Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
.
~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~
Quince días
~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~
.
Capítulo 12: Sábado 23
.
Ranma
.
—¿Entonces?
—¿Eh?
—¿No me sacarás a bailar?— cierro los ojos fuerte y me obligo a poner los pies en el suelo.
En frente de mi hay una chica que no conozco y me mira impaciente. Tiene el pelo teñido de un feo color rubio que no le hace ningún favor a su piel blanquecina, y lo más importante, no sé de que mierda habla.
¿En qué momento he conversado con ella? o mejor dicho, ¿cuando ha comenzado a hablar conmigo y se ha creído que estaba interesado?. Llevo un buen rato respondiendo con asentimientos y monosílabos, a estas alturas podría haberle prometido bailar, conocer a mis padres y llevarla de vacaciones a europa sin siquiera decir una palabra.
—No— contesto de mala gana, dando por zanjada la "conversación".
—Que grosero— espeta sintiéndose herida por mi evidente desinterés.
Ni siquiera la veo marchar, estoy demasiado absorto. Apoyado contra una de las muchas barras de lo que es un gigantesco salón flotante observo a la multitud intentando recordar mi objetivo.
Diablos, fui yo quién propuso este estúpido plan.
Separarnos para poder vigilar y así dar con mi padre, en principio no sonaba mal, tres personas ven más que una sola, lo que no calculé fue que nuestra separación me iba a causar tanta ansiedad.
El nudo de la corbata me aprieta, lo deshago ligeramente y abro el primer botón de mi camisa. Aprovecho que uno de los camareros pasa delante de mí y tomo de su bandeja lo que espero y deseo que sea un vaso de agua. Tengo la garganta seca.
A quién quiero engañar, no estoy buscando a mi padre ni a los yakuzas, todos ellos han pasado al segundo lugar en mi lista de prioridades. Muevo mis ojos entre el gentío con la intención de dar con Akane, solo saber que se encuentra bien (y sin compañía) será suficiente.
Es como dejar un caramelo a la salida de una escuela.
Lo que ha hecho U-chan es un golpe bajo. Bajísimo. Cuando nos quedamos a solas intenté obviar el hecho de haber metido a una chica en su casa, pero por supuesto no funcionó. Me sonsacó todo lo que pudo, a mi entender solo le faltó un foco potente, una cuerda y unos alicates para que terminara de cantar.
"Es muy guapa"— dijo observando mi reacción, y yo lo negué de plano, como si fuera un vergonzoso adolescente. Puede que fuese el karma, pero a mi amiga U-chan no se le ocurrió mejor modo de hacerme tragar mis palabras que vistiéndola así.
Mi cerebro se bloqueó ante la imagen que me devolvían mis ojos. Su piel pálida, su cabello negro, sus pechos turgentes apretados en ese vestido blanco que la hacían parecer una ninfa de cuento. Una hermosa novia.
Maldita sea mi jodida suerte. Estoy tan furioso que sería capaz de atravesar el casco de este barco de un solo puñetazo.
Me siento gilipollas.
Mi corazón no deja de palpitar acelerado, mis manos se abren y cierran crispadas, respiro sobresaltado. Es como si hubiera cogido una enfermedad, una gripe con la que debo luchar o me consumirá entero. Aunque mucho me temo que de nada me va a servir la convalecencia.
De nuevo intento alejarla de mis pensamientos y me centro en encontrar al desgraciado de mi progenitor, todo esto es culpa suya, que la haya conocido es culpa suya, que me esté convirtiendo en un desgraciado inestable también lo es.
—¿Bailamos?— una voz femenina me asalta por la espalda, me giro con aburrimiento dispuesto a rechazarla con mi mejor cara, pero a ella no le puedo negar nada.
—¿U-chan?
—Necesito librarme de unos proveedores muy pesados, tu solo mueve los pies— dice mientras se toma la libertad de posar sus manos en mis hombros, yo me limito a obedecer.
—¿Le has visto?— pregunto con un deje de nerviosismo, oteando por encima de su cabeza.
—¿A Genma? si viene tendrá que esquivar a mi equipo de seguridad, no creas que lo tendrá fácil.
—No es por desmerecer a tus hombres pero me temo que no pueden hacer nada contra él, es un ladrón experto, siempre tiene un as en la manga.
—Ajá, cómo tu matrimonio— dice con un deje de rencor, abandono la búsqueda de mi padre entre la gente y la miro con el entrecejo fruncido.
—No estarás enfadada por eso, ¿verdad?— pregunto atento a su expresión.
—Deberías habérmelo dicho desde el principio— contesta dolida.
—No es como si quisiera ocultarlo— me excuso pobremente, y siento como ella deja caer las manos hasta mis antebrazos.
—Sí que querías, puede que a ella consigas engañarla, pero no a mi.
—U-chan no quiero tener esta conversación— y no quiero, algo en mi cabeza ha comenzado a sonar fuerte y de forma rítmica, es una alarma que bien podría pertenecer a un submarino nuclear.
—¿Es porque está a punto de casarse?— pregunta entrometida, y yo siento que acaba de pincharme dentro del pecho.
—No es eso— digo evitando sus ojos verdes que tan bien me conocen.
—Vaaaaya, que interesante— sonríe malvada. —Jamás pensé que viviría para verlo.
—¿Para ver el qué?— me defiendo molesto de la incómoda charla.
Ella me mira cómplice y continúa moviéndose al ritmo de la banda que toca una melodía suave y aburrida.
—Te acostumbraras— susurra con la mirada perdida, y yo la miro sin entender, levanta la vista lentamente y me sonríe con sus hermosos ojos verdes tornándose cristalinos. —El dolor se volverá tan normal como respirar, y aunque te creas morir seguirás viviendo. Al final descubrirás que pese a todo se puede volver a amar con un corazón roto.
Una lágrima rueda por su mejilla.
—¿U-chan?— pregunto preocupado, ella esquiva mi mirada y se separa de mi abruptamente, el flequillo cubre sus ojos durante un instante, ensombrece sus facciones hasta que la luz de la estancia vuelve a incidir contra su rostro y en él ya no queda resquicio de llanto.
—No seas estúpido, a ella no le eres indiferente. Tu aún tienes una oportunidad— dice dándome un nuevo empujón, parpadeo confuso por su actitud pero aún más por sus palabras.
¿No le soy indiferente?¿qué quiere decir con eso?. Pero antes de que me siga planteando más dudas mi pareja de baile toma una copa de un camarero cercano y tras un primer trago la interrumpen.
Al fin y al cabo U-chan es la anfitriona de la fiesta, tengo suerte de que siquiera haya tenido tiempo de charlar cinco minutos. Veo como un nutrido grupo de personas engulle a mi amiga entre risas y alabanzas, me retiro poco a poco a un lugar mucho más discreto para continuar mi búsqueda.
