Ranma1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

.

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

Quince días

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

.

Capítulo 9: Jueves 21

.

Akane

.

No recuerdo el momento en el que me quedé dormida, aunque estoy prácticamente segura de que escuché las voces de esos dos parloteando hasta altas horas, ¿que se piensan que es esto?, ¿una fiesta de pijamas?.

Sin embargo me alegra saber que Ranma cuenta con tan buenos amigos, sin duda Ryoga es un chico muy especial, atento y educado.

Si el estúpido de mi marido fuera siquiera la mitad de amable que él…

Me desperezo y me doy prisa en vestirme, por suerte ayer pude lavar parte de mi ropa, es un alivio volver a dormir en una casa y no en uno de esos hoteles de paso.

Salgo de la habitación con sigilo y camino de puntillas por la casa, con cuidado de no despertar a ninguno de los durmientes. En el salón veo un bulto tapado por una manta que descansa recostado en el sofá, sonrío al identificar su larga trenza sobresalir traviesa.

"Buenas noches, Akane".

Sus palabras de la noche anterior resuenan como un trueno en mi cabeza, ¿por qué demonios siguen ahí?¿por qué parecen haberse quedado ancladas sin remedio a mi cerebro?¿y por qué me pasé tanto rato sonrojada, mientras mi corazón latía rápido?.

La adrenalina, sin duda. Tantas emociones comienzan a pasarme factura.

Para él puede ser normal que le ataquen en mitad de la calle, o los intentos de secuestro, ¡pero desde luego para mí no!. Aún tiemblo al recordar al tipo del parque, ahora más que nunca siento que no puedo estar más agradecida con mi padre por haberme entrenado tan duro como lo hizo.

¿Pero quiénes eran?¿y qué querían de nosotros?, debía tratarse de la yakuza, ¿quienes sí no?. Recuerdo al extraño tipo de los tatuajes, y recuerdo la espalda de Ranma, grande, fuerte, protectora...

Niego un par de veces intentando librarme de mis propios pensamientos. Es hora de ponerse en marcha y en señal de agradecimiento pienso preparar un espléndido desayuno.

Logro llegar hasta la cocina y me remango el jersey, encuentro un delantal que me ato a la cintura y abro la nevera. ¿Pero cómo pueden vivir así? apenas encuentro unas pocas verduras que no estén pasadas. Los huevos caducaron hace semanas, y hay un plato que ni siquiera sé identificar, aunque tiene una nota.

La tomo con cuidado.

"Ryoga, Mamá preparó un poco de curry. Cómetelo cuanto antes".

¿Cuántos meses hace de eso?. Suelto un largo suspiro, estos pequeños inconvenientes no impedirán que prepare el mejor desayuno nunca visto.

Encuentro la arrocera, pongo a hervir agua, saco el miso, vino, azucar, vinagre, sal, chocolate, alga wakame… sí, con todo esto debería haber de sobra.

Comienzo a trabajar centrada en mi cometido, tanto que ni me doy cuenta del paso del tiempo.

—¿Qué se supone que es esto?— me giro asustada para descubrir a Ranma recién despierto examinando uno de mis platos, doy un par de zancadas y se lo quito de las manos.

—Tendrás que esperar, el desayuno aún no está listo.

—¿Estás cocinando?— pregunta sorprendido.

—En agradecimiento a Ryoga por dejarnos su casa.

—Oh, pues deberías vigilar un poco mejor la comida, ¿no te parece?— dice apuntando hacia la olla que hierve en el fuego y que ha comenzado a derramar parte de su contenido.

—¡Oh no!, deja de entretenerme y sal de la cocina— le ordeno firme mientras corro hacia mi sopa de miso y bajo el fuego.

—Vale, vale, como quieras… Cincuenta yens— termina burlón dándose la vuelta y regresando sobre sus pasos.

Siempre igual, parece que vive para fastidiarme. ¿Es que encuentra una satisfacción insólita en verme enfadada? le saco la lengua a su espalda, sabiendo que luce esa sonrisa de superioridad que tanto odio.

Cuando dijo mi nombre seguro que fue igual, solo para reírse de mí.

Miro hacia el techo de la cocina a la par que la cocedera de arroz pita avisando de que ha terminado la cocción.

—Idiota— susurro mientras tomo unas verduras y comienzo a trocearlas con todas mis fuerzas.

.


.

—No tenías por qué hacerlo— dice Ryoga mientras mira el despliegue de platillos sobre la mesa de su salón, Ranma a su lado examina un plato de tortilla de huevo de forma grosera.

—Es lo mínimo que podía hacer después de todas las molestias— respondo con una sonrisa, mientras por el rabillo del ojo fulmino al estúpido de la trenza con la mirada.

—Todo tiene tan buena pinta… hace mucho que no como nada casero— sigue halagador, yo le sonrío con sinceridad.

—Vamos Ryoga, seguro que pronto encuentras alguna buena chica que te haga el almuerzo— repongo de buen humor.

—Bueno, hoy tengo una delante— continúa mi broma con una sonrisa resplandeciente, sin duda es un chico encantador.

—Ejem— se aclara la garganta Ranma, quién ha dejado de examinar el plato. —Cuando dejéis de coquetear podemos comenzar a hablar de cosas importantes.

—Eres un idiota, solo hablábamos, ¿verdad Ryoga?

—Sí, claro…— dice con un suspiro.

—Además, ¿de qué quieres hablar que no pueda esperar? El desayuno se enfría.

—Ayer casi nos secuestra la yakuza, por si no te has dado cuenta— me contesta con claro tono de burla.

—Claro que me di cuenta, ¡ese tipo me puso una navaja en el cuello!— le digo comenzando a enfadarme.

—Entonces comprenderás que estamos en peligro.

—Y tú comprenderás que en cinco días desde que te conozco me han intentado secuestrar dos veces, ¡y una de ellas lo consiguieron!.

—Te secuestran porque aún no saben lo molesta que eres, si no te dejarían en paz.

—¡Arregla tus malditos problemas de familia disfuncional y madura!

—Chicos…— intenta interrumpir Ryoga con las manos en alto, rogando por un poco de paz.

—¡Los problemas que yo tengo con mi familia no son cosa tuya!

—¡Lo son cuando me tienen dando tumbos por el país perseguida por delincuentes!

—Chi…

—¡Pues ya sabes lo que puedes hacer! ¡lo tienes más fácil que nunca para largarte llorando a casa!

—¡Basta!— grita Ryoga haciendo que ambos enmudezcamos, tarde me doy cuenta de que me estoy comportando como una cría. —Akane-san se ha tomado muchas molestias para preparar este delicioso desayuno, así que hablaremos despué.— declara tomando un poco de arroz de su cuenco y metiéndoselo en la boca.

—Como sea…— dice contestatario Ranma haciendo otro tanto.

Ambos se quedan unos segundos callados y muy quietos.

—¿Ocurre algo?— pregunto extrañada.

Ryoga se mueve despacio y deja los palillos sobre la mesa.

—Está… está…

—¡Esto es veneno!— exclama Ranma volviendo en sí, durante unos segundos parece haber entrado en shock. —¿Es que quieres matarnos?

