en los presentes cuando estiro una pierna y caigo en picado contra su cabeza, pero Tarô me ha visto venir, de nuevo se ha cubierto y mi pie se encaja contra los músculos de su antebrazo, tomo impulso y salto hacia atrás intentando recuperar mi posición, el hace un fútil intento de atraparme en la caída y resopla con fastidio.
Seco la gota de sudor que ha resbalado desde mi sien hasta mi barbilla, esto se está poniendo interesante. Camino un par de pasos laterales, dándole espacio mientras vuelve a adoptar su posición defensiva.
Quizás esa es su estrategia, dejarse golpear hasta que el rival se encuentre tan cansado que apenas se sostenga en pie, y entonces… aplastarle como a un mosquito.
Doy otro paso más buscando una apertura, y es entonces cuando el gigante reacciona y en el lapso de un pestañeo despliega toda su fuerza bruta contra mí, le esquivo como puedo pero alcanza a golpearme en el costado, sujeto con fuerza la zona del golpe y aprieto los dientes, si no me ha roto una costilla habrá sido de puro milagro.
¿Cómo me ha dejado engañar de esta forma? una estrategia urdida en el fallo del contrario, desde luego es un buen discípulo de su maestro.
Me estiro y me repongo antes de que su puño contrario caiga sobre mi cabeza amenazando con abrirla como si fuera una sandía.
Ruedo por el suelo hasta uno de los extremos del tatami y sin pensármelo demasiado lanzo una fuerte patada contra su costado. Le acabo de hacer cosquillas. Tarô sonríe y atrapa mi pierna entre su brazo y su abdomen, lanzándome contra el suelo. Recibo el golpe a la par que ruedo y mis doloridas extremidades me lo hacen saber al instante.
Joder, es duro.
Happosai ríe y aplaude encantado con la paliza que me está dando, maldito viejo. Aprieto los dientes furioso y me lanzo de nuevo contra él intentado encajarle mi puño entre las tripas.
Consigo alcanzarle en la boca del abdomen y sonrío por mi pequeño triunfo, pero no me espero que su mano me barra la cara de nuevo haciéndome besar el suelo. ¿Cómo puede ser tan rápido y a la vez tan pesado?.
—¿¡Pero qué haces, estúpido!?— levanto la vista dolorido para fijar la mirada en la chica que, casi a mi misma altura me grita acuciante. —¿No dijiste que sabías pelear?
Oh, y sé pelear, sé hacerlo tan bien que le podría dejar con la boca abierta, es solo que no me esperaba que mi rival se fuera a defender.
—¿Estás preocupada?— pregunto poniéndome en pie, con una petulancia ni a la que yo mismo se dar explicación.
—¡En tus sueños! ¡cuidado!— exclama al tiempo que me agacho y esquivo un nuevo golpe con un par de centímetros, eso ha estado cerca. —¡Presta atención al combate!
—¡Eres tú la que me distrae!— protesto volviendo a esquivar una nueva embestida.
—¡Tienes que encontrar su punto débil!— dice a la par que yo sigo esquivando golpes y escucho su voz a mi espalda.
—¡Como si eso fuera tan fácil! ¡por si no te has fijado está acolchado por músculos!
—¡Hazle caer!¡él no podrá recuperarse de una gran caída!
¿Caer?, claro.. ¡caer!
Sonrío cuando al fin esbozo una estrategia en mi cabeza. Algo hay que reconocerle a esa chica, desde luego sabe de peleas. Tomo aire antes de tomar impulso y colarme entre las piernas de mi rival, en tan solo un segundo me encuentro a su espalda. Me pongo en pie y salto de nuevo, pero esta vez hacia arriba. Se da la vuelta intentando atraparme en el aire, pero es inútil, estoy completamente concentrado.
Trazo una perfecta elipse y en el segundo previo a entrar en contacto con él recargo mis puños, doy un par de certeros golpes en su cuello antes de desaparecer y deslizándome de nuevo como si fuera una serpiente golpeo con el codo su espalda. Después todo se vuelve un baile aprendido, patada a la rodilla, puñetazo en la boca del estómago, rodillazo en el lateral.
Finalizo con unos potentes ganchos encajados directos en su mandíbula, y el tipo apenas se tiene en pie. El silencio de la sala es atroz y Tarô da bandazos de lado a lado buscando el mejor sitio en el que dejarse caer inconsciente.
Me giro buscando los ojos marrones de Akane, quizás intentando encontrar en ellos algún gesto de aprobación. Pongo mi mejor sonrisa socarrona y la hallo con una expresión desencajada de puro asombro.
Sí, admítelo. Soy un genio.