Camino lento entre la gente, miro con cuidado, echo un ojo a la fría cubierta exterior de la cual nos protege una gigantesca y hermosa cúpula de cristal que deja penetrar la luz de las estrellas.
Chasqueo la lengua hasta que atisbo una sombra por el rabillo del ojo, se mueve silenciosa, demasiado rápida. Camino apresurado evitando personas, echando gente a un lado y a otro con tal de no perderlo. Estoy seguro, le he visto, era el tarado de mi padre.
Detengo mis pasos mientras intento localizar de nuevo su rastro, es escurridizo pero me atrevería a decir que no más que yo. Con los años he llegado a conocerle, le he comprendido de la misma manera en la que el inspector de policía conoce al delincuente.
Sé que ha venido en mi busca, sé que necesita algo que solo puede obtener a través de mí… ¿quizás contactar con mi madre?¿sonsacarme información?, camino cauto sabiendo que si me alejo lo suficiente, si me pierdo en el gentío puede que no tenga siquiera que seguir buscándole, puede que entonces él me encuentre a mi.
Mis pensamientos se enturbian y retuercen en extrañas formas, en cada vez más oscuros derroteros de conspiraciones y engaños. Siento como mi rencor va in crescendo, aprieto la mandíbula inconscientemente, tronando los dientes.
La música suena lenta y varias parejas bailan en la pista, el viejo ha desaparecido igual que hace siempre, sin dejar rastro.
Estoy a punto de dar media vuelta cuando otra cosa capta mi atención. La veo y detengo mis pasos, me quedo clavado en el sitio igual que hace tan solo un rato, delante de la casa de U-chan.
El bajo de su vestido se mueve al compás de sus pasos lentos, sus manos están posadas sobre los brazos de un desconocido, quién dirige el baile y toma con una mano su cintura.
Charlan, hablan sobre algo que debe ser apasionante, si no no me explico su ligera sonrisa, sus ojos atentos. Todo el rencor acumulado contra mi progenitor se disipa en el aire, dando lugar a otro tipo de sentimiento. Es oscuro y poderoso, me embarga hasta estremecer mis músculos, hasta apresar mi corazón.
Es un monstruo gigante que devora mi pensamiento en un parpadeo.
Mis pies se mueven hacia ellos, tenso los puños dispuesto a imponer mi voluntad así tenga que utilizar la fuerza. En esto me estoy convirtiendo, en alguien que no conozco, en un pirado aún mayor que mi propio padre.
Comprendo demasiado tarde que estoy celoso.
Cuando mi respiración se interpone entre yo y mis palabras ya estoy demasiado cerca de la pareja como para fingir que me encuentro ahí por casualidad.
Golpeo suavemente el hombro del desconocido, él se gira sorprendido.
—Mi turno— digo tan suave como mis propios gestos. No estoy pidiendo permiso, no quiero dar explicaciones. Tan pronto como termina de girarse le aparto de ella y tomo su lugar.
—¿¡Ranma!?— exclama sonrosada, moviendo las manos incómoda, como si conmigo no supiera donde posarlas.
El tipo se queda con cara de bobalicón en mitad de la pista, carraspea y se aleja comprendiendo. Bien, sonrío de medio lado mientras le veo irse y dejar de ser una molestia.
Sabía que pasaría algo así, lo supe en cuanto nos separamos. Es demasiado bonita, está demasiado hermosa. Obvio que habría una fila de tipos dispuestos a llevársela consigo a casa.
—¿Qué se supone que estás haciendo?— protesta, y yo termino de pasear los ojos por la estancia para centrar en ella toda mi atención.
—No me digas que he interrumpido algo— respondo conteniendo el aliento, sus manos se cierran en puños contra mi antebrazo.
—¡No!, ¿como crees?
—¿Entonces que hacías bailando y no vigilando?— vuelvo a decir, intentando de alguna forma deshacerme de ese monstruo que amenaza con devorar toda mi razón.
—¡Ja! mira quién fue a hablar…
Alzo una ceja, comprendiendo de pronto.
—¿Me viste bailar con U-chan?
Ella aparta la mirada orgullosa, no puede ser que esté enfadada por eso, no tendría ningún sentido. Me doy cuenta que mientras todo el mundo a nuestro alrededor se mueve, nosotros permanecemos plantados sin hacer nada más que discutir.
En un gesto lleno de atrevimiento rozo con la punta de los dedos su espalda. El contacto me electrocuta, un millón de voltios corren por mi columna mientras intento que mi expresión no me delate. Mi otra mano se apresura a tomar la suya y apenas muevo los pies intentando fundirme con el ambiente, incitandola a hacer otro tanto.
Mi mano baja lentamente hasta su cintura recorriendo toda la piel expuesta, en el camino me doy cuenta de un sutil pero importante detalle.
—¡No llevas sostén!— susurro asombrado, sus ojos marrones me miran cargados de indignación.
—¿¡Eso es lo primero que se te ocurre decir!? no que me veo bien, ¡si no que no llevo sujetador!— intenta empujarme y respondo apretándola aún más fuerte contra mí. Su cintura es finísima, tan frágil que siento que podría partirla si la fuerzo demasiado.
—Estás llamando la atención— susurro de nuevo, pero sus salvajes orbes marrones me responden con un rencor difícil de simular.
—¡Eres un pervertido!— hace un renovado intento de zafarse de mí y yo la estrecho aún más fuerte, lo suficiente para elevar sus pies del suelo y dejarla por completo a mi merced.
—He visto a mi padre— interrumpo sus protestas, ella me observa aún llena de resentimiento pero con cierto interés, relaja sus brazos y ceja en su empeño.
—¿Y entonces que hacemos aquí y no persiguiéndolo?— insiste, sus palabras me hace dudar, no le falta razón.
—Acabará apareciendo, y mientras este es un sitio privilegiado para observar toda la sala— vuelvo a permitir que toque el suelo con sus finos zapatos de tacón, un ligero tinte rosado cubre sus mejillas y evita mirarme. Yo aprovecho para repasar rápidamente lo que tengo en frente de mí, el escote aprieta tanto sus pechos que me hace sentir febril.
—¿Dónde miras?— pregunta alzando la barbilla, y yo levanto la mirada rojo de pura vergüenza.
—No estás tan plana como creía— sonrío de medio lado intentando recuperar las riendas de la situación, pero solo consigo hacer renacer su enfado previo.
—¡Eres…!
—Estás muy guapa— las palabras salen de mi boca antes de que alcance a detenerlas, llegan a ella golpeándola tan fuerte como a mí mismo. Me mira boquiabierta mientras la melodía cambia y sus brazos se relajan, sus piernas comienzan a moverse acompañando a las mías inconscientemente.
Tímidamente aparta sus ojos de los míos.
—Gracias, tu… tu también— dice con una voz fina y bajita, siento como sus manos se rinden y las apoya sobre mis hombros.
