Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Quince días
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Capítulo 8: Miércoles 20
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Ranma
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Siento como si me fuera a estallar la cabeza.
Me despierto y abro los ojos, cuando mis pupilas se contraen por la luz del sol aprieto los dientes y me doy la vuelta, ¿tanto bebí anoche?. No tengo consciencia de ello, yo suelo controlar muy bien cuando tomo alcohol.
Recuerdo que cargué a la estúpida y empapada Akane hasta la habitación, y después… ¿qué pasó después?, ah, sí. Le dije que se quitara la ropa mojada y la muy tonta se quedó dormida, ¡dormida!¡y como duerme esa mujer!.
—Mmmhh.
Un momento, ¿qué demonios ha sido eso?. Me incorporo del futón dándome cuenta de que me acosté a torso descubierto vistiendo tan solo con unos calzoncillos, me rasco la cabeza buscando la fuente del sonido pero no veo nada, estoy solo en el cuarto.
Suelto el aire que estaba aguantando, dándome cuenta de que me estoy volviendo paranoico, hasta que siento algo moverse bajo el grueso cobertor.
Eso sí que no puedo haberlo imaginado. De ninguna manera.
Lentamente y sintiendo como me invade el terror termino de alzar la colcha para descubrir el cuerpo de una chica, mejor dicho, de mi mujer.
Akane está durmiendo plácidamente, tan feliz que no parece saber dónde, o mejor dicho, con quién está. Ella también viste solo su ropa interior y el calor del futón (y el exceso de sake de la noche anterior) la mece de tal forma que parece imposible despertarla.
¿Qué mierda he hecho?
Piensa Ranma Saotome, ¡piensa!, ¿qué pasó la noche anterior?.
Ella se durmió con su ropa mojada y yo… yo pensé que se iba a resfriar, así que la ayudé a desvestirse, ¿no fue así como ocurrió?, ¿y entonces que hago en su cama?.
Un momento, recuerdo que llegamos muy tarde y solo les quedaba una habitación, ¡sí!¡eso es!.
Yo también me desvestí y me quedé dormido, debía ir más bebido de lo que pensaba.
Vuelvo a dirigirle una mirada fugaz, duerme de lado, con sus pechos tan apretados que bien pareciera que en cualquier momento fueran a escapar del sostén. Debería dejar de decirle que está plana… me sonrojo y sacudo la cabeza, dejo caer el cobertor mientras me doy un par de tortazos en las mejillas, intentando alejar los malos pensamientos.
Ella vuelve a moverse y esta vez choca contra mi costado, se acurruca junto a mi cuerpo de forma adorable y siento que mi cabeza acaba de convertirse en una tetera puesta a fuego vivo.
Debo. Salir. De. Aquí.
Ahora.
La retiro sin querer pensar en donde estoy poniendo las manos, si se despierta estoy muerto. ¿En qué momento se me ocurrió que dormir los dos en el mismo futón era una buena idea?¿es que anoche me volví loco?. De repente una idea aún más preocupante llega a mi pensamiento.
No pasó nada entre nosotros… ¿verdad?, ¡no!¡claro que no!. Si fuera así me acordaría, ¡solo dormimos, nada más!. Intento tranquilizarme mientras me deslizo silenciosamente de la suave superficie, pero en cuanto Akane deja de sentir mi calor a su lado, reacciona.
Igual que en las películas de zombies cuando estos se levantan de la tumba, se alza de golpe con su encantadora melenita desordenada y se queda quieta, abriendo los ojos poco a poco, gira el cuello y entonces me ve.
Trago saliva de forma pesada.
—Bu-Buenos días— digo incapaz de encontrar algo más ocurrente.
Pestañea, abre los ojos como si la acabara de despertar de una bofetada. Mira mi pecho desnudo incrédula, pero su expresión se torna mil veces peor cuando se descubre a sí misma vistiendo un sostén y una braguitas minúsculas de color blanco con dibujos de fresas.
Rápidamente se tapa sus expuestos senos con el futón y sus labios comienzan a moverse como si le costase horrores encontrar las palabras adecuadas, al igual que a mi. Cuando sus ojos se llenan de lágrimas comienzo a asustarme.
—¡N-no me he aprovechado de tí si es lo que estás pensando!— me excuso leyéndole el pensamiento. —¡Es un malentendido!
Pero sus ojos vidriosos fijos en los míos junto a su asustado silencio hacen que mi incomodidad vaya en aumento.
—Solo les quedaba una habitación y tu estabas tan borracha que ni siquiera te quitaste la ropa mojada, así que yo...
Me mira espantada. Di algo por favor, lo que sea, no soporto tu silencio.
—¡Kyyyaaaaaaaaaa!
Me deja medio sordo, me levanto a toda prisa y sólo atino a recoger mi ropa y salir de la habitación.
Resoplo mientras el grito continúa a mi espalda.
Hay una pareja de ancianos en la habitación de al lado que se han asomado a la puerta. Yo les sonrío y saludo con la mano, aún vistiendo solo mi ropa interior.
—E-estamos recién casados…— digo a modo de excusa.
Los ancianos sonríen, asienten y cierran la puerta. Yo me apoyo contra la pared y me dejo caer hasta el suelo. En serio, ¿qué me está pasando?¿qué es esta "cosa" que se agarra a mi garganta?.
Me pongo mis pantalones ya secos en mitad del pasillo, a la vista de todos los curiosos que frecuentan el hostal, termino de vestirme y miro meditabundo la puerta, los gritos han cesado.
Lo mejor que se me ocurre es buscar unos baños públicos para librarme de los restos de arena de la playa y después ir a buscar algo de desayuno, será mejor no molestarla en un rato.
Más de una hora después regreso al hostal, en apenas unos minutos será la hora de dejar la habitación. Me acerco a la puerta y la miro con el mismo convencimiento que tenía el primer día: ninguno.
La golpeo tímidamente mientras en mi otra mano sostengo lo único que se me ha ocurrido tomar a modo de disculpa. Un par de pasteles y un café solo. Sin azucar. Como a ella le gusta.
El corazón me va a mil por hora de puros nervios. Ni que fuera la primera vez que me encuentro en la incómoda situación de despertar con una desconocida, claro que ella no es como si lo fuera…
Sin querer darle más vueltas de las necesarias espero impaciente a que se decida de una vez a abrirme.
