Los personajes de Shingeki no Kyojin son de Hajime Isayama.


Dudé por unos días de subir este capítulo, pero le tenía tantas ganas y me emocionaba que al final me dije "¡¿qué rayos?, no le dediqué mi tiempo por nada!", y aquí está. No sé si esto se le considere como bashing, pero quizá se note mi leve desagrado hacia cierto personaje. Huelga decir que esta vez no me basé en ninguna imagen para escribir, por lo que no hay portada.

POR FAVOR LEAN LA NOTA DEL FINAL. xD

Advertencias: Universo alterno, posible ooc.


La obsesión de la hermana


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Desde que tengo memoria he sido la consentida de mi hermano, su adoración, la luz de sus ojos, su pequeña, la favorita, la única mujer en su vida —bueno, además de mi madre—, pero incluso a ella nunca le profesó el mismo trato gentil que conmigo.

Mi hermano mayor era un silente amargado a simple vista. De carácter grosero, obsesivo, frío, seco y un poco hostil con todo el mundo, claro, a excepción de mí. Sucede que guardaba un cariño especial en su corazón, un espacio dedicado solo a mí, su linda hermanita, era un sentimiento extraordinario únicamente presente entre él y yo. Huelga decir que gracias a sus extensos cuidados nunca me sucedió nada malo, procuraba vigilarme a toda hora y yo normalmente iba detrás de él a donde sea.

No solo eso, también nos ataban memorables momentos de complicidad, de risas, de felicidad, como también estaban aquellos de triste amargura; pero enfrentábamos juntos la adversidad, y eso era lo realmente importante.

Solo nos teníamos el uno al otro, y mi madre, a quien le tocó enfrentar la pesada carga de criar sola a sus dos hijos pequeños.

Sin embargo no había inconvenientes, pues con Levi como hombre de la casa era más que suficiente.

En esa época se comportaba muy maduro para su edad. Jugaba conmigo cada tarde después de hacer su tarea, asimismo, me ayudaba con la propia, calentaba los alimentos que mamá dejaba en el refrigerador para nosotros, compartía sus juguetes, se turnaba conmigo para seleccionar la programación del televisor... era el mejor hermano del mundo.

Me sobreprotegía con tanto esmero, con tanto fervor y dedicación, que yo permanecía encandilada. Adoraba el trato que sostenía conmigo, era único, especial, y francamente estaba bastante encaprichada.

Mi sonrisa era suya, y aunque no fuera a menudo, las suyas solo estaban disponibles para mis ojos.

Conforme el paso de los años fuimos creciendo, me hice cada vez más independiente, poco a poco me convertía en una señorita a la cual su hermano ya no podría hacerle compañía al dormir porque tenía miedo del monstruo del armario. A Levi también le favorecieron los años, era todo un hombre en toda la extensión de la palabra, era sexy, guapo, varonil, caballeroso... todo un sueño.

Era mi sueño.

De mi propiedad y de nadie más.

Lamentablemente no todas se apegaban estrictamente a esa regla, por lo que como buena hermana menor me tocaba espantar a cualquier mujerzuela que concibiera en su mentecita más allá de una inocente amistad. Fue divertido, y cada uno de mis escarmientos siempre resultó efectivo. Una sonrisita bien disimulada escapaba de mis labios cuando Levi despedía con ese tono frío a sus amiguitas que osaban acusar a su tierna hermanita de 14 años.

Montón de ilusas, ninguna jamás de derrocó.

Los planes de Petra Ackerman eran infalibles, jamás tuvieron oportunidad de una relación sentimental con Levi.

Hasta ahí las cosas marchaban tal y como quería, continuaba teniendo mi vida perfecta al lado de mi querido hermano, mi madre, y últimamente el tío Kenny había decidido acoplarse.

Sin embargo, una alerta se encendió en mi cabeza ante la palabra universidad que amenazaba con alejar a mi hermano de casa. Nosotros residíamos en Trost, una ciudad grande con su campus local, pero sin ofrecer la carrera predilecta por mi hermano.

Fue una gran molestia, contra la cual no pude doblegarlo ni un poquito.

Se marchó inevitablemente a ciudad Ehrmich, dejando una opresión en mi pecho y un horrible miedo a que su cariño me fuera vilmente arrebatado. Vagué en una leve depresión al sopesar aquella terrible posibilidad, al solo imaginarlo dando sus atenciones a otra. Levi en brazos de otra chica me helaba la sangre dejándome tiesa en mi cama aquellas noches desesperadas, donde no podía dormir de consumirme en tanta paranoia, y con ganas latentes de vomitar. Al poco rato espabilaba y me repetía que era estúpido, que era un hecho imposible que mi propio hermano me traicionara. Incluso con una novia —asco al pronunciarlo—, su inusitado afecto pertenecía exclusivamente a mí. Nuestro amor era eterno, inmarcesible, porque lo amaba y él también.

No obstante, aquello tan hermoso era omiso para las demás, y obviamente los planes trazados de pequeña no operarían de la misma manera, por lo que llegué a la única conclusión de protegerlo por mi cuenta. Velaría por lo nuestro yendo tras él así fuera al infierno mismo; no hubo opción, al demonio la escuela, la carrera, lo importante era permanecer a su lado.

El abismo de nuestra diferencia de edad fue muy molesto y solitario, anhelaba ver a Levi cada día con desesperación, pero al vencerlo pude finalmente alcanzar mi objetivo.