El silencio se cierne sobre nosotros aún a pesar de la algarabía externa, no me voy a quejar, con sus dedos tímidamente rozando mi cuello mientras mis manos se muestran muchos más seguras a la hora de tomar su cintura me siento en el cielo, justo antes de que una gigantesca grieta se abra bajo mis pies y me arrastre al peor de los infiernos como es la realidad.
He de distraerme con algo, lo que sea. Cualquier tema de conversación estaría bien.
—Así que… virgen— me daría de bofetadas ahora mismo, se ve que mi cerebro solo entiende de un tema.
—¿Y qué te importa?— contraataca azorada, tensando los dedos sobre mis hombros.
—Nada, en realidad no es gran cosa— me encojo de hombros quitándole hierro al asunto —Aunque se me ocurre que podría ser un buen nombre.
—¿Nombre?
—"Chica virgen" es más divertido que "Cincuenta yens"— sonrío mientras la siento indignarse, sé que me estoy ganando un tortazo, y aún a pesar de ello no puedo evitarlo. Me encanta cuando toda su cabeza se llena de mi hasta el punto de explotar. Me produce un placer morboso el poseer durante unos instantes toda su atención.
No soy diferente a un niño.
—No me molesta ser virgen— dice intentando demostrar lo poco que la afectan mis palabras, dándome de paso una lección de madurez.
—Supongo que entonces solo te resultará… inconveniente.
—¿Inconveniente?¿por qué debería ser un inconveniente?
—Te vas a casar y ni siquiera sabes si tendréis buen sexo— eso la descoloca, supongo que hablar detalles tan íntimos no es su fuerte, aunque tampoco es que sea el mío.
Se azora adorable mientras sus pies siguen a los míos en la pista, nos movemos tan lentos que más que bailar nos estamos meciendo con la misma cadencia que el barco sobre las aguas.
—El sexo no es tan importante.
—Eso es lo que diría una chica virgen.
—Ahora entiendo porqué han fracasado todas tus relaciones.
—Puede que el sexo no sea lo más importante, pero es importante— la corrijo de nuevo.
—Pobres chicas, sufriendo de amor mientras tu solo te fijabas en su talla de sujetador.
—¡Eh! yo no soy así.
—Eres exactamente así. Importa mucho más la sinceridad o ser amable el uno con el otro.
—¿Sinceridad?¿que sabes tu de sinceridad si no te atreves a contarle nada sobre tí misma?
Me empuja lejos de su cuerpo, me mira con sus iris tornándose cristalinos y recoge su vestido dispuesta a dejarme plantado. Nuestra separación me causa un dolor real. No quiero que se aleje, me doy prisa en agarrar su mano y antes de que se gire para increparme digo lo único que se me ocurre.
—Perdón— respiro fuerte mientras se vuelve y me mira severa. —No pretendía molestarte.
Akane baja la mirada, yo vuelvo a acercarme lentamente, con miedo a que salga corriendo, asustada como un gato callejero.
Poso con cuidado mi mano en su espalda y con movimientos suaves recupero nuestra anterior posición de baile, no puedo evitar aspirar el aroma de sus cabellos, el deleitarme durante unos segundos con su calor mientras volvemos a donde estábamos antes. Ella pasa sus manos por mi cuello y roza con las yemas de los dedos el nacimiento de mi trenza. Se me eriza el vello, mi cabeza flota atontada en una nube.
—Tienes razón— admite con un tono triste. —Tengo miedo de decirle las cosas y que se de cuenta de que no soy como creía. Temo que piense que le he estado engañando.
—¿Y no ha sido así?— pregunto interesado. Ella calla y en su lugar entierra el rostro en mi hombro, como si se hubiera cansado de tanta palabra. —No sé como es la otra Akane, pero yo prefiero a esta.
Levanta el rostro poco a poco, sus gruesas pestañas trazan sombras sobre sus pómulos sonrosados, me mira atónita, pero también hay algo más en sus ojos: están llenos de agradecimiento, de muda aceptación.
No me da las gracias, no las necesito.
—Cuando estoy con Shinnosuke siempre tengo miedo de decir algo inadecuado. Siempre estoy tensa, será por eso que le cuesta tanto acercarse a mi.
Trago saliva cuando siento la garganta seca, cada vez me queda más claro que ese tipo debe de estar trastornado. Siento su fina piel sobre la palma de la mano y reúno todo mi valor restante.
—¿Puedo preguntarte algo?— digo mientras siento como me pierdo en sus pupilas, ella asiente tímida. —¿Hasta donde…? es decir, ¿cuanto habéis...?, ya sabes, vosotros…
—¿Quieres saber hasta donde hemos llegado?— pregunta incrédula, menos mal que lo ha dicho ella, yo no sabía como continuar sin parecer un entrometido… o un depravado. Sus pómulos adquieren un color incandescente y se muerde el labio inferior pensativa, yo la observo impaciente.
Entiendo que el que maneja situación no soy yo, en realidad quien ha empezado a hablar por mí es el guerrero que llevo dentro. Se está preparando por lo que ha de venir, le siento dispuesto a luchar, y para ello necesita información de su enemigo; debe saber a qué se enfrenta.
Independientemente del tipo que sea, una batalla es una batalla
Espero ansioso mientras ella se arrepiente de haber aceptado mi pregunta.
—Sólo nos hemos besado— confiesa con todo el apuro del que parece ser capaz de aunar una persona.
—¿Sólo eso?— el guerrero se está riendo a carcajadas.
—La última vez en una cita que tuvimos en primavera.
—Es invierno— señalo lo obvio.
—El otro beso fue hace más tiempo.
—¿Cómo que "el otro"?¿me estás diciendo que os habéis besado… dos veces?
Asiente abochornada y yo escucho un grito de guerra feroz, tan fuerte que si no supiera que solo está en mi cabeza me habría tirado rodando al suelo. Eso significa que solo voy perdiendo dos a uno. Su ventaja es ínfima.
—No sabes hacer el amor, no sabes besar… pobre "chica virgen"— me burlo adrede, con la pura intención de conducir la conversación a mi terreno.
—Sí que sé besar— se defiende altanera.
—No me lo creo, apuesto que nunca te han besado de verdad.
—Puede que tengamos un concepto diferente de lo que significa un beso— dice sin perder el compás ni dejarse amedrentar.
—Quizás… pero te garantizo que si yo te besara cambiarías de parecer— mis ojos están fijos en sus labios pintados de carmín rosado, que se abren y cierran encerrando su afilada lengua. Y siento que de una vez por todas acabo de perder el control sobre mis acciones y palabras, me encuentro completamente entregado a ese diminuto espacio de suelo en el que nos movemos fingiendo bailar, evaluándonos en busca de la pequeña chispa que nos haga mandarlo todo a la mierda. Estoy encerrado en esa cárcel que forman sus brazos tras mi cuello, no tengo escapatoria.
