Notas del autor - Estoy en blanco, de veras y también quiero arrancarme la piel, solo dire, quiero actualizar más seguido, lo intentare, la otra semana entro a clases, menos tiempo, solo eso, Enjoy!

Advertencias - AU. Oc.

Música del capitulo - "Suicide Orchestral Version" Dark Piano

Inazuma Eleven no es de mi propiedad así como varios de los oc que aquí aparecen.

Disfruten su lectura.


Capítulo VIII – The mirror of the past

La guardería como la llamaban era un lugar extraño, era el único bloque que tenía luz natural, por secciones y solo para algunos de los internos; habían lugares oscuros, tanto que difícilmente algún humano promedio pudiera ver dentro de aquella impenetrable oscuridad, el bloque once era sin duda un lugar extraño, con profundos acuarios de agua salada y dulce; ese sitio era un ecosistema increíble y variado hecho especialmente para cada criatura que habitaba en él, era uno de los bloques favoritos de Nozomi y uno de los que Murdoc más se había esforzado en hacer; normalmente no dejaban entrar a nadie más que los científicos quienes se encargaban de clasificar y revisar a cada nueva criatura que descubrían, el bloque once estaba especialmente hecho para aquellas personas que ya contaban con alteraciones genéticas y que ellos se encargaban de potenciar; era sin duda un lugar increíble con criaturas increíbles, los rumores de las cosas que ocurrían en aquel lugar estaban en cada nivel, en cada bloque y junto a ello la envidia que provocaba el saber que muy posiblemente aquellas criaturas que coexistían en la guardería llevaban una mejor vida que la que ellos podrían llevar dentro de Faust, en sus prisiones personales, en los laboratorios teñido del dolor de cada pobre alma que en él entraba, en el tártaro en el que luchaban por sobrevivencia.

Ese día le toco a Mephisto ir a la guardería, escoger un espécimen que llamara su atención y llevarlo a su laboratorio para estudiarlo, Mephisto era una de esas personas que no supiste cuando apareció, en que momento entro en tu vida y del que no puedes recordar la primera vez que lo viste pero que parece haber estado ahí siempre, con esa sonrisa que causaba escalofríos y sus ojos carmín entrecerrados; se presumía que Murdoc y Mephisto tienen edades similares y al parecer pudieron tener un pasado en común, no son capaces de verse sin comenzar a discutir sin embargo a la hora de trabajar son una de las mejores duplas que podría haber en todo Faust, tenían una sincronización increíble y se acoplaban perfectamente al rito de trabajo del otro, fuera del laboratorio eran un desastre, dentro eran un perfecto equipo.

Mephisto paseo sus orbes por todo el lugar, dando una vista general antes de empezar a caminar entre el ancho pasillo principal que más adelante se dividía en distintos caminos más estrechos, cada uno llevando a un hábitat distinta; siguió por el sendero que llevaba hasta la verdadera guardería, donde varios pequeños eran criados, muchos de los que estaban ahí eran hijos o familiares de alguno de los internos los cuales utilizaban a su favor, para amenazar y extorsionar, para evitar así algún tipo de revelación, para evitar escapes y por sobre todo para mantener el control dentro de todo el caos que era Faust, siguió su camino hasta detenerse a espaldas de un pequeño de no más de cinco años, estaba sentado en el suelo acolchado donde jugaba con algunos cubos, estaba conversando con otro niño más pequeño que él de cabello rubio

