Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

.

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

Quince días

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

.

Capítulo 17: Miércoles 27

.

Akane

.

Lo sabía, eso es lo peor.

Lo sabía y aún así no he podido evitar que sucediera.

Tan estúpida para entender que iba a doler como un tren de mercancías pasándome por encima, y aún así me he quedado quieta esperándolo en la vía.

Por mucho que corra no puedo alejarme lo suficientemente rápido de ese lugar, por mucho que lo intente no puedo sacar esa imagen de mi cabeza. No sé a dónde voy, pero tengo la seguridad de que no regresaré jamás junto a él.

No quiero volver a ver a Ranma Saotome.

—¡Akane!— un rayo me atraviesa, recorre mi columna cuando escucho mi nombre de sus labios, no me giro, no puedo verle, siento como mis piernas flaquean, como mis ojos luchan por contener mis estúpidas lágrimas.

No le cuesta nada atraparme, lo hace con una facilidad insultante. Me quedo clavada en el suelo sintiendo la presión sobre mi muñeca, sé que no podré soltarme a menos que él lo permita, y estoy más que dispuesta a darle un motivo.

Me giro airada y me reciben sus ojos azules buscando los míos histéricos, ¿a qué viene esto?¿¡que se piensa que soy!? mi propio estado de alteración me sobrepasa, aprieto los dientes, alzo la mano.

—¡Cerdo!— le golpeo verbal y literalmente, gira el rostro apenas unos centímetros y en seguida vuelvo a sentir sus ojos fijos en los míos, pero esta vez parecen un grado más peligrosos.

Me hace daño, fuerza mi muñeca como si quisiera romperla en pedazos y me arrastra hasta que siento mi espalda contra la pared, atrapa mi mano a la altura de mi cabeza y deja la suya encima, me está mandando un claro mensaje: no voy a ir a ninguna parte, y lo más importante, no voy a golpearle de nuevo. Estoy encerrada, atrapada indefensa por este malnacido sin escrúpulos.

Y dijo que ya no sentía nada por ella... ah ya, casi se me olvida, ¿cómo era?: un hombre no puede resistirse a una mujer. No sabía cuán ciertas eran sus palabras hasta este mismo instante.

Me mira tan intensamente que creo que me va a atravesar, respiro agitada intentando controlar el temblor de mi voz, no quiero que sepa el daño que me ha hecho, lo vulnerable que me siento en este instante.

—¡Suéltame!— exijo de forma inútil.

—¡Ella me besó a mí!— se defiende, yo no le he pedido explicaciones.

—¡Pues no parecía que te importara!— y es la verdad, un beso robado no dura lo que duró ese… y desde luego no cierras los ojos ni abrazas a la persona que te lo da.

Oh no, no parecía en absoluto incómodo, más bien todo lo contrario. Y eso que ella lo estafó, lo humilló y lo abandonó, hay que ser imbécil.

—¡Eso no es...!— se detiene, parece caer en la cuenta de algo. —¿Por qué estás tan molesta?

—¡No estoy molesta! ¡no me importa nada de lo que hagas!

—¿Y entonces por qué me has golpeado?

Estoy acorralada y lo sé, me ha atrapado. Al final todo ha volado por los aires, no he podido mantener mi mente y mi corazón separados: me he delatado sola, pero antes muerta que admitirlo, sí, antes enterrada que soportar su cara de incredulidad, su risa dura de suficiencia cuando se de cuenta que no soy diferente al resto, solo otra tonta que añadir a la lista.

—Tu y yo aún estamos casados, ¡y hasta que nos divorciemos me debes un respeto!— sus ojos se abren por la sorpresa que le causan mis palabras, parece en shock pues ni siquiera pestañea, pero tampoco me da oportunidad de escapar.

