Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Quince días

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Capítulo 14: Lunes 25

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Ranma

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Maldita sea.

Maldita mil veces y maldito yo. Ha amanecido y no puedo moverme, me encuentro atrapado por su cuerpo junto al mío, tan suave, tan pequeño.

Quisiera poder ignorarla, con todas mis fuerzas deseo dejar de mirar su rostro, pero es imposible, me he vuelto débil. Ella se ha convertido en mi debilidad. Nada hubiera sido más satisfactorio que resistirme anoche, hacer como que no me daba cuenta de su presencia a mi lado, pero de nuevo mis manos se movieron solas, mi cuerpo reaccionó traidor a su cercanía.

Esto me está matando, y sé que es culpa mía.

La conozco desde hace una semana y ya la siento más cerca de mí de lo que jamás le he permitido a nadie. Pero está prometida, y en apenas unos días tendré que dejarla al lado de otro hombre, alguien que no sabe lo bonita que se ve mientras duerme o lo dulce que es su sonrisa, lo estrecho de su cintura, su cara de enfado.

Siempre he sabido que el mundo no es justo, pero que haya llegado a mi vida tan de improviso y se marche igual es una crueldad.

Basta de lamentos. Ha amanecido y debo moverme.

Me levanto sabiendo que eso la hará despertar, aparto su cabeza de mi hombro y me quedo sentado en el futón, con los cabellos revueltos y el yukata arrugado, bostezo y me pongo en pie, necesito un baño. Akane se frota los ojos y me observa aún medio dormida.

—Buenos días— dice cohibida, yo trago saliva, no necesito hacer esto más difícil de lo que ya me resulta. Asiento y tomo algo de ropa de mi mochila, salgo de la habitación deseando que el baño me ayude a despejarme.

Cuando regreso a la habitación ya vistiendo mis habituales ropas chinas la encuentro con las mochilas preparadas, vestida y masticando lentamente su desayuno. Hay una bandeja sobre una pequeña mesa que supongo es mi ración.

Me siento frente a ella e intento evitar el contacto visual, ahora más que nunca siento que nos separa una gruesa barrera, un silencio opresor.

Obviamente todo esto tiene que ver con mi desmedido ataque de celos de ayer, que intenté disimular atacándola cruelmente. Tengo suerte de que sea así de cabezota, de otra forma estoy seguro de que ya me habría abandonado.

Doy cuenta de todos los alimentos que tengo ante mí, el desayuno no se distancia mucho del de la mañana anterior, pero esta vez lo pruebo de verdad, y no con el amargo sabor de los celos pegado al paladar. La miro airado por encima de mi cuenco de arroz, y no me cuesta entender que algo no va bien.

Su expresión la delata, parece perdida, meditabunda. Está triste.

No quiero creer que esto tenga nada que ver con lo de ayer, no me lo puedo permitir.

—¿Ya te encuentras mejor?— pregunta abruptamente, tanto que me pilla de sorpresa y me atraganto con la sopa. Me doy un par de golpes en el pecho ayudándome a tragar el líquido caliente.

Recupero el aliento y me limpio los restos de comida que hay en mi barbilla.

—Sí, ni siquiera recuerdo haber perdido el conocimiento.

—Tenías mucha fiebre.

—Ahora ya estoy bien, solo necesitaba dormir.

—Justo lo que dijo Ukyo— resopla y continúa comiendo, yo levanto una ceja, no muy seguro de lo que ha querido decir.

—¿U-chan se fue?

—Sí, me pidió que me despidiera de su parte…— durante un segundo se queda pensativa y luego continúa su comida. Terminamos en el más absoluto silencio. No lo soporto, no me gusta esta tensión.

Compruebo que la katana se encuentra a buen resguardo dentro de la mochila, junto a los restos de su empuñadura. Me la cuelgo a la espalda y ella me imita, llevamos muchas jornadas de viaje encima… algunas bien extrañas.

Pagamos el alojamiento de dos noches a la pareja de ancianos, quienes nos salen a despedir a la puerta con una sonrisa, cuando nos alejamos por la calle siento sus ojos clavados en mi nuca, quizás a la espera de alguna palabra.

—Volvemos a Tokio— digo sin girarme, y no lo necesito para saber que acaba de ponerse a la defensiva.

—No pienso regresar hasta que no se aclare todo— refunfuña repitiendo la misma cantinela, yo me giro desapasionado.

—No te voy a llevar a casa, vamos a ver a mi maestra.

—¿Tu maestra?— responde interesada. —Yo pensaba que tu maestro era el viejo pervertido de aquel club de lucha ilegal.

—He tenido varios maestros— aclaro por si le quedaban dudas.

—¿Y ella qué te enseñó?

Tuerzo el gesto, dudo que responder.

—Supongo que a no subestimar a una mujer.

—¡Oh!, ¿y dónde quedó eso?

La observo alzando el mentón, de nuevo hemos comenzado a jugar, aunque esta vez ha sido ella la que ha prendido la mecha y yo estoy más que dispuesto a aceptar el reto.

—¿Crees que te subestimo?— pregunto a conciencia, la veo palidecer un segundo antes de recomponerse.

—Constantemente.

—¿Ah, sí?¿en qué te he subestimado?

—En que me consideres una molestia y no una ayuda.

Esto comienza a ponerse divertido.

—Eso es porque eres una molestia.

—No, no lo soy, voy a ayudarte.

—¿Y cómo piensas hacerlo?

Balbucea, mueve las manos nerviosa.

—Y-yo…¡te ayudaré a resolver el misterio! ¡y me ocuparé de ti!