Yo soy una buena chica, soy atractiva, sexy, dulce y femenina. Pretendientes nunca me faltaron, pero mi corazón pertenecía solo a Levi. Sin embargo me gustaba ser el centro de atención, adoraba sus celos de hermano cuando uno que otro me dirigía una perversa mirada con intenciones lujuriosas. Obviamente, al reclamarme, me hacía la desentendida. Jamás admitiría que yo provocaba a esos muchachos.

Mi hermano actuó adecuadamente durante un largo periodo de tiempo, yo estaba en extremo feliz, sin embargo llegamos a un punto donde lo veía cada vez menos por el campus. Obviamente, al caer en cuenta, lo buscaba como loca por horas, incluso llegando a saltarme las clases, pero ni una pista de su paradero. Eso me resultó sospechoso, pero temí más por su seguridad.

Jamás lo predije, nunca lo anticipé, nadie me dio una pista. Un día simplemente lo vi de la mano con una mujer pelinegra. Entré en shock, me congelé en el acto y no supe qué movimientos hacer. Cuando exigí respuestas, no lo hice directamente con él, sino de su círculo de amigos de los cuales la única sin miedo al responder fue una chica llamada Hanji, quien me dijo entusiasmadamente que llevaban encontrándose en secreto desde hace meses.

O sea, mi querido hermano había dejado de frecuentarme por... esa.

Mi corazón se paralizó y mi cabeza dio vueltas. Entendí muchas cosas en ese instante, sin embargo, mi seguridad y mi fe me dictaron que no tardaría mucho en acabar. Si lo escondía era porque le avergonzaba ¿no? Seguro solo era una simple aventura.

Con toda mi confianza renovada decidí que cuando todo ese teatro acabara, haría que volviera a volcar su atención en mí.

Aun así había algo sin resolver: estaba herida. Mi orgullo me gritaba a no dejar pasar tremenda traición intolerable. Casualmente decidí que me las pagaría. Por lo que no tuve opción que sacrificarme acostándome con uno de mis acosadores para expiar el pecado de Levi. Así cuando intentara algo más, yo acudiría en plan vulnerada con mi hermano para que le partiera la cara; él, por supuesto, explotaría en furia y arrepentido se aseguraría de no volver a repetir ese descuido conmigo.

Hubiera sido la artimaña perfecta, sino fuera porque el tarado de Gunther solo me quitó la virginidad para nunca más volver a acercarse a mí.

Ahora estaba dolida al doble, y tuve que tragarme todo mi orgullo al día siguiente, cuando volví a encontrarme a mi hermano besándose con aquella bruja. La sujetaba de la cintura con una delicadeza similar a la que usaba conmigo cuando me refugiaba en sus brazos por algún espanto o temor.

No pude soportarlo más, mis ojos se llenaron de gruesas lágrimas y corrí hacia mi dormitorio a descargar contra la almohada la frustración y rabia que bullía dentro de mi pecho.

Ignoré a mi hermano desde esa situación, estaba indignada. Indignada más que nada porque él nunca me buscó, o me llamó para hablar del tema directamente, por el contrario solo lo hacía esporádicamente, exclamando simples preguntas tipo "¿cómo estás?, ¿cómo van las clases?, ¿comiste?, ¿tienes suficiente dinero, ¿has hablado con mamá?" cosas así de insustanciales a las que yo respondía solo con monosílabos. Esperaba se diera cuenta de mi malestar, pero nunca lo notó.

Transcurrió el tiempo restante y mi primer año en la universidad concluyó, continuaba sin enfrentar a Levi, mucho menos conocía la identidad de la chica misteriosa. A pesar de todo el desastre en mi interior, ese detalle me daba buena espina, ¿qué clase de novia no conoce a la hermana menor de su novio? Eso solo podía significar que Levi no tenía más que puro interés pasajero como para eludir que ella y yo fraternizáramos, y si era de ese modo, por ende pensaba terminar con ella pronto. Poco a poco mis ánimos afloraban comenzando a recuperar la esperanza.

Que equivocada estuve.

Levi ni siquiera volvió a casa ese verano, tampoco pudimos arreglar las cosas porque se fue con esa quita hermanos a pasar las vacaciones a no sé qué estúpida isla.

Me enfurecía profundamente porque me lo estaba quitando, paulatinamente él se alejaba más y más de mí. Yo no podía soportar eso, de ninguna manera iba a permitir que me lo arrebatara. Levi se suponía era mío, me pertenecía por derecho y ella no tenía cabida en nuestra pequeña familia.

Jamás lo tendría.

Al regresar de las vacaciones, estaba totalmente segura de que esa relación ya habría finalizado. Mi confianza murió ante mi sorpresa de verlos más apegados y sonrientes. ¿Qué mierda sucedía? ¿Era una sonrisa lo que adornaba los carnosos labios de mi hermano? Aquella sonrisa... ¿Había cambiado tanto? ¿Y por qué la miraba a ella? a esa jodida china antipática.

Eventualmente había indagado un poco con sus compañeros: Mikasa Jaeger, 20 años actualmente, local, adoptada, asiática, estudiaba la misma carrera que Levi —perra afortunada—, y compartían un par de clases, era tan solo un año mayor que yo, y uno menor que él. Los rumores de pasillo decían que no era una persona sociable, pero sí muy astuta, la mejor de su clase, llegando a ser equiparada intelectualmente con mi hermano, un genio capaz de todo lo que se proponía. Mi sangre hervía ante aquello, ¿cómo podía ser tan desconsiderada robándole su primer lugar? Incluso con lo competitivo que era mi hermano me sorprendía que siquiera fueran capaces de interactuar.

