Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Quince días
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Ranma
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—Si lloras así… si me llamas de esa manera pensaré que no quieres que me vaya— se da la vuelta y siento como mi corazón se encoge al ver sus lágrimas, sus hermosas, cristalinas e hirientes lágrimas.
Se clavan en mi pecho como un maldito puñal, se entierran entre mis costillas cortándome la respiración, deteniendo durante un segundo mis latidos.
Dándome absurdas esperanzas.
Salto del tejado y vuelvo a observar sus ojos marrones en la penumbra, volviendo a ponerme a su altura. ¿Ha ocurrido?¿he terminado de volverme loco por esta mujer?. Porque siento que estoy a punto de cometer una locura, la mayor de todas.
Avanzo y ella retrocede instintivamente, sé que no tiene donde huir, choca contra la baranda de madera y apoya ambas manos sobre ella, a los lados de su cuerpo. Me mira aún con lágrimas en sus mejillas y hago todo lo que puedo por ser firme, por hablar de forma resuelta y segura, sin que se de cuenta que yo estoy mucho, mucho peor.
—Ranma…— susurra con su voz de ángel, parece aliviada de volver a verme. Aprieto los dientes manteniendo a raya mis pulsaciones.
—Quiero que sepas… que mañana ya te habré olvidado— miento, y el ver su expresión desolada es mi peor castigo, debería haberme marchado cuando tuve la oportunidad. Sin duda eso hubiera sido mejor que lo que estoy a punto de hacer. —Me olvidaré de tí, no recordaré tu nombre, ni tu cara, ni siquiera el color de tus ojos.
El silencio es atronador, el viento sopla y revuelve sus cabellos, pero ella no se mueve. Parece una estatua de cera, eternamente quieta en esa postura. Sus labios se separan ligeramente y nuevas lágrimas llenan sus íris. Ruedan sin control ni medida.
Deja ya de llorar, boba. No sabes lo que me está costando mantener de una pieza mis sentimientos.
Doy un paso seguido de otro, y después otro más.
—Mañana… olvidaré tu voz, el olor de tus cabellos, olvidaré cómo te acurrucabas a mi espalda por las noches — mis manos se mueven solas, no puedo hacer nada, se apoyan sobre las suyas y quedo a centímetros de ella, sintiendo el vaho de su aliento contra mi cuello en la noche helada. Está acorralada. Aprieto mis palmas contra sus dorsos, haciendo que se agarre aún más fuerte a la baranda. La siento temblar mientras sus lágrimas responden a mis horribles palabras.
—No recordaré nada de tí, ni siquiera tu sonrisa.
Y ella crispa las manos, las siento rígidas bajo las mías. La he ofendido lo suficiente para que quiera golpearme. Miro sus ojos, me sumerjo en ellos aunque ahora me observen con tanto miedo, quiero que lo sepa, necesito que lo entienda. Mis iris azules se pierden en sus pupilas iluminadas por la luna, apoyo mi frente contra la suya y cierro los párpados. No lo soporto más.
—Mañana habré olvidado todo lo que tiene que ver contigo, por eso no creas que esto tiene alguna importancia… porque mañana también lo habré olvidado— entreabro los ojos lo suficiente para ver su confusión, su muda pregunta.
Aprieto las manos con fuerza. Sólo un momento, sólo un segundo, déjame vivir de mis deseos. Rozo su graciosa nariz con la mía y hago lo único que puedo hacer, lo que me llevo negando desde la ví plantada en mi puerta. Acerco todo mi cuerpo quedando a escasos milímetros haciéndola sonrojar de forma adorable mientras intenta contener su llanto.
Sé que si no la retengo me golpeará. Es una mujer prometida. Prometida con otro.
Siento el calor de sus temblorosos labios, no busco su aprobación, no la quiero. Me inclino sobre su boca y la pruebo por primera y última vez. Como nunca pensé, como siempre quise.
Hambriento me adueño de sus besos. No se aparta, pero siento sus dedos crispados, refuerzo el agarre, no estoy dispuesto a soltarla. No todavía.
La saboreo con reverencia, despacio, disfrutando de ese instante en el paraíso antes de regresar a la cruel realidad. Entreabro su boca y profundizo el beso, acaricio su lengua sabiéndome completamente perdido.
No puedo, no quiero parar.
A la mierda.
Suelto sus manos, la libero sólo para poder besarla tan profundo como necesito. Enredo una mano en su cintura y la otra toma su rostro, acercándola a mí con el desespero que me consume. Que me mate si quiere, que me muela a golpes, que llame a la policía. Habrá merecido la pena.
Sus labios son lo más adictivo que he probado, los devoro desesperado dándome cuenta que no me huyen, ni siquiera hacen el intento de alejarse de mí. ¿Por qué? maldita seas, ¿por qué no acabas con esto?, ¿¡porqué demonios no me abofeteas y me permites olvidarte!?.
Qué cruel… estás siendo más cruel que yo.
Me obligo a alejarme rompiendo el contacto, mi respiración agitada acaricia la suya. Ya no llora, abre los ojos lentamente, como si ella también se estuviera recuperando de la montaña rusa de sensaciones.
Y el peso familiar vuelve a la boca de mi estómago. No puedo seguir con esto sin perder todo lo que me queda de dignidad. He intentado que fuera rápido, he intentado que fuera indoloro, y en lugar de eso ahora tengo este recuerdo.
Me hago una promesa a mí mismo. Voy a olvidarte, juro que lo haré, ¿pero hasta cuando me perseguirá tu recuerdo en las noches?.
—Adiós, Akane.— susurro dejándola ir, desprendiendo mis manos de su rostro, de su fina cintura. Algo se rompe dentro de mí cuando vuelvo a saltar al tejado, pero esta vez no hay gritos, esta vez no hay lágrimas.
Esta vez no miro atrás.
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Capítulo 20: Sábado 30
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Akane
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—…
—¡Akane!