—¿No está bueno?— me extraño arrugando las cejas.

—¿¡Pero tú lo has probado!?

—No consentiré que insultes la cocina casera de Akane-san.— dice Ryoga levantando discretamente la mirada.

—¡Entre el salteado de verduras hay trozos de madera!— continúa Ranma atónito y yo me siento enrojecer de ira y frustración a un mismo tiempo.

Nunca he sido especialmente habilidosa en la cocina, casi es un milagro que se me de tan bien hacer combinaciones de hierbas y medicamentos tradicionales. Pero burlarse de mí cuando me he esforzado tanto… ¡será imbécil!.

Me levanto de la mesa airada y recojo su plato.

—No te lo comas entonces— digo mientras él mira su bol de arroz en mis manos.

—¿Qué dices? he comido cosas peores, y la comida no se tira— repone quitándome el bol, vuelve a llevarse los palillos a la boca —Puaj.

—¡Que no te lo comas!

—¡Pienso tragarme esta porquería, ¿vale?! Al menos no molestes.— y sigue engullendo el arroz y llevándose a la boca algunos pedazos de verduras que va separando de la madera, ¿cómo se coló en la sartén?.

Le miro unos segundos y lejos de la ofensa anterior por el sabor de mi comida, cuando le veo comer de forma tan compulsiva no puedo evitar sonreír. Solo un poco.

—Y… ¿cual es el plan?— pregunto mientras ambos chicos se miran por encima de la mesa, Ryoga también comienza a engullir rápidamente mis platillos mientras se lanzan miradas desafiantes. Juraría que tienen algún tipo de estúpida pelea silenciosa.

—El plan no ha cambiado, debemos encontrar a mi padre y que nos dé una explicación sobre todo lo que está pasando.

—¿Crees que demos con él en Tokio?

—Sí, si sabemos donde mirar.

—Otra vez a entrar en bares llenos de delincuentes— suspiro pensando todo lo que estoy viviendo en tan pocos días en comparación con los años que pasé en mi casa, arropada por la seguridad de mi familia.

—Mi padre no es el único con contactos en la ciudad, esta vez no se escapará.— ambos terminan el desayuno al mismo tiempo, posando sus tazones en la mesa con un estruendo. Se miran entrecerrando los ojos, Ranma chasquea la lengua.

—Entonces salgamos cuanto antes.— digo mientras mi vista va de uno al otro, sin entender nada.

—Esa es la única cosa en la que estamos de acuerdo.— responde el chico de la trenza poniéndose en pie y yendo a buscar su mochila.

.


.

—Muchísimas gracias por tu hospitalidad.— digo a la par que me inclino, Ryoga se rasca la cabeza incómodo.

—No ha sido nada.

—Perdona por los destrozos del restaurante, dile a U-chan que cubriré los gastos trabajando en cuanto resuelva… bueno, ya sabes.— dice Ranma señalándome descaradamente.

—Seguro que está deseando tenernos a los dos de nuevo a sus órdenes.

—No lo dudes— contesta riendo.— Y a todo esto… ¿dónde está?

—¿No lo sabes? se fue a su casa de Osaka, hay una gran fiesta porque el restaurante saca sus primeras acciones a bolsa.

Ranma silba impresionado.

—U-chan sí que ha sabido sacarle buen partido a su negocio.

—Ya la conoces, siempre está trabajando.

Ambos se miran por última vez y en un gesto inesperado para mí, chocan sus manos. Es un gesto cómplice, de años de práctica, se les nota a la legua. Por encima de todas sus discusiones, esos dos son buenos amigos.

Ranma echa a andar como hace siempre y yo me giro hacia Ryoga haciendo una última inclinación. Espero de corazón volver a verle algún día.

.


.

—Las señoritas primero— dice el chico de la trenza abriendo la puerta de un sórdido local, del que escapa una nube de humo que me irrita los ojos. Lo aparto con una mano y Ranma me mira con su sonrisa burlona.

—Gracias— contesto arrastrando tanto la palabra que espero con toda mi alma que suene como un insulto.

Pongo un pie dentro y para mi asombro descubro que no se trata de otro sitio de dudosa reputación, si no de un diminuto restaurante que tan solo cuenta con una barra y apenas un comensal. En ese sitio no entran más de cuatro personas.

—¿Que van a tomar?— pregunta el cocinero, quién tiene encendida una parrilla de carbón en la que hace yakitoris y gyozas. Pero mi marido no parece prestarle atención. Violentamente avanza hasta la posición del único cliente del local y gira de forma abrupta el taburete en el que se encuentra sentado.

—No podías resistirte, ¿verdad?. Sabía que te encontraría en este sitio.

—¿Ra-Ranma?— dice lleno de asombro un tipo rechoncho y de grandes gafas, en seguida lo reconozco como el tipo que me robó la cartera.

—¡No puede ser!— exclamo poniéndome a su altura para poder mirarle bien.— ¡Ranma, es tu padre!

—¿Cómo sabías que estaría aquí?— dice él terminando de tragar la comida de la boca.

—Siempre que estás en la ciudad vienes a comer las empanadillas de este sitio. Te conozco bien, viejo. Sé que te pueden las tripas.

—¡Como te atreves a...!

—Su cuarta ración de empanadillas, señor— dice el cocinero dejando delante de nosotros un plato repleto de gyozas.

Ranma le mira satisfecho y agarra sus ropas sin cuidado, acercando su cara a la de él.

—Y ahora hablemos.

.


.

—Con que tu eres la pequeña Akane— dice el hombre colocándose las gafas y mirándome atentamente— Vaya, no lo hicimos mal del todo, ¿no crees Ranma?.

El chico resopla desdeñoso. Nos encontramos en una céntrica cafetería sentados en una mesa, yo sorbo con disimulo mi refresco mientras dirijo tímidas miradas a mi suegro.

—¿A quién demonios se le ocurre casar a dos personas sin que ni siquiera lo sepan?— dice Ranma a mi lado, dando un pequeño golpe en la mesa.

—En aquel entonces era complicado, pensamos que era la forma más inteligente de juntar nuestras escuelas, y además…

—Ibas borracho.

—Eso es, iba muy borracho.

Rueda los ojos y yo me aclaro la garganta. Por suerte o por desgracia ya he tenido esta conversación.

—Señor Saotome, lo importante ahora es saber qué ha hecho tan terrible para que nos persigan yakuzas.

—¿Qué has robado esta vez?— pregunta el artista marcial muy serio, parece acostumbrado a la situación.

El hombre se cruza de brazos en actitud reflexiva.

—En realidad esta vez no he robado nada— dice contrariado.

—¡Mentiroso!¡le quitaste algo al pirado de Kuno!

—¡No era suya!¡él me la robó mucho antes!

Ambos enmarcamos una ceja y nos cruzamos de brazos, por el rostro de mi suegro rueda una gruesa gota de sudor.

—Está bien, os lo contaré. Pasó hace veinte años, Ranma acababa de nacer y… necesitábamos dinero.

—Claro, como no— replica el moreno llevándose una mano al rostro.

