Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
.
~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~
Quince días
~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~
.
Capítulo 7: Martes 19
.
Akane
.
Me parece mentira lo bien que me encuentro al despertarme: he dormido en una cama, me he dado un largo baño, tengo ropa limpia y además me compré una mochila de viaje con todo lo necesario. Mi nuevo champú huele a fresas y me di el lujo de gastar dinero en un perfume, uno que en mi vida hubiera adquirido de seguir en Nerima y llevar una contabilidad casera humilde: un perfume de olor a nenúfares y brotes de bambú.
Sigue haciendo frío, pero hoy estoy de mucho mejor humor. Salto de la cama, me miro al espejo y termino de empacar mis pertenencias, supongo que el plan consiste en ir a Rumoi y continuar buscando en lugares poco recomendables al ladrón de mi suegro.
Por bochornoso que sea, lo de ayer fue una de las experiencias más impactantes de mi vida. Estar en un lugar como aquel siendo mudo testigo de un combate de ese calibre… fue alucinante. No pensé que Ranma luchara así, de hecho, no sé de nadie que pueda luchar de esa manera.
Es un genio, es increíblemente bueno, pero eso jamás lo admitiría ante él. Ni eso, ni que tiene un cuerpo de infarto.
Mejor sacar esos pensamientos de mi cabeza, la muevo un par de veces en señal de negación como si así pudiera librarme de la imagen del chico de la trenza sobre el ring, mientras el sudor empapa su camiseta y la determinación brilla salvaje en sus ojos azules.
Ah, mierda.
Fuera, ¡largo de aquí!, ¡estoy comprometida!. Eso es, mejor pensar en Shinnosuke… a quién quiero engañar, no puede competir con él físicamente.
Ah, mierda.
Y además está eso. Qué vergüenza haber gritado su nombre de esa manera, como si fuese una novia preocupada. Solo espero que la algarabía fuera lo suficientemente potente como para que no me escuchara.
Como sea esta aventura va a terminar pronto, de hoy no puede pasar. Ya llevo cuatro días fuera de casa, si vuelvo a llamar por teléfono sin noticias de mi regreso mi familia comenzará a preocuparse de verdad.
Tomo aire y salgo de la habitación, miro contrariada el pasillo vacío, sin duda me esperaba encontrar junto a mi puerta al chico de la trenza; ¿Será que acabó tan cansado del combate?.
Camino hacia su habitación y llamo a la puerta, no obtengo respuesta por lo que pego la oreja a la superficie intentando escuchar algo. Vuelvo a golpear, esta vez más fuerte.
—Ey, ¿estás despierto?— pregunto mientras tomo el pomo, no será por no haberlo intentado. —V-voy a entrar— me anuncio entre nervios e impaciencia, pensaba que la dormilona era yo.
Justo cuando estoy abriendo la puerta una voz me sorprende a la espalda.
—¡BU!— exclama el muy idiota en mi oído mientras yo doy un salto en el sitio, asustada.
—¡Ja! ¡tendrías que haberte visto la cara!— dice entre risas mientras yo hago grandes esfuerzos para que mi ritmo cardiaco recupere la normalidad.
—¿Qué eres, un niño pequeño? ¡no puedes asustar así a la gente!— le digo abochornada, a la vez que intento continuar con mi dignidad intacta.
—Vaya, si tanto me lo vas a reprochar no compartiré contigo el desayuno— dice a la par que levanta una bolsa delante de mis narices, en ese momento mis ojos siguen los comestibles como si fuera un perrito y él comienza a sonreír de nuevo a mi costa. —¿Qué me dices?
Yo le arrebato la bolsa, harta de tanta burla.
—Eres un idiota— repongo retadora, aunque el hecho que quiera dejar clara mi postura no significa que tenga ganas de comenzar de una nueva pelea.
Ranma hace un gesto hacia su habitación invitándome a pasar, y yo la acepto hambrienta, deseando que el día de comienzo de una vez.
—¿Qué tal tu tobillo?— pregunto curiosa mientras saco de la bolsa un melón-pan y lo devoro, tomo asiento sobre la cama y le doy un nuevo mordisco mientras mi estómago me lo agradece. Cielos, pareciera que siempre estoy hambrienta.
—Mejor, gracias— contesta él sentándose a mi lado y sacando de la bolsa otro dulce igual que el mío.
—¿Y cual es el plan?—pregunto distraída mientras rebusco alguna bebida. —¿Solo trajistes té?
—Tomaremos el autobús a Rumoi, es un pueblo de la costa y normalmente solo tiene turismo y pescadores. Bébetelo y no protestes.
—¿Y crees que tu padre estará ahí?
—Quién sabe, quizás tenga un comprador. Además, justo en esa zona se ha instalado recientemente un clan yakuza.
Dejo de masticar y le miro pasmada. Me sigue sorprendiendo que hable tan tranquilamente de peleas ilegales, mercado negro o incluso de la yakuza, parece algo tan cotidiano para él que no deja de inquietarme.
—No seréis una familia de mafiosos, ¿verdad?— pregunto mientras él toma un dónut y da buena cuenta de él.
—¿¡Qué!? claro que no. Es solo que mi padre es especialista en meterse en líos, te sorprenderías.
—A estas alturas me espero cualquier cosa— respondo consternada, él me mira con cierto interés, yo me sonrojo y giro la cara. —¿Q-qué?— pregunto nerviosa.
—¿Vas a terminarte eso?— dice el chico de la trenza señalando los restos de mi desayuno, en contestación, y a riesgo de atragantarme, me lo acabo de un solo bocado.
Un rato después ya estamos de nuevo en marcha, salto hacia afuera dispuesta a comerme el mundo y sintiendo que por fin tendremos suerte. Mi suegro no puede esconderse por siempre, además Japón es una isla, no es como si pudiera salir del país así como así.
Giro y encuentro al artista marcial a mi espalda ya con su mochila al hombro, mirándome con ese mismo gesto interrogante que ha puesto cuando quería que le diera mi comida, pero ahora no creo tener nada de su interés. Aparta la mirada repentinamente molesto y esta vez la que se siente confusa soy yo.