—¿Que te ocuparas de mí?— pregunto sintiéndome por un momento una princesa de cuento en apuros.

—Siempre que enfermes o te hieran yo cuidaré de ti.

La miro incrédulo mientras mi corazón comienza a latir tan deprisa como puede. ¿Qué es esto? ¿una declaración de intenciones?. Desde luego es nuevo que una persona diga que "se ocupará de mí", ¿pero no debería ser al revés?¿esa no es mi frase?.

Mi cerebro detiene los rápidos pasos de mi estúpido corazón, recordando que estas no son más que palabras vacías que se difuminarán en cuanto ponga un pie en su hogar.

—No prometas lo que no puedes cumplir— digo de forma seria, no se da cuenta del daño que me hace al darme esperanzas y volver a arrebatármelas una y otra vez.

—¡Pero es cierto! mientras estemos así, mientras permanezca a tu lado... ¡juro que te protegeré!

Unas palabras tan fuertes saliendo de alguien en apariencia tan frágil. No puedo evitar sonreír conmovido, de veras que desearía poder creer, dejarme abrazar durante un instante o quedarme mirando mientras se ocupa de mis heridas.

Ladeo la cabeza, sin ninguna réplica mordaz, demasiado avergonzado como para emitir sonido alguno. Akane me sigue enfurruñada hasta la parada de autobús.

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—¿Entonces tu maestra es china?— llevamos más de una hora de viaje, abro un ojo y la miro soñoliento.

—Eso eso.

—¿Y confias en ella?

—Pondría mi vida en sus manos, aunque no en las de su nieta.

Un momento. Miro a Akane quién arruga las cejas confusa, espero que eso no nos cause más problemas en lugar de resolver los que ya tenemos. No quiero que salga herida, esa pirada es muy capaz de intentar quitársela de en medio, y más si se entera de nuestro matrimonio.

Oh, mierda. Debería haberlo pensado antes.

—Quiero decir…¡seguro que resulta super aburrido!, ¿no prefieres darte un paseo?. Podemos quedar en una cafetería cercana— la sombra de la sospecha endurece sus finas facciones.

—¿En Tokio?¿para que la yakuza vuelva a intentar secuestrarme?— se cruza de brazos, sus cejas fruncidas me hacen pensar que no debo ser muy buen mentiroso. Una gota de sudor rueda por mi sien y trago saliva.

—Es verdad, en ese caso podemos fingir que somos… euuh… ¿primos?— la estoy cagando.

—¿Primos?— repite incrédula. —¿Por qué demonios iba a fingir que soy tu prima?

—...— boqueo como un estúpido sin encontrar ni una ridícula excusa, lo que sea con tal de que sus ojos dejen de examinarme tan airados, y de pronto toda la tensión se desvanece como si fuera un globo deshinchado. Akane se reclina en su asiento y mira por la ventana.

—Entiendo— dice sin más.

¿Que entiende?¿qué es lo que entiende?, un temor inespecífico se agarra a mi garganta, la miro sin saber qué esperar, pero solo encuentro su silencio e indiferencia.

No se si en este caso continuar hablando es una gran idea.

—Es para protegerte— intento seguir la conversación.

—¿Para protegerme?¡dirás para protegerte a tí!

—¿A mi?— repito sin entender.

—Es obvio que ella te gusta.

Enarco una ceja, estoy seguro de que acabo de poner mi mayor cara de bobo. La miro pero ella no me devuelve el gesto, ¿que está pasando aquí?.

—Shampoo no me gusta— respondo sin perderle ojo.

—Ah, Shampoo, con que ese es su nombre— responde molesta, evitándome de forma deliberada.

—Es cierto que es guapa y tiene un cuerpo espectacular pero…

—Justo tu tipo— me interrumpe cada vez más hosca.

No puede ser, acaso ella…

—¿Estás celosa?— tiento, más llevado por una vana intuición que por una certeza real. Salta en su asiento, pega un brinco igual que si acabara de pincharla. Sus ojos marrones abiertos como gigantescas ventanas me miran atónitos.

—¿Celosa yo?¡Ja!, no me hagas reír— resopla apretando aún más contra sí sus delgados brazos.

Pero si no está celosa, ¿entonces porqué se comporta así?. No entiendo nada, yo también resoplo desdeñoso, no estoy dispuesto a dar más explicaciones, no desde que escuché aquello.

"Quiero a Shinnosuke y nada me impedirá volver a su lado".

Claro estúpido, ¿qué esperabas? ¿que en esta semana se hubiera olvidado de él y por arte de magia comenzara a fijarse en tí?. No, ella no es como las otras, no se parece a ninguna.

Akane es terca, es violenta e impulsiva. Cabezota, imprudente, orgullosa… es exactamente igual que yo. Quizás por eso duele tanto, porque por algún estúpido designio divino parece hecha para mí.

Tan cerca… tan lejos.

Me gustaría poder dormirme, me gustaría decir que sigo enfermo, pero no lo hago. En su lugar me dedico a mirar por la ventana, atento al aburrido paisaje que desaparece a nuestro paso, contando los minutos que nos restan para acabar nuestro viaje.

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Camina tras de mí arrastrando los pies, la oigo a desgana deseando dar rienda suelta a mi lengua malhumorada y volver a ver su cara de enfado. Pero por extraño que resulte no estoy de humor ni para eso.

No estoy para nadie, menos para lo que me espera ahí dentro.

En una de las barriadas periféricas de Tokio, en una calle recóndita y oscura, apartada del público general se encuentra ese lugar.