—¿Eh?
—¿Estás con nosotras o en otro planeta? ¡Despierta!— exige Nabiki impaciente, pestañeo recuperándome y miro a mis hermanas con una expresión que ninguna novia debería lucir el día de su boda.
Apenas he dormido, ya no digamos desayunar. Recibí el alba en pie y ojerosa, rogando por que el sol regresara a su escondite.
—El vestido te queda perfecto— dice Kasumi agachándose a mi lado y colocando los pliegues con pulcritud, vuelve a levantarse y toma el odiado velo. Cierro los ojos mientras lo coloca delicadamente sobre mi cabeza.
—¿Ves? ahora con el pelo corto te queda incluso mejor— sonríe plácidamente, como siempre hace, yo arrugo las cejas y bajo la cabeza avergonzada. —¿Akane?¿Ocurre algo?— pregunta preocupada.
Pero mi hermana Nabiki siempre está ahí cuando hace falta dilucidar un misterio, me mira firme y durante un segundo tengo la impresión de que puede leerme como a un libro abierto, casi parece que esté tomando mis pensamientos directamente de mi cabeza para poder observalos a placer.
Camina, mira hacia ambos lados del pasillo comprobando que estamos a salvo de oídos curiosos y cierra la puerta a su espalda.
—Estamos solas así que puedes contárnoslo, ¿que pasó en esas dos semanas?
Siempre tan directa, aprieto los dientes sintiendo una rabia incontenible contra mí misma por ser tan obvia.
—No pasó nada— respondo demasiado rápido, eso solo hace que sospechen más.
—Akane…
—Es la verdad, él siempre se portó como un caballero, en ningún momento me hizo sentir incómoda.
—Akane, no me refiero a eso— aclara Nabiki. —Me refiero que te pasó a tí.
—¿A mí? n-nada, yo estoy bien.
Esta vez es Kasumi quien me mira seria, toma asiento en mi cama y me hace un gesto que no admite contestación, me siento a su lado sintiéndome igual que cuando era niña y esperaba una merecida regañina. No habla, solo me mira y espera, mis labios y mis manos comienzan a temblar, Nabiki se cruza de brazos y se apoya contra el escritorio.
—Soy una persona horrible— estallo mientras las lágrimas caen por mi rostro y echo a perder el perfecto maquillaje de novia al que mi hermana le ha dedicado una hora de trabajo. —Al principio sólo quería acabar cuanto antes y regresar a casa, pero después comencé a sentirme… libre. No quería que se acabara, quería quedarme con él para siempre peleando sin motivos, durmiendo juntos, comiendo a cualquier hora, mirando las estrellas o caminando de la mano. Desee con todas mis fuerzas que se detuviera el tiempo, pero no lo hizo, no paró y ahora él se ha ido y yo voy a casarme con Shinnosuke.
Mis jadeos desordenados alteran a mis hermanas, Nabiki parece incrédula pero Kasumi mantiene la calma, me sonríe con dulzura y toma mis hombros.
—¿Le amas?— pregunta mientras me mira radiante, algo que jamás hizo con mi futuro marido.
—Eso no importa, Ranma no siente nada por mí— digo a la par que seco mis lágrimas inútilmente, ya que un nuevo torrente sustituye a las anteriores.
—Oh, por dios ¿no te has dado cuenta de nada?— pregunta Nabiki desencajando la mandíbula —¡Ese pobre tipo está...!
—¡Nabiki!— la interrumpe Kasumi con voz grave, y ella se muerde la lengua como si se estuviera envenenando internamente. Refunfuña ceñuda.
Las miro a ambas sabiendo que ocurre algo, hay algo que no me han contado.
—¿Acaso no hablasteis anoche? tras firmar los papeles fue a buscarte.— dice Nabiki impaciente, yo intento contener mi expresión de dolor.
—Hablamos… se despidió de mí.—confieso intentando no rememorar los recuerdos de ayer, duelen, me atraviesan incontenibles, son mi vergüenza y mi dicha. Mi muerte y mi salvación.
—¿Y qué dijo?— se interesa Kasumi.
—Dijo que me iba a olvidar, que hoy ya no se acordaría de mí… que no significaba nada.
Kasumi y Nabiki intercambian una mirada, yo entierro la cara entre mis manos.
—Akane escúchame— me dice mi hermana mayor de forma seria, y yo no puedo más que alzar los ojos a pesar de mi terrible aspecto. —En el fondo da igual si Ranma te ama o no, es lo mismo. Lo importante es que tú le amas a él.
—¿Y cómo va a ser lo mismo?— respondo sintiendo como mi voz sale rota de mi garganta.
—No puedes casarte con un hombre si amas a otro.— y tiene razón, ¿hace cuanto tiempo que sé que no puedo seguir adelante con esta farsa? demasiado… nada más conocer a Ranma supe que de alguna forma mi mundo había cambiado.
Quisiera pensar que no fue desde el principio.
—P-pero le prometí a Shinnosuke que yo…— mi sentido del deber de nuevo, ese que ya no quiero dentro de mí, la razón me dice cual es el camino más cómodo. Esa voluntad es la que me ha conducido hasta este mismo instante.
—No tienes culpa si ha cambiado tu corazón.— susurra tranquilizadora Kasumi, que equivocada que está.
—Eso es lo peor de todo, lo que siento por Ranma… jamás me he sentido así por Shinnosuke. Yo incluso… — y viene a mi ese instante, ese momento de lucidez en el que no dudé, me interpuse entre él y el peligro, detuve la bala con mi propio cuerpo. Entregué toda mi vida a cambio de la suya, quería protegerle, mantenerle a salvo, quería gritar con toda mi alma cuánto le amaba, cuán valioso era para mí. Yo entregué mi vida, sí que lo hice, quise morir por él. Pero eso no se lo podía decir a mis hermanas. No se lo podía revelar a nadie, ese instante es nuestro y lo seguirá siendo mientras lo atesore en mi corazón.
