Bueeeeno, aquí les traigo el tan esperado encuentro de Luffy x Hancock, espero que disfruten de leerlo así como yo disfrute de escribirlo, espero que les guste como lleve las cosas. Por cierto, éste capítulo me quedo más largo de lo normal, pero simplemente me inspiré.

Capítulo 6.

Tú y yo.

Luffy se encontraba perdido en el mirar de aquella hermosa mujer, que se encontraba sentada a tan solo unas mesas de distancia, esos ojos eran de un hermoso color azul, su piel se veía tan suave al igual que ése largo cabello lacio, del color más hermoso que se hubiera podido imaginar. Hasta ahora había pensado que no podría existir un cabello más curioso y exótico que el de su querida amiga Nami pero, con esa mujer se daba cuenta de que el color "exótico" no era necesario para ser el más hermoso.

-Oi... Luffy, ¿Estás bien? - Preguntó Zoro, al ver que su amigo se había quedado pasmado mirando a la nada.

- Ah... Sí, lo siento – Susurro para después mirar nuevamente al público. - Buenas noches a todos, nosotros somos Mugiwara Boys, en ésta ocasión, vamos a interpretar para ustedes un cover de la famosa canción "We are" de la banda "Jolly Roger", esperamos lo disfruten.

La Diosa, recargaba el peso de su barbilla sobre sus manos, las cuales a su vez se recargaban sobre la mesa, ella se encontraba maravillada con la suave voz de aquel chiquillo que tenía en frente, sus hermanas no se habían dado cuenta porque se encontraban comentando entre ellas acerca de los integrantes, además de que estaban tratando de tranquilizar a un Bartolomeo que no dejaba de sacar humo por sus fosas nasales a la vez que soltaba gritos de una manera bastante aguda.

Luffy miró a sus espaldas para después dar una señal positiva con su cabeza para que comenzaran a tocar. El sonido de los instrumentos no se hizo esperar, el ritmo era por demás pegajoso, comenzando con una pequeña introducción en donde el vocalista simplemente movía su cuerpo de un lado para otro.

Cuando por fin llego su turno de actuar, empezó a interpretar maravillosamente la canción que originalmente le pertenecía a su querido amigo Shanks, la primera canción que le había escuchado interpretar en su primer concierto, aquella que lo había inspirado a querer volverse artista. Su voz era melódica pero a la vez potente, a diferencia de la vez pasada, que hizo algunos tonos bastante graves, en ésta simplemente se dedicó a los tonos suaves.

Arittakeno yume o kakiatsume

(Reuniendo nuestros sueños)
Sagashi mono sagashini yuku no sa

(Juntos encontraremos las cosas que buscamos)
Poketo no coin , soreto

(Con una moneda en el bolsillo)
You wanna be my friend?

(¿Tú quieres ser mi amigo?)
We are, we are, on the cruise! we are!

(Nosotros estamos, nosotros estamos !en una travesía!, ¡nosotros estamos!)

Después del último párrafo, comenzó el solo de guitarra de Zoro, el que siempre tenía que estar presente en alguna de las canciones que interpretaran, no solo porque la guitarra era uno de los instrumentos que llamaban más la atención de los espectadores, si no que por ser el segundo fundador de la banda y el mejor amigo del vocalista, éste le daba bastantes privilegios, cosa que molestaba demasiado al cejas de espiral, pero dado que éste al principio no había querido ni unirse, no era como que pudiera hacer mucho al respecto, a los demás ,aquello no les molestaba en lo más mínimo.

La canción continuo, tanto los espectadores como el mismísimo dueño del lugar estaban impresionados por la calidad de música que estaban escuchando en ése instante. Para ser sinceros nadie se esperaba aquello, pensaban que serían otra de las tantas personas que decían ser dueños de una banda, pero que el sonido era pésimo y la persona que cantaba era tan desafinada y ronca que solo causaba molestia. Después de todo, al ser ése un bar tan pequeño y ameno no era como que recibieran muchos talentos a menudo, lo máximo que podían conseguir eran aquellos comediantes que habían sido sacados de escena hace tan solo un instante.

Hancock, por su parte, estaba más que maravillada, no hubiera imaginado que aquél chico cantara tan bien, a decir verdad, había pensado que solo sería una cara bonita, como la mayoría de las personas, sin embargo, sus oídos se estaban deleitando en una armonía exquisita y su mirada no podía desviarse, en ningún momento, de aquél morocho de ojos preciosos. Marigold y Sandersonia ya se habían emocionado, se notaba que, al igual que todo el público, se habían llevado tremenda sorpresa. Bartolomeo, por su parte, no dejaba de gritar mientras que en sus ojos se formaban unos rosados corazones, acto que se veía demasiado repugnante o extraño viniendo de un varón pero a él, en ése momento, le daba igual completamente todo, nunca había sido la clase de persona a la que le importara la opinión de los demás, así que ¿Por qué tendría que empezar ahora?, si le gustaba algo, le gustaba y no se contendría ni un poco, después de todo, él estaba convencido de que ellos se convertirían en una banda popular dentro de poco, no tardaría el momento en que tendría que pagar por un boleto para ir a escucharlos y antes de que pasara estaba dispuesto a disfrutar todo lo posible.