No sabía cómo hacer que Levi abriera los ojos, porque sí, mi hermano tenía una venda invisible que no le hacía darse cuenta de la verdad.

Durante la primera semana tampoco me topé con él hasta que, frustrada y harta de todo este show pretencioso, me decidí a enfrentarlo.

Entré hecha una furia a la que sabía era su habitación, inmediatamente exclamé un grito horrorizada por la escena suscitada ante mis ojos: mi hermano con esa medio desnuda del torso encima de él, besándolo y toqueteándolo por todas partes.

¡Qué vulgar! Las relaciones sexuales practicadas dentro del campus están prohibidas en el reglamento —aunque la mayoría de estudiantes se pasa las reglas por el forro—, no quita su desobediencia, yo por lo menos tuve la decencia de irme a un motel; sin embargo allí tenemos a Mikasa, infringiendo las normas, poniendo en sumo riesgo a mi hermano. Más puntos negativos a su favor.

Esa corta charla fue un poco bochornosa. Levi finalmente me presentó a su dichosa novia, disculpándose con ella por no haberlo hecho antes. En ningún momento mi entonación o volumen fue amable, quise amedrentarla lanzando miradas furtivas de soberbia transmitiéndole mi desaprobación y desagrado, las cuales ella ignoró. Maldita. Al estar a solas con mi hermano por fin le reclamé a gusto su indiferencia durante el verano y ciertos defectos diagnosticados por mí hacia su novia —como que se notaba a leguas que me odiaba sin motivo aparente—, entre unos cuantos improperios extras. "Tch, no te metas en mi vida, Petra, Mikasa no es así", y una mirada gélida fue lo único que recibí.

Desde ese momento me juré que definitivamente jamás la aceptaría.

Levi en su vida me habría tratado de esa manera cruel de no ser por su influencia, ella lo cambió a algo totalmente diferente, lo transformó en otra persona que no era Levi en esencia, manipulándolo a su antojo. Y no era justo. Cuando estás con una persona lo quieres tal y como es, con sus defectos y virtudes, no intentas moldear su personalidad, mucho menos generas desprecio hacía su propia familia. Sin duda esa relación estaba mal, era toxica; además, Mikasa era una completa amargada, era oscuridad, tormento, ¿cómo rayos se complementaban? Ni siquiera se adherían a la regla de los opuestos se atraen, para nada hacían buena pareja si ambos eran iguales, sinceramente, qué panorama tan aburrido. Levi necesitaba a alguien con chispa, una chica que poseyera la dulzura capaz de derretir su frío corazón, alguien sin la necesidad de cambiarlo, alguien como... como yo. Porque yo lo amaba tal cual era, porque yo era la única para él.

Si para el amor no hay edad, tampoco hay los lazos de consanguinidad.

Desde ese momento me enfocaría en Levi y nuestra promesa implícita de la infancia. Traté por todos los medios posibles de separarlos, alejarlos, enfadarlos; sin embargo era prácticamente imposible obtener éxito dentro de la facultad. Mis esfuerzos fueron en vano tomando en cuenta que debía concentrarme en mi propia carrera. Mi elección fue basada estrictamente en permanecer como vigía de Levi, por lo tanto no me gustaba, no era buena en ella, y mis calificaciones actualmente eran pésimas. Hacía poco había recibido un ultimátum por parte de mi madre de que si éstas no mejoraban, no me la costearía más y me sacaría a patadas para trabajar como limpiadora de alcantarillas.

Pasé todo mi segundo año esforzándome en salvar mi carrera, fue un calvario, y a duras penas lo logré, pero sacrificando cualquiera de mis oportunidades de separación. Aquel también fue el último año de carrera de Levi, entonces se graduó, haciéndolo con todos los honores siendo el número uno de su generación. Mi madre y yo no podíamos estar más orgullosas. Después del evento formal, celebramos todos juntos en un fino restaurante su egreso, lamentablemente Mikasa también nos acompañó, suceso que Levi aprovechó para presentarla a mi madre y Kenny.

Sentí la traición clavándose como un puñal cuando ambos le sonrieron en aceptación.

Mi corazón se llenaba de resentimiento cada vez más y más, fue el colmo escuchar de su boca que no regresaría a Trost con mamá, sino que se quedaría a practicar su servicio en un hospital de Ehrmich y de paso ocuparía una habitación en el hogar de la bruja.

Yo entré en shock, ¿qué diablos pasaba por su cabeza? ¿Planeaba abandonar a mamá solo por continuar apareándose con esa? Era inaudito que la conciencia le permitiera dormir en las noches con tantas tragedias que está provocando en mi familia.

Como lo supuse, mamá no se lo reclamó, pero yo no me quedé callada, resultando de nuevo en vano. Levi solo añadía un rasguño más a mi pobre y maltrecho corazón.

El tiempo pasó lento luego de esa desafortunada ocasión, a veces veía a Mikasa por la facultad, y era primordial no perderla de vista mucho tiempo, así cualquier coqueteo que tuviera con otro hombre sería mi oportunidad perfecta para delatarla con Levi. Porque esa era la naturaleza de las perras como ella, seguramente no tardaba en cometer una ofensa por su ausencia en la universidad.