—La familia de tu madre siempre perteneció a una gran casta de guerreros samurai, sirvieron al país con honor y por ello tu madre terminó heredando una buena colección de katanas. Yo sólo quería dinero para alimentar a mi pequeño, ¿quién puede culparme por lo que hice?— dice mientras gruesas lágrimas escapan por debajo de sus anteojos.

—Seguro que te lo gastaste en sake.— responde él incrédulo.

—No teníamos nada de valor excepto aquellas viejas katanas. Se las vendí todas al padre de Kuno por apenas un millón de yens. Por aquel entonces estaba desesperado.

—¿Vendiste toda la herencia de mamá?

—¡No sabía que más hacer, Ranma!

—¿Buscar un trabajo, por ejemplo?

—¡Soy un artista marcial!

—¡Eres un ladrón!

Ambos se han puesto en pie y toda la cafetería, incluyendo los camareros nos están mirando atentamente. Yo tiro ligeramente de la manga de la camisa de Ranma, invitándolo a tranquilizarse y regresar a su sitio. Genma no tarda en imitarlo.

Se aclara la voz y vuelve a cruzarse de brazos.

—Después de venderlas tu madre se enfadó mucho conmigo, estuvo días sin dirigirme la palabra. Sólo accedió a hablar cuando le conté mi plan de llevarte conmigo de entrenamiento y convertirte en todo un hombre. Y lo de tu futura boda, claro. Pasaron los años y pareció que aquel incidente quedó completamente olvidado... hasta que hace unos meses averigue que alguna de esas katanas podrían tener un valor incalculable.

—¿Incalculable?— pregunto interesada, el hombre asiente con gravedad.

—¿Habéis oído hablar del tesoro oculto de Yamashita?

—¿El qué?— dice Ranma despectivo, pero yo contengo el aliento.

—¿Habla de Tomoyuki Yamashita?— pregunto perpleja, él se queda callado.

—¿Me quieres explicar quién es ese tipo?— vuelve a decir impaciente, y yo me dispongo a hacer gala de la que es sin duda otra de mis grandes pasiones, la historia.

—El general Yamashita fue uno de los soldados que lucharon en el frente durante la Segunda Guerra mundial. Se dice que amparado por la guerra cometió horribles crímenes, arrasó aldeas, templos, ciudades y mató a cientos de personas valiéndose de su ejército. Al final terminó sus días en Filipinas, donde se cree que escondió el oro de todos los templos, pueblos y aldeas saqueadas en todo oriente. Su valor es incalculable.

—Así es— asiente Genma satisfecho con la explicación.

—Vamos viejo… ¿me vas a decir que justamente tú en todo el mundo conoces donde está el tesoro de ese pirado?

—Aún no, pero no tardaré en averiguarlo.

—¿Ah?¿y cómo vas a hacer eso?

—Ingenuamente le vendí al padre de Kuno el único objeto capaz de descifrar el misterio por apenas un puñado de yens.

—¿Una de las espadas de mamá es la clave para encontrar el tesoro de Yamashita?. Venga papá, inventate algo mejor.

—Ranma, ¿sabes cual es el apellido de soltera de tu madre?— pregunta mirándonos de forma significativa. El chico de la trenza se queda pensativo, intentando recordar algo que jamás estuvo en su memoria. —Por aquel entonces yo era joven e impetuoso, nada más conocer a tu madre me enamoré perdidamente de ella. Me ofrecí a llevar su apellido y quedarme dentro de su familia, pero por algún motivo ella se rehusó. En aquel momento me pareció que me amaba tanto que estaba dispuesta a llevar el apellido de un artista marcial destacado como yo, pero con los años… con los años llegué a pensar que ocultaba algo.

—¿A dónde quieres llegar?

Y como respuesta mi suegro rebusca en la gran mochila que ha dejado a un lado, saca un largo paquete que pone delante de nuestros ojos y descubre tan solo una parte, la empuñadura de una hermosa katana samurai.

—Esta es la katana de Tomoyuki Yamashita.

—¡Imposible!— exclamo atónita. —Yamashita fue capturado por las tropas americanas al final del la guerra y les entregó su katana a ellos, ¡la katana de Yamashita está en un museo en Nueva York!

—¡No! Yamashita les entregó a los americanos una katana, pero no era más que una burda imitación de esta otra. ¿Crees que un guerrero, un samurai daría una espada de más de 400 años a unos ignorantes americanos? ¡nunca!.

—Yamashita fue un genocida, murió en la horca.— le aclaro a mi suegro, parece que se está olvidando del principal punto de la historia.

—Sí, murió por sus crímenes, pero también hizo grandes cosas.

—Papá… ¿me estás diciendo que mamá tenía en su poder una katana que revela el paradero de un tesoro y que tú la has robado para ir en su búsqueda?¿¡sabes cómo de absurdo suena todo esto!?

—Ranma, el apellido de soltera de tu madre es Yamashita.— se para haciendo una pausa dramática y continúa. —En aquel tiempo pensé que era un apellido muy común, y debido a la pérdida de poder de su familia estaba deseando librarse de él, pero me equivocaba. En realidad tu madre es la única nieta viva de Yamashita, y al casarse conmigo de forma precipitada pretendió esconder sus orígenes, huir de su pasado.

—Eso no puede ser verdad— digo cada vez más alucinada. Ranma sigue a mi lado, tenso y con los brazos cruzados sobre su pecho.

—Sabes en lo que te convierte eso, ¿verdad Ranma?, eres el tataranieto de Tomoyuki Yamashita y legítimo heredero de su tesoro. Esta katana te pertenece.

Ambos le miramos sin parpadear, echo un vistazo ligero por encima de mi hombro y veo como las manos del chico de la trenza han comenzado a temblar.

—Aunque así fuera, aunque sea el heredero de una montaña de tesoros… ¿crees que quiero el oro de un ladrón?¿la herencia de un asesino?.

Genma le mira indignado.

—¡El oro no tiene la culpa de los crímenes de tu tatarabuelo!

—Si esta katana me pertenece, entonces sé exactamente que hacer con ella.— dice tomando la empuñadura, pero su padre también es rápido y se apresura a posar su mano en la suya, intentando disuadirle de cualquier idea que no case con sus propios planes.— Le voy a devolver esta basura al estúpido de Kuno, quién con suerte la guardará en algún sucio almacén donde será olvidada para siempre.

—¡Ese tipo no tiene ni idea de lo que se trae entre manos! y cuando lo descubra irá a la búsqueda del tesoro. Ranma, ¿acaso no quieres darles una buena jubilación a tus padres?

—Pienso devolvérsela y acabar con todo este lío.— declara con voz tan fuerte que hasta yo me siento intimidada.

—Creo que no te das cuenta de la situación. He visitado a varios "amigos" en busca de información y financiación para mis planes, pero mucho me temo que solo he conseguido difundir un peligroso rumor: "Quién posea la katana tendrá la llave para desenterrar el tesoro de Yamashita".

—¿Por eso nos está persiguiendo la yakuza?— pregunta Ranma contenido, me da la impresión de que va a estallar en cualquier momento.

—No sé como se habrán enterado…

—¡Tú les has ido con el cuento!, viejo psicópata, ¡por tu culpa mamá está en peligro!