Claro que le amo, le amo con todo mi ser. Todo lo que he sido, lo que soy y lo que seré, todo es suyo.
Pero él… él ya me ha olvidado, y se llevó consigo todo mi amor en ese beso. Me llevo una temblorosa mano a los labios y las lágrimas siguen saliendo.
Cuán triste debo verme, que lamentables mis temblorosos hombros desnudos y mi vestido blanco a estrenar.
—Ve a buscarle— dice Kasumi, y la miro como si estuviera loca.
—¿No has oído lo que he dicho?
—¿Y le creíste?— toma aire, llena los pulmones y da un largo suspiro. —Ayer escuché sin querer a Ranma hablando con Shinnosuke.
—¿Qué?¿cuándo?— mis ojos horrorizados buscan los de mi interlocutora, inocentemente no pensé que ellos fueran a intercambiar más palabras de las justas.
—En la cocina, aunque más que hablar… pelearon.
—¿Pelearon?— repito perpleja, mi respiración superficial me traiciona y me llevo una mano al costado sintiendo el dolor de las costillas rotas arder en mi interior.
—Acabaron a golpes y se dijeron cosas bastante feas el uno al otro, pero una cosa estaba clara… discutían por ti.
Trago saliva, no sé qué pensar. Ahora entiendo que debería haber hablado con Shinnosuke, ¿que estará pensando de mí?¿que he ganado evitándole si no hacerle sufrir? Justo lo que pretendía evitar.
Y Ranma ha pagado las consecuencias. Quizás por ello nuestra conversación resultó tan desgarradora y me dirigió esas palabras de rechazo… seguidas de un beso de ensueño.
Meneo la cabeza intentando alejarlo, pero no funciona.
—No, te equivocas. Shinnosuke estaría preocupado y Ranma es muy protector conmigo, querría asegurarse de que mi futuro marido es un buen hombre.
—¡Deja ya de buscar excusas!.— interrumpe Nabiki aburrida —¿Y qué dices del beso que os disteis en el balcón?, con tanta madera deberíais vigilar de no prender fuego a la casa — repone sonriente.
—¿¡Lo vistes!?— grito poniéndome en pie, muerta de la vergüenza.
—Oh, ¿he acertado? lo he dicho por probar— responde encantada, mirándome con un brillo sagaz en los ojos. Acaba de convertirse en un demonio juguetón, en mi mente la veo envuelta en llamas, riendo, con cuernos en la cabeza y sosteniendo un tridente.
Mis manos se vuelven puños y tiemblo de pura rabia, sintiéndome acorralada.
—Eres una…
—¿Os besasteis?— pregunta Kasumi, por alguna razón también sonríe. —Qué romántico...
—Seguro que habéis hecho cosas mucho más comprometidas, no te sientas mal, al fin y al cabo es tu marido. No es como si estuvieras siendo infiel.— mi hermana mediana guiña un ojo de forma cómplice y eso hace que algo estalle dentro de mí, las palabras de Ranma me golpean como el mar embravecido, dejándome durante un segundo sin aliento.
"¿Quién ha estado siendo infiel?"
Era eso, ahí estaba. Esa era la pregunta apropiada. No le he estado siendo infiel ni a él ni a Shinnosuke, he hecho algo mucho peor: me he estado siendo infiel a mí misma.
Haciéndome creer que podría vivir una vida lejos de los míos, queriendo pensar que no había tristeza en mis sueños inacabados. Creyendo que lo que tenía con Shinnosuke era amor.
En el fondo de mi corazón siempre lo supe, todas las respuestas habían estado allí, pero faltaba la pieza que hiciera saltar mis cadenas por los aires. Sí, siempre le había estado esperando, pero hasta este momento no me había dado cuenta.
Yo quiero ser una gran doctora, quiero seguir practicando artes marciales, quiero comer con mis hermanas y volver a hablar con mi padre. Pero sobre todo quiero guardar este sentimiento. Está aquí, me ha poseído, no puedo hacer nada al respecto.
Soy feliz de poder amar y debo hacérselo saber a todo el mundo, que ya nunca más voy a volver a engañarme a sí misma. Lucharé por mis sueños.
Nunca más seré Romeo.
—Debo irme— digo apresurada, recogiendo la abultada falta de mi vestido y abriendo la puerta. —¡Tengo que encontrarle!
—¡Por fin! mejor voy diciendo a los del catering que no se molesten en venir, menos mal que contraté seguro de anulación— murmura Nabiki mientras toma su teléfono.
—¡Espera, Akane!— exclama Kasumi saliendo tras de mí.
Pero no la oigo, corro por el pasillo mientras mi cabeza trabaja a marchas forzadas, ¿dónde puede haberse metido ese idiota?. No durmió en casa, seguramente lo hizo en cualquier estación de tren, o quizás alquiló una habitación cercana a una parada de autobús.
¿Y si ni siquiera sigue en Tokyo? oh, ¿¡por qué me ha costado tanto tiempo!?¿dónde está el valor del que tanto presumía?. Tengo algo importante que decirle, algo que debe saber. Bajo por las escaleras y mi padre está ahí, mirándome con un semblante a medias entre la decepción y la expectativa.
Ve mis lágrimas secas y comprende que algo no va bien.
—¿Akane?¿dónde vas?
—Papá, tenías razón.
—¿Qué?— no le dejo hablar, le debo una disculpa pero ahora no es el momento de darla, en su lugar le abrazo fuerte y entierro mi rostro entre sus ropas, avergonzada.
Un instante después aparece nuestra invitada, Nodoka me mira de arriba a abajo y antes de soltar una frase de halago se paraliza al ver mi expresión urgente. Suelto a mi padre y me dirijo a ella.
—¿Dónde está Ranma?— pregunto sin más, y los dos progenitores ponen la misma cara, la sorpresa seguida de una definitiva y entusiasta alegría.