Nadie diría que dentro no solo se sirve comida china, sino también todo tipo de pócimas y ungüentos. La vieja bruja sabe como ganarse la vida.

Detengo mis pasos y Akane hace lo mismo. Ambos miramos hacia el cartel del establecimiento.

—Neko Han Ten— dice leyendo con problemas los enrevesados kanjis.— ¿¡Otro restaurante!?— me mira incrédula, yo me encojo de hombros. No puedo decir nada en mi defensa, me encanta comer.

Doy un paso hacia la puerta y la abro, me recibe el familiar olor de la comida china mezclada con incienso. Sin duda estoy en el sitio adecuado.

—¡Cliente bienvenido!— en seguida escucho la entusiasta voz de la joven Shampoo, quien con su bandeja en mano y su típica indumentaria no parece haber avanzado en absoluto con el idioma. Sus ojos rojizos centellean cuando me reconoce. —¡Ranma ser!— exclama tirándose sobre mí y empujándome hasta el suelo.

Mi espalda golpea el piso mientras lo acompaño con un fuerte quejido, cosa que a ella le da igual pues su férreo abrazo sobre mi cuello apenas me permite respirar. Enreda sus infinitas piernas en mi cintura y me encuentro retorciéndome en el suelo para librarme de ella, lo habitual.

—Shampoo, pesas— digo intentando agarrar sus hombros o al menos alguna parte no "problemática" de su anatomía.

En ese momento miro hacia arriba y me encuentro con algo que da aún más miedo que la amazona china. La mirada de Akane es lapidaria.

Sus ojos marrones parecen contener llamaradas, estrecha los ojos y me mira con el mismo gesto que debe lucir cuando ve un insecto, justo antes de aplastarlo con su zapato.

—Eehh— intento decir, mientras la chica roza su mejilla con la mía, más parece un gatito cariñoso recibiendo a su amo.

—¿Ya habéis acabado?— pregunta Akane cruzándose de brazos, sus dedos tiemblan y tengo la absoluta seguridad de que se está conteniendo para no golpearme. Su gesto es tan violento que trago saliva. No lo entiendo, no sé a qué viene esa actitud.

Shampoo alza la vista y repara por primera vez en mi acompañante.

—¡Aiyaa!, ¿quién ser tú?

—¡Nadie! ¡no soy nadie!— exclama ella perdiendo los nervios y girándose orgullosa, nos da la espalda y durante un momento temo que salga corriendo del restaurante.

Escucho el rítmico sonido de un bastón y no me hace falta alzarme para saber de quien se trata. La vieja momia me mira condescendiente con su sonrisa desdentada.

—Vaya, mira quién regresó…— dice mientras sus arrugadas manos empuñan el bastón con fuerza.

—Bisabuela, ¡Ranma ser!— dice emocionada la chica mientras me suelta y se queda sentada a horcajadas sobre mi pecho.

—Yerno, ¿a que se debe tan inesperada visita?

—¿Yerno?— la cavernaria voz que he escuchado debe pertenecer a mi mujer, me llevo una mano al rostro resignado, yo que quería evitar más problemas…

—Es una larga historia— comento a modo de excusa.

—¡Saotome! ¿qué haces tú aquí?— el que faltaba, el cegato de Mousse ha salido de la cocina vistiendo un ridículo delantal con puntillas y me señala con el dedo índice. Bueno, más bien señala a la pared, pero no se le puede pedir más.

El cruce de miradas vuela, y entiendo que no puedo eludir por más tiempo las explicaciones.

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Los cinco nos encontramos bebiendo té chino en una gran mesa redonda. Por suerte aún no hay clientela ni oídos curiosos.

Akane toma su taza con tanta fuerza que me da la impresión de que en cualquier momento se puede resquebrajar. Sus dedos se encuentran tensos, cerrados como garras alrededor de la pobre cerámica, que parece pedir auxilio a gritos.

—Con que ya estabas prometido…— comenta con voz tensa, Shampoo la observa reticente, invadiendo sin sonrojo mi espacio personal.

—Ranma ser de Shampoo— dice agarrando mi brazo, para dejar absoluta constancia de sus palabras.

—En realidad se trata de un gigantesco malentendido por unas extrañas leyes antiguas de la tribu de las amazonas chinas— intento excusarme. —No es que me tenga que casar de verdad ni nada de eso.

—¡Ranma casarse con Shampoo!— repite como si fuera un loro amaestrado, de veras que me está cargando.

—Verás Shampoo, eso va a suponer un problema… porque… como decirlo…— miro a Akane por el rabillo del ojo, no se me escapa la manera en la que la momia y el cegato están pendientes de mis palabras. —El caso es que ya estoy casado con ella.— apunto hacia Akane quien no parece inmutarse, pone la misma cara de resignación que lleva luciendo desde que hemos entrado.

Se hace el silencio, la amazona suelta mi brazo.

—¡Shampoo matar!— exclama apoyando una mano en mi pecho y tirándome de la silla, se abalanza sobre Akane en lo que dura un pestañeo.

—¡No!— me echo sobre ella, pero la china es demasiado rápida. Ambas forcejean en el suelo entre gritos y gruñidos, Mousse agarra a la histérica amazona y yo me ocupo de mi preciosa doctora, quién con sus cabellos revueltos resopla ultrajada.

—¡Puedes quedártelo! ¡No necesito a este estúpido para nada!— grita intentando zafarse de mis manos, pero la retengo con fuerza sin dar opción a un nuevo encontronazo.