—¿Respeto?¿¡quieres que hablemos de respeto!?— entrecierra los ojos, no se si ofendido o descreído, acerca su cuerpo unos centímetros y puedo percibir su calor, pero contrariamente a mis impulsos solo puedo sentir asco al oler el perfume de esa mujer de cerca, adherido a su piel. Los restos de carmín siguen en sus labios, se me revuelven las tripas.

Alzo la barbilla altiva haciéndole ver que no me va a intimidar, no podrá ningunearme como se propone.

—¿Tienes por costumbre ser infiel?

Aprieta los dientes y gruñe, escucho su garganta emitir un sonido gutural y mirarme sin ocultar ni una pizca de su enfado.

—Tu eres mi mujer— dice posesivo, mi estómago se estremece al escuchar esas palabras que solo recuerdo de un vergonzoso sueño. —Y vas a casarte con otro tipo sin siquiera pestañear, ¡sin que te importe una mierda lo que yo opine!. Llevas años saliendo con él, enamorada de un hombre mientras estás casada con otro, así que dime… ¿quién ha estado siendo infiel?

Trago saliva, me mira con tanta seriedad que no me atrevo ni a respirar. No tengo respuesta para esa pregunta: no es justo, yo ni siquiera sabía de su existencia, no tiene nada que ver con lo que él acaba de hacer delante de mis narices, ¿que esperaba? ¿que me quedara mirando e intentara no molestar?.

¡Maldito ególatra mujeriego! ¡Le odio! Siento la bilis subir por mi garganta y estoy a punto de protestar cuando comprendo que algo acaba de cambiar. Lo noto en sus ojos, en la tensión de sus dedos reteniendo los míos, me mira diferente y siento miedo.

Mi piel erizada, el sudor frío, la adrenalina disparada… el tiempo se vuelve denso, incómodamente lento. Siento su mano más real que nunca, tiembla un instante, ¿estará esperando mi respuesta?¿y qué puedo decir?.

Veo su rostro acercarse al mío, dolorosamente cerca, tanto que vuelvo a aspirar ese perfume odioso, ese carmín rosado que no debería estar ahí.

No te atrevas, ni siquiera lo pienses.

Giro el rostro y cierro fuerte los ojos, no puedo más, no quiero seguir sufriendo este tormento. Aléjate, por favor te lo pido, solo déjame tranquila. Mi respiración está tan agitada que creo que me voy a desmayar, mi pecho sube y baja a toda velocidad mientras me engulle la debilidad.

Me suelta, su mano deja de ejercer presión y durante un segundo siento que me caeré al suelo, pero antes de poder reaccionar vuelvo a sentirlo sobre mí, toma mi barbilla y me obliga a alzar el rostro, lo hace con dulzura aún a pesar de la brusquedad, ¿se puede ser brusco y dulce a un tiempo?.

—¡Mírame!—exige, y contengo un lamento, mi alma ha comenzado a gritar en silencio llenando toda mi cabeza.

¿No te das cuenta que no hago otra cosa? te miro, yo solo te miro a tí… quiero cerrar los ojos y dejar de hacerlo, pero incluso en sueños sigo empeñada: te busco deseando cobardemente que me abraces, que solo tengas ojos para mí.

¡Quiero que me ames!, qué ridículo suena, que idea tan inocente…porque tú eres Ranma Saotome, un hombre que no sabe de tonterías como el amor, y yo soy Akane Tendô, una cría cargada de obligaciones.

Y te miro, yo te miro; Y lloro, porque no es justo que me pidas algo así cuando acabo de verte besar a otra mujer, ¿te diviertes?¿es eso?¿te divierte jugar conmigo?.

Una lágrima rueda por mi mejilla, tu expresión se vuelve dolorosa, no se que esperas, ¡no sé qué quieres de mí!.

No puedo más, he sobrepasado todos mis límites.

—Por favor…— ruego, tan bajo he caído que ni fuerzas me quedan para alzar los puños, no puedo pelear contra lo que siento. —Quiero volver a casa.