—¿Vas a ir a buscarle?— dice ella sin ocultar su sonrisa.
—¿En serio, Akane?— mi padre parece estar flotando entre las nubes, yo asiento fuerte y Nodoka me toma entre sus brazos, se me había olvidado la forma tan efusiva que tiene de hacerlo.
—¡Lo sabía!¡te lo dije!¡te dije que si le conocías te iba a conquistar!
—¡No hay tiempo para esto!— exclamo comenzando a sentir la desesperación en mi propia voz, tan atontada he estado con nuestra despedida que hasta ahora no he sentido el vacío de no verle a mi lado como cada mañana. Su ausencia se me antoja desoladora. —¿Ranma te ha dicho dónde iba?¿¡sabes algo!?— la sacudo ligeramente y la mujer parece comprender mi impaciencia, saca un sobre de la manga de su kimono y me lo tiende.
No espero, lo abro con manos temblorosas y leo la escueta nota de su puño y letra.
"Mamá,
perdóname por no despedirme de ti. Hablaremos en unos días, tengo muchas cosas que contarte. Espero que entiendas por qué no puedo quedarme, necesito un tiempo a solas.
Ranma."
Le doy la vuelta al papel esperando encontrar alguna otra pista, pero está vacío, ¡en blanco!. Miro a la señora Saotome tan débil que su compasión se refleja en todo su rostro.
—Seguro que ha ido a entrenar al bosque, es lo que hace cuando no quiere pensar.
—¿A qué bosque?
Ella niega con la cabeza y yo aprieto los dientes, vuelvo a recoger el bajo de mi pomposo vestido de novia sintiéndome mareada. Me duele todo, pero sobre todo me duele mi estupidez.
—¡Akane!— Kasumi me agarra de un hombro, ella también respira agitada, más alterada de lo que la he visto en toda mi vida. —El vecino me presta su coche, vamos a la estación.
—¿A la estación de tren?¿crees que siga ahí?
—¿Se te ocurre algo mejor?
Y lo cierto es que no, estoy completamente en blanco.
—¡Vamos!— exclamo saliendo de casa a toda prisa, Kasumi corre tras de mí a pasos cortos. No es hasta que estoy a punto de alcanzar las puertas principales cuando me detengo.
Mi pecho sube y baja a toda marcha dentro del corsé, miro al chico que cruzado de brazos y con la peor expresión que le he visto en la vida me espera apoyado en la pared. Viste de forma casual, como siempre hace, ni siquiera se ha cambiado.
Quizás él lo ha sabido antes que yo.
—¿No crees que deberíamos hablar?
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Tengo un nudo en la garganta. Mi mente se divide entre la ansiedad y la absoluta desolación.
Kasumi conduce de forma certera, sin prisas pero sin detenerse, no deja de ser una conductora prudente ni en esta ocasión.
En la parte de atrás del vehículo vamos Shinnosuke y yo, manteniendo la peor discusión de nuestra vida. De hecho la primera de nuestra vida.
Mi hermana ha tenido la delicadeza de poner la radio para hacer como que no escucha nada… ha subido el volumen en un par de ocasiones con el pobre resultado de que cada vez hablamos más alto para conseguir oírnos.
—¿Desde cuando?
—No lo sé, con los días solo ocurrió.— respondo tan culpable como si me hubieran descubierto en pleno hurto.
—¿Qué clase de excusa barata es esa?— su voz no tiembla, se mantiene firme pero no me mira, sus puños cerrados me indican toda la frustración que carga y mantiene a raya, a un solo paso de la explosión fatal.
—No es una excusa, es la verdad.
—¿Cómo has podido? ¡yo confiaba en ti!— sus palabras son como una puñalada, pero me las merezco, eso y mucho más. He dañado terriblemente a Shinnosuke.
Lo último que pretendía, mi obsesión por protegerle al final ha terminado estallando entre mis manos. Justo como dijo él.
—¡Yo no quería que pasara!¿qué crees?¿que fui en busca de una aventura?
—¿Te acostaste con él?— escupe sin misericordia, el coche pierde su línea recta durante un instante antes de volver a situarse en su carril, supongo que la pregunta le ha pillado tan desprevenida a mi hermana como a mí misma.
—¡Claro que no!— exclamo roja de puro bochorno, pero está claro que no me cree. Sus ojos son tan duros como el acero, se lleva una mano a la cara y cubre sus ojos. Es entonces cuando su voz se rompe.
—¿Qué hice mal?
Siento como me desplomo, mis hombros se hunden y las lágrimas brotan de mis ojos, no debería tener derecho a llorar cuando soy yo la que le está rompiendo el corazón. Nunca quise hacerle sufrir.
—No hiciste nada mal, fue culpa mía. Yo… no fui sincera contigo. Nunca te dije lo que en realidad deseaba, con tal de no hacerte daño nunca pensé en mí, jamás expresé en voz alta mis deseos egoístas. Llegué a pensar que no podía mostrarme tal cual era delante de tí, que no lo soportarías. Tenía miedo de decepcionarte.
—¿Todo lo nuestro ha sido mentira?
Niego con la cabeza.
—No, yo de verdad estaba dispuesta a casarme contigo.
Me mira y sus ojos están vidriosos, mi corazón se oprime cuando siento sus brazos jalarme y estrecharme fuerte, su cabeza se apoya en mi hombro y siento la humedad de sus lágrimas. En este instante tengo la certeza de ser la peor persona del mundo.
—También es culpa mía, yo sabía que tú no querías irte de tu casa… sabía que si te pedía que me acompañaras te negarias; Por eso te propuse matrimonio. No quería perderte, el más egoísta de los dos fui yo. Siempre pensé que era demasiado afortunado por estar contigo, temía tanto que te arrepintieras que jamás fui del todo sincero, tenía miedo de acercarme a tí…Por eso siempre tuvimos una relación tan fría, porque ninguno de los dos se entregó por completo.