No obtengo respuesta, tomo el pomo pensando en entrar, pero recuerdo la vertiginosa imagen de Akane saliendo de la ducha con su diminuta toalla anudada al torso y recapacito. No quiero morir tan joven.
Insisto de nuevo y es entonces cuando la puerta se abre apenas un resquicio y adivino sus ojos marrones acusadores al otro lado.
—T-Traje café— tartamudeo sintiéndome estúpido, trasladado de un golpe a mi más temprana adolescencia.
Ella me mira recelosa, termina de abrir y veo el adorable color rosado que cubre su rostro, no me mira a los ojos, toma el café y me da la espalda. Entro en la habitación y cierro tras de mí.
El silencio es tan tenso que siento como si me costara respirar, busco un tema de conversación neutral que me aleje por completo de su imagen semidesnuda, de su rostro sonrosado, del maldito y delicioso olor de ese perfume que amenaza con enloquecerme.
Un recuerdo de la noche anterior asalta mis pensamiento.
—Anoche… — comienzo, y ella pega un respingo mientras sostiene el vaso de cartón con manos temblorosas, me mira con más temor del que he visto nunca en una mujer— ...hablaste de un hombre que te robó la cartera.— termino, y puedo ver el alivio y cierta decepción en sus facciones, ¿quizás se esperaba una nueva disculpa? ¡como si lo fuera a hacer después de que me haya expulsado a patadas de la habitación!.
—Sí— pronuncia apenas audible. —Creo que fue un tipo con el que choqué.
—¿Podrías describirlo?— pregunto, temiendo que se confirmen mis peores sospechas.
—Era… grande, con espalda amplia y brazos fuertes, aunque no muy alto. Llevaba gafas y una especie de pañuelo en la cabeza, debía estar calvo.
Cierro los ojos sintiendo como me invade una furia sin fin, eso lo confirma todo. Aprieto los dientes sabiendo que lo único que puedo sacar de todo esto es un fuerte dolor de cabeza.
—Era mi padre— declaro sin atisbo de duda, y ella alza la mirada provocando que nuestros ojos hagan contacto directo, estupefacta.
—¿Qué?
—No hay duda, era él. ¡Ese malnacido me entretuvo lo suficiente para dejarle escapar delante de nuestras narices!
—¡No puede ser! ¿de verdad ese tipo era tu padre? ¡tenemos que dar con él!— exclama urgente mientras yo me cruzo de brazos, pensativo.
—Si ayer estaba en el pueblo no puede haber ido muy lejos… pero lo que más me preocupa no es eso— pienso en voz alta, y ella me mira con curiosidad. —Lo extraño es que te robara la cartera. Piénsalo, ¿para qué la querría? no eres lo que se dice uno de sus objetivos habituales, cualquiera que te mire adivinaría que no llevas mucho dinero encima.
—¡Eh!—se queja claramente ofendida, sonrío internamente mientras continuó reflexionando.
—Si te robó es porque estaba desesperado, es decir, no tenía nada. Por lo cual podemos deducir que aquí tampoco ha encontrado comprador para su mercancía, es de esperar que siga llevando encima lo que le robó a Kuno.
—¿Quieres decir que intentará venderlo en otro sitio?
—Quiero decir que le está costando encontrar alguien que lo quiera.
—¿Y qué significa eso?— vuelve a preguntar, parece que ha dejado atrás sus recelos iniciales y se encuentra completamente arrastrada por mis palabras, pendiente de cada uno de mis gestos.
—Ni idea— respondo encogiéndome de hombros— Pero debemos ir tras él.
—¿Otra vez de viaje?— repone con un ligero tono cansado.
—¿Qué te esperabas que iba a ser esto?¿una excursión parando en hoteles de cinco estrellas?
—Esperaba que dieses con tu padre en menos de dos días— dice mientras se cruza de brazos, esa actitud me gusta más. Guerrillera. Alzo una ceja intentando que no se cuele en mi semblante ni una chispa de la emoción que me provoca el discutir con ella.
—Mi padre es un profesional del robo, lleva años escabulléndose de detectives, policías y cobradores. No esperarás que una aficionada como tú siquiera sueñe con atraparle.
—¿Aficionada?
—Ni te diste cuenta de que te robó la cartera.
Arde de pura ira y su ligero rubor pasa a un rojo profundo que nace de su orgullo herido.
—¡No soy ninguna aficionada!— grita a la par que adelanta un pie e intenta golpearme, yo inclino el cuerpo hacia un lado esquivando el puñetazo. Un segundo golpe sale en mi busca desde su flanco izquierdo y repito el movimiento en sentido contrario.—¡Estate quieto de una maldita vez!— grita enfadada lanzando una patada al aire a la par que brinco contra una de las paredes, es demasiado fácil…
—¿Para que puedas golpearme? prefiero que no — digo a la par que le saco la lengua, eso parece enfurecerla más todavía.
—¡Estúpido!¡pervertido!
—¡No soy ningún pervertido!— discuto plantándome frente a ella, contradicho. Akane responde apretando los puños y es entonces cuando vuelvo a atisbar el salvaje fulgor de sus ojos castaños, amenazando con derramar lágrimas de rabia.
—¿Cuanto has visto?— ataca, pero esta vez solo de forma verbal.
—¿C-cuánto dices...?— respondo nervioso, bailoteando los dedos.
—¡Te estoy preguntando si estuviste mirando!— grita roja de la vergüenza, y mis mejillas no tardan en seguir el mismo camino.
—¡Mirar el qué!
—¡Mirarme a mí, idiota!
—¿Y quién demonios iba a querer mirar unos pechos tan pequeños? deja de ser tan presumida y comienza a entrenar más, ¡tienes las piernas y el trasero blandos!— solo después de que haya salido de mi boca me doy cuenta de lo que acabo de decir.— Oh…
La veo temblar de pies a cabeza.
Unos instantes después me encuentro en la puerta del hostal con un marcado tortazo en la cara que arde como el infierno.
Estúpida marimacho.
Akane sale finalmente, con su mochila al hombro y estirando los brazos, como si el golpe le hubiera dejado más secuelas a ella que a mí. La miro resentido y ella me gira la cara, aún a pesar de ello parece que se encuentra de mejor humor. ¿Será posible que solo necesitaba desquitarse?.