Echa a andar sin dirigirme la palabra y sin poder evitarlo arrugo el ceño, contrariada. Pensaba que habíamos empezado bien el día.
—¿Y ahora qué te pasa?— pregunto sin poder evitar entrometerme en su evidente mal humor.
—Nada— contesta hosco, aún así no me pasa por alto el hecho de que ha comenzado a apresurar el paso y me cuesta bastante ponerme a su altura, casi me veo obligada a correr.
Llegamos a la estación de autobuses y le miro exhausta por arrastrarme por media ciudad a paso militar, él se gira y me observa impaciente.
—No me devolviste el dinero de ayer.
—¿Eh?
Extiende la mano haciéndome saber que quiere de regreso las vueltas de lo que gasté en ropa y enseres de aseo. Ruedo los ojos incrédula, no sé si es un tacaño o simplemente quiere controlar en qué me gasto el dinero, aunque lo ganó él así que no parece del todo mal. Le entrego los apenas cinco mil yens restantes y él los observa boquiabierto.
—¿Sólo esto?
—Me dijiste que comprara lo que necesitase— respondo a la defensiva, cruzándome de brazos.
—¿Y cuantas cosas necesitabas?
—¡De todo! ¡ni siquiera me quedaban bragas!— grito indignada, dos segundos después me tapo la boca y miro a mi alrededor, percatándome de que varios viajeros me miran estupefactos. Sonrío forzada y miro al terco artista marcial sintiéndome enrojecer, claro que él no está en mejor situación.
—Puedes quedártelos— dice volviendo a girar el rostro, obviamente tan muerto de vergüenza como yo, sus mejillas se han incendiado a causa del pudor.
—Pues ya no los quiero— replico orgullosa, volviéndole a tender el dinero.
—¡Yo tampoco los quiero!
—¿Entonces para qué me los pides?
Gruñe ante la cuestión y vuelve a ignorarme. En serio ¿qué mosca le ha picado? ¿por qué estaba de tan buen humor en la mañana y ahora vuelve a comportarse como un cretino?. Ya sé que no es algo por lo que deba preocuparme en exceso, al fin y al cabo pronto nos despediremos, es solo que no soporto sus malos modos.
—¿Sabes? así ninguna chica se casará contigo— le digo caminando tras él, y sorprendentemente pega un brinco y me mira por encima de su hombro.
—¿Y quién demonios ha pedido estar casado?— contesta a la defensiva.
Le miro de forma desapasionada, si las mujeres somos complicadas sin duda los hombres son unos estúpidos.
—Shinnosuke es mucho más amable que tú— pienso en voz alta.
—Como si me importara el criador de monos que tienes por prometido— resopla desdeñoso, no me gusta que insulte así a mi futuro marido, ahora que lo pienso, creo que lleva haciéndolo desde el principio. Será grosero.
—Siempre escucha lo que tengo que decir, y jamás nos hemos enfadado. Ni siquiera una vez.
—Estupendo…— resuelve de nuevo con voz ronca.
— Él…— me quedo callada ante la visión de un pequeño puesto en una de las esquinas de la estación de autobuses, el chico de la trenza sigue caminando hasta que se da cuenta de que no le sigo, es entonces cuando, colérico, vuelve sobre sus pasos y me mira impaciente.
—¿Qué?¿ya te has cansado de hablar del riega-flores?
—Café…— murmuro mientras camino hacia el puesto guiada por el delicioso olor. Llevo días sin tomar uno, desayunando cualquier cosa por las mañanas. Y no es que no me guste el té que me trajo Ranma, es que no tiene nada que hacer contra una deliciosa y fuerte taza de buen café.
—Ya has desayunado— protesta siguiéndome y apoyándose sobre la barra del puesto, mientras yo me dedico a ignorarlo. —Vas a ponerte gorda y no entrarás en tu ridículo vestido de novia.
—Un café solo.
—Marchando señorita— contesta el amable camarero mientras prepara un expreso y lo pone en un vaso de cartón.
Por fín. Cuando lo tomo entre mis manos tengo la misma sensación que ayer, cuando al fin tomé un baño. Una increíble paz recorre mi cuerpo.
—¿Lo tomas solo?— pregunta el artista marcial, que me mira de nuevo con curiosidad, olvidando su anterior rabieta.
—Solo y sin azucar— respondo dando el primer sorbo y sintiéndome entrar en calor.
—Qué poco femenino— dice, de nuevo intentando ofenderme, lo peor es que esta vez sí que lo ha conseguido.
Miro con pesar mi adorado café y suspiro triste. Es verdad, ya lo sé, no es nada femenino.
—La primera cita que tuve con Shinnosuke fue en el hospital— digo rememorando aquel tiempo, cuando yo era una estudiante de primer año. Ranma me mira con las cejas fruncidas, pero aún así continúa en el sitio, escuchando atento. —Llevaba mucho tiempo ingresado y se aburría. En los extremos de cada pasillo había una sala de espera llena de bancos y algunas máquinas de bebida. Yo estaba de prácticas así que apenas pasaba por allá, siempre estaba demasiado ocupada, pero justo me tocó revisarle y no lo encontré. Me volví loca buscándole por la planta, hasta que finalmente salí al pasillo y lo vi al fondo, justo delante de la máquina de café. Él me sonrió y me ofreció la bebida que acababa de ordenar, un café con leche y mucho azúcar. Me pareció tan amable que le di las gracias y le dije que era mi favorito.
—¡Vaya!— exclama abriendo los ojos como un búho. —Con que tu prometido es un pervertido que quería jugar a los médicos.
Entierro el codo en sus costillas, molesta por su maldita falta de tacto, ¿es que no se puede hablar en serio con él? ¿siempre tiene que ironizarlo todo?. Camino por la estación airada, aún con mi café en la mano mientras le doy un par de sorbos.
—¿Y que pasó después?— pregunta dándome alcance, yo giro la cabeza, no pienso decir una palabra más —. Oh vamos, es un sueño erótico muy recurrente— dice de forma pícara.
Yo vuelvo a girar el rostro, y él se echa las manos tras la nuca mientras camina a mi altura.
—Déjame adivinar, desde entonces el muy tonto siempre te traía el mismo café, y tú jamás tuviste el valor de decirle que lo tomas solo, ¿me equivoco?.