Pero de la sorpresa regresa a la urgencia, y veo como me mira asustada antes de proferir un agudo grito. Me vuelvo a tiempo de ver como la montaña de músculos se desploma… justo encima de mí.
—¡Ranma!
Debo haber tenido una alucinación por culpa del montón de ingente carne hipertrofiada que me acaba de aplastar en forma de avalancha, si no, no me explico lo que acabo de escuchar. Acaba de gritar… ¿¡mi nombre!?.
Sacando fuerzas de la flaqueza, empujo el cuerpo de Tarô lejos de mí y consigo respirar. Me quedo tendido sobre el tatami mirando hacia el techado lleno de luces mientras los aplausos me llegan en forma de oleada, al parecer los presentes acaban de ver algo que les parecía imposible.
—¡Ranma!
Vale, esta vez sí que no hay duda, no lo estoy imaginando: ella está llamándome preocupada. Me giro al tiempo de verla trepar hasta el ring de combate y dejarse caer de rodillas a mi lado.
Su cara se interpone entre mi visión y los focos, veo su rostro oscuro con restos de diminutas lágrimas en sus ojos y soy incapaz de imaginarme el motivo, ¿quizás temía quedarse sola si me pasaba algo?. Sí, eso debe ser, no tiene sentido que esté realmente preocupada por mí.
—¿Te encuentras bien?— pregunta.
—Sí…— alcanzo a contestar incorporándome en el sitio y quedando sentado junto a ella, la verdad es que me duelen bastantes partes del cuerpo.
—¡Idiota!, si sabías pelear así no deberías haber arriesgado tanto al principio.
—Estaba intentando medirle— digo llevándome una mano a la cara y comprobando que tengo un golpe en el labio. —Auch…
—Y casi te mata— repone tomando mi rostro y examinándolo de forma crítica mientras lo gira de lado a lado sin ningún cuidado.
Me dejo hacer mientras siento sus finos dedos contra mi piel, intentando que no note mi cada vez más acuciante sonrojo, ¿pero qué me pasa?.
—No esperaba menos de ti, muchacho— dice Happosai, quién se ha subido al tatami y me mira satisfecho mientras aspira el humo de su pipa.
—Vamos abuelo, déjate de halagos. Dime ahora mismo dónde está mi padre.
—Genma me hizo una visita la semana pasada, al parecer tenía en su poder un objeto de gran valor, y por supuesto recurrió a mí.
—¿Un objeto? ¡eso fue lo que le robó a Kuno!, ¿lo compraste? ¿que pasó con él?— digo impaciente poniéndome en pie, mientras Akane hace otro tanto sin despegarse de mi lado.
—Me temo que no, le dije que se lo llevara. Era algo demasiado arriesgado para mí, y ostentoso si me permites decirlo. Le di un par de nombres y se largó.
—¿Quienes?— vuelvo a preguntar perdiendo mi escasa paciencia.
—Oh no, no puedo revelarte esos datos, pero te diré que fue hacia el oeste. Quizás puedas encontrarle en Rumoi.
Decir eso y nada es lo mismo, le miro colérico sabiendo que Happosai me estaba mandando a buscar una aguja en un pajar. Seguirle la pista a mi padre siempre ha sido agotador.
Akane se encoge nerviosa, ha sido un día largo y comprendo que lo mejor que puedo hacer por ella, por ambos, es salir de ese sitio.
El tipo de las gafas me entrega una bolsa de viaje llena de billetes con una expresión que bien pareciera que he insultado a su madre. Apenas la abro y se me seca la boca al comprobar que no estaban de broma al ofrecerme una cantidad tan disparatada, tal vez debería participar en esos combates más a menudo.
—¡Akane-chan! vuelve cuando quieras— grita Happosai moviendo las manos y lanzando besos al aire, ella le mira con cara de asco.
—Nos vamos viejo, intenta no morirte hasta que vuelva.
Ha llegado la hora de marcharse, me echo la bolsa al hombro y me despido levantando la mano a mis espaldas.
—¡Recuerda lo que te dije Ranma!— suelta a traición mientras sigue meneando las manos en el aire escoltado por un par de chicas jóvenes que le ríen las gracias. Pervertido arrugado… apresuro el paso para salir del local mientras Akane me da alcance.
—¿Que fue lo que te dijo?— pregunta curiosa.
—Nada— respondo notando como vuelven a enrojecer mis mejillas.
El aire nocturno de la ciudad nos golpea a los dos, ella se encoge de frío y yo la miro culpable. Mi camisa tampoco es la gran cosa para protegerla del clima.
—Será mejor que busquemos un lugar para pasar la noche— digo encaminándome hacia una de las calles principales, ella me sigue mientras se abraza a sí misma.
Me paro y suspiro.
Tomo uno de los abultados fajos de billetes de la mochila y se lo tiendo sin más.