Me tiembla todo el cuerpo, y lo hace aún más violentamente cuando me suelta, aunque no se aleja. Bajo la mirada y siento las lágrimas caer en silencio, me siento exhausta.

—No puedo.

—¿Eh?

—Ya no puedo llevarte a casa.— busco su rostro sin saber de qué habla y me encuentro con una máscara, un muro inexpugnable que no transmite ningún tipo de emoción. —No hasta que haya resuelto todo.

Asiento.

—Volveré sola.

—Es lo mejor.

—Sí.

De repente siento el frío clima golpearme, no sé cómo no me había dado cuenta hasta ahora. Ah, es porque se me ha helado el corazón.

No entiendo cómo hemos llegado hasta este lugar, hasta este momento. Nos estamos despidiendo, ¿verdad?. La mano que me impedía el paso ya no está, soy libre, dolorosamente libre de marcharme y dejarle solo en esta callejuela inmunda.

Pensaba que sería de otra forma, no, ¿qué digo?, en realidad intentaba no pensarlo porque no quería que llegara, y finalmente el adiós ha venido a por mi tan súbito que me deja sin aliento.

Ya no podré cuidarle como prometí, ya no le veré dormir, ni responderé a sus insultos cuando intenta ofenderme. Ya no volveremos a pelear, ni comer juntos, ni reír por tonterías… creo que nunca más nos volveremos a encontrar. Y quiero pensar que no importa, que de alguna forma lo resolveré, que no le necesito.

Pero claro que lo hago, de otra forma no nos estaríamos despidiendo, ¿acaso tiene sentido?.

Me voy porque me he dado cuenta de que te amo, me voy porque no puedo soportar amarte.

Mis pies se mueven solos, cada paso duele más, es como caminar por un mar de zarzales y al apoyar el paso clavarse cientos de espinas. La sangre escurre y forma charcos, es espesa, es alquitrán de color escarlata.

Avanzo errática trazando eses, no sé cuantos metros he recorrido pero entiendo que no puedo mirar atrás, si lo hago y veo su rostro estoy segura de que querré correr de regreso, mi orgullo no me lo permite. Camino. Camino.

Espera. No le he dicho adiós, ¡no le he dicho nada!.

No le he dado las gracias por cuidarme, protegerme, por sus gestos amables, por la forma en la que me vigila siempre intentando que no me meta en líos: por prestarme su pecho para llorar, por abrazarme para que no pase frío.

Miro por encima de mi hombro y no me sorprende encontrar el oscuro callejón vacío.

Una parte de mí esperaba ingenuamente que me retuviera, que volviera a correr tras de mí y me dijera que no podía acabar esto sin mi ayuda…que le hacía falta.

Me duele la garganta de ganas de gritar, tan fácil ha sido que parece mentira, ahora mi terquedad se revela absurda, ¿para qué he venido hasta aquí?¿que he ganado?¿cuánto he perdido?.

¿Y él?¿qué estará pensando? que se libra de una molestia, seguro. Cuando echemos la vista atrás y recordemos estos días juntos, ¿será con dolor o con una sonrisa?.

Me derrumbo, no lo soporto, apoyo la espalda contra la pared sintiéndome vapuleada. He salido perdedora de la peor pelea de mi vida. No hay marcha atrás, ya no puedo cambiar nada de lo que he dicho, no me queda más remedio que volver a casa.

Intento recuperar la compostura, pero las lágrimas no cesan. Cierro los ojos esperando despertar de mi pesadilla.

.


.

No se cuanto tiempo he pasado en ese callejón, pero mi aspecto es lamentable: los ojos hinchados, la nariz enrojecida, grandes ojeras y piel cetrina. Me lavo la cara en el aseo del centro comercial al que he entrado, me repito una y otra vez mientras miro al espejo que basta ya de lamentos.

He de llegar a Tokyo, mi boda se celebra en dos días y me encuentro a cientos de kilómetros.