Detengo mis pasos, eso es exactamente lo que ocurrió. Aprieto los dientes frustrada y él permanece altanero, satisfecho de su perspicacia.
—Vaya idiota.
—¡No es un idiota!¡es tierno y atento!— protesto harta de su desprecio.
—Te vas a casar con un tipo al que ni siquiera te has atrevido a decirle cómo tomas el café— espeta atento a mi reacción.
—No quiero herir sus sentimientos— digo y mis manos se crispan sobre el vaso ya medio vacío.
—Entonces… debe importarte mucho.
—¿Eh?— levanto la mirada al tiempo de ver a Ranma girar el rostro y dirigirse como una bala hacia la ventanilla de venta de billetes.
Por algún motivo esas palabras han hecho que mi corazón palpite rápido, y no se explicarme el porqué. ¿Importarme? claro que me importa Shinnosuke, voy a casarme con él. Es un buen hombre, amable, detallista, tímido y a veces torpe. Nunca he puesto en duda su amabilidad, ni le he contradicho, nuestra relación siempre ha sido tan apacible que casarnos era simplemente natural.
Aunque bien pensado, Shinnosuke es a Ranma lo que el zumo de melocotón al sake.
—El autobús sale en apenas cinco minutos— me informa el chico de la trenza cuando regresa a mi lado, aunque no puedo dejar de fijarme en que sus ojos me esquivan.
Sintiéndome terriblemente incómoda le sigo hasta nuestro medio de transporte, por suerte el bus va medio vacío, cada uno ocupamos una silla diferente, separados y aún a pesar de ello no muy distantes.
Resoplo fastidiada sin llegar a entender lo que tiene ese idiota bipolar en la cabeza.
.
.
Cuando el vehículo se detiene abro los ojos, no se como ha ocurrido pero me he quedado dormida. Me estiro perezosa sintiendo el dolor de mi cuello por la mala postura y no puedo evitar buscar a mi "marido".
Le encuentro en un asiento mucho más próximo al mío, ¿cuando se cambió?. Como sea me pongo de pie y recojo mis cosas mientras le observo hacer lo mismo.
—¿Ya hemos llegado a Rumoi?— pregunto intentando romper el silencio que sin motivo aparente se ha instalado entre los dos.
—Sí, te has pasado todo el camino durmiendo— replica con desinterés, comenzando a caminar por el angosto pasillo.
—Supongo que tengo sueño atrasado— reflexiono a la par que el bus vuelve a ponerse en marcha y da un brusco frenazo.
Me desequilibro por completo y caigo hacia delante, intentando amortiguar el golpe contra el suelo extiendo mis manos, pero antes de que se produzca el chico de la trenza ha dado dos zancadas en mi dirección, y en lugar de chocar contra el piso lo hago contra su pecho, duro como una maldita roca.
Él se sujeta a uno de los asientos para evitar que nos vayamos los dos al suelo y yo me agarro a su camisa china intentando recuperar el equilibrio.
Ambos nos quedamos un momento quietos, intentando averiguar si vamos a sufrir una nueva sacudida.
—Gracias— digo a la par que alzo la mirada, aún tímidamente agarrada a su ropa, él no responde, aparta la vista como si temiera con toda su alma mirarme a los ojos.
—¿A qué demonios hueles?— pregunta molesto, yo parpadeo sin entender.
—Compré un perfume de nenúfar y…
—No te lo vuelvas a poner.
—¿Qué?
—No me gusta.
—¿Estás diciéndome que huelo mal?— pregunto indignada, soltándole a la vez que mis manos se apoyan contra su inmenso abdomen y le empujan violentamente.
En contestación solo gruñe.
—¡Eres insoportable!— digo echándole a un lado y saliendo a grandes zancadas.
Cuando pongo un pie en Rumoi me sorprende el paisaje. La parada de autobús es tan solo un banco cubierto en mitad de una ladera llena de vegetación, giro contemplando la belleza del lugar y es entonces cuando lo veo.
El mar… me sorprende el azul profundo de las aguas, el brillo de la espuma blanca de las olas al ser reflejada por el sol.
¿Hace cuanto tiempo que no veo el mar? ¿que no mojo mis pies en el agua o camino descalza sobre la arena?. Tengo un viejo recuerdo de cuando era niña, corriendo y riendo con mis hermanas por una playa lejana, a mi mente llega la algarabía, el calor del sol en verano tostando mi piel, y también recuerdo la cálida sonrisa de mi madre velando por nosotras.
—Es un pueblo de turismo— dice el chico a mi lado, yo ni le miro por haber interrumpido mis pensamientos.
—Como sea— respondo con el enfado bailando aún en mi tono de voz, pongo un pie en la carretera y entonces siento el bestial agarre que ejerce Ranma sobre mi brazo, tira de mí como si fuera una cuerda y yo acabara de lanzarme de cabeza desde un puente. Su mano me oprime a la par que inevitablemente vuelvo a chocar contra él, pero esta vez no hay asiento al que agarrarse, esta vez caemos al suelo enredados mientras escucho el caucho derrapar sobre la pista y a mi espalda pasa un coche a gran velocidad, justo por el lugar que yo ocupaba un segundo atrás.
—¿¡Estas loca!?¡mira donde caminas!— exclama histérico mientras yo alzo la mirada dolorida, encontrándome a tan solo unos centímetros de distancia de su rostro y con mi cuerpo en completo contacto contra el suyo.
—¡No lo vi!¡y en primer lugar fue culpa tuya por enfadarme!
—¡Yo no hice nada para enfadarte!
—¡Dijiste que huelo mal!
—¡No dije eso!— con la respiración agitada miro sus ojos azules y mis cejas se crispan por la frustración que me produce. En serio que no tengo idea de lo que está pasando por su cabeza, siquiera de lo que dice la mitad del tiempo. Sólo sé que no se cansa de insultarme, ese parece haberse convertido en su mejor entretenimiento.
Suficiente. Me apoyo torpemente sobre él y me pongo en pie, alisando mi ropa descuadrada, él hace otro tanto sacudiéndose la suciedad del suelo.