—¿Dónde vamos esta vez?— pregunta sin querer mirarme, posando sus ojos en un punto muy distante.
—Tendremos que ir hacia el sur, si mi padre sigue en posesión de lo que le robó a Kuno está claro que solo alguien muy grande puede querer comprarlo. Es de suponer que se dirija a Tokio.
—Tokio...— repite perdiendo la seguridad que poseía tan solo un segundo atrás. Claro, ella es de Tokio, quizás no quiere regresar a casa hasta estar segura de haberlo resuelto todo, quizás… no quiere que de ninguna forma me cruce, ni siquiera por casualidad, con su custodia-pinos.
—Ya sabes que no tienes que venir si no quieres.— replico sintiendo algo extraño, un cosquilleo de frustración y otra cosa.
—No pienso dejarte solo, seguro que huyes con el dinero y no vuelvo a saber de tí.
—Oye, ¿por quién me has tomado?¡yo no me parezco a mi padre!
—¿De veras? no estoy tan segura… ¿sabes que la calvicie es hereditaria?
—¿¡Qué!?— grito llevándome la mano a mi querida y larga trenza negra. Es entonces cuando ella me saca la lengua burlona. Maldita chica...
Refunfuño y comienzo a caminar, unos minutos después nos encontramos de nuevo en la parada del autobús, justo en el mismo lugar que el día anterior.
El recuerdo de aquel coche acercándose a ella a toda velocidad hace que me estremezca, ¿cómo puede ser que no se fije por donde camina?. La miro de soslayo mientras se dedica a observar el mar, como si quisiera despedirse de él.
Finalmente aparece nuestro autobús, de nuevo un largo e incómodo viaje a la caza y captura de mi esquivo padre, suspiro con desgana, aunque no más que ella. No se quién de los dos está más cansado de mal dormir en autobuses y terminar con dolor de cuello.
Sube en primer lugar y me dedica una mirada apurada, tuerzo el gesto adivinando lo que quiere decirme. Obviamente no le queda un mísero yen, siquiera para pagar su propio billete.
—Ya me ocupo yo— digo mientras ella me mira entre culpable y agradecida. Tonta, aquí el único culpable de tus desgracias soy yo, no pongas esa cara.
Ocupa un asiento en una de las filas finales y yo avanzo hasta más atrás. No es que no quiera sentarme con ella… es solo que no termino de sentirme cómodo de esa manera, y lo que ocurrió esta mañana no ayuda. Simplemente necesito espacio para poder pensar con claridad, y estar a su lado no me ayuda en absoluto. Además, ni que fuéramos tan cercanos.
Me cruzo de brazos mientras la vigilo desde mi posición. Es en ese momento cuando veo como un completo desconocido ocupa el asiento junto a ella, aún a pesar de que vamos en un autobús prácticamente vacío.
Levanto una ceja. Algo en mi interior se prende en llamas, igual que si me acabaran de golpear con un cóctel molotov. Aprieto los puños y me hundo en el asiento, sin perderles ojo. Veo claramente como empiezan a conversar, como ella asiente ante alguna de sus palabras, como el brazo de ese tipo se sitúa estratégicamente sobre el reposacabezas esperando tan solo el instante adecuado para dejarlo caer sobre sus finos hombros...
—Largo— no sé en que momento me he levantado de mi sitio, ni siquiera recuerdo haber caminado hasta ellos, solo sé que ahora estoy aquí plantado con un enfado al que siquiera le encuentro explicación.
Ambos me miran, Akane con los ojos muy abiertos, creyéndose tan poco como yo lo que estoy haciendo. Pero toda mi concentración se centra en ese molesto tipo que tiene a su lado y que parezco haber interrumpido cuando se disponía a desplegar todas sus dotes de seductor barato.
—¿Ocurre algo?— dice con una tranquilidad que solo consigue aumentar mi enfado.
—Sí, que estás molestando a mi mujer.
Wow, creo que eso no lo he visto venir ni yo. Akane está pálida, el tipo comienza a balbucear una disculpa antes de levantarse a toda prisa y sentarse en la otra punta del autobús.
Le veo huir orgulloso de mí mismo, pero no comprendo hasta un segundo más tarde que ahora me queda la peor parte. Me aclaro la garganta antes de sentarme junto a ella (no estoy dispuesto a que esa escena se repita más veces) y su mirada fija comienza a ponerme nervioso.
—¿Porqué has hecho eso?— pregunta, yo miro hacia otro lado, esquivo.
—Es solo que no me gustan los babosos.
—¿Y era necesario que le dijeras eso?
—¿El qué?
—Que soy tu… es decir que nosotros e-estamos…
—Era lo más sencillo— contesto cruzándome de brazos y con la mirada puesta al frente, finjo tener sueño y cierro los ojos.
—Oh sí, dichoso de tí que puedes dormirte, a mi me duele terriblemente la cabeza.
—Se llama resaca— abro un ojo y miro de nuevo su rostro, es cierto que parece algo dolorida. Debajo de sus ojos se adivinan unas pequeñas ojeras delatoras.
—Genial, mi primera resaca con varias horas de viaje por delante— se encoge sobre sí misma y yo no puedo evitar que una fugaz ocurrencia pase por mi mente.
—Si quieres puedes… ya sabes… apoyarte en mi hombro para dormir.
—¿Ah?
Vale, estoy igual de sorprendido que tú por lo que acaba de salir de mi boca.
—¿A que viene tanta amabilidad?¿te has dado un golpe en la cabeza?
—Sí creo que me lo debes haber dado tú mientras dormías, te mueves como un gorila en la cama.
—¡Retira eso!
—¿O qué?¿me volverás a pegar?
—¡Shhhhhh!— un hombre mayor que se encuentra a varios asientos de distancia nos manda callar malhumorado, la veo morderse la lengua y hacer su mejor esfuerzo por quedarse quieta en el sitio.
—Duérmete de una vez y pórtate como una niña buena— le digo burlón, de nuevo sintiendo ese cosquilleo tan familiar al ver su cara enfadada.
—Cuando bajemos de este cacharro te vas a enterar— susurra dándose por vencida y apoyándose en el respaldo de su asiento, sonrío de medio lado, vuelvo a estar de buen humor.
