Obra - Afrodita + Shion
Shion se detuvo a unos pasos de él y agachándose un poco le acarició el borde del rostro. Le gustaba aquel muchacho, era tan agradable de ver… tan conmovedor. Le hacia latir el corazón de una forma aligerada.
Muchos caballeros habían vivido y muerto bajo su atenta mirada, y en cada ciclo era el portador de Piscis el más hermoso en toda la orden. Pero éste en particular, Afrodita, le atraía bastante; quizá porque había podido verlo crecer casi desde su nacimiento. Y ahora con sólo ocho años, no le daba la sensación de deseo físico que era su respuesta habitual ante la imagen encantadora de los guardianes de la última casa; sino que le despertaba algo completamente distinto, una cierta ternura, un afecto cálido y suave, protector: paternal; y eso era como un remanse en medio de toda su labor.
El niño se dejó acariciar sin decir nada, pero no correspondió a su sonrisa. No le agradaba aquel viejo, autoritario y astuto; le resultaba amenazante. Le disgustaba todo de él, sus pasos lentos, su voz ronca, hasta su tacto áspero le disgustaba; pero se dejó hacer.
Por más que tuviera ganas de alejarlo de un manotazo, Afrodita sabía bien que no podía mostrar el rechazo que sentía, había sido testigo de fuertes castigos dentro del Santuario y no deseaba protagonizar alguno; así que se calló y aguantó. Si por él fuera se desharía de ese hombre para siempre, de echo, era una de sus fantasía frecuentes, aunque sabía bien que no tenía la fuerza necesaria para algo así.
Afrodita podía ser muy hermoso, pero su corazón, negro y ya mutilado, no era susceptible a sentimientos cálidos de ningún tipo. Éstos le molestaban. Por eso, cuando pocos años más tarde, Shion fue asesinado por Saga, Afrodita se sintió agradecido, ya no tendría que volver a tolerar su tacto nunca más.