—¡Calmaos las dos!— digo intentando templar los ánimos, en mis brazos mi mujer se retuerce furiosa.

—¡Suéltame!

—Yo tampoco quiero nada contigo, ¿sabes?— respondo orgulloso.

—¡Dime algo que no sepa!

—¿Uh?¿llevarse mal?— pregunta Shampoo curiosa, aún agarrada por Mouse.

—¿Tu que crees?— increpo soltando la cintura de Akane. Ella se alisa las ropas revueltas, se cruza de brazos y gira el rostro, como si el mero hecho de hacer contacto visual fuera un insulto.

—Divorciarse entonces— dice como si tal cosa.

—Shampoo, eso es muy maleducado— la corrige Mousse, quién parece estar disfrutando lo suficiente de su cercanía como para no querer soltarla.

—Claro que nos vamos a divorciar, justo por eso hemos venido— respondo orgulloso centrando mi atención en la anciana. —Momia, necesito tu ayuda.

—¿A quién llamas momia?— alza su bastón en el aire y me golpea con la zona más gruesa en toda la coronilla.

—Auch— aprieto los dientes dolorido, supongo que me lo merezco.

—¡Divorciar! ¡Shampoo ayuda Ranma de nuevo soltero ser!

Akane pone los ojos en blanco, no se si está harta o solo aburrida.

—Me caso el sabado con mi prometido, soy la primera interesada en terminar con este matrimonio de pacotilla.— Shampoo se libra del agarre de Mousse y da un pequeño saltito que reconozco como de alegría, se acerca a Akane entusiasmada y toma sus manos.

—Amigas poder ser, ¿si?

Una gigantesca gota de sudor corre por la frente de todos los presentes, la china sin duda es rápida en cuanto a mover una situación a su favor.

Me aclaro la garganta y hago lo que debería haber hecho nada más entrar; Tomo la hoja de la katana y la saco de su funda, la poso sobre la mesa que aún permanece ocupada por nuestras tazas de té.

Cologne la mira intrigada, sus ojos viejos y expertos examinan el arma, pasa sus arrugados dedos sobre la inscripción y en ese momento parece percatarse de algo. Me mira y sus ojos gigantescos se estrechan.

—Yerno, ¿podemos hablar a solas?

Pestañeo, en seguida observo la reacción de la terca doctora, pero ella parece permanecer en shock a causa de la laxa percepción de la amistad que tiene Shampoo.

Me disculpo con todos los presentes y sigo a la vieja, quién se ha adueñado de la katana y camina acompañando sus pasos del rítmico sonido del bastón.

Vamos hacia una sala anexa, tan solo separada del salón por una cortina de cuentas de cristal de distintos colores. Ella se echa a un lado, pero yo me quedo en el sitio, desde aquí puedo tener vigilada a la amazona loca, no me gustaría que volviera a saltar encima de Akane.

—¿Sabes lo que es esto?— pregunta la momia, yo asiento en silencio.

—Es la espada de Yamashita, al parecer era mi bisabuelo.

—Vaya, estás lleno de sorpresas yerno— sigue examinando la hoja, sus dedos se mueven rápidos y expertos por ella, desde luego no debe ser la primera vez que empuña un arma de esas características.

—Al grano, ¿sabes lo que dice?— pregunto impaciente, aparto las cuentas de la cortina de mi visión y veo como Shampoo y Akane vuelven a tomar asiento en la mesa. El té debe de estar frío.

—Es extraño, en sí misma esta inscripción no es ninguna palabra, parece un símbolo.

—¿No es chino?— pregunto prestándole atención.

—No lo tengo claro. Tendría que examinarla más detenidamente.

—Vieja, no tenemos tiempo así que dime lo que sepas.

Ella suspira y la veo encaminarse hacia una sala contigua, aprovecho para escuchar lo que quiera que le esté contando Shampoo a mi mujer.

—Shampoo ser muy buena, tomar como regalo de boda.

—No sé... no me gustan estas cosas.

—¿Tener miedo de conocer lo que depara destino?

—Es que yo no creo en la adivinación.

—No ser adivinación, no tener bola cristal, solo cartas.

—...

—¿Ocurre algo yerno?— pego un brinco cuando la vieja aparece tras de mí, está fumando en una larga pipa y en su otra mano porta algunos rollos de pergamino que parecen antiguos.

—No… es sólo…

Cologne se inclina y mira a través de la cortina de cuentas.

—¿Te inquieta? mi nieta es excelente con el tarot, nunca se equivoca… ¿o será que es precisamente eso lo que te preocupa?— la miro y no puedo evitar morderme el labio, a mi espalda veo a la amazona despejar la mesa y encender incienso.

—¡Ja!, ¿si nunca se equivoca que hay de mi? no pienso casarme con ella.

—Bueno yerno, existen maneras de burlar al destino.

—Déjate de brujerías y dime que es lo que pone en la espada.

—Calma, calma… cuanta impaciencia, divina juventud— sonríe sin dientes, su risa suena como una carraca oxidada. —Ya me imagino lo que ocurre, si tienes la espada de Yamashita sin duda estás buscando su tesoro.

—¿Qué sabes?

—No mucho, solo rumores. El ejército japonés también invadió China, algunos soldados incluso osaron llegar a nuestro poblado… por supuesto ninguno salió vivo. Se dice que ese tesoro solo traerá la desgracia a aquel que lo persiga, ¿aún así sigues estando interesado?

Trago saliva y asiento, la momia torna su arrugada expresión seria. Desenrolla uno de los pergaminos y lo coloca sobre una mesita baja. Maldigo cuando me veo obligado a separarme de la cortina de cuentas, perdiéndome la conversación.