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Cuando el autobús se detiene definitivamente me encuentro hambriento. Akane se despierta de su larga siesta y bosteza somnolienta. Se ha pasado la mitad del viaje luchando contra la inconsciencia pero finalmente ha terminado cayendo… justo encima de mi hombro izquierdo.
Bueno, no puedo decir que me moleste, fui yo quién se lo ofreció en primer lugar.
—¿Ya hemos llegado?
—Así es, estamos en Tokio.
—Vaya, es raro estar de vuelta en casa y no poder siquiera ir a ver a mis hermanas— reflexiona, y yo no puedo evitar pensar que debería tener más ganas de ver al busca-setas que a su familia, ¿desde cuando soy tan retorcido?.
—¿Tienes hambre? conozco un sitio cerca de la estación.
Eso parece llamar su atención, no pensaba que las chicas comiesen tanto. Sonrío de medio lado, por suerte tengo muchos conocidos en la capital, y hay un sitio en el que jamás tengo que pagar por la comida.
—¿De veras este es el sitio que conoces?— dice desde la puerta, mirando el famoso cartel azul con letras en color blanco. —¡Los restaurantes Kuonji los conoce todo el mundo! son una cadena a nivel nacional, por si no te habías enterado.— dice mirándome burlona, debe pensar que soy un pueblerino.
—Tsk, observa y aprende— respondo dispuesto a darle una gran lección de humildad.
Entramos en el recinto y en seguida nos conducen hacia una mesa cercana a una gran ventana, desde ahí se puede observar un bonito parque lleno de árboles y bancos.
Akane se queda con la vista fija en un punto fuera del local.
—¿Has visto a ese perro? qué bonito.— dice mientras el animal la mira con la lengua fuera y sus ojos bobos abiertos de sobremanera desde el otro lado del cristal, sentado de forma obediente.
—Ese perro… — reflexiono pensativo, estoy seguro de haberlo visto en alguna parte.
—Buenas tardes, ¿qué desean tomar?— me giro rápido como el rayo, esa voz es inconfundible.
—¡Ryoga!— exclamo al ver a mi amigo/rival ataviado con camiseta y delantal de camarero y una libreta para apuntar los pedidos.
—¡Ranma!, ¿qué haces aquí?— dice, parece aún más sorprendido que yo.
—Iba a hacerte esa misma pregunta, ¿qué haces aún trabajando aquí?
Akane nos mira a ambos, atenta a la conversación.
Ryoga suspira fastidiado.
—Es que aún le debo dinero a Ukyo por lo de aquella vez.
—No puede ser, ¡si fue hace más de un año!. Yo se lo pagué en apenas dos meses de trabajo.
—Ya, bueno… es que surgieron inconvenientes— dice rascándose la cabeza con el lápiz de apuntar las comandas.
—Te perdiste, ¿verdad?
Se hace el silencio, Ryoga comienza a temblar de pura ira y rompe el lapicero.
—¿¡A quién se le ocurre mandarme a comprar los ingredientes!?
—Siempre igual de despistado, la pobre U-chan no verá jamás su dinero aunque trabajes veinte años, a no ser que te ate con una cuerda a la puerta del restaurante.
—¡Ranma!— grita agarrándome por el cuello de la camisa y comenzando a zarandearme. —¡Todo esto es por tu culpa!¡si no hubieras comenzado la pelea no estaría aquí atrapado!
—¡Fuiste tú quién comenzó la pelea!— digo tomándole de la pechera a un mismo tiempo y poniéndome en pie, más que dispuesto a plantarle cara.
—Ejem…
Ambos nos giramos para ver como Akane se aclara la garganta, muchos de los comensales nos están mirando, está claro que estamos dando el espectáculo.
Es justo en ese momento cuando los ojos de Ryoga recaen sobre ella por primera vez.
Nos soltamos al mismo tiempo, Ryoga se recoloca las ropas y yo hago otro tanto, le dirijo una mirada cargada de sospecha mientras el muy idiota pone su mejor sonrisa y se presenta.
—Ryoga Hibiki, encantado de conocerte— dice inclinándose educadamente.
—Akane Tendô— responde ella apurada, no puedo evitar el percatarme de que su voz se ha vuelto una octava más aguda, casi dulce. ¿Será ese el tono de voz que utiliza cuando habla a cualquiera que no soy yo?.
A los pocos minutos nos encontramos devorando un par de okonomiyakis, y por algún motivo el de Akane tiene ración doble de gambas. Ella mastica con cuidado mientras Ryoga se pasea de lado a lado atendiendo a los clientes y visitando demasiado a menudo nuestra mesa.
—Y… ¿quién es esa U-chan?— pregunta como quién no quiere la cosa, mirando de nuevo al perro que sigue olisqueando en el parque al otro lado de la ventana.
—La dueña.
—¿La dueña de este restaurante?— pregunta sorprendida.
—No, la dueña de la cadena, Ukyo Kuonji.
Su cara de boba no tiene precio, debería decirle que cierre la boca porque desde mi posición aún veo los restos del okonomiyaki a medio masticar. No puedo evitar soltar una gran carcajada que la hace enrojecer de pura vergüenza.
—¿Conoces a Ukyo Kuonji?¿pero cómo?— no se si seguir riéndome o sentirme ofendido por toda su sorpresa.
—U-chan y yo somos amigos de la infancia, la conozco desde que viajaba junto a su padre en un carrito de okonomiyakis. Ambos teníamos unos padres bastante negligentes.
—Ah— dice mientras deja los palillos en el plato, de repente parece un tanto indiferente a lo que tengo que contarle. —Podría ser una buena candidata.
—¿Para qué?— digo bebiendo un poco de agua.
—Para casarse contigo.
Escupo todo el líquido inmediatamente y la miro espantado.
—¿¡Pero a qué ha venido eso!?— digo mientras me limpio los restos de agua y ella mira por la ventana.
—Tiene mucho dinero, podría acabar con tus deudas.
—¡Ni un tesoro acabaría con la avaricia de mi padre! además, casarse por dinero es… despreciable.
—La he visto en fotos, es guapa.— insiste, estoy empezando a perder los nervios con esta chica.
—Sí que lo es, pero eso no significa que me interese de esa manera.
—"U-chan" es una forma muy familiar de llamar a una persona que no te interesa.
Levanto una ceja, no sé a dónde demonios quiere llegar con toda esta conversación absurda. ¿Por qué parece tan molesta?, ¿qué he hecho esta vez?.