Cuando la canción termino, todos los integrantes hicieron una leve reverencia agradeciendo y estaban dispuestos a salir del escenario, ya que, al ser desconocidos solo se les había permitido interpretar una sola canción. Sin embargo, los gritos del público, seguido de los aplausos y silbidos los dejaron algo impactados, pedían a gritos más. El dueño del bar ya se encontraba suplicante porque dieran aunque sea un show de entr canciones por lo menos, sin importarle en lo más mínimo que hubieran más personas pendientes en subir al escenario. Nami, por su parte, no desaprovecho la oportunidad y se le acerco al robusto hombre.

- Si quieres eso, tendrás que aumentar nuestro pago - Sonrió de manera maquiavélica mientras comenzaba a idear su manera de exprimir lo más que pudiera de aquél sujeto.

- Sí, sí, lo aumentaré, solo multiplica lo que te iba a dar por el número de canciones que interpretaran.

- Oh... No, creo que estamos en un desacuerdo, necesitamos más que eso. - Contestó despreocupadamente mientras se observaba las uñas.

- ¿Estás loca?, ¡Ni lo sueñes, no te daré ni un solo centavo más!

- Entonces nos marchamos, ¡Vámonos chicos!

El abucheo del público no se hizo esperar, las personas se levantaron mientras comenzaban a exigir por más y la voz que más se escuchaba era por supuesto la de nuestro querido fanboy, quien maldecía al dueño del lugar por no dejarlos continuar; Acto que provoco que toda la clientela le siguiera la corriente y empezara a lanzar maldiciones al dueño.

- ¡Está, bien, está bien, pagaré lo que quieras, pero ponlos a cantar de inmediato!

- ¡A la orden!

Nami subió al escenario tan solo unos segundos para hacer que los chicos se enteraran de la nueva situación. Obviamente estaban demasiados entusiasmados por que su estupenda manager fuera tan confiable, ahora podían volver esa noche suya. Las demás personas que estaban por presentarse no tardaron en comenzar a quejarse pero el hombre rechoncho simplemente los corrió, sin importarle en lo más mínimo.

De esa manera, la noche continuo con la maravillosa música de los chicos inundando aquél lugar, Hancock por primera vez podía presenciar un concierto y para ser sincera nunca se había imaginado que fuera una sensación tan estupenda, la gente emocionada ,aclamando, se había puesto de pie y comenzaba a hacer todo el ruido posible, el aire se había vuelto un poco pesado, pero esa no era una sensación que le molestara, es cierto que se mezclaban varios olores que no le eran placenteros en lo más mínimo, pero todo eso se veía opacado cuando veía al chiquillo cantar con esos ojos empapados de pasión, el sudor ya había comenzado a caer por su sien, bañándolo, provocando que su negro cabello se mojara y se ondulara más, cayendo por su rostro, dando una imagen bastante atractiva, cosa que provoco que una enorme opresión comenzara a palparse en su pecho. Ella nunca había experimentado algo similar, de manera que, no podía interpretar que es lo que estaba sucediendo con su cuerpo, ¿Por qué su rostro estaba tan colorado como un tomate?, ¿Por qué sentía que el corazón podría salirse de su pecho, en cualquier momento?, y ¿por qué no podía dejar de ver a ése vocalista?

El sonido de algo seco, azotando contra el piso, hizo que regresara en sí, volteo a su derecha viendo como su primo había caído desmayado tras recibir una enorme dosis de emoción. Marigold y Sandersonia suspiraron fastidiadas ya que ahora sería su responsabilidad regresarlo a casa, razón por la que no podrían acabar de ver el espectáculo.

- Anee-Sama, tenemos que irnos, el estúpido de Bartolomeo no despertará hasta mañana. - Hablo Sandersonia, mientras ponía uno de los brazos del chico sobre su hombro, siendo seguida por Marigold, quien hizo el mismo con el brazo contrario.

- Vayan ustedes. - Contestó de manera seca.

- Pe... Pero. - Marigold estaba a punto de reclamar pero se tuvo que callar al ver la expresión fría de su hermana mayor.

- Yo me regresaré sola.

Las dos hermanas se voltearon a ver entre ellas de manera dudosa, sabían que no estaba bien dejar a la mayor sola, mucho menos cuando sabían la manera en la que ésta atraía al genero contrario. Pero no importa lo que dijeran cuando Hancock se ponía en su forma caprichosa no había nada que la hiciera cambiar de opinión, por lo que, con un gesto bastante preocupado, comenzaron a retirarse mientras le decían que se cuidara.

La Diosa por su parte, no estaba pensando con claridad, simplemente había hablado por impulso, ni siquiera se había detenido a pensar en las consecuencias, simplemente quería observar ése espectáculo hasta el final, además, era la primera vez que veía uno, por lo que no tenían derecho de arruinarle el momento.