-Hunter- la cabecita azabache del pequeño volteo para encontrarse con el peli-rojo que le sonreía, Hunter había llegado a Faust siendo apenas un bebé, lo había encontrado Sakuma cuando hacia guardia por el perímetro, en ese entonces varios reclusos habían estado intentando escapar y los jefes de seguridad debían asegurarse de que no hubiera ninguna forma de que un escape ocurriera, lo encontró siendo apenas un bebé, llorando entre algunos arbustos, con sus mejillas rojas y las pequeñas manos apretada, desolado en medio del bosque, el muchacho de orbes anaranjados dudo en ese momento, llevarlo a Faust no parecía tan buena idea, pero aquella pequeña e inocente criatura termino por conmover el duro corazón del chico, se quitó la chaqueta del uniforme y en ella envolvió el cuerpo pequeño que temblaba por el frío y la lluvia que cubría su cuerpecito, en cuanto Sakuma lo acuno en sus brazos el llanto de aquel pequeño ceso, procuro mantenerlo despierto hasta llegar al interior de Faust; fue directamente con Murdoc pues no quería problemas y ocultar a ese pequeño le podría dar muchos; contrario a lo que pensó la idea de criar a aquel pequeño de ojitos grises en Faust agrado al peli-azul de manera que Jirou no espero, fue Hunter uno de los primeros infantes en estar en la guardería y a Jirou fue que le dieron la tarea de cuidar de él, la única condición que puso el mayor fue que el pequeño Hunter estuviera siempre a su "disposición", no le costó entender el doble sentido de aquello –Vamos, tenemos que hacerte algunos estudios- le dio una de esas sonrisas tan suyas que hizo al pequeño soltar un pequeño quejido, no le gustaba ir con esos hombres, siempre le clavaban agujas en sus pequeños brazos, siempre le hacían daño para luego decir que era por su bien, siempre salía de esos fríos lugares con lágrimas en sus grandes ojitos –Luego podrás ir a ver a papá-

Una enorme sonrisa se dibujó en sus labios mientras sus ojitos brillaban de emoción, dejo los cubos en su lugar para tomar un peluche viejo de conejo -¿Puedo llevar a Oli?- preguntó con voz temerosa, Mephisto asintió estirando su mano para que Hunter la tomara

-Claro- Hunter tomo la mano fría de Mephisto apretando el conejito de un descolorido tono café con leche con la otra, su pequeño corazón se aceleraba más y más a medida que se acercaban al laboratorio del mayor, apretó más la mano de Mephisto temeroso, esperando que esta vez no doliera tanto.

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Cuando aún era un simple e iluso joven hubo muchos momentos en los que pudo haber optado por abandonar la esperanza y hundirse en el dolor y la miseria que aquello conllevaba, pero no lo hizo, se mantuvo firme, no perdió la esperanza porque era parte de él, porque aquella esperanza era lo que iluminaba sus ojos, lo que lo motivaba a despertar cada mañana, por eso no la perdió cuando por tantos años su padre lo maltrato, no la perdió cuando su madre y hermanos murieron, tampoco cuando por tantos años abusaron de él y cuando estuvo al borde, cuando estuvo a punto de abandonar toda esperanza apareció ella, con sus ojos llenos de dulzura y su corazón enorme, ella le devolvió la esperanza que creía se había ido, ella le dio la alegría más grande que pudo tener y fue ella quien se llevó un trozo de su corazón cuando murió, lo dejo a él con su pequeño hijo de menos de un año, su única alegría, lo único que le quedaba en la vida.

Se aferró tanto a ese pedacito de sol que por momentos sentía volver aquella felicidad plena que con aquella bella mujer logro sentir y aquel pedacito de sol fue opacado por las crueles nubes del infortunio que parecía seguir de cerca sus pasos, paso meses luchando por su inocente vida, años en una camilla de hospital hasta que finalmente aquel pedacito de sol se apagó, explotando y llevándose con ello todo rastro de felicidad que podía quedar en él, la esperanza se consumió con la muerte de aquel pequeño sol, no hubo otro amanecer para aquellos inocentes ojitos y no hubo otro amanecer en el que él no pensara en morir, los días se hacían polvo gris en sus manos, las noches eran eternas llenas de pesadillas, su mente repetía una y otra vez las memorias de lo que había perdido y nunca más volvería a tener, fue entonces, sumergido por completo en su depresión cuando conoció a Murdoc, el muchacho de siniestra sonrisa le prometió ayudarlo a recuperar su pedacito de sol y así fue como la asociación se formó.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios pálidos de Nozomi mientras escuchaba a aquella masa negra soltar soniditos, casi como si intentara comunicarse con él, al oji-azul se le antojo como un bebé balbuceando así que solo le siguió la corriente respondiendo a aquellos infantiles balbuceos, los ojos blancos de aquella criatura sin forma se mostraron curioso ante el contenedor que el muchacho preparaba para él, parecía el de un niño, no superior a los ocho años

-¿Te gusta?- preguntó notando la insistente mirada de aquel ser sobre la figura humana que reposaba sobre la metálica mesa de operaciones, la masa sin forma soltó un sonidito agudo en afirmación –Entonces, solo tengo que arreglar un par de detalles y podrás entrar en él- le dio una sonrisa ligera, de esas que en su ingenua juventud esbozaba, acaricio los cabellos claros del cuerpo inerte sobre la mesa, su corazón se agitaba con la emoción de poder abrazar pronto a su pequeño de nuevo, de poder recuperar finalmente su pedacito de sol.