—¿Va todo bien, Akane-san?— el inoportuno de Ryoga aparece en el momento menos indicado, yo le miro furibundo, pero Akane siquiera se mueve, sigue con la mirada en la ventana. —Ah, ¿estás viendo a Blanquinegra?
—¿Blanquinegra?— dice ella girándose interesada.
—Sí, es mi perra, es la única capaz de traerme de casa al trabajo. Está esperando fuera a que termine el turno para que no me pierda.
—¿Es tu perra?— dice sin poder disimular la ilusión de su voz. —¿Puedo acariciarla?
—Claro, le encanta que jueguen con ella y lleva ya muchas horas de espera, seguro que te lo agradece.
Akane se levanta de la mesa sin siquiera dirigirme la mirada, ya no digamos la palabra. De veras que me está volviendo loco.
—¡Eh!— la llamo antes de que se aleje lo suficiente para no oírme, por algún motivo siento que hemos discutido peor que nunca aunque ninguno haya alzado la voz.
Ella se gira y sus ojos marrones parecen capaces de fulminarme, convertir todo mi cuerpo en cenizas en décimas de segundo.
—¿No vas a pagar por esto?— es la primera estupidez que me viene a la cabeza para que me preste un poco de atención. Claro que no va a pagar nada, mi propio padre le robó hasta su último yen.
Ella arruga los labios y siento como su ira comienza a crecer hasta extremos insondables, tanto que incluso el propio Ryoga se ha quedado muy quieto, tan expectante como yo. Busca algo en sus bolsillos y dando grandes zancadas regresa hasta la mesa en la que aún me encuentro sentado. Me mira ultrajada un segundo antes de estrellar contra la tabla una moneda, que queda aplastada bajo su fino dedo índice.
—Cincuenta yens, es todo lo que llevo en los bolsillos. Si tienes dudas puedes cachearme tú mismo— dice de forma lapidaria antes de darse la vuelta y comenzar a andar hacia la salida.
—O-oye... — digo poniéndome en pie, quizás esta vez se me ha ido la mano.
Ese último gesto parece terminar de ofenderla por completo, toma la puerta y sale al exterior más enfadada de lo que la he visto jamás. Me dejo caer en la mesa y me llevo los dedos a la sien, quién la entienda.
—¿Qué le has hecho?— pregunta Ryoga.
—¿Cómo quieres que lo sepa?
—Confiesa, ¿de donde la has sacado?— dice tomando asiento enfrente con gesto ansioso, más parece una vieja cotilla que un duro artista marcial.
—¿Desde cuando eres un entrometido?— suspiro mirando por la ventana, viendo como ella acaricia feliz a la perra, ajena a todo. —Al parecer estamos casados.
El silencio es tan prolongado que termino por volver la vista hacia el chico perdido, quién se encuentra en auténtico shock.
—¡Bromeas!
—Ojala y estuviera bromeando.
—Pero…¿cómo?
—Mi padre— digo encongiéndome de hombros, con esas dos palabras no necesito más explicaciones.
—Y… es decir…
—Ella vino a buscarme porque se casa con un tipo en apenas dos semanas. Nos vamos a divorciar, solo que antes hay que resolver un par de cuestiones. Eso es todo.
—¿"Eso" es todo? ¡maldito afortunado! ¡es una preciosidad!— dice señalando hacia la ventana.
—¿No has oído nada de lo que he dicho?,¡está prometida!
—¿Y qué? prometida no es casada.
—Vamos, ¿no tienes nada mejor que hacer que molestarme? Prefiero que peleemos a tener que hablar sobre esto, tengo muchos problemas ahora mismo— digo con aburrimiento, pero al parecer mi expresión resulta de lo más entretenido para el aspirante a camarero que tengo delante.
Ryoga sonríe tanto que puedo ver sus afilados colmillos por debajo de sus labios.
—Te gusta— afirma, y siento como si me acabara de caer un rayo encima.
—¡Qué dices! ¡ni loco!— grito a la vez que doy un fuerte golpe en la mesa, pero eso no consigue diluir ni un ápice la sonrisa del bobo de Ryoga.
—Ah, ¿no? entonces si me disculpas… — comenta mientras se pone en pie, y no puedo evitar hacer otro tanto y agarrale fuerte por el hombro.
—¿Dónde crees que vas?
—Voy a invitar a Akane a venir a mi casa a charlar después de mi turno, seguro que está cansada de andar con un tipo como tú.
—Ni lo sueñes.
—¿No puedo?¿y qué te importa si no te gusta?— pregunta, y yo, a sabiendas de que me está conduciendo a una trampa aprieto los dientes y hago lo que mejor se me da: fanfarronear.
—No puedes porque de momento sigue siendo mi mujer.
—Te lo estás tomando demasiado en serio para ser un matrimonio de pacotilla, ¿no te parece?
*GUAU**GUAOFF**GGGRRRR**GUAUFF*
Los ladridos de la perra de Ryoga nos sacan de un plumazo de nuestra pequeña reyerta. Miro rápidamente por el cristal y observo como un tipo un tanto sospechoso se acerca a Akane y al animal. Su imán atrae problemas parece que ha vuelto a ponerse en marcha.
—¿Pero cuántos van hoy?— pregunto en voz alta, tomo la moneda de la mesa guardándola a salvo en mi bolsillo. —Ryoga, ponlo en mi cuenta.
—¿Qué cuenta? sabes que tú no puedes pagar en ningún Kuonji, son órdenes de la jefa.
Ambos nos sonreímos cómplices, me dirijo a la salida cuando al menos cinco hombres se ponen en pie al mismo tiempo. Miro por encima de mi hombro y me doy cuenta de que estoy rodeado, ¿de qué va todo esto?. Y de pronto un mal presentimiento me asalta, escucho un grito agudo y no me cabe ninguna duda de que se trata de Akane.
Ryoga reacciona antes que yo.
—¡Akane-san!— exclama la par que intenta llegar a la puerta, pero esos tipos no parecen tener intención de dejarnos ir tan fácilmente.
—Portaos bien o la chica sufrirá— dice uno de ellos, el más joven. No se como no me he fijado en él antes; es muy delgado y algo bajito, cualquiera diría que parece un niño, pero esa impresión queda descartada por su cabeza completamente afeitada, sus grandes dilataciones en las orejas y un gran tatuaje que nace desde su cuello hasta alcanzar la línea del cabello.