—¡Es culpa suya! ¡debió contármelo hace años! ¡soy un pobre marido engañado!

—¡Calmaos los dos!— exclamo intentando imponer un poco de orden en todo el caos.— Lo que debemos hacer es avisar a la policía, ellos sabrán que hacer con la katana y Kuno tendrá que aguantarse las ganas de cobrarse su deuda en cuanto se entere de que no puede recuperar su mercancía.

Ambos hombres me miran ceñudos, con lo que entiendo que es lástima ante mis palabras.

—Qué ingenua eres— dice Ranma. — Kuno no se parará ni ante la policía, lo mejor es darle lo que quiere y que cierre la boca.

—¡P-Pero esa espada debe estar en un museo!

—¡Ni hablar!¡esta espada es mi garantía de jubilación!— Interrumpe Genma, quién bajo nuestra atenta mirada vuelve a tomar el arma y la guarda a salvo en su mochila de viaje.— Si no váis a colaborar tendré que encontrar alguien que lo haga.

—¿Dónde te crees que vas con eso, viejo?—dice Ranma poniéndose en pie, enfrentándolo hecho una fiera.— Dame la katana.

—Vamos hijo, no está bien discutir con tu anciano padre.

—¿Sabes todos los problemas que nos has causado? no hagas esto más difícil.

—Entonces ayúdame a desencriptar la clave, te daré la mitad de lo que encontremos.

—¿¡Que no has entendido que no quiero ese sucio tesoro!?, ¡devuélvemela y terminemos de una vez!

—Si eso es lo que quieres… tómala tú mismo— dice al tiempo que mueve rápidamente sus dedos.

—¡No!— exclama Ranma un segundo antes de que su padre estalle contra el suelo una bomba de humo, la cual crea una densa cortina blanca que no deja ver nada.

Toso fuerte como el resto de la clientela y trabajadores del local, quienes huye hacia la salida. No veo nada, no encuentro a nadie. A duras penas consigo salir al exterior, me apoyo contra la fachada del edificio y aspiro aire limpio, intentando recuperarme de la asfixia.

Giro la cabeza nerviosa dándome cuenta de que me he quedado sola.

—¿Ranma?— pregunto muy a mi pesar, mientras termino de limpiar las lágrimas que se escapan de mis ojos a causa del humo. Pero no queda rastro de él ni de su padre, tarde entiendo que su airada discusión de seguro ha desembocado en una pelea… y que me han dejado por el camino. Como si fuera un trasto, una maldita molestia.

Aprieto los dientes viéndome una vez más apartada de toda acción o decisión, eso debo ser para él, una maldita carga.

Contengo las lágrimas repitiendo en mi cabeza que soy una mujer adulta, que estas cosas no tienen que afectarme… que de seguro Ranma volverá a por mí, solo tengo que esperar.

El humo se ha disuelto y los espantados clientes se alejan del lugar, quizás temerosos de un nuevo ataque. Una de las camareras fija su vista en mí, parece enfadada, camina hacia donde me encuentro con pasos airados y entiendo que va a reclamarme por el incidente, me ha visto en compañía de esos dos.

Pongo mi mejor cara de póker mientras se planta enfrente mía.

—¿Vas a pagar la cuenta de todas estas personas?— pregunta, está enfadada y no puedo culparla.

Trago duro sabiendo que no llevo encima ni un mísero yen. Qué bochorno, jamás me he sentido más avergonzada en toda mi vida.

—Euuh… no tengo dinero— susurró sintiendo como mis mejillas se tiñen de rojo, voy a matar a esos dos en cuanto los vea.

—¿Qué no tienes dinero?— repite voz en grito, haciendo que varias personas fijen su atención sobre nosotras. —Entonces tendré que llamar a la policía.

Arrugo las cejas sabiéndome atrapada, no, ¡eso sí que no!. Lo que me faltaba es terminar esta absurda aventura con antecedentes penales. Tomo aire y hago una profunda inclinación de disculpa antes de salir corriendo tan rápido como me permiten mis piernas.

—¡No huyas, ladrona!— escucho a mi espalda, salto a un tejado bajo y después a otro un poco más alto. Llego con dificultad hasta una azotea donde contemplo algunos de los techos de los negocios colindantes.

—Mierda— mascullo sin aliento, apoyándome sobre mis rodillas, sintiendo el sudor de mi frente resbalar hasta mi barbilla. Lo seco con el dorso de la mano y vuelvo a alzar la mirada.

Ahora sí que estoy perdida.

La última vez que me perdí fue cuando apenas tenía cinco años, cuando me atacó un animal salvaje y Shinnosuke me rescartó. No recuerdo cuanto tiempo vagué por el bosque, pero aún quedan muy vivos en mí aquellos sentimientos; la angustia, la desesperación, el miedo…

No sé porqué todo eso acude a mi mente ahora, esto es Tokio no un bosque, y yo ya no soy una niña pequeña. Puedo valerme por mí misma, qué demonios, puedo hasta regresar a mi casa y olvidarme de todo este despropósito.

Puedo olvidar los ataques, las carreras, las noches mal dormidas, el frío y los autobuses. Puedo olvidarle a él.

Me estremezco dentro de mi abrigo. ¿Realmente puedo hacerlo?.

—¿Akane Saotome?— me giro asustada, en esta azotea no debería haber nadie más, y desde luego nadie que sepa mi nombre. Concretamente ese nombre.

Alzo la vista encontrándome de frente con un hombre no más alto que yo, de complexión delgada y sonrisa pérfida. Su piel es demasiado blanca y lleva una capucha que oculta sus cabellos.

—Sí, eres tú— se responde de inmediato.

Yo no soy ninguna cobarde, y sin embargo, ahora mismo me siento paralizada por el miedo. Me cuesta unos segundos darme cuenta que se trata del tipo de ayer en la cafetería, el que no dudó en ponerme una navaja en el cuello y amenazar con degollarme.

Doy un vacilante paso hacia atrás, sé lo que pretende. Quiere usarme para llegar hasta mi suegro, y ahora más que nunca entiendo los motivos. Entiendo que para la yakuza valgo mucho más que mi peso en oro. Soy la perfecta víctima, un suculento rescate.

Ese estúpido va a lamentar haberme dejado sola.

—No te acerques— acierto a decir con mi garganta seca, mientras retrocedo un paso más y mis piernas chocan contra la baja cornisa del tejado, echo un rápido vistazo por encima de mi hombro para cercionarme de lo que ya intuyo. Estoy atrapada. Trago saliva mientras él me mira inmutable.

—No te haré daño.

¡Ja! y yo me lo creo. Soy una artista marcial, esta vez no me pillará desprevenida, pero antes de que me de tiempo a parpadear ya le tengo encima. Maldito sea, es rápido.

Me agarra del brazo de manera firme y yo forcejeo, pretende reducirme en el suelo y desde ahí todo le será más sencillo. Le miro concentrada con las gotas de sudor resbalando desde mi sien, el frío del ambiente hace que mi respiración se vuelva visible, ese tipo no sabe que mi especialidad es el judo.

Dejo que me retuerza el brazo a propósito, se queda a mi espalda e intenta barrer mis piernas, es una llave típica de defensa que conozco a la perfección.