—Yo siempre pensé que era por tu enfermedad, que con todos problemas temías involucrarte… y con el tiempo me auto convencí de que debía cuidarte, protegerte de cualquier cosa que pudiera alterarte lo más mínimo, hasta de mí misma.
Y él niega, siento su respiración contra mi oído, susurrando nervioso.
—Diría que aún podemos volver a empezar, intentarlo, esta vez de verdad… pero los dos hemos tenido demasiadas oportunidades y las hemos desaprovechado. Y ahora ya es tarde.
Me separo de él y veo sus ojos desolados, siento como mi corazón se hace trizas. Su mano se apoya en mi mejilla y la acaricia con más dulzura de la que me ha demostrado jamás. Que extraño, ahora que nos estamos separando es cuando más cerca me siento de él.
—Lo siento, Shinnosuke.— y ante mis últimas palabras su expresión cambia, su cara triste se ensombrece y durante un instante parece luchar contra sí mismo, hasta que finalmente me ofrece una sonrisa.
Le miro sin entender, sin percatarme cuán noble es su gesto, deja caer su mano y nos miramos en silencio.
—Sigo teniendo mi orgullo, no voy a pedirte que vuelvas conmigo. Además, no creas que voy a seguir mucho tiempo enamorado de una mujer que se fuga con otro semanas antes de nuestra boda.
Supongo que eso es lo más cerca que puede llegar a enfadarse conmigo, sin darme cuenta yo también estoy sonriendo. El coche se detiene y sé que esto es una despedida, ya no puedo arrepentirme ni dar marcha atrás.
Le he partido el corazón a un buen hombre.
—¡Akane!— me apura mi hermana, y de pronto siento cómo vuelve el nudo de mi garganta, le miro por última vez y tomo aire.
—Perdóname, te usé de excusa pero ahora ya sé lo que quiero.— siento el valor inundar mi pecho, la absoluta certeza de tomar el control sobre mis actos. Me acerco a él y le doy un beso en la mejilla, sonrío sabiendo que no importa lo que me espere en el futuro, al fin puedo enfrentarlo sin complejos. —Mereces ser feliz.
Me quito el velo anclado a mi cabello, tomo la manija y salgo del auto. Cierro tras de mí y tomo aire. No me importan las escépticas miradas ni los murmullos a mi paso, nada puede distraerme de mi objetivo.
He de encontrar a mi marido y decirle lo que siento. No hay lugar para el miedo o las dudas, no me lo permito al menos.
Ante mí una de las mayores estaciones de tren de Tokyo, quizás del mundo entero. Trago saliva, agarro todo el tul de mi vestido para no tropezar y echo a correr sobre mis zapatos de tacón.
¿Hay un espectáculo mayor que una novia en una estación? lo bueno de ir "disfrazada" es que todo el mundo se aparta de mi camino, como si fuese portadora de alguna extraña enfermedad o, peor aún, protagonista de un programa televisivo de cámara oculta.
No permito que la vergüenza me gane la batalla, corro hacia el control de la estación y me lo salto ante la anonadada mirada del guarda de seguridad, pierdo unos minutos e intento recuperar el aliento mientras miro las pantallas que anuncian las próximas salidas de los trenes de larga distancia.
¿De veras hay alguna posibilidad de que él siga aquí? me muerdo los labios mientras mis ojos repasan rápidamente los avisos, no puedo dejarme vencer, no todavía.
Mis pupilas se detienen sobre las letras que indican la inminente salida de un tren destino Aomori. No es seguro, solo una vana intuición, pero él que no tiene un hogar, él que siempre huye y va y viene con el viento o las mareas en un momento así solo puede ir a un lugar.
Regresa a ese pueblo donde nos conocimos, donde todo empezó o acabó, no lo tengo claro.
Saco fuerzas y vuelvo a comenzar mi carrera aún a pesar de sentir que me fallan los tobillos, mi estómago se convierte en un revoltijo de nervios y mariposas que me cuesta manejar. Durante un instante tengo la impresión de que voy a vomitar.
Subo las escaleras de dos en dos y en apenas unos minutos me encuentro sin aliento, sintiendo el sudor escurrir entre la tela, veo el vaho de mi respiración materializarse en humo blanco en contraste con el frío aire del andén.
Cada vez me arde más el costado. Ignoro el dolor y continúo mi extenuante carrera siguiendo la línea de los vagones detenidos mientras los pasajeros terminan de ocupar sus asientos.
—¡Ranma!— grito desesperada buscando en las ventanillas un rostro conocido. —¡Ranma!— repito avanzando tan rápido como me permiten mis tambaleantes piernas.
Si no le encuentro siento que moriré de pena y angustia, si no está aquí entonces...entonces nada cambiará, haré la maleta y saldré en su busca, como ya hice una vez. Le perseguiré hasta el fin del mundo con tal de volverle a ver.
Darme cuenta de ese hecho apenas me sirve de consuelo, porque yo necesito sus brazos en este mismo instante, necesito que sepa lo que le ha hecho a mi mundo.
Por su culpa he huido de mi boda, por su maldita culpa me he dado cuenta que hasta el momento no sabía lo que era amar a otra persona.
Ese idiota desconsiderado, el egocéntrico y bocazas de Ranma Saotome me ha hecho ver lo triste que era mi vida hasta que apareció él.
Ah, ¿qué será de mí si se atreve a burlarse de mis sentimientos?.
Detengo mis pasos agotada, me siento mareada del esfuerzo, el aire quema en mi garganta y de pronto siento las acuciantes lágrimas clamando por resquebrajar mi voluntad.
Las retengo cuanto puedo mientras el vacío del andén sin pasajeros me hace darme cuenta de que no lo he conseguido. Claro idiota, él siempre despierta al alba, ¿recuerdas?. ¿Qué haría aún aquí?