El resto visten de forma casual, no se distinguen del resto de los comensales.
Esto no me gusta.
—¿Quienes sois?
Ninguno contesta, pero el del tatuaje sonríe.
—Ven con nosotros y nadie saldrá herido.
No me hacen falta más palabras para saber que estoy metido en un buen lío, escucho a Blanquinegra de fondo, sigue gruñendo y ladrando. Siento como mi auto control se desvanece mientras me invade una irracional preocupación por Akane.
Necesito salir del restaurante cuanto antes, a mi espalda intuyo el aura de Ryoga enfurecerse al mismo ritmo que la mía.
—¿Qué contestas?— pregunta de nuevo, mis ojos se afilan sobre él.
—Y una mierda.
Dos se me echan encima en ese mismo instante, esquivo un puñetazo mientras salto hacia atrás haciendo una voltereta en el aire. Por suerte tengo al bruto de Ryoga de mi parte. Una mesa sale volando al tiempo que los clientes gritan y se esconden al fondo del local.
Todo se convierte en caos cuando mi mejor rival y yo nos disponemos a hacer lo que mejor se nos da: pelear. Pero por una vez no lo haremos entre nosotros.
El tipo del tatuaje continua tranquilo, viendo el despliegue de golpes, gruñidos y gritos que dejamos a nuestro paso, se está reservando para el final.
Alzo una botella de vidrio que ha llegado rodando hasta mi pie tan solo utilizando el empeine, la tiro al aire a tiempo de tomarla por el cuello y estrellársela a uno de esos tipos en la cabeza. Giro con la guardia alta y remato a otro más de una patada en el pecho, yo también me estoy reservando.
Fijo toda mi atención en el capullo tatuado mientras Ryoga termina con la basura. Hago crujir mis nudillos para que entienda que no va a salir bien parado de esta.
Me abalanzo sobre él sintiendo la furia correr por mis venas, ya no escucho los gritos de Akane ni los ladridos de Blanquinegra. Siento el corazón atenazado, mientras el miedo a que algo malo le haya ocurrido me golpea desolador. Levanto el puño dispuesto a reventarle esa cabeza llena de feos dibujos.
Pero es rápido, me esquiva a la par que saca una pequeña y filosa navaja de su bolsillo y le da un par de vueltas en su mano. Hemos comenzado a jugar duro.
Nos evaluamos el uno al otro durante apenas medio segundo, y de repente la puerta del establecimiento se abre y por ella aparece Akane, con la respiración agitada y su corto cabello revuelto. Un mudo suspiro de tranquilidad escapa de mi boca al verla a salvo, y mi atacante no duda en aprovechar mi distracción.
Da un paso hacia atrás y con un hábil movimiento la rodea con un brazo y sube la navaja hasta su cuello. Me quedo helado mientras ella gime y contiene la respiración.
—Vamos a dejarnos de juegos y vais a venir conmigo— dice amenazante, pero yo solo puedo mirarla a ella y a sus ojos... ¿asustados?. La expresión de Akane se llena de fiereza y entiendo que está a punto de hacer una tontería.
—¡Ni lo pienses!— grito desesperado y ella hace una pausa en lo que quiera que estuviera planeando.
—No lo hagas más difícil— responde el tatuado, sin darse cuenta de que mis palabras no iban con él.
—¿No crees que sea capaz?— dice Akane con su fina voz, un tanto nerviosa. —¡Sé defenderme sola!
—¡No quiero que te haga daño, idiota!
Sus labios se separan, no se si de asombro o debido a su ímpetu contestatario, y en ese impás la puerta del destruido restaurante vuelve a abrirse y por ella a la carrera Blanquinegra, cuyos ojos bobos han dejado lugar a la determinación del animal que ve atacado a un miembro de su manada.
No se lo piensa, muerde feroz la pierna del tipo y este suelta un alarido de dolor, momento que aprovecha Akane para encajarle un fortísimo golpe en las costillas (su especialidad), por un momento siento lástima de él.
Extiendo los brazos movido por un ansia incontenible, un instinto de protección que nunca antes había experimentado. Ella corre hacia mí, la atrapo entre mis brazos antes de esconderla a mi espalda.
Sé que es una artista marcial, sé que sin duda es valiente y se repondrá rápido, pero lo que ha hecho ese tipo… no se lo perdono.
—¡Blanquinegra, aquí!— ordena Ryoga, y su perra entre ladridos y gruñidos retrocede hasta llegar a su lado.
El mordido agresor vuelve a poner recta la espalda respirando con dificultad, mira a sus hombres y comprende que ha perdido la batalla. Da un silbido y sale del local con aquellos que aún pueden aguantarse sobre sus piernas, dejando tras él numerosos desperfectos y un par de cuerpos inconscientes en el suelo.
—Ukyo va a matarme— suspira Ryoga mirando en rededor, al tiempo que acaricia a una feliz Blanquinegra.
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—¿Te puedes creer que ella sola dejó K.O. al tipo del parque?— pregunta Ryoga estupefacto mientras toma asiento en el sofá. Nos ha ofrecido pasar la noche en su casa y hemos aceptado, sobre todo por seguridad.
—Tiene una fuerza bruta increíble, el primer día que la ví dejó a Kuno inconsciente de una patada— repongo estirándome y haciendo otro tanto.
—¿Kuno?¿ese loco excéntrico?, ¿crees que tiene algo que ver con lo de esta tarde?
—No, esos tipos no eran los hombres de Kuno. Juraría que eran yakuzas.
—Sí, eso me han parecido— asiente al tiempo.
Blanquinegra descansa tranquila en su manta, cualquiera que la viera jamás pensaría que fuera capaz de atacar tan valientemente como lo ha hecho esta tarde, ayudando a Akane a defenderse. La acaricio detrás de la oreja en señal de agradecimiento.
—No sé en que anda metido mi padre, pero algo me dice que esta vez no es como las anteriores. Esto es diferente.
—¿Crees que… correis peligro?
—Creo que todo el que tenga que ver con él corre peligro— digo, y de pronto un mal presentimiento me invade. —Ryoga, déjame usar tu teléfono.
—Claro, está al final del pasillo.