Levanto la pierna derecha al tiempo que giro, aún con su mano aferrada a mi brazo que retiene contra mi espalda. Cuando quedo frente a él y levanto el brazo contrario para asestar el golpe me suelta, parece haber adivinado mis intenciones.

Me contempla dubitativo, evaluándome, yo hago lo mismo.

—Está bien, tú lo has querido…— dice de forma ligera mientras rebusca en su abrigo y saca lo que reconozco como una filosa navaja, la mueve con maestría en su mano antes de mostrar su filo reluciente.

—Cobarde— mascullo mientras mis pies vuelven a chocar contra el borde, estoy comenzando a pensar en cometer una locura.

—Solo tienes que venir conmigo.

—¿Para qué? me ha dejado sola, ¿no lo ves?. ¡No le importo lo suficiente!¡no obtendrás nada de mí!

—Deja que nosotros decidamos eso, ¿quieres?

Aprieto los dientes desesperada, no pienso, solo actúo. Le empujo bruscamente y corro hacia el otro lado del edificio, sabiéndome sin más salida, él agarra mi muñeca y la retuerce, grito intentando librarme y él blande su navaja delante de mí. Siento la sangre manar de mi pómulo pero aguanto el dolor, logro escurrirme de su mano y continúo corriendo hasta que llego al borde y entonces salto.

Siento como si mi vida pasara delante de mis ojos en tan solo un segundo, ¿de donde sale todo el valor, tanta osadía?, ¿del miedo?¿de la desesperación?.

Puedo llegar, puedo hacerlo. Bajo mis pies aparece el suelo del tejado próximo y yo ruedo por él hasta que todo termina. Levanto la cabeza asombrada de mi propia gesta, mientras la adrenalina invade mis venas y me hace sentir más viva que nunca. El tipo me mira con la boca abierta desde el otro lado, su mirada cambia, se endurece a la par que desaparece, y algo me dice que no se va a rendir fácilmente.

Me repongo a una velocidad que ni yo misma reconozco, estoy en una nueva terraza y en medio de la misma hay una puerta. Corro hacia ella y la empujo, ante mí hay un larguísimo tramo de escaleras que estoy segura me llevarán de regreso a la calle, ¿pero y si ese tipo es más rápido?¿y si me atrapa antes de que consiga bajar?.

No tengo tiempo de seguir parada haciéndome preguntas, cada segundo cuenta.

Bajo las escaleras de dos en dos, mirando constantemente sobre mi hombro aún a pesar de saber que nadie vendrá desde ahí, comienzo a sentirme paranoica.

No se cuantas escaleras he descendido, cuantos pisos he bajado hasta que ante mi se abre otra puerta, entro en un largo pasillo y comprendo que me encuentro en un hotel. Sigo corriendo hasta llegar a la zona de ascensores y marco el botón repetidas veces, histérica.

—Vamos, vamos, ¡ábrete de una vez!— y justo en ese momento las puertas del ascensor se abren ante mí. Dentro hay una pareja que me mira inquieta, cosa que no comprendo hasta que no me veo reflejada en el espejo del pequeño cubículo.

Hago una diminuta inclinación antes de acurrucarme al fondo e intentar arreglar mi ropa manchada de polvo y arena, seco tercamente el pequeño reguero de sangre de mi rostro y descubro una herida fina y superficial. Menos mal.

La pareja me mira de reojo y yo les ignoro, estoy demasiado nerviosa para fingir afectación.

Cuando finalmente llegamos a la planta cero salgo a su lado, intentando ocultarme de cualquier mirada, desconfío de todo el mundo.

Atravieso las puertas y finalmente llego al exterior, siento un alivio increíble al plantar mis pies en la calle y comprobar que nadie parece prestarme atención. Camino nerviosa, con pasos cada vez más rápidos y me pierdo entre el gentío, no dejo de mirar por encima de mi hombro una y otra vez hasta que de nuevo le encuentro.

El yakuza con su capucha me sigue a pocos metros. Mis pulsaciones se disparan, siento el corazón palpitando en mi garganta y vuelvo a pisar firme el suelo, huyendo de él. Aparto a cuanta persona encuentro en mi camino, doy empujones por los que ni siquiera me paro a disculparme, corro entre la multitud y sin embargo me siento sola.

Siento que el mundo se ha quedado en silencio y solo escucho sus funestos pasos tras los míos, amenazantes, mientras imagino el arma resplandeciente dispuesta a caer sobre mí.

No se donde esconderme, no tengo a donde ir, sólo puedo correr desesperada mientras rezo porque mis pasos sean más rápidos que los suyos y terminen de ocultarme de sus intenciones.

Siento las lágrimas acumularse en mis ojos, si me pongo a llorar todo será peor, toda mi fuerza se irá, volveré a sentirme vulnerable, logrará alcanzarme. Tomo varias bocanadas rápidas de aire mientras todo comienza a dar vueltas, ¿dónde está?¿le he dejado atrás o me sigue acechando desde las sombras?.

Las caras se mezclan y giran, doy una vuelta completa sobre mí misma sabiendo que finalmente he perdido el control.

Una mano surge entre las caras, de repente todo se estabiliza. Observo aterrada como atrapa mi muñeca y grito intentando liberarme. Tira de mí, es demasiado fuerte.

—¡No!¡no por favor!— suplico sollozante, ya sin poder ni querer ocultar las lágrimas que tanto trabajo me ha costado retener.

—¿Pero qué dices?

—¡Suéltame!— continúo histérica agarrando los dedos que se cierran sobre mi piel.

—¿Qué te pasa?¡soy yo!¡Ranma!— alzo la vista para encontrarme con ese par de ojos azules, las lágrimas no dejan de rodar y siento que algo de mí acaba de estallar.

—¿Ran...?— acierto a decir dubitativa, mientras el miedo se disipa y las piernas me tiemblan.

—¿Dónde te habías metido?— pregunta. Sus ojos me miran con enfado mientras que sus palabras me acarician dulcemente. Alivio, eso es lo que siento, comprendo que estoy a salvo.

—¡Ranma!

No lo pienso, y tampoco es como si pudiera hacerlo. Todo el miedo me ha dejado vacía y solo ansío llenarme de esa sensación de tranquilidad que él me transmite. Entierro la cara entre sus ropas, me resguardo en el calor de su pecho y me agarro a su cintura. Me siento diminuta mientras lloro imparable. Estaba muy asustada, más que nunca en mi vida.

Él se queda quieto como una estatua, tanto que me hace sentir incómoda hasta que finalmente relaja los músculos y posa una mano sobre mi cabeza.

—¡Tonta!, ¿qué te ha pasado?— pregunta con voz temblorosa, y yo me separo apenas unos centímetros de él sintiéndome estúpida por haber tenido una reacción tan infantil.

—Me perseguía el chico de ayer y…

Sus ojos se fijan un segundo en mi rostro antes de alzarse nervioso y otear entre la gente. Estamos en plena calle comercial y las personas circulan a nuestro alrededor mientras poco a poco comienza a ocultarse el sol.