Así transcurrieron los minutos, momentos en los cuales el tiempo se había detenido, de vez en cuando, podía ver como el chico la miraba para después regalarle una deslumbrante sonrisa que la hacía estremecer. Su respiración se había agitado, las piernas comenzaban a fallarle, su sangre circulaba más rápido que de costumbre, podía escuchar a su alocado corazón palpitar en sus oídos, pero nada de eso le importaba, tuvo que regresar a la realidad, una vez más, cuando escucho al niño hablar.

- Muchas gracias por acompañarnos ésta noche. - Agradeció. - En la guitarra tenemos a Zoro. - Los aplausos comenzaron a recibirlo de inmediato. - En el bajo a Sanji - De igual manera comenzaron a aplaudir, siendo seguido así por todos los demás. - Y por último estoy yo, mi nombre es Luffy.

Los gritos y aplausos se escucharon, ésta vez, con mayor intensidad, provocando que el morocho comenzará a reír de manera cálida, a continuación se despidieron y por fin salieron del escenario, dejando a la chica con un profundo sentimiento de vacío. Hubiera deseado quedarse ahí por siempre, pero ahora, de la nada, ya no estaban y ella tenía que regresar nuevamente a aquella casa sofocante a la cual tenía que llamar "hogar", aquél lugar en el que se sentía un ave enjaulada.

La gente comenzaba a retirarse pero ella se había quedado unos momentos ahí, sentada, simplemente perdiéndose en sus propios pensamientos, ahora que ése simpático monito, que respondía al nombre de Luffy, no se encontraba presente, podía empezar a respirar de manera más normal, ahora que su cabeza se encontraba más fría, estaba empezando a analizar sus propios sentimientos, los cuales le costaba demasiado controlar. Sentía su orgullo gravemente herido al saber que su estúpido primo tenía razón, pero no quería decírselo, resultaría bastante vergonzoso perder la apuesta de manera tan fácil, pero no había nada que pudiera hacer, sin duda alguna cuando éste despertara, sus hermanas le contarían que ella se quedó ahí por cuenta propia.

Sin nada más que hacer, se levantó de su asiento, miró a su alrededor un poco más para después tomar su abrigo y salir del lugar con la misma elegancia con la que entro, cuando estuvo fuera pudo sentir el aire helado sobre su piel, por lo cual se abrigo, miró a su alrededor, observando la profunda obscuridad que invadía aquella noche, la cual estaba ya muy entrada, y por primera vez ,su cerebro reacciono, era peligroso regresar a esas horas, más siendo tan hermosa. Al darse cuenta de aquello, se tapo el rostro con la capucha del abrigo y empezó a caminar un tanto temerosa.

No pudo avanzar demasiado cuando una mano la jalo hacia un callejón que estaba junto al bar, en donde se encontraba la salida trasera. Su corazón volvió a agitarse de sobre manera al ver a un hombre robusto, alto, que la miraba con ojos de depravado sexual.

- Te vi ahí dentro, preciosura. Sin embargo, no me había acercado por aquél extraño hombre de cabellos verdes, pero... Ahora que no está, vamos a divertirnos un rato.

La mujer lo vio ahora llena de odio, definitivamente los hombres eran unos seres despreciables, asquerosos, no podía creer que hubiera estado fijándose en uno, en ése momento, todos sus rencores salieron a flote, recordándole porque detestaba a los varones. Ella solo se había asustado por la impresión del momento, pero no era ninguna mujer débil, la habían hecho entrenarse en defensa personal desde pequeña ya que, al ser hija del hombre que tenía una de las empresas más grandes de Japón, acostumbraban a hacer intentos de secuestro con ella, para sobornos, razón por la que, ella y sus hermanas, habían sido prácticamente obligadas a aprender a defenderse; Con eso en mente estuvo a punto de noquear al hombre que la tenía presa pero la voz de alguien la detuvo.

- ¡Déjala en paz!

Hancock vio con sorpresa como aquél chiquillo, que había estado observando toda la noche, corría hacia ella y apartaba a su opresor de un solo golpe, fuerte y certero, en el rostro, el hombre indignado había querido atacar a Luffy con un tubo de metal que había recogido del piso, pero éste lo esquivo con facilidad para volver a golpearlo, logrando que éste huyera del lugar.

Había sido casualidad que el menor de los Monkey se encontrara por ahí, la verdad es que terminada la presentación se había apresurado a cambiarse, le habían agradecido a Nami y querían ir a celebrar a algún lado pero él no se encontraba con muchas ganas, de manera que, les había dicho que en otra ocasión sería, siendo así el primero en salir del lugar, en el cual ignoro por completo las quejas de Zoro, con quien se supone tenía que regresar.

- ¿Estás bien? - Preguntó Luffy al ver que la mujer no reaccionaba.