—Se dice que Yamashita fue cruel, asesinó a miles de personas y de todas esas almas resentidas surgió una maldición. A pesar de las apariencias Yamashita era un hombre supersticioso, y para protegerse así mismo y a su familia (por no hablar del tesoro) obligó a un grupo de monjes a purificar un monte entero, bajo el que guardó sus riquezas. Igualmente creó una serie de sellos y objetos bendecidos, así creyó que los espíritus de los muertos no podrían perseguirle ni en este mundo ni en el otro.

—Pues de lo que le sirvió…— digo cruzándome de brazos, Cologne me mira severa por la interrupción.

—Lo que quiero decir es que ese tesoro debe estar escondido en algún lugar sagrado, y esa inscripción es la única pista para encontrarlo.

—¿Un lugar sagrado?— ella se inclina sobre el mapa y comienza a pasar sus dedos expertos sobre él, en busca de algo que yo no alcanzo a ver, ni siquiera se de que zona se trata, bien podría ser la India.

—Ajá— vuelve a mostrar su sonrisa sin dientes —Eso es.

—¿Qué?¿qué ocurre?

—Un lugar sagrado… si miras la inscripción parece chino, pero en realidad son kanjis japoneses modificados. Fíjate bien, si los miras atentamente puedes ver que la palabra "cielo" e "isla" están sobrepuestas. Lo mismo pasa con "dios" y "templo".

—No entiendo nada— me rasco la cabeza y la momia posa su huesudo dedo sobre el mapa.

—Solo hay un lugar así en todo Japón.

Su dedo está colocado directamente sobre una ciudad situada al oeste.

—¿Hiroshima?¿el lugar más sagrado de Japón es Hiroshima?

La vieja asiente lentamente.

—Más concretamente el templo de Miyajima, sólo se puede llegar a él en barco.

—¿Crees que trajo el tesoro de regreso a Japón?¿antes del fin de la guerra?¿solo por una superstición?

—Nunca subestimes el miedo de un hombre.

Suspiro, el caso es que esto hace la búsqueda un poco más fácil, al menos ahora no habrá que salir del país.

—Pero todo aquello fue prácticamente destruido por una bomba nuclear— recapacito.

Cologne aspira el humo de su pipa.

—Yamashita fue un estúpido, tanto dolor, tanta sangre derramada… los espíritus no pueden ser engañados tan fácilmente.

Alzo una ceja.

—No estarás diciendo que lo de la bomba…

Ella se encoge de hombros.

—Desde luego es una casualidad a tener presente.

Yo trago saliva, empiezo a marearme y no se si es debido a la charla o al olor del incienso que ha prendido Shampoo. Tomo la espada, al menos ya tengo claro hacia donde dirigir nuestros pasos.

—Yerno— dice ella posando la mirada en la afilada hoja desnuda. —Tu eres su descendiente, tu sangre puede atraerles de nuevo.

—¿Hablas de los espíritus rencorosos?¿no dijiste que había un hechizo de protección?

—Quién sabe… en todo caso no te espera nada bueno si vas allí.

—Eso son solo supersticiones.

—Ten— dice ella entregándome un pequeño saquito, algo que reconozco como un talismán. —Lleva esto al menos.

Sonrío de medio lado, en el fondo esta es la forma que tiene la vieja bruja de preocuparse por mí. Me pongo en pie y abro la cortina de cuentas a tiempo de presenciar una escena inesperada.

Akane está de pie, se ha levantado tan rápido de la silla que la ha tirado al suelo, y esta se encuentra patas arriba en mitad de la sala. Respira agitada y mira nerviosa a Shampoo, quien con una calma difícil de describir se mantiene aún sentada, sin atisbo de duda.

—No lo entiendo— dice con su voz de campana, negando con la cabeza y moviendo sus cortos cabellos. —No sé a qué te refieres.

—Cartas no mentir. Destino de Akane ser. Sacrificar vida por aquel que amar.

Me quedo petrificado, la veo temblar a la par que yo mismo siento como mis manos no me responden. Doy un incierto paso hacia la sala y repentinamente todos se percatan de mi presencia. Akane fija sus iris marrones en mí y aparta el rostro en un gesto lleno de vergüenza. Toma su mochila y no duda en salir a toda prisa del establecimiento.

Y yo, incapaz de reaccionar solo escucho a mi maestra reir de esa forma que tanto odio, Shampoo recoge las catas y Mousse se lleva las tazas de té.

—No todo el mundo está preparado para el destino…— dice la vieja a mi lado, la joven amazona sonríe condescendiente.

—Ranma regresar tras divorcio y casar con Shampoo, ¿si?— no es una pregunta, es la misma velada amenaza que recibo cada vez que se me ocurre asomar la cara por su restaurante.

Yo resoplo y tomo mis cosas, inclino la cabeza en un gesto de profundo agradecimiento y salgo del lugar esperando que mi mujer no haya huido demasiado lejos.

"Destino de Akane ser. Sacrificar vida por aquel que amar."

No me gustan las tonterías como las supersticiones o las adivinas, pero a mi pesar no puedo decir que no crea en ellas. Las maldiciones son reales, eso lo sé de primera mano, igual que la existencia de espíritus y demonios, así que… ¿porqué no iba a ser esto igual de veraz?.

La incertidumbre me consume, las palabras de Shampoo dan vueltas en mi cabeza, camino hasta el final de la calle y no me cuesta mucho encontrar a Akane apoyada contra una esquina, recuperando el aliento.