Me levanto a toda velocidad y llego a la carrera hasta el aparato, marco un número conocido y comienzo a contar los tonos con impaciencia, rogando porque haya alguien al otro lado. Dispuesto a matar a cualquiera que se haya atrevido a hacerle algo. Estoy a punto de destrozar con la mano el aparato de pura tensión cuando oigo la voz conocida en la línea.
—¡Mamá!— exclamo con un alivio indescriptible.
—¡Ranma!, que bien que llamas, esta tarde ha habido unos cuantos incidentes por acá.
—¡Mamá estás en peligro!, sal inmediatamente de casa y escóndete en un lugar seguro.
—Estaba terminando la maleta, no creas que no intuyo cuando se avecinan problemas, me casé con tu padre.
—No sé en que demonios se ha metido esta vez, pero es grave. ¿Tienes algún sitio a donde ir?
—No te preocupes hijo, hay un amigo que cuidará de mí.
Suspiro aliviado, sé de buena tinta que mi madre sabe cuidarse sola, lo lleva haciendo toda la vida pero aún así no puedo evitarlo.
—Por casualidad… ¿no sabrás nada de este asunto, verdad?— pregunto sin querer parecer suspicaz, no es correcto desconfiar de tu madre.
Espero tres segundos mientras ella parece pensar una respuesta adecuada.
—Ranma, has de entender que todo cuanto he hecho en mi vida siempre ha sido pensando en tu seguridad.
—¿Qué quieres decir?
—He de irme, puede que la línea no sea segura. Ten cuidado hijo— y sin más cuelga el aparato. Yo me quedo como un pasmarote, con demasiadas cosas dándome vueltas en la cabeza.
Regreso hasta el salón donde me espera Ryoga y me dejo caer en un sillón cercano, hay que reconocer que los muebles de estilo occidental son cómodos.
En ese momento la puerta del baño se abre y Akane sale con su pijama de color rosado y una toalla en la cabeza, nos mira a ambos ligeramente ruborizada.
—Yo voy a dormir ya, gracias por dejarme usar tu habitación Ryoga— dice inclinándose educada antes de perderse por el pasillo.
La veo alejarse y siento un cosquilleo, me levanto dispuesto a ir tras ella.
—Eh— me llama la atención nuestro anfitrión. —Nada de intentar cosas pervertidas con Akane-san.
—Solo le voy a devolver algo— me excuso sin que me pase por alto su mirada cómplice.
—Llámalo como quieras— sonríe mientras prende la televisión.
Maldito Ryoga… chasqueo la lengua y camino por el pasillo hasta encontrarme delante de su puerta. Me aclaro la garganta y llamo dando un par de pequeños golpecitos sobre la superficie.
—¿Ryoga?— pregunta su fina voz desde el interior.
—No soy Ryoga— respondo apretando los dientes, ¿cómo puede tener tanta confianza con un tipo que apenas acaba de conocer?.
Se hace el silencio y decido tomarlo como un "adelante", abro la puerta con cautela y la encuentro sentada sobre la cama, mirándome con reticencia.
—Siento mucho no ser ese idiota— digo mientras cierro tras de mí y ella aparta la mirada, al parecer molesta por mis palabras. —No quiero molestarte, solo he venido devolverte esto— me acerco hasta el escritorio y dejo encima la moneda de cincuenta yens que ella me dio en la tarde, quiero dar esa estúpida discusión por concluida.
Akane se levanta de la cama como una exhalación y toma de nuevo la moneda.
—No la quiero— dice lanzándola en mi dirección, yo la atrapo en el aire sin problemas.
—Oye, no sé qué te he hecho, pero si te ha molestado algo solo dilo.
La veo enrojecer por completo mientras se cruza de brazos.
—¿De veras no lo sabes?
—¿Cómo voy a saberlo?
—¡Si ni siquiera te has dado cuenta!,¡no sé porqué debería explicártelo!— me grita mientras vuelve a sentarse en la cama, yo me rasco la cabeza.
—Eh…
Y entonces gira el cuello tan rápido que me asusta. Si fuera una persona normal sin duda se habría hecho daño.
—¡No soy "eh"! ¡no soy "oye"! ¿¡te enteras!? ¡estoy harta!— estalla con la cólera embarrando sus palabras, golpeándome de forma certera. Haciéndome caer de una vez en la cuenta.
—¿¡Te has enfadado por eso!?
Agacha el rostro avergonzada, como si se le hubiera escapado un terrible secreto que estuviera dispuesta a llevarse a la tumba.
—No has pronunciado ni una sola vez mi nombre— susurra tan bajito que me cuesta oírla.
La observo confuso, no es como si lo estuviera haciendo para molestarla. Es algo diferente. He estado evitándolo de forma consciente y egoísta, intentando mantener una distancia invisible, una barrera que me protegiera del auténtico terror que me causa llamarla sin formalidades.
Yo también aparto la mirada, siento como me arden las mejillas.
—¿Entonces he de decirte Tendô?— pregunto sabiendo que esa no es la respuesta que debo dar, solo la que más me conviene.
—Lo prefiero— responde tensa.
No me gusta, odio este ambiente, esta opresión injustificada.
—O quizás debería ponerte yo mismo un nombre gracioso— añado sonriente, esperando sin duda una reacción enérgica por su parte. Me mira espantada, su cara es el mismo semblante de la indignación.
—¡No te atrevas!— me amenaza. He pulsado la tecla correcta.
—¿Que tal "futura señora del vigilante de ardillas"?
—Eres un… — comienza a temblar mientras mi sonrisa se amplía más y más.
—No, demasiado largo— reflexiono en voz alta —¿"Bruta pobretona"? ¿"marimacho sin pechos"? ¿"imán para los problemas"?
—¡Pienso matarte!— grita poniéndose en pie y lanzándome la almohada en plena cara, pero eso no consigue aminorar ni un poco mi buen humor.
—¡Ya lo tengo!— tomo la moneda y miro a través de su agujero central, viendo su adorable rostro encendido —A partir de ahora serás "Cincuenta yens".
—¿Cincuenta...?— cae en la mala broma que estoy haciendo .
—¿No te gusta?— digo fingiendo inocencia, sé que la estoy sacando de sus casillas.
—¡Eres insoportable!— exclama apretando sus puños, y yo río mientras abro la puerta.
—Buenas noches, Akane— termino dirigiéndole una mirada por encima de mi hombro mientras cierro tras de mí, el silencio vuelve a ser el dueño del lugar.