- Ah... Sí, yo hubiera podido deshacerme de él sola. - Contesto de manera algo grosera al estar demasiado nerviosa como para dirigirle la mirada, arrepintiéndose al instante por ser tan brusca siempre.

Zoro no había tardado en salir tras del menor para que pudieran regresar a casa junto a Robin, Tashigi y Chopper, quienes habían ido a ver la presentación. Cuando salió por la puerta trasera lo menos que se esperaba es ver al chico junto a una preciosidad de mujer, tenía ganas de hacerle toda clase de preguntas pero en lugar de eso simplemente pregunto.

- Luffy, ¿Nos vamos ya?

- Ahh... Ve tú, yo la voy a acompañar a su casa.

Esa respuesta sorprendió tanto a Roronoa como a Boa, sin embargo nadie negó nada, el hombre estaba acostumbrado a los actos bondadosos de su amigo y la mujer no iba a rechazar una oferta caballerosa como esa. Aunque bien, podía tratarse de otro pervertido intentando tenderle una trampa, pero por alguna razón ella no sentía malas intenciones en el morocho.

A continuación Luffy, comenzó a caminar tranquilamente mientras balanceaba su cuerpo de un lado a otro, comenzando a tararear una curiosa canción, aunque a diferencia de cuando estaba arriba del escenario, ahora desafinaba muchas partes a propósito, para agregarle un tono divertido. Después de unos 3 pasos, al ver que no le seguían, volteo nuevamente su cuerpo para mirar a la chica, a la cual, después de regalarle otra deslumbrante sonrisa, agarro de la muñeca para que lo siguiera, a lo que ésta nuevamente se sonrojo.

De esa manera, desaparecieron entre la obscura noche, caminando uno frente al otro, la mujer no podía siquiera articular palabra, nunca en la vida había dejado que un chico se atreviera siquiera a intentar tocarla, pero lo más extraño es que, en ése momento, aquel contacto no le parecía nada desagradable, las calles estaban bastante vacías pero ella ya no sentía temor, la suave voz del muchacho, quien seguía tarareando, era demasiado tranquilizante, continuaron así por unos minutos cuando el de pronto se detuvo, ocasionando que ella chocara con la espalda masculina.

-Oye... No se ni donde vives, y no has hablado nada... Así que...

-Ah... Sí, lo siento.

Hancock pudo por fin recuperar la postura, nuevamente saco a flote su actitud arrogante, intentando alzar nuevamente esa barrera que ponía sola para que no se le acercaran. De esa forma, tomo la delantera, mientras se deshacía del agarre del chico, el menor no se quejo en lo absoluto, simplemente se dedico a seguirla. Ella intentaba con todas sus fuerzas no volver a flaquear, pero le estaba resultando demasiado difícil ya que él no dejaba de observarla con esos enormes ojos expresivos a la vez que empezaba a rodearla mientras caminaba como si estuviera examinándola. Quería reclamarle, no le gustaba para nada la sensación de ser observada de aquella manera y ésta vez no era porque le repugnara la acción, si no que, el tener la completa atención de Luffy, comenzaba a hacer que, el frenético palpitar de su corazón, volviera a agitarse.

La peli negra, después de unos instantes, no pudo evitar hacer lo mismo, sin más, comenzó a ver a aquel monito quien aún seguía invadiendo su espacio personal, él tenía marcado en su rostro una expresión de enorme curiosidad, casi se echa a reír cuando vio como de vez en cuando el chiquillo daba señales de haber entendido algo mientras anotaba mentalmente los detalles, verdaderamente, no podía despegar su mirada de los ojos chocolate del contrario, eran bastante grandes, expresivos y hermosos, podía ver a través de ellos una enorme inocencia, a parte tenían un inusual brillo que le hacía preguntarse si lo llevaba todo el tiempo.

Tan perdida estaba en eso que no se dio cuenta cuando él se detuvo un momento para observar las estrellas, las cuales se veían preciosas en ésa ocasión, tal vez fuera mera coincidencia o fuera parte del destino que les regalaba aquella preciosa vista, como un regalo por haberse encontrado.

- Esto es genial - Susurro.

La mujer serpiente, al escuchar esto, dirigió su mirada hacia el mismo lugar que el niño veía, impresionándose de igual manera por el paisaje, después de todo casi nunca salía de aquella enorme mansión, un montón de sensaciones nuevas comenzaban a correrle la sangre, lo cual encendía levemente la chispa de adrenalina que llevaba dormida hace ya varios años.

- Son hermosas - Continuo Luffy. - Como tú - Contesto de manera sincera, sin ponerse a pensar en lo que sus palabras podían causar en su acompañante.