—Te recuerdo que ya me besaste una vez y no fue la gran cosa— dice entre escéptica y divertida. Está jugando conmigo, se está riendo de mi. Si no tiene cuidado la haré tragar sus palabras.
—No me acuerdo de eso, así que no cuenta.
—Yo creo que sí— suavemente siento como toma mi trenza entre sus dedos.
—¿Te da miedo comprobar cuán equivocada has estado toda tu vida?
—¿Tan bueno te crees?
—¿Quieres una prueba?— pregunto conteniendo el aliento, mis manos se encuentran ancladas al comienzo de sus caderas, apoyo la palma derecha por completo en su espalda, atrayendola a mi, acabando con el espacio y sintiendo sus pechos contra mi torso. Mi corazón late desbocado, contra él no puedo luchar.
—¿Haces esto para demostrar algo?— no me es extraña la tensión de su voz, pero ella misma se ha metido en este lío. Ahora no estoy dispuesto a dejarla ir.
—Hay una cosa que debes saber de mí— contesto mientras mi cerebro alimentado por la adrenalina trabaja a marchas forzadas, y mis deseos, inquietudes y anhelos se concentran en sus labios. No creo haber deseado una boca tanto como en este momento. Agacho la cabeza mientras siento su aliento, entrecierro los ojos mirando mi objetivo y ella hace lo mismo, sus ojos marrones se estrechan ante mi impúdica cercanía. —Odio perder.
Cierra los ojos, se entrega a mí o quizás al momento, no me importa, no pienso desaprovechar la oportunidad. Recorro los centímetros que nos separan y me humedezco los labios preparándome para tomar los suyos, cuando de repente todas las luces de la sala se apagan y la gente comienza a gritar.
Por un instante me quedo parado sin saber que hacer. Me muero por recorrer el ridículo espacio que queda entre nosotros, por probarla de una vez y averiguar si hay marcha atrás o definitivamente me he abandonado a mis sentidos.
Pero no tengo tiempo de continuar en mi encrucijada, estoy tan cerca que siento sus párpados abrirse en la oscuridad y clavar sus pupilas en las mías.
—¿Qué está pasando?— pregunta alejándose un palmo.
Aprieto los dientes hasta que siento que me van a sangrar las encías. Con todo el pesar la libero de mis brazos.
Por desgracia tengo una idea muy aproximada de lo que puede estar ocurriendo.
Voy a matar a ese viejo cuando le encuentre.
—¡Muévete!¡Ukyo está en peligro!— grita ella recogiendo el bajo de su vestido y deslizándose como una serpiente en el agua entre el gentío.
—¡Espera!— grito intentando atrapar su muñeca, pero por apenas unos centímetros no llego a alcanzarla. Akane corre sorprendentemente rápido sobre sus altos tacones y esquiva personas con tanta habilidad que cualquiera diría que más que buscar a Ukyo lo que pretende es huír de mi.
La pierdo en lo que tardo en apartar a un grupo de encorbatados de mi camino. Antes de que me de cuenta estoy corriendo hacia una de las paredes del salón, directo a una de las puertas laterales que dan salida a la cubierta.
—¡Suegro!— la escucho gritar al tiempo que el frío me golpea el rostro y la noche estrellada me recibe en plena mar, giró sobre mí mismo mientras veo desaparecer su figura al final de la proa.
—¡Akane!— exclamo a pleno pulmón.
Sus zapatos suenan rítmicos sobre el casco, corro a toda prisa sabiendo que ha dado con mi padre antes que yo... Quizás porque ella sí le estaba buscando.
Freno en seco cuando alcanzó la proa y compruebo que allí no hay nadie. Miro alrededor para comprobar que la muy idiota acaba de terminar su descenso por una fina escalera hasta llegar a la cubierta inferior.
—¡Sal de ahí ahora mismo!— digo con un tono de preocupación legítimo, pero ella hace oídos sordos.
Me abalanzo sobre la escalera dispuesto a darle caza, primero a ella y después al viejo.
La escucho gritar de nuevo y eso solo incentiva mis nervios. No entiendo lo que dice, solo escucho el eco de su voz arrastrada por el viento. La cubierta inferior es un larguísimo pasillo con decenas de pequeñas puertas a un lado y al otro una baranda que impide la caída al mar. La recorro en la dirección que la he visto tomar desde arriba. No sé qué está pasando, no entiendo en qué momento he dejado de tener el control.
Corro hacia la parte trasera de la embarcación, las aguas mecen el casco y el suelo se vuelve inestable.
—¡Akane!— grito desesperado, no sé que está pasando, no entiendo nada. Al final del pasillo hay un gran espacio en el que el suave suelo de madera es sustituido por otro más burdo, y en él se acumulan enseres como cuerdas y extrañas anclas enrolladas en torno a gigantes mazas de hierro forjado, que sirven para fijar la embarcación a puerto.
Mis pasos se aceleran, distingo dos figuras que discuten cerca de la baranda, al final del todo, engullidas por la oscuridad.
—¡Démela de una vez!— dice ella con esfuerzo.
—¡Esto no es asunto tuyo!— la inconfundible voz del viejo centellea en la noche, mis temores se hacen realidad cuando a escasos metros les veo discutir.
Ambos forcejean por la katana, Akane la toma de un extremo y el viejo del otro, tirando cada uno hacia sí con determinación.
Corro hacia ellos dispuesto a mediar cuando una repentina ráfaga de viento lo sacude todo.
Escucho el lejano eco de un trueno y entiendo que se avecina tormenta.
Una ola asola la cubierta, mojando mis pies y empujándome directo contra una de las gigantes bobinas de cuerda. Apoyo las manos y me agarro como puedo, el barco no tarda en estabilizarse pero estoy seguro que la fuerte marejada no ha hecho más que empezar.
Cuando alzo la mirada ya no veo las dos siluetas, el lugar está en completo silencio. Un escalofrío corre por mi columna cuando llega a mi una terrorífica idea de lo que puede haber pasado.
Estaban demasiado cerca de la baranda, demasiado como para mantener el equilibrio.
—¡Akane!— mi propia preocupación me hace trizas, casi vuelco cuando mis manos alcanzan la barandilla de frío metal. Mis ojos observan histéricos el negro mar, la inmensa cantidad de agua que se abre a tan solo tres metros de altura.
—¡Ranma!— su voz… ¡es su voz!. La busco y finalmente la encuentro agarrada precariamente a una de las últimas varas que forman la protección de la cubierta. Sus piernas cuelgan sobre las aguas en la parte exterior del casco, se sujeta tan solo con una mano mientras con la otra aprieta fuertemente un alargado bulto contra su pecho.
No me cuesta demasiado localizar a mi padre, quien a unos metros se agarra como una garrapata a la barandilla para no caer.
Corro hacia ella y le tiendo la mano, por apenas unos centímetros no consigo alcanzarla, está demasiado abajo.