No puedo respirar, suelto la cola de mi vestido que queda en su perfecto lugar y oigo los avisos indicando que van a cerrar las puertas.
Me cubro los ojos con el antebrazo mientras aprieto los dientes.
Se ha ido, se ha marchado y me ha dejado con este horrible dolor que resuena en el vacío de su ausencia. No puedo frenar las lágrimas que anuncian mi fracaso, y es que realmente siento que no hay nadie más fracasado que yo en este instante.
Y entonces siento una mano cerrarse sobre mi muñeca, no llego a ver quién tira de mí con tanta brutalidad que me empuja dentro del tren justo antes de que las puertas se cierren a mi espalda. Tropiezo y caigo sobre mis rodillas, recupero el aliento antes de alzar la mirada y encontrarme con unos ojos que me miran inquisitivos.
No sé quién de los dos está más sorprendido. Intento secar mis lágrimas para así tener un aspecto más digno, aunque en honor a la verdad con un vestido de novia eso se vuelve un imposible.
—Ranma…— sé de sobra que mis tobillos no son capaces de sostenerme, pero aún así no puedo seguir en el suelo mientras él se queda ahí, quieto como una estatua.
Me pongo en pie antes de volver a caer y apoyarme torpemente sobre mis manos, ¿qué demonios pasa? Giro para descubrir horrorizada que la cola de mi vestido se ha quedado pillada con la puerta, dejándome completamente anclada en el lugar.
Atrapada quién sabe cuántas horas en un estrecho pasillo mientras el tren comienza a correr a toda velocidad sobre las vías y el paisaje se desdibuja… todo se vuelve borroso menos él.
—¡No!— exclamo tirando desesperada de la blanca tela, comprendo que es inútil, no puedo librarme sin romperlo entero.
Me rindo, termino de sentarme sobre mis nalgas y vuelvo a alzar la vista, descubro que a la sorpresa inicial le ha seguido el alivio y después el miedo. En este mismo instante siento que todo mi valor acaba de abandonarme, mis labios tiemblan blanquecinos. Creo que he perdido el habla. Trago saliva intentando que con ello fluya alguna idea desde mi cabeza a mi boca.
Sus ojos azules ni siquiera pestañean, me miran como si ni siquiera estuviera ahí, como si fuera una especie de fantasma apareciendo de forma siniestra.
—Yo…— empiezo.
—¿¡Te has casado!?— escucho su voz alterada y apenas atino a negar con la cabeza mientras él se agacha a mi lado, ahora desde mi altura vuelve a parecer real, vuelve a ser el chico que me cuidó durante todos estos días y no aquel que me dirigió tan crueles palabras ayer noche.
Ese que me besó como no lo hizo nadie.
Sus manos agarran mis brazos, los toca un instante antes de fruncir el ceño y despojarse de su chaqueta.
—Idiota, ¡estás helada!, ¿a quién se le ocurre salir así en pleno invierno?—dice posando sobre mis hombros su prenda aún caliente, con esa amabilidad que me conmueve.
—¡He dejado a Shinnosuke!— exclamo incapaz de contenerme por más tiempo, sus ojos azules tiemblan un segundo y veo sus cejas arquearse a la vez que su boca se abre discretamente.
—¿Qué?¿¡por qué lo has hecho!?— se lleva una mano a la sien, como si le doliera y eso me hace dudar. —Si es por lo de anoche…
Mi corazón salta encabritado, palpita hasta marearme, no puedo seguir huyendo de la verdad.
—¡No!¡lo he hecho por mí!
—¿Pero qué tonterías estás diciendo?¡Tú le amas!
—¡Escúchame!
—¿Es que has perdido el juicio?¡No significó nada!¡Fue mi culpa!¡No tienes que asumir ninguna responsabilidad por mis actos!
—¿No significó nada?— repito incrédula pero él no me escucha.
—¡Maldita sea, Akane!— su frustración es tan palpable que siento el dolor que emana de ella. —¿¡Tengo que llevarte a tu casa a rastras!?— grita, pierde los nervios y eso consigue asustarme durante un instante antes de que mi tozudo orgullo se empecine en ganar esta batalla.
—¡No digas que no fue nada!¡No te atrevas a decir que en estos días no ha cambiado nada!
—¿Me tomas por un estúpido?¡Ya sé que todo ha cambiado, pero estoy intentando arreglarlo!
—¿Y para eso tienes que alejarte de mí?— mi voz termina por romperse, mis ojos arden y aún a pesar de que en la última semana he llorado más que en una vida ahí vuelven a surgir mis lágrimas, ¿por qué todo es tan doloroso con él?¿por qué ahora no hacemos más que pelear cuando lo único que quiero es decirle la verdad?
—¡Soy peligroso! no hago más que causarte dolor, te hice salir de tu casa, dejar a tu prometido, caminar por medio país perseguidos por criminales, ¡incluso te dispararon!, ¡te besé el día antes de tu boda! y para colmo no me odias, si no que además has vuelto a buscarme cuando lo único que deseo es poder olvidarte, ¿qué he de hacer para que comprendas?
—¡Nada! para mí ya es tarde: he dejado a mi prometido, he decidido convertirme en una egoísta, ¡así que me da igual que quieras olvidarme!
—¡Me vas a volver loco!¿qué es lo que quieres?— pregunta fuera de sí, llevándose una mano al pecho y con sus pupilas bailando frenéticas dentro de sus ojos atormentados.
—¡Te quiero a ti pedazo de idiota!— grito de una vez, no sé de cuántas formas se lo he dicho: cada vez que tomaba su mano, cuando me acurrucaba entre sus brazos, cuando sus ojos se fijaban en los míos durante más de dos segundos. Mis propias palabras flotan pesadas, me liberan un segundo antes de sentir de nuevo un ancla tirando de mi cuello.