Ella se petrifico por un momento, todo el tiempo se la pasaba presumiendo de sus atributos como mujer con gran orgullo, había escuchado ése alago una y tantas veces que ya era algo realmente cotidiano, y aún así, esas simples palabras, pronunciadas de aquella manera tan gentil, habían logrado tocarla de una manera especial; No podía creer que estuviera teniendo todo tipo de reacciones por una persona a la que hace nada había conocido, era algo que no podía permitirse, toda su vida se había regañado mentalmente, había sido fuerte para no sentir fijación hacia el genero contrario, lo cual realmente no había sido demasiado difícil dado que no había encontrado a alguien que valiera la pena, hasta había llegado a pensar que el único amor que sentiría en la vida sería por sus hermanas y por sí misma.

Tenía tantos deseos de comportarse como siempre, de hablar en la manera altanera, grosera y despreocupada con la que siempre alejaba a todos y sin embargo, había otra parte que se negaba rotundamente a tratarlo a él así, sentía un miedo inminente de que éste pudiera odiarla, pero aquello solo hacía que otra serie de preguntas invadiera su cabeza, ¿Por qué se preocupaba de lo que un desconocido pudiera pensar de ella?, esa no era ella, esa no era Boa Hancock. Al tener eso último en cabeza, se armo de valor, para poner a prueba al muchacho, de forma que habló de una manera bastante grosera.

- Puedo irme sola, no sé porque me acompañas, ¡Qué molesto!

Se arrepintió al instante, pero ella no era alguien que se retractara una vez había abierto la boca, no es que quisiera hablarle de esa manera, no es que quisiera alejar a quien le había brindado su bondad, simplemente actuaba todo el tiempo en una manera para poder auto protegerse, acostumbraba alejar a los demás para que, de ésa forma, no pudiera encariñarse realmente con alguien, de niña le habían hecho mucho daño y ahora sentía miedo de volver a pasar por eso, de manera que solía evitar cualquier acercamiento ya que ella era sentimentalmente débil, aunque demostrara lo contrario.

- Hummm, ¿Te molesto? - Escucho al menor responder de manera un tanto despreocupada lo cual provocó que ella lo mirara. - De todas maneras, lo hago porque quiero, así que no sientas pena, no me molesta.

Ella se sorprendió de sobre manera, ¿Él había leído a través de su falsa faceta?, esa era la otra razón por la que había dicho lo anterior, no quería significar una carga, o que él hiciera eso solo por su deber de ayudar.

- ¿Cómo supiste?

- Shishishi... Desde que te vi desde el escenario pude adivinar que eres alguien a quien le gusta esconder sus sentimientos bajo falsas facetas.

- ¿He?, ¿Cómo es eso posible?

- Mmmm... Realmente no lo sé, puedo hacerlo desde que era un crío, Sabo, Ace y Zoro dicen que es algo así como mi habilidad especial - Comenzó a reír. - Ah... - Continuo al ver la cara de confusión de la peli negra - Sabo y Ace son mis hermanos, y Zoro es mi mejor amigo, el chico del que me despedí hace un momento.

- Ya veo...

- ¿Tú tienes hermanos?

- Tengo 2 hermanas menores y un molesto primo, quien es un admirador tuyo, solo hizo falta que los escuchara una vez para que se volviera loco. - Sonrió suavemente al recordar a Bartolomeo, era gracias a él por el cual estaba pasando un momento tan placentero.

- ¡Claro, somos geniales!

De ésa manera se rompió un poco el hielo y ambos comenzaron a conversar de manera animada, entre risa y risa, atravesaban la ciudad a pasos lentos, con aquellas hermosas estrellas como únicos testigos, él comenzó a relatar brevemente sus ambiciones, la razón por la que quiso volverse famoso, la manera en la que admiraba a Akagami, la razón por la que el símbolo de la banda era un sombrero de paja, ella por su parte escuchaba maravillada, a diferencia de su vida la de él parecía ser bastante emocionante, ella deseaba poder llegar a tener algo igual, algo con que ambicionarse, desde antes de que naciera su destino ya había sido sellado por esos dos monstruos a los que tenía que llamar padres. Después de un rato en el que él relatara cosas sobre su vida le había dado por fin oportunidad a ella de relatar la suya, sin embargo, ésta no dijo gran cosa, se concentró simplemente en hablar sobre las ocurrencias de sus queridas hermanas, en su relación con la anciana Nyon, claramente no quería tocar el tema sobre su posición social pero esto fue imposible al toparse con las rejas metálicas que la hacían darse cuenta de que estaba ahora de vuelta en su cárcel.

Luffy no tardó en sorprenderse al ver la enorme propiedad en la cual vivía la mujer, ella parecía bastante avergonzada, no había tardado en intentar darle explicaciones incoherentes, él no entendía porque lo hacía, no era normal que alguien se sintiera avergonzado de poseer propiedades y dinero, o por lo menos, era algo que él no entendía al no pertenecer al mismo mundo, aunque eso era algo que nunca le había importado, él no juzgaba por el status, el se guiaba simplemente por los sentimientos de la gente.

- No deberías de avergonzarte de quien eres. - Contesto tranquilo. - Después de todo, lo que te hace quien eres está aquí. - En un rápido movimiento, señalo con el dedo pulgar su propio corazón, ella ante aquello simplemente volvió a reír, definitivamente él era especial.