Regreso a una de las calles principales de la ciudad, no puedo evitar mirar hacia ambos lados esperando ver al chico de la trenza torpemente escondido, vigilándome desde algún punto cercano, pero lo cierto es que no creo que lo haga, no esta vez.

Arrastro los pies hasta una cabina telefónica, no me queda más remedio que llamar a casa y contárselo todo, solo espero que sea Kasumi la que coja el teléfono.

Pero está el problema del efectivo… saco la moneda de cincuenta yens del interior del vestido y la observo unos segundos encima de la palma de mi mano, arrugo el entrecejo y la devuelvo a su sitio, eso sería lo último que haría. Es el único recuerdo que me queda de él.

Rebusco en los bolsillos del vestido robado y me sorprende encontrar una moneda de cien yens, ni yo misma me creo mi suerte.

Marco el número conocido y espero el tono, me muerdo el labio inferior aún repasando la historia que le voy a contar a mi hermana.

¿Quién es?

Me quedo callada ante la voz desconocida, una mujer me habla al otro lado de la línea, ¿será que me he confundido?.

—¿Quién es usted?

¿Akane?— tardo un segundo en recordar ese tono educado y moderado.

—¿Señora Saotome?— digo incrédula entendiendo que se trata de mi suegra, pestañeo sin entender qué hace en mi casa.

¡Por fin!¡estábamos muertos de preocupación!¿Que tal te encuentras?¿está Ranma contigo?

—Yo…si…no…¿que está ocurriendo ahí?— apenas acierto a preguntar, alucinada.

No tienes que preocuparte, estoy ayudando a tu padre y a tus hermanas en la organización de la boda… siempre que quieras casarte, claro.— se aclara la garganta.— He de decir que tu prometido es un chico bien apuesto, aunque un tanto desconfiado, no deja de hacerme preguntas incómodas.

—¡Me refiero a por qué está en mi casa señora Saotome!— puntualizo cargándome de paciencia, reviviendo la primera conversación que tuvimos hace ya casi dos semanas. Igual de absurda que esta, por cierto.

Oh, lamento tanto que os hayáis visto envueltos en este problema, espero que el estúpido de mi marido no haya complicado las cosas. Por suerte yo pude encontrar protección junto a tu padre, Soun siempre fue un buen amigo de la familia.

—¿Pero estáis todos bien?

Claro que sí pequeña, aunque hace unos días apareció un tal Kuno para reclamar una supuesta deuda, tienes suerte de que tu hermana Nabiki sea tan buena en su trabajo, ¡hasta le hizo detener!.

"Buff", demasiada información, debo ir al grano.

—Señora Saotome, necesito hablar con mi hermana.

¿Va todo bien, Akane?

—Sí, claro que sí… es solo que necesito que me envíe dinero para poder regresar a Tokyo, eso es todo.

¿Y Ranma?— dice sin ocultar su preocupación.

—Nos separamos— confieso, el silencio en la línea telefónica es tan apabullante que no puedo evitar comenzar a mover los pies.

¿Y no regresará contigo?

—Es complicado.

¿Qué quieres decir?— no quiero hablar más de lo estrictamente necesario

—Va a terminar con lo que ha empezado. Creo que quiere descubrir lo que se oculta detrás del secreto de su familia y devolverle su espada.

Akane… ¿dónde estás?

—En Hiroshima.

De nuevo silencio, noto la respiración al otro lado volverse rápida, alterada.

Debéis iros.

—¿Qué? pero si yo…

¡Encuentra a Ranma y salid de allí cuanto antes!

—¡Señora Saotome!— exclamo asustada.

No lo entendéis, aún sois niños y no creeis en las maldiciones, el odio ancestral detrás de ellas… ¡el poder de la sangre!. En ese lugar solo hay muerte, ¡busca a Ranma y vuelve con él a Tokyo!

—Pero él se ha ido— susurro con tanta debilidad que me delato, pero la mujer no parece percatarse, ella también habla en susurros.