Ni se mueve, el vaivén del tren es el único indicativo que tengo de que no se ha parado el tiempo. Su rostro cambia gradualmente desde su anterior estado hasta la sorpresa más absoluta, ¿tan difícil resulta de creer?. Bajo la mirada muerta de pura vergüenza, es la primera vez que me declaro y no está siendo como me imaginaba, ni mucho menos.
—Si se trata de tus obligaciones por el matrimonio…— masculla rápidamente, mi indignación termina por hacer explosión.
—¿¡Que tan claro tengo que ponerlo para que entre en esa cabeza hueca!? eres egocéntrico y engreído para pensar que cualquier mujer está a tus pies, ¡y cuando yo te digo que te amo no puedes ni contestar! ¿hasta qué punto vas a humillarme?
—...— sus labios se mueven y veo sus mejillas encenderse sonrojadas, sigue sin hablar, pero yo siento que no puedo parar.
—¡Estoy harta de fingir ser quien no soy! Y ahora eres libre de burlarte, de olvidarme y marcharte lejos, pero no vuelvas a decir que no significó nada porque para mí estos días lo han cambiado todo.— por fin siento la paz que otorga la sinceridad absoluta, aún a pesar de las lágrimas secas y mis palabras temblorosas no tendré nada de lo que arrepentirme en el futuro.
Mi respiración es tan rápida y superficial que mis pechos parecen gritar subiendo y bajando sobre el ajustadísimo corsé de novia y sus ojos inquisitivos no ayudan en absoluto a tranquilizarme. Si aún no estuviera atrapada podría simplemente salir corriendo, golpear la puerta airada e ir a encontrar un asiento vacío en el que rumiar mi vergüenza hasta nuestro destino. Pero ni eso puedo, tan torpe he sido como para meterme sola en tan nefasta situación.
Me doy la vuelta y comienzo a tirar de la cola del pomposo vestido, estoy dispuesta a romperlo si hace falta, pero mis manos han perdido la fuerza y solo toman débilmente la tela, la pellizcan inútilmente mientras siento la pena sobrepasarme.
—Anoche... me preguntaste cual era mi deseo.— su aterciopelada voz hace que pegue un brinco en el sitio, le miro de reojo y entiendo que aún a pesar de toda mi entereza tengo miedo, no quiero escuchar su respuesta.
No quiero que me diga lo que ya sé, que él jamás se ha enamorado y que yo no soy especial, solo otra chica molesta que no ha podido evitar caer rendida a sus encantos. Otra más a su lista, una con la que incluso ha estado casado. Estupendo, como si su ego no fuera lo suficientemente grande.
—¿Y qué con eso ahora?— contesto dolida, pensando que está intentando cambiarme la conversación para evitar un tema tan molesto como una confesión.
—Aquella noche pedí algo imposible, mezquino… algo de lo que me arrepentí de inmediato: Desee no haberte conocido.
Siento que mi corazón acaba de detenerse, le miro y no lo hago, mis ojos están tan cansados de llorar que escuecen. Era mucho, mucho peor de lo que había imaginado. Oh dioses, ¿qué he hecho para merecer su odio?¿cómo he estado tan ciega?
Reprimo un sollozo, mis labios tiemblan y me doy la vuelta a tiempo para evitar su mirada. Por si mi humillación no fuera bastante aquí llega Ranma Saotome para terminar de echar sal en las heridas. Me odio por amar a un tipo como él.
—Vale— contesto queda, sin nada mejor que decir, una de sus manos se posa sobre mi hombro con intención de hacerme girar pero me resisto, de un ademán rechazo su contacto y me encojo sobre mí misma, sigo teniendo mi orgullo.
—No, no lo entiendes.
—Claro que sí, ¡lo entiendo perfectamente! Por favor márchate y déjame sola, no necesito tu compasión.
—Antes de conocerte pensaba que era feliz aunque las cosas no marcharan perfectas. No deseaba nada, no codiciaba ninguna cosa… pero en cuanto apareciste en mi puerta todo voló por los aires. Entendí que ya nunca más podría regresar a mi vida anterior, no sería feliz ni estaría tranquilo mientras supiera de tu existencia. Por eso la única opción era no habernos encontrado jamás, ¿comprendes?
Niego.
—Tú… por tu culpa descubrí lo que era la infelicidad más profunda, el dolor… me hiciste miserable Akane, más de lo que nunca imaginé que se pudiera ser.
—¿Cómo?— pregunto con un hilo de voz y de pronto él sonríe, sus labios se curvan y muestran sus perfecta sonrisa y sus ojos azules resplandecen pletóricos.
—Porque me enamoré de ti.
Debo haberle escuchado mal. Tarde me doy cuenta de que no estoy respirando, tomo aire de golpe y recupero el aliento sabiendo que la que ahora se ha quedado sin habla soy yo.
Sin darme tiempo a reaccionar, sin dejarme pedir más explicaciones sus manos se enredan en mi cuerpo, la chaqueta que cubre mis hombros cae y me arrastra junto a él, de pronto me encuentro atrapada entre sus grandes piernas, sostenida bruscamente por sus brazos que me despojan de dudas o preguntas, lo acalla todo con sus labios.
Encuentra mi boca impaciente y desbocado, nuestros labios se unen y me descubro cerrando los ojos y sustituyendo la sorpresa por el absoluto deleite. Sus dedos aprietan con tanta fuerza la tela de mi vestido que me hace daño, sube su mano vendada hasta mi rostro y lo acaricia suave, se separa de mí y yo apenas atino a mirarle con mis mejillas sonrojadas y mis ojos a medio abrir.
Siento como mi corazón se desboca, como todo mi ser se retuerce incrédulo en esta vívida fantasía.
—Akane…— suspira volviendo a cerrar los ojos y hundiéndose en mí. Mi guerrero, el tramposo bocazas, el orgulloso ególatra cuyo corazón siento tan rápido como el mío propio, se deshace de todas sus etiquetas y queda como lo que es, un hombre entregado, cargado de pasiones y anhelos que hasta hace un momento me parecían imposibles.