Se quedaron un momento más platicando frente a la entrada, ella no se animaba a entrar, el camino a casa se le había hecho demasiado corto, deseaba con todas sus fuerzas que ése encuentro durara toda la vida, deseaba escapar en ése mismo momento con aquel chico desconocido que había aparecido de un momento a otro en su vida, sin embargo eso no podía ser, tenía que entrar pronto antes de que se preocuparan por ella, más de lo que seguramente ya estaban.

Miró nuevamente el interior de la mansión mientras tocaba el timbre de manera pesada, al momento que se despedía del chico, éste simplemente la despidió agitando su mano, y ella en un impulso, no pudo evitar besar la mejilla del menor mientras le decía:

- Mi nombre es Hancock – Para después correr dentro de la propiedad, totalmente apenada, perdiéndose entre el inmenso jardín.

El pequeño mugiwara, por su parte, no pudo hacer más que quedarse en su lugar unos momentos, totalmente pasmado, mientras un pronunciado sonrojo comenzaba a colorear sus mejillas, esa era la primera vez ,en toda su vida, que estaba empezando a tener los "síntomas del enamoramiento", hasta el momento, todas las chicas para él habían sido algo neutro, las había considerado igual que los hombres, simplemente como amigas, nunca había entendido las constantes pláticas que sus hermanos solían soltarle acerca de las relaciones, él simplemente rodaba los ojos y los ignoraba cuando querían hablarle sobre chicas, citas, u otras cosas que él nunca había querido saber. Pero en ése momento, todas esas pláticas, retumbaban dentro de su cabeza de un momento a otro, no es como si estuviera 100% seguro de que el "querer" a alguien fuera de ésa forma, simplemente se había sentido bien todo ése transcurso en el que acompaño a la mujer.

- Hancock... - Susurro, mientras llevaba su mano a su mejilla para después sonreír y hacer el viaje de regreso casa, mientras nuevamente comenzaba a tararear al momento que daba leves saltos.

La mujer serpiente ya se encontraba dentro de la residencia, con el rostro totalmente colorado, respiraba de manera agitada mientras su cabeza la regañaba mentalmente por haber actuado por mero impulso, ¿Qué pensaría él?, ¿Qué haría?, ¿Habría pensado que era rara?, bueno... No es que fuera algo realmente grave, solo había sido un beso en la mejilla, ¿Verdad?, ¿Verdad?, no pudo seguir pensando cuando vio a sus hermanas correr hacia ella para abrazarla de manera sobre protectora a la vez que gritaban.

- ¡Anee-sama!, ¿Dónde estabas?, ¿Estás bien?, ¿No estas herida? - Hancock ladeo la cabeza confundida, no pensó que se hubiera tardado tanto en volver, para ella solo habían sido unos instantes. Estaba a punto de contestar pero una nueva voz la interrumpió, se trataba de Bartolomeo, quien la miraba con una mirada desaprobatoria.

- ¡Dónde estabas, tonta!

- ¿Tonta, tonta?, ¡Te voy a... - Se detuvo al ver como la mirada del peli verde se endurecía demostrando que ésta vez hablaba enserio.

- ¡Pudo haberte pasado algo!-

- Pe... Pero... Un amable chico me acompaño.

- ¿Un chico?, ¡Qué tal si era un acosador!

- E... Era Luffy... El vocalista de la banda que admiras.

-¡Luffy-senpai te acompaño! - La expresión del chico cambio por completo mientras se formaban unos corazones en sus ojos - Bien hecho Anee-sama - Contesto con una voz afeminada mientras daba vueltas alrededor de ella.

- ¡Bartolomeo, como puedes decir eso!, ¡No sabes nada de ése tal Luffy! - Regañaron ambas hermanas.

- Es obvio que Luffy-senpai no es una mala persona, lo supe desde el momento en que les seguí.

Las tres mujeres vieron al extraño sujeto como si se tratara de una plaga, el que ahora les estuviera revelando aquello resultaba ser algo bastante perturbador y repugnante, Hancock aprovecho para encerrarse en su habitación mientras sus hermanas seguían intentando hacer entrar en razón al chico fanboy, ella en ése momento no estaba de humor como para escucharlos, de hecho, lo único que quería, era intentar dormir, estaba agotada y no tenía apetito como para cenar. Entrando en la habitación lo primero que hizo fue empezar a despojarse de su ropa para colocarse un blusón sencillo color rosado, para después tumbarse en su cama para intentar conciliar el sueño, mientras la imagen de aquel chiquillo seguía presente en su mente.


Ace y Sabo estaban volviéndose locos, no habían podido asistir esa noche a escuchar a su hermanito porque habían estaba ocupados trabajando, era algo decepcionante siendo ellos tan atentos con el menor, sin embargo, ése no era el caso en ése momento. Habían esperado pacientemente la llegada de Luffy para poder cenar juntos, sin embargo, después de unos instantes, vieron a Zoro regresar solo, lo cual había hecho que su sentido de "hermanos sobre protectores" se activara al máximo, el chico por alguna razón no había querido darles detalles, parecía como si estuviera disfrutando de algo al esconderles hacia donde se había marchado, razón de más por la que estaban aún más angustiados.