—Ten, comprate algo y deja de tiritar todo el rato— digo huraño, Akane pestañea incrédula. —Me pone nervioso verte tan incómoda, ¿¡vale!?— intento explicarme de nuevo, pero solo consigo verme como un estúpido, ella mueve ligeramente los pies en el sitio y yo le entrego el dinero sin más. Luego me doy la vuelta.
—Reservaré dos habitaciones en ese mismo hotel, no tardes— digo señalando al pequeño aunque elegante lugar que queda a uno de los lados de la calle. No quiero girarme y darle la cara, ya bastante vergüenza he pasado con ese gesto. Hago justamente lo que he dicho que voy a hacer, entro en el alojamiento y me voy directo a tomar un baño.
Casi dos horas después y cuando estoy apunto de caer dormido escucho como alguien llama a mi puerta. Abro un ojo y enciendo la luz.
—¿Quién es?— pregunto molesto, la tímida respuesta tarda unos segundos en llegar a mis oidos.
—Soy yo, Akane.
No se que hora es, pero se que es la primera vez que ella llama a mi habitación y no al contrario. Me levanto de la cama y abro la puerta antes de encontrarme con ella.
Akane lleva puesto un abrigo de color gris, mullido y calentito, de hecho parece que toda su ropa es nueva, mira hacia el suelo tímida mientras me muestra lo que lleva en las manos.
—Traje cosas para… curarte— repone apartando la mirada y alzando un diminuto botiquín que parece haber adquirido para el viaje.
Mi cara de idiota debe ser digna de hacer una foto, cierro la boca ahorrandome cualquier tontería que fuera a salir por ella y me quedo callado mientras entra en mi habitación.
—¿Estabas durmiendo?— pregunta cuando mira hacia la cama, yo niego con la cabeza.
—No, estaba dando vueltas.
—No quería molestarte, es solo que… no podía dormir tranquila— dice quitándose el abrigo y tomando asiento en mi cama, luego me mira atenta. Yo levanto una ceja expectante, ella rueda los ojos. —Ven de una buena vez— ordena autoritaria, y yo no tengo fuerzas para replicar, me siento frente a ella mientras abre su pequeña cajita y comienza a sacar enseres.
—No es necesario, ya me limpié las heridas— repongo, pero ella no me presta la más mínima atención, saca un rollo de venda, extiende la mano y vuelve a mirarme impaciente.
—¿Qué?
—Tu pié, te lo has torcido.
—¿Como sabes...?— sin darme tiempo a más alza mi pie y examina mi tobillo, metiendo los dedos justo donde más duele. —¡Aaaaayyy!
—Te estuve mirando durante todo el combate, ¿recuerdas?, pisaste mal en una de las caídas y después de regreso por la calle cojeabas un poco.
La miro asombrado mientras ella comienza a vendarme con infinito cuidado, prestando atención a la pequeña lesión que yo no había dado ninguna importancia. No es solo ese detalle, durante el combate no me perdió ojo, lo sé, estuvo atenta de cada uno de mis golpes y los siguió como solo un experto sabría hacer.
—Si se venda bien en dos días dejará de molestar— dice mientras continúa dando vueltas a mi tobillo, no estoy acostumbrado a tanta amabilidad, y menos hacia mi salud.
¿Será que ese vejestorio al final tenga razón en algo?
—Entonces... ¿no me odias?
Ella se queda estática durante un momento, alza la vista de su trabajo y sus ojos marrones se encuentran con los míos. No se porqué lo he dicho, si ha sido simplemente otra de las montones de estupideces que digo a lo largo del día, o una parte de mí, una pequeña y rechazada parte de mí necesita saberlo.
Aparta la vista y continua con el vendaje.
— No te odio.
—¿Por eso te enfadaste conmigo esta tarde?— pregunto de nuevo, Akane termina su trabajo y comienza a recoger las vendas.
—Yo soy médico, no consentiría que salieses herido en mi presencia, y por supuesto tampoco prefiero ser viuda a tener un "ex", que tontería.
Toma una gasa y la empapa en antiséptico, alza su mirada color chocolate y me impacta ver en ella tanta seriedad inesperada. Realmente la jodí, no debería haberle dicho eso, fue una estupidez.
Arrugo las cejas arrepentido intentando de nuevo formular una disculpa, en lugar de eso siento el escozor de las heridas cuando ella comienza a aplicarles yodo. Me quejo pero Akane insiste en realizar las curas, así que finalmente me quedo quieto mientras retengo en mi mente el momento en el que la vi correr hacia mí, gritando mi nombre. Me pregunto si yo alguna vez podré llamarla por el suyo.