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Momo despertó por la mañana con un fuerte dolor de cuello, se quejó en voz baja y suspiro, los brazos de Kogetsu seguían enredados en su cintura, no pudo ocultar la pequeña sonrisa que se dibujó en sus labios al ver que el chico seguía ahí, se escabullo de entre los brazos del mayor sentándose en el borde de la cama para terminar de desperezarse, reprimió un quejido al sentir la molestia en su espalda baja; se levantó y tomo su ropa para vestirse dispuesto a marcharse, esperaba que nada hubiera pasado en su ausencia y que tampoco hayan notado que no estuvo durante toda la noche

-¿Te vas ya?- dio un pequeño salto en su lugar mientras terminaba de ordenar su uniforme, volteo a ver a Kogetsu encontrándose con su mirada adormilada

-Sí, si me descubren posiblemente me despidan- soltó una risita mientras Kiba frotaba sus ojos

-Si eso ocurre seria problemático- se le escapó de entre los labios, el muchacho castaño ladeo el rostro confundido, el alto chico tenso la mandíbula, se envolvió mejor entre las mantas fingiendo estar aún adormilado y prosiguió –Te extrañaría mucho- y el inocente guardia cayo, sus mejillas se tornaron rojas

-Ah, no digas esas cosas- musito avergonzado, se acercó al mayor dejando un suave beso en su mejilla –Te veo después- espero a que él joven guardia lo dejara completamente solo para soltar un pesado suspiro, por poco y se le va la boca, ahogo un bostezo en su mano y se levantó dispuesto a hacer un poco de ejercicio, varias de las bestias tenían artículos para ejercitarse en sus celdas, esto se debía a que poseían un nivel de energía mayor al humano promedio, con el ejercicio se mantenían tranquilos, no formaban alborotos, aunque claro, algunos siempre habían sido la excepción a esa regla.

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Cuando Masaki abrió los ojos se encontró atado a una mesa metálica, trato de mover los brazos sin conseguirlo, estaba atado de manos y pies a aquella fría camilla de metal, observo todo lo que pudo con su movilidad limitada, estaba en una habitación, era un lugar amplio, frío y estéril, le recordó la vez que estuvo en una sala de operaciones años atrás, todo tan frío, todo tan sin vida, giro el rostro hacia el lado izquierdo, había un enorme estante metálico el cual estaba lleno de frascos de varios tamaños, dentro habían distintos órganos, alcanzo a distinguir ojos, algunos corazones e incluso fetos de distintos tamaños y desarrollos, del lado derecho encontró una serie de instrumentos que supuso usarían en él junto a la camilla, porque fuera del dolor de las heridas de la anterior pelea no sentía nada distinto, más allá alcanzo a ver una mesa llena de tubos de ensayo con liquido de colores dentro, matraces y probetas cubrían la mesa junto a varias hojas tiradas en el suelo, intento indagar más pero su posición no se lo permitía además el ruido de la puerta abriéndose lo alerto, pasos se acercaron a él hasta detenerse a su izquierda

-Creí que no despertarías- la voz ronca llego a sus oídos, un par de tenebrosos ojos verdes le miraban fijamente, se estremeció apartando la mirada, incapaz de resistir un segundo más aquellos orbes sobre los propios –Tienes lindos ojos, se parecen a los de Burn, creo que los conservaremos- el muchachito de cabello rojo sintió un escalofrió recorrer su columna ante aquella frase

-¿Qué vas a hacerme?- inquirió temeroso de la respuesta que pudiera recibir, Murdoc reviso los papeles que traía entre sus manos cuando entro poniendo gesto pensativo

-Pensaba volverte una marioneta pero ahora no estoy muy seguro- dio vueltas por la habitación dejando los papeles sobre su escritorio que se encontraba fuera del alcance de la vista de Masaki –Estas diagnosticado con trastorno de personalidad múltiple según se-