Ace caminaba de un lado a otro de la sala, cual león enjaulado mientras intentaba pensar a donde se habría podido ir el chico, sin embargo era imposible ya que él era demasiado impredecible, tenía una Déficit de Atención severa, por lo que sabía perfectamente que bien podía haberse ido solamente por encontrar algún insecto extraño que quisiera capturar. Sabo por su parte se la pasaba lanzando maldiciones al aire, lanzando queja tras queja de todo lo que Luffy siempre los hacía angustiar cual mamá gallina preocupada por sus polluelos.

Eran alrededor de las 12:20 cuando el menor se digno a aparecer por la puerta principal como si nada hubiera pasado, los mayores estaban a punto de lanzarse hacia él para comenzar con una orden de preguntas, sin embargo, él entró cual rayo directo hacia la cocina para poder devorar lo que se le cruzara en el camino debido al hambre voraz que estaba sufriendo.

- ¡Luffy! - Gritaron ambos cuando vieron que los ignoraba.

- ¿Fhe dscucede? (Traducción: ¿Qué sucede?) - Contesto el chico cuando se vio observado mientras tenía enormes pedazos de carne en su boca que apenas si podía masticar.

Inmediatamente, comenzaron a regañarle como si de un niño de 5 años se tratara, ambos al unísono hablaban como si se trataran de sus padres. Preguntas como...

- ¿Qué horas son estas de llegar? - Preguntaba nuestro querido Rubio.

- ¡A donde diablos te metiste! - Le seguía el pecoso en modo de regaño.

El morocho por su parte, simplemente seguía comiendo a la vez que arqueaba las cejas, poniendo su típico rostro de enfado, sus hermanos siempre eran así con él, no era culpa de Luffy el ser tan extremadamente consentido, después de todo, desde siempre, ellos habían sido de esa manera, misma razón por la que él odiara en gran medida que lo regañaran. Todo estaba perfecto desde que le cumplían sus caprichos, solían comprarle lo que quisiera simplemente haciendo un simple gesto de "por favor", sin embargo, lo malo era cuando estos entraban en sus papeles de "mamá" y "papá", él ya tenía 17 años, podía llegar un tanto tarde, no era ningún debilucho, sin embargo porque sus hermanos insistían tanto en querer excluirlo del mundo exterior, ¿Acaso solo eran unos celosos extremos que temían que se les arrebatara su pequeña joya?, eso podía ser cierto.

- ¡Ahhh, cállense! - Contesto frustrado por fin, dejándolos hablar solos mientras subía a su cuarto cerrando con seguro tras de sí, no sin antes, llenar sus mejillas con una enorme porción de alimento como si fuera una ardilla.

Ace y Sabo se miraron mutuamente con una gotita de sudor en la sien, nuevamente habían provocado que el menor se encaprichara con ellos, era cierto que cuando se ponían así realmente sus acciones se basaban en puros impulsos, pero, es que no podían evitarlo, ése niño era un despistado de primera y, como ya se había mencionado, desde aquél momento en que lo atacaron esos bandidos, dejándole aquella cicatriz en su rostro se sintieron como unas enormes basura de hermanos; Si Akagami no hubiera estado con él en ése momento, quien sabe que es lo que le hubiera pasado, esa era razón suficiente por la que ahora estuvieran tan encima de él.

El morocho, ya en su cuarto, se dedico a analizar su desordenada habitación, estaba algo cansado después de la magnifica interpretación de aquella noche, pero no tenía sueño, aún tenía muchas dudas acerca de los nuevos sentimientos que había comenzado a sentir. Había querido preguntarle a sus hermanos cuando llego pero debido a la actitud fastidiosa de estos, no había podido hacerlo. Pensando en aquello, infló sus mejillas haciendo un puchero.

Su estomago rugió indicándole que lo que había "picado", no había sido suficiente para llenar su estomago de vaca, sin embargo, ya no quería volver a bajar después de haberlos dejado ahí, tenía su orgullo después de todo, y él no había hecho absolutamente nada malo para que lo regañaran.

Restándole importancia se dedico a dejarse perder entre sus pensamientos, tenía que agradecerle nuevamente a Nami por haberles conseguido pasar una estupenda noche, y tenía que hablar con Zoro, después de todo se había ido por su cuenta, lo bueno es que éste estaba acompañado porque de no ser el caso en ése momento él se encontraría en Paris en ése momento; Soltó una carcajada al pensar en eso para después intentar imaginar que es lo que estaría haciendo el cabeza de musgo.