Todo cuanto hice… todos mis esfuerzos por ocultar mi pasado habrán sido inútiles, yo solo quería protegerle. Por favor, te lo ruego Akane, ¡búscale!

Trago saliva, ¿y qué más puedo decir?.

—Lo haré— respondo sin más, cuelgo el auricular y siento un hormigueo subir desde la punta de mis dedos. Miro el teléfono y al tiempo no lo hago, me quedo con la vista fija en algún punto indeterminado de la cabina intentando pensar.

Sé de sobras que jamás lo encontraré si el no quiere ser encontrado. Aún así debo buscarle y… ¿y qué?¿decirle que su madre quiere que me lleve a casa?¿que cree que le acecha la muerte a causa de una maldición de hace medio siglo?.

Tarde me doy cuenta de que no debería prometer nada que no pueda cumplir, aún así tomo aire y me armo de valor. Una parte de mí se siente un tanto agitada al tener una excusa para volverle a ver.

Comienzo a caminar de forma errática, perdiéndome por estrechos callejones, mirando en el interior de los restaurantes, dejando atrás el gentío, el olor a comida y el entrelazado de cables de electricidad que ocultan el cielo. Llego hasta una gran avenida, recuerdo este lugar.

Tenía diez años y estaba lloviendo, llevaba un paraguas rosado y unas botas de agua a juego. Las mangas cortas de mi uniforme escolar tenían los bordes mojados porque yo solo ansiaba mantener a salvo mi estimado cuaderno de notas, tan fuerte lo sujetaba contra mi pecho que no me preocupaba el que la lluvia salpicara mis hombros. Siempre fui buena estudiante.

Mis compañeras parloteaban alegres y yo sonreía, me encantaba salir de excursión. Caminamos junto al resto de la clase hasta llegar a una gran explanada rodeada por un parque. Las baldosas del suelo brillaban mojadas y el silencio era interrumpido por la algarabía jovial de otros muchos alumnos de diferentes colegios.

Dimos un paseo apuntando detalles, admirando estatuas y copiando inscripciones. Lo revivo todo con una precisión brutal, como si no hubiera pasado el tiempo y siguiera en ese mismo lugar, solo que hoy no llueve; Camino despacio por el parque, el mismo que en mis recuerdos y no me cuesta más de diez minutos llegar hasta el río que divide la ciudad. Cruzo el puente, la verdad no sé qué espero encontrar, quizás la nostalgia es la culpable de haberme arrastrado hacia allá.

No hay nadie, solo silencio sepulcral. Por algún motivo no cantan ni los pájaros. Ante mí admiro el último resquicio de la destrucción, el único edificio que quedó en pie. La bóveda formada por vigas de hierro apuntalada a lo largo de las décadas recubierta de piedras quemadas como recuerdo imborrable de la guerra.

—Todos los turistas acaban en este lugar— dice una voz a mi espalda. —Es lo que llaman "el poder de los muertos", tiene una especie de magnetismo espeluznante. Me pregunto si en otros sitios del mundo pasará lo mismo.

Me ha estado siguiendo y no sé con qué propósito.

La miro de reojo intentando no demostrar toda la repulsa que me provoca. Himeko sonríe enigmática.

—¿Qué quieres?— digo cabreada, mientras un sentimiento de desconfianza comienza a hacer mella en mí, algo me dice que nada de esto es casualidad: ni nuestro encuentro, ni el viaje… ni siquiera su descarado coqueteo con Ranma.

—Hay alguien que quiere verte.

No tardo ni un segundo en adoptar una pose defensiva, lo sabía desde el principio: esta chica no es trigo limpio. Mis ojos se fijan en ella quién no parece impresionada y no cambia un ápice su expresión.

—¿Trabajas para la yakuza?

—No, pero de vez en cuando me encargan algunos trabajos sencillos y una chica necesita dinero.

—Querías separarnos… querías que nos peleáramos, ¿por qué?— la observo grave, atenta a cualquier cambio en su postura.