—Entonces… ¿me amas?— pregunto recuperando el aliento entre beso y beso, él parece en el mismo estado, mira con tanta seriedad mis labios que me parece que no me ha oído, no, no me está haciendo ningún caso, está demasiado pendiente de poseer mi boca.
—Te amo desde que te vi parada en mi puerta— reconoce y mis mejillas se enrojecen aún más si cabe, trago saliva sintiéndome más feliz que en toda mi vida.
—¿Desde entonces?
Y por respuesta vuelvo a encontrarme con sus labios, sus manos agarran mi rostro y prácticamente me exigen atención. Sí, él no quiere más palabras, siempre ha sido un hombre de acción. Le contesto pasando mis brazos sobre su cuello, encerrándole por siempre en mi promesa.
Suspira satisfecho y su lengua acaricia la mía en un movimiento hábil, sensual… una descarga de electricidad viaja por todo mi cuerpo dejándome paralizada. Es verdad que sabe besar. Siento la adicción que me provoca su aliento, la terquedad de sus movimientos mientras intenta saciarse de mí y a la vez se contiene.
Suave, despacio… acelerado y violento, me hace jadear de puro deseo hasta que escucho un carraspeo a nuestra espalda. Cohibidos rompemos el beso, creo que ninguno de los dos recordaba que nos encontramos en un transporte público.
Un oficinista nos mira impaciente, al parecer dos personas sentadas en el pasillo (y una de ellas vestida de novia) son suficientes para impedir el paso.
Ranma sonríe sin muestras de arrepentimiento, recoge mi falda y se hace a un lado dejando el hueco suficiente para que una persona pueda esquivarnos, cuando se marcha mascullando ambos reímos sonrojados.
—¿Y ahora qué?— pregunto aún cautiva entre sus brazos, él parece sopesar un momento.
—Tendremos que volver y explicarlo todo.
—¿Entonces regresamos?— digo con algo de temor, pero su mirada confiada infunde en mí el valor que necesito.
—Llevas mucho tiempo fuera de casa y debes retomar tus estudios.— contesta serio, como si lo hubiera pensado un centenar de veces pero hasta el momento no se supiera con potestad para decirlo en voz alta.
Sí, tiene razón, hay muchas cosas que debo poner en orden.
—Aunque… por un día más no creo que pase nada.— añade y acto seguido se aclara la garganta, todo su rostro está cubierto de un ligero color rosado, alzo una ceja y le miro intrigada.
—Con que al final sí que eres un pervertido— sonrío atrayéndolo hacia mí.
Siento el traqueteo del vagón mientras yo misma me ocupo de profundizar nuestro beso, me mareo y no sé porqué, creo que soy más feliz que nunca en mi vida. Estoy borracha de amor.
Que irónica que me resulta ahora la situación: enamorada de mi marido, huyendo de mi boda por él, besándonos incontenibles de forma vergonzosa.
Fui a él dispuesta a enfrentarle para recuperar mi libertad y así tener la vida que había planificado, y este loco no dudó en dinamitarlo todo, mostrándome el mundo que tanto me había negado a ver con mis propios ojos.
No sé qué es lo que nos espera en el futuro ni las nuevas batallas que se presentarán, pero con Ranma a mi lado sé que podré con todo. Lucharemos codo a codo.
Si por separado somos temibles, cuando formemos equipo seremos imbatibles.
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¡Hola!
Pues aquí está el último capítulo de este fic... ¿he dicho último? nah, si esperáis un poco en seguida estaré de vuelta con un pequeño epílogo, jujuju.
Supongo que me he decantado por un final fácil, no lo voy a negar pero no me siento culpable en absoluto, jajaja. Confieso que soy la típica a la que le encanta ver la muy manida "escena de la novia" en películas y series y sigue emocionándose como una tonta, así que aquí mi propia versión, espero que os haya gustado.
Respecto a la escena inicial donde se narra desde el punto de vista de Ranma la misma escena que en el capítulo pasado, puedo decir que era un texto que no sabía donde meterlo. Originalmente escribí toda la escena desde su punto de vista y luego me di cuenta de que no podía volver a narrar lo mismo, quería que al final del fic se vieran los sentimientos de Akane, que al fin y al cabo es la que lo comienza todo. Por eso me encontré con el texto sobrante y pensé en eliminarlo... pero me daba mucha pena porque me encantaba XDD. Al final lo he puesto ahí, sirviendo de introducción y dando un poco de continuidad al capítulo. Me reí mucho (con risa malvada) cuando algunos lo pedíais sin saber que ya lo tenía, eso reforzó mi decisión de incluirlo ;).
Un momento que me parece lindo y que no tenía pensado que quedara así fue la conversación de Akane con Shinnosuke, por primera vez se les ve interactuar de verdad y no con esa tensa calma del primer capítulo. Queda hasta raro cuando los dos se quitan las máscaras y descubren sin demasiada sorpresa sus mutuos engaños. Lo calificaría como una tierna despedida llena de arrepentimiento.
Ya estoy terminando fic y con sensaciones diversas, pero puedo decir que ahora me siento muy bien respecto al trabajo realizado, he explorado nuevas técnicas narrativas que hasta el momento había esquivado por pensar que no iban con mi estilo, y ahora como una tonta descubro mi propio error. Lo mejor de equivocarse es admitirlo y comenzar a trabajar en las soluciones. Ahora me va a costar un mundo volver a la narración en tercera persona.
Y sin más regreso al trabajo no sin antes agradecer a Nodokita todo su esfuerzo.
Por descontado os mando miles de besos, miles de saludos y agradecimientos a todos los que leéis estas líneas y os tomáis la molestia de dedicar unos minutos de vuestro tiempo a dejar vuestras impresiones, ¡me hace súper feliz ver que hay tanta gente conmovida por esta historia!¡Gracias de corazón!
¡Nos leemos!
LUM