Termina de revisar las heridas de mi cara, satisfecha, pero antes de guardar todos sus enseres me mira una última vez.
—¿Te duele algo más?— pregunta con un interés genuino.
Y yo guardo silencio, espero por el lapso de varios latidos a decidir una respuesta correcta a tan simple pregunta. Sí que me duele algo, en este mismo momento siento una punzada en el corazón que apenas y me deja respirar. Estoy a punto de levantar un dedo y señalarme sobre el pecho, pero me lo pienso mejor.
Niego con la cabeza y ella cierra su botiquín, se pone en pie de forma resuelta y toma la puerta, espera un par de segundos y se despide con un adorable "buenas noches". Cuando se marcha yo le respondo al silencio.
—Buenas noches.
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¡Hola de nuevo!
Ahora que lo veo, este capítulo no es especialmente largo. La verdad es que aparte de la pelea no pasan muchas más cosas... bueno sí, algo pasa entre esos dos cabezotas, jajaja, al menos el tonto de Ranma parece que comienza a percatarse de algo.
Muchas gracias a todos por leer, ¡gracias, gracias, mil gracias!. Y también por vuestros comentarios, me llenan de felicidad y son el mejor pago para el esfuerzo del escritor. Mientras escribo estas líneas estoy "peleándome" con el capítulo 11, que además de ser complicado es doble. Cuantos dolores de cabeza me traen esos dos _.
Respondiendo reviews: Mix(Gracias por dejar una review, sé que faltan escenas románticas, peor llegarán...poco a poco, jejeje), Geral(Gracias, me alegra mcuho saber que te está gustando mi fic), Rokumon(bueno, para el final aún queda muuuuucho camino, espero que disfrutes del fic y seguro que tus cuestiones van aclarándose por sí mismas poco a poco), exsho(muchas gracias, espero que te haya gustado el capítulo), susyakane(Muchas gracias, el maestro solo es el primero de varios locos en hacer acto de presencia. Y no te preocupes, soy incapaz de maltratar a Akane durante mucho tiempo, ya ves que ya le puse ropa normal, pero sí, a mi se me hizo lindo que llevara la camisa de Ranma...), Sav21(yo también amo a Ranma celoso! jajaj, no dudes que lo verás más veces. Esperar diez días no es tanto, a mi casi ni me da tiempo a armar un nuevo capítulo... ya llevo retraso para las siguientes entregas U_U), Dulcecito311(Me hizo gracia plantar a Happosai como una especie de empresario ilegal, creo que le queda bien. Aún queda mucha historia y muchos líos por delante, ¡gracias por comentar!), Minato bombon kou(lo del ego de Ranma es imposible arreglarlo, ni modo, mejor ni pensarlo y quererle tal cual, jajaja. Yo también creo que con un poco de lemon terminarían antes las peleas... ¡pero no sucumbiré!¡lucharé contra mi mente pervertida! agggg), xandryx(la verdad es que en este capítulo se le fue un poco la mano, peor creo que al final hasta el mismo se dio cuenta. Eso es bueno, ¿no? XD), Piki26(¡Gracias por tu review, artista! si que los habrá, pero tendréis que esperar un poquito, solo un poco a que se conozcan mejor), nancyricoleon(creo que Akane aún no se da cuenta de lo que es capaz su "maridito", solo es cuestión de tiempo que lo termine descubriendo, ¿le gustará? :P), ar30982(¡muchas gracias! y como he dicho antes, 10 días no son tanto, a mi me terminarán ardiendo la punta de los dedos de teclear tan deprisa como puedo, jajaja), bry(¡muchas gracias por tus palabras! yo siempre intento dar lo mejor de mi, pero obvio que las sensaciones de cada uno son propias e individuales. Me llena de orgullo saber que te impacta tanto, supongo que eso significa que lo que escribo consigue llegar hasta vosotros, los lectores, muchas gracias, me haces muy feliz. ¿Qué murmuraba Ranma? seguro que alguna palabrota, ese chico tan maleducado... XD. Y sobre la conversación con la anciana, lamentablemente no volveremos sobre ella hasta muy adelante, pero sí, el bobo de Soun siempre estuvo preocupado por Akane, es un personaje adorable a su modo), Xilxis(¡Gracias! cada diez días y mientras no me atasque en ningún capítulo tendrás una actualización ;) ) y Jannika1990(Muchas gracias por tus palabras, siempre y pese a todo intento conservar la personalidad de los personajes, incluso recrear escenas "parecidas" al propio manga. Mil gracias por leer, muchos besos).
Y por supuesta mil besos a mi beta reader argentina, Nodokita. ¡Viva el chimichurri!(el picante).
De nuevo muchas gracias por leer, os espero en el capítulo 7 en poco días.
Muchos besos.
LUM