Se encoge de hombros.

—Órdenes. Al parecer cuando estás a su lado se vuelve peligroso, y ahora ven.

—No pienso hacerlo.

—¿Es que no quieres volver a ver a Ranma?

Trago saliva, esta tipa se piensa que soy estúpida.

—No soy tan tonta como para caer en eso, estáis intentando usarme para vuestros propósitos.

—Puede ser— contesta con sinceridad. —Pero… ¿y si no es así?¿correrás el riesgo de abandonarlo a su suerte?— hace un mohín con el labio que me pone de los nervios, por mi cabeza pasan una y mil advertencias, cientos de posibilidades; me digo y me repito que es imposible que tengan al artista marcial, es demasiado hábil, jamás se dejaría atrapar.

Y sin embargo…

—Está bien, iré contigo.— no tengo nada que perder ni sitio al que ir, y aunque solo sea una mínima posibilidad es cierto que no puedo arriesgarme, si me doy la vuelta y me marcho sé que me arrepentiré el resto de mi vida.

Himeko asiente y me guía por la orilla del río, caminamos en silencio varias manzanas hasta que llegamos a una zona residencial. Se detiene delante de un pequeño templo rodeado por una muralla. Una moderna puerta de metal aparece entre las rocas blancas, contrastando con la sobriedad del conjunto. Entre las rendijas se distingue el interior, donde pocos árboles decoran un jardín de gravilla con varios coches aparcados. Lo observo dubitativa, sabiendo que dentro puedo encontrar cualquier cosa.

—Aquí nos separamos— se despide y hace intención de dejarme, parece que ha terminado su trabajo pero yo aún tengo algo que decirle.

—Espera.— gira el rostro, y en ese mismo momento se encuentra cara a cara con mi puño, le estrello mi más potente derechazo en su perfecta nariz.

Siento el crujido de los huesos y la escucho gritar mientras la sangre sale a borbotones e inútilmente intenta detener el sangrado con sus manos.

—Eso por besar a mi marido, zorra.— termino satisfecha, sus ojos me miran llenos de odio y yo alzo la barbilla orgullosa, no me percato de que esta vez soy yo la que sonríe.

Sacudo mi mano y llamo al timbre.

La puerta se abre de inmediato, un hombre joven me recibe, un tipo que conozco a la perfección.

—¡Tú!— exclamo con los ojos muy abiertos, lo sabía, ¡era una trampa!.

—Solo queremos hablar, puedes marcharte cuando quieras.— intenta tranquilizarme el yakuza de los tatuajes, doy un paso hacia atrás sabiendo que tan pronto empiece a creer sus mentiras será mi final.

—¿Le habéis hecho algo a Ranma?— pregunto con el corazón en un puño, él alza una ceja y abre completamente la puerta.

—Si tanto te preocupas por él deberías entrar.

—¿Cómo voy a confiar en tí? me has apuntado con una pistola, has intentado secuestrarme, y lo que es peor, ¡también has amenazado la vida de Ranma!

—Ya te dije que no era nada personal. Hay alguien que quiere contarte el porqué de todo esto… siempre y cuando te siga interesando.

Mi curiosidad es más que evidente y soy consciente de ello. También entiendo que estoy en territorio enemigo, metiéndome de lleno en la boca del lobo.

No puedo bajar la guardia, pero tampoco soy de las que se dejan intimidar. Durante todo este viaje siempre he sido una carga, una molestia más que una ayuda, y él aún a pesar de su gran bocota, de su brusquedad y sus continuos intentos por hacerme enfadar ha sabido cuidar de mí.

Pero ya no está, Ranma se ha ido y me encuentro sola con el horrible temor de quedarme así por siempre. Me muerdo el labio, al menos una vez quiero ayudar, y seamos honestos, me moriré si no vuelvo a verle.