—¡Tonta!¡suelta eso y agárrate!— digo mientras me estiro lo indecible con tal de conseguir rozar siquiera sus dedos.
—¡No puedo!¡es lo que estábamos buscando!
—¡Te caerás!¡toma mi mano!
—¡Pero...!
—¿¡A quién demonios le importa la maldita katana!? ¡tu seguridad es mil veces más...!— no termino cuando una nueva ola choca contra nosotros. La veo caer a cámara lenta, sus dedos resbalan de la superficie y sus ojos me observan llenos de miedo.
—¡No!
La impotencia invade cada fibra de mi ser, un rugido escapa de mi mientras me deshago de mi chaqueta y sin pensarlo me lanzo tras ella al helado mar.
Las aguas me engullen, el frío es tal que siento por un momento como si me hubiera arrollado un camión. Mi cerebro se embota, no puedo respirar. Salgo a la superficie y tomo una bocanada, lanzo una rapidísima mirada solo para comprobar que Akane no está aquí, lo cual significa...
—¡No me jodas!— me zambullo en el agua, mis ojos apenas y pueden ver nada en la oscuridad pero sé que debo encontrarla, debo dar con ella así se haya hundido hasta el fondo, porque de lo contrario… no, no quiero ni pensar que podría ocurrir si no lo consigo.
Con el alma en vilo, a punto de perder la razón, de perderme incluso a mí mismo en esas aguas congeladas de la costa de Osaka extiendo los brazos una y otra vez en mi agónica búsqueda.
Mis pulmones arden por la falta de oxígeno, mis músculos se mueven cada vez más despacio, paralizados por el atroz frío. Lo único que sigue funcionando correctamente son mis ojos, que poco a poco se acostumbran a la oscuridad, tercos por encontrar lo que tanto ansío.
Lo más importante. La mujer que yo…
Es como una epifanía, como si mi propia revelación subacuática me mostrara el camino. Las aguas se aclaran, la luz de la luna penetra como si fuera un potente foco, un rayo que apunta hacia su delgada figura. Su blanquecina piel resplandece aún más entre la vaporosa tela de su vestido, que flota a su alrededor con la transparecia de una medusa, una prodigiosa criatura marina.
Tomo su cintura y alzo su cara para unir sus pálidos labios con los míos proporcionándole un soplo del escaso aire que me queda. Apenas abre los ojos antes de que yo mismo agarre su mano y tire de ella hacia el exterior. Tan rápido como puedo, tan rudo y fuerte como empujan mis piernas el agua que nos envuelve.
Cuando alcanzamos la superficie respiro histérico, ella hace otro tanto mientras tira de mi brazo, parece no poder sostenerse a flote. Bracea inútilmente y se hunde de nuevo, vuelvo a sacarla y con un certero movimiento paso mi brazo por debajo de los suyos, la agarro sin duda ni sonrojo por encima de sus pechos y comienzo a nadar hacia la costa, donde atisbo lejanas luces. El barco nos ha dejado atrás.
No sé cuántos kilómetros nos hemos alejado, ni siquiera sé donde estamos, me guío con las lejanas y amarillentas bombillas que permanecen prendidas en la noche y solo ansío que no se encuentren tan lejos como parecen desde el congelado océano.
El silencio se lo traga todo. Escucho su respiración entrecortada, siento sus brazos temblorosos sacudiéndose en espasmos por la hipotermia.
—Ni se te ocurra desmayarte— digo intentando ser firme, pero el mismo frío atenaza mi garganta y las olas golpeando mi rostro hacen que la frase salga atragantada.
Estoy al límite de mis fuerzas, de repente siento calidez a pesar del frío. Desconozco el tiempo que llevo nadando, arrastrando su frágil cuerpo, más pesado a cada momento. Mis piernas patean el agua cansadas, mis movimientos se tornan cada vez más lentos.
Entiendo que no aguantaré mucho más. Apenas escucho su tenue respiración, su piel está tan fría que bien podría estar abrazando un témpano de hielo.
"Aguanta".
Y no se si lo digo por ella o por mi, la cabeza me da vueltas, solo tengo ganas de descansar, parar un rato y recuperar fuerzas. Pero una pequeña voz interior no deja de gritar que en el momento en el que me detenga todo se habrá acabado.
Continúo moviendo mi extenuadas extremidades como un autómata, hasta que mis piernas finalmente dejan de patear. Las ropas me pesan, ella pesa, todo es pesado menos el agua que me atrae hacia el fondo con la fuerza de la gravedad. Caigo.
Por un segundo mi cuerpo cede a la apacible calidez de la inconsciencia, hasta que mis pies rozan la suave arena del fondo marino. Siento las rodillas golpear contra él y mis ojos se abren para ver a la chica quien flota inconsciente a unos centímetros de mi. Alzo las manos para estrecharla entre mis brazos, cuando me doy cuenta de que el aire golpea la punta de mis dedos.
¿Será posible que...? piso la tierra, me pongo en pie para descubrir que el agua apenas me llega por la mitad del pecho. Respiro impaciente. Lo he conseguido, estoy en la costa. Tomo el cuerpo de Akane por las axilas y gastando mis últimas fuerzas la saco del agua.
Me derrumbo sobre la arena. Las heladas aguas continúan golpeándonos pero ya no les sirve de nada, por fin estamos a salvo.
Me inclino sobre ella comprobando su respiración, está más blanca que la misma muerte, sus labios se han tornado azulados y sus ojos permanecen cerrados, pero su expresión no se parece en nada a la dulzura que emite mientras duerme.
—¡Eh!— la sacudo sin cuidado, moviendo sus hombros bruscamente —¡Eh, despierta!¡Joder Akane, responde!
Pero mis gritos y sacudidas no causan efecto, mi corazón atenazado late histérico, apenas y siento las manos del terrible frío. La luna hace que su blanca piel resplandezca a causa de la humedad y mi propio cabello gotea sobre su rostro impávido. Le doy un par de golpes en la mejilla con la palma de mi mano, necesito que respire. Debe respirar o siento que yo mismo dejaré de hacerlo en este mismo instante.
Alzo su barbilla, no entiendo mucho de primeros auxilios, pero sí lo suficiente para saber qué debo hacer. Extiendo por completo su cuello facilitando la entrada de aire, lleno mis pulmones y sello su boca con la mía exhalando con desespero, rogando porque ese beso de vida me la devuelva. Me separo y tomo aliento dispuesto a repetir la maniobra, cuando la veo retorcerse bajo mi cuerpo, se gira sobre su lado izquierdo y tose violentamente en arcadas, expulsando agua salada, respirando agónica.
—¡Akane!— y siento que respiro por primera vez desde que salí del agua, ella se encoge sobre sí misma, sus piernas desnudas se pliegan sobre su pecho, ha perdido los zapatos.
Tiembla pero no emite sonido alguno, entiendo que se encuentra en shock.