En ocasiones me quedaba perdida en mis pensamientos, estructurando preguntas tipo ¿qué tanto le ve?, ¿por qué ella? ¿qué tiene de especial una mujer tan... funesta? Tan poco colorida, pálida, tan opaca, poco agraciada y simple como ella. ¿Por qué Levi la había hecho su excepción? Yo era su única excepción en la vida: solo conmigo sonreía, solo a mí me hablaba con esa suavidad en su tono de voz, me abrazaba, me acunaba entre sus brazos para que no temiera, me protegía, me quería. Pero ella había arrasado con todo. Después de que mi odio avivaba, no podía más que apretar los dientes y darme vuelta para regresar a clases si no quería que mamá cumpliera su latente amenaza.

Ya no sabía qué hacer, supongo que al graduarme también me quedaría para seguir al asecho, así cuando su relación terminara definitivamente yo continuaría de brazos abiertos consolando a mi hermano, para posteriormente llevarlo de vuelta a nuestro hogar, del que no debió salir nunca.

Sin embargo el destino tenía una sorpresa preparada: cuando Mikasa egresó, ella y Levi contrajeron súbitamente matrimonio. Sentí como si me clavaran millones de dagas en mi ya lacerado corazón, una bomba estalló en mi estómago mermando mis fuerzas por varios días seguidos.

Sobra decir que no asistí a la boda, ni siquiera supe su ubicación, horario, o si se trató de algo estrictamente ceremonioso.

En ese momento no me importaba.

Más adelante me enteré que ambos se habían mudado a mi casa en Trost.

En vez de continuar deprimiéndome, vi eso como una oportunidad de oro, no iba a desaprovechar el hecho de tenerla en mi territorio, lugar donde yo mandaba y tenía ventaja. Sería supremamente fácil desestabilizarla emocionalmente.

Al graduarme, yo también regresé a Trost dispuesta a acabar con todo, ahora a luchar por un divorcio entre esos dos. La casa seguía tal cual recordaba, mi cuarto seguía siendo mío y la zorra infortunadamente dormía en la recamara de Levi. Pero no importa, no pasaría mucho para que volcara su atención solo a mí, lo recuperaría a cosa de cualquier truco.

Fueron meses y meses de intentos fallidos, la maldita no se escandalizaba con nada, no logaba perturbarla. Era como una piedra, quieta y sin sentimientos. Detestaba con locura oírlos teniendo sexo por las noches.

Gracias a los golpeteos constantes contra mi pared, a veces me imaginaba a mí misma entre los brazos de Levi. Siendo yo y no Mikasa convulsionando de placer, gozando de los cálidos besos de mi hermano, de sus labios, sujetando su cuello, su piel pegada a la mía, nuestros cuerpos sudorosos chocando entre sí mientras nos uníamos en el más íntimo de los contactos. Mi mano se paseaba lentamente por mi abdomen cuando la necesidad se hacía inquietante, simulando la boca de Levi.

Desgraciadamente, al abrir nuevamente los ojos la realidad me azotaba de golpe con sus asquerosos gemidos mal disimulados y jadeos.

Era muy, muy frustrante. Intolerable. Lágrimas de furia escapaban de mis ojos ante cada maldito rechinido, y si no fuera porque mi estúpido trabajo que odiaba con toda mi alma me agotaba durante el día, iría a armarles un escándalo.

Dos años pasaron volando a través de múltiples saboteos infructíferos, que se transformaron en ocasionales para finalmente prácticamente hacerse nulos. Joder, nada le afectaba. De verdad, NADA. Al contrario, Mikasa parecía fingir con más insistencia que le agradaba, me hablaba como si nada, pero yo no era tonta, nunca cedería con ella.

Decidí a darme por vencida y esperar que la relación gradualmente muriera, a su ritmo. Su vida era monótona, no tenía sentido, además, hasta hace poco Levi y yo volvíamos a ser tan inseparables como siempre. Al parecer recapacitó, y juntos reímos recordando aquellos fantasiosos juegos donde él era el capitán y yo su fiel subordinada, cada vez más se nos iban noches sumidos en cándidos recuerdos y otras anécdotas divertidas de infancia; ni siquiera Mikasa pudo impedir aquello. Me gustaría haber sido testigo de sus celos al despertar al día siguiente y no encontrar a mi hermano a su lado de la cama. Si se atrevió a reclamarle, yo no lo supe. Normalmente despertaba en mi habitación, arropada y con un rico desayuno reposando en mi escritorio.

Ese día una sonrisa radiante bailó en mis labios al reconocer la caligrafía de Levi. Lo sabía, mi hermano me amaba y sé que no dudaría en relegar a su esposa por mí muy pronto. Me relajaba pensar que las cosas volverían a su cauce, que todo sería como antes de entrar a la universidad.

Estaba a la espera de nuestro incipiente futuro, donde estaríamos juntos hasta el final y tendríamos muchos hijos, a los cuales amaríamos mucho, nacerían con sus ojos y mi cabello, aunque en realidad esperaba que se parecieran más a él. La vida hogareña me parecía maravillosa, pero sin duda lo que más me ilusionaba era una boda al estilo de la realeza.