Doy un paso hacia dentro y siento como mis dudas comienzan a pesar. El yakuza cierra la puerta a mis espaldas y me guía por uno de los laterales del templo. Ahora puedo ver que se trata de un lugar viejo, antiguo. Una construcción de madera con muchos signos de la edad, algunas de sus paredes parecen carcomidas y… un momento, eso es simplemente imposible.

Comprendo que este templo no tiene razón de ser, no debería existir. Todo este lugar ardió hasta los cimientos hace setenta años. Abro la boca impresionada mirando con más detenimiento, los tejados sí que parecen renovados, no así los suelos o las vigas. Se trata de una estructura sencilla pero robusta.

Llegamos hasta una de las entradas laterales, imito al tipo de los tatuajes y me quito los zapatos, le sigo hasta una sala donde unas puertas de bambú y papel permanecen cerradas. A pesar de ser de día todo parece extrañamente oscuro.

—Ve, ella te espera.

—¿Ella?— pregunto pero el tipo me ignora, se sienta en la entrada y permanece allí, atento, mirando hacia el jardín como un fiel perro guardián.

Me preparo mentalmente y tomo la agarradera de la puerta, abro despacio y me encuentro con una sala de rezos. Se trata de una estancia de tatamis con un altar de medianas dimensiones contra la pared del fondo. Dispersos por el lugar hay cojines planos de diferentes colores, desordenados. Una *kannon preside en el altar y varias ofrendas de comida se encuentran a sus pies.

Mirando la diosa hay una mujer vestida con ropas de sacerdotisa. Su pelo castaño atado con una cinta de color blanco cae sobre su espalda ligeramente rizado.

Gira el rostro y su perfil queda parcialmente oculto por su flequillo, algo en mi interior se revuelve.

—La señora Saotome, supongo.— dice con una voz que me perturba, resuena profunda y peligrosa. Es como si hablara pero al mismo tiempo no lo hiciera, creo que no le he visto mover los labios.

—¿Quién es usted?— tiemblo y ni siquiera entiendo la razón, hay algo en el ambiente, algo poderoso que hace que me sienta débil: esa mujer no me gusta, hay algo en ella que me perturba.

—Mi nombre es Sonoe Yamashita— dice poniéndose en pie, me mira y por un segundo creo estar alucinando. Sus ojos azules son profundos y hermosos, su cabello castaño y rizado forma ondas sobre su rostro.

—¿Suegra?— estoy estupefacta, acabo de hablar con Nodoka hace apenas unas horas, ¡nadie puede moverse tan rápido! la mujer sonríe con la comisura de sus labios, nada más, en ese instante me doy cuenta de las pequeñas diferencias.

Su nariz es ligeramente más chata y el rostro menos anguloso, tiene los pómulos un poco más redondos que la madre de Ranma, aún así el parecido es asombroso.

—No soy Nodoka, como ya he dicho mi nombre es Sonoe. Soy su hermana, y tu al parecer eres mi nueva sobrina.

Alzo una ceja, no sé de qué va todo esto pero no me gusta. Si esta mujer dice la verdad eso significa que es la tía de Ranma.

—¿Es usted quién nos ha estado persiguiendo todo este tiempo?

—Así es— confiesa sin atisbo de duda ni pesar.

—¿Por qué?— pregunto contradicha, está claro que mi suegra tenía más de un secreto, y suficientes motivos para intentar ocultarse, ¿¡qué tipo de familia de pirados tiene Ranma!?

—Por mi herencia, claro.

No entiendo absolutamente nada.

—¿Es por la espada? ¡ya la tiene!¿qué más quiere?

—Es un poco más complicado que eso, deja que te explique.

Me invita a tomar asiento, la observo con el entrecejo fruncido y con cautela me agacho sentandome en uno de los cojines, ella hace otro tanto justo frente a mi. La elegancia con la que se mueve es hipnótica, me recuerda a una geisha de gestos calculados aunque ella parece más bien contenida.