—Te sacaré de aquí— y más que una declaración entiendo que acabo de hacer un juramento, me siento exhausto, y sin embargo de algún lugar surgen nuevas fuerzas que me hacen tomarla en brazos y alzarla, abrazándola contra mi pecho.
Solo entonces me doy cuenta del pesado bulto que lleva atado a la muñeca izquierda. Su brazo cuelga laxo, se agarra a mí con el derecho desesperada, se engancha a mi cuello y entierra su rostro en mi hombro, mientras su mano izquierda continua inerte, con la katana firmemente atada a ella. Como si no le quedaran fuerzas para alzarla.
No puedo despegar los ojos de la espada, siento un violento ramalazo de cólera en su contra. Akane ha arriesgado su vida por esa cosa, casi muere con tal de recuperarla. La muy estúpida ha preferido hundirse hasta el fondo del mar antes de soltarla.
Quiero gritar, quiero decirle cuán estúpida es, quiero que vea mi ira desplegada que amenaza con consumir mi cordura.
Tonta. Estúpida. Irresponsable.
¿Qué hubiera sido de tí?¿y tu familia?¿y tu prometido?. ¿Qué habría sido de mí si llego a perderte?
Me muerdo la lengua, aguanto como puedo mientras mis pies me alejan de la orilla con ella en brazos. No es el momento, pero vaya si me va a oír. Pienso gritar hasta quedarme vacío.
Me alejo de la playa y piso el suelo con mis pies desnudos, mi ropa gotea por la fría carretera que lleva hasta el diminuto pueblo. Akane tirira contra mi pecho, y yo siento su cuerpo cada vez más pesado.
Si no hubiera nadado varios kilómetros, si no hubiéramos permanecido en las frías aguas tanto tiempo, si no estuviera tan cansado, si sintiera las puntas de mis pies sin duda transportarla no resultaría tan agotador. Podría cargarla horas sin pestañear, pero ahora… yo mismo me siento al borde del desmayo.
Un pie detrás de otro, un paso cada vez. Escucho un pitido en los oídos y siento como mis propios músculos comienzan a temblar, gritan al borde de sus fuerzas.
Deambulo ante las puertas cerradas, doy traspiés hasta que una luz aparece ante mis ojos. Hay un pequeño cartel que ni me molesto en leer. Es una casa tradicional de puertas correderas, entro sin pedir permiso, corro la puerta valiéndome de los pies y me encuentro en un pequeño recibidor. Calidez al fin.
Dejo a Akane sobre el suelo de madera y me dejo caer a su lado, sigue tiritando, pero creo que yo mismo no estoy en mejor situación.
Escucho unos pasos y alzo la cabeza, una anciana corre hacia nosotros apurada.
—¡Cariño despierta, hay clientes!— ruge mientras se acerca a nosotros. —¡Dios santo!, ¿está lloviendo?— pregunta ingenua, yo me apoyo en el suelo con las manos y consigo alzar el torso hasta quedarme sentado.
—No… hemos caído al mar desde un barco.
Me mira incrédula, un viejo aparece tras ella y nos mira precavido.
—Prepararé el baño, querida encárgate de la habitación— dice mientras se aleja por el pasillo, ella asiente y mira preocupada a Akane.
—Será mejor que entréis en calor, vamos, ¡está helada!— se apresura por un estrecho pasillo haciéndome señales para que la siga. Incorporo a Akane, quién completamente indefensa sólo se deja llevar cual muñeca de trapo. Es cierto que está helada. Alzo sus piernas y de nuevo aprieto su menudo cuerpo contra el mío, ella alcanza a agarrar la katana y abrazarla, como si por nada del mundo quisiera desprenderse de ella.
Gruño de forma imperceptible y de pronto me encuentro en el baño. Una sala con una única y pequeña ventana en la esquina superior derecha, y ante nosotros el suelo de madera y una gran bañera de casi tres metros de largo. El vapor me reconforta un poco.
—Venga, quitáos esa ropa mojada, yo alistare la cama— me apura la señora mientras mete una mano en la tina y comprueba la temperatura. Tardo un segundo en comprender lo que me está diciendo.
—¡No! es decir… yo no puedo…
La mujer me mira ceñuda, no me pasa desapercibida la forma en la que observa mi postura, con Akane firmemente entre mis brazos, parece no comprender. A sus ojos sin lugar a dudas debemos vernos como una joven pareja.
—Meteos en la bañera, o la chica no lo cuenta— dice mientras se pone en pie y pasa a mi lado, siento un escalofrío que nada tiene que ver con la hipotermia que sufro. —No seáis tímidos— y sin más cierra la puerta tras de sí.
Escucho una gota de agua caer desde el grifo hasta la bañera, escucho la entrecortada respiración de Akane mientras continúa tiritando violentamente entre mis brazos, sufriendo espasmos que intenta atajar abrazándose a sí misma con desespero.
Bueno, no es como si fuera la primera vez que le quito la ropa. Solo que en esta ocasión me temo que no estoy lo suficiente borracho.
Trago saliva y comprendo que no me queda otra salida. Maldita sea mi suerte.
La dejo en el suelo y se queda sentada, no dice palabra y no sé si es porque no puede a causa del shock o porque realmente no se está enterando de lo que ocurre. Hace un rato ni siquiera respiraba, no le puedo pedir más.
Me agacho junto a ella con manos temblorosas, apenas siento la punta de los dedos y en este momento lo agradezco enormemente.
Encuentro una diminuta cremallera en su costado y con esfuerzo la bajo por la mojada y arrugada tela. Ella continúa encogida y temblorosa, le arrebato la katana y la dejo a un lado mientras sigo con mi tarea. Me sitúo a su espalda, respetando en la medida de lo posible su intimidad, y desde ahí termino de bajar el vestido hasta que este cae, arrugandose contra el suelo.
Akane ni siquiera reacciona, continua en la misma posición con sus senos expuestos al igual que su fina cintura. La muy tonta debería haber elegido un traje con sostén.
No me lo pienso, la levanto del suelo sin consideraciones, tan solo vistiendo una pequeñas braguitas que no estoy dispuesto a mover de su sitio sin perder el juicio, la tomo en brazos y con cuidado la meto en el agua. Se sumerge hasta el cuello y abre los ojos de golpe, como si el súbito calor la quemara.
Grita. Se agarra al margen de la bañera respirando de forma entrecortada, parece que acabara de correr una maratón.
Yo le doy la espalda y me desprendo de la corbata, dejo caer la camisa y con mi pecho desnudo termino de desabrochar mis pantalones. Cuando me quedo en ropa interior giro la cabeza ligeramente hacia ella.
Akane no me mira, aparta el rostro de forma tímida. Sus manos continúan temblando agarradas al borde, aunque ya mucho menos.
Termino de desnudarme, no tengo nada que ocultar y meterme en la bañera con ropa no termina de agradarme. Por un instante mi anquilosado pensamiento disfruta de la situación.