Parece un animal salvaje olisqueando el aire, acechante y peligroso. Lo encuentra, lo sé por la contracción de sus pupilas, por su respiración contenida.

Abre la cremallera de su abrigo y me siento como una niña pequeña cuando me cubre con una de las solapas, estrechándome contra él, apartándome de toda mirada.

Prácticamente me arrastra a su compás, con pasos rápidos corremos y terminamos en una estrecha callejuela, oscura y silenciosa. Ranma me retiene entre la pared y su cuerpo, me oculta por completo tras su ancha espalda y apoya una mano cerca de mi cabeza. Mira sobre su hombro afilando sus ojos azules, a la espera.

Tiemblo. No se si de frío o de miedo. No se si es por la adrenalina del salto y la persecución, solo sé que mis rodillas amenazan con dejarme caer.

Su calor es sofocante, alzo tímidamente la mirada y observo su perfecta barbilla y su nuez asomando sobre el cuello mao que acostumbra a vestir. Bajo la vista avergonzada de mis estúpidos pensamientos, y como si los hubiera dicho en voz alta él se gira y toma mi barbilla entre sus dedos. Me quedo quieta, mientras nuestros ojos se encuentran y yo me siento completamente inundada por algo sin nombre ni razón.

—Te está buscando, disimula— susurra lentamente y mi sonrojo se vuelve tan evidente que creo que podría brillar en la oscuridad.

—¿Q-qué se supone que estás...?— pregunto a duras penas mientras acerca sus labios a los míos traspasando todos los límites de la cordura.

—Es incómodo mirar a una pareja besándose, se dará la vuelta y buscará en otro lugar— dice como si tal cosa y todo mi sonrojo se torna en palidez.

—¿B-b-be-besándo…se?— la última sílaba escapa de mi garganta una octava más aguda de lo normal.

—Shhhhhh— sisea mientras se queda estático. No puedo moverme, me siento como un pobre insecto atrapado en una telaraña, cierro los ojos y aprieto fuerte los párpados, deseando con toda mi alma que acabe ese instante, que el yakuza deje de buscarme y yo pueda volver a respirar.

Sus dedos dejan mi barbilla y acariciar con cautela mi pómulo, siento una punzada de dolor cuando dan con mi herida.

—¡Auch!— protesto volviendo a abrir los ojos muy a mi pesar.

—¿¡Te lo ha hecho él!?— pregunta contenido, y sus dedos se crispan contra la pared transformándose en un duro puño.

—¿Te preocupa eso?¡casi me mato!— le echo en cara, sus ojos azules parpadean sin comprender.

—¿Qué?

—Tuve que saltar de un tejado para que no me secuestrara.

—¡Serás… esto no habría pasado si no te hubieras separado de mí!

—¡Yo no me separé de tí! ¡fuiste tú quién me dejó atrás!

—¡No! agarré tu mano y salí corriendo detrás de mi padre… fueron varias calles después cuando me di cuenta de que no eras tú.

—¿Me confundiste con una extraña?— pregunto incrédula.

—Gritaba igual que tú.— se disculpa un tanto sonrojado, el caso es que estamos discutiendo pero él aún no se ha separado un solo centímetro de mí y a estas alturas no se como decírselo sin que la situación resulte más violenta de lo que ya es.

—¡Yo no grito!

—Sí que gritas— escuchamos la voz desconocida y ambos giramos nuestros rostros al mismo tiempo, viendo en la entrada del callejón al tipo de ayer acompañado de otro par de secuaces. Ranma no tarda más de una décima de segundo en echarme a un lado y plantarle cara.

—¿Te crees muy duro peleando con mujeres?— pregunta, y puedo notar el enfado en su voz. Contengo el aliento, no es la primera vez que lo hace, pero sí la primera vez que me percato de que su enfado se debe a un exceso de sobreprotección para conmigo.

¿Será así siempre?¿con todas?. Me muerdo el labio inferior luchando con todas mis fuerzas por regresar a mi ser, no es el momento ni el lugar de plantearse esas cuestiones.

—Sabe cuidarse sola— responde el yakuza, —No obstante, no tendría nada que hablar con ella si tú decides acompañarme.

Es un claro desafío, no, peor que eso; Le está tendiendo un peligroso puente para que se entregue a cambio de mi seguridad, y eso es un golpe bajo. Agarro el brazo de Ranma y él me mira por el rabillo del ojo, yo niego enérgicamente con la cabeza dándole a entender que ni siquiera lo piense.

—No sé nada de este asunto, mi padre me la ha jugado como hace siempre, en vez de perder el tiempo con nosotros deberías ir a buscarle a él.

—Estamos en ello, pero es muy escurridizo… tanto él como tu madre.

—¿Mi...?— contiene la respiración antes de explotar. —¡Si se te ocurre ponerle una mano encima te mataré!

—Yo no quiero hacerle daño a nadie, solo cumplo órdenes.

—¡Ella no tiene nada que ver!

—Eso es lo que os ha hecho creer a todos.

Y en ese momento comienzo a sentir el aura de Ranma despertando de su breve letargo, alzándose feroz. Está dispuesto a todo para defender a los suyos, de eso no me cabe duda.

El yakuza hace un gesto con la cabeza y sus dos secuaces comienzan a avanzar hacia nosotros. Ranma retrocede manteniéndome a su espalda sin dejar de vigilarlos, pero estamos en un callejón sin salida, no nos queda más remedio que volver a luchar.

Justo entonces escucho como cae la tapa de uno de los cubos de basura a mi espalda, ambos nos giramos con el corazón en un puño para descubrir que tan solo se trataba de un gato callejero. Vuelvo a poner todos mis sentidos en los hombres que cada vez están más cerca, pero sin embargo Ranma no reacciona. Su vista se ha quedado fija en el pequeño animal quien, zalamero, ronronea ante lo que debe identificar como visitas.

—Un ga-ga-ga-to— tartamudea, y yo giro el cuello rápidamente para prestarle atención.

—¿Pero qué demonios te pasa?— pregunto, a sabiendas que el chico de la trenza no se encuentra bien. Cualquiera diría que no está en sus cabales.

—¡Es un gato!— grita sin poder perderle ojo al animal, quien se acerca a nosotros y comienza a restregarse contra su pierna.

—¿Y qué con eso? ¡esos de ahí son yakuzas!— exclamo señalando nuestro problema más inminente, pero mis esfuerzos no dan fruto alguno. Ranma grita histérico y se esconde detrás de mí, dándole la espalda a nuestros perseguidores mientras que con sus manos temblorosas agarra mis hombros y se oculta del pobre felino, quién parece más que divertido por la situación.

—¡Cogedles!— oigo la voz del chico de la capucha y apenas tengo tiempo de reaccionar, los dos hombres se echan sobre Ranma y yo forcejeo para soltarme de él. El gato eriza el lomo y comienza a bufar, salta y se une a la pelea a base a arañazos y mordiscos afilados.

No sé que está pasando pero siento como si todo el mundo se hubiera vuelto loco.

Escucho como mi marido comienza a reír como un histérico. Uno de los hombres aprovecha la situación para retorcerme un brazo y yo grito de dolor. Me separa de él y me tira al suelo. Estoy acorralada, no puedo pensar, me retuerzo buscando una escapatoria.