—Pues a no ser que quieras que me tire de cabeza al mar, voy a seguir oliendo de la misma forma el resto del día— digo terca y a mi espalda le escucho murmurar algo ininteligible.
—¿Qué dijiste?
—Nada, tan solo procura ver donde pisas— contesta huraño pasando a mi lado, comienza a caminar por el margen derecho de la carretera y adivino que no me queda más remedio que seguirle. ¿De nuevo otra caminata silenciosa? Oh, sí, Ranma Saotome es el rey de la fiesta.
—¿Y… sabes por donde comenzar a buscar?— pregunto cautelosa, ¿es mucho pedir una conversación de adultos?.
—Voy a ir a la zona del puerto, allí seguro que saben darme alguna pista sobre el viejo.
—Dirás que "vamos" a ir— aclaro, por si le queda alguna duda de que va a seguir sufriendo mi presencia.
—¿No tuviste bastante con lo de ayer? te aseguro que las compañías de Happosai van a parecerte alumnos de primaria en comparación con esta gente— replica, está claro que no quiere que vaya con él ni por asomo, de nuevo está intentando librarse de mí.
—Me da igual, está en juego mi casa y mi dojô, no pienses que voy a dejarte solo— termino firme, ante todo tengo que hacer prevaler mi postura. Si estoy dando vueltas por el norte de Japón a tan solo unos días de mi boda no es por gusto, no tengo tiempo para juegos.
—Como quieras— dice mientras nos aproximamos a la zona más poblada del lugar, enseguida comenzamos a pasar por calles transitadas y llenas de tiendas de recuerdos, aunque no deja de extrañarme la cantidad de turistas a pesar del frío.—Hay unos balnearios muy famosos— aclara Ranma al mirar mi expresión de desconcierto.
—Uah, me encantaría quedarme un par de días descansando aquí.
—Ya tendrás tiempo de descansar en tu luna de miel— dice con un gesto burlón.
—En realidad...— discrepo tímidamente — ...no tenemos dinero para una luna de miel, nada más casarnos nos mudaremos a Ryugenzawa, con el abuelo de Shinnosuke.
Ranma detiene el paso y me mira incrédulo.
—¿Te lleva a su casa a cuidar de su abuelo?¿en serio?
—Está muy enfermo— aclaro.
—Tu caza-ardillas si que sabe de romanticismo— se burla de mí, empiezo a estar hastiada de sus estupideces.
—Ya claro, seguro que tú serías mucho más romántico— le digo caminando a su altura.
—Por supuesto— dice echándose las manos tras la nuca en un gesto que, entiendo, usa muy a menudo. Sobre todo cuando se hace el interesante.
—¿Y tú dónde irías de luna de miel?— pregunto con curiosidad.
—¿No es obvio? a un lugar donde poder estar solos— me mira por el rabillo del ojo. —¡M-me refiero a mi mujer y yo! es decir… ¡a la mujer que yo elija!¡mi futura mujer!.
—Oh— repongo mirándole interesada. —¿Y ya tienes candidata?¿o al resto del género femenino le resultas igual de insufrible que a mi?.
—Para tu información tengo varias: todas bonitas, con buen carácter, mucho pecho y dispuestas a cumplir todos mis caprichos. Tal y como me gustan las mujeres.— dice enumerando cumplidos claramente dirigidos a irritarme.
—O sea que eso es lo que quieres, una mujer que se parezca a tu madre.
—¡Eh!— salta ofendido, y yo me aguanto una cruel risotada, le he dado justo donde más le duele.
—¿Entonces sí tienes novia?— vuelvo a preguntar, y esta vez contengo el aliento durante un segundo, esperando su respuesta.
—Emhh… no, yo… bueno, no me gustan las relaciones estables— dice visiblemente incómodo, está claro que no le importa lo más mínimo destripar mi vida privada, pero para la suya todo se vuelven respuestas difusas y contestaciones vanas.
—Mujeriego— suspiro asumiendo lo obvio, Ranma es ese tipo de chicos con los que jamás me juntaría. Al menos acerté en una de mis suposiciones iniciales.
—¡No soy un mujeriego!— protesta ofendido —. ¿Qué culpa tengo de que no me falten las chicas? no es como si las fuera persiguiendo ni nada de eso, simplemente aparecen.
—Ya... — contesto mirándole de forma afilada, entrecerrando los ojos —. En ese caso, mucho me temo que jamás tendrás una luna de miel que celebrar.
—Como ya he dicho antes, no me interesa lo más mínimo casarme.
—¿Nunca?
—Bueno, ya lo estoy y déjame decir que no es para tanto— afirma mientras de nuevo forma esa media sonrisa que tanto detesto.
—Supongo que solo lo es cuando estás con la persona adecuada— suspiró siguiéndole el juego, si cree que puede golpearme dialécticamente sin réplica, se equivoca por completo.
—Como si existiera tal cosa.
Le miro con curiosidad no muy segura de lo que ha querido decir, con la charla hemos terminado en el puerto. A nuestros pies se extiende un rompeolas y a la derecha decenas de embarcaciones de pesca y recreo se apretujan con el ancla echada sin el más mínimo orden.
—Es bonito— suspiro mientras el frío aire me golpea en la cara, trayendo aromas de salitre y algas marinas.
A mi lado siento como Ranma se tensa y se gira.
—Vamos de una vez, el sitio no está lejos.
Asiento en silencio y vuelvo a encontrarme con la visión de su trenza y su espalda, con la mochila medio descolgada, camina pensativo.
No hace ni cinco minutos de nuestro paseo cuando llegamos a lo que parece un restaurante normal y corriente, uno bien humilde a decir verdad; por completo lleno de pequeñas mesas e igualmente pequeños taburetes, de suelo quebrado una y mil veces y luces tenues que en otro tiempo debieron brillar. Lo extraño es que en cuanto entramos en el local las conversaciones cesan, el tumulto de los hombres reunidos se vuelve susurros y todas las miradas se posan en nosotros dos.
Me siento ridícula, pero vuelvo a esconderme tras la espalda del artista marcial, no es que esté asustada, pero no me gustan nada todos esos tipos.
Ranma toma la iniciativa y pasa por delante de ellos, esquivando personas y mesas, yo le sigo con pasos pequeños, intimidada.