Me acerco cauto sabiendo el peso que las palabras pueden estar horadando profundo en sus pensamientos. Sacrificar, un sacrificio… ¿significa acaso que ella va a...?

No me permito pensar más allá, no puedo. Saberla en peligro, pensar que le puede ocurrir algo malo es demasiado para mí. No lo consentiré, no pienso permitir que haga ninguna tontería por ese tipo.

La protegeré con mi propia vida.

—¿Te encuentras bien?— pregunto mientras tomo su brazo y lo estrecho ligeramente, Akane sale de su estupor y rápida se libra de mi agarre, como si le quemara.

—S-sí, de repente he sentido como si me faltara el aire— dice mientras veo sus mejillas encendidas, desabrocha los primeros botones de su grueso abrigo como si realmente no pudiera respirar.

—Shampoo no es nada delicada— prosigo intentando tranquilizarla, tranquilizarme a mí mismo.

—Qué tontería ponerme así por una estúpida predicción, seguro que lo ha dicho por fastidiarme— contesa restándole importancia, fijando sus ojos en el cielo despejado. Hace tanto frío que podría helar.

La observo en silencio mordiéndome la lengua, intentando con todas mis fuerzas estar tan calmado como ella en apariencia.

—Decirte eso ha sido cruel, pero… prométeme que no harás ninguna tontería por ese capullo— le pido sin perder ojo a su expresión, ella se encoge y abriga con sus propios brazos, continúa pegada a la pared y no me mira.

—Crees… ¿que voy a morir?— alza su hermosos ojos llenos de pestañas, haciéndome la misma pregunta que me he negado a responderme a mí mismo.

—Cuando te cases con él ya no podré protegerte— aprieto los puños, verbalizando por primera vez mi frustración, esta vez soy yo el que aparta la mirada. ¿Cuánto tiempo más podré continuar con esta farsa?¿tragándome mis sentimientos?.

Suspira de forma sonora, la veo morder su labio inferior como si estuviera teniendo un fuerte debate interno, arruga sus cejas.

—Sacrificarme por amor…— repite atontada.

Entonce deja de amarle, pedazo de estúpida. Me conformo con eso, no te pido que sientas lo mismo por mí, sólo que no lo sientas por él. Qué irracional me estoy volviendo.

—A lo mejor no se refería a ese tipo de sacrificio— reflexiono en voz alta, intentando buscar una explicación menos macabra, algo que me consuele.

Akane niega con la cabeza, cansada del tema.

—Basta, todo esto es absurdo, ¡no es más que superstición!— echa a andar por la calle en la misma dirección que hemos venido, demasiado centrada en sus pensamientos como para percatarse de que ni siquiera me ha preguntado por mi charla con la anciana, no sabe lo que me ha dicho, no conoce nuestro siguiente destino.

Veo su frágil figura temblar ante el frío, sus delgadas piernas avanzar huyendo de algo que ninguno de los dos comprendemos. No quiero que nadie la toque, no quiero que le hagan daño, no quiero verla sufrir.

Ella ya está haciendo muchos esfuerzos por ese matrimonio, constantemente se sacrifica por él: dejará sus estudios, jamás tendrá el valor de explicarle como bebe el café, o mostrarle todo su mal genio. Se irá lejos de su familia… ¿pero por qué hace todo eso?¿por qué no se muestra tal cual es, tan hermosa como yo la veo?, ¿qué daño podría hacer?.

Mi pies se detienen, alzo la barbilla sintiendo como mis propios pensamientos desentierran la obviedad, aquello que no me ha querido decir, lo que nunca ha tenido valor de confesar a nadie, quizás siquiera a sí misma.

De repente lo entiendo todo.

—Está enfermo— digo en voz alta, y la veo detener sus pasos, dándome la espalda. Trago saliva mientras me fuerzo a recordar cada una de las conversaciones que hemos tenido, en las que ella dejaba escapar pequeñas pistas sobre su prometido mientras yo, loco de celos me empeñaba en desoírlas. —Tu fuiste su médico, os conocisteis en el hospital…— avanzo hacia ella, quien se envuelve con sus brazos pero no se gira, me quedo a medio metro, contemplando su blanco cuello, sus negros cabellos. —Es eso, ¿verdad? Nunca se curó.

Mis cinco sentidos están puestos en ella, la escucho jadear, sus largos dedos aprietan con fuerza las mangas del abrigo. Cuando se gira no me cabe duda alguna de que acabo de destapar la caja de sus mayores miedos.

Me quedo sin habla al ver las lágrimas surcando su rostro, sus labios apretados intentando no dejar escapar el lamento que estoy seguro tiene atrapado en su interior.

Intenta contener sus lágrimas, las seca con sus dedos pero nuevas vuelven a ocupar su lugar. Desesperada tapa su rostro, lo oculta entre su manos mientras sus hombros tiemblan.

No lo dice, pero sé lo que necesita. Las palabras se han vuelto dolorosas, sobran entre nosotros. La abrazo con fuerza, tenso mi mano en su cintura y la atraigo contra mi pecho, un lugar donde siempre puede llorar. La oculto de la miradas curiosas, de la frialdad invernal. Enredo mi mano en sus cabellos y la recuesto sobre mí, como sólo me permito hacer por las noches cuando duerme.

La estrecho en silencio mientras espero que todo pare.

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Cae la noche, aprieto el botón de la máquina de refrescos eligiendo con cuidado. A pesar del frío seguimos en la calle, ella simplemente no quiere moverse, al menos no todavía.