-Si… ¿eso cambia en algo tus planes? – trato de alcanzar con la mirada al peli-azul sin conseguirlo en lo más mínimo

-¿Cuántas son?- ignoro por completo la pregunta del menor

-Dos, tres más Tadaki- Murdoc alzo una ceja, volvió a abrir la carpeta buscando entre ellos el certificado de nacimiento que seguro estaba por ahí

-¿Alguna vez te has tratado?- y aunque sabía la respuesta a casi todas esas interrogantes siguió preguntando, porque las palabras eran diferentes a los relatos y experiencias del sujeto

-No… nadie sabe de mi enfermedad- musito por lo bajo

-Está bien Masaki- hizo énfasis al decir su nombre –Puedo ayudarte- con una sonrisa llena de malicia volvió al lado del peli-rojo –A ti y Tadaki- los orbes ámbar brillaron ante aquella revelación –Pero será doloroso-

-No importa-

-Y tendrás que convertirte en una de mis bestias- el muchachito dudo mientras Murdoc esperaba con paciencia

-Está bien- la sonrisa en el pálido rostro del mayor se extendió atemorizando a Masaki, que mejor que experimentar teniendo completa aceptación por el sujeto.

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En el bloque tres, más específicamente en una de las viejas oficinas que rara vez se ocupaban, se encontraba una alta figura, estaba sentado tras el escritorio con lo que parecía ser una cabeza entre sus manos, sus orbes grises observaban casi con cariño el objeto en sus manos finalmente terminado, dejo la cabeza de la marioneta en la que trabajaba y siguió con el resto del cuerpo, llevaba toda la noche encerrado en aquella oficina ya que para mala suerte suya le toco ser quien estaba a cargo de aquel bloque, de Pandora como era comúnmente llamado, el lugar donde todos los loquitos con grandes habilidades mentales estaban encerrados y como él era alguien imposible de controlar mediante la mente fue designado ahí, no pudo estar más en desacuerdo con aquella decisión, él quería estar en la Necrópolis con sus adoradas marionetas, no era divertido pasarse el día cuidando a un grupo de bebés llorones que no sabían controlar sus envidiables habilidades, frunció el ceño mientras sus manos tallaban con esmero lo que sería el cuerpo de su nueva marioneta, una que no tendría vida como las de Necrópolis pero que le serviría de compañía en aquella triste y polvorienta oficina

-¿Qué te parece? ¿Te gusta cómo está quedando tu cuerpo?- pregunto a unos inertes iris verdes, aun así soltó una risita cantarina –Te aseguro que serás la marioneta perfecta cuando estés completa, aún más que todas tus hermanas- entrecerró sus orbes grises esbozando una escalofriante sonrisa, la cabeza aun carecía de cabello y boca, pero poseía unos orbes intimidantes, con iris verde manzana y pupila negra como el azabache a juego con la esclerótica, tenía varias cicatrices sobre la piel tan clara que bordeaba el gris, era una visión ciertamente espeluznante cubierta de piel real, de retazos recolectados durante un largo tiempo, los ojos grises se alzaron hacia la puerta cuando esta fue tocada –Adelante-

-¿Sigues aquí?- una aburrida mirada azul petróleo se posó sobre su persona, el alto hombre de cabellos negros sonrió en respuesta

-Estoy trabajando- volvió a enfocar su atención en su trabajo mientras el alto peli-lila recorría con aburrimiento la oficina

-Deberías limpiar un poco- el peli-negro solo rio sin dar respuesta

-¿Y a qué se debe el honor de tu visita? Que yo recuerde no tomas descanso- el oji-azul bufo

-Solo vine a dar un paseo, ver que no siguieras vivo, rutina- se encogió de hombros terminando de acercarse al escritorio -¿Ya tiene nombre?- preguntó inclinándose un poco hacia la cabeza

-Sí, su nombre es Crow- el menor alterno su mirada desde el peli-negro hasta Crow

-Lindo supongo… bien, es hora de que me vaya- se enderezo caminando hacia la puerta –El tiempo es dinero-

-Ese si eres tú, nos vemos Shadow- sonrió sin apartar la atención de su marioneta

-Hasta pronto, Undertaker- la puerta se cerró tras el cuerpo del chico dejando a Undertaker solo, con sus pensamientos y con Crow, su próxima y perfecta marioneta.