—Miiiiiiiaaaaaaauuuu— con mi mejilla besando el piso y ese bruto sobre mí no puedo identificar de donde ha salido ese escalofriante sonido, si no fuera porque resulta imposible, juraría que en este callejón hay una pantera acechando entre los cubos de basura. Intento alzar la mirada y atisbo a Ranma en una posición extraña… eso no es ningún tipo de técnica que conozca, parece… parece…

Antes de que mi mente haya siquiera formulado la idea, el artista marcial vuelve a maullar y yo siento como si toda mi sangre se hubiera congelado, ¿¡que está pasando!?¿qué le sucede?.

Es tan rápido que ni le veo, a cuatro patas derriba a mi atacante y le manda por los aires, yo me giro con la boca abierta y él se pone delante de mí igual que hizo antes, solo que esta vez no es él, esta vez es una especie de gato que ha poseído su cuerpo.

Los dos yakuzas restantes se miran dubitativos, yo me pongo de pie con piernas temblorosas.

—¿Ranma?— pregunto asustada, pero él no está ahí, ahora es otra cosa.

Ruge y comienza a correr a cuatro patas por el callejón, coloca su mano derecha en forma de zarpa y golpea el suelo, horayando un gran surco en el cemento. Simplemente imposible.

Trago saliva y observo la escena como si fuera ajena a mí, Ranma salta y araña, nuestros perseguidores no tardan en adivinar que se encuentran en desventaja. Emprenden la huida, pero para mi sorpresa él les sigue.

¡No me lo puedo creer!

No sé qué hacer. Salgo a la calle principal donde veo al chico de la trenza saltando por todas partes.

—¡Ranma!— grito mientras de nuevo aparto personas a mi paso. Que rápido he dejado de ser la perseguida a ser la perseguidora, que absurdo que resulta todo. Mi cabeza la da vueltas al repentino cambio del artista marcial mientras mis piernas se apresuran en alcanzarle, en ese estado parece capaz de cualquier cosa.

Le veo saltar por encima de las cabezas de la gente, sembrando el pánico y miradas incrédulas a su alrededor. ¿Realmente se ha transformado en gato?¿pero cómo?.

Sigo corriendo hasta que finalmente le pierdo, no veo a nadie a mi alrededor, ni rastro de los yakuzas ni mucho menos del chico-gato. Giro sobre mí misma mientras el sudor empapa mi frente y mis ropas, agotada y al borde del desmayo. He dejado muy atrás la zona comercial y ante mí se encuentra la entrada a uno de los parques más grandes de Tokio.

¿Será posible? me adentro cautelosa por un amplio camino y en cuanto paso hacia una zona más boscosa. Si se ha transformado en gato, entonces toca pensar como un gato.

—¿Ranma?¿donde te escondes? misi, misi, misi…— le llamo sintiéndome estúpida, apartando con cuidado arbustos y hierbas.

Camino de forma silenciosa, mirando muy bien donde planto los pies. Me detengo al sentir que algo acaba de caer sobre mi hombro, tomo entre mis dedos lo que parece una viruta de corteza de árbol, alzo el cuello y allí, encaramado a la rama más alta se encuentra el chico de la trenza.

Una parte de mí respira aliviada, la otra está demasiado asustada como para saber qué hacer.

—¡Baja ahora mismo!— exclamo, pero él no me hace caso, parece estar afilando sus uñas sobre el pobre tronco del que se siguen desprendiendo finos y perfectos tirabuzones de madera. —¡Gato malo!

Eso parece llamar su atención, afila sus ojos sobre mí y me mira interesado, haciéndose una pequeña bolita sobre la rama.

—¿No vas a bajar?— pregunto, aunque soy consciente que mi voz suena más como una amenaza, la de una enfadada dueña riñendo a su mascota.

Gira la cabeza con una lentitud exasperante y me sorprende saltando a un árbol cercano, y de ahí a otro más, descendiendo poco a poco a cuatro patas. Cuando llega al suelo y avanza hacia mí me siento estúpida. ¿Qué genial idea fue salir tras él? ¿gritarle de esa forma? ¡se ha transformado en una maldita bestia! ¡no entiende mis palabras ni lo que le digo!.

Está poseído, él solo ha sembrado el pánico en las calles y se ha librado de los yakuzas sin siquiera pestañear.

Sus puños son capaces de partir piedras, sus piernas saltan tan alto como se le antoja, ¿de veras he pensado durante un sólo segundo que soy capaz de plantarle cara?. Trago duro y doy un paso atrás, me siento como si estuviera siendo acorralada por una pantera.

En ese estado es capaz de matarme.

—Ranma vuelve en tí — le suplico, sintiéndome por primera vez asustada de él. Sus ojos azules se han afilado aún más si cabe y me miran fijos mientras avanza amenazante. —Gatito bueno…— no puedo decir nada más, uno de mis inestables pasos ha dado con una raíz y me caigo al suelo sobre mi trasero. Cuando vuelvo a alzar la mirada le tengo prácticamente encima.

Ranma emite un pequeño rugido con su garganta, sus manos se sitúan a ambos lados de mi cuerpo y… se acurruca sobre mis piernas.

Estoy tan sorprendida que no atino a decir palabra, se acomoda como si fuera un gato de verdad. Pesa. Me sonrojo furiosamente mientras apoya su mejilla en mis muslos y comienza a ronronear sonoramente.

—O-Oye, apártate— le pido, aunque su calor me reconforta en cierta medida del frío invernal. Con más dudas que certezas apoyo mi mano en sus cabellos y los acaricio como haría con cualquier otro animal de compañía. —Vamos, pesas mucho— digo de forma más conciliadora, pero mis caricias parecen haberle hecho más que feliz. Abre de nuevo sus ojos felinos y mira mi rostro con detenimiento, no me atrevo ni a pestañear.

Se acerca a mi y de forma inesperada lame la herida de mi pómulo. De forma delicada, casi calculada recorre el corte con la punta de su lengua llevándose los restos de sangre, dejándome paralizada. Me estremezco desde los pies hasta la cabeza, abro la boca atónita antes de que vuelva a repetir el gesto.

—¡No! ¡gato malo!— exclamo intentando apartarle de mí, pero no ceja en su empeño, es mucho más fuerte que yo.— ¡Quítate de encima y vuelve en tí de una vez!— le pido de nuevo, pero parece demasiado centrado en su tarea como para prestarme atención.

Apoyo mis manos sobre su pecho y giro el rostro, esto está mal de tantas maneras…

—¡Te he dicho que...!— aleja su lengua de mi mejilla y tan solo estira un poco el cuello para rozar mis labios. Mis manos comienzan a temblar sin fuerzas, es como si todos mis músculos se hubieran transformado en gelatina. Qué curioso, apenas hace unos instantes me moría de miedo por tenerle tan cerca y ahora soy incapaz de apartarle.

Captura mis labios y me tiende sobre el suelo, acolchado por hierba fresca y hojas caídas.

