Advertencias: Ooc ligero
Mayoría
Había escuchado decir muchas veces que aquel era el Caballero más hermoso de toda la orden de Atenea. Había escuchado exageraciones alegóricas, como que el ondear de sus cabellos dorados se comparaba con la luz del sol al amanecer o que sus ojos celestes recordaban un cielo despejado en el más hermoso de los días. Incluso Minos –aunque no le concedía mucha credibilidad– solía decirle las ganas que tenía de verlo otra vez, después de su última encarnación, que le había impresionado vivamente a pesar del desarrollo final entre ellos.
Radamanthys jamás había estado de acuerdo, lo que la mayoría pensara le importaba muy poco y justo ahora estaba comprobando que todo aquello no eran nada más que habladurías.
En cierta forma, el juez tenía razón: sostenido del cuello, incapaz de defenderse, con la expresión demudada por la desesperación y la angustia, el cuerpo lleno de heridas, sangre y tierra; y con el cabello deslustrado y reseco, Afrodita no daba una buena imagen.
Así que Radamanthys lo dejó caer hasta el fondo del foso de la muerte sin remordimiento alguno. Sin saber jamás que aquella imagen conmovedora de la que había oído hablar sí existía… y que él no había sido capaz de verla.