De pronto uno de ellos se pone en pie, parecería un tipo corriente si no fuera por la larga cicatriz que le surca el rostro y sus ojos pequeños y amenazantes. Lleva el pelo engominado y se viste de cualquier forma, mastica de forma grotesca un palillo, dándole vueltas en los labios.
—¿Tu no eres el hijo de Saotome?— pregunta, y Ranma le mira con interés a la par que sus ojos azules le inspeccionan con detenimiento.
—Ah... ¡el tío Masato!— dice cayendo de pronto en la identidad del sujeto.
—¡Chico!¡que alegría verte!, ¡cuánto has crecido!
—Jaja, sí, hace tiempo que no venía— ríe él aparentemente tranquilo.
—¿Vienes a hacer negocios?— pregunta y sus ojos se fijan en los míos, yo aparto la mirada a la par que pellizco con timidez la camisa del artista marcial —. ¡Trajiste a tu novia!— exclama pletórico, fijándose más y más en mí, pero Ranma se aclara la garganta y va directo al grano.
—He venido a buscar a mi padre.
—¿Genma? oh, justo se fue ayer. Estuvo por aquí un par de días, la verdad es que no me quiso decir lo que se traía entre manos.
Pero él no cede, sigue manteniéndose firme y me da la impresión que ese diálogo va mucho más allá de las palabras que pronuncian, se están midiendo.
—Vamos, ¡quita esa cara tan seria!, ¿os apetece beber algo? yo invito.
Ranma tuerce el gesto y camina hacia el fondo del restaurante, yo le sigo pegada a su espalda, sin saber muy bien lo que está ocurriendo.
—¡He dicho que no está!— protesta el hombre tras nosotros.
—Como si tu palabra valiera algo— replica él llegando hasta la puerta del fondo en la que se lee un cartel: "Solo personal".
No duda en tomar el picaporte y abrirla de golpe, mudo el gesto a uno de absoluto asombro al descubrir que, más que un almacén allí hay un restaurante mucho más grande que el que hemos dejado atrás. Las mesas son más altas, la gente va mejor vestida y el humo de los cigarrillos es tan denso que las luces apenas y parecen prendidas.
—¡Viejo!— exclama Ranma, y el tal Masato le agarra por el hombro, impidiéndole dar un paso más.
—No puedes entrar ahí.
—Intenta detenerme— le reta dando un paso dentro de la sala, por un momento casi me arrepiento de haberme puesto tan cabezota con el hecho de acompañarle.
—Venga chico, tu padre es un buen amigo, no me hagas avisar a los de "seguridad".
Es entonces cuando Ranma parece evaluar la situación. Por un segundo sus ojos viajan desde Masato hasta a mí, y después de regreso a la sala.
—Solo quiero hablar— aclara, mucho más conciliador.
—No creo que ninguno de nuestros clientes quiera charlar contigo.
—¿A quién le vendió la mercancía?
Masato le mira inquiero, sus pequeños ojos negros vuelven a fijarse en mí.
—Podemos hablar, pero tu y yo… a solas.
¿Cómo? ¿qué está insinuando? Comienzo a inflamar mis ánimos ante la seguridad de estar ante un cerdo machista, un viejo que se piensa que tengo medio cerebro y la lengua demasiado larga. Abro la boca con la completa intención de dejarlo sumido en la más profunda de las vergüenza cuando Ranma me interrumpe.
—De acuerdo— asiente sin más.
—¡Eh!— me quejo y él gira el rostro resignado.
—Aguanta solo cinco minutos, no tardaré— se excusa, yo me cruzo de brazos gravemente contrariada.
—¿Y porqué no puedo ir?
—Estos tipos se dedican a la compraventa de objetos del mercado negro, y no te conocen. Al menos quédate un rato sin meterte en líos— dice intentando que comprenda, para lo que quiere puede ser muy persuasivo.
—Sé cuidarme sola— repongo y él sonríe ligeramente, como si no creyera en mis palabras.
—Será mejor que salgas fuera, no me fio de que te quedes aquí dentro.
—¿Ah?¿y qué me podría ocurrir?— pregunto contrariada.
—Pues que… es decir…— se acerca a mi oído, queriendo hablar de forma confidencial. —No es que seas guapa ni nada de eso, pero estos criminales no están muy acostumbrados a ver chicas jóvenes.
Aprieto los dientes y por segunda vez en lo que va de día entierro el codo en sus costillas.
—¡Au!¡eres una burra!
—¡No te preocupes por mí, ya me congelaré en la maldita calle esperando que termines con tus "negocios de hombres"!— le espeto a la par que me arrebujo en mi abrigo y salgo del restaurante portuario dando un sonoro portazo, estoy segura que todos y cada uno de los comensales se han encogido en el sitio antes de mirar acusadores al presuntuoso que tengo por marido.—¡Ahhhhhhhh!— grito, me pone de los nervios.
Paseo de forma impaciente por el puerto, con pasos firmes intentando entrar en calor o quizás sacarme el enfado de encima, pero es imposible, no puedo librarme de él. Llego hasta el espigón, cuyo brazo construido con duras rocas se adentra medio centenar de metros en el mar, cada vez más oscuro.
—¡Eres un idiota!— grito al océano sin poder contenerme—. ¡Un prepotente, mujeriego y estúpido artista marcial!
Respiro agitada mientras cierro los puños, el oleaje me responde susurrante, pidiéndome un poco de calma.
Realmente hace frío.
Me encojo en mi abrigo y doy una patada a una pequeña piedrecita situada al borde del rompeolas, que cae al agua sin apenas hacer ruido.
Veo salir la luna en el horizonte, mis mejillas y mi nariz se tornan rosadas a causa del viento helado, entonces me doy cuenta de que ha pasado una eternidad, estoy cansada de esperar. Me doy la vuelta sintiendo como el enfado se ha rebajado, al menos un poco. Quizás con algo de suerte ese estúpido haya terminado su "charla confidencial", o quizás me dejen entrar en esa especie de restaurante por piedad, para no morir transformada en una estatua de sal y coral.
Cuando apenas me separan unos metros del establecimiento, una figura choca contra mi hombro haciéndome caer al suelo. Se trata de un hombre corpulento, envuelto en un grueso abrigo negro y con un gorro de lana cubriendo su cabeza.