Roronoa se encontraba en su cuarto entrenando, tenía unas pesas enormes con las cuales hacía sentadillas, la ventana del cuarto estaba abierta dejando de ésta manera que si algún ojo curioso en el exterior quisiera observarlo, pudiera hacerlo con libertad. Después de unas cuantas repeticiones, empezó a preguntarse si su amigo ya habría regresado a su hogar, lo cual le hizo pensar en aquella preciosidad que lo había estado acompañando cuando éste decidiera marcharse.

A él no le había impresionado demasiado que Luffy se marchara con una chica, si hubiera sido el cejas de espiral lo más probable es que se hubiera hecho ideas extrañas, pero él conocía a su amigo de toda la vida, sabía que era un ser completamente asexual, o eso es por lo menos lo que le había demostrado siempre, de manera que supuso que había pasado algo para que éste quisiera acompañarla, no era algo muy fuera de lo común, sin embargo, la razón por la que no había querido decirle a los hermanos D. acerca de ése acontecimiento había sido, meramente, por diversión propia. Ellos eran unos completos raritos cuando de su pequeño tesoro se traaba, empezaban a tomar papeles extraños, además de que quería guardar un poco el secreto de que éste se había ido con una mujer ya que sabía a la perfección lo celosos que estos eran.

Algunas chicas habían estado alrededor de Luffy y siempre habían sido estos los que quisieran analizarla para asegurarse cuales eran las intenciones exactas para con el chico, lo cual resultaba ser demasiado cómico, hasta ahora no habían aceptado a ninguna mujer por su miedo a que quisieran apartar al chiquillo de su lado, bueno... Quién hacía más esto era Ace, porque Sabo, resultaba ser un tanto más comprensivo en esos aspectos, sin embargo, el pecoso celaba absolutamente a todos, incluso cuando él comenzó a formar amistad con mugiwara, hubo unos días al principio en el que sintió que lo seguían, inmediatamente notó que un chico unos años mayor que él se la pasaba analizándolo con mucho interés, más adelante se entero de que era el hermano mayor de su amigo y más adelante se entero de que era porque temía que quisiera robarse el "cariño" de su hermanito, lo cual le había resultado muy patético y no se había contenido en hacérselo saber, por supuesto era un completo placer molestarlo; su "capitán", manera en la que luego llamaba al chico ya que de niños solían jugar a ser piratas, le había comentado después que Ace también había celado en su momento a Shanks, mostrándole a Roronoa nuevamente lo extraño que era ése sujeto, ¡Hasta había veces en las que celaba al mismísimo Sabo!

De manera distraída, volteo la mirada para ver si lograba ver al menor paseándose por las calles, o intentar adivinar si ya había regresado sin embargo con lo que se topo es con un destello rosado que desapareció al instante, lo cual lo desconcertó unos instantes.

- Debió ser mi imaginación.

Escondida tras unos botes de basura, se encontraba una pequeña acosadora que había seguido al chico todo el transcurso desde el bar a la casa para averiguar donde vivía, podía dar algo de miedo, pero había esperado demasiado tiempo para volver a verlo y no dejaría que una oportunidad tan jugosa se le escapara.

- Perona, vámonos de una vez - Habló la voz masculina de su padre, quien había llegado por fin a recogerla en su auto, después de que ésta le dijera su ubicación en una sencilla llamada telefónica. - ¿Qué haces hasta acá?

- Me perdí. - Mintió.

Mihawk comenzó a dar marcha al auto negro, dirigiéndose a su casa, mientras su hija se acostaba en el asiento trasero, jugueteando con los tantos peluches que solía tener, él estaba un poco enojado porque la peli rosa se hubiera expuesto a estar sola a tan altas horas de la noche, sin embargo, no tenía humor demasiado para comenzar una pelea en ése momento, de manera que simplemente se enfocó en la carretera. Ya se encargaría de cuestionarla la mañana siguiente, con lujo de detalle, por el momento, lo único que le importaba, es que estuviera a salvo.

- Kumashi... - La escuchó susurrar entre risas a lo cual un nuevo enojo nació en el hombre al recordar a aquél hombre que había derrotado hace algunos años, el que se había atrevido a poner las manos encima de su querida hija, olvidando por completo que había sido ella quien se le lanzó al hombre.

Continuara...

Agradecimientos:

Tomo-chan: Yeeeeei, espero que te haya gustado aunque tu fuerte es el LuNa, gracias por hacer la revisión de mis caps antes de subirlos jajaja.

Oztal: Créeme que yo también esperaba el encuentro de Luffy y Hancock, de hecho, si no tuviera fuerza de voluntad, lo hubiera querido agregar desde el primer capitulo jajajaja, pero me contuve.

miree3D2Y: Chan chan chaaaan, por fin te lo traigo, espero haber cumplido tus expectativas con el ansiado encuentro.

StArLoRdMac2: Owww... No sabes como me alegro tú comentario, cuando lo leí me subiste el ánimo de inmediato, me alegro que te haya gustado como agregue a Perona, el que haya hecho a Bartolomeo primo de las chicas, me gustan los comentarios extensos como los que me mandaste, muchas gracias.