Lanzo la moneda al aire y vuelvo a atraparla, silbo una melodía mientras regreso al salón para hacerle compañía a Ryoga.
.
.
Notas:
Cincuenta yens: se trata de una moneda de poco valor (menos de 0.5 dólares). Lo "divertido" de esta moneda es que tiene un agujero en el centro, por eso la elegí. Antes de la llegada del euro a España teníamos otra moneda llamada peseta, y existía una moneda de 25 pesetas con un agujero en el centro, lo cual era muy útil sobre todo cuando eras niño pues podías engancharlas a pulseras, cordones de zapatillas, collares... ¡de esa forma siempre tenías dinero para chicles!.
La moneda de 50 yens tiene otra cosa especial, en su reverso lleva grabada la flor emblema de Japón, ¿alguien adivina de cual se trata?. Sí, tiene grabado un crisantemo, jajaja. Al final me volveré una fetichista de mis propios fics...
¡Hola de nuevo!
Muchas gracias a todos por seguir este fic, no sería lo mismo sin vosotros.
Debo confesar que en breve tendré que comenzar a espaciar más las actualizaciones, siento no poder escribir más rápido. Ingenuamente llegué a pensar que podría mantener este ritmo hasta finalizarlo, pero me temo que no va a poder ser así. Las razones son muchas, pero sobre todo la falta de tiempo es lo que más me pesa.
Este año empecé un master universitario, también trabajo, pero lo que más tiempo y energía me consume es mi boda. Sí, voy a casarme, y es la mayor locura que he cometido jamás, y no lo digo por mi futuro marido al cual adoro, es por todo el lío de la celebración. Apenas me restan 3 meses y no hay día que no quiera estrellar el teléfono contra la pared, o meterme debajo de una mesa para no tener que atender las llamadas de mi madre, quién parece haberse vuelto loca y querer arrastrarme junto con ella. Es lo que ocurre cuando es la primera boda en la familia desde hace más de 20 años.
Pero no os preocupéis, tengo capítulos en la recámara para al menos otro mes... después nos despediremos hasta julio, cuando regrese de mi viaje de novios y pueda volver a respirar tranquila.
Pero como aún queda para ello voy contestando reviews: The girl of pig tailed (ciertamente ami tampoco me gusta eso de ella, veremos si se lo piensa mejor... jajaja), Sav21 (¡un buen enredo siempre es la base de toda comedia romántica! y no te preocupes por las preguntas, si tienes muchas siempre puedes enviarme un PM. ¿Te parecen cortos los capítulos? ay, pues son unas 20 páginas de media, no son menores que los de cualquier libro, ¡de veras!), Rokumon (bueno, ¡casi me acertaste la mitad del capítulo!, tendré que ir con más cuidado contigo y dejar menos pistas, jajaja.), Dulcecito311 (tan a contra tiempo que hasta a mi me está costando cuadrar los acontecimientos, supongo que en unos cuantos capítulos todo comenzará a precipitarse sin remedio. ¡tengo un montón que escribir!), Guest ( me alegra mucho saber que te está gustando el fic, y sí, Genma es un tramposo de primera, no será la última trastada que haga...), bry (¿viste? ¡acertaste! jajaja. Bueno, al menos en tu primer comentario, tu imaginación es de lo más pervertida...¡igual que la mía!. Pero me gustó lo que dijiste acerca del café y las conversaciones que van manteniendo entre ellos, justo ese es el punto.), xandryx (¡muchas gracias amiga! me alegra mantenerte con curiosidad. Aunque como ya habrás leído más arriba en breve comenzaré a retrasarme con las actualizaciones, ¡pero no desesperes y dejes de leer, que sabes que yo siempre termino los fics!), susyakane (pues te voy a confesar que a partir de ahora el nivel de romanticismo va "in crescendo" hasta niveles insospechados XD. Saludos para ti también.), sjofnj (¡Muchas gracias! creo que todo el mundo que entra en fanfiction busca un poco eso, mantener vivo ese recuerdo de la serie, pero tanto los que escribimos como los que leéis y dejáis vuestras impresiones, así que gracias a ti también. Ya sabes que Crisantemo es mi fic "mimado" ;)), minato bombon kou (oh, a mi también me encanta cuando se pone sobre protector, y creo que entre ellos no peleen es casi imposible XDD), Jorgy (¡Hola Jorgy! no es ninguna locura que te guste leer más los comentarios de él, a mi también me ocurre, pero a la hora de plasmarlos siento que se resiste mucho más que ella, ¿no es extraño cuando los personajes simplemente no hacen lo que quieres?. Y para escribir más solo te puedo dar un consejo que es lo que me aplico a mí misma: insiste. Yo me abro los documentos de edición casi todos los días, a veces no escribo nada, otras apenas unas palabras, y hay días queme sorprendo a mí misma. Ya ves, trabajar, trabajar y trabajar. Muchos besos), karlarodsal (Gracias por tus palabras, ¿otra clasificación?¿mayor o menor?), ar30982 (muchas gracias, espero que te guste también este nuevo capítulo), Akane Saotome Tendo (Uuuuooooh, ¿te lo leíste de una atacada?¡muchas gracias!. Y bueno, no puedo hablar mucho de eso, peor no sabes lo que puede haber pasado entre medias... o siquiera lo que piensa ella al respecto. ¡Paciencia! y muchas gracias por tu comentario), vanessamcgregor (jajaja, no sé si llegaré a tanto, pero un tanto drama si que habrá ¡como no!. Y una copa me pondré seguro en cuanto termine el final, ya te digo que lo haré mientras doy al botoncito de actualizar ^^), jannika (¡yo también grito con los doramas! debemos tener los gustos muy parecidos. Espero que este capítulo te deje más satisfecha.), Lisa2307 (pues muchas gracias por tomarte la molestia de dejarme una nueva review, y gracias por darle una oportunidad a "Quince días". ¡Un saludo!) y Chiqui09 (Gracias por seguir pasándote por mis fic, ¿tanto se le nota? pues en unos cuantos capítulos más no se que va a pasar, jajaja. Y lo del café si es bien triste, Akane tan inocente...).
Muchas gracias a todos por vuestra comprensión, y un abrazo especial a mi beta reader Nodokita.
Saludos
Lum
