Advertencias: Yaoi Ooc ligero
No
–No– dijo Camus y retiró la cara.
Afrodita lo miro con ojos fijos y brillantes, sorprendido por su súbito cambio de opinión, pero por terquedad trató de besarlo de nuevo
– ¡No! – repitió el menor y acompañó sus palabras de un fuerte empujón, que lo hizo a trastabillar dos pasos hacia atrás; incrédulo miró al aguador acomodarse rápidamente la túnica.
Hacía sólo un rato había sido él quien iniciara el contacto; quien llegara de sorpresa y se mostrara incitante. Había sido él quien concretara el primer beso y desajustara las ropas de ambos. Y cuando las cosas declaraban ir en cause directo a la cama, sin ninguna advertencia de por medio, había cambiado de parecer.
–Esto fue idea tuya
Recriminó Afrodita, sumamente frustrado. Si bien le había pasado por la cabeza la idea de acostarse con Camus –una o dos veces–nunca había imaginado la situación real; ahora que había tenido esa oportunidad y que aquel lo rechazaba después de provocarlo, se sentía ofendido.
–Sí, creí que quería… –murmuró Camus, sintiéndose confuso– pero no… no quiero que me toques tú.
El sueco frunció el seño, sintiendo como si algo caliente y denso creciera dentro de él con cada palabra que escuchaba.
– ¿Qué no lo haga yo? ¿Acaso de deseabas a otro en tu cama y conmigo sólo estabas practicando?
Su tono fue frío, firme y muy bajo; a Camus se le pusieron todos los pelos de punta, porque sus palabras eran verdad. Trató de explicarse atropelladamente, pero resultó en algo peor:
–No creí que te importara. Es que… tú siempre estás dispuesto y yo pensé…
– ¿Siempre dispuesto? Ah… ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?
Su tono era tan agresivo y amenazante que Camus se estremeció, pero también se irritó, así que cogió fuerzas y contestó con el mismo tono.
– ¡No finjas decencia ahora!, ¿con cuántos de nosotros no has estado? ¿Por qué no ibas a querer hacerlo también conmigo?
Eso fue más de lo que Afrodita pudo soportar. Los golpes fueron rápidos y cargados de odio. No se había sentido tan insultado en toda su vida. Pero Camus, aunque más joven también era fuerte y si Death Mask no los hubiera separado habían podio iniciar una guerra de mil días.
Aun que la pelea terminó tan rápido como comenzó, no fu el final de la situación: Camus estaba en el templo siguiente y vigilaba todos sus movimientos, de eso Afrodita estaba seguro y le pagaba con la misma moneda.