—Hace más de veinte años que le perdí la pista a mi hermana. A la muerte de nuestro padre ella heredó todo el tesoro familiar y huyó para casarse con un don nadie. Pensó que así se libraría de mí, que podría permanecer oculta de su familia resguardada bajo otro apellido… pero se equivocó. El estúpido de su marido nos puso sobre la pista, y gracias a eso descubrimos la existencia de Ranma, el único heredero varón de nuestro apellido y por tanto el legítimo dueño del tesoro.

—¡Si tanto ansías el tesoro solo debes ir y tomarlo! no entiendo que tenemos que ver Ranma y yo en este asunto.— interrumpo impaciente, ella me lanza una mirada helada.

—Nodoka se tomó muchas molestias con respecto a su hijo, se separó de él durante años e incluso le casó precipitadamente, esperando con ello que volviera a cambiar de apellido, aunque de nuevo gracias al ignorante de su marido la jugada le salió mal.

Algo se encoje dentro de mí, me estrangula la garganta y no puedo reprimir una mueca delatora. ¿Nodoka urgió nuestra boda para esconder a Ranma?¿me ha… utilizado? no, no solo a mí, ha puesto en peligro a toda mi familia y ha jugado con los sentimientos de mi padre, ¡todo con tal de huir de esta mujer!

—Antaño fuimos poderosos pero nuestra influencia se debilita, si nada lo impide el nombre de nuestro bisabuelo desaparecerá en esta generación, y junto a él todo su legado, el gran tesoro. Ahora que por fin sabemos dónde se esconde es el momento de hacernos con él, pero no es tan sencillo… he dedicado mi vida a servir en este templo sagrado, he confiado mi destino a los dioses y estos me han dicho que sobre nuestra familia pesa una terrible maldición. Dime, ¿crees en las maldiciones niña?

Tiemblo y no se porqué, siento como si mis labios quisieran articular palabras pero no pudieran, niego con la cabeza, ella me mira condescendiente.

—Gracias a las personas como tú es porque se mantiene cuerdo el mundo, no eres consciente de las fuerzas que se desatan a tu alrededor, piensas que todo este mundo te es ajeno pero te equivocas. ¿Has venido por Ranma?¿temiendo por su vida?¿en busca de respuestas?. He aquí lo que ansías: el chico al final vendrá a mí, nuestros destinos están unidos y nos encontraremos en una encrucijada. El tesoro está maldito, él está maldito y mis fuerzas no bastan para liberarlo, solo le espera la muerte.

—¿Qué?¿qué quiere decir?— no reconozco mi propia voz, sale aguda y temblorosa de entre mis labios.

—La sangre derramada exige venganza, y solo más sangre la aplacará. Es por eso que te necesito: Ha de haber un sacrificio.

.


.

*Kannon: Kannon o Kanzeon es una bodishattva muy conocida y venerada en Japón. Su nombre significa "aquella que escucha los lamentos del mundo" y los budistas japoneses creen que Kannon es un ser caritativo que juró salvar a la humanidad.

.


.

¡Hola queridos lectores!

Aquí llego a la carga con una nueva actualización, esta vez cortita pero el capítulo siguiente creo que lo compensará porque me ha quedado bien largo.

Como ya he dicho varias veces terminar una historia en ocasiones se hace muy cuesta arriba y solo es posible con grandes dosis de dedicación y esfuerzo, así que para todos los escritores, ¡ánimo con ello!¡que no decaiga la ilusión del primer día! y para los lectores solo deciros que el apoyo es vuestra parte del trabajo, ¡sois nuestros "supporters"! jajaja. Esto lo escribo tras pasarme más de diez días batallando con el capítulo 18, el cual ahora mismo se encuentra en exhaustiva revisión, aunque juro que no quiero volver a mirarlo al menos en un par de días, ¡que lata me dio!.

Espero que sigáis disfrutando de la conclusión de este fic, gracias a todos por vuestros comentarios que me alegran el día.

Muchos besos y en breve os traeré una nueva actualización.

Saludos.

LUM