Me encontraba fantaseando con mi final feliz, muy muy feliz. Hasta que súbitamente todas mis esperanzas parecieron —de nuevo— darse de lleno contra el duro tronco de un árbol.

Había leído en twitter que el destino es aquello que resquebrajamos a cada instante con nuestras acciones, si es así ¿por qué diablos el de ellos no cedía? ¿Qué tenía de especial esa unión? Hice de todo por enderezar aquel destino que por derecho me pertenecía. Petra y Levi era la línea secuencial de la historia, no Mikasa y Levi. Pero creo que alguien allá arriba me aborrecía.

Sucedió la noche que bajé a la cocina por un vaso de agua, suerte que esa vez ninguno andaba en celo, la mañana siguiente tendría una jornada bastante dura en el trabajo, por lo que mi prioridad era exclusivamente descansar. Al llegar escuché ruidos raros dentro, tenía un poco de miedo, ¿y si se trataba de un ladrón? Pensé temblorosa en buscar a Levi para que me rescatara del villano, solo que al echar un rápido vistazo, mis entrañas ardieron en coraje cuando vislumbré a Mikasa arrasando con toda nuestra comida semanal. ¿Qué diablos? ¿¡Quién se cree que es!? ¡Ladrona! Continuaba pensando en llamar a Levi y ahora también a mamá para que vieran la clase de rata que convivía con nosotros en casa, hasta que la voz rasposa de mi hermano alcanzó mis oídos.

"—¿Segura que quieres que le añada azúcar a la carne?

Sí —masculló llevándose a la boca una de MIS galletas favoritas cubierta en ¿mayonesa?

Tch, qué asco.

No da asco, en la comida asiática es muy común que los platillos, en especial la carne, lleven azúcar. Así como licor u salsas extravagantes que no conoces.

No me refería al azúcar... —la señaló con un dedo cruzándose de brazos.

Oh, tuve un repentino antojo de chocolate y un sándwich, pero no hay ni pan, solo quedó la mayonesa.

Hubiera salido a comprarlos, mocosa.

Pero son pasadas la media noche, además ya has avanzado con la carne, Levi —vi cómo se giraba en su dirección mientras esa babosa anormal se llevaba otra de MIS galletas a la boca.

No me hubiera importado... —vi cómo mi hermano se acercaba a la mesa, donde se agachó quedando en cuclillas, acto seguido, rodeó con sus manos los costados del vientre plano de Mikasa, para posteriormente depositar un tierno beso sobre él—, tengo que cumplir cada antojo por el bien de mi hijo.

La sonrisa empalagosa que le dedicó me causó ganas de vomitar.

Nuestro hijo."

Todos mis sueños se hicieron añicos cuando la desagradable noticia se asimiló en mi cabeza. ¡Embarazada! La maldita gestaba en sus entrañas un hijo de mi hermano. Eso no podía ser cierto... debía ser de otro, no de Levi, pero... recordar todas esa malditas noches donde no pude dormir por su culpa me dejaron paralizada unos momentos. Giré lentamente descansando mi cabeza contra la pared, la verdad fue como una fuerte patada en el estómago no tener argumentos que refutaran mi teoría.

Si desde antes ya éramos enemigas declaradas por mí, ahora lo éramos eternas a muerte. Si quería guerra, guerra le iba dar.

Cuando era pequeña me repetían constantemente que los hijos debían omitirse posterior a los treinta años, cuando ya has vivido tu juventud y tienes algo preparado para ofrecer a tu incipiente familia. No a los veintiséis y veintisiete, cuando ellos ni siquiera poseen casa propia. El trabajo de mi hermano apenas iba en ascenso. Claramente Mikasa hacia todo mal, y de seguro había sido un mero impulso, tocándole a Levi cargar la misma pena. Por ese motivo, el plan A consistió en contarle la verdad a mi madre.

Debía reprenderlos, ahogarlos, hacerlos reconocer su error y deshacerse de ese engendro lo más pronto posible, Levi no podía darse el lujo de dañar su reputación con un hijo, mucho menos afectar su rendimiento en el trabajo.

Sin embargo, de nuevo me di de bruces contra un muro ante la inesperada reacción soñada de mi madre.

Ella lo aceptó como si nada. O lo que es peor, mencionó que ojalá fuese una niña, pues ansiaba consentir a una pequeña princesita. Indignada hui a mi habitación mientras ellos se regodeaban abrazando y mimando a esa mugrosa irresponsable. Se supone que yo soy su niña.

Harta, desesperada y colérica, tomé la firme decisión de sabotearla. ¿Cuál sería la mejor forma? Ahogada, ahorcada, apuñalada, envenenada. Eso. Aun así, era inevitable que mis primeras opciones no me pusieran la piel de gallina, en ocasiones una vocecilla resaltaba en mi cabeza un montón de locuras descabelladas que rayaban lo psicótico. No era una asesina, sin embargo debía deshacerme del pequeño demonio en su interior a toda costa; hecho eso, lo demás sería como una reacción en cadena. Traería dolor, incredulidad, resentimiento y desacuerdo entre ellos. Todo sea porque no cayera para siempre en ese pozo que no era su destino.

Para mi mala fortuna tuvimos gente entrometida que nos visitó por más de un mes.

Los señores Jaeger fueron una total molestia, y debía cuidar mis movimientos sino quería ocasionar una desastrosa masacre culinaria.