Nuestros labios no se mueven, pero tampoco se separan. El parece encontrar algún tipo de placer en rozar su boca con la mía en un eterno beso en hiatus. Siento su aliento contra mi piel, rescatándome del frío, haciéndome perder la noción del tiempo… siento como me pierdo a mí misma, hasta que escucho un gruñido gutural, un ronroneo salvaje que parece el predecesor de algo mucho más profundo.

—¡No!— mis manos encuentran la fuerza que les faltaba, le empujo a un lado y me quedo sentada mientras mi titubeante mano me tapa boca, ¿pero qué ha sido eso?¿qué acaba de pasar?¿¡qué he hecho!?. No puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas, tiemblo ultrajada mientras Ranma vuelve a acercarse a mí, olisquea mis ropas y comienza a frotar su costado contra mi espalda.

Me alejo de él como si quemara, sus ojos azules parecen preocupados por mi actitud. Alzo la mano dispuesta a golpearle, a cobrarme con creces su ofensa, pero entonces se encoge sobre sí mismo y cierra los ojos, temeroso.

Me quedo quieta aún con mi mano en alto comprendiendo que no estoy ante Ranma, solo es un gato asustado. Es un animal que se guía por sus instintos, que apenas sí y atiende a su propio nombre, mucho menos a razonamientos humanos.

Pero entonces… ¿por qué ha hecho eso?, ¿desde cuando los gatos besan así?.

Siento como llego a mi límite. Quiero golpearle, quiero gritarle, pero no puedo hacerlo mientras siga pareciendo una criatura asustada.

Cierro el puño y me trago el enfado, termino de levantarme del suelo y sacudo las hojas de mi abrigo. Seco la lágrima que corre por mi mejilla e internamente me disculpo un millón de veces con Shinnosuke. Nunca puede enterarse de esto. No puede saber nada de estos inciertos días lejos de él.

Ranma salta a mi alrededor y cuando comienzo a alejarme me sigue con su caminar a cuatro patas. Demasiadas emociones por un día, lo mejor será buscar una habitación en un hotel barato y rezar porque ese idiota recupere el juicio, y más le vale hacerlo pronto.

—Vamos minino— le digo burlona, cosa que a él le pasa completamente desapercibida.

Tendré que darle un plato de leche para cenar.

.


.

¡Hola queridos lectores!

Aquí está el nuevo capítulo, saco un ratito para actualizar mientras sigo peleando con el capítulo 12, no miento si digo que cada vez se van complicando más las cosas para estos dos.

Este capítulo me gusta mucho, pasan cosas muuuuy interesantes que tendrán consecuencias en el futuro, ¡y por fin encuentran a Genma!¡vaya la que tiene liada!.

Sobre el tesoro oculto de Yamashita solo decir que lo que aquí he puesto es completamente cierto, excepto claro, la parte de la katana. La original se encuentra realmente en el museo militar de West Point y que yo sepa no ha salido de ahí, jajaja. Me inspiré en esta historia buscando misterios sin resolver y me pareció ideal para usarlo en mi fic, así de paso todos aprendemos cosas.

Muchas gracias a todos por leer y continuar dejándome reviews, os lo agradezco de corazón. Especial agradecimiento a mi argentina favorita, Nodokita.

Y ahora sí, respondiendo comentarios: The girl of pig tailed (¡Gracias! y sí Akane pronto se encontrará en una encrucijada... pero Ranma también, jijiji), xandryx (¡Gracias! y muchos ánimos con el casamiento de tu hermano. De momento me seguirás leyendo, pero no se que será de mí en un par de meses, lo mismo pierdo la cabeza, jajaja. Yo cuando estoy atascada también me releo alguna escena de Crisantemo XD), Sav21 (¡Muchas gracias! ay no, ya es tarde para echar marcha atrás, ya me caso sí o sí, jajaja. Y no te preocupes, por supuesto que terminaré el fic, solo digo que me voy a tomar un par de meses de vacaciones, no es tan malo T_T), Piki26 (No es ningún secreto que me encantan los celos de Ranma y aprovecho cda oportunidad que tengo para mostrarlos, jiji. Y sí Genma se metió en un lío bien complicado... veremos las consecuencias que tienen sus actos. Gracias por seguir leyendo, ¡muchos besos!), susyakane (¡Muchas gracias!, me alegro de que te guste, mi Ranma es que siempre es un amor.), Jannika1990 (¡Muchas gracias! intentaré aprovechar mejor mi tiempo, por nada del mundo dejaré de escribir ;) ), Dulcecito311 (Ranma siente cosas que saben que están mal... ¡pero Akane también! mira lo nerviosa que se puso con todo el asunto del beso. La pobre tan inocente un viaje tan lleno de emociones va a trastocar todo su mundo, jejeje), Rokumon (Gracias a ti por dejar comentarios, y sí, haces muchas preguntas que de momento no puedo dar respuestas, pero al menos este capítulo aclara varias cosas), Sany (¡Gracias! y felicidades a ti también. El estrés es inevitable, yo más que sueños solo tengo pesadillas, soy una persona de naturaleza nerviosa así que te puedes imaginar. Gracias por leer), Mimato bombon kou (Digamos que la confianza entre ambos se va forjando capítulo a capítulo, cosa por otra parte inevitable al compartir tantas cosas. A mi también me gustó mucho la parte en la que despiertan juntos, me encantan los pensamientos de Ranma, son de lo más divertidos. ¡Saludos!), Paoh (¡Muchas gracias! y más interesantes que se van a poner las cosas, JUAS JUAS JUAS -risa malvada- ), MariamST (OOh, ¡muchas gracias por animarte de ajar un comentario! para los autores es importante saber la opinión de los elctores, gracias por hacer el esfuerzo y salir del anonimato. Me alegra saber que te gustó Crisantemo, creo que es mi fic más "duro" pero a la vez el más intenso. Un saludo y sigue leyendo por favor.), AmySaotome (¡Muchas gracias por seguir mis fics! espero que te esté gustando "Quince días", yo como siempre me esfuerzo mucho. Gracias por leer), bry (¡Hola bry!, es tal y como dices, reconociendo que mantiene esa distancia él mismo se percata de que no la trata con "normalidad". Akane se molesta en el mismo momento en el que él habla de "U-chan", el "chan" es un apelativo muy cariñoso que solo se usa con niños o con chicas muy cercanas, en ese mismo momento ella se pone sobre alerta. Es el problema de escribir solo desde una perspectiva, que se pierde por completo la otra U_U. Me siento como una tramposa jugando a dos bandas. Y lo de los ancianos es tal como dices, la experiencia, jajaja. Mil besos), Jorgy (Lo de los ancianos es lo más (ya se lo comenté a bry), tan agudos ellos comprendiendo sin más palabras. Y obvio que lo se Shinnosuke empieza a tornarse raro... a veces da que pensar si la misma Akane sabe lo que tiene en la cabeza. Por otra parte... ¡tienes la moneda! ¡que ilusión!. Yo también conservo algunas como recuerdo. Obvio que ya no siguen en curso, ahora tenemos el euro para toda Europa. Muchos besos linda) y rya (en ello estoy, ¿cobras por palabra?, que escueta chica, jajaja. Gracias por comentar).

De nuevo gracias de corazón.

¡Nos leemos!

LUM