Advertencias: Ninguna
Flor
Nunca había llegado tan lejos en las tierras de Hades, nunca había pensado que pudiera existir aquella pradera llena de flores y vida. Cuando vio a la muchacha encerrada en roca, sintió curiosidad y por eso se acercó. Para él fue una auténtica sorpresa el verla moverse. No se había fijado en que tan bella era, hasta que ella llevó el tema a su mente:
–Que caballero más hermoso es el que se me acerca.
Afrodita frunció la frente, molesto por esa forma de hablar, hacia nadie y por su tono, ligeramente burlesco, pero ella continúo:
– ¿Crees que tu belleza puede protegerte aquí? – Y le miraba con aquellos ojos profundamente negros, que hacían difícil saber a qué estaban dirigidos – Inspiras curiosidad en los jueces, por eso no te han enviado aun al Cocytos, pero no hay nada que pueda protegerte de sus voluntades. Tu apariencia física es solo una memoria en este reino, ten cuidado. Fue la contemplación de mi belleza lo que me causó este mal.
Afrodita –por supuesto– no entendió nada, y se sintió ofendido por aquel sermón.
– ¿Qué estas diciéndome? ¿Que me convertirán en piedra a mí también? – se burló.
–Es posible –contestó sin inmutarse– si con eso consiguen hacer de ti un adorno grato, no dudes que es una opción.
Afrodita llegó a su límite de irritación, comprendiendo por fin su advertencia y sus buenas intenciones. Bufando se dio la vuelta para irse, molesto de tener que abandonar aquel hermoso lugar, pero diciéndose que a fin de cuentas aquel jardín no era nada comparado con el de piscis, apenas una vulgar pradera. Evitaba pensar en las palabras de la muchacha, nunca había sido bueno enfrentando las cosas que le causaban malestar.