Tuve que reprimirme durante ese tiempo, mientas era testigo ocular de cómo su vientre se hinchaba poco a poco, como se abultaba cada vez más y cómo todos lo acariciaban con mucho anhelo y amor; paso a paso seguía el proceso de embarazo de Mikasa, cómo sufría por las náuseas y malestares, pero también cómo era reconfortada por mi hermano.

Asqueroso.

Esos cariños, esas caricias eran mías, antaño solo dedicadas y exclusivas de mi pequeño ser, sin embargo ella no tenía reparos en exhibirse frente a mis ojos.

La aborrecía porque sabía que me lastimaba; la despreciaba por desatar esos afectos que él tanto odiaba demostrar. Él no cocinaba, era pésimo, era su actividad más detestada, y sin embargo cada noche salía a cumplirle cada miserable antojo sin reparos. Solo faltaba que de igual manera le privara de sus rutinas de limpieza. Eso sería el colmo.

No solo eso, todos parecían haberse olvidado de mí: primero Levi, después mi madre, mis amigas, hasta el desdeñoso tío Kenny le traía regalitos a Mikasa y la trataba como a una hija. ¿Qué mierda? El tío Kenny es de todo menos amable, es un asco, un irreverente. ¡Incluso las traicioneras de mis amigas le pedían consejos de maternidad! ¿Qué no sabían que estaba mal? Si yo la odio, ellas también debían hacerlo, por obligación.

Es ley de amistad.

Me sentía perdida, humillada, derrotada. Estaba hundida en un pozo oscuro donde no llegaban los rayos del sol, no había color, no había amor y todo era su culpa. Gracias a ella estoy así, por ella me estoy volviendo loca.

Mikasa había irrumpido en mi vida con el único propósito de arrebatármelo todo, viviendo el cuento de hadas que quería para mí y solo para mí.

¿Y saben qué? Estoy hasta la puta madre de no hacer nada.

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POV general.

Cada tarde después del trabajo era lo mismo: repasaba la mitad de su patética vida tratando de hallar una solución. No podía evitarlo, por más que esa historia de amor le repugnara. Ni siquiera sabía por qué razón se la aprendió de memoria, hasta que aquella voz familiar aparecía haciendo eco en su cabeza "Porque fuiste testigo de ella, idiota". Y cómo desearía no haberlo sido.

Petra se condenó desde ese instante que imitó la decisión escolar de su hermano.

Actualmente contaba con veinticuatro años, casi veinticinco, y aún vivía con su madre, sin pareja, bonita, pero con unas ojeras enormes por quedarse hasta muy tarde tratando de entender más a fondo su materia de trabajo. Jamás salía con nadie, había dejado de frecuentar a sus amigas porque a éstas les agradaba su cuñada; no tenía citas, tampoco otros intereses sociales.

Toda su vida se volcaba en Levi y solo Levi.

Más bien, en tratar de recuperar lo que por "derecho" era suyo.

Estaba forzada a lograrlo antes del inminente nacimiento de aquella criatura abominable. "Vamos, hazlo, ¿qué te detiene? ¿Por qué dudas? Solo arrójala por las escaleras"

Era lo que dictaban sus pensamientos más tormentosos y perturbadores.

"¿Quieres que tu hermano esté para siempre contigo, no? Debes deshacerte del fruto de la desgracia antes de que sea demasiado tarde..."

Su insana fijación hacia Levi estaba perjudicando su estabilidad emocional en proporciones esquizofrénicas, y aunque el grado aún era leve, no se podían ignorar sus resentimientos acumulados con el pasar de los años, era solo cuestión de tiempo para que éstos explotaran y se desencadenara un caos. Tal vez su fachada de mujer inmadura no revelara gran parte de sus intenciones escondidas, pero cada vez era menos indudable el hecho de que el nuevo integrante despertaba unos celos enfermizos en ella. Sus fantasías de permanecer para siempre con su propio hermano se habían transformado en una necesidad irrefrenable que había evolucionado con el paso de los años.

Prácticamente se estaba volviendo demente.

Su estado de locura había llegado a un punto crítico desde la noticia del embarazo de Mikasa, sin embargo, y añadiéndole más peso al saco, el día de ayer se había enterado de que también estaban buscando establecer su propio hogar a parte, juntos, lejos de ella, hecho que acabó por quebrarla en mil pedazos.

Lo alejará definitivamente de mí...

Cuando por fin arribó a su casa se percató de que el coche de su hermano no se distinguía por ningún lado.

Extraño, ya debería estar de regreso.

Cerró la puerta y entró con pasos trémulos, a simple vista todo estaba en penumbras, hasta que oyó movimiento en la planta superior, y si Levi aún no llegaba del trabajo, instantáneamente supo que no podía tratarse de nadie más que de ella. Se quedó de pie en medio de la sala sopesando con cautela lo que haría a continuación.

Tal vez... era su oportunidad.

Escuchó una puerta abrirse, seguidos de unos pasos cortos que inequívocamente pertenecían a las pantuflas de Mikasa, y ese fue el detonante.

Lo haría.

Sus trémulas piernas cobraron vida propia guiándola escaleras arriba, una excitación desconocida la poseyó, hasta que bingo, se topó cara a cara con la causante de todas sus desgracias, casi chocando con ella. Sonrió con suficiencia a saberla completamente sola y vulnerable, una sonrisa tan retorcida que agudizó todos los sentidos de Mikasa.