Cuando meto un pie en el agua entiendo el grito anterior. Mis congeladas extremidades se quejan al mismo tiempo ante el terrible contraste de temperaturas. Me sumerjo hasta el pecho y no puedo evitar que escape de mi garganta un gruñido de dolor cuando me siento estallar en llamas. Tengo la tentación de salir del agua huyendo.
Entonces escucho una pequeña y entrecortada risa, miro ceñudo a la chica que comparte mi baño aún con la vista fija en la pared contraria.
—¿Q-qué?— pregunto molesto, dándome cuenta de mi propio temblor.
—¿N-nadie t-te ha explicado que n-no se puede m-meter a una persona h-helada en a-agua tan c-caliente?— dice girando la cabeza poco a poco, hasta mirarme de refilón.
—C-claro que no— respondo orgulloso.
—P-puede entrar en shock— dice ella suspirando, dejando que el agua caliente comience a hacer el efecto deseado.
—Tu ya estabas en shock— respondo con un gruñido, no me hacen falta lecciones de medicina, no ahora.
Entre los dos se hace el silencio, solo roto por el sonido de alguna ocasional gota de agua, que golpea la superficie.
Suspiro sintiéndome mecer por la calidez, me apoyo contra el borde y cierro los ojos.
—Gracias— dice su aterciopelada voz, giro el rostro y entreabro los ojos para ver su sonrojado rostro, sus labios rosados que poco a poco recuperan su color. —Me has salvado la vida.
Chasqueo la lengua, el cercano incidente provoca que mi enfado renazca de sus cenizas.
—No pienso volver a hacerlo— digo sintiendo como mi lengua toma el control por encima de mis pensamientos, como todo mi ser clama furioso. —Así que la próxima vez que seas tan estúpida como para jugarte la vida por…— apunto hacia la abandonada espada en mitad del baño— ...eso, no cuentes conmigo.
—Lo entiendo— responde bajando la mirada. —Siento mucho haber…
—¿¡Que lo sientes!?— grito —¿Qué es lo que sientes?¿haber arriesgado tu vida?¿haber arriesgado la mía?
—Y-yo…— tartamudea al borde de las lágrimas, me muevo en la bañera enfrentándola y la veo tapar sus pechos bajo el agua, como si no los hubiera visto ya.
—Que sea la última vez— la amenazo, a sabiendas que más que rencor mis palabras están cargadas de pura frustración. —Si tantas ganas tienes de divorciarte que hasta te intentas suicidar encontraré la forma de firmar los putos papeles, ¡no creas que quiero cargar con una chalada como tú!
Veo sus lágrimas caer, gruesas y cristalinas. Se confunden con el agua de la bañera cuando terminan el camino de sus mejillas.
Abre y cierra la boca como un pez con el anzuelo clavado.
—Se me olvidó dejaros toallas— la anciana abre la puerta inoportuna y yo me separo un metro de Akane en menos de medio segundo.
La puerta vuelve a cerrarse y entre nosotros queda un incómodo silencio. No la miro, no puedo después de la barbaridad que le acabo de decir. Soy preso de mis propios celos, como siempre comprendo un minuto demasiado tarde que esa katana representa mucho más que una deuda o un tesoro.
La forma en la que se agarraba a ella, como no la soltó así estuviera a punto de morir ahogada, todo eso muestra su firme convencimiento. Su inquebrantable voluntad de dejarme atrás y continuar con su vida.
La espada le importa más que ella misma. O dicho de otra forma, le importa mucho más su prometido que yo.
No es que no lo supiera, pero la prueba ante mis ojos me hace sentir miserable.
La escucho sollozar y no me giro para consolarla. Se alza y sale de la bañera, y yo cabezota continuó impertérrito con la vista fija en la puerta.
Enseña su espalda desnuda, sus glúteos que asoman sobre su empapada ropa interior. Me consuelo con mirar desde lejos su perfecta figura mientras se envuelve en una toalla y sale del baño sin mirar atrás.
.
.
Una habitación. Por más que se lo repito a la anciana una y otra vez esta no parece comprender. Solo tienen una habitación.
Si al menos hubiera un sofá o algo parecido ni siquiera me lo pensaba. Hasta podría dormir en el pasillo.
Pero no, solo tienen una habitación. Apuesto que con un solo futón de matrimonio.
Algo que hace unas horas me hubiera resultado interesante ahora se vuelve mi mayor castigo.
Deslizo la puerta con cuidado, observando que la estancia se encuentra sumida en la más absoluta oscuridad. Solo visto un yukata y nada más, el resto de mi ropa está tendida, igual que la de Akane. Incluidas sus minúsculas braguitas.
Acurrucarme junto a ella bajo el cobertor es una nefasta idea. Hacerlo cuando sé que ni siquiera lleva ropa interior es una tortura.
Será un milagro si no me saca volando de una patada.
El abultado futón descansa en mitad de la estancia, adivino su silueta y tengo la prudencia de ir hacia el lado libre. Me deslizo con suavidad, dándole la espalda, sin querer tentar más a la suerte o al destino.
Quizás ya se quedó dormida, quizás siguió llorando por mis palabras hasta que se rindió a morfeo.
No vale la pena darle vueltas, cierro los ojos e intento conciliar el sueño, me siento terriblemente cansado.
Escucho un ligero repiqueteo, no me cuesta demasiado percatarme de que el sonido viene justo de al lado. Con cuidado me giro sobre mí mismo y observo su fina espalda, temblando.
—¿Sigues teniendo frío?— pregunto a pesar de mí mismo. Yo me he quedado más tiempo en la bañera, no puedo evitar culparme por esto.
La veo encogerse hasta adoptar postura fetal.
—No— contesta orgullosa, está claro que continúa dolida.
Suspiro, yo tampoco estoy dispuesto a ceder.
—Si castañeas los dientes toda la noche no me dejarás dormir— me quejo a sabiendas que la estoy provocando.
—Déjame en paz— repone.
Mi orgullo y mi razón me dicen que me duerma, que la deje tranquila, y sin embargo mi corazón parece tener otra opinión.
—Ven— un monosílabo tan simple y a la vez tan cargado de significado. Akane se gira hasta mirarme a los ojos, con sus cejas fruncidas y sus párpados hinchados, señal de lágrimas recientes.
—¿Qué?— pregunta confundida.
—Ven aquí— repito tan seguro como nervioso, rogando porque no note asomo de duda en mi voz. —Puedes acercarte hasta que entres en calor.
Me observa reticente hasta que un nuevo escalofrío la asalta. A decir verdad la habitación no está demasiado bien aislada.
—¿Y porqué iba a hacerlo?— ruge en mi contra mientras sus iris centellean neblinosos y su propio orgullo sale en su defensa.