He comprado unos tallarines en un puesto cercano, no es que sea una gran cena, pero Akane me ha reiterado tantas veces que no quiere comer nada que me he esforzado mucho por contradecirla. Siempre se come los tallarines, seguro que le gustan.

Tomo un par de latas de té amargo y las pongo en la bolsa junto a nuestra cena. Camino de regreso a la banca del parque donde la he dejado esperando tras la hora larga que le ha costado tranquilizarse.

Espero que en mi ausencia no haya seguido llorando.

La busco en la oscuridad y suspiro tranquilo cuando la descubro a salvo, custodiando las mochilas y mirando el cielo que se oscurece por momentos. Me acerco y me siento junto a ella, le tiendo su ración de comida y me mira contrariada, pero no dice nada. Rebusca unos palillos en la bolsa de papel y comienza a comer.

Sonrío mientras me llevo mi lata de té a los labios.

Me da tiempo a terminar mi ración mientras ese familiar silencio entre nosotros solo se rompe por las nubes densas de humo que ascienden de nuestras respiraciones. Suspiros sin nombre de palabras que nunca diremos.

Mi sonrisa se torna triste.

—Shinnosuke padece del corazón— dice arrancando a hablar después de todo el llanto. —Es muy sensible a cambios de humor o a esfuerzos físicos, su enfermedad se encuentra estable, pero podría empeorar en cualquier momento.

—¿Y no hay cura?— tiento desde mi ignorancia, ella suspira y niega con la cabeza.

—Lo intentaron todo con él…es un caso extraño, ni siquiera un trasplante le garantizaría una vida normal.

—Vaya… con que era eso— miro al suelo derrotado, sintiéndome culpable por haber juzgado toda su relación de forma tan banal, sin darme cuenta de lo que había detrás.

—Siempre estoy asustada, siempre temo que mis estúpidas rabietas provoquen… no puedo permitirme ser impulsiva, no puedo…— aprieta los dientes, veo sus ojos cristalinos y temo que todo empiece de nuevo, que vuelva a mostrarme esa parte tan débil de sí misma de la que tanto se avergüenza.

La entiendo. Demonios, claro que lo hago, pero aún así mi deseo egoísta persiste, aún así siento que tengo algo que decir al respecto.

—Eso no le matará— Akane me mira indignada por mi falta de tacto, sin saber que tengo mucho más de eso guardado dentro. —Deberías decirle la verdad.

—¿Qué no has oído que está muy enfermo?— reclama con un hilo de voz.

—Ese idiota ni siquiera sabe con quién se casa, me gustaría verle la cara cuando descubra que su perfecta prometida resulta ser una bruta sin pechos, con la fuerza de un gorila y peor humor que toda la yakuza junta.

—¡Ya cállate! Shinnosuke jamás debe enterarse de esto, siquiera de esta conversación.

—Estás siendo injusta con él, llevas años haciéndote pasar por alguien que no eres porque te has encaprichado de ese pobre chico enfermo, me dan ganas de vomitar.

—¡Eso sí que es injusto! no sabes nada sobre nosotros, yo solo he intentado hacer su vida más fácil.

—Claro, solo le has negado la oportunidad de conocerte, es mucho mejor que se despierte dentro de veinte años y te encuentre cortando troncos a puñetazos, entonces sí que se le romperá el corazón.

—¡Eres todo delicadeza!— se cruza brazos.

—Al final no podrás esconder la verdad, y todo esto te explotará en la cara— la miro insondable, intentado que escuche. No podrá mantener esa máscara durante mucho tiempo, no podrá vivir una mentira… no puedo permitir que se sacrifique de esa manera.

La veo negar con la cabeza, me mira en busca de consuelo o ayuda, necesita una salida que yo no estoy dispuesto a darle.

—Si se entera…

—¿Qué?¿te dejará?¿tan terrible sería eso?

Sus ojos se secan y su labio inferior tiembla, algo se retuerce en mis entrañas, una rabia sin fin se apodera de mi palabras.

—¿Eres estúpido?¡claro que sería horrible!, ¿sabes que le podría dar un ataque?

—¡Mejor eso que pasarse la vida viviendo una mentira!

—¡No es una mentira! estos años han sido reales.

—¿Ah, sí?¿y cómo empezó todo?¿Decidiste seguir con su tratamiento por tu cuenta?, ¿te convertiste en su médico personal sin consultarle?

—¡No es nada de eso!¡el de verdad me...!— se detiene mitad de la frase, duda un instante y cesa en su alegato. Sé exactamente el camino que siguen sus pensamientos.

—Crees que te ama… ¿pero lo hace en realidad?¿o está demasiado cómodo con esa venda que le has puesto en los ojos?

Veo el miedo en su expresión, he llegado al punto clave, al doloroso lugar del que ella misma es consciente. Baja la cabeza y oculta su mirada entre su abundante flequillo. Supongo que hay cosas a las que nadie quiere enfrentrase.

—Aunque en realidad tampoco importa— susurro alzando la vista hacia la noche estrellada, sintiéndome abatido. —Porque tu le amas tanto que estás dispuesta a sacrificarlo todo por él… hasta a tí misma.

He perdido antes de empezar a luchar. Siento mis manos débiles, mis puños inútiles. No me atrevo a volver a mirarla, no puedo.

Me trago este sentimiento amargo como la hiel, intentado que no abrase mi garganta, que no incendie mis pulmones. Rogando por mantenerme firme en la derrota.

No debí dejarla entrar en mi vida, no debí ser sincero, pero sobre todo nunca debí bajar la guardia, mostrarme tal cual era… esto nunca debió pasar.