—Petra.

—Mikasa —su sonrisa se ensanchó en extremo mostrando todos los dientes—, qué alegría verte.

Por instinto, la mano de Mikasa abarcó su apenas abultado vientre de cuatro meses. Su cuñada jamás se alegraba de verla, nunca le dirigía la palabra amenamente, siempre la miraba mal o la ignoraba como si ella no existiera en esa casa. Si bien eso a ella la tenía sin cuidado, aún era fastidioso, pues no dejaba de ser simplemente la hermana menor de su esposo y no podía mandarla a la mierda.

Mikasa apretó los dientes un poco incomoda debido a la mirada tan intensa que Petra tenía sobre su persona, añadiendo esa sádica sonrisa para nada digna de una muchacha joven con salud mental. Y no es que Petra fuera peligrosa, pero temía más que nada por su bebé no nato.

—Oh, qué interesante. Tú nunca te alegras de verme, al contrario, más bien pareciera que quieres matarme.

La cara de Petra se transformó en una mueca de incredulidad. ¿Acaso soy tan obvia...?

"Por supuesto que sí, basura, ni eso sabes hacer bien. Ahora fíjate: ella está de espaldas a ti, intenta huir al primer piso porque leyó tus intenciones perfectamente, estúpida, no dejes que se escape. Es tu oportunidad, empújala ahora."

—Tú te lo buscaste... sucia vividora roba hermanos —murmuró quedamente, frenando en seco a Mikasa al borde del primer escalón.

—¿De qué ha-?

—¡Tú lo apartaste de mi lado! Lo obligaste a que me desechara como basura. Demonios, ¡a mí! ¡Su querida hermanita! ¡La única que puede salvarlo, la única capaz de brindarle la calidez y felicidad que se merece! —soltó con veneno, dispuesta a soltar todo su rencor acumulado desde que la conoció—. Yo lo amo, lo he amado con toda mi alma desde que era una niña, merezco su amor, no tú. Era solo cuestión de tiempo para que él se diera cuenta de que ese es nuestro destino —su expresión se suavizó un segundo, para que inmediatamente la sed de sangre deslumbrara en sus ojos—. Lamentablemente apareciste tú, maldita zorra ofrecida, eres una egoísta, ¿sabes que odia cocinar? ¿No? Pues aun así tienes el descaro de obligarlo a que te cocine por culpa de ese...—miró el bulto con desdén—, ese engendro de mierda que cargas en el vientre —poco a poco Petra se iba acercando a Mikasa quien, impresionada y un poco asustada, permanecía de piedra en el mismo lugar apretando el barandal de la escalera—. Estaba tan cerca de obtener mi sueño, no sabes cuánto he tenido que soportar por tu culpa, pero ¿sabes otra cosa? ¡Estoy harta! —la asiática reaccionó con ese bramido y se preparó para lo peor—. Si tan solo no existieras... si tan solo... ¡Eres una maldita puta! una puta entrometida ¿¡por qué no te mueres de una vez!?

Todo pasó muy rápido, su cuñada le sujetó los dos brazos zarandeándola con tanta fuerza, que de pronto Mikasa sintió un fuerte vértigo que la abrumó al grado de no poder hacer nada al respecto. Se sintió languidecer, toda su espina como recorrida por un hielo, y vio por unos milisegundos su vida pasar frente a sus ojos. La mirada miel de Petra destellaba chispas de locura, su rostro impreso en maldad exteriorizaba su éxtasis interno que tanto se había esforzado por reprimir hasta ahora, mientras se dejaba llevar, al mismo tiempo que tomaba aire para soltar breves carcajadas.

Sin embargo estas nunca llegaron, y el impacto tampoco lo hizo.

La chica castaña vio con ojos de terror cómo su hermano aparecía zumbando detrás de ella y alcanzaba apenas a envolver la pálida muñeca de Mikasa, salvándola justo a tiempo.

Petra se quedó lívida ante su repentino acto de aparición, no sabía qué demonios estaba pasando, ¿en qué momento...? ¡Se supone que Levi no estaría en casa! Se supone que Levi no se enteraría, se supone que no debía acunar a nadie entre sus brazos que no fuera ella, se supone que él la mirara con amor y no con esos centellantes ojos que reflejaban una tormentosa ira.

—Levi...

La excusa que fuera a salir de su boca fue velozmente contrarrestada con una mirada fulminante de parte de él.

—¡¿Qué estupidez estuviste a punto de cometer?!

Petra reaccionó.

—Levi...no... yo no quise... ¡esto es...! —murmuró con ojos muy abiertos, construyendo pretextos improvisados para salvar su pellejo, pero simplemente el nerviosismo no la dejaba.

—¡Cállate, maldita sea! estás loca, debería... debería llamar a las autoridades por tu imprudencia de mierda.

—Levi... —esta vez fue un susurro tembloroso proveniente de la azabache lo que aplacó el coraje que hervía dentro de Levi—. Me siento mal.

Mikasa trastabilló aun dentro del poderoso agarre en su cintura, y él, supremamente alarmado, la asió un poco más hacia su cuerpo para evitar que su lánguido cuerpo decayera.

—¿Quieres que llame al médico? Mierda, si tan solo el estúpido auto no estuviera en el mecánico —farfulló frustrado, resoplando al mismo tiempo que se pasaba una mano por el pelo.