—¿Tienes una idea mejor?— pregunto sintiéndome estúpido, está claro que dormir juntos ha sido un completo error. Le doy la espalda y suspiro, cierro los ojos fuerte intentando pensar en cualquier cosa anodina, lo que sea que me aleje de este lugar, hasta que siento su mejilla posarse contra mi espalda, sus pequeñas manos asirse a mí y sus piernas desnudas que asoman entre los pliegues de su yukata rozar las mías.
Me sorprende sentir la frialdad de su piel, me acelera el corazón sentirla tan cerca y a la vez tan lejos.
Mando de paseo a esa vocecita interior que me dice que me voy a arrepentir, que me ruega porque mantenga algún tipo de distancia, porque continúe con mi fachada de tipo duro. Mi propia e inexpugnable muralla.
Me giro y agarro su cintura, invitándola a apoyar su cabeza en mi hombro, abrazándola sin miedo, enredando nuestras piernas en un íntimo contacto que sólo debería estar permitido a los amantes.
Y con ella entre mis brazos siento que por primera vez el mundo está bien, mis problemas no son tan grandes ni me duelen las heridas. Todo se torna suave, el mismo aire parece más dulce.
—Lo siento— me disculpo por mis palabras anteriores, sabiendo que no se las merece, no debe pagar por mis sentimientos. Enrojezco y trago duro armándome de valor. —No quería hablarte así, sé que estabas asustada. Yo también me he asustado mucho, cuando te ví en peligro yo… — escucho su acompasada respiración, tardo un momento en comprender que se ha quedado dormida.
Mi expresión se relaja y sonrío como un idiota. El calor de mi cuerpo ha actuado como un bálsamo, en cuanto la he acunado en mis brazos ha sucumbido agotada.
No necesito nada más. Sólo por esta noche, sólo por un momento hasta que despunte el alba. Cierro los ojos intentando atrapar esa momentánea felicidad, sabiendo que sus consecuencias no me alcanzarán hasta mañana.
.
.
¡Hola a todos!
Siento los tres días de retraso, últimamente estoy viajando mucho y cuando me toca actualización me encuentro sin pc, sin datos en el teléfono y normalmente en algún lugar de España donde mi mayor entretenimiento pasa por ordeñar cabras (no, no estoy de broma...XD).
Pero vamos a por este capítulo, ¡pensaba que no terminaba nunca!. Estoy de alguna forma orgullosa de él, me gusta mucho esa tensión que unos días antes parecía difícil de conseguir y que aquí se genera y explota, por supuesto traerá consecuencias, jejeje.
Muchas gracias a todos por vuestra paciencia, y por supuesto a mi beta reader Nodokita.
Contestando a vuestras reviews: The girl od pig tailed (lo quiero y lo odio, porque me da mucha penita Ranma...), Fatima (Gracias por leer, Ukyo en este fic digamos que ya se encuentra superando lo del chico de la trenza, se está esforzando mucho en ser amigable, aunque no lo parezca), Sav21 (tan predecible este chico...), Dulcecito311 (Efectivamente, ni cuenta se dan de lo que les está ocurriendo, y lo peor es que lo entienden todo al revés. Espero que te haya gustado el capítulo), jannika1990 (Gracias por tus comentarios, la verdad es que los sentimientos de Akane son los más difíciles de llevar al ser contradictorios para ella misma.), akane-kun19 (¡Gracias por tu primer review!¿de veras que lees este fic con tu mamá? ay, repentinamente me entró vergüenza, espero que a ella también el esté gustando. Y acosa todos mis fics cuanto quieras, para eso los escribí y me hace feliz leer que te gustaron tanto), Zwoelf (¡Gracias por tu comentario! a ver si te gusta lo que está por venir. ¿Se parece el fic a tu adolescencia? O_o que adolescencia más fascinante la tuya! jajaja. ¡Hagamos una campaña para que bry escriba! ), susyakane (Muchas gracias, espero que la espera no haya sido muy angustiosa y que merezca la pena), Shiho Carnadine (¿te gustaron las repercusiones? jiji), Pame-chan19 (¡Muchas gracias! me alegra saber que te gustaron todos mis fics, y ten un poco de paciencia, en serio que intento escribir tan rápido como puedo...), Chiqui09 (La moneda en realidad no es gran cosa, es por eso que es tan valiosa, porque es ínfima a la par que importante por lo que significa. ), darianny (gracias a ti, claro que lo terminaré!), Rokumon (Gracias por tu comentario, yo diría que se le cayó la baba por completo), xandryx (Gracias, si que es complicada de entender hasta para mí, el capítulo 3 fue muy divertido de escribir, jaja), nany (gracias, ¡me alaga tu impaciencia!, espero que tu bien mental aguante lo que está por venir ;) ), mimato bombon kou (Akane celosa es muy linda, y Ukyo es super rica, que envidia me da...), alondra21 (No eres la primera que me pide eso mismo, un fic continuación con mucho lemon, jiji. El caso es que me lo estoy pensando, pero eso será después de terminar Quince días.), nancyricoleon (bueno, no le hace mal que experimente un poquito de su propia medicina...), darymontillato (cuantos comentarios me dejaste, ¡ya me hice un lío!. No te preocupes, todos hemos sido novatos en su momento, ahora a conocer fanfiction mejor y a disfrutar ;) ), rosi (¡muchas gracias! seguro que Ranma está super sexy para ella también), bry (gracias por tus larguísimos comentarios linda, lo de Akane es todo tan terrible, niña testaruda... Espero que te vaya cuadrando ese puzle de información y que te haya gustado este capítulo. Y lo de la mirada de Ranma, ¡a mi también me podría nerviosa! La pequeña monedita en si misma representa eso que dices.), Lunita.90 (Muchas expectativas dejé yo para la fiesta y lo mismo ahora todo el mismo me odia por haberles dejado así... ya me cuentas), JanethLee ( lo siento T_T, estaba atrapada en el mundo rural), Jorgy (¡Hola! que bien que te pases por aquí, siempre es un gusto leer tu comentarios. La boda cada vez más cerca, en nada entraré en estado loca-desquiciada, jajaja. Claro que no me ofende tu comentario, de hecho estoy muy de acuerdo con lo que dices, en si misma la trama se pierde mucho ya sea por el cambio de narrativa o por la propia historia en sí, que en esta ocasión es más reflexiva que evolutiva. Como ya dije es un fic sencillo de género romántico y con una trama secundaria que la vertebra. De todas formas espero que los siguientes capítulos te entretengan más y si no... ¡bueno, no siempre puedo escribir cosas que enamoren a todo el mundo!, me anoto tus comentarios para futuro proyectos).
Y a los impacientes...¡solo fueron 3 días! me da miedo teneros tan enganchados cuando en mayo os diga que me marcho dos meses... ¿me empezarán a llegar amenazas por email?jajaja. Gracias por vuestros comentarios.
¡Nos leemos en unos días!
LUM