—¡Disculpe señorita, no la he visto!— dice mientras me tiende una mano y me ayuda a levantarme, lleva unas curiosas gafas redondas y en lugar de zapatos observo que viste unas sandalias de madera en sus pies desnudos.
—No es nada. — repongo algo preocupada, ¿es que no tiene frío?. Justo en ese momento me doy cuenta de que lo que lleva sobre la cabeza no es un gorro, si no un pañuelo anudado que solo sirve para ocultar su calvicie.
—Por casualidad, ¿no serás la chica que ha venido junto a Ranma, verdad?
—¿Le conoce?— pregunto curiosa.
—Bueno, yo…— duda un momento —. He de irme, ha sido un placer, y… perdóname.
—Oh no, no se preocupe, no ha sido nada— niego con la cabeza, haciéndole saber que no me encuentro ni molesta ni herida por el empujón.
El hombre me dedica una sonrisa triste que hace que las arrugas alrededor de sus ojos se acentúen. Le veo marchar con paso apresurado, desapareciendo en la cada vez más acuciante oscuridad nocturna.
No pasa más de un minuto antes de que Ranma salga del restaurante, parece contrariado y menea la cabeza de lado a lado, yo me dirijo hacia él, impaciente.
—¿Y bien?
—Nada— contesta mientras termina de cerrar su abrigo y evita mirarme a los ojos.
—¿Nada?— repito desolada, realmente esperaba que nuestro viaje no se alargara más días.
—Al menos ahora sabemos que no ha encontrado comprador, no sé que demonios le robó a Kuno, pero es algo demasiado grande incluso para los traficantes. No tardará en estar desesperado, será entonces cuando cometerá un error... y le pillaremos.— dice mientras cierra el puño, parece más afectado que yo.
—¿Qué quieres decir?¿no sabes más?
—Al parecer ya se ha largado, ese maldito viejo huele el peligro. Lo normal es que esté buscando alguien interesado en la mercancía. Se dirigirá a un gran ciudad, los tipos del restaurante creen que podría huir hacia Tokio.
—-¿¡Tokio!?— grito desencajando la mandíbula —. ¡Eso está en la otra maldita punta del país!
—¡No me chilles! ¿¡te crees que no me he dado cuenta!?
—¿Y qué demonios vamos a hacer?
Ranma gruñe a la par que aparta la mirada y mete sus manos en los bolsillos.
—Cenar.
—¿Cenar?¿es lo mejor que se te ocurre?— digo haciendo aspavientos, realmente es increíble lo que está pasando, no estamos mejor que al principio, más bien estamos dando pasos hacia atrás.
—Tengo hambre y así no puedo pensar, ¿vale?— replica comenzando a alejarse del puerto, parece que se encuentra más malhumorado por el triste resultado obtenido que yo misma.
Suspiro y hago lo único que puedo, seguirle. Me abrazo a mí misma intentando protegerme del frío y afilo la mirada sobre su funesta figura. No sé qué pasa con él, a cada momento que pasamos juntos le entiendo menos. ¿Hambre? yo también tengo hambre, pero dedicarnos a hacer turismo gastronómico por Japón no es la solución. Cada vez me siento más lejos de casa y más cerca del día de mi boda.
Un nudo se me forma en el estómago al pensar en ello, detengo mis pasos.
—¿Ocurre algo?— pregunta mientras llega junto a lo que parece una pequeña izakaya.
Levanto la vista y me encuentro sobrecogida por la imagen, con la ligera luz del establecimiento iluminando su perfil, dejándome entrever su ceño fruncido, su preocupación.
Niego con la cabeza y me apresuro a entrar confiando en entrar en calor.
Ranma me espera, abre la puerta y me hace un gesto hacia el interior, como haría un caballero pero sin perder su toque narcisista. Es extraño, pero sonrio con la comisura de los labios.
En seguida nos encontramos sentados el uno frente al otro en una mesa de robusta madera, nos hemos quitado los zapatos y los abrigos. El denso ambiente adornado con las volutas de humo de la barbacoa de carbón embriagan el lugar.
No suelo ir a este tipo de sitios tan... desenfadados. Mis compañeros de clase me invitaban a menudo a ir a divertirnos a las izakayas que rodeaban la universidad, pero ante mis constantes negativas pronto dejaron de hacerlo.
Ranma apenas mira la escueta carta y pide unos platos a compartir, aunque antes de que se retire la camarera se lo piensa mejor.
—Y también sake caliente— pide como si tal cosa.
—¿Sake?— preguntó incómoda, y él me observa entre curioso y extrañado.
—¿No te gusta?— pregunta con ese gesto burlón tan suyo, en seguida aparece nuestra bebida y la camarera se retira tras dejar sobre la mesa una botellita de cerámica de color blanco y dos platillos diminutos.
—N-no es eso— niego mientras miro como se sirve un pequeño trago—. Es solo que no tengo por costumbre beber.
—¿Ah?¿eres abstemía?
—No exactamente… nunca he probado el alcohol.
Alza una ceja como si no terminara de creerse lo que le acabo de decir, la camarera llega en el impás silencioso que nos envuelve y deja sobre la mesa un par de platos que se ven irresistibles.
Me aclaro la garganta y tomo mis palillos para atrapar una pieza de pollo. Cuando el chico de la trenza consigue reaccionar sirve el licor en el pequeño platillo que hay frente a mí y me mira impaciente.
—¿Pretendes emborracharme?— digo desconfiada, mientras mastico el mejor pollo crujiente que he probado en mi vida. Tengo que decirle a Kasumi que busque la receta.
—¿De veras que nunca has bebido?, pensaba que estudiabas en la universidad.
—¡Idiota!¿que te crees?, ¿que los universitarios somos un atajo de irresponsables que nos pasamos la vida de fiesta en fiesta?
Parece pensárselo durante un segundo.
—Sí— asiente tomando él también un buen trozo de carne.
—¡Umh!— tuerzo el gesto y evito mirarle, no estoy dispuesta a caer en su juego.
—¿No será que no te invitan a las fiestas?¿tan poco popular eres?