—No, solo... llévame a la cama... por favor, necesito recostarme —Mikasa se notaba realmente mal, mareada, ida, indispuesta; sus mejillas ardían y el llanto amenazaba por incrementarse en intensidad dado a la fatal experiencia, y los débiles resuellos soltados a intervalos aplastaban duramente el corazón de su esposo.

—Te llevaré.

—Levi —Petra de nuevo repitiendo su fastidioso monosílabo común, buscando detener a su hermano.

—No quiero escucharte — le reprendió nuevamente con la mirada más fría y mortífera de su repertorio—. Pero hablaré seriamente contigo. Baja inmediatamente a la sala.

Petra tragó duro ante su porte autoritario, sin ninguna otra opción más que obedecer y esperar la segura paliza verbal, conocía a su hermano y para él eso era lo menos. Su conciencia la maldijo interiormente por ser tan putamente impulsiva, y no pensar con la cabeza fría antes de atacarla, pero, diablos, estuvo tan cerca. Ese pequeño regocijo de haberse atrevido nadie se lo quitaría, sin embargo se odiaba y se enorgullecía, emociones tan contradictorias oscilaban en un clima tan desordenado que drenaba todos los pensamientos de su cabeza. Se puso en blanco preparándose emocionalmente, y al mismo tiempo sopesó qué haría, qué maldita técnica de manipulación precisaría. Aún dentro de su locura le quedaba un resquicio de esperanza... por sus años en la niñez, quizá si le hablaba de sus sentimientos lograra abrirle los ojos...

Lo que no sabía es que lamentablemente ella ya no tenía una salida.

—¿¡qué puta mierda pasa por tu cabeza!? ¡Estuviste a punto de tirar por las escaleras a Mikasa y a mi hijo! ¿Eres consciente de lo que pudo hacer pasado? Tu sobrino, ¡tú jodido sobrino! —imprecó apenas su pie tocó el último escalón, Levi estaba nadando en ira descomunal y se lo demostraba con cada fría palabra que la atravesó como mil cuchillas.

—Yo... —su renovado ánimo desapareció en un santiamén—. Levi...

—¡Cierra la boca! Ya te dije que no quiero escucharte... —ella sudó frío, sus esperanzas derrumbándose frente a sus ojos. Levi frotó sus sienes, ofuscado pero manteniendo la compostura para no echar a patadas a su propia hermana—. Escuché todo lo que le dijiste a Mikasa —reveló, consternado—. No sé quién demonios te crees para tratarla así, pero si por un maldito segundo pensaste que no habría consecuencias estás jodidamente equivocada. Eres una mocosa impertinente, siempre lo fuiste, y francamente estoy muy decepcionado.

Los ojos miel de Petra empezaron a aguarse, su hermano nunca se había referido a ella de esa manera tan hostil. Todas sus defensas cayeron inmediatamente.

—¡Somos hermanos, Petra! Por dios, compartimos sangre. Nunca te di motivos como para que imaginaras otra cosa.

—Pero Levi, yo te amo —rogó—. ¿No extrañas aquellos momentos que pasamos juntos...?

Él la cortó con un ademán.

—Estás mal, Petra. Yo nunca te vi de ese modo, jamás lo hice ni lo haré... y sinceramente me importa un carajo cómo eso te haga sentir. Yo amo a Mikasa —a veces ser duro y contundente es mejor que intentar razonar, con tal de que se le quedara grabado—. Esta noche hablaré con mamá para internarte en un manicomio, lo necesitas con urgencia —quizá una decisión cruel, pero bastaba recordar la expresión angustiada en el rostro de Mikasa, a su bebé a punto de morir, y no podía sentir ni un atisbo de piedad en el cuerpo. Sin embargo suspiró apaciguándose, pues al final se trataba de su hermanita menor, la quería, pero no de la forma que ella lo deseaba. Lo único que podría ofrecerle ella ayuda psiquiátrica.

El asunto era todo un lío, muchas emociones fluctuaban de un lado a otro y no podía darles un orden, por lo que en ese mismo momento tomó la decisión.

Petra ya no dijo nada, y simplemente Levi se dio la vuelta para volver a la habitación con Mikasa, mientras ella caía de rodillas al suelo deshaciéndose en lágrimas y gimoteos. A él no le importó su condición, se lo merecía por destruir a su propia familia.

Esa noche Petra huyó, nadie supo adónde, Levi tampoco se preocupó en buscarla inmediatamente.

A la mañana siguiente, Levi y Mikasa decidieron marcharse a pesar de las insistencias de Kuchel, ciertamente, no querían recordar el mal rato provocado en esa casa por la obsesión de una loca hermana enamorada.

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NOTA: La idea inicial, y dado que quiero meter puros shots cortos, esto solo se trataría de Petra intentando tirar a Mikasa por las escaleras, o sea, la ultima parte, pero la historia de amor que me imaginé para Levi y Mikasa me gustó tanto, que fue imposible no hacer que Petra la narrara xD En fin, espero no me odien, la verdad me agrada la idea de Petra como hermana de Levi, yo sé que esa morra no es mala en el anime, pero es cagante en algunos fics, por lo tanto si hago más en el futuro Petra tendrá un papel más positivo. Como dije al principio, dudé en subirlo, por lo que me disculpo si encuentran algún error o incoherencia gramatical.

Saludos, agradezco sus comentarios en caps anteriores, en serio ;-;

Gracias por leer.