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No recordaba cuanto tiempo llevaba escondido en su cuarto, hecho ovillo en la cama envuelto por las pesadas mantas, su cuerpo entero temblaba aun, sus orbes apenas pestañeaban cuando se comenzaban a resecar, la imagen pútrida de aquel montón de cadáveres volvía una y otra vez a su cabeza, no podía entender aun como alguien podía ser capaz de una atrocidad así, no le cabía en la cabeza tampoco que hasta ahora nunca haya sido descubierto, soltó un sollozo cuando la imagen de aquellos opacos y vacíos orbes ámbar llegaron nuevamente a su cabeza, si mal no recordaba esa era la pequeña y adorada hermanita de Masaki, como, si es que la amaba tanto ¿Había sido capaz de convertirla en eso, de convertirla en un montón de piel amoratada, de cortes profundos? ¿Cómo es que alguien que amaba tanto era capaz de hacer ese daño? Cientos preguntas acechaban su mente y ninguna tenía respuesta, cubrió su rostro con las mantas, tampoco sabía quiénes eran la chica y el chico que había visto en su huida, soltó un gemido de frustración, su mente trabajaba a toda máquina tratando de encontrar respuestas, odiaba ser así, odiaba esa parte suya, esa curiosidad que lo había llevado a meterse en tantos problemas en tantas ocasiones más, trato de serenar su mente, de disipar los pensamientos pero nada de eso funciono, absolutamente nada sería capaz de quitar aquella repulsiva imagen de su cabeza.

Fuera de la casa del atormentado Shirou, Yugata y Nikoyaka conversaban sobre el espeluznante descubrimiento en el piso superior de la residencia Nakamura, según sabían el chico que habitaba la casa era alguien alegre y vivaz, un chico bastante generoso, que aunque terminaba involucrado en peleas de vez en cuando siempre solía ser por proteger a alguien más, era un vecino agradable, nunca hubo quejas de él, entonces ¿Cómo fue que de un día para otro perdió la cordura? ¿Qué fue aquello que ocasiono que asesinara a su propia y amada hermana? Las interrogantes eran muchas y las respuestas nulas, también estaba el adorable vecino que había visto salir huyendo de la casa, parecía perturbado por lo que supusieron que ya había visto lo que ocultaba aquella tenebrosa habitación

-¿Alguna idea? No nos hemos podido contactar con Noda ni Iván, no tenemos ni una pista de lo que pudo ocurrirle al loquito que investigamos ¿Qué hacemos?- el muchacho de cabello claro se cruzó de brazos apoyando el cuerpo en el costado del auto en el que venían, Yugata dio un par de vueltas en la acera pensando

-Podríamos ir con el chico, el que salió de la casa, tal vez él sepa algo- musito la chica

-¿Y si no?-

-No perdemos nada con intentar- se mantuvieron en un corto silencio antes de ambos dirigirse a la casa del muchachito, tocaron un par de veces sin recibir respuestas por lo que optaron por una entrada alternativa, la ventana abierta de la cocina fue perfecta, una vez dentro se dedicaron a buscar a su inquilino encontrándolo no mucho después en su cuarto, hecho un ovillo entre las mantas, en cuanto sintió los pasos Shirou se sentó en la cama alterado

-¿Q-Que quieren? ¿Quiénes son?- el cuerpo del muchachito temblaba notoriamente

-Tranquilo, solo queremos hablar, sobre tu vecino- hablo despacio, tratando de no asustar al oji-gris, Shirou dudo viendo a ambos sujetos, apretó los labios y finalmente quito las mantas que lo cubrían, tal vez ellos pudieran ayudarle a entender todo aquello que estaba pasando.


Notas del autor - Es el capitulo más largo de este fic que escrito, creo, espero que el resto sea igual, delfin, cosas estan pasando finalmente, vimos un poco del pasado de Nozomi, aparecen nuevos personajes, más drama ¡¿Por qué rayos Masaki mato a su hermanita?! ¡¿Y que esta pasando por Zeus?! Esas dudas no me dejaran dormir, mentira, ya tengo las respuestas, hay cosillas bastante interesantes que seguro les agradara a más de alguna :3 también cositas inesperadas, eso es todo for now, me voy a dormir ahora.

Si llegasta hasta aquí, muchas gracias.

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