—¡Déjalo de una vez!— exclamo comenzando a estar más que harta de esa curiosa habilidad que tiene para hurgar en mis asuntos. Lo peor de todo es que ha hecho diana.
—Es eso, ¿verdad?— apunta maquiavélico, y yo le miro furiosa, tomo el vaso de licor y me lo bebo de un solo trago antes de dejarlo con un golpe en la mesa.
—¿Satisfecho?
—No tienes que beber para impresionarme— dice mientras él mismo se lleva el licor a los labios y da un pequeño sorbo.
—No pretendo impresionarte, solo que cierres la boca y dejes de meterte en mis asuntos. No haces más que preguntar y ser hiriente, cuando yo apenas sé nada de tí.
Siento tanta vergüenza ante mi repentino discurso que no puedo hacer otra cosa que fijar mi mirada en el okonomiyaki que nos acaban de servir. Tomo un trozo y lo mastico automáticamente, después agarro la pequeña jarra llena de sake caliente intentando encontrar algo de mi extraviado valor.
Ranma se aclara la garganta y yo alzo la mirada, atenta.
—Me crió mi padre— dice mientras un ligero rubor cubre sus mejillas, toma aire y sigue hablando. —Cuando apenas tenía un año le hizo una extraña promesa a mi madre, no regresaría conmigo hasta haberme convertido en todo un hombre. Fue así como comenzamos a viajar, visitamos toda Asia entrenando, buscando retos y aprendiendo nuevas técnicas, de esa forma me convertí en un artista marcial. Pero en nuestra última visita a China… — me mira con recelo y sacude la cabeza —. Tuvimos un "accidente" que después hizo que todo se complicara. En resumen, no conocí a mi madre hasta hace apenas un par de años, cuando conseguimos resolver el problema.
—¿Problema?— repito curiosa.
—Es demasiado largo y extraño de contar, no te lo creerías.
—Entonces tú también la has debido echar mucho de menos— reflexiono sin poder evitar sentirme conmovida. Ranma está haciendo un verdadero esfuerzo por abrirse un poco a mí. El muy ególatra, fanfarrón y desconsiderado me está hablando de su vida, una vida por cierto nada fácil.
—Sí, pero aún seguimos siendo un poco distantes. Ella intenta protegerme constantemente de los problemas en los que me mete mi padre y yo… bueno, yo intento que ella no se vea envuelta en todas mis locuras.
—Creo que sabe defenderse sola— sonrío a la par que recuerdo la hermosa katana apoyada sobre la pared de la cocina.
—Viene de una antigua familia de samurais.
—Debe ser increíble reencontrar a tu madre después de tantos años.
—No lo digas así, es vergonzoso— repone terminándose su trago y volviendo a servir ambos vasos, yo sonrío a la par que siento el agradable calor del licor comenzar a hacer mella en mí. Me siento relajada, estoy cómoda, ¿hace cuanto tiempo que no me siento así?¿sin el extraño peso enganchado a la boca de mi estómago?¿sin la incertidumbre del mañana impidiéndome dormir o comer?.
—Yo daría lo que fuera por volver a ver a la mía, por poder hablar con ella y contarle que me voy a casar, que voy a dejar los estudios y que me iré lejos de casa. Me gustaría tanto saber lo que piensa… si está… orgullosa de mí.
Intento controlar las lágrimas, de veras que lo intento, no sé cómo demonios hemos llegado a ese punto. Quizás sean todos los recuerdos que me trae esa playa en la que veraneamos durante años, o ese lugar donde está mi familia materna, no lo sé, solo siento que la necesito, que por primera vez en muchos años la angustia de su pérdida me oprime el corazón.
Ranma empuja el platillo lleno de sake hacia mí.
—Bebe— dice con sencillez —. Puede que los universitarios tomen para divertirse, pero el sake también sirve para dejar de estar triste.
—¿Es lo mejor que se te ocurre?— le espeto llevándome de nuevo el licor a los labios, él también alza el suyo y ambos nos lo terminamos de un trago.
Una hora después me siento tan mareada que apenas y hablo claramente. Ranma se levanta para ir a pagar la cuenta pero yo me pongo en pie y le detengo. Tengo que quedarme quieta unos segundos para que el suelo deje de moverse.
—Yoh paggo, aún te debbo 5000 yiennss— digo extendiendo todos los dedos de una mano, si no me fallan las cuentas tengo cinco dedos, eso servirá para ilustrarle. Él me mira desde su altura y sonríe ligeramente.
—Déjalo, mejor pago yo y vamos a buscar un hostal— dice y me enfado al ser consciente de que a él no se le traba la lengua al igual que a mi, ¡será desgraciado!.
—Nooo, yo paggo— repongo testaruda, comenzando a buscar mi cartera que debe estar en algún lugar desconocido de ese gigantesco bolso. Palpo nerviosamente los bolsillos de mi abrigo antes de que me invada la certeza — .¡No eshtaaa!
—Lo haré yo— insiste echándome delicadamente a un lado y terminando de abonar la cuenta.
—No lo entiendhesh, ¡no encuentrlo mi carrtera!¡me han robbado!
—¿No será que la has perdido?— dice volviendo a mi lado y haciéndome salir al exterior, el frío consigue aligerar un poco mi enrevesado pensamiento.
—¡Fue eshe hombre! ¡el tipo del reshtaurante de maffioshos!
—¿Te robaron la cartera ahí? lo cierto es que no me extrañaría …
—Nooo, fue el hombre calvo con gafash… él me robó— termino antes de que una idea veloz azote mi cabeza, a apenas unos metros se extiende la playa y a lo lejos me espera el oscuro mar.
—¿¡Qué has dicho!?— pregunta alterado, pero por algún motivo le escucho muy lejano.
Ya no siento frío, de hecho el abrigo me sobra.
—¡Vamosh a caminarr por la arenna!— exclamo mientras corro en dirección a la playa, a mitad de camino abandono mis botas y siento el resfrescante tacto de la arena en los dedos de mis pies.
—¿Te has vuelto loca?— grita Ranma corriendo tras de mí, y yo río sintiéndome imparable, tan feliz de estar en ese lugar que no puedo pensar en nada más.