Escucho un suspiro acompañado de una densa capa de vaho, Akane fija su mirada en el cielo y lanza una exclamación.

—¡Ranma, mira!¡es una estrella fugaz!— señala hacia el denso manto negro con la ilusión de una niña, borrando por completo nuestra conversación anterior. —Rápido, pide un deseo.

Ella cierra los ojos muy fuerte, la miro en silencio preguntándome qué será lo que más desea.

No puedo seguir así, haciéndome daño, es demasiado frustrante.

Miro las estrellas hasta que veo una de ella caer y dejar una estela que surca el cielo.

Si pudiera pedir solo una cosa, si alguien me concediera un deseo entonces… deseo...

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¡Hola de nuevo queridos lectores!

Que decir de este capítulo... creo que algunos de vosotros ya os esperabais esta resolución, la enfermedad de Shinnosuke. En realidad no es que fuera un secreto, pero a la vez sí que lo era un poco, el secreto de Akane. Eso es lo que la "ata" y limita tanto... ahora ya las cosas se ponen un poco más difíciles para ambos, ya que Ranma no es ningún insensible, él entiende sus sentimientos aún así se esté muriendo por dentro.

Y ahora contestando reviews: The girl of the pig tailed (amas y odias los dramas, puedo entender eso, jaja. ¿un mal presentimiento? Uuuhh, no sé que decir al respecto. Gracias por leer.), Dark-yuki (Sí que lo hace sufrir, peor ella también está sufriendo mucho, es una situación complicada U_U. y sí, ya llega lo bueno, solo ten un poco de paciencia...), Ftima (¿Cosas importantes? jeje, supongo que la fiebre no le afectó tanto a la cabeza. ), magdal (Sí que son tercos... en este capítulo creo que Akane comienza a entenderse un poco más así misma. ¿O a asustarse? gracias por leer), jannika1990 (el pasado sí que fue calmado, este tampoco tuvo demasiada acción aunque sí alguna sorpresa. Toda la acción la estoy guardando para lo que estoy escribiendo ahora, ¡acabaré agotada!. Ya gracias por decir que te gusta tanto Crisantemo y las historias originales... ojalá y alcance a terminar alguna), kama360 (muchas gracias, continuaré esforzándome), nancyricoleon (Sí, la verdad es que la pobre tiene un lío considerable, porque por una parte se encuentran sus sentimientos y por el otro los de Shinnosuke... está hecha un lío), xandryx (¡Sí!¡exacto!¿quién no ha pensado de esa manera cuando estaba en duda? de esta forma Akane me parece mucho más humana. Y claro que tengo ideas nuevas, es un no parar... cada vez que empiezo una historia me creo que después no tendré nada más que contar y según pasan los días... "PUM" más historias que se generan en mi cabeza. Nunca acabaré...), mimato bombon kou (Siento haberte decepcionado con el lemon, jaja. Pero cada uno tiene su razón para ser tan tercos... ella ya hizo mucho esfuerzo aceptando que quiere estar a su lado, no creas.), Sav21 (¡Muchas gracias! sí que lo pasan mal los dos, a mi también me gustan los motes que pone Ranma a Shinnosuke :P ), akane-kun19 (yo creo que su propia terquedad será lo que más la haga sufrir... ay, ya me duele hasta a mí), DULCECITO311 (A veces las cosas más obvias pasan desapercibidas para los implicados, así esten metidos hasta el cuello en la situación.), Anne Saotome Tendo (Yo también creo que a Ranma le dolieron mucho las palabras de Akane... la muy idiota hablando sin pensar, él es más consciente de sus sentimientos porque no existen obstáculos morales en su camino, mientras que para ella todo es más confuso.), CHIQUI09 (Sus motivos no son difíciles de entender, todo lo contrario, y creo que ahora aún más. Y esa última frase creo que es muy descriptiva de la situación. me alegra saber que he conseguido emocionarte), Coeurpur (Merci beaucoup pour votre mots, je suis reconnaisant de savoir que vous lisez mon fic, bien est écrit en espagnol. Je aimé la France, étudié le français quatre ans et aussi visité plusieurs fois la Japan Expo), darymontillato (muchas gracias por tus palabras, ¡el helado siempre es un gran consuelo!mmmhh... ahora hiciste que me apetezca helado), susyakane (¿romance prohibido? que pillina eres, jajaja. La verdad es que queda MUY poco tiempo para la boda... me agobio yo misma al pensar que tengo muchaas cosa que contra y nada de tiempo para hacerlo.), katishka (tienes razón, últimamente este fandom está de capa caída... pero no hay que estar tristes, es ley de vida. Las series empiezan y acaban, igual que su fandom, lo importante es hacer lo que a uno le gusta mientras se sienta bien con ello. Ojalá y Ranma viviera un nuevo revival y regresaran los buenos tiempos, pero si no, como decimos en España: "Que nos quiten lo bailao" ), bry (Muchas gracias por tu review, claro que entiendo que te sientas identificada con Ranma, son tantos sentimientos encontrados... me alegra saberte por aquí prestándome tu atención. ), Shiho Carnadine (¿te gusta verle enfermo? ay, pobrecito, pero a mí también me encanta vulnerable. Y claro, lo de la cadena es importante, pero no te diré porqué ;) ), camuchis (Gracias por tus palabras, te agradezco de corazón que hayas leído todos mis trabajos, ¿pero te leíste Quince días en un día? OMG. espero que los siguientes capítulos te apasionen igualmente.).

De nuevo gracias a todos.

Muchos besos.

LUM.