La luna ilumina sobre las oscuras aguas y yo trazo círculos como si bailara en la orilla, tan alegre y despreocupada que ni siquiera me paro a pensar que estoy demasiado cerca del agua.
—¡Aaaaaahhhhhhhhhh!— grito de forma lastimera cuando siento como me golpea una ola, mojándome hasta mitad de la cintura, me quedo helada y paralizada un segundo antes de que una segunda haga exactamente lo mismo.
—¿¡Pero tu eres tonta!?— exclama el chico de la trenza llegando a mi lado visiblemente alterado, me toma en brazos y yo me agarro por instinto a su cuello. —¡Joder!.
Él también se ha mojado, yo comienzo a reír ante su cara de enfado y él me responde iracundo.
—¡Yo no le encuentro la maldita gracia!— dice y con un movimiento experto me agarra como si no pesara nada y me echa sobre su hombro, cual saco de arroz.
Vuelve sobre sus pasos y toma mis zapatos junto a mi abandonada mochila, que se echa al otro hombro.
—¡Ya sé porque no bebes!¡es porque no sabes!
—Shueltamee, pueedo caminarr.
—No, ¡no puedes!¡no puedes ni mantenerte seca!
Veo el piso avanzando a toda velocidad sobre mi cabeza mientras las ropas mojadas se pegan a mi cuerpo, y siento el firme hombro del artista marcial clavándose en mi estómago.
Soy vagamente consciente de lo que ocurre a mi alrededor, sé que entramos en un lugar cómodo y caliente. Al fin me libro de la presión sobre mi abdomen y siento como sus grandes manos me depositan sobre una superficie acolchada.
Él continúa hablando, parece molesto, pero yo apenas puedo mantener los ojos abiertos.
Finalmente me dejo vencer por el sueño.
.
.
Notas:
Izakaya: taberna japonesa donde se puede comer y beber, están especializadas en servir raciones pequeñas para poder compartirse. Suelen ser sitios nocturnos a los que acuden los japoneses tras salir de trabajar.
¡Hola a todos!
Siento el par de días de retraso, pero si os soy sincera llevo una semana de bastante trabajo y quehaceres, además que me centré tanto en terminar el capítulo 11 que no quería ni abrir este, soy un tanto obsesiva cuando me pongo a escribir a tope.
Este capítulo yo lo veo como el principio real del fic, es donde su relación se comienza a profundizar en cierta medida, y eso marca mucho los acontecimientos posteriores. ¡ya llevo escrito más de la mitad! tengo que darme más prisa o en dos meses me quedaré sin nada que publicar, jajaja.
Contestando reviews: Sav21 (oooh, ¡demasiadas preguntas! algunas se resolverán según avance la trama, esperate un par de capítulo, jajaja. Ellos tienen 21 años, bien jovencitos y peleones. Me alegro de que te esté gustando, aún queda mucho por contar), xandryx (¡muchas gracias! siempre lo paso mal con las peleas, tengo miedo de pasarme de descriptiva, quedarme corta, que no se entienda… aún así disfruto con ellas porque me suponen un reto. Akane siempre es linda cuando la tratan bien ^^ ), ar30982 (¡Diez días son muy pocos para un escritor! yo a veces escribo un capítulo en apenas cinco días y otros me paso un par de meses, resulta frustrante no poder avanzar al tiempo que me gustaría. A partir de ahora los capítulos comienzan a volverse más largos, jajaja. Gracias por seguir leyendo), the girl of pig tailed (¡Hola Geral! los guisos a fuego lento saben mejor, jajaja. Gracias por tu paciencia ), Mix (gracias, yo espero que disfrutes esta actualización), Rokumon (Akane siempre ha sido muy hábil analizando pelas, lástima que en el manga esa faceta suya se vaya olvidando poco a poco. Espero que este capítulo te resulte más largo que el anterior, ¡tenéis que aprender a leer más despacio! XD), nancyricoleon (más que verse más guapos cuando están callados, yo creo que meten menos la pata. Y sí, un Ranma estaría de re-bien), kumyakane (¡gracias! me estoy esforzando mucho en él, gracias por seguirme desde el principio), mimato bombon kou (yo también creo Ranma se da cuenta de que algo raro le ocurre, aunque aún no sepa lo que es. ¿No viste la clasificación de este fic? ¡me obligué a mi misma a ponerla así para resistir a mi parte pervertida! aguantareeee), Hikari (a mi también me gusta esa escena, porque es cómica y tiene un ligero toque romántico al mismo tiempo. Ranma ½ 100%), Jorgy (ah, ¡te extrañé! espero que todo te aya muy muy bien y aunque solo te puedas pasar por aquí cada 3,4 o 5 capítulos te lo agradezco mucho. Miles de besos), liaakane (y tu leyendo XD), susyakane (para una vez que fue medio amable además queda como machista dándole dinero a la mujer, lo que no sabe es que Akane gana mucho más dinero que él, aunque ahora no tenga nada :D ), Zwoelf (¡mi lectora silenciosa! en realidad la historia más que vueltas tiene intrigas, pero la base es super simple, o al menos eso me parece a mí. Muchas gracias por seguir leyendo esta nueva historia), jannika1990 (como ya he dicho su relación avanza lentamente… a¡unque no tanto, que nos quedan poco días!. Ay amiga, ¿quién te dice que no estoy escribiendo otro fanfic trágico de forma paralela? jajaja. No puedo hacer nada contra ello, amo el drama, pero esperaré a publicar a terminar "Quince días", que me conozco...), Dulcecito311 (gracias por comentar siempre, Ranma puede ser un bocazas y un mal educado, pero creo que al menos consigo mismo es sincero, aunque a los demás no le muestre su verdadera cara. A sí mismo no se oculta lo que ocurre.), Bry (¡muchas gracias por seguir leyendo! ah, pero a esos dos aún les quedan muchas cosas de las que percatarse. Poco a poco irán surgiendo ;) ), Guest (bueno, quién dice diez días dice doce… mejor no vuelvo a retrasarme o empezaré a ver una muchedumbre con antorchas cercando mi casa, jajaja).
Muchas gracias a todos por seguir esta historia, como siempre especiales agradecimientos a mi querida argentina Nodokita.
¡Nos leemos pronto!